¿No serán algo hipócritas?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 8/2/17 en: http://hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=41990&tit=%BFno_seran_algo_hipocritas%3F

 

El rechazo de una corte federal de apelaciones al pedido del Departamento de Justicia de EE.UU., para reactivar el veto migratorio contra inmigrantes de siete países musulmanes -Siria, Irak, Sudán, Somalía, Yemen, Libia e Irán-,trenzó al gobierno deDonald Trump en una lucha legal que podría llevar años y terminar en la Corte Suprema.

Entretanto, los ciudadanos que cuentan con visas válidas y provienen de los países vetados -algunos con trabajos o estudios y familia en EE.UU.- comenzaron a volver apresuradamente aprovechando la contienda legal y ante el temor de que todo pueda volver a revertirse. Han vuelto a una auténtica cárcel, casi al estilo castro cubano, ya que, si salen, por caso, a visitar a sus padres moribundos en medio oriente, corren el riesgo de no poder volver a entrar.

Poco después, Trump dijo algo francamente asombroso, por decir lo menos, ya que en un sistema republicano lo menos que se espera del presidente es que tenga fe, confianza y apoye al Poder Judicial. “Si algo pasa culpen a él (al Juez) y al sistema judicial”, dijo. O sea que no cree en la justicia de su país, no cree en su república, me pregunto ¿no es ésta suficiente razón, al menos desde el punto de vista moral, para que renuncie? Aunque las incoherencias son propias de los políticos, que siempre tapan con demagogia, de otro modo no subsistirían ni por un minuto.

Además, el presidente de EE.UU. prohibió la entrada de todos los refugiados, y la canciller Merkel le recordó la Convención de Ginebra -y el derecho de asilo- que fue adoptada como una parte del acuerdo internacional posterior a 1945. El asilo es un derecho fundamental, una de las armas para prevenir el genocidio y los crímenes contra la humanidad. Y, por cierto, ya se utilizaba en la Grecia antigua, y era un clásico durante la Edad Media que los perseguidos entraran en una Iglesia al grito de “¡Me acojo a sagrado!”, y no había enemigo que no respetara el inviolable el derecho a asilarse en una iglesia.

Hipócritamente, Trump y muchos gobiernos occidentales no excluyen a los súbditos de Arabia Saudí: la patria de Osama bin Laden, de la ideología de Al Qaeda y el Estado Islámico, y de 15 de los 19 asesinos del 11-S. Será, cómo escribió Pablo Pardo, porque ningún yemení o somalí suma el 4,9% del capital de Citigroup, el tercer mayor banco de EE.UU., el 10% del gigante editorial News Corporation, de Rupert Murdoch, que apoya a Donald Trump, el 10% de Eurodisney como tiene el príncipe saudí Al Walid bin Tanal, extravagante al punto de poseer un Airbus 380 que es el único avión del mundo con piscina.

Esa Arabia Saudí madre del fanatismo islámico, que Trump -¿el “macho alfa”?- apoya, donde las mujeres son consideradas, de por vida, menores de edad ya que requieren el permiso de un tutor varón para matricularse en la universidad, trabajar, casarse o sacarse un pasaporte, entre otras muchas cosas como que no pueden conducir automóviles ni ir sin compañía de un hombre a un supermercado, además de taparse el pelo.

Pero todo esto es nada, comparado con el padecimiento de las casi doscientas personas que han sido decapitadas en 2016, la escuela del ISIS… que Trump apoya incondicionalmente: la forma más común de ejecución es decapitación con espada y a menudo son realizadas en público para castigar, además del homicidio, “crímenes” como adulterio, traición, sexo gay, delitos de drogas, hechicería y brujería, y apostasía.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Protestas en Estados Unidos exigen el cierre de Guantánamo:

Por Belén Marty: Publicado el 12/1/15 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2015/01/12/protestas-en-estados-unidos-exigen-el-cierre-de-guantanamo/

 

En el 13° aniversario de la llegada de los primeros prisioneros a la base militar, activistas de Miami y Washington DC pidieron a Barack Obama que cumpla sus promesas

Bajo el lema “13 años de tortura, 13 años de vergüenza”, 75 activistas de más de una docena de organizaciones marcharon este domingo en Miami, Estados Unidos, para exigir el cierre del centro de detención en Guantánamo, Cuba, en un nuevo aniversario de la llegada de los primeros prisioneros a la base militar, tras los atentados terroristas del 11 de septiembre 2001.

