¿Queremos vencer al terrorismo?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 28/12/16 en: http://www.laprensa.com.ni/2016/12/28/opinion/2156668-queremos-vencer-al-terrorismo

 

Parece tonta la pregunta, pero no lo es. Ciertamente los fabricantes y traficantes de armas se benefician enormemente con los conflictos armados y, entonces, los alientan. Sé que enojo a mis amigos de derecha, pero lo cierto es que, por lugares como el Pentágono se pasean “importantes señores” azuzando a los “halcones” para que aumenten el uso y el gasto en armas… y, generalmente, no son negocios limpios.No llama la atención, pues, que las armas de los mismos fabricantes, aparezcan en bandos opuestos, como la guerra en Siria, donde la confusión es tan grande que nadie sabe si Occidente apoya o ataca a su presidente. El sitio de Alepo lleva dos años y medio y más de 250,000 sirios han sido víctimas de las milicias afines al régimen de Al Asad como los milicianos chiíes iraquíes, los partisanos del Hizbolá libanés, los comandos iraníes y la aviación rusa que luchan contra los yihadistas.

El asesinato del embajador ruso en Turquía no fue obstáculo para que ministros de Rusia, Irán y Turquía —países que apoyan a distintos bandos— se reunieran en Moscú “en busca de una salida diplomática a la guerra siria”, o sea, que se repartirán el botín entre ellos.Pero dejemos estos crudos intereses y veamos si realmente cada uno de nosotros quiere terminar con el terrorismo, que no es un hecho aislado, porque nada está aislado en el mundo, sino que todos los seres humanos nos interrelacionamos de modo que somos responsables, aunque sea de modo muy indirecto y aunque nuestra responsabilidad sea infinitesimal.En primer lugar, el terrorismo no busca el triunfo militar frontal sino, precisamente, infundir temor y, entonces, reinar. De modo que lo primero que debemos hacer es no temerles y no responderles con violencia. Así tiene razón la canciller Angela Merkel, que pidió, tras el atentado en el mercadillo navideño de Berlín, que el miedo no paralice a los alemanes. Recordemos que, en 2011, en Oslo un individuo disfrazado de policía primero puso una bomba y luego fue hasta un campamento juvenil del Partido Laborista y abrió fuego a mansalva matando alrededor de 70 personas. El primer ministro reaccionó diciendo que esperaba que su país fuera aún más abierto y tolerante, demostrando que no tienen miedo, ya que es la violencia la que no es legítima. Desde entonces Noruega, donde los escasos agentes de Policía no portan armas, no ha sufrido ningún incidente.En segundo lugar, tenemos que dejar de crear las condiciones. La marginalidad —alimentada por la guerra contra las drogas iniciada por EE.UU.—, la desocupación instalada por los gobiernos con leyes como el salario mínimo —que impide que trabajen los que ganarían menos— y la pobreza creada a partir de impuestos expoliadores, son excelentes caldos de cultivo para formar terroristas.Y finalmente, Occidente debe dejar de apoyar a la tiranía saudí, sin dudas el mayor promotor global del fanatismo islámico a la vez que desoír la islamofobia original de Trump —y de sus principales asesores, como el general Flynn— que identificó al islam con el terrorismo y anunció el cierre de las fronteras, aunque después se moderó.Al terrorismo solo se le vence con libertad y paz, las armas, que son siempre opresoras y liberticidas lo potenciarán. Por tanto es una exigencia humana el terminar con todas las guerras, incluida la guerra “contra el terrorismo” e incluida también la muy atroz guerra “contra las drogas”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La guerra es un hecho tribal y primitivo:

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 31/10/13 en: http://www.laprensa.com.ni/2013/10/31/voces/168164-guerra-hecho-tribal-primitivo

“No veo ningún obstáculo para ser candidato en las próximas elecciones presidenciales”, dijo (el dictador sirio) Al Asad para quien, obviamente, el homicidio no es algo sacrílego y que clama contra la humanidad, seguramente argumentará —como los homicidas “legales”— que ejerce el derecho a la defensa propia, ya que la represión que desató asesinó a 115 mil personas. La familia Al Asad gobierna Siria desde los años setenta.

 

Pero la solución contra este tirano no es la violencia: ninguna guerra, a lo largo de toda la historia humana ha obtenido resultados positivos por mucha propaganda que haga el oficialismo. Ni siquiera la emblemática y hollywoodense Segunda Guerra Mundial (SGM) consiguió su objetivo de “terminar con la tiranía”, sino que, a un costo elevadísimo en vidas humanas, destrucción del mercado y cercenamiento de libertades, sustituyó a un tirano, Hitler, por otro, Stalin, quien desparramó el marxismo y la guerra fría por todo el planeta.

 

Amnistía Internacional denuncia crímenes de guerra en los ataques con drones. Por caso, el de Manama Bibi que estaba recogiendo verdura en Pakistán cuando un proyectil la pulverizó delante de varios nietos. “Nos preocupa que estos ataques hayan resultado en muertes ilícitas”, afirma el análisis, como si hubiera homicidios lícitos cuando, para la ley moral natural, no los hay. Entre 2004 y el pasado septiembre, Washington realizó unos 370 ataques de ese tipo en Pakistán, y se calculan hasta 600 civiles muertos. Y todo este delirio de muerte no consigue, finalmente, los objetivos deseados, como no lo hizo la SGM. Precisamente, la “primavera árabe” ayudada por los bombardeos de la OTAN es un gran fiasco. Todo empezó en Túnez que hoy, con el dictador Ben Alí derrocado, es una “prisión a cielo abierto”, con detenciones masivas de críticos al gobierno islamista del partido Ennahda, además de asesinatos y una recesión económica sin precedentes.

 

Mientras que la Libia “liberada” por los bombardeos de la OTAN está casi tan mal, y va para peor, que con Gadafi, Egipto retrocede a las peores épocas de Mubarak. La reciente propuesta de una ley restrictiva del derecho a manifestarse ha hecho aflorar las tensiones en una alianza gobernante heterogénea que va desde “liberales” hasta estamentos vinculados a Mubarak. Desde el 3 de julio la represión asesinó unas mil personas y otras 200 han muerto en ataques terroristas. Entretanto, los militares quieren ampliar sus prerrogativas constitucionales.

 

En fin, resulta increíble que a esta altura del desarrollo de la ciencia, la tecnología y el conocimiento humano todavía haya quienes promuevan ideas primitivas y tribales como la incoherencia de creer que “la violencia se puede detener con violencia” (¿?). De pequeño, creía lo mismo, era esperable viniendo de una familia de generaciones de militares. Pero luego, toda la evidencia empírica y científica me mostró que los métodos pacíficos son los únicos eficientes para detenerla. Como el imperio soviético, creado por la SGM y derrotado por la paz.

 

Al grito de “asesinos” fueron recibidas las autoridades en el funeral por las víctimas de Lampedusa, es que son quienes sostienen la ley Bossi-Fini, que criminaliza a los inmigrantes —que escapan de la primavera árabe— y a quienes los ayudan, demostrando con los hechos que, lejos de querer ayudarlos, según justificaban los ataques de la OTAN, los desprecian.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.