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Camino al ballottage en las elecciones presidenciales colombianas

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 7/6/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2141656-camino-al-ballottage-en-las-elecciones-presidenciales-colombianas

 

La derecha, liderada por Iván Duque -el joven candidato de 41 años endosado por Álvaro Uribe- se impuso con mucha claridad en la primera vuelta de las recientes elecciones presidenciales colombianas. No obstante, al no obtener la mayoría, habrá necesariamente una segunda vuelta. Como se suponía, ciertamente. En Colombia flota ahora un clima de cierto suspenso, pero en general se descuenta la victoria de Iván Duque.

Curiosamente, esa segunda vuelta tendrá no dos, sino tres, actores principales. Los dos primeros son el mencionado Iván Duque, el hombre de la derecha, que obtuvo algo más de siete millones y medio de votos, esto es el 39,11% de los sufragios y Gustavo Petro, que -con un 25,09% de los votos- encarna la opción de la izquierda. Pero hay un tercero en discordia: Sergio Fajardo, el ex alcalde de Medellín y ex gobernador de Antioquía, que fuera el candidato de la coalición de centro, que incluye a los “verdes”. Fajardo que no participará en la segunda carrera desde que sólo llegó tercero en la primera compulsa, cuenta con un sólido 23,8% del caudal total los votos, que será decisivo al tiempo de inclinar la balanza en la segunda vuelta, prevista para el 17 de junio próximo. Fajardo ganó en Bogotá, pero no fue “profeta en su propia tierra”, en Medellín, donde Iván Duque lo dobló en número de votos.

Aunque se suele decir -con razón- que “en Colombia nunca gana la izquierda”, lo de Gustavo Petro es una novedad, no menor. La izquierda tiene una posibilidad, aunque remota.

Por primera vez en 54 años los colombianos votarán sin que las FARC, que ya se han desmovilizado, combatan perversamente contra su gobierno en la selva colombiana. No obstante, la paz alcanzada con el acuerdo con las FARC no es total desde que el llamado ELN, cercano al gobierno cubano, todavía no ha depuesto las armas.

Las FARC, que en un comienzo pretendieron tener su propio candidato presidencial, desistieron de hacerlo al comprobar el rechazo generalizado que hoy reciben del pueblo colombiano.

Iván Duque -un abogado, educado en la Universidad de Georgetown, con poca experiencia política y una década de labor en el Banco Interamericano de Desarrollo- ha hecho una excelente campaña, duplicando los votos obtenidos por su sector político en el 2014. Se lo describe como el “rostro amable” del uribismo. Lo cierto es que ha cautivado a muchos colombianos, más allá de los seguidores “duros” del ex presidente Alvaro Uribe. El delfín del ex presidente Uribe obtuvo un muy fuerte apoyo en las regiones más afectadas por el conflicto armado interno, lo que ciertamente tiene su lógica.

En la primera vuelta electoral no hubo “polarización”, según lo demuestra la buena elección realizada por el mencionado “tercero en discordia”. Esto es, por el aludido Sergio Fajardo. Colombia mostró así un perfil prudente, sensato y nítidamente pluralista, que seguramente ha llegado para quedarse, al menos en esa franja de la política.

Durante la reciente campaña, Iván Duque prometió bajar impuestos y achicar al Estado. Gustavo Petro recurrió -por su parte- a un discurso de cambio, con el que propone reducir la “dependencia” del petróleo y del carbón, apostando en cambio por las llamadas “energías limpias”. Pero ocurre que Colombia es rica tanto en hidrocarburos, como en carbón. Sergio Fajardo concentró su atención en la educación, así como en la necesidad de luchar frontalmente contra la corrupción, de una buena vez. Por esto último, que el desprestigiado Ernesto Samper apoye a Petro, no lo ayuda, para nada.

En el debate político, como cabía esperar, la discusión incluyó la compleja relación de Colombia con los Estados Unidos. Gustavo Petro, que fuera un abierto y encendido admirador de Hugo Chávez- propuso alejarse del país del norte. Mientras que Iván Duque es partidario de mantener y consolidar una relación estrecha, que ciertamente impidió que -en su momento- Colombia cayera en manos del marxismo.