Entre las organizaciones participantes estaban Ocuppy Miami, Personas en Oposición a la Guerra, al Imperialismo y al Racismo (Powir), Amnistía Internacional (local 248), y otros miembros de la comunidad local.

Los activistas se congregaron en la calle 36 NW y caminaron 1 milla (1.6 kilómetros) hasta el edificio militar Comando del Sur del Ejército, que tiene a cargo el centro de prisión de Guantánamo.

Unos 75 activistas pidieron el cese de actividades en el centro de detencion en Guantanamo. (Facebook)

“Desde hace 13 años el Gobierno de Estados Unidos realiza torturas en Guantánamo. Pedimos que el presidente Obama termine de cumplir con la promesa que hizo en 2008 de cerrar la prisión. Queremos que la cierre porque muchos de los prisioneros que se encuentran allí no han tenido un debido proceso judicial, y este es un derecho humano”, le dijo aPanAm Post una de las organizadoras de la protesta y miembro de Powir, Pamela Maldonado.

Según informaron los organizadores, desde 2002, 779 hombres han sido enviados a Guantánamo sin juicio y sin haber sido jamás acusados oficialmente con algún crimen. Ahora la cárcel mantiene a 127 prisioneros, de los cuales 59 de ellos ya han sido autorizados para ser liberados.

Maldonado cree que el interés de mantener abierta una prisión de este tipo es meramente económico. “Las corporaciones ganan mucha plata por medio de las guerras”, reclamó. Sin embargo, sostuvo que esto no era excusa para Obama, debido a que su promesa es pública. “El partido Demócrata es igual ahora al partido Republicano. Ambos quieren continuar las guerras y gastar millones en ella en vez de traer eso al país en forma de salud médica o educación; servicios que sirven a los que viven en el país”.

La manifestación fue, para Maldonado “muy radical pero positiva para todas las personas locales e internacionales escucharan nuestra llamada”.

Para la activista, la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba podrían ayudar al tan esperado cierre de la prisión.

Sin embargo, con la firma de Obama de la Ley de Autorización para la Defensa Nacional en 2013 (NDAA por sus siglas en ingles) se restringió la facilidad de transferir prisioneros fuera de Guantánamo. Por eso, los organizadores de las protestas saben que el fin de esta era no será un proceso rápido.

“Esto está muy lejos de la promesa original que hizo cuando fue electo”, dijo Maldonado en relación a la NDAA.

En relación con las denuncias sobre violaciones de derechos humanos en la prisión, Amnistía internacional publicó en un informe en 2005 que “Guantánamo se ha convertido en el gulag de nuestros tiempos, consolidando la idea de que las personas pueden ser detenidas sin recurrir a la ley”.

Aproximadamente 75 activistas pidieron el inmediato cierre de Guantánamo. (Facebook)

Por su parte, Lisa García Domingo, vocera del Comando Sur del Ejército, indicó este domingo que la institución respeta el derecho de todas las personas a expresar sus opiniones y creencias.  “El Comando Sur sigue colaborando activamente con nuestros socios en América Latina y el Caribe para mejorar la seguridad y promover una mayor cooperación entre las fuerzas militares del Hemisferio Occidental”,manifestó en relación al rol de Guantánamo.

Protestas frente a la Casa Blanca

Otra manifestación en contra de la prisión de la base militar ocurrió el domingo en Washington DC, donde los activistas se vistieron con los tradicionales trajes naranjas de la prisión pidiendo el inmediato cierre de la instalación.

“No estamos aquí para hacer ángeles de prisioneros. Nosotros no los conocemos. Pero sabemos que son hombres”, indicó uno de los voceros por altavoz.

“Sr. Presidente necesito que sepa, que si fuera usted, encapuchado y encadenado, estaríamos aquí exigiendo los mismos derechos humanos para usted”, dijo otro activista durante la protesta.

No al cierre

El Centro para la política de Seguridad ubicado en Washington DC es una de las organizaciones que mantiene una férrea defensa de que el centro de detención en Guantanamo permanezca abierto.

