Más sobre la probabilidad de lo improbable

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 5/6/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/06/05/mas-sobre-la-probabilidad-de-lo-improbable/

Todos los grandes acontecimientos de la historia no fueron previstos por los “expertos” y los “futurólogos”. En cada esquina de las calles del futuro nos deparan las más diversas sorpresas

Hace tiempo apareció el libro titulado El cisne negro cuyo autor, Nassim Nicholas Taleb, nació en Líbano y se doctoró en la Universidad de París-Dauphine. Es del caso volver sobre el asunto debido a la manía de simplemente extrapolar el pasado y encajarlo al futuro.

De tanto en tanto aparecen libros cuyos autores revelan gran creatividad, que significan verdaderos desafíos para el pensamiento. Son obras que se apartan de los moldes convencionales, se deslizan por avenidas poco exploradas y, por ende, nada tienen que ver con estereotipos y lugares comunes tanto en el fondo como en la forma en que son presentadas las respuestas a los más variados enigmas intelectuales.

El eje central de la obra de marras gira en torno al problema de la inducción tratado por autores como David Hume y Karl Popper, es decir, la mala costumbre de extrapolar los casos conocidos del pasado al futuro como si la vida fuera algo inexorablemente lineal. Lo que se estima como poco probable -ilustrado en este libro con la figura del cisne negro- improbabilidad que al fin y al cabo ocurre con frecuencia.

Ilustra la idea con un ejemplo adaptado de Bertrand Russell: los pavos que son generosamente alimentados día tras día. Se acostumbran a esa rutina la que dan por sentada, entran en confianza con la mano que les da de comer hasta que llega el Día de Acción de Gracias en el que los pavos son engullidos y cambia abruptamente la tendencia.

Taleb nos muestra cómo en cada esquina de las calles del futuro nos deparan las más diversas sorpresas. Nos muestra cómo en realidad todos los grandes acontecimientos de la historia no fueron previstos por los “expertos” y los “futurólogos” (salvo algunos escritores de ciencia ficción). Nos invita a que nos detengamos a mirar “lo que se ve y lo que no se ve” siguiendo la clásica fórmula del decimonónico Frédéric Bastiat. Por ejemplo, nos aconseja liberarnos de la tendencia a encandilarnos con algunas de las cosas que realizan los gobiernos sin considerar lo que se hubiera realizado si no hubiera sido por la intromisión gubernamental que succiona recursos que los titulares les hubieran dado otro destino.

Uno de los apartados del libro se titula “Seguimos ignorando a Hayek” para aludir a las contribuciones de aquel premio Nobel en economía y destacar que el conocimiento está disperso y que la coordinación social no surge del decreto del aparato estatal sino de millones de arreglos contractuales libres y voluntarios que conforman la organización social espontánea y que las ciencias de la acción humana no pueden recurrir a la misma metodología de las ciencias naturales donde no hay propósito deliberado sino que hay reacción mecánica a determinados estímulos.

La obra constituye un canto a la humildad y una embestida contra quienes asumen que saben más de lo que conocen (e incluso de lo que es posible conocer), un alegato contra la soberbia gubernamental que pretende manejar vidas y haciendas ajenas en lugar de dejar en paz a la gente y abstenerse de proceder como si fueran los dueños de los países que gobiernan. En un campo más amplio, la obra está dirigida a todos los que la posan de sabios y que alardean de conocimientos preclaros del futuro cuando en verdad no pueden pronosticar a ciencia cierta qué harán ellos mismos al día siguiente puesto que al modificarse las circunstancias naturalmente cambian sus propias conjeturas.

Pone en evidencia los problemas graves que se suscitan al subestimar la ignorancia y pontificar sobre aquello que no está al alcance de los mortales. Es que como escribe Taleb “la historia no gatea: da saltos” y lo improbable -fruto de contrafácticos y escenarios alternativos- no suele tomarse en cuenta, lo cual produce reiterados y extendidos “cementerios” ocultos tras ostentosos “y aparatosos modelitos matemáticos y campanas de Gauss” que resultan ser fraudes conscientes o inconscientes de diversa magnitud, al tiempo que no permite el desembarazarse del cemento mental que oprime e inflexibiliza la estructura cortical. Precisamente, el autor marca que Henri Poincaré ha dedicado mucho tiempo a refutar las predicciones basadas en la linealidad construidas sobre la base de lo habitual a pesar de que “los sucesos casi siempre son estrafalarios”.

