Ganancias: autónomos, el último orejón del tarro

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 25/12/16 en: http://economiaparatodos.net/ganancias-autonomos-el-ultimo-orejon-del-tarro/

 

Los autónomos somos el último orejón del tarro por la sencilla razón que no tenemos ningún dirigente sindical que nos represente

 

La entrega en capítulos para modificar el mínimo no imponible de ganancias y las escalas, estuvo concentrada solo en los empleados en relación de dependencia. Algo se habló de los monotributistas, pero los autónomos somos algo así como una casta inferior en el sistema tributario argentino. Tampoco se debatió el ajuste por inflación de los balances de las empresas para aplicar el impuesto a las ganancias. Tanto autónomos como las empresas pagamos un impuesto a las ganancias sobre utilidades inexistentes. Son solo aumentos de precios.

El caso de autónomos muestra el disparate sobre cómo se legisla impositivamente en Argentina. Tomo mi caso como ejemplo que también vale para abogados, médicos, etc.

Yo soy responsable inscripto. Ahora bien, emito facturas por asesoramiento y cuando tengo que liquidar ganancias tengo que deducir los costos de producción. En la mentalidad retrograda que impera en argentina costo de producción es solo algo material, los costos inmateriales no son considerados costos de producción.

Por ejemplo, si yo produjera chorizos, podría deducir del precio de venta el costo de la carne, el hilo, la tripa, etc. ¿Por qué? Porque el limitado tributarista que legisla puede ver el objeto que se está deduciendo del costo de producción. Puede ver el hilo, puede ver la tripa, etc. y por lo tanto entiende que ese es parte del costo de producción que hay que deducirlo del precio para determinar la ganancia.

Ahora, tomemos el caso de un economista que tiene que explicar la situación económica. Mis colegas saben muy bien que para hacer una presentación de una hora y media hay que leer nuevos papers, leer información nueva, buscar datos, cotejar la consistencia de los mismos. Relacionar las variables, etc. O sea, no es que los economistas nos paramos frente al auditorio y nos ponemos a hablar lo primero que se nos pasa por la cabeza (algunos lo hacen). Un trabajo serio requiere de un esfuerzo de búsqueda y elaboración de información, además de estudiar nuevos ensayos. Esto último sería parte del costo de producción o también podría ser considerado como si uno comprara un nuevo stock de capital.

Pero resulta que el tributarista no entiende que para hacer una presentación sobre la situación económica hay todo un costo de producción intangible que es el mencionado: buscar datos, procesarlos, relacionarlos con otros datos, leer información, papers, etc. Puesto en otra forma, el costo de producción del economista no es solamente el costo del cartucho de la impresora y el papel. El costo de producción es ese intangible que los tributaristas, como no lo ven, para ellos no existen. Al no considerarlo, el impuesto a las ganancias termina transformándose en un impuesto a los ingresos brutos, en mi caso es un impuesto del 35% a los ingresos brutos porque no puedo deducir casi nada como costo de producción.

Es más, en los profesionales nuestro físico tiene una determinada resistencia. A lo largo de los años se va desgastando y por lo tanto, siendo que nuestro físico es parte de nuestro stock de capital como profesionales, debería tener algún tipo de amortización. Lo digo muy seriamente. El resto físico que se tiene cuando uno está en los 35 años es muy diferente al que uno tiene cuando está en los 70 años.

Todas estas locuras impositivas responden a un estado que hace del aumento del gasto público su instrumento fundamental para captar votos. Para eso necesita tener recursos de los contribuyentes a como dé lugar y ese a como dé lugar significa establecer normas tributarias que van violando los derechos individuales. Documentación a la que el ente recaudador debería poder acceder por orden judicial y con causa fundada es requerida por funcionarios de recaudación impositiva violando el artículo 18 de la Constitución Nacional que establece que: “El domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados”. En castellano básico, el ente recaudador viola la Constitución cuando exige ver papeles privados. Qué le facturo a un cliente, por qué le facturo, cómo me lo paga, son cuestiones de los particulares que el estado no puede meterse sin causa fundada. Sin embargo en Argentina aceptamos como normal esta violación como si fuese normal que el estado pueda usar el monopolio de la fuerza para violar los derechos.