Esta organización considera un riesgo para la seguridad del país que ciertos prisioneros sean transferidos, en la búsqueda del cierre del establecimiento, a sus países de origen. Mencionan en un artículo publicado en pagina web, un ejemplo de un caso de un prisionero que fue transferido a Arabia Saudita para su custodia y que se habría convertido en un líder de una célula de Al Qaeda.

“Si al-Rubaish [el prisionero] se consideró apto para la transferencia en una fecha tan lejana como fue el 2006, y ahora es una figura líder de Al Qaeda que busca reponer las filas del Estado islámico, ¿qué dice eso acerca de los que permanecen aún en Guantánamo? ¿Qué podemos esperar después de sus transferencias?”, se preguntaron.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

Cuando el horror enciende las alarmas

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 28/8/14 en: http://www.lanacion.com.ar/1722393-isis-cuando-el-horror-enciende-las-alarmas

 

El avance de las milicias del llamado “Estado Islámico en Irak y el Levante” parecía ser -hasta no hace sino unos pocos días- una marea incontenible. El grupo de milicianos islámicos fanáticos sunnita que responde a ese “califato”, se ha apoderado de nada menos que un tercio del territorio de Siria, así como de un tercio del territorio de Irak. En poco tiempo, entonces, ha llegado a controlar un territorio bien significativo, afectando la integridad territorial de los dos países mencionados.

Además ha capturado lo sustancial de los yacimientos de hidrocarburos que estaban en producción en el primer país y cinco yacimientos adicionales en territorio de Irak. Todo un temprano botín de guerra, que se acrecentó dramáticamente cuando -al apoderarse de Mosul, la segunda ciudad de Irak- las fuerzas de ISIS (según las siglas en inglés) se hicieron de fondos líquidos que algunos estiman en unos 500 billones de dólares.

A ello se suma, en términos de peligrosidad real, el disponer de toda suerte de modernos armamentos norteamericanos anteriormente suministrados a las fuerzas armadas de Irak, de los que esas fuerzas se apoderaron al tiempo de tomar Mosul.

No obstante, dos acontecimientos recientes, particularmente graves, parecen haber conmocionado a la comunidad internacional y, como veremos enseguida, acercado a enemigos de ayer, ahora repentinamente unidos por una dramática realidad que, para todos por igual, es inaceptable.

Nos referimos, primero, a la cobarde decapitación de James Foley, un periodista norteamericano. Realizada con fines intimidatorios, ocurrió diez años después de la del empresario Nicholas Berg por las milicias iraquíes de Abu Musab al-Zarqawi, las antecesoras directas de ISIS.

Y, segundo, a la persecución genocida de la minoría Yazidi, un pequeño grupo étnico enrolado en el zoroastrismo, cuyo pasado se hunde en la antigüedad, que casi muere de hambre, sed y frío en las montañas del norte de Irak, escapando de esas fuerzas.

Ambos hechos, por la intensa repugnancia que generan, parecen haber disparado, de pronto, todas las alarmas. Que ahora se escuchan en los más diversos rincones del mundo. Con componentes de urgencia.

Ocurre que estamos frente a un peligro real al que el propio Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Chuck Hagel, acaba de definir como “una amenaza inminente a todos nuestros intereses”. Paradójicamente, hasta el líder religioso supremo de Irán, el Ayatollah Ali Khamenei, podría seguramente haber utilizado exactamente las mismas palabras, respecto de lo que significa para su país.

Para la vida diaria de las personas sometidas a la presencia de ISIS, su aparición en sus vidas supone una inmediata -y absolutamente depravada- regresión al pasado.

Lo que sucede en la ciudad de Raqqa, en el norte de Siria que, desde mayo del año pasado funciona como centro neurálgico de ISIS- así lo demuestra.

Allí las mujeres deben vestirse con el velo “niqab”. Los pantalones, en consecuencia, les están vedados. Corren, asimismo, el riesgo de ser circuncidadas, contra su voluntad. A los ladrones, se les amputan las manos. A las mujeres presuntamente infieles, se las apedrea hasta morir. Los opositores corren el riesgo cierto de ser decapitados o crucificados, con las imágenes de sus muertes multiplicadas y difundidas por los medios electrónicos, una de las armas constantemente utilizadas por los jihadistas. En las pocas peluquerías de mujeres que quedan en la ciudad se debe pintar de negro las imágenes femeninas de los envoltorios de los respectivos productos. La música es silenciada, como si fuera una aberración. Y los helados, así como el alcohol, están terminantemente prohibidos. Por lo demás, quien no se detiene a orar las cinco veces por día previstas por el Islam corre, instantáneamente, riesgo de vida.

