¿Qué proponen los libertarios y por qué habría que escucharlos?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 17/12/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Que-proponen-los-libertarios-y-por-que-habria-que-escucharlos-20180116-0099.html

 

¿Qué proponen los libertarios y por qué habría que escucharlos?

Libertarios en la Argentina ha habido siempre. En su historia habrá que retroceder al menos unas cuantas décadas para ver que en los años 1950 Alberto Benegas Lynch padre fundaba, junto a algunos empresarios, el Centro para la Difusión de la Economía Libre, luego llamado Centro de Estudios para la Libertad. En estos centros se ofrecieron conferencias y publicaciones de libros de variados autores como Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Leonard Read, Henry Hazlitt, Israel Kirzner o Murray Rothbard. Quizás haya algún lector que recuerde las seis conferencias multitudinarias de Mises en la UBA en 1959. Desde ya que la diferencia entre un liberal como Hayek y un libertario como Rothbard, fue siempre motivo de disputas internas entre libertarios, pero hoy no nos vamos a
detener en ello. Más bien, los tomaremos como compañeros de camino.

La posta la tomó su hijo Alberto Benegas Lynch (h), hoy Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, quien fundó en 1978 la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE),
creando los primeros posgrados en Argentina. En sus cuatro Maestrías en Economía y Ciencias Políticas, Economía y Administración de Empresas, Derecho Empresario y Activos Financieros, los alumnos recibían los
fundamentos para defender la libertad individual, la propiedad privada, la economía de mercado y el gobierno limitado, además de los conocimientos específicos de cada programa.
Muchos de estos alumnos a su vez, formaron numerosas fundaciones e institutos pro mercado en distintas provincias, que como efecto cascada formaron a miles de jóvenes en las ideas de la libertad. Estos jóvenes hoy
quizás no son docentes o académicos prestigiosos (aunque algunos lo son, como el Dr. Eduardo Stordeur o el Dr. Nicolás Cachanosky), pero lideran y gerencian distintos departamentos de las principales compañías del país.
Martín Krause lo sucedió a Alberto Benegas Lynch (h) como Rector de este Instituto Universitario, donde también pasaron excelentes docentes como Juan Carlos y Roberto Cachanosky, Gabriel Zanotti, Enrique Aguilar, Gustavo Matta y Trejo o Ricardo Manuel Rojas (sin ánimo de ser exhaustivo).

¿Qué proponen los libertarios para esta Argentina? En una Argentina donde ya no podemos pensar la educación, la salud, las jubilaciones y pensiones, el cuidado del medio ambiente o la administración de la moneda y los bancos
sin el ente gubernamental como principal regulador, los libertarios proponen un debate necesario. Repensar una Argentina en la que podamos prescindir del Estado. Aspiran a que cada argentino pueda pagar su propia educación y la de sus hijos; que pueda cubrir sus costos sanitarios; que pueda elegir cómo y cuándo jubilarse y que su pensión dependa de los montos y años de aporte. Proponen, en definitiva, libertad y responsabilidad, para terminar con la “estatolatría” donde el Dios Estado es el que ofrece empleo y garantiza seguridad social porque, de hecho,
jamás ha garantizado otra cosa que pobreza. Repensar una Argentina donde este flagelo sea gradualmente erradicado a través del mercado, como viene ocurriendo en gran parte del mundo, incluidas China y la India (ver El
Gran Escape de Angus Deaton). Donde la libertad de empresa y la iniciativa privada sean el motor del empleo genuino, de la innovación, de la creatividad y de las oportunidades para alcanzar una vida mejor. Donde la igualdad que importa es “ante la ley”.
En una Argentina donde la policía respalda a las mafias, los libertarios piden, siguiendo a James M. Buchanan, desconfiar de la política, lo que en definitiva es fundamento para un gobierno limitado.
¿No es esto una utopía? Una sociedad sin estado es irrealizable en esta Argentina, sin dudas. El libertario desde luego está dialogando en un “plano ideal” que a muchos les parecerá lejano. Está debatiendo para una sociedad
futura, donde posiblemente la cultura anti-capitalista sea abandonada por otras creencias pro-mercado. Le preocupa entonces definir cuánto estado haría falta en ese estado ideal, y llega a la conclusión de que no sería
necesario ninguno, ni siquiera en justicia o seguridad.
Pero al margen de ese debate puro, también hay un mensaje que puede ser útil para nuestra Argentina y que deberíamos escuchar