Si Petro de pronto ganara en la segunda vuelta, presumiblemente conformará un nuevo eje político en la región con dirigentes como el mexicano Andrés Manuel López Obrador. Duque seguramente mantendrá una política dura respecto de Nicolás Maduro, el cuestionado presidente de la vecina Venezuela. Petro -que genera un importante rechazo social- presumiblemente será -en esto- más contemporizador. Ambos -cabe destacar- han rechazado cualquier intervención de carácter militar desde Colombia contra Venezuela.

La segunda vuelta electoral colombiana que se avecina, generará polarización. Por esto el rumbo político trazado de inicio por los candidatos seguramente se mantendrá, quienquiera sea el ganador de la segunda vuelta.

Iván Duque es el único candidato comprometido con intentar cambiar algunos puntos centrales del acuerdo de paz con las FARC. En su visión, no hace ningún sentido garantizar a los líderes de las FARC tribunas políticas en el Congreso colombiano, antes de que ellos hayan sido juzgados por la responsabilidad que les cabe en los múltiples crímenes de lesa humanidad cometidos por la guerrilla colombiana. Hablamos de diez bancas “automáticas” en el Senado que han sido “reservadas” para ellos. Además, se rehúsa a considerar que los delitos del narcotráfico puedan formar parte de una amnistía, mientras promete, en paralelo, que priorizará la erradicación de los cultivos que alimentan al narcotráfico. Esto último requerirá un compromiso real muy importante, desde que Colombia es hoy el mayor productor de hoja de coca del mundo entero.

Los votantes están entonces divididos entre quienes ven en Iván Duque la estabilidad y la seguridad y entre quienes -en cambio- consideran a Gustavo Petro como una suerte de repentino mesías “equilibrante” en un país con un 27% de su población en la pobreza.

Pero, cuidado, los votos que prefirieron a Sergio Fajardo probablemente serán los decisivos y entre ellos están muchos que suponen que Gustavo Petro es muy poco más que un ególatra peligroso.

Pese a todo, no parecería difícil tratar de predecir quién será el próximo presidente colombiano: Iván Duque, que ha hecho una gran elección en la primera vuelta, tiene aparentemente posibilidades de lograr un resultado también triunfal en la segunda.

El viento económico que ahora le sopla a favor, también lo ayuda. Este año Colombia crecerá al 2,7% de su PBI. Y el año que viene, al 3,7% de su PBI. Y el déficit estructural del país es de sólo el 1,9% del PBI. Nada mal.

Las encuestas de última hora sugieren que Iván Duque tiene una ventaja bastante apreciable en las intenciones de voto: del orden de unos veinte puntos porcentuales. Amplia, entonces.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

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Las próximas elecciones presidenciales mexicanas y sus interrogantes

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 19/4/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2126993-las-proximas-elecciones-presidenciales-mexicanas-y-sus-interrogantes

 

El próximo 1° de julio, los mexicanos concurrirán a las urnas para elegir a su próximo presidente por un período de seis años. Las normas electorales disponen que no hay segunda vuelta. Ese mismo día, en una elección integral, ellos también renovarán la composición de las dos cámaras de su Congreso Federal. En el Senado, con legisladores con mandatos de seis años y en la Cámara Baja, en cambio, con mandatos de tres años de duración. Se elegirán también 9 de los 32 gobernadores de los distintos estados del país.

Hay cuatro candidatos presidenciales que procuran la victoria. Por primera vez aparece una mujer como candidata independiente: Margarita Zavala quien, por el momento al menos, no parecería tener demasiadas posibilidades de éxito.

Los otros tres candidatos son: primero, Andrés Manuel López Obrador, un político veterano, de estilo populista e ideológicamente un líder que es claramente de izquierda, lidera al partido “Movimiento de Regeneración Nacional”, más conocido como “Morena”, políticamente poderoso en Ciudad de México, fundado por el propio López Obrador en 2012, al que curiosamente acompañan esta vez los conservadores evangélicos del Partido Encuentro Social; segundo: Ricardo Anaya, el candidato del centro, que encabeza una coalición de fuerzas moderadas; y, tercero, el oficialista José Antonio Meade, que pertenece al todavía poderoso “Partido Revolucionario Institucional”, más conocido como el “PRI”, que esta vez compite en coalición con los ecologistas del Partido Verde y con el curioso “Partido Nueva Alianza”, que agrupa a los maestros de México, aunque con una agenda política bastante difusa.

