EL CIRCO HISTÉRICO DEL PARTIDO DEMÓCRATA NORTEAMERICANO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 9/2/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/02/el-circo-histerico-del-partido.html

 

Que la política concreta ha sido muchas veces el lugar del asesinato, las mentiras, y todo cuando se pueda por llegar al poder, lo sabemos desde que el mundo es mundo. Pero al menos hubo un momento donde un código de caballeros unía a los demócratas y republicanos. Eran las épocas de los debates entre un Kennedy y un Nixon, o Al Gore diciendo a todo el mundo que aceptaría la resolución de la Suprema Corte porque “este es nuestro sistema”.

Pero la ideologización extrema del Partido Demócrata ha llegado a tales extremos, es tan evidente que ni siquiera están dispuestos a aceptar un resultado electoral, igual que sus epígonos latinoamericanos, y que las desesperadas mentiras y campañas que organizan –sólo les falta lisa y llanamente el asesinato político- llegan a niveles vergonzantes.

Ya lo hicieron en el caso del Juez Kavanaugh, tema al cual ya le dedicamos un largo comentario[1]. Ahora, desesperados por el triunfo de Trump, inventaron un impeachment. Era el paso anterior a contratar un sicario para asesinarlo, así que los miembros del Servicio Secreto van a tener que estar muy cuidados de aquí en más. Desesperados, inventaron un supuesto chantaje o presión de Trump al presidente de Ucrania, cuando nada en la transcripción indica tal cosa; a lo sumo, una imprudencia, como mucho, que revela por lo demás las tropelías de Joe Biden.

¿Qué autoridad moral tiene alguien en los EEUU actuales, lamentablemente, para decir que “nadie está por encima de la LEY”? Law es precisamente ese conjunto de derechos individuales que presidentes y congresistas se han dedicado últimamente a violar, republicanos también. Si conocieran el sentido que la noble palabra “law” tiene en Hayek, se darían cuenta. Pero no, ahora parece que son todos inmaculados, desde los Clinton y sus mafiosas relaciones con el Deep State, hasta Obama que, por lo demás, como dice Julio Shiling, “…le dijo en 2012 al líder titular ruso, Dimitry Medvedev, frente a un micrófono abierto, que tendría “más flexibilidad” después de las elecciones presidenciales en los EE UU para considerar descartar el proyecto del escudo de defensa antimisiles que protegería a Ucrania, Polonia y otras democracias del área. Esto era algo que Rusia quería mucho. ¿No abusó Obama del poder al enviarle este mensaje a Putin invitándolo a que el líder ruso lo favoreciera en su reelección? Obama no sólo abandonó el plan de sistema antimisiles, sino rehusó mandarle a Ucrania ayuda letal cuando Rusia invadió Crimea. ¿No fue esto un abuso de poder que tipifica un quid pro quo?[2]

Que Trump es muy tosco, que no entiende bien el tema de la libre importación, que debería tener otra política de inmigración, etc., es obvio. ¿Pero quién tiene autoridad moral para decirlo? ¿Quién antes de él eliminó todos los aranceles? ¿Quién antes que él suspendió la diferencia entre inmigración legal e ilegal? Nadie. ¿Por qué se presentan ahora todos como santos angelitos?

La respuesta es muy simple: porque están desesperados para eliminarlo, de cualquier modo, porque son unos autoritarios que en fondo han abandonado el pacto político originario de los EEUU. Por eso es falso que el discurso de Trump sea esencialmente nacionalista. Porque en gran parte de sus discursos, cuando Trump cita a los Founding Fathers, a la Declaración de Independencia, a la Primera Enmienda, y todo ello para defender las libertades de religión, de educación, de asociación, etc., (Y EL DERECHO A LA VIDA) él no está invocando, a pesar de él tal vez, “America first” sino “all men are created equal…” LO CUAL ES PRECISAMENTE LO QUE LOS AUTORITARIOS DEMÓCRATAS quieren eliminar: LA TRADICIÓN LIBERAL CLÁSICA Y LIBERTARIA DE LOS EEUU. Ya lo están haciendo hace mucho, pero ante este imprevisto llamado Trump, su desesperación se ha evidenciado: desde las caras y gritos  de odio desencajados  de Ocassio Cortéz y las pro-iraníes Omar y Tlaib, hasta los llamados a la agresión física por parte de Maxime Walters, todo es un circo romano autoritario que está minando las bases institucionales de los EEUU (a lo cual varios republicanos antes de Trump han colaborado, nobleza obliga).