Un súbito retorno a la Edad Media se ha impuesto por la fuerza. Si es necesario, a sablazos. Con prescindencia de sus circunstanciales víctimas.

Por esto, los Estados Unidos, convocados -expresamente y de urgencia- por el gobierno de Irak, han vuelto a combatir en ese país. Aunque, por ahora, tan sólo desde el aire. Sus 35 bombardeos aéreos -realizados en apenas tres días- fueron todo lo eficaces que se suponía. Porque permitieron a las fuerzas militares de la minoría kurda, los peshmerga, recuperar el control sobre la represa de Mosul, en una acción estratégicamente crítica. Insólitamente, los cazas norteamericanos debieron bombardear allí a varios sistemas de armas de origen norteamericano, que en algún momento fueran entregados al ejército de Irak, capturados por ISIS en Mosul.

En este tipo de enfrentamientos, cuando no hay apoyo aéreo, las cosas son mucho más difíciles, según lo demuestran los tres intentos fracasados por retomar la ciudad de Tikrit, emplazada a un centenar de kilómetros al norte de Bagdad, aún en manos de IRIS.

Por esto Barack Obama está pidiendo a su Congreso autorización para poder actuar desde el aire también en el espacio aéreo de Siria. Más allá de los meros vuelos de reconocimiento que ya están operando. Lo que supondría comenzar a mantener alguna coordinación con la aviación siria. Algo impensable, hasta no hace mucho.

Los milicianos son eficientes. Combaten bien pertrechados y están curtidos por tres años de una durísima guerra civil en Siria. Además imponen una confrontación basada en la movilidad constante de sus pickups artilladas. Distinta. Veloz. Cambiante. Sin demasiados blancos fijos.

Pese a la enorme importancia que cabe asignar al apoyo aéreo, lo cierto es que ninguno de los países árabes del Golfo ha participado, ni ofrecido participar, en las operaciones militares aéreas realizadas contra ese grupo fanático. Hablamos de más de un millar de cazas de última generación, estacionados en tierra. Esto, presuntamente, debería cambiar. Pronto. En línea con lo que Egipto y los Emiratos están haciendo en Libia.

La existencia esta realidad de horror y salvajismo está precipitando cambios. Como el de Alemania, que acaba de ofrecer expresamente armamentos a Bagdad. Pese a ser el tercer exportador de armas del mundo, Alemania se había -hasta ahora- opuesto insistentemente al levantamiento del embargo europeo de armas respecto de la guerra civil en Siria. Francia, mucho más activa en esto que Alemania, está desde hace rato suministrando armas a los insurgentes sirios. Hablamos de aquellos que pertenecen a las líneas más moderadas que combaten al régimen de los Assad en el norte de su país. Y está sugiriendo que Irán debería coordinar su acción contra ISIS con la del resto de la comunidad internacional. Italia, por su parte, está también suministrando armas a los opositores moderados sirios. Fuerzas especiales británicas buscan hoy en el terreno a quien se supone fuera el verdugo de James Foley.

A lo que cabe agregar que, en el plano de los hechos, las cosas también están cambiando. Las tropas de Irán, por ejemplo (a estar a las noticias difundidas por Al Jazeera) acaban de combatir junto a los kurdos en territorio iraquí, aportando una columna de 1.500 hombres, con tanques. Y los veteranos de la guerrilla kurda conocida como “PKK”, que hasta ahora sólo combatían contra el gobierno turco, hoy lo están haciendo -codo a codo- con los “peshmerga”, esto es con los milicianos kurdos iraquíes, en las cercanías de Erbil, contra ISIS.

Turquía, que tiene a 49 miembros de su consulado en Mosul secuestrados por ISIS, que los utiliza como escudos humanos, se está enfocando, por ahora, sólo en la ayuda humanitaria de los desplazados “Yazidis”.

El gran cambio en el escenario es que, de pronto, los Estados Unidos e Irán tienen, según queda visto, un enemigo común: ISIS. Que, además, está en guerra con el régimen de los Assad, en Siria.