A estar a las encuestas de opinión más recientes, el líder de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, lidera claramente las intenciones de voto, desde que obtiene un 42% de las mismas; le siguen Ricardo Anaya, con una respuesta favorable del 31,1% y José Antonio Meade, con una del 21,9%. El 15,6% de los mexicanos encuestados afirma que, de pronto, podría cambiar de opinión.

Para el veterano López Obrador, éste es el tercer intento de llegar a la presidencia de su país; el primero fue, recordemos, el de 2006, cuando el expresidente Felipe Calderón lo derrotara ajustadamente, por apenas un 0,56% de los votos.

Como ocurre en otras latitudes, en México habrá tres debates públicos entre todos los candidatos: el 22 de abril, el 20 de mayo y el 12 de junio.

La elección puede, sin embargo, ser declarada inválida si la diferencia entre el primero y el segundo es de menos del 5% y el ganador sobrepasa el límite fijado para los gastos de campaña por más de un 5%. También si hay irregularidades que afectan al menos al 25% de las estaciones de voto, que no pudieran corregirse el día mismo de las elecciones; o si el 25%, o más, de esas estaciones de voto de pronto no pudieran abrirse y operar el día de las elecciones.

López Obrador tiene propuestas radicales. Postula, por ejemplo, revisar la reforma energética, sobre la que algunas veces afirma estar dispuesto a eliminarla de cuajo y otras a sólo revisar la legalidad de los contratos oportunamente suscriptos. También propone eliminar la reforma de la educación y cancelar el contrato en marcha para la construcción del nuevo aeropuerto internacional de Ciudad de México.

Su principal bandera es, sin embargo, la de la lucha frontal contra la corrupción que es endémica en México desde hace décadas, incluyendo -entre 2000 y 2005- durante su gestión como Jefe de Gobierno en la Ciudad de México (Distrito Federal). A ello agrega una propuesta a la vez ambigua y audaz: la de negociar alguna suerte de acuerdo con los traficantes de drogas y con los pequeños productores de opio y marihuana.

Entre las propuestas concretas de su rival, José Antonio Meade, aparece -cabe destacar- la de expropiar el patrimonio mal habido de quienes desempeñan funciones públicas.

Cuando las elecciones presidenciales se acercan y cuando la gestión del actual presidente, Peña Nieto culmina, éste sólo recoge un escaso 21% de aprobación. Lo que es bastante inusual en México, desde que en sus respectivos momentos, Carlos Salinas recogiera una aprobación del 70%; Ernesto Zedillo una del 62%; Vicente Fox una del 63%; y Felipe Calderón una del 52%, lo que es bien distinto. Esto obviamente genera un clima que favorece a López Obrador.

Ocurre asimismo, entre otras cosas, que la inseguridad personal mexicana está en sus niveles más altos de la última década, a punto tal que se computan unos 97.000 asesinatos vinculados al crimen organizado en apenas los últimos once meses. Y, además, que la corrupción ha crecido muy significativamente; lo que llevó a que, entre 2004 y 2016, México retrocediera en el índice de “Transparency International” que mide la “sensación” de corrupción, del puesto 64 que ocupara, al desairado puesto 123 actual.

La economía, no obstante, no está nada mal. México crece anualmente al 2% de su PBI. La inflación anual del país es ahora del 5,04%. La renegociación en curso del NAFTA podría culminar positivamente durante el próximo mes de mayo, con un 80% de probabilidades de que el resultado de las mismas no perjudique a México.

No obstante, también es cierto que el Peso mexicano se ha depreciado un 7% frente al dólar a lo largo de los últimos doce meses y que el consumo agregado de los aztecas ha caído un 2% todo a lo largo del último año. Por esto seguramente, un 47% de los mexicanos es hoy más bien pesimista respecto de su futuro económico inmediato.

Lo cierto es que si las cosas no cambian dramáticamente de dirección, es posible que Andrés Manuel López Obrador, en pocas semanas más, se haga de la presidencia de México. Hoy es el político con la mejor imagen para los mexicanos desde que un 46% de ellos así lo confirma. Y que tan sólo un 21,3% de los mexicanos, preguntado que es, afirma que “jamás votaría por él”.

Lo más notable es probablemente la nueva espiral de decadencia del PRI, respecto del cual un 49,3% de los mexicanos hoy afirma rotundamente que “es el peor del los partidos políticos”.

