Los Castro, una creación de Washington

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 2/7/14 en http://www.elheraldo.hn/opinion/712737-368/los-castro-una-creaci%C3%B3n-de-washington

 

Existe gran distancia entre quienes creen que la libertad es un fin y quiénes sabemos que es el camino eficiente para la realización del hombre. A los primeros, para conseguir su objetivo, en el camino no les importa violar la libertad y, semejante incoherencia, conduce a empeorar la situación. Cuando la realidad es que solo transitando por la libertad –como ausencia de coacción violenta– y su correlato la paz, se realiza la plena vocación de la persona, superando el temor que supone transitar hacia el desconocido futuro.

Con el fin de “terminar con las tiranías”, los Aliados lanzaron la Segunda Guerra Mundial (SGM) y, luego de cercenar libertades en sus países y enormes pérdidas materiales y humanas, lograron consolidar a la URSS, la tiranía estalinista, que terminó cayendo sin guerras, pacíficamente. El camino debió ser la libertad y la paz: sin la SGM Hitler hubiera caído, por propio peso, provocando menos daño y más rápido que la poderosa Unión Soviética. No consolidada la URSS, difícilmente la tiranía castrista hubiera crecido. Pero Washington, además, con la invasión de Bahía de Cochinos y Guantánamo, dio a los Castro la excusa para militarizar la Isla. Y el gobierno de Estados Unidos de América continuó e impuso “sanciones a Cuba”, violando las libertades de sus ciudadanos y fortaleciendo el encierro en la isla cárcel.

Ahora más de 40 personalidades dirigieron una carta a Obama pidiendo que se atenúe el embargo, impuesto a Cuba desde hace más de 50 años. En un inédito consenso, exaltos políticos y militares, demócratas y republicanos, y destacados empresarios piden que apruebe unilateralmente, evitando de momento el engorroso trámite en el Congreso, nuevas medidas ejecutivas de apoyo a los emprendedores y la sociedad civil en la isla, con las que ganen “mayor libertad” para poder ser “catalizadores de un cambio significativo” en Cuba. Obama tiene una “oportunidad sin precedentes” dado que la mayoría de los estadounidenses apoya un cambio, según una reciente encuesta.

También interesante es lo que, según Andrés Oppenheimer, asegura que el presidente colombiano de que si sus negociaciones de paz con la guerrilla de las FARC tienen éxito, Colombia, que ya superó a la Argentina como tercera economía latinoamericana, crecerá más de 7% anual. Oppneheimer duda. Definitivamente es cierto que la paz y la libertad potencian enormemente el crecimiento, pero muchos inversores están más preocupados por problemas regulatorios –surgidos, precisamente, de la coacción estatal– y, además, un acuerdo con la cúpula de las FARC no necesariamente traerá la paz, porque muchos guerrilleros encontrarán más rentable seguir en el tráfico ilegal, ilegalizado por la coacción estatal.

Para terminar destaquemos el viaje del papa Francisco a Tierra Santa. Lleva a un rabino y a un profesor musulmán, de Buenos Aires, y para el gobierno israelí es “un verdadero amigo del pueblo judío” y me consta que es verdad, pero aun así visita una de las zonas más conflictivas donde, durante 2013 se produjeron 22 ataques vandálicos a lugares cristianos perpetrados por ultraortodoxos. Pero Francisco se moverá como lo hizo por Lampedusa, Río de Janeiro y cada miércoles por la plaza de San Pedro. En un coche descubierto, sin más protección que su propia cercanía. Y, definitivamente, no es suicida sino que sabe que la paz y la cercanía son mejor protección que los guardias armados, que pueden ser contraproducentes.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Príncipes y mendigos

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 5/2/14 en: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alejandrotagliavini/principes-y-mendigos-alejandro-a-tagliavini-columnista-el-tiempo-_13458624-4

La reunión anual del Foro Económico Mundial de Davos, y después, fue una buena ocasión para discutir sobre pobreza y desigualdades. Bill Gates pronosticó que para 2035 casi no quedarán países pobres, según el Banco Mundial, lo que resulta creíble definiendo como pobres a quienes viven con menos de US$ 1,25 diarios. A la vez, según Oxfam, las 85 personas más ricas del mundo tienen la misma cantidad de dinero que la mitad más pobre del planeta, es decir 3.500 millones de personas; y la riqueza del 1 % más adinerado del globo llega a US$ 110 billones, 65 veces más que lo que posee la mitad más pobre mundo.

El fundador de Microsoft asegura haber donado –a través de la Fundación Bill y Melinda Gates– más de 28.000 millones y planea seguir, según cuenta Jorge Ramos Avalos, “el trabajo que hemos hecho ha salvado 8 millones de vidas… ”. Pero muchos aseguran que los Gates tiran su dinero en países donde hay dictadores y sin efectos a largo plazo. Lo que resulta coherente con el hecho de que, como dice la doctrina católica, antes está la justicia que la caridad; es decir, es mejor un orden social que permita a todos vivir dignamente trabajando que tener que estar dando ayudas ocasionales.

Sin dudas, el mundo está mejor hoy. Ahora, está mejor por las “acertadas” políticas gubernamentales, pareciera que es al revés. Según cita Andrés Oppenheimer, tiene razón Marcelo Giugale, director de programas de reducción de pobreza del Banco Mundial, en que gran parte del progreso se debe, precisamente, el que los Estados chino e indio han dejado de hacer cosas que ahora realizan las personas dentro del mercado. Con lo que no se entiende, luego, que el mismo Giugale proponga que los gobiernos utilicen nueva tecnología para identificar a los pobres, suena a Gestapo.

Y en cuanto a desigualdad ocurre lo mismo. Al contrario de lo que muchos creen, asegura Peter G. Klein que «lo típico es que las grandes firmas surjan donde los mercados… sufren la interferencia gubernamental; estas circunstancias proporcionan ventajas» a las grandes corporaciones que, entre otras cosas, tienen gran capacidad de cabildeo con la que logran la promulgación de regulaciones que las benefician o que dificultan o impiden las operaciones de sus rivales pequeños. Así vemos cómo las multinacionales ocupan un lugar dominante en la economía de muchos populismos latinoamericanos.

O sea, que las exageradamente grandes empresas o fortunas no son un producto natural del mercado. Bill Gates, concretamente, ha hecho sus millones gracias a los “copyright” de Microsoft, “copyright” que son verdaderos monopolios “intelectuales” impuestos por el Estado. Si la «propiedad» resulta de una «ley» impuesta vía monopolio de la violencia estatal, significa que no se daría naturalmente.

Esta «propiedad» suelen ser monopolios, garantizados por el Estado a grandes grupos económicos, que realizan millonarios cabildeos esgrimiendo que la libre distribución desincentivaría la creatividad, cuando está muy claro que, por el contrario, la libertad provoca que, sobre trabajos ya realizados, se sumen otros impulsando exponencialmente el desarrollo. Por caso, dicen serios historiadores, Thomas Alva Edison era un astuto «patentador» con el fin de hacer fortunas. La lámpara incandescente, en rigor, sólo fue perfeccionada por él y patentada en 1879.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.