Explica también el rol de la suerte, incluso en los grandes descubrimientos de la medicina como el de Alexander Fleming en el caso de la penicilina, aunque, como ha apuntado Pasteur, la suerte favorece a los que trabajan con ahínco y están alertas. Después de todo, como también nos recuerda el autor, “lo empírico” proviene de Sextus Empiricus que inauguró, en Roma, doscientos años antes de Cristo una escuela en medicina que no aceptaba teorías y para el tratamiento se basaba únicamente en la experiencia, lo cual, claro está, no abría cauces para lo nuevo.

Los intereses creados de los pronosticadores dificultan posiciones modestas y razonables y son a veces como aquel agente fúnebre que decía: “Yo no le deseo mal a nadie pero tampoco me quiero quedar sin trabajo”. Este tipo de conclusiones aplicadas a los planificadores de sociedades terminan haciendo que la gente coma igual que lo hacen los caballos de ajedrez (salteado). Estos resultados se repiten machaconamente y, sin embargo, debido a la demagogia, aceptar las advertencias se torna tan difícil como venderle hielo a un esquimal.

En definitiva, nos explica Taleb que el aprendizaje y los consiguientes andamiajes teóricos se llevan a cabo a través de la prueba y el error y que deben establecerse sistemas que abran las máximas posibilidades para que este proceso tenga lugar. Podemos coincidir o no con todo lo que nos propone el autor, como que después de un tiempo no es infrecuente que también discrepamos con ciertos párrafos que nosotros mismos hemos escrito, pero, en todo caso, el prestar atención al “impacto de lo altamente improbable” resulta de gran fertilidad…al fin y al cabo, tal como concluye Taleb, cada uno de nosotros somos “cisnes negros” debido a la imposibilidad de pronosticar que hayamos aparecido en este mundo con las características únicas e irrepetibles respecto a todos los nacidos en la historia de la humanidad.

Es comprensible el esfuerzo de tomar en cuenta el pasado al efecto de no repetir errores. Nos manejamos con lo que conocemos pero de ahí hay un salto lógico imperdonable si solo extrapolamos y no damos lugar a la creatividad, a la imaginación y a lo nuevo y distinto. Por eso es que hemos insistido tanto en la necesidad de abandonar las telarañas mentales de los conservadores en el peor sentido de la expresión que rechazan de plano todo lo novedoso que se sale de los paradigmas archiconocidos.

Así es que en otros planos en nuestro mundo se rechaza la idea de abolir la banca central, el absurdo de reparticiones gubernamentales de cultura y educación como si fuera natural imponer estructuras curriculares, se mantiene a rajatabla la idea de contar con fastuosas embajadas en plena era de las teleconferencias, se insiste en el concepto autoritario de las agencias oficiales de noticias, se machaca con la noción de estadísticas realizadas por los aparatos estatales en lugar de abrir a la competencia con auditorías cruzadas al efecto de contar con la mejor calidad posible, se piensa que es saludable contar con Ministerios de Economía sin percatarse que como su nombre lo indica es para regentear la economía que es precisamente lo que conduce a la hecatombe, se reitera la supuesta necesidad de aplicar coactivamente un expropiatorio sistema jubilatorio que no hace más que asaltar a las personas de mayor edad, se establecen mal llamadas empresas estatales que inexorablemente implican la mal asignación de lo siempre escasos recursos, hay empecinamiento en administrar desde el poder político el fruto del trabajo ajeno con injustas regulaciones del mercado laboral, se persiste en el error de evitar la asignación de derechos de propiedad al espectro electromagnético y así obviar el peligro de la figura de la concesión en manos estatales y así sucesivamente. Acabo de publicar mi libro titulado Vacas sagradas en la mira donde me explayo en estos y otros asuntos equivalentes.

Milton y Rose Friedman publicaron un jugoso ensayo que tradujimos al castellano cuando era Rector de ESEADE para la revista académica Libertas titulado “Las corrientes en los asuntos de los hombres” donde los autores sostienen que para conjeturar algunos de los sucesos del futuro no basta con mirar en la superficie del agua de lo que viene ocurriendo sino que debe zambullirse en las profundidades de los acontecimientos para detectar corrientes subterráneas en el devenir intelectual en donde, como decimos, la característica central estriba en la apertura mental para, precisamente, abrir cauce a la antes referida creatividad e ingenio que permite sospechar cisnes negros para no estar embretados en la rutina que es el enemigo más potente de la invención y el descubrimiento. En esta línea argumental es que Albert Einstein -al que en el colegio le dijeron que tenía un muy bajo coeficiente intelectual- ha dicho que “la mente es como un paracaídas, solo funciona si se abre”, Jorge Luis Borges no fue al colegio hasta los nueve años pues su padre sospechaba de la intromisión estatal en la materia y el antes aludido Luis Pasteur no era médico y era rechazado por profesionales de la Academia de Ciencias de París.