Asistimos, entonces, a un doble problema con el sistema fiscal. Por un lado es confiscatorio porque aplica tasas sobre utilidades inexistentes. Por otro lado es violatorio de los derechos individuales.

En todo el debate sobre ganancias, nunca no se consideraron los derechos individuales, sino que todo se limitó a ver hasta dónde se puede desplumar a la gallina (el contribuyente) sin que la gallina cacaree y a qué sector desplumar sin perder votos.

El problema de ganancias ha adquirido dimensiones que nunca se habían alcanzado en Argentina porque el gasto público no había llegado a los niveles que llegó con el kirchnerismo. Fue tal el despilfarro del gasto público que hubo que incrementar la carga fiscal hasta niveles asfixiantes. Y para poder recaudar esa asfixiante carga tributaria necesitan violar los derechos individuales.

Por otro lado, mucho se ha insistido con que el salario no es ganancia. Falso. El salario es el ingreso que tiene una persona por vender su trabajo. A ese ingreso se le deben descontar los gastos de producción y se llega a la ganancia de la persona en relación de dependencia. Desde el punto de vista económico el salario es el ingreso que recibe una persona por vender su trabajo, de la misma forma que el ingreso de un autónomo es lo que factura por vender sus servicios. Luego habrá que descontar los costos de producción y llegar a la ganancia sobre la que debería tributarse.

En síntesis, dentro de este disparatado sistema tributario, los autónomos somos el último orejón del tarro por la sencilla razón que no tenemos ningún dirigente sindical que nos represente. En Argentina no rige el principio de igualdad ante la ley, sino quién tiene mayor poder de extorsión política.

En definitiva, en nombre de la solidaridad social se castiga a los innovadores y a los que más ganan haciendo aquello que beneficia a sus semejantes, en tanto que los que tienen mayor presión de lobby y de extorsión política terminan siendo más iguales ante la ley que el resto de los ciudadanos, por eso somos un país decadente, porque se castiga al innovador, al que se esfuerza y al emprendedor y se beneficia al que quiere vivir a costa del trabajo ajeno.

En el listado, los autónomos somos los que salimos peor parados.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

El tema no es solo ganancias, es el gasto público

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 11/12/16 en: http://economiaparatodos.net/el-tema-no-es-solo-ganancias-es-el-gasto-publico/

 

Lo que están buscando tanto el oficialismo como la oposición es simplemente buscar el máximo de la curva de Laffer

Francamente me parece patético el debate sobre ganancias. El oficialismo ofrece disminuir un poco la expoliación de los que pagan impuestos y la oposición propone expoliar menos que el oficialismo pero busca otras fuentes alternativas de aplicar impuestos. Todo se concentra en ver hasta dónde se puede exprimir al contribuyente, pero no se emitió una sola palabra sobre el gasto público, porque en definitiva, cada peso que se gaste tendrá que salir de impuestos, deuda pública (impuestos futuros) o consumo de stock de capital como ya ocurrió con el kirchnerismo que nos dejó con el sistema energético destrozado, nos consumimos 12 millones de cabeza de ganados, las rutas destruidas y sigue el listado.

El problema de la carga impositiva no se resuelve retocando las escalas de un impresentable impuesto a las ganancias. Además es demagógico de punta a punta en cualquiera de las propuestas porque no se permite el ajuste por inflación de los balances de las empresas, que son las que van a dar el trabajo del que tanto pide Macri en sus discursos, y a los autónomos nos siguen pisando la cabeza sin piedad, por no hablar de lo que hacen con  los monotributistas.

Por empezar, la carga impositiva siempre va a ser mayor en la medida que el gasto público crezca. Podrá suplantarse por un tiempo con el impuesto inflacionario, pero la pérdida de poder adquisitivo de la gente continuará.

Lo que están buscando tanto el oficialismo como la oposición es simplemente buscar el máximo de la curva de Laffer.

Cuadro 1

lafer

En el eje horizontal se muestran las tasas del impuesto y en el eje vertical cuánto se recauda a cada nivel de tasa de impuesto. En la medida que se va aumentando la tasa del impuesto, crece la recaudación. Pero llega un punto máximo, el C, a partir del cual el estado recauda menos porque las empresas dejan de producir dado que la carga impositiva es insostenible, la gente pasa al mercado informal o las empresas se van del país.