Comprensiblemente, todos reaccionan con horror ante la repugnante brutalidad de las acciones de ISIS, desplegadas siempre con una suerte de omnipotencia arrogante, propia de quienes pretenden actuar en nombre de un Dios que (creen) no condena, sino bendice, su inhumana depravación y sus injustificables series de asesinatos.

ISIS es una amenaza mayor de la que Al-Qaeda supusiera en su momento. Inmediata. Brutal. Desafiante. Para casi todos, incluyendo a China y Rusia.

Tiene, por lo menos, unos 20.000 combatientes en Siria. Y quizás otros tantos en Irak. Dispone de billones de dólares en efectivo; vende -subrepticia, pero exitosamente- crudo y gas natural; controla recursos naturales; y hasta cobra impuestos. Y ha cooptado a un grupo de antiguos oficiales del régimen de Saddam Hussein y de su partido, el “Baath”, con amplia experiencia en el uso -y abuso- de la violencia.

Pese a que la aparición de los califatos radicales no es un fenómeno nuevo -como lo demuestra lo sucedido en Afganistán en tiempos de los “talibanes”; o en Sudán, Mali, Bengazzi o Nigeria, más recientemente- nunca esos experimentos habían obtenido tanto poder y representado un peligro directo tan enorme para la comunidad internacional.

Las banderas negras de ISIS han aparecido ya en protestas callejeras tanto en París, como en Bruselas y Londres. Puede entonces hasta pensarse que las banderas negras que representan a la intolerancia como identidad podrían aparecer, de pronto, también entre nosotros. Quizás, como alguna vez aparecieron las palestinas en nuestros estadios de fútbol. Sería grave. Particularmente cuando nuestra sociedad está aturdida por haber sido víctima de toda una década de prédica incansable de odios y resentimientos.

Ocurre que, para ISIS, todos estamos incluidos en la lista de aquellos que, si no abrazan su credo, renunciando al propio, deberían en algún momento morir. Lo que parece un absurdo en el mundo de hoy pero que, no obstante, como realidad es innegable.

Esa es, precisamente, la razón de las alarmas que hoy resuenan por doquier. Cabe recordar que los cristianos hemos, en el pasado, sido intransigentes en lo religioso. Incluyendo a Santo Tomás. Y a Juan Calvino, cuando la ejecución de Miguel Servetus. No obstante, desde el Concilio Vaticano Segundo, hemos comprendido que la fe no puede nacer y, menos aún, crecer o mantenerse a sablazos, desde que debe nutrirse de la libertad, todo lo contrario a la coacción.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El violento resurgir del fundamentalismo islámico

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 16/6/14 en http://www.lanacion.com.ar/1701149-el-violento-resurgir-del-fundamentalismo-islamico

 

Hace poco más de dos semanas el presidente norteamericano, Barack Obama, al delinear los ejes de la política exterior de su país destacó que el mayor peligro para la seguridad de los Estados Unidos es ahora claramente el que representa la violencia terrorista. Incluyendo a los distintos movimientos armados del fundamentalismo islámico. Para ellos, que actúan globalmente, los Estados Unidos son su principal enemigo.

Esto pese a que, el mismo Obama, había sostenido el año pasado -en su controvertido discurso ante la Universidad Nacional para la Defensa- que Al-Qaeda estaba en rigor “camino a su derrota” y que el futuro del terrorismo estaba caracterizado por el posible accionar de grupos “menos capacitados”.

Para la República Argentina, que ha sido blanco de terribles atentados terroristas, todo lo que sucede en este tema debe ser seguido muy de cerca. Particularmente por quienes tienen la responsabilidad de la seguridad en nuestro extenso territorio.

En los últimos días, dos episodios diferentes muestran cómo la capacidad de generar violencia del fundamentalismo islámico no sólo está intacta, sino en aumento. Aún más allá de las operaciones de Al-Qaeda, entidad que sigue siendo uno de los principales motores del accionar terrorista.

El primero de ellos tiene que ver con losataques perpetrados contra el aeropuerto internacional Jinnah. En la ciudad de Karachi, la capital de Paquistán. Hablamos del aeropuerto más activo de todos los del convulsionado país. Ellos fueron llevados a cabo por milicianos “talibanes”. En el primero -que duró toda una noche- quedaron sin vida 36 personas. Entre ellos, 11 atacantes.

