Las curiosas listas de los ricos

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 27/11/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/las-curiosas-listas-de-los-ricos/

 

Entre las noticias más leídas de la prensa están las listas de los ricos. Sirven para el cotilleo amable y el insulto ruin, para la admiración y la envidia. En el mundo de la política, la intelectualidad y los medios de comunicación, sirven también para elaborar estadísticas sobre la desigualdad, y para fomentar un amplio catálogo de ficciones, empezando por la consabida de que está muy bien que suban los impuestos si es sobre los asquerosos ricos, el indeseable 1 % de la población. Curiosamente, no suele observarse lo más notable de esas listas, y es que los ricos no son los mismos. Mientras los biempensantes se abren las carnes ante la exuberancia de los opulentos, dejan caer que los ricos no ganan su fortuna, sino que la heredan, perpetuando así unas inicuas dinastías. Y todo es un camelo.

En 1982, cuando empezó la famosa lista Forbes, la familia Rockefeller ocupaba 13 lugares. En 2014 sólo quedaba uno: David. En marzo pasado murió, y no hay nadie de ese apellido en la lista.

El segundo hombre más rico de Estados Unidos en 1918 era Henry Frick, que murió al año siguiente. En 1930 su familia estaba lejos de figurar entre las más ricas. Poco tiempo después desapareció el apellido de cualquier lista, y hoy nadie lo recuerda, salvo por el famoso museo neoyorquino alojado en la que fue su casa.

Los grandes millonarios americanos del siglo XIX fueron Stephen Girard, Stephen Van Rennselaer, John Jacob Astor, Cornelius Vanderbilt, Alexander Stewart, Jay Gould, Frederick Weyerheuser y Andrew Carnegie. Ninguno de sus descendientes ha sido incluido nunca en las listas de Forbes 400.

En suma, lo que les sucede a los ricos es que se enriquecen y también se empobrecen. Lo estudian Robert Arnott, William Bernstein y Lillian Wu en su artículo, “The Myth of Dynastic Wealth: The Rich Get Poorer”, Cato Journal, Vol. 35, Nº 3, otoño 2015, 447-485.

No hay tal cosa como las dinastías de ricos: “La mitad de la riqueza de la lista Forbes 400 de 2014 fue creada de la nada en una generación”. En últimas décadas sólo el 1,5 % de la riqueza total de las 400 familias ha sido heredada, y ella ha sido en su mayor parte disipada. “La acumulación de riqueza no es principalmente el producto de la herencia”, sino de la actividad empresarial. Y además este proceso no es reciente. En 1930 la tercera parte de los ricos eran nuevos ricos. En 2014, ninguna de las mayores treinta fortunas de EE. UU. correspondía a un descendiente de la lista de 1918, ni de 1930, ni de 1957”. Los ricos que heredan son una minoría, y “en ningún caso esa riqueza fue transmitida más allá de dos generaciones”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Los ricos y el mercado

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 10/8/15 en: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/los-ricos-y-el-mercado-alejandro-tagliavini-columna-el-tiempo/16215055

 

Al contrario de lo que muchos creen, los superricos no son un resultado natural del mercado, sino que este, naturalmente, tiende a nivelar las fortunas y a dar infinitas chances a cada persona.

Time elaboró un escalafón de las personas de toda la historia, que alcanzaron las mayores fortunas del mundo, luego de entrevistar a historiadores y economistas para elaborarlo. Comenzando desde atrás, el décimo en riqueza habría sido el conquistador Gengis Kan (1162-1227), que unificó a las tribus nómadas fundando el primer Imperio mongol.

Lo supera Bill Gates (1955) en el puesto nueve, que acumula una fortuna de US$ 79.000 millones. El fundador de Microsoft es considerado la persona más rica del planeta hoy. En el octavo lugar, estaría Alan Rufus (1040-1093), que era sobrino de Guillermo el Conquistador, a quién se unió en la conquista de Normandía. Su riqueza llegó a los US$ 194.0000 millones. Luego, en el séptimo lugar, John D. Rockefeller (1839-1937) que acumuló US$ 341.000 millones con su empresa, Standard Oil, que llegó a controlar el 90 % de la producción petrolera norteamericana.

En sexto lugar aparece Andrew Carnegie (1835-1919), considerado el norteamericano más rico de la historia. Inmigrante escocés que vendió su compañía, US Steel, a JP Morgan por US$ 480.000 millones, equivalente al 2,1 % del PIB del país. En el quinto puesto estaría Joseph Stalin, el todopoderoso de la URSS, a la que controlaba totalmente cuando tenía una riqueza correspondiente al 9,6 % del PIB mundial. Si bien es difícil separar su riqueza personal de la del Estado, por su situación es considerado una de las personas más ricas.

En el cuarto puesto estaría Akbar I (1542-1605), de la India, que controló el Imperio mogol cuando representaba un cuarto de la producción económica mundial. Tercero aparece el emperador chino Song Shenzong (1048-1085), cuya fortuna se basaba en el dominio de un imperio que controlaba cerca del 25 % del PIB mundial y provenía tanto de sus innovaciones tecnológicas como de su extrema habilidad para la recaudación tributaria.

El segundo personaje más rico de la historia habría sido César Augusto (63 a. C. – 14 d. C.), que acumuló lo que hoy serían unos US$ 4,6 billones. No solo estuvo a cargo del Imperio romano, que llegó a representar casi el 30 % del PIB global, sino que se habría hecho con una quinta parte de la economía imperial. Y, finalmente, está Mansa Musa de Malí (1280-1337), que fue rey de Tombuctú y el mayor productor de oro del mundo y, por tanto, la persona más adinerada de toda la historia, explica Rudolph Ware de la Universidad de Michigan.

Ahora, de esta lista, siete hicieron su fortuna por fuera del mercado, utilizando las armas del Estado. Los otros, empresarios privados, la consiguieron en base a privilegios que les dio el gobierno “regulando” –imponiéndose coactivamente- el mercado a su favor. Por caso, Microsoft se enriqueció gracias a las leyes de “derecho de autor” que otorga el monopolio de una idea al más rápido en presentarse en la oficina de patentes.

El mercado natural, en cambio, prevé una sana competencia –en base a la oferta y demanda- de modo que, cuando alguien está consiguiendo mucho dinero, atrae a otros al mismo negocio repartiendo su rentabilidad entre muchos. Por eso John D. Rockefeller llegó a afirmar, descaradamente, que “la competencia es un pecado, y procederemos a eliminarla”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.