Aún no lo lograron. Pero no soy optimista. Así como Ratzinger fue en su momento un muro de contención contra lo más terrible del comunismo dentro de la Iglesia, así lo es hoy Trump en los EEUU, hasta que ese muro se rompa, porque las corrientes culturales son a veces  incontenibles,  y si eso no se revierte,  será el regreso hacia  épocas muy bestiales de la historia.

 

[1] http://www.libertadyprogresonline.org/2018/10/13/el-terrible-caso-del-juez-kavanaugh/

[2] https://es.panampost.com/juliom-shiling/2020/02/01/un-juicio-politico-de-republica-bananera-en-ee-uu/?fbclid=IwAR1NQTzSmX-6-nJCgbmN6L5ys3ITaGofLc9aaEuPQ_NSMid2igLMtZwb4Io

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

EL TERRIBLE CASO DEL JUEZ KAVANAUGH.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 14/10/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/10/el-terrible-caso-del-juez-kavanaugh.html

 

Los tiempos han cambiado.

Ha pasado la época de Al Gore y el mejor discurso de su vida, cuando perdió las elecciones con G. Bush por una resolución de la Corte Suprema. Avanzó solo y solemne hacia el micrófono y, lacónico, reafirmó el Estado de Derecho: “No estoy de acuerdo, pero este es nuestro sistema”.

Ha pasado la época caballeresca donde la izquierda y la derecha, en los EEUU, eran J. Rawls y R. Nozick. Era el debate de la redistribución de ingresos. Ninguno de los dos ponía en tela de juicio a las bases fundamentales de los EEUU: los derechos individuales, la presunción de inocencia, el debido proceso, el tratarse con respeto dentro de las “comprenhensive doctrines” (Rawls) que pudiera haber.

Ha pasado la época donde la diferencia pasaba por Nixon o por los hermanos Kennedy.

Ha pasado la época donde no ser conservador era apoyar a un santo y liberal clásico como Martin Luther King, que no hablaba de los afroamericanos como un colectivo explotado sino como sujetos de derechos reclamando el pagaré originario de la Declaración de Independencia.

No, todo ha cambiado y no podemos sintetizar ahora el cómo y el por qué, pero todo ha cambiado.

Tal vez, como sugerí alguna vez, en la historia de la humanidad, que es la historia de Caín (https://eseade.wordpress.com/2017/10/27/la-historia-humana-es-casi-la-historia-de-cain/) el liberalismo clásico fue sólo un breve momento en esa historia hobbesiana que es la humanidad, y la libertad nunca va a ser un triunfo, sino una resistencia permanente ante la pulsión de agresión, ante la bestialidad de las mayorías, ante la prepotencia de los dictadores, ante el odio y la mentira, ante el totalitarismo que, vestido de seda democrática, totalitarismo se queda.

Trump –del cual ya he dado mi parecer- (http://institutoacton.org/2016/11/23/sobre-el-triunfo-de-trump-gabriel-zanotti/) nomina a un intachable juez católico y antiabortista para la Suprema Corte y, oh casualidad, una señora se acuerda entonces de un American Pie adolescente, del cual no recuerda ningún detalle, del cual no quedan testigos, que no es confirmado por la séptima investigación del FBI al acusado, y mancha el buen nombre del oh casualidad conservador juez bajo la acusación de intento de violación.