Viendo cómo evoluciona la recaudación impositiva, como el sector privado despide gente porque sufre el ajuste y se achica y la cantidad de gente que trabaja en negro, parece bastante claro que el gobierno actual y el anterior se fueron del otro lado de la curva de Laffer, digo pasaron del punto C hacia la derecha y por eso están intentando volver al punto C. El problema es a quién cobrarle más impuestos teniendo el menor costo político. Los políticos que siempre esgrimen argumento para no bajar el gasto público, buscan expoliar a un sector de la población que tenga un peso electoral menor para beneficiar a un sector de la población con un peso electoral mayor.

Estoy convencido que tratar de ponerle parches a este sistema impositivo es inconducente. Basta con recordar que para pagar impuestos hay que pagar el impuesto al cheque, un verdadero disparate, para advertir que el sistema impositivo argentino enloqueció.

Mientras la oposición y el oficialismo no se sienten a debatir la baja del gasto público, vamos a ver este debate ridículo en el que todos pretenden mostrarse como progresistas diciendo que hay que cobrarle más impuestos a los que más ganan. Es decir, se sigue castigando el éxito y por esa razón Argentina es un fracaso. La única idea que se les cae a los políticos es igualar hacia abajo. Al que más ganan hay que perseguirlo, por lo tanto, la inversión no llega y la pobreza sigue aumentando.

Se equivocan los políticos cuando pretenden usar el sistema impositivo para redistribuir el ingreso. Los impuestos deben ser lo menos distorsivos posibles y limitarse a generar ingresos para financiar el sector público. Si los políticos quieren redistribuir que lo hagan vía el gasto público, especificando a quién, por qué y el monto de lo que el resto de la sociedad le va a transferir.

En la medida que no se presente un plan económico global para liberar al sector privado del aplastante sector público, continuarán las discusiones superficiales que estamos viendo en las que el oficialismo acusa a la oposición de no ser responsable con su proyecto impositivo y la oposición acusa al oficialismo de no querer cumplir con sus promesas de campaña.

En la medida en que nadie se ocupe de proponer una baja del gasto público, todo va a limitarse a un debate muy parecido a una competencia populista para ver a quién se puede seguir expoliando impositivamente con el menor costo político.

En otras palabras, veo un debate en el que ambos bandos tratan de maximizar su conveniencia política, pero ninguno de los dos ofrece una solución en serio por la madre de todas las batallas: bajar el gasto público.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Plan global versus medidas aisladas

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 10/3/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1878076-plan-global-versus-medidas-aisladas

 

Pasados 3 meses desde que Mauricio Macri asumió la presidencia, es indudable que el clima tanto político como económico ha cambiado. Se terminaron los discursos desde el atril y por cadena retándonos y se pasó al diálogo.

Por otro lado, los profesionales nombrados en el área de Economía no van a actuar como Kicillof, Moreno y compañía, lo cual disminuye el grado de incertidumbre de los agentes económicos.

El discurso del presidente Macri el 1° de marzo ante el Congreso, de unos 60 minutos, hizo una necesaria descripción de la herencia recibida de los 12 años del populismo k. Seguramente no fue todo lo extensa que debería haber sido y, posiblemente con razón, porque describir la destrucción económica del kirchnerismo hubiese insumido demasiadas horas. Sigo creyendo que la gente todavía no tiene conciencia o desconoce la profundidad del destrozo económico institucional de estos 12 años. En 30 minutos Macri describió, a grandes rasgos, la herencia recibida. La segunda media hora la dedicó más a formular algunas propuestas de reforma electoral, de la justicia y educación.

Entre las declaraciones de estos 3 meses y el discurso del 1° de marzo uno puede concluir que el nuevo gobierno no parece tener en mente presentar un plan económico global, anunciado de una sola vez de manera de orientar el rumbo económico. No estoy diciendo que todo tiene que ser anunciado y aplicado en 24 horas, me refiero al rumbo económico que va a aplicar el gobierno. Qué se va a hacer en materia fiscal, tanto por el lado del gasto como de la carga tributaria y el mismo endiablado sistema impositivo hoy vigente, la integración económica al mundo, cómo se va a reducir la inflación, etcétera.