Como escribe Luis Alberto Machado en La revolución de la inteligencia “el trabajo de creación siempre será un trabajo en soledad. Y todo innovador tiene que resignarse a la idea de caminar buena parte de su jornada en soledad con la sola compañía de sus pensamientos. El innovador en cualquier campo tiene que saber que con frecuencia será objeto de incomprensión y de burla”. Es como ha consignado John Stuart Mill “todas las buenas ideas pasan por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción.”

Stefan Zweig escribe en la primera línea de Los creadores que “de todos los misterios del mundo, ninguno es más profundo que el de la creación.” Y para que este proceso tenga lugar es indispensable el clima de libertad de expresión al efecto de aprender de otros y poder transmitir las conjeturas propias en un contexto de corroboraciones provisorias sujetas a la refutación como bien subraya una y otra vez Popper.

Es por lo dicho que Taleb concluye en su obra que “dejemos que los gobiernos predigan (ello hace que los funcionarios se sientan mejor consigo mismos y justifica su existencia) pero no nos creamos nada de lo que dicen […] De hecho, si el libre mercado ha tenido éxito es precisamente porque permite el proceso de ensayo y error que yo llamo ajustes estocásticos por parte de los operadores individuales en competencia”. Es el único modo de percibir y desarrollar lo que es hasta el momento desconocido y rechazado por mediocres.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿Qué es la ideología?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 10/02/21 en: https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/ideologia.html

Hay tres interpretaciones de la expresión consignada en el título de esta nota periodística. En primer lugar, la definición de diccionario como conjunto de ideas, en segundo término la referencia marxista como falsa conciencia de clase y, por último, la acepción más generalizada cual es una doctrina cerrada, terminada e inexpugnable. Esto último es lo que habitualmente predomina en la parla convencional.

De ahí que un ideólogo es un dogmático. En este sentido escribí una columna hace tiempo titulada “El liberalismo como anti-ideología” al efecto de subrayar que la tradición liberal significa apertura mental a procesos evolutivos, siempre en estado de ebullición atentos a nuevos paradigmas, ya que como bien apunta Karl Popper el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad sujeta a refutaciones. Por eso es que en la ciencia no hay tal cosa como verificación sino siempre corroboración provisoria.

Dicho esto irrumpen una seria de entuertos vinculados al vocablo de marras. Por ejemplo, se dice que no deben juzgarse las vacunas contra el Covid por la ideología que predomina en los países donde se producen sino por la efectividad de las mismas. Esto es una verdad de Perogrullo pero también es menester tener en cuenta que no inspira la misma confianza la producción de un medicamento por parte de Al Capone que si lo recomienda Albert Schweitzer.

Por otra parte, también se insiste que no hay que ideologizar debates políticos sino circunscribirse a atender necesidades lo cual evidentemente no significa desconocer que para resolver problemas se necesitan ideas, valores y principios de lo contrario se procedería a los tumbos. Es peligros actuar a ciegas. Por supuesto que asiste toda razón si lo que se quiere trasmitir es que un  gobernante en funciones no puede ni debe partidizarse puesto que un gobierno republicano es para proteger los derechos de todos los gobernados y no para alimentar un partido, de lo contrario degradaría su misión y lo convertiría en mero sectarismo.

En este contexto es oportuno protegerse de la peste del dogmatismo por eso algunas veces cuando se tratan medidas de política económica se habla de las ortodoxias y las heterodoxias lo cual confunde gravemente la religión con la política. La ortodoxia no es un término adecuado para evaluar decisiones gubernamentales ya que desconoce que la incorporación de algo de tierra fértil en el mar de ignorancia en que nos desenvolvemos siempre se traduce en un peregrinar entre sombras y luces. Esto no significa adherir al contradictorio  relativismo epistemológico que para mostrar algo de coherencia no solo convierte en relativo al relativismo sino que no permite detectar verdades como es la correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado, lo cual conduce inexorablemente a las tinieblas.

Como ha sentenciado Albert Einstein “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”. La gran ventaja de la sociedad libre es que permite que cada cual se dedique a su competencia e intercambie voluntariamente con lo que otros hacen mejor. En este plano, el comerciante para mejorar su situación debe atender las demandas de sus congéneres y el que acierta obtiene beneficios y el que yerra incurre en quebrantos, lo cual debe ser claramente diferenciado de los empresarios prebendarios que se alían al poder para explotar a sus semejantes en base al privilegio y la dádiva.