La utilización política de una denuncia falsa es una de las peores faltas morales y legales que se puedan concebir. Los diversos clanes samurai japoneses se enfrentaban en el campo de batalla con mucha violencia, pero con honor. Un shogun no decía del otro que había sido cobarde en batalla. Ni se le pasaba por la cabeza. Hoy, sí. Hoy, que creíamos haber evolucionado hacia un sistema donde el desacuerdo forma parte del sistema, y se dirime y sublima mediante el free speech y el sistema electoral, hoy, donde creíamos que las diversidades convivían en paz bajo la libertad religiosa y el derecho a la intimidad, hoy, donde suponíamos que habíamos superado la arbitrariedad mediante la presunción de inocencia y el Estado de Derecho, hoy, todo eso concluyó. Como ya dije, se ha quebrado el pacto político en los EEUU (http://gzanotti.blogspot.com/search?updated-max=2018-08-19T03:43:00-07:00&max-results=5&start=5&by-date=false ). Sí, finalmente se votó, se investigó, y al juez Kavanaugh no lo cazaron y quemaron como una bruja, pero sólo porque no es tan fácil tirar abajo más de 200 años de sistema constitucional, como sí lo es en la barbarie latinoamericana. Porque si fuera por la izquierda radical norteamericana, sí. Ellos ya han llamado a agredir físicamente a los partidarios de Trump, y no por un desquiciado cualquiera, sino por la diputada federal demócrata Maxime Walters. Ellos, entonces, no dudaron un instante en inventar una cruel denuncia falsa, con lo peor de lo peor que se pueda decir de alguien. Para ellos no vale la presunción de inocencia. Kavanaugh ya estaba condenado, por ser blanco y varón. A Ford había que creerle, necesariamente, por ser mujer. Introducen la dialéctica de la explotación y de los colectivos explotados y explotadores: varón blanco heterosexual, católico, hetero-patriarcal, contra una mujer, que por ser tal no puede tener pecado original. Además, se burlaron de una de sus hijas públicamente. Además, pintarrajearon su casa. Lograron que se lo expulse de una de sus cátedras. Lograron que ciertas iglesias lo declararan persona no grata. Mancharon su reputación para siempre. No le pegaron un tipo porque no pudieron. Gritaron y amenazaron como desaforados a senadores que lo apoyaban, y ayer invadieron a los gritos las galerías del Senado al mejor estilo kirchnerista. Y la historia, desde luego, no ha concluido. Puede ser que Kavanaugh desde ahora cumpla su función, pero su vida, su esposa y sus hijas van a entrar en un infierno inimaginable. ¿Por qué? Por ser conservador, católico y anti-abortista. He allí el verdadero delito que la izquierda radical norteamericana, nazi y estalinista, no puede soportar.

Con lo cual han desacreditado –y no les importa en absoluto- el verdadero progreso que se había logrado con las mujeres víctimas de agresión sexual. Contrariamente a otras épocas, sus denuncias comenzaron a ser creídas, y los varones que antes gozaban de inmunidad jurídica de facto ahora comenzaron a pagar por sus delitos. Sí, pero ahora, se han desacreditado. Ahora han comenzado a perder su credibilidad. Ahora van a surgir las reacciones de los verdaderos agresores que aún quedan por todo el mundo. Me too, sí, yo también miento, a partir de ahora. Un horror.

Y no me contradigo. Me parece bien que se crea, en principio, a una mujer que aparece golpeada en una comisaría. Eso no contradice la presunción de inocencia. El asunto es que el delito debe ser probado. Nadie puede ser condenado sin juicio justo, sin debido proceso. Quien escribe estas líneas no tiene dobles estándares. Siempre me opuse a la solución final confesada por Videla al final de su vida, siempre me opuse al horror del Patriot Act sancionada en el gobierno de G. Bush, jamás avalé métodos de agresión e intimidación pública contra funcionarios kirchneristas por parte de antiperonistas exaltados; en el 2008 me opuse a que los productores agropecuarios cortaran rutas, y hasta me parece una barbaridad la arbitrariedad de la prisión preventiva. Una cosa es la condena social, otra cosa es la condena jurídica. Sí, estoy convencido de que Cristina Kirchner es una corrupta, pero hay que probarlo. Hasta entonces, bien libre está, porque el mismo debido proceso que garantiza su libertad, garantiza la de todos. Los motivos por los cuales creemos que alguien miente no son motivos jurídicos. Pero socialmente tienen su validez. Así que creo que Cristine Ford ha cometido perjurio, pero hay que probarlo también.

Sí, todo ha cambiado. ¿O nada? Circula a veces la creencia de que el liberalismo económico es el combatido, pero el liberalismo político no. Pero parece que es al revés. Hoy lo que está en juego es el Estado de Derecho, el free speech, la defensa en juicio, las garantías individuales. Cosas que casi nadie nunca creyó, pero vivíamos en la ilusión de que los EEUU, sí.