¿Cuál es este mensaje? Que la Argentina presenta un gasto público desbordado que aunque se pudiera financiar cubre necesidades de gente que no necesita la ayuda estatal. El primer paso entonces es desmantelar ese Estado que ayuda al que no lo necesita. Que aquellos que pueden pagar educación o salud para sí y para sus familias, lo hagan. Que aquel que puede tener su propia pensión la tenga. Que aquel que puede pagar servicios públicos que cubran los costos lo haga. Que aquel que puede pagar el precio real del combustible lo pague también. De ese modo reducimos la mochila de impuestos, deuda e inflación que recae sobre las empresas y que evita que sean competitivas en un mundo abierto y globalizado. De ese modo habría empleos y mejores salarios reales para todos.
¿Y qué ocurre con los que no pueden pagar estas cosas? Para la educación y la salud existe la propuesta de vouchers de Milton Friedman. El libertario lo aceptará en la transición, aunque insistirá que ese dinero de los
cupones sale del bolsillo del contribuyente y que sólo será temporal.
Para las pensiones se deberá crear un sistema privado de aporte voluntario, que no tiene relación con lo que hubo durante el menemismo, y ni siquiera con el sistema que hoy rige en Chile. El sistema libertario de pensiones no
necesita que el gobierno autorice a ciertas empresas a operar, ni que fije comisiones, sino que simplemente se haga a un lado y permita la competencia. El mercado operará bien en su ausencia, como de hecho ocurre con la gran mayoría de bienes y servicios. Desde luego que para cubrir a los actuales pensionados se necesitarán pagar impuestos, pero debemos distinguir entre la solución al problema actual donde el Estado se consumió los ahorros de los actuales jubilados respecto del sistema previsional para el futuro.
Comparar al oficialismo con el mensaje libertario muestra lo moderado del gobierno de Mauricio Macri, que si bien en anuncios y conferencias promueve cierto relativo liberalismo, en la práctica encuentra inacción, quizás por los obstáculos que el libertario muchas veces pasa por alto.
Y aquí viene la pregunta: ¿Propone el libertario desmantelar hoy al Estado por completo? Habrá quien lo proponga, pero no es lo más usual. El libertario entiende que el Estado está sobredimensionado y sabe que corregir esto sólo puede redundar en mayor calidad de vida para todos. Sabe que en el plano político, la prioridad del gobierno es mantener el orden público, y que eso sólo se consigue atendiendo a lo que es políticamente viable en cada momento. Es por eso que la regla general que el gobierno debe seguir es bajar el gasto todo lo posible, mientras pueda mantener el orden público.
Y allí encontramos el gran dilema, ya que cierta mentalidad anti-capitalista impide avanzar en reformas profundas como las que el libertario propone. En este sentido, mientras el libertario busca abrir el debate en un plano teórico, también acepta en la política pública una transición ordenada que no deje a nadie sin sustento. En la búsqueda de ese camino está claro que ambos roles, el académico y el político, se deben retroalimentar.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Es director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.

Más allá de la necesaria privatización de Aerolíneas Argentinas

Por Adrián O. Ravier. Publicado el 2/7/13 en http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/07/02/mas-alla-de-la-necesaria-privatizacion-de-aerolineas-argentinas/

Hay una discusión más relevante en el mercado aeronáutico argentino que discutir si Aerolíneas Argentinas (AA) tiene que estar en manos del Estado o no. En la medida en que sea la única empresa que ofrece el servicio, los argentinos no podrán gozar de vuelos de calidad a bajo costo.

Fundada por un decreto de Juan Domingo Perón en 1950, esta aerolínea es hoy la mayor de su país, concentrando —según un informe del Banco Ciudad— alrededor de un 90 % de la demanda de vuelos de cabotaje. Su único competidor, la empresa chilena LAN, concentra el 10% restante.

AA ha mostrado en su historia una dinámica poco frecuente. En 1979 se transformó en sociedad del Estado. En 1990, en el marco de una ola de privatizaciones de aerolíneas en toda Latinoamérica, fue privatizada, reteniendo el Estado la deuda, y cayendo la empresa bajo el consorcio español Iberia. En 2001, comenzó un proceso de ampliación de la participación en manos de funcionarios españoles, traspasando finalmente la aerolínea al Grupo Marsans. Finalmente, en julio de 2008, AA fue parte de la ola de renacionalizaciones del gobierno de los Kirchner, volviendo a la administración pública.