La manía de megalómanos de dirigir vidas y haciendas ajenas, en lugar de permitir la antedicha dispersión y fraccionamiento del conocimiento entre millones de personas, concentra ignorancia con lo que el derrumbe del sistema es seguro y aparecen faltantes de medicamentos, alimentos y demás bienes y servicios. La incomprensión o comprensión de lo dicho es lo que marca las diferencias entre países prósperos y países pobres. Esa es la diferencia entre Singapur y Uganda, entre Alemania y Haití, entre Suiza y Venezuela. Son marcos institucionales que respetan los derechos de todos frente a estatismos que hacen estragos en la población que en lugar de encontrar refugio y protección en los gobernantes, se topan con enemigos que la esquilman.

Las ideas, los valores y los principios de la sociedad libre permiten que afloren energías creadoras adormecidas y aplastadas en regímenes autoritarios. El nacionalismo es el peor de los venenos, especialmente para los más necesitados. La apertura al mundo en el comercio de bienes y servicios es la mayor contribución al progreso.

Mario Vargas Llosa ha escrito con razón que “en los países subdesarrollados, es donde el  nacionalismo cultural se predica con más estridencia y tiene más adeptos. Sus defensores parten de un supuesto falaz […] Luchar por la ´independencia cultural´, emanciparse de la ´dependencia cultural extranjera´ a fin de “desarrollar nuestra propia cultura” son fórmulas habituales en la boca de los llamados progresistas del Tercer Mundo. Que tales muletillas sean tan huecas como cacofónicas, verdaderos galimatías conceptuales, no es obstáculo para que resulten seductoras a mucha gente, por el airecillo patriótico que parece envolverlas.”

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

CONTRIBUCIÓN DE FÍSICOS A LAS CIENCIAS SOCIALES

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Siempre me ha llamado la atención que no pocos estudiosos de la física, es decir, de lo que habitualmente se entiende por materia, comprenden lo humano y espiritual muchas veces más profundamente que quienes son oriundos de las ciencias sociales que con algunas de sus reflexiones en la práctica niegan la condición humana.

Aquel ha sido el caso, por ejemplo, de Max Planck, el premio Noble en física, célebre por la teoría cuántica. En su libro traducido al castellano como ¿Hacia donde va la ciencia? apunta que “Se trataría de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados como autómatas inanimados en las manos de una férrea causalidad […] Esta es una cuestión  muy importante, especialmente en la actualidad, debido a la difundida e injustificada tendencia a extender los dogmas del determinismo científico a la conducta humana y así descargar la responsabilidad de los hombros de los individuos”.

Lo dicho por Planck resulta fundamentalísimo precisamente en momentos en que el materialismo invade muy diversos campos de estudio dentro de las ciencias sociales. Así se sostiene que lo que decimos y hacemos deriva de nuestras respectivas programaciones, que somos como el loro, más complejos pero loros al fin. Que somos kilos de protoplasma sin estados de conciencia, mente o psique, lo cual no nos permitiría distinguir entre proposiciones verdaderas y falsas, no seríamos capaces de ideas autogeneradas, no podríamos argumentar, no tendría sentido la responsabilidad individual,  la moral y la propia libertad ya que no habría libre albedrío.

Lo que sostiene Planck puede aparecer como inocente y despegado de la realidad pero está encajado en la psiquiatría donde no pocos profesionales paradójicamente desconocen la psique, no distinguen la mente del cerebro y parlan de “enfermedades mentales” cuando la patología explica que la enfermedad consiste en la lesión de células, órganos o tejidos pero los comportamientos y las ideas no pueden estar enfermas. En el derecho, especialmente en la rama penal, muchas veces ocurre esa confusión por lo que se concluye que el delincuente no debe ser castigado puesto que no es responsable de sus actos. En la economía, también paradójicamente en la teoría de la decisión en el contexto de la novel nuroeconomics.

El premio Nobel en neurofisiología John Eccles ha escrito el libro La psique humana para refutar el determinismo materialista y ha publicado un libro en la misma línea argumental con Karl Popper que lleva el sugestivo título de El yo y su cerebro. Eccles ha escrito en el ensayo titulado “Cerebral Activity and the Freedom of the Will” que “negar el libre albedrío no es un acto racional ni lógico. Esta negación presupone el libre albedrío debido a la deliberada elección de esa negación, lo cual es una contradicción”.