Creo que los norteamericanos no tienen conciencia de la nueva guerra que se juega. La izquierda radical los está atacando desde dentro. No, ya no es Hitler, ya son los soviéticos, ya no es la flota japonesa del pacífico. No, ya no es como dijo el Almirante Yamamoto: “hemos despertado a un gigante dormido”. No, ahora el gigante, esto es, la Declaración de Independencia, el Estado de Derecho, la Primera Enmienda, no ha sido despertado. Ojalá que sí, y algunos lo dicen, pero lamentablemente creo que está siendo atacado y carcomido desde dentro, y lamentablemente no creo que la mayoría de los norteamericanos se den cuenta de que lo que está en juego es la identidad de su propia nación, la única que nace bajo un pacto constitucional liberal. La izquierda radical se llama a sí misma resistencia contra Trump, pero es en realidad al revés: la verdadera resistencia radica en los liberales clásicos, en los libertarios y en los conservadores que aún creen en todo ello que era (era) elemental, y que tienen que optar, como mal menor, a un líder maleducado y prepotente, pero que entiende al menos lo que EEUU es o fue.

No soy nada optimista. Tal vez haya un renacimiento, pero lo dudo. Los gritos, los ataques, los discursos de los nuevos auto-considerados colectivos explotados, no dejan mucho margen para la esperanza. Kavanaugh ha sido votado, sí, 50 vs 48. Pero es sólo un triunfo legal del resto de una civilización titilante contra una nueva barbarie que no anda con pequeñeces.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

El Papa Francisco y la ecología

Por Gabriel Boragina. Publicado el 20/6/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/06/el-papa-francisco-y-la-ecologia.html

 

A raíz de la encíclica papal sobre protección del medioambiente Laudato Si, y la grave cantidad de imprecisiones, desaciertos y errores de todo tipo que contiene, se hace necesario efectuar algunas reflexiones sobre los aspectos más lamentables de este nuevo documento de la Iglesia.

La lectura de la encíclica revela una visión catastrofista del tema medioambiental, lo que se plasma en las palabras del papa Francisco I cuando expresamente dice: “El estilo de vida actual, por ser insostenible, solo puede terminar en catástrofes, como de hecho ya está ocurriendo periódicamente en diversas regiones” [1]

En realidad, no es el estilo de vida sino la acción de los gobiernos lo que se torna insostenible, ya que son estos -y una legislación que ataca los derechos de propiedad- los que originan y desencadenen catástrofes de todo tipo.

“Sustituir combustibles fósiles por energías renovables. El pontífice considera que se ha vuelto “urgente e imperioso” desarrollar políticas para que en los próximos años se reduzcan drásticamente la emisión de anhídrido carbónico y otros gases altamente contaminantes. “En el mundo hay un nivel exiguo de acceso a energías limpias y renovables. Todavía es necesario desarrollar tecnologías adecuadas de acumulación”. “Sabemos que la tecnología basada en combustibles fósiles muy contaminantes -carbón, petróleo y gas- necesita ser reemplazada progresivamente y sin demora”, explicó el papa.”[2]

Sin embargo, como ha explicado el Dr. Alberto Benegas Lynch (h):

“R.C. Balling señala que “La atmósfera de la Tierra se ha enfriado en 0.13 grados centígrados desde 1979 según las mediciones satelitales […] A pesar de que modelos computarizados del efecto invernadero predicen que el calentamiento mayor ocurrirá en la región ártica del hemisferio norte, los registros de temperatura indican que el ártico se ha enfriado en 0.88 grados centígrados durante los últimos cincuenta años”. El mismo autor enfatiza que, debido a su efecto de enfriamiento, el dióxido de sulfuro provocado por aerosoles más que compensa la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera. En este último sentido y debido a las alarmas del tipo de las expuestas recientemente en nuestro país por Al Gore, es de interés citar una declaración del Excecutive Committee of the World Metereological Organization en Ginebra, que mantiene que “el estado presente del conocimiento no permite ninguna predicción confiable respecto del futuro de la concentración de dióxido de carbono o su impacto sobre el clima”. También es importante subrayar que el fitoplancton consume dióxido de carbono en una proporción mayor que todo lo liberado por los combustibles fósiles y que los desajustes cíclicos en la capa de ozono se deben en buena medida a fenómenos meteorológicos como las erupciones volcánicas.”[3]