Que el ministro de Hacienda diga que el gasto va a disminuir 1,8 puntos del PBI no dice demasiado. Primero, porque dudo que alguien sepa cuál es nuestro real PBI, segundo porque no se explica en qué rubros se va a reducir el gasto y tercero porque, tomando el PBI que uno imagina que están tomando, luce bastante poco para el nivel de descontrol fiscal que se heredó del kirchnerismo, lo cual conduce a pensar que no es tan claro que la inflación pueda ser dominada durante el año en curso.

La estrategia del gobierno parece apuntar a ir anunciando medidas aisladas. Atacando problemas puntuales de la economía. Por ejemplo, anuncia un aumento del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias para los que trabajan en relación de dependencia, pero desconocemos si se piensa permitir el ajuste por inflación de los balances de las empresas dado que siguen pagando impuestos sobre utilidades inexistentes y si los autónomos van a seguir siendo explotados impositivamente como hasta ahora. No son temas menores porque con esta carga tributaria y con este sistema impositivo no es fácil imaginar ese flujo de inversiones en el sector real de la economía que tanto le hace falta a la Argentina y al que apuesta el gobierno de Macri.

No creo que el camino para salir del desastre heredado consista en medidas puntuales. Es más, considero que pueden llevar a contradicciones. Por ejemplo, se aumentan las tarifas de energía y el gasto público bajará unos $ 100.000 millones en subsidios, pero, al mismo tiempo, la ausencia de un plan fiscal consistente se traduce en un aumento del stock de LEBACs que tomando una tasa promedio del 30% anual se traduce en un gasto público de $ 120.000 millones. En todo caso el costo político de corregir la distorsión tarifaria que dejó Cristina Kirchner se diluye en un aumento del gasto cuasi fiscal. Por eso insisto que tratar de dominar la inflación con endeudamiento del BCRA vía LEBACs aumenta el gasto público y genera un problema adicional a futuro además de los heredados y eso se debe a la ausencia de un plan en el flanco fiscal que corrija estructuralmente el déficit.

La ventaja de anunciar un plan económico en su conjunto y de una sola vez consiste en evitar este tipo de contradicciones dentro de la política económica y, al mismo tiempo, despeja el horizonte de los agentes económicos. Además, si es bien comunicado y tiene consistencia, el cambio de expectativas puede acelerar la recuperación económica disminuyendo el costo social de pagar la cuenta que dejó el kircherismo. Dicho de otra manera, es más duro para la gente soportar una política gradualista como la que parece proponer el gobierno que una política de shock que muestre un camino concreto, adoptando medidas más rápidamente, en forma coordinada, con mayor profundidad y en forma global.

Insisto, creo que la receta gradualista y sin un plan concreto tiene un costo social mucho mayor a un plan económico de shock, entendiendo por plan de shock anunciar en una sola vez todas las medidas que se irán tomando.

Las variables económicas no funcionan en compartimentos estancos. Están todas relacionadas y, si uno toca una variable, inevitablemente impacta en el resto. Un buen plan económico tiene que contemplar justamente esa interrelación, algo que no se logra anunciando medidas aisladas.

Por supuesto que se podrá argumentar las restricciones políticas que puede tener Macri, restricciones que uno no puede ignorar. No obstante a veces las restricciones políticas son más temores a adoptar ciertas medidas económicas que restricciones reales.

Como dicen Willam Hutt en su libro El Economista y la Política: “Muchas veces los economistas terminan asesorando a los políticos en base a la supuestas restricciones políticas, para que los políticos terminen actuando como si no los hubiese asesorado un economista”. Cuando los economistas terminan aceptando un alto grado de “restricciones políticas” el plan económico que arman es una serie de parches con medidas inconsistentes.

Por otro lado, suponer que la política prevalece por sobre la economía implica no recordar que los gobiernos que han fracasado en Argentina, fracasaron por comprar el argumento de lo políticamente incorrecto y naufragaron por la economía.

En síntesis, no está en debate la incomparable mejora que hay en los funcionarios públicos y el mismo presidente comparando con lo que tuvimos en los 12 años. Lo que está en debate es si las medidas que se están adoptando responden a un plan global y si tienen la suficiente intensidad y profundidad como para dominar el enorme destrozo económico heredado.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE