Para evitar una nueva crisis, necesitamos un piloto que sepa volar este avión

Por Aldo Abram: Publicado el 3/11/20 en: https://www.elliberal.com.ar/noticia/546491/que-numero-salio-sorteo-tombola-santiaguena?utm_campaign=ScrollInfinitoDesktop&utm_medium=scroll&utm_source=nota

Para entender lo que pasa con la economía argentina, podemos imaginarnos un avión que intenta volar y lleva una enorme sobrecarga de problemas. El combustible de la nave es la confianza de argentinos y extranjeros. Cuanto mayor es ésta, más tiempo puede volar y a más altura. Si es poca, entonces no podrá levantar mucho del piso y, quizás, empiece a descender con riesgo de estrellarse. Por eso, con su gestión, un gobierno debe ocuparse de aliviar el peso de los problemas y proveer el combustible necesario.

Con su discurso y las medidas que toma puede incrementar la credibilidad en un futuro de prosperidad del país; lo que atraerá el ahorro e inversiones de argentinos y extranjeros, permitiéndoles desarrollarse. Una gestión mediocre implicará un crecimiento de igual tono. En tanto, si no cumple las promesas, o las políticas instrumentadas son malas, veremos cómo todos pierden la fe en el futuro del país y los inversores tratarán de sacar sus capitales del país; mientras la gente empieza a ahorrar en dólares que van a parar al fondo del ropero, una caja de seguridad o al exterior. Así, con menor financiamiento, consumo e inversión, la economía entrará en una de sus habituales crisis.

Lo que estamos viendo actualmente en la Argentina es justamente el resultado de la pérdida de credibilidad en el país y es algo previo a la pandemia. La cuarentena solamente profundizó el impacto negativo en la economía y el bienestar de la gente. De hecho, el cepo fue una medida que simplemente buscó restringir las posibilidades de huir del peso y de sacar nuestros ahorros e inversiones de la economía local. Sin embargo, es insostenible en el tiempo; ya que implica mantener un nivel de valor de dólar oficialque no reconoce todo lo que el Banco Central (BCRA) está depreciando el peso para quitarle a la gente poder adquisitivo y transferírselo al gobierno para que pueda seguir gastando de más.

La prueba de que ese tipo de cambio es artificialmente barato es que cerca de 4.000.000 de argentinos compraban “dólar ahorro”, a pesar de que debían pagar un 30% extra de impuesto PAÍS. El BCRA les compra a los exportadores sus divisas a ese valor artificialmente muy bajo; por lo que pierden incentivos a vender al exterior y traer moneda extranjera. Por otro lado, los importadores pueden comprar afuera con dólares “baratos” para vender en el país, aumentando la demanda de moneda extranjera de las reservas internacionales. Es obvio que el resultado será que éstas tenderán a bajar. Cabe aclarar que sobre los flujos financieros con el exterior también ocurre algo similar; por lo que no es de extrañar que esto lleve al BCRA a instrumentar más restricciones, para que no le compren dólares. Sin embargo, éstas sólo generan un alivio coyuntural y, luego, vuelve la caída de su stock de divisas; lo que lleva a nuevas limitaciones y así en un círculo vicioso que termina en una crisis monetaria y cambiaria.

Hay que aprender del pasado. En los 70 años anteriores al cepo de Cristina Fernández de Kirchner hubo 23 cepos y todos terminaron en forma muy traumática debido a que se los intentó sostener indefinidamente. Sin embargo, de este último se pudo salir sin una crisis porque cambio el gobierno y éste prometió que iba a resolver los problemas de fondo de la Argentina. Ello despertó credibilidad; lo cual mermó la salida de ahorros de locales y extranjeros, permitiendo abandonar el cepo. En definitiva, éste último se usa para moderar la fuga de capitales. Lamentablemente, luego, no se realizaron las reformas estructurales prometidas, y a partir de 2018, se entró en crisis por la imposibilidad de mantener sin resolver indefinidamente los problemas de fondo.

Por lo tanto, para evitar una crisis y salir del cepo en forma poco traumática, el gobierno del Presidente Alberto Fernández debería anunciar que avanzará en las reformas estructurales pendientes y las llevará a cabo para despertar credibilidad; poder salir del control de cambio en forma poco traumática y lograr crecer fuerte en el tiempo.

¿Cuáles son esas políticas?

a) Eliminación y reducción gradual de impuestos: Revisión integral de la estructura tributaria a fin de suprimir gravámenes de muy escasa recaudación, reducir su peso y simplificar su administración por parte de los contribuyentes. Es imposible pensar que alguien invertirá en un país que está en el puesto 21, entre 190, en un ranking de los que más exprimen a sus empresas con impuestos o, según el Banco Mundial, una PyMe que pagará todos sus tributos es altamente probable que pierda plata. Por supuesto, sería demagógico plantear esto sin aclarar que demandará hacer más eficiente el gasto público para llevarlo a niveles que sean pagables con una imposición razonable.

b) Reforma de la administración nacional: Su objetivo es reducir sustancialmente el número de empleados de la Administración Nacional y las erogaciones innecesarias, asegurando que ninguna persona pierda ingresos en lo inmediato y que tenga oportunidad de reinsertarse y progresar. Comprende: i) Cambios en las normas laborales del sector público para incorporar la gestión por resultados. Continuar con la digitalización y las mejoras en la tecnología informática. ii) un Decreto con nueva estructura (hay un organigrama propuesto) en el marco de las atribuciones establecidas en la Ley 25.164, de Empleo Público. Se definirán las unidades administrativas dependientes de cada uno de los ocho ministerios, hasta el nivel de direcciones nacionales, direcciones generales y organismos descentralizados. El decreto establecerá la dotación de personal de cada unidad administrativa, por categoría. iii) Designación de los ministros de la nueva estructura. En forma transitoria, por 90 días, las unidades administrativas de la vieja estructura son asignadas a cada uno de los nuevos ministerios. En ese plazo cada nuevo ministro cubre los cargos de la nueva estructura dando prioridad al personal en disponibilidad. Una vez completado el re encasillamiento del personal, los que no hubieran sido reubicados en la nueva estructura quedarán en la condición de disponibilidad establecida por la Ley N° 25.164 Art 11 (No cumplen tareas; pero cobran un sueldo por uno o dos años. Así se evita el costo social de que queden sin ingresos.). iv) Incentivos a las empresas que los contraten: ej: eximición de los aportes patronales durante un período de dos años y subsidio sobre los gastos de capacitación en el nuevo empleo. Jubilación temprana a quienes, quedando en disponibilidad, no hubieran conseguido empleo en dos años y tengan más de 60 años de edad.

c)Desregular la economía: Armar un nuevo sistema con las normas que son realmente necesarias y derogando todas las otras, de las más de 67.000 existentes, que no estén incluidas

d) Reforma laboral. Privilegiar los acuerdos laborales a nivel de empresa sobre los acuerdos colectivos a nivel de sector de actividad. Ello requerirá que se unifique la representación de los trabajadores de la empresa. Esta reforma requiere un cambio en los artículos 17, 18 y 19 de la Ley 14.250 de Convenciones Colectivas (por DNU o por Ley). Asegurar la libertad sindical. Desregular y simplificar los controles administrativos de la autoridad de aplicación, y de la policía laboral. Modificar mediante decreto reglamentario, el Art 84 de la Ley de Contrato de Trabajo para aumentar la productividad y reducir el sobrecosto y el riesgo laboral. Reducir el costo y riesgo de despido, respetando los derechos adquiridos, mediante la supresión hacia adelante de la indemnización por despido (reforma de los artículos 231 a 255 de la Ley de Contrato de Trabajo, por DNU o Ley) compensado por un fondo y seguro de desempleo.

De esta forma, los argentinos y extranjeros confiarán que, si ahorran o invierten en el país, no se los exprimirá con impuestos ni se les avasallará su derecho de propiedad. Serán ellos los que decidirán sobre sus ahorros o negocios y no los funcionarios de turno a través de una maraña de regulaciones. La Argentina volverá a brindar oportunidades de hacer inversiones rentables. Con una legislación laboral que promueva la creación de empleos productivos, se podrán crear puestos de trabajo digno para todos los que lo perdieron por la crisis y la cuarentena, los que hoy sobreviven pobremente con planes asistenciales, aquellos que antes tenían un cargo público que no le era útil a la sociedad y todos los jóvenes que se incorporan al mercado laboral cada año. Así podremos gestar mayores oportunidades de progreso para todos los argentinos.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade). Publica como @AbramAldo .