Desafortunadamente, el papa Francisco comparte una visión sesgada y equivocada del tema medio-ambiental, la cual, asimismo es la que mayor difusión mediática goza, merced a que permite infiltrar postulados colectivistas de tipo marxista o neo-marxista, que apuntan -en suma- a la disminución y definitiva supresión de la propiedad privada, aspecto este último que el pontífice no disimula en varias partes de su encíclica, si bien sin llegar al extremo de sugerir la eliminación de la propiedad privada en forma total, pero si considerándola la causante de muchos -o de la gran parte- de los males que denuncia en su documento.

“Advierte contra el control del agua por las multinacionales. “Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado”, denunció Francisco. Para el pontífice, “el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la supervivencia de las personas”. Aseguró que el mundo tiene “una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable”. El papa advirtió del peligro de que “el control del agua por parte de grandes empresas mundiales se convierta en una de las principales fuentes de conflictos de este siglo”.”[4]

Pero al respecto se ha destacado que:

“Con razón se considera el agua indispensable para la vida del ser humano. Somos agua en un setenta por ciento y el planeta está compuesto en sus dos terceras partes por agua aunque la mayor proporción sea salada y en otra se encuentre atrapada por los hielos. F. Segerfeld nos informa que la precipitación anual sobre tierra firme es de 133.500 kilómetros cúbicos, de la que se evaporan 72.000, lo cual deja un neto de 41.500 que significa nada menos que 19.000 litros por día por persona en el planeta. A pesar de esto, se mueren literalmente millones de personas por año debido a la falta de agua o por agua contaminada. El autor explica que esto se debe a la politización de ese bien tan preciado, situación que no ocurre cuando la recolección, purificación y distribución se encuentra en manos privadas, que si quieren prosperar deben atender los requerimientos del público sin favores ni componendas con el poder gubernamental del momento. Ejemplifica con los casos de Ruanda, Haití y Camboya donde las precipitaciones son varias veces mayores que en Australia, pero en los primeros casos hay crisis de agua mientras que esto no ocurre en el segundo por las razones apuntadas. Por esto es que el premio Nobel en economía Vernon L. Smith escribe que “El agua se ha convertido en un bien cuya cantidad y calidad es demasiado importante como para dejarla en manos de las autoridades políticas” y, en el mismo sentido, Martin Wolf, editor asociado del Financial Times, apunta que “el agua es demasiado importante para que no esté sujeta al mercado”.[5]

No obstante, contradictoriamente, en otra parte de su encíclica, el papa propone “reducir el consumo de agua” (!!) con lo cual se advierten las inconsistencias señaladas.

En definitiva, esta desafortunada encíclica papal -pese a las indudables buenas intenciones que han inspirado a su autor-, aconseja medidas que ya se han probado ineficaces para “mejorar” el medio ambiente y el entorno ecológico en general, además de contener severas imprecisiones científicas, sesgadas muchas veces por elementos ideológicos que se infiltran en quienes se ocupan de ordinario de la problemática ecológica.

[1] http://www.20minutos.es/noticia/2492784/0/papa-enciclica/revolucion-verde/inmension-deposito-porqueria-cambio-climatico/

[2] Ídem anterior.

[3] https://eseade.wordpress.com/2015/05/14/debate-sobre-ecologia-2/

[4] Ver nota 1

[5] Alberto Benegas Lynch (h) en trabajo citado en nota 3

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

El poder de la propaganda malsana.

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 28/9/14 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2014/09/el-poder-de-la-propaganda-malsana.html

 

Según los organizadores, más de 300.000 personas -incluidos el secretario general de la ONU, el exvicepresidente Al Gore y Leonardo DiCaprio- se manifestaron en la víspera de la Cumbre sobre el Clima, que comenzó el 23 de septiembre en la ONU de Nueva York, para exigir una “acción” urgente contra el cambio climático. “Estoy marchando por mis hijos… para que puedan vivir… sin preocuparse de que la próxima gran tormenta destruya sus comunidades”, afirmó uno de los participantes.