En otras palabras, mientras algunos economistas, profesionales de la psicología, abogados y cientistas sociales en general se debaten en una carrera mezcla materialismo con planificaciones forzosas de vidas y haciendas ajenas, hay distinguidos estudiosos de las ciencias físicas y médicas que comprenden mejor el espíritu del ser humano. Vean en el sentido anterior por ejemplo la manifestación del premio Nobel en economía Paul Samuelson que en 1989 -el mismo año del derrumbe del Muro de Berlín- quien escribió en una nueva edición de su Fundamentos de análisis económico que la Unión Soviética muestra que “una economía socialista planificada puede funcionar e incluso prosperar”.

Esta curiosidad de científicos de la materia que entiendan las ciencias humanas mejor que los propios especialistas en esa área tal vez se deba a que por contraste al estudiar la energía propia de la materia al observar a las personas se percatan de que se trata de algo de naturaleza bien distinta y única respecto al reino animal. Sin embargo, se nos ocurre decir que quienes están embarcados en el estudio del hombre erróneamente lo extrapolan al mundo físico sin haberlo profundizado.

Tenemos el caso extraordinario de Michael  Polanyi, justamente físico y médico quien ha escrito obras de gran calado sobre las ciencias sociales. Fue  quien desarrolló la idea del “conocimiento tácito” en el contexto del mercado libre en el sentido de quienes ponen en práctica lo que saben aunque no puedan explicar como lo llevan a cabo. Es el caso de la mayor parte de los ciclistas, simplemente andan sin explicar las leyes físicas inherentes al proceso. Esto complemente lo señalado por Friedrich Hayek en cuanto a la coordinación en el mercado a través del sistema de precios, cada uno ocupándose de su interés particular pero crean productos finales que no estaba en su intención  producir, solo contribuyeron en partes insignificantes. Como antes he escrito, es lo mismo que pone en evidencia John Stossel cuando ilustra lo dicho con un trozo de carne envuelto en celofán en un supermercado e invita a que cerremos los ojos e imaginemos en regresión desde el agrimensor, los alambrados, los postes, las cosechadoras, lo plaguicidas, los fertilizantes, el ganado, los caballos, las monturas cada uno haciendo lo suyo sin pensar en el trozo de carne en el supermercado. Nos invita a imaginar las miles de empresas horizontal y verticalmente que participan sin que nadie dirija todo el proceso y si se lo pretende dirigir (planificar) se destroza toda la cadena espontánea y hay faltantes y eventualmente no aparece la carne en la góndola.

Polanyi en The Logic of Liberty alude al proceso espontáneo de mercado de al decir primero que cuando se observa un jardín arreglado o una máquina funcionando suponemos que alguien lo hizo, esta es la forma obvia del orden pero también, sigue diciendo Polanyi, que una jarra de agua la llena con una densidad igual en un plano horizontal sin que nadie lo diseñe, ese es el orden físico pero “cuando el orden se logra entre seres humanos a través de permitirles que interactúen entre cada uno sobre la base de sus propias iniciativas se logra un orden espontáneo”. De modo que tenemos el orden obvio, el orden físico y el orden espontáneo que Adam Smith bautizó como “la mano invisible”.

También Polanyi en Meaning (editado por H. Prosch) se detiene a considerar la vital importancia de la libertad para discutir públicamente muy diversas perspectivas, la necesaria libertad para investigar en las ciencias, la libertad para debatir los resultados de lo que se descubre en el campo de las instituciones y los fallos judiciales,  la libertad para cada uno seguir su proyecto de vida sin lesionar iguales derechos de terceros, en otros términos, la libertad como oxígeno vital y como fundamento del respeto recíproco.

El premio Nobel en medicina Roger W. Sperry hace notar que “la conciencia está concebida para tener un rol directo en la determinación de las pautas en la excitación del cerebro. El fenómeno de la conciencia en este esquema está concebido para interactuar y en gran medida gobernar los aspectos histoquímicos y fisiológicos y las mentales […] lo cual significa una contradicción directa con las tesis centrales de behavorismo y con la filosofía materialista”. Por esto es que el antes mencionado filósofo de la ciencia Popper concluye que “si nuestras opiniones son resultado distinto del libre juicio de la razón o de la estimación de las razones y de los pro y contras, entonces nuestras opiniones no merecen ser tenidas en cuenta. Así pues, un argumento que lleva a la conclusión de que nuestras opiniones no son algo a lo que llegamos nosotros por nuestra cuenta, se destruye a si mismo”.