Aparentemente la operación, toda una demostración de capacidad ofensiva, se realizó en represalia por los bombardeos de la fuerza aérea paquistaní a los santuarios del Talibán en el remoto valle de Tirah, en el norte de Pakistán, en la porosa zona de frontera con Afganistán. Por allí entran y salen los líderes y los guerrilleros del Talibán, así como sus dineros, drogas, armas y municiones.

El bombardeo paquistaní tiene que ver con presiones externas sobre Pakistán, en el ámbito de la geopolítica. Ocurre que China ha estado impulsando a Paquistán a que asegure el control de la zona referida, por la que -según los chinos- circulan algunos elementos separatistas “uighures” y “uzbecos” que promueven la violencia terrorista en el inquieto noroeste de China.

Además, también el gobierno de Afganistán reclama a las autoridades paquistaníes mayor efectividad en el control de su frontera común, desde que buena parte del liderazgo talibán circula en torno a ella.

El segundo episodio preocupante es, creemos, muchísimo más grave. Y ha sido sorpresivo. E s la toma, por parte de milicianos fundamentalistas islámicos, de la segunda ciudad de Irak: Mosul. Seguida de la de Tikrit. Llegaron procedentes de Siria y, después de cuatro días de combates en derredor de la primera ciudad, la ocuparon.

Se trata de una efervescente ciudad, algo mayor, en términos de población que nuestras Rosario o Córdoba. Es un importante centro de actividad industrial y petrolera. Con dos millones de habitantes, mayoritariamente “sunnis”, está emplazada en la provincia de Nineveh, a menos de trescientos kilómetros de la capital Bagdad, en dirección norte.

Los invasores de Mosul pertenecen al llamado “Estado Islámico de Irak y el Levante”, un pretendido “emirato árabe” que controla buena parte del territorio sirio, así como también alguna parte del territorio de Irak. Desde Alepo, en Siria, hasta Falujah, en Irak. Sus huestes han combatido desde hace ya tres años en la guerra civil siria. Templados en el combate, vencieron fácilmente al ejército iraquí que, ante el ataque, finalmente se dio a la fuga, abandonando sus armas, uniformes y pertrechos, que quedaron en manos de los recién llegados.

Los milicianos, apenas unos 800, llegaron a través de una frontera transformada en “puerta giratoria”, por la que pasa cualquiera. A su riesgo ciertamente, pero cualquiera. Tomaron la ciudad con muy poca resistencia. Rápidamente ocuparon los edificios públicos. También las televisoras, las instalaciones policiales y hasta el propio aeropuerto, donde encontraron -abandonados a su suerte- una serie de helicópteros, armas pesadas y vituallas militares de todo tipo suministrados al gobierno iraquí por los norteamericanos. Todo lo que hoy está ya en manos de los fundamentalistas islámicos “sunnis”. Abrieron, además, las prisiones y así liberaron a los presos. Portaban, a la manera de emblema, la clásica bandera negra, con inscripciones blancas en idioma árabe. Aquella que identifica al fundamentalismo islámico “sunni” afiliado a Al-Qaeda. En todas partes.

Estas mismas fuerzas insurgentes (que cuentan con unos 4000 efectivos desplegados en todo Irak) controlan desde comienzos de año a la simbólica ciudad de Fallujah, ubicada a apenas cincuenta kilómetros hacia el oeste de Bagdad. En otro claro desafío abierto, al que el gobierno central iraquí (“shiita”) no ha sabido, ni podido, responder. Quizás porque sus fuerzas armadas, sometidas a un creciente proceso de deserciones, están exhaustas y absolutamente desmoralizadas por un conflicto que ha retomado los niveles de violencia inhumana de ayer. Aquellos que conforman una pesadilla que muchos creían superada. Que ha reaparecido, con todo lo que significa.

Con estos últimos movimientos, la insurgencia “sunni” controla buena parte de tres de las dieciocho provincias de Irak. Y avanza en su ambición de crear un país “sunni” nuevo, conformado por parte del territorio sirio y parte del territorio iraquí. Por esto, la integridad territorial de ambas naciones, Irak y Siria, están ahora bajo intensa presión.