¿A qué tormenta se refiere? Evidentemente creyó la masiva propaganda oficialista -que suele estar dedicada a asustar intencionalmente a las personas- que asegura que semejante tormenta podrá venir “si no se hace algo” para reducir la emisión de CO2 que amenazaría al medio ambiente. Como no se trata de un especialista, evidentemente su afirmación solo proviene de la fe oficial que difundió que las autoridades norteamericanas reportaron que agosto fue el más caluroso en los registros, con 75 décimas de grado por encima del promedio global del siglo XX.

Mi  impresión personal es que las temperaturas hoy son las mismas que cuando era niño pero, en fin, debo reconocer que este no es un criterio científico. Y como tampoco soy especialista en el tema, debo escuchar las diversas opiniones y no creerle sin más a la propaganda oficialista. Hay científicos que niegan el calentamiento y, entre otras pruebas, aseguran que el hielo del Ártico, observable en fotos de la NASA, desde 2002 hasta 2014 no ha variado en promedio y hoy está por encima de 2012 cuando ocurrió un excepcional deshielo por causas naturales. En el verano de 2014 quedaron 5 millones de kilómetros cuadrados de hielo marino, mientras que en 2012 fue de 3 millones.

Hay también de los que dicen que sí hay un cambio climático, pero que se debe a causas absolutamente naturales en las que la mano del hombre o el denominado efecto invernadero producido por el CO2 no tienen ninguna responsabilidad. Los detractores de la fe oficial, tienen razón al decir que el “cambio climático” parece ser un gran negocio. Existen importantes intereses, tasas, impuestos, sanciones, noticias sensacionalistas de los grandes medios de comunicación, etc., que esconden enormes sumas de dinero que se reparten instituciones como la ONU.

Pero del otro lado también habrá intereses económicos, de modo que tampoco este es un criterio serio para decidir quién es “el bueno de la historia”. Así las cosas, no sé quién tiene razón pero, por principios y por sentido común, desconfío de quienes se aferran a la violencia para “imponer” sus verdades, por aquello de que el que el que se impone brutalmente es porque no puede hacerlo razonablemente. Y los oficialistas cuando dicen “hacer algo” respecto del cambio climático se refieren a que los gobiernos utilicen el monopolio de la violencia estatal -la violencia – para imponer su verdad.

Y desconfío de quienes asustan a los niños, como la Comisión Europea que promueve un “cuento infantil” llamado “Un Calor Achicharrante” que dice barbaridades como que “Tomás disfrutaba del campo… ¡cuánta paz! De repente… ¡Oh, no!… Una espesa columna de fuego… Pensó en su amiga Lila… Suplicó… que las llamas no la hubieran atrapado… Los bomberos… luchaban contra un monstruo rojo”. Monstruosidad es que esta propaganda barata llegue a los niños con el evidente fin de asustarlos.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

DEBATE SOBRE ECOLOGÍA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Otras veces he escrito sobre este delicado e importante tema, en esta ocasión repito lo dicho puesto que ha vuelto a surgir el asunto con renovada fuerza. Nada es perfecto al alcance de los mortales, de lo que se trata es de minimizar problemas y facilitar la vida de la gente en todo lo que resulte posible.

La vertiente más popular que pretende encarar los problemas del medio ambiente aparece también como la forma mas contundente de estrangular las bases de la sociedad abierta. Paradójicamente, en este caso, para preservar la propiedad del planeta se destruye la propiedad a través de las figuras de la “subjetividad plural” y los “derechos difusos” que permiten demandar frente a cualquier uso considerado indebido de lo que pertenece a otro, alegando la defensa de “la humanidad”. Garret Hardin acuñó la expresión “ la tragedia de los comunes” para ilustrar el despilfarro y el uso desaprensivo de lo que es de todos que, en la práctica, no es de nadie, en contraste con los incentivos de cuidar y mantener lo que es propio cuando se asignan derechos de propiedad.