El propio Heisenberg enfatiza que la indeterminación en el mundo subatómico no significa libertad en las partículas sino la dificultad que presenta el uso de instrumentos (establece la conexión entre la física y la visión filosófica en Phisics and Philosophy. The Revolution of Modern Sciences) y, en este contexto, el neurocirujano Wilder Penfield en The Mystery of Mind destaca que Hipócrates fue el primero en señalar la relación mente-cuerpo que “fue incluida en una conferencia dirigida a un grupo médico sobre la epilepsia […]  dijo que ´Para la conciencia el cerebro es un mensajero´ . En realidad, su discusión constituye el mejor tratado sobre la mente y el cerebro que apareció el la literatura médica hasta bien transcurrido el descubrimiento de la electricidad”. El mismo autor subraya que en la fórmula clásica de juramento médico hipocrático está presente un código moral que el materialismo rechaza y resume el punto al escribir que “la función de la materia gris es la de llevar a cabo la acción neuronal que se corresponde con las acciones de la mente”.

Albert Einstein en carta a Robert Thorton el 7 de diciembre de 1944  ha manifestado que “Concuerdo plenamente con usted sobre el significado y el valor educativo de la metodología y la historia y la filosofía de la ciencia. Hay tantas personas hoy -incluyendo a científicos profesionales- que me parecen como alguien que ha visto miles de árboles pero nunca vieron un bosque. El conocimiento de antecedentes históricos y filosóficos otorga independencia de prejuicios de su generación, lo cual sufren muchos científicos. Esta independencia creada por una visión filosófica es -en mi opinión- la marca distintiva entre el mero artesano y especialista y el que realmente busca la verdad”.

En resumen, es llamativo que muchos estudiosos de lo material tengan un concepto sobre lo espiritual más acabado que no pocos de los que trabajan en las ciencias sociales que se empeñan en aniquilar la libertad y que son habitualmente los asesores de figuras autoritarias. Jaques Rueff en La visión cuántica del universo. Ensayo sobre el poder dice que es en verdad muy llamativo que deban utilizarse microscopios y otros instrumentos para conocer la naturaleza de la materia y a simple vista se ve la condición humana sin microscopios y otros instrumentos de laboratorio y sin embargo se niega la naturaleza libre del ser humano.

Todos los personajes citados han tenido rasgos geniales sin que se les prestara la suficiente atención en el tema aquí tratado a pesar de sus sapiencias, pero como ha escrito Johnathan Swift (en Thoughts on Various Subjects, Moral and Diverting), “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

REFLEXIONES SOBRE LA CUARTA DIMENSIÓN

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Desde la más tierna infancia se nos ha dicho que aprovechemos el tiempo, que economicemos tiempo o que ahorremos el tiempo. Esto es porque somos finitos, porque tenemos un tiempo limitado para, dadas las circunstancias, hacer de nuestras vidas algo provechoso. Otra posibilidad consiste en deambular sin rumbo, esto es vegetar, lo cual a su vez significa no sacar partida de la condición humana dotada de libre albedrío al efecto de hacer algo con el timón.

En líneas generales podemos decir que aprovechar el tiempo es, en primer lugar, mejorar como personas y, en segundo término, contribuir a hacer en algo mejor el ámbito en el que nacimos y vivimos en contacto con nuestro próximo (prójimo). Mejorar quiere decir actualizar nuestras potencialidades en busca del bien según sean nuestros esfuerzos por conocer, es decir, por agrandarnos en lo que tenemos de más preciado cual es el intelecto que nos diferencia de todas las especies conocidas.

Sin duda que la faena de conocer tiene sus bemoles en el sentido que se trata de un proceso evolutivo de prueba y error siempre sujeto a posibles refutaciones. De allí es que el sistema social que optimiza resultados es el del respeto recíproco, a saber, el de la libertad en cuyo contexto cada cual se mueve según estime pertinente en concordancia con sus proyectos de vida siempre y cuando no lesiones derechos de terceros, lo cual incluye la generosidad respecto al prójimo (naturalmente con lo propio). En esto consiste el eje central de la tradición de pensamiento liberal.

Es cierto que la vida se vive una vez y el segundero pasa rápido pero nuestra misión no puede encajarse en la arrogancia superlativa de pretender la resolución de los problemas que indefectiblemente genera el autoritarismo. Nuestra misión es mucho más modesta: se circunscribe a poner nuestro granito de arena para que se comprendan las ventajas del respeto recíproco en cuyo ámbito cada uno asume la responsabilidad por lo que hace o deja de hacer pero se maximizan las posibilidades de sacar el mayor provecho posible de las circunstancias imperantes.