Por el momento, los invasores -comandados por el iraquí Abu Bakr al Baghdadi- que se alejaron, aparentemente, de Al-Qaeda, con la que ideológicamente comparten ideales y objetivos, están operando con gran eficiencia. Sin que las autoridades iraquíes puedan controlarlos. En rigor, ni siquiera contenerlos. Al tiempo de escribir estas líneas, han rodeado ya a Bagdad. Con el riesgo de que pronto, desintegrado que sea Irak, haya un espacio importante en manos del terrorismo, que lo utilice para operar desde allí en todo el mundo.

La facciosa guerra civil siria, iniciada hace tres años enfrenta esencialmente a “sunnis” y “shiitas”. Ahora se extiende, rápidamente. Más allá de los confines de Siria. Irak está ya inmerso en ella. El Líbano, también. Las fuerzas de Hezbollah hoy luchan en todos los frentes sirios junto a las de Bashar al-Assad, cuyo destino depende entonces fundamentalmente de Irán.

Dos concepciones islámicas se enfrentan así, encarnizadamente. En lo que parece una lucha ahora abierta por el predominio en Medio Oriente. Con un resultado final incierto que, de pronto, puede alterar los equilibrios de fuerzas en la región.

Hay ya toda suerte de peligrosos interrogantes abiertos, como: ¿Qué hará ahora Irán, además de haber desplegado tres batallones para cooperar en la defensa de Bagdad? ¿Saldrá en apoyo del primer ministro iraquí, Nuri Kamal al-Maliki, en todos los frentes? ¿Cómo reaccionarán los kurdos, hasta hoy fuera de la contienda, al tener ahora el conflicto en su cercanía inmediata, además de haber aprovechado la oportunidad para tomar, con su disciplinada “peshmerga”, el control de la ciudad de Kirkuk, que hace rato reclaman como suya? ¿Qué hará Turquía, cuyos ciudadanos están siendo apresados en Irak por los milicianos fundamentalistas? ¿Responderán los Estados Unidos positivamente al pedido de ayuda militar que está haciendo un Irak desesperado? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Y, si lo hacen positivamente, cuáles serán las consecuencias, fuera y dentro de los Estados Unidos, para un debilitado Obama? ¿Se cortará el importante flujo de petróleo crudo que llega al mercado internacional proveniente de Irak? ¿Qué harán, por su parte, los países árabes del Golfo? ¿Se ahondará y expandirá aún más el peligroso conflicto faccioso que está en curso, si las fuerzas invasoras “sunnis”, cumpliendo sus enceguecidas promesas, atacan a las dos ciudades sagradas de los “shiitas”, Najaf y Karbala? ¿Es la desintegración de Irak una solución o el comienzo del caos?

De pronto todo es fragilidad en Medio Oriente. Y los riesgos son enormes.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Peligrosa rebelión “Tuareg”:

Por Emilio Cárdenas: Publicado el 10/4/12 en: http://www.lanacion.com.ar/1463625-peligrosa-rebelion-tuareg

Los nómades conocidos como los “tuareg” pertenecen al pueblo “bereber”. Habitan el norte y occidente del desierto del Sahara. Hablamos de algo más de un millón doscientas mil personas que pertenecen a esa rama que representa el 10% del total de los distintos grupos bereberes.

Con frecuencia son objeto del calificativo de “azules”, porque -con el calor- sus vestimentas de ese color se destiñen de modo que la piel incorpora una atractiva tonalidad azul. Se llaman a si mismos: “los libres”. Aún hoy, sin embargo, los “tuareg” viven divididos entre nobles y vasallos. Los últimos desempeñan las tareas propias de una servidumbre doméstica.

Tienen ciertamente una bien ganada fama de indómitos. No sólo porque históricamente se dedicaron alguna vez a saquear poblaciones, sino porque -hasta no hace mucho- se distinguieron por su feroz resistencia al colonialismo. En los últimos tiempos muchos de ellos, como milicianos o simplemente como mercenarios, formaron parte del multicolor ejército libio en tiempos de Gadafi.

Poco antes de caer el tirano regresaron apresuradamente a sus propias tierras. Lo hicieron aprovechando la situación de caos para llevar consigo el moderno armamento que les había sido suministrado por el depuesto gobierno libio, así como misiles tierra-aire de corto alcance (Sam-7) y explosivos poderosos como el Semtex, aparentemente fruto del saqueo.