 

Con razón se considera el agua indispensable para la vida del ser humano. Somos agua en un setenta por ciento y el planeta está compuesto en sus dos terceras partes por agua aunque la mayor proporción sea salada y en otra se encuentre atrapada por los hielos. F. Segerfeld nos informa que la precipitación anual sobre tierra firme es de 133.500 kilómetros cúbicos, de la que se evaporan 72.000, lo cual deja un neto de 41.500 que significa nada menos que 19.000 litros por día por persona en el planeta. A pesar de esto, se mueren literalmente millones de personas por año debido a la falta de agua o por agua contaminada.

El autor explica que esto se debe a la politización de ese bien tan preciado, situación que no ocurre cuando la recolección, purificación y distribución se encuentra en manos privadas, que si quieren prosperar deben atender los requerimientos del público sin favores ni componendas con el poder gubernamental del momento. Ejemplifica con los casos de Ruanda, Haití y Camboya donde las precipitaciones son varias veces mayores que en Australia, pero en los primeros casos hay crisis de agua mientras que esto no ocurre en el segundo por las razones apuntadas. Por esto es que el premio Nobel en economía Vernon L. Smith escribe que “El agua se ha convertido en un bien cuya cantidad y calidad es demasiado importante como para dejarla en manos de las autoridades políticas” y, en el mismo sentido, Martin Wolf, editor asociado del Financial Times, apunta que “el agua es demasiado importante para que no esté sujeta al mercado”.

 

La conservación de especies animales es un caso paradigmático. Las ballenas se extinguen, lo cual no sucede con las vacas. Esto último no siempre fue así. En la época de la colonia se aniquilaban las vacas simplemente para usar un trozo de cuero o para comer algo de carne, situación que hizo que muchos mostraran su preocupación por la posible extinción de esos animales, hasta que apareció la revolución tecnológica del momento: primero la marca y luego el alambrado que permitieron asignar derechos de propiedad y así conservar y reproducir el ganado vacuno.

 

En África, se asignaron derechos de propiedad sobre la manada de elefantes en Zimbabwe, mientras que en Kenya es de propiedad común. En este último caso en solo once años la población de elefantes se redujo de 167.000 a 16.000, mientras que en el mismo período se elevó de 40 a 50.000 en Zimbabwe a pesar de contar con un territorio mucho más desventajoso que el de Kenya. En este caso se incentiva a que se ametrallen elefantes en busca de marfil ya que nadie está interesado en conservar y multiplicar la manada como sucede en el primer lugar.

 

Claro que la institución de la propiedad privada no significa que se conservarán todas las especies animales, por ejemplo, es poco probable que el hombre deje de consumir antibióticos para conservar bacterias ya que esto pondría en riesgo la supervivencia de la especie humana. Tampoco es probable que se deseen conservar las cucarachas. En la misma línea argumental, si bien es cierto que las emanaciones de monóxido de carbono deben ser castigadas puesto que significan la lesión de derechos de terceros, la polución cero es imposible puesto que requeriría que nos abstengamos de respirar ya que al exhalar estamos contaminando.

 

En estos momentos se debate acerca del “efecto invernadero” o calentamiento global debido al debilitamiento o perforación de la capa de ozono que envuelve al globo en la estratófera. Sin embargo, hay científicos como D.L. Hartmann y D. Doeling que sostienen en un trabajo publicado en el Journal of Geophisical Research que en muchas extensiones ha habido un engrosamiento de la capa de ozono y allí donde se ha perforado hace que al penetrar los rayos ultravioletas y tocar la superficie marina se genere mayor evaporación y, consecuentemente, nubes de altura, lo cual, a su vez, dificulta la entrada de rayos solares y esto provoca un enfriamiento del planeta.

 

Por su parte, R.C. Balling señala que “La atmósfera de la Tierra se ha enfriado en 0.13 grados centígrados desde 1979 según las mediciones satelitales […] A pesar de que modelos computarizados del efecto invernadero predicen que el calentamiento mayor ocurrirá en la región ártica del hemisferio norte, los registros de temperatura indican que el ártico se ha enfriado en 0.88 grados centígrados durante los últimos cincuenta años”. El mismo autor enfatiza que, debido a su efecto de enfriamiento, el dióxido de sulfuro provocado por aerosoles mas que compensa la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera.