Los problemas sindicales continúan. Los subsidios a la aerolínea también. Los altos costos en este mercado siguen haciendo prohibitivo el acceso al servicio. La mala calidad de los viajes —representados en demoras y cancelaciones de vuelo— resulta en una consecuencia obvia. Sin embargo, debemos observar aquí dos problemas diferentes: por un lado, el de su privatización o nacionalización. Ya forma parte de la agenda pública argentina de 2015 qué hará el nuevo gobierno con una empresa que hoy es financiada en una alta proporción por recursos tributarios, y no precisamente por los pasajeros que gozan del servicio. Mauricio Macri es quizás el único candidato presidencial que disparó la intención de reprivatizar la compañía.

Por otro, la apertura y desregulación del mercado. Que AA sea pública o privada resulta irrelevante, en comparación con la necesidad de desregular el mercado e ir hacia una política de cielos abiertos. Basta observar que tanto en EEUU como en diversos países de Europa se cuenta con aerolíneas estatales o de bandera y, sin embargo, el servicio es superior tanto en costo como en calidad.

Alberto Benegas Lynch (h) y Martín Krause dan en la tecla cuando afirman que “el cambio no se circunscribe a la venta de una empresa estatal ni a su paso a manos privadas, sino al marco regulatorio de la actividad que permite o restringe el funcionamiento del mercado. Es la competencia real o potencial la que incentiva a los agentes del mercado, en este caso las compañías aéreas, a reducir tarifas, ofrecer más servicios y mejorar la eficiencia. En la Argentina, en particular, por ser un país de grandes extensiones, las alternativas de transporte aéreo accesibles resultan de fundamental importancia”.

Los mitos en este campo son numerosos. La desregulación, para los mal informados, traería aparejado: 1) “el caos, la confusión y la
incertidumbre”, 2) destruiría empleos, 3) resultaría en monopolios, 4) haría a los cielos menos seguros, 5) se incrementarían las pérdidas de equipaje, la sobreventa de asientos, las demoras en las salidas y llegadas de vuelos, 6) bajaría la calidad de las comidas y otros servicios en vuelo, y 7) habría una congestión en los aeropuertos.

La evidencia empírica, sin embargo, contradice estas hipótesis. Herbert G. Gruble desarrolla precisamente un estudio comparado de la desregulación americana y la regulación canadiense, durante el período 1979 y 1988, y muestra sus conclusiones: “La performance comparativa de las aerolíneas de Canadá y EEUU entre 1979 y 1988 otorga una muy rara oportunidad de estudiar los efectos de los cambios en una política económica importante. Casi como un experimento de laboratorio, la industria de un país ha continuado operando en un entorno regulado mientras que en el otro se enfrentó a políticas totalmente diferentes, […] Los datos apoyan fuertemente el análisis teórico de los efectos de la desregulación. La mayor competencia en EEUU llevó a una notable reducción de los costos y tarifas en relación con los de Canadá. Tan espectaculares son los resultados que otras diferencias entre los dos países no pueden explicarlos. Generalmente, la desregulación aérea provee mayores beneficios a los consumidores”.

El caso chileno, también puede ilustrar la cuestión. Un trabajo de Jorge Asecio, publicado por el Instituto Libertad y Desarrollo, explica: “La incorporación de nuevas empresas prestatarias de servicios, así como la incorporación al mercado de nuevos y más modernos equipos de vuelo, que se adaptan mejor a los requerimientos de la demanda y presentan costos medios más bajos, aseguran un incremento de los niveles de demanda conocidos”. Además, agrega Asecio, “Las características del mercado llevaron a la autoridad a aplicar una política que permitiera generar condiciones de competencia, con lo cual se han obtenido incrementos de frecuencia, servicios a más bajo costo y una mayor cobertura aérea de nuestro país”.

En el caso de Inglaterra, la privatización de la British Airways es todavía recordada por el prestigio alcanzado en la calidad de sus servicios. El hecho de que las aerolíneas británicas compitan entre sí, como con aerolíneas extranjeras, dio como resultado que las tarifas de los vuelos que se originan en el Reino Unido sean, en general, más bajas que en los demás países europeos.

Por último, una mención especial merece el “Tratado de Cielos Abiertos para Europa”. Los 24 países miembros se resistieron durante un tiempo bastante prolongado a la desregulación, pero hoy disfrutan de los beneficios de una política de cielos abiertos entre Europa y EEUU, pudiendo volar libremente de un país a otro, y en muchos casos, a menores costos que en automóvil, autobuses o ferrocarril.

A modo de conclusión, no debemos confundir la privatización de la aerolínea argentina de bandera con una política de cielos abiertos. La desregulación, y su consecuente competencia, muestran beneficios en todos los mercados en los que se le da lugar.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.