Derrochar o malgastar el tiempo -la cuarta dimensión- entonces se traduce en no vivir sino simplemente durar. Una persona sin objetivos, proyectos o metas superadoras está a la deriva, su vida es un sinsentido o vive la vida de otros, renuncia a la unicidad de su ser en toda la historia de la humanidad, lo cual refuta la idea de tiempos circulares o repetitivos ya que irrumpen personas distintas.

Ortega concluye que “la vida es tiempo” y que “el tiempo es irreparable”, una vez transcurrido se torna irreversible, “es el tiempo que se acaba” para cada cual. La vida es como la dibuja Shakespeare en el sentido de un gran teatro en el que hombres y mujeres no son más que actores que tienen posibilidades limitadas y concretas de entradas y salidas al escenario. Bien se ha dicho que matar el tiempo no es un homicidio sino un suicidio ya que afecta principalmente al sujeto que desperdicia su tiempo siempre limitado en esta tierra y que en última instancia constituye el test de su vida. Se ha mantenido que el tiempo es eterno pero no lo es para cada uno (por otro lado Woody Allen ha consignado que “la eternidad se hace muy larga, especialmente la última parte”).

Hay quienes se excusan y exhiben toda clase de pretextos en la falta de tiempo para no llevar a cabo faenas relevantes pero el día tiene veinticuatro horas para todos, de lo que se trata es de un tema de prioridades al efecto de encontrar el tiempo necesario. Hay quienes se quejan de la rapidez del tiempo y los hay satisfechos con el paso del transcurrir, concepciones subjetivas relacionadas con la intensidad del vivir y de posibles satisfacciones por logros obtenidos y la conjetura de no poder repetirlos si se pudiera navegar para atrás en el tiempo tal como proponía Wells en su ficción.

André Compte-Sponville nos enseña que el tiempo es el ser en cuanto a que si nada cambiara, si nada durara la existencia no sería, lo cual pone al descubierto el vínculo espacio-tiempo y el movimiento potencia-acto que puede denominarse energía. Enfatiza este autor: “Imaginemos que se detuviera el tiempo. ¿Qué pasaría? Nada, por definición, porque ya no pasaría más nada.” Solo para el inmortal el tiempo resultaría irrelevante.

Aldous Huxley ha escrito con razón que “la más firme enseñanza de la historia es que no hemos aprendido las enseñanzas de la historia”. Tal cual, hay fenómenos recurrentes que revelan que estamos encorsetados por el pasado, es como si estuviéramos condenados a repetir errores una y otra vez. Los ejemplos tremebundos de los totalitarismos del siglo xx y xxi atestiguan el aserto, en mayor o menor medida se toman ingredientes de esos regímenes de horror y los aplicamos en dosis diversas, en general sin las matanzas físicas pero si las matanzas del espíritu a través de aparatos estatales que con creciente saña aplican sus recetas a los así denominados “contribuyentes”. Hay signos muy preocupantes de persecuciones a ciudadanos pacíficos que han obtenido legítimamente sus ingresos, son el fruto de su trabajo y sin embargo se los confisca a través de impuestos inauditos y regulaciones inaceptables.

Ahora viene el intento de explicar desde otro ángulo el tiempo, el transcurrir o el devenir. Aristóteles primero, pero especialmente San Agustín mostraron lo intrincado que resulta elaborar sobre el significado del tiempo al señalar la dificultad de aprehender ese concepto. Se trata de aludir a la sumatoria de presentes pero resulta que no son más que tiempos que ya fueron (pasado) o que serán (futuro) y que divididos en fragmentos infinitesimales de presentes que en verdad hacen que esa noción más bien se esfume. Esto así considerado convierte al tiempo en una especie de enigma ya que si el presente no puede aprehenderse y el pasado ya no es y el futuro aun no ocurre, el tiempo se transforma en un misterio pero que, sin embargo, es. No podemos separarnos del tiempo. Es como aquel cuento del que buscaba afanosamente sus anteojos y resulta que los tenía puestos precisamente para buscarlos.

Por su parte, Henri Bergson fue pionero en elaborar sobre el tiempo psicológico o interior, por una parte, y el tiempo del reloj por otra al poner de manifiesto como sucesos agradables para el sujeto actuante pasan más rápidamente que los desagradables que subjetivamente considerados tienden a sucederse con mayor lentitud.