 

En este último sentido y debido a las alarmas del tipo de las expuestas recientemente en nuestro país por Al Gore, es de interés citar una declaración del Excecutive Committee of the World Metereological Organization en Ginebra, que mantiene que “el estado presente del conocimiento no permite ninguna predicción confiable respecto del futuro de la concentración de dióxido de carbono o su impacto sobre el clima”. También es importante subrayar que el fitoplancton consume dióxido de carbono en una proporción mayor que todo lo liberado por los combustibles fósiles y que los desajustes cíclicos en la capa de ozono se deben en buena medida a fenómenos metereológicos como las erupciones volcánicas.

 

Por otro lado, en estas situaciones siempre hay trade-offs que hay que tener en cuenta. Por ejemplo, se afirma que los clorolfuorcarbonos son responsables de la destrucción de las moléculas de la capa de ozono debido a las emisiones que provocan los refrigeradores, equipos de aire acondicionado, combustibles de automotores y ciertos solventes para limpiar circuitos de computadoras. El trade-off aparece cuando se documentan las intoxicaciones que se producen debido a la deficiente refrigeración y acondicionamiento de la alimentación y cuando se exhiben estadísticas de los aumentos de accidentes viales debido a la fabricación de automotores mas livianos.

 

En cualquier caso, donde se detecta una lesión al derecho debe procederse a la rectificación pero para cuidar los recursos naturales debe despolitizarse el proceso y abstenerse de la actitud arrogante de pretender la manipulación del ecosistema por parte de la burocracia estatal y permitir que la compleja información dispersa pueda ponerse de relieve a través de los precios. Cuando se conjetura que cierto recurso será mas escaso o se atribuye mayor valor para usos alternativos, los precios se elevan lo cual fuerza a reducir el consumo, al tiempo que se incentiva la investigación y desarrollo de variantes sustitutivas y, en su caso, el reciclaje.

 

La sociedad abierta permite establecer los ritmos de crecimiento óptimos y asignar los recursos de la manera mas adecuada a las necesidades presentes y futuras. La intromisión del aparato estatal en la producción a través de ideas como la del llamado “desarrollo sustentable”, no hacen más que distorsionar el uso y la asignación de recursos. Por ejemplo, la “tragedia de los comunes” irrumpe cuando se mantienen campos de forestación en manos fiscales que incentiva la tala irracional, en cuyo caso nadie se ocupa de forestar para que otros saquen partida. Si se estima que un recurso como la arboleda resulta esencial, el incentivo para la plantación de las especies requeridas operará en paralelo a las valorizaciones correspondientes a través de los precios del caso.

 

La presunción de conocimiento ha hecho que ya en el época de la Revolución Industrial se sugiriera el establecimiento político de cuotas para el carbón al efecto de “aprovechar ese recurso no renovable” que, a poco andar, fue reemplazado por le petróleo. Hoy es frecuente que se señale que existen determinadas reservas para tal cantidad de años sin percibir que no es posible extrapolar precios a situaciones distintas puesto que, precisamente, el movimiento de precios modifica la duración de las reservas.

 

Esta línea argumental se aplica también a los transgénicos que permiten notables aumentos en la productividad, plantas resistentes a plagas y  pestes que, por ende, no requieren el uso de plaguicidas y pesticidas químicos, la posibilidad de incrementar el valor nutriente, la capacidad de incorporar ingredientes que fortalezcan la salud (incluyendo la disminución de alergias) y mejoren el medio ambiente y el enriquecimiento de los suelos. De todos modos, si la preferencia fuera por productos orgánicos es la gente la que debiera decidir en mercados abiertos en el contexto de auditorias privadas en competencia que asumen las responsabilidades (y sus respectivas reputaciones y consiguientes supervivencias) a través de sus dictámenes sobre calidad, pero nunca politizar temas de esta naturaleza.

 

T.L. Anderson y D.R. Leal en su obra Free Market Enviromentalism escriben que “El tratamiento del medio ambiente a través del mercado libre enfatiza que el crecimiento económico y la calidad del medio ambiente no resultan incompatibles. De hecho, los ingresos altos permiten afrontar una mayor calidad del medio ambiente, además de los bienes materiales. No es ningún accidente que los países menos progresistas tienen mas polución y mas riesgos ambientales”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.