Collares parecidos

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 14/7/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/collares-parecidos/

 

Nadie presume más de ser diferente que Pablo Iglesias y sus secuaces. Una y otra vez nos aseguran que ellos sí que son incomparables con los políticos de siempre, de la casta, etc. Y, mayormente, nos mienten.

Una añeja estrategia de la izquierda, como de las demás fuerzas políticas, es integrar posiciones contradictorias con objeto de maximizar sus apoyos. Así, por ejemplo, mientras la Izquierda Unida de Alberto Garzón llamó a boicotear la visita de Barack Obama a España, su socio en Unidos Podemos, el mismo Iglesias, acudió a hablar unos minutos con el presidente norteamericano, y a regalarle un libro.

Se dirá lo que se quiera, pero esto no es la nueva política, sino la vieja. De hecho, la contradicción fue exhibida en la izquierda hace más de treinta años, y para colmo en el seno del mismo Gobierno y del mismo partido, también a propósito de la visita de un presidente de los Estados Unidos.

En 1985 vino Ronald Reagan, y lo recibió Felipe González, que también había moderado su discurso, renunciando al marxismo, para ser alternativa genuina de poder. El vicepresidente, Alfonso Guerra, prefirió marcharse a saludar a los dictadores comunistas húngaros. Buena vista la del hermano de Juan Guerra. El alcalde madrileño, Enrique Tierno Galván, también se ausentó, y se procuró evitar que Reagan, presidente de la democracia más importante del mundo, hablara en el Congreso. Lo consiguieron: pronunció un discurso en la Fundación March (empleando, por cierto, un teleprompter, que llamó bastante la atención).

Hablando de novedades, no creerán los de Podemos que han inventado el populismo, cuando el propio Alfonso Guerra saludó la inicua expropiación de Rumasa al grito de: “¡Hala, tó p’al pueblo!”. Vamos, es que ni los collares parecen distintos.

Como Pablo Iglesias, también presumía Guerra de ser culto, y todos nos enteramos de su pasión por Mahler y Machado. Iglesias es seguramente más arrogante, y por eso fue y le escribió a Obama una dedicatoria en inglés…con faltas de ortografía.

Lo del libro regalado también revela la propensión izquierdista al sectarismo y la mendacidad. Se trata de un volumen sobre los estadounidenses que lucharon en la Guerra Civil española contra el franquismo. Lógico, no le iba a regalar Las armas y las letras de Andrés Trapiello, que cuenta la verdad, a saber, que la guerra no fue un enfrentamiento entre buenos y malos, ni entre demócratas contra antidemócratas, sino entre enemigos de la libertad.

Me dirá usted que la historia no se repite, sino que empeora, y que el revanchismo guerracivilista es más asimilable a Zapatero que a González. Puede ser, en efecto, que los collares de los supuestamente nuevos progresistas de Unidos Podemos sean más siniestros que ninguno que hayamos visto en los cuellos socialistas. Ningún veterano del PSOE habría incurrido en la última vileza del rapero podemita Pablo Hásel, que celebró la muerte del torero Víctor Barrio en la plaza de toros de Teruel.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Vladimir y otros socialdemócratas

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 24/6/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/vladimir-y-otros-socialdemocratas/

 

Pablo Iglesias argumentó que su socialdemocracia no contradice su pasado comunista, porque “Marx y Engels eran socialdemócratas”. No se trata de condenar que la gente cambie de opiniones políticas, lo que muchos hacemos, e incluso para bien. Pero en este caso sospecho que es humo, destinado a conseguir votos. De hecho, esa frase puede servir tanto para promover un frente con la izquierda socialista más moderada como para tranquilizar a Alberto Garzón.

En ¿Qué hacer? (1902), Lenin reconoce que “en el seno de la socialdemocracia internacional contemporánea se han formado dos tendencias”: condena la de Bernstein por ser crítica del marxismo y proponer que “la socialdemocracia debe transformarse de partido de la revolución social en un partido democrático de reformas sociales…todo aquel que no cierre deliberadamente los ojos tiene que ver por fuerza que la nueva tendencia crítica surgida en el seno del socialismo no es sino una nueva variedad del oportunismo”.

Años antes, Marx escribió El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852), el famoso texto que empieza hablando de la historia repetida como tragedia y como farsa. Allí habla de “una coalición de pequeños burgueses y obreros, el llamado partido socialdemócrata…a las reivindicaciones sociales del proletariado se les limó la punta revolucionaria y se les dio un giro democrático; a las exigencias democráticas de la pequeña burguesía se les despojó de la forma meramente política y se afiló su punta socialista…la socialdemocracia consiste en exigir instituciones democrático-republicanas, no para abolir a la par los dos extremos, capital y trabajo asalariado, sino para atenuar su antítesis y convertirla en armonía…una transformación dentro del marco de la pequeña burguesía”.

Así fue la línea de Lassalle que dio lugar al socialismo europeo, empezando por el alemán, que se llamaría Socialdemócrata hasta hoy. Esa propuesta reformista fue la del Programa de Gotha de 1875, que desató las iras de Marx en su Crítica publicada años más tarde.

El problema estriba en que la violencia carnívora del comunismo no tiene buena defensa, mientras que la violencia vegetariana del socialismo está desgastada tras décadas de impuestos y corrupción. Es el momento populista. Así como Perón procuró disfrazar sus orígenes fascistas, Pablo Iglesias hace lo propio con el comunismo, que defendió hasta hace un cuarto de hora, aplaudiendo sus “avances innegables en la modernización y la industrialización” (New Left Review, mayo-junio 2015). Ahora dice que la derecha y la izquierda ya no cuentan, a la vez que reivindica a Allende, supongo que confiando en la desmemoria sobre lo que fue su Gobierno.

Recordemos, pues, a don Vladimir y su crítica del oportunismo, y contengamos el rubor ante el narcisismo prestidigitador del líder (que es profesor, como se ocupa de aclarar, como si eso equivaliera a saber), y ante el bochornoso culto a la personalidad que alienta con sus secuaces. Esto dijo Irene Montero sobre Iglesias: “El liderazgo de Pablo es tan fuerte como la gente quiere”. Ni Evita lo habría dicho mejor.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.