En realidad, tal como apunta John B. Prestley hubieron calendarios antes que relojes al efecto de facilitar los períodos de siembras y cosechas y para encuentros y comercios se hizo referencia a horas, días, meses y años para lo cual se recurrió como parámetro al giro de la Tierra sobre su eje y al giro de la Tierra en torno al Sol en el contexto de puntos de referencia que cambian a ritmos distintos de lo observado puesto que si absolutamente todo cambia al mismo compás no hay modo de medir el tiempo (el río fluye en relación a márgenes inmóviles).

Como es sabido, Albert Einstein explicó su teoría de la relatividad especial en base a sostener que, a diferencia de la concepción newtoniana, el tiempo no es absoluto, que depende de la ubicación del observador (una explosión será detectada en lugares distintos en diferentes tiempos debido a la velocidad del sonido y de la luz). Asimismo, su teoría general de la relatividad introdujo el factor masa, es decir, que si la Tierra fuera de mayor tamaño tardaría más en girar sobre su eje y en torno al Sol.

Stephen Hawking, aunque cambiante en su posición respecto al origen del universo, en su libro sobre el tiempo parte del Big-Bang que como es sabido se trata de algo contingente y no necesario como la Primera Causa a la que todo remite puesto que la regresión ad infinitum no permitiría la existencia ya que las causas nunca hubieran comenzado, Primera Causa que es inexorablemente anterior a la referida explosión inicial.

Si queremos establecer un punto sobre una recta, necesitamos una medida -una dimensión- para localizarlo. Si en lugar de una recta quisiéramos trasmitir la ubicación de una mancha en la alfombra, necesitaríamos dos números -dos dimensiones- para establecer el lugar exacto de la mancha: necesitaríamos el largo y el ancho. Si en una habitación cuelga una lámpara del techo y quisiéramos referir en que punto del espacio se encuentra la bombilla de marras, necesitaríamos tres números -tres dimensiones- que denominaríamos ancho, largo y profundidad. Si en esa habitación hubiera una mosca volando nos referiríamos a cuatro dimensiones: debemos agregar el tiempo, conocido como la cuarta dimensión. La localización de la mosca no es la misma a las diez de la mañana que a las dos de la tarde.

Esta cuarta dimensión a la que nos venimos refiriendo resulta trascendental para el ser humano. Constituye una implicación lógica de la acción humana, es uno de los teoremas que se explican al comenzar un curso de economía: si alguien tiene un deseo e ipso facto lo satisface, no hay acción humana. Para que haya acción necesariamente debe mediar tiempo entre el deseo y la búsqueda de la satisfacción correspondiente. El hombre no puede hacer todo al mismo tiempo, por tanto debe seleccionar, preferir, optar, en otros términos, economizar. Deberá establecer una escala de valores en sentido ordinal, no cardinal puesto que no son susceptibles de medirse (el precio no mide sino que expresa valorizaciones cruzadas, cuando se dice que una zanahoria vale dos pesos no es en modo alguno que dos pesos y una zanahoria sean iguales puesto que en ese caso no habría transacción).

No podemos posponer indefinidamente nuestras preferencias cotidianas, de lo contrario perecemos. Tampoco -si queremos realizarnos en la vida en el sentido antes mencionado- podemos posponer para siempre objetivos centrales en nuestras vidas tales como hemos aludido antes en esta nota. En definitiva, para vivir una vida propiamente humana, en esa aventura de pasar de lo latente a lo patente, el hombre no puede escindirse de la cuarta dimensión y cuanto más libre resulte el entorno, mayor serán sus posibilidades de logros. Es pertinente destacar que Henri Boulad nos dice que “el error de quienes calculan el tiempo matemáticamente consiste en olvidar que cada instante es único y, por lo tanto, no es susceptible de sumarse”.

Por último, dado que no somos solo materia puesto que, de lo contrario, como hemos apuntado en otras ocasiones, los nexos causales inherentes en nuestros kilos de protoplasma nos determinarían y no habría por tanto libre albedrío, es decir, libertad ni por ende responsabilidad individual ni moral ni proposiciones verdaderas y falsas ni ideas autogeneradas,  nuestro espíritu, psique o estados de conciencia no desaparecen con el tiempo. En este sentido de trascendencia es como ha estampado Chesterton  en el título de su libro: El hombre eterno.

 Como queda dicho, un modo eficaz de aprovechar el tiempo consiste en contribuir a que las cosas sean un poquito mejor respecto al momento en que nacimos para lo cual resulta ineludible el trabajo para que se comprendan las ventajas del respeto recíproco. Es una misión ineludible para cada uno ya que todos estamos interesados en que se nos respete y esto no viene del aire, deriva de esfuerzos cotidianos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h