Un México pujante se acerca entonces a una nueva encrucijada electoral y, como se ha visto, un cambio fuerte de rumbo parecería ser bastante probable, con todo lo que ello significa para un miembro del NAFTA y uno de los países líderes de nuestra región. Donald Trump, con su propuesta del muro divisorio entre los dos países y con su trato absurdamente despectivo hacia los ciudadanos de su país vecino ha contribuido, torpemente y sin quererlo seguramente, a fortalecer al candidato de la izquierda mexicana, cuyo posible éxito no sería sorpresivo entonces.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

¿Cuántos héroes se llevará esta guerra?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 18/5/17 en: http://www.laprensa.com.ni/2017/05/18/opinion/2231075-cuantos-heroes-se-llevara-esta-guerra

 

Después de la extradición a Estados Unidos (EE.UU.) del líder del cártel de Sinaloa, Joaquín “Chapo” Guzmán, la violencia ha recrudecido. Solo en los cuatro primeros meses de 2017 ya se habían registrado 492 homicidios

 

Javier Valdez, uno de los reporteros que mejor ha contado la violencia narco en Sinaloa, ha sido asesinado el 16 de mayo a plena luz del día. Y la subdirectora de un diario en Jalisco fue víctima de un atentado en el que murió su hijo. Es el sexto periodista asesinado en lo que va de 2017 en México, mostrando que la violencia crece ya que, en todo el año pasado, que batió récords, fueron once ejecuciones. Desde 2000, han muerto más de cien de estos verdaderos héroes si los hay, de los que luchan en paz por la vida.Después de la extradición a Estados Unidos (EE.UU.) del líder del cártel de Sinaloa, Joaquín “Chapo” Guzmán, la violencia ha recrudecido. Solo en los cuatro primeros meses de 2017 ya se habían registrado 492 homicidios dejando claro que la guerra contra las drogas es un rotundo fracaso… o no, según se lo mire desde el pueblo o desde las enriquecidas autoridades corruptas.

Irónicamente, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador, aspirante a la Presidencia de México y amante de los monopolios estatales, pidió detener la guerra, y tiene razón. Entretanto, “en México se mata periodistas porque se puede, porque no pasa nada”, asegura un destacado portal mexicano.Y se puede sencillamente porque las autoridades son cómplices. El sistema básicamente funciona así. La prohibición de algunas drogas muy dañinas —aunque no de las más mortíferas como el alcohol y el tabaco— en rigor no existe, de hecho, el consumo ha crecido desde iniciada la guerra. La ley que las prohíbe es una excusa para que las autoridades puedan reprimir violentamente a aquellos narcos que no sobornan adecuadamente a los políticos, jueces y policías.Es decir que, en rigor, la “prohibición” es el monopolio que manejan las autoridades corruptas y que prefieren los narcos porque garantiza altos precios que alientan la producción y les sirve para “esclavizar” adeptos, ya que el drogadicto termina criminalizado, discriminado y agresivo frente a tan despiadada persecución.Cuenta el periodista Javier Brandoli que, ahora, los narcos mexicanos comparten un nuevo monopolio con las autoridades, el de la gasolina. Las grandes organizaciones narco, han encarado una política de diversificación “empresarial”. El “cártel de Los Zetas dominan el negocio con el 38 por ciento del pastel, seguidos de Jalisco Nueva Generación con un 21 por ciento y el cártel del Golfo con un 16 por ciento”, asegura la consultora Etellekt. El negocio rondaría los US$1,000 millones al año.El combustible es robado y se vende al por mayor o menor. Los Zetas, cuentan incluso con barcos que transportan la gasolina a Centro y Sudamérica. El Estado mexicano tiene el monopolio del petróleo que lo canaliza a través de la petrolera estatal Pemex. Así, el modus operandi es usar a técnicos de esta empresa sobornados y/o amenazados para que perforen los enormes tubos transportadores y coloquen válvulas de paso que, con ayuda de mangueras, llenan autotanques de unos 20,000 litros. Pemex mide la presión del ducto permanentemente y detecta una fuga de inmediato, lo que evidencia la complicidad de los funcionarios estatales de la empresa. Según el informe de Etellekt sobre robos de hidrocarburos, Guanajuato y Tamaulipas son el primero y segundo estado de México en el que se han detectado más tomas ilegales, 968, durante 2016. Y el tercero es el de Puebla, con 826, en donde han desembarcado 2,000 militares para solucionar el problema y, por cierto, no “logran” detenerlo.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.