Desde hace algunos años, células de Al Qaeda y grupos vinculados o emparentados con ese movimiento terrorista han estado -cual infección- operando activamente en la zona del llamado Maghreb, al norte de África. Hasta ahora se habían concentrado más bien en los secuestros y en un activo tráfico de drogas, armas y personas. Actuaban particularmente en la paupérrima Mauritania y en algunos otros rincones del Sahara Occidental. También en el Chad, Mali, Níger, y en el sur de Argelia. Cabe acotar que los grupos islámicos del Maghreb parecerían tener también conexiones con los que actúan en el norte de Nigeria perpetrando atentados contra los cristianos, al mando del desalmado Boko Haram.

Todo ello parece haber generado una mezcla explosiva que acaba de producir su primer gran sorpresa cuando, de pronto, los “tuareg” -aparentemente (pese a las desmentidas) asociados con Ansar Dine (un conocido grupo “tuareg”, pero de claro perfil islámico) y Al-Qaeda (Aqmi)- a través del llamado “Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad”, se apoderaron del noreste de Mali, incluyendo a sus tres ciudades más importantes: Kidal; la estratégica Gao, económicamente la más importante de la región; y la emblemática (y romántica) antigua ciudad santa islámica: Timbuktu.

En Timbuku -ciudad que, por su enorme valor cultural, está especialmente protegida por las Naciones Unidas- no sólo hay tres famosas mezquitas. También cementerios históricos y bibliotecas y anaqueles que guardan miles de insustituibles manuscritos que contienen hasta obras pertenecientes a la era pre-islámica.

 Los insurgentes aprovecharon la circunstancia que Mali ha sido objeto -el 22 de marzo pasado- de una alocada asonada militar, comandada por un joven capitán de etnia “senufo” (negra), Amadou Aya Sanogo, ahora en vías de superación. Una vez en control del territorio desértico que ahora ocupan, los “tuareg” proclamaron que su objetivo era “gestionarlo”. Lo cierto es que la insurrección “tuareg” tiene un claro perfil secesionista, que amenaza a la integridad territorial de Mali. Hablamos ciertamente de la posibilidad de que -de pronto- se organice una nueva “república islámica”. Por lo pronto, sus líderes ya han anunciado su vocación de independizarse e impuesto en el territorio que controlan tanto el uso del velo islámico como la ley islámica, el “sharia”. A la manera de Afganistán, cuando era gobernado por el Talibán. El riesgo es volver a repetir esta historia, pero difícilmente obtengan apoyo externo en su pretensión independentista.

Francia, la antigua potencia colonial, ha expresado su alarma y su preocupación por lo que está sucediendo y está convocando a los países vecinos a sofocar las dos insurrecciones acaecidas en Mali: el golpe militar y la peligrosa insurrección “tuareg”. La vecina Argelia, cuyo personal en Gao ha sido detenido, también contempla con alguna alarma lo que sucede. Porque el fundamentalismo es también una amenaza en su propio interior.

Porque parte del supuesto que los “tuareg” apuntan, en rigor, a controlar todo Mali. Pese a ello, Francia ha anunciado que -a diferencia de lo que no hace mucho hiciera en Costa de Marfil- por el momento no enviará sus tropas a Mali.

 Por ello, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Ecowas) está bajo presión para eventualmente (fracasadas que sean las gestiones políticas y las sanciones económicas ya dispuestas contra Mali) decidir una intervención militar, con todos los riesgos que ello implica.

Esta es, históricamente, la sexta insurrección de los “tuareg”. La primera se remonta a 1916. La última es mucho más reciente; es la del 2006 que terminara concediendo un alto grado de autonomía a la zona del Sahara maliano, denominada, precisamente: Azawad.

Como suele suceder, ante estos tristes escenarios de extrema inestabilidad, la gente huye de la violencia. Por esto aparece rápidamente el desgarrador sufrimiento que representan las clásicas olas de refugiados y desplazados que estas situaciones disparan. Las Naciones Unidas sugieren que ya hay más de 200.000 personas que han huido de Mali. Muchos han marchado hacia Burkina Faso. Otros hacia Níger.

Lo cierto es que la presencia de Al-Qaeda en África no sólo es, queda visto, una grave realidad, sino que está ahora ganando presencia, terreno y hasta dimensión.

Emilo Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.