Un análisis de las pasadas elecciones y de promisorias expectativas

Por Eduardo Filgueira Lima

 

Las elecciones del 22 de octubre permitieron ubicar a Cambiemos en un lugar preponderante del escenario político argentino, tal no se registraba desde hace muchos años por fuera de las fuerzas tradicionales.

En este particular caso la población es obvio que no votó masivamente por estar mayoritariamente satisfecha con la situación económica, ya que los “brotes verdes” -aunque la economía sigue creciendo desde hace seis meses- no han llegado a florecer.

Parece ser cierto que la ciudadanía no vota siempre por “el bolsillo” y es muy probable que en este caso lo haya hecho -en un exceso de simplificación- para dar por finalizado un ciclo por una parte y con un hálito de esperanza en un muy probable futuro promisorio por otra.

En cuanto al primer argumento es necesario decir que “cerrar un ciclo” significa también dejar atrás el modelo fuertemente estatista y revertir lo que en materia económica representaron las dificultades que finalmente se debieron remontar durante los dos primeros años del gobierno de Macri, y que no fueron suficientemente explicitadas como “herencia recibida”.

Ese mismo modelo no solo nos condujo a una anunciada crisis sino que significó el estancamiento durante los últimos cinco años de la actividad económica (ver. EMAE[1]), crecimiento sostenido del empleo público, enormes distorsiones en la balanza de pagos y sostenimiento de la “fiesta” con abultada emisión monetaria destinada a sostener el descontrolado gasto público (tal que siempre un modelo estatista requiere), con sus consecuencias inflacionarias finales,… mal disimuladas.

El hecho es que en este panorama el gobierno se encontró con una trampa, como hubiera significado tratar de salir del embrollo con fuertes medidas restrictivas sin una contraparte de inversiones y absorción por el desarrollo de una actividad privada que contuviera las necesidades de una gran parte de la población. Optó por el gradualismo.

Ahora luego de los resultados electorales obtenidos “la esperanza” se nos presenta como el objetivo fundamental a atender.

La economía como fue dicho parece sostener un crecimiento módico desde hace seis meses y ahora (Septiembre) con un 3,3% acumulativo mensual[2], lo que muy probablemente se hará sentir recién a mediados de 2018. También la inflación parece ir paulatinamente disminuyendo desde las impresionantes cifras que mantuvo y ocultó[3] el gobierno durante muchos años.

Pero es hora de las reformas. Por lo menos así fue anunciado casi de inmediato al resultado de las elecciones por el mismo Presidente Macri. El gobierno sabe que no puede sostener indefinidamente un gasto público que supera ya el 45% del PBI y menos sostenerlo con endeudamiento de manera indefinida o durante un tiempo prolongado.

La política fiscal debe superar la meta de alcanzar el equilibrio, porque la competitividad del sector privado requiere una disminución significativa de la carga impositiva que hoy se mantiene y resulta un ahogo a las posibilidades de generación de ahorro e inversiones como antesala de nuevos empleos y mejora de la competitividad. La meta debería ser la reducción del gasto público.

Una señal de alarma en este mismo sentido es el rojo de la balanza comercial que alcanza un acumulado en 2017 de u$s 3.428 millones (Ver Figura N°1)[4], Lo que se explica por la ausencia de un incremento sustancial de las exportaciones, frente a un importante incremento de los ingresos de bienes del exterior.

Obviamente una política cambiaria que sostiene altas tasas de interés “plancha” el dólar lo que tiene sus propias consecuencias en este mismo sentido, porque si bien facilita el ingreso de insumos para la producción agropecuaria e industrial a su vez encarece el costo en dólares de la producción nacional que no se hacen competitivos ni dentro (consumo interno), ni fuera (exportación) del país.

Obviamente las políticas fiscal y monetaria son imprescindibles para contener la inflación. Pero no son las únicas. También las tasas de interés deben posibilitar el crédito para acompañar la inversión y la producción requiere de una política cambiaria que permita competitividad a nuestros productos.

La reducción del déficit fiscal no debe ser una promesa, es el núcleo del problema: un programa fuertemente estatista requiere ser sostenido por un creciente gasto público.

Y el gasto público se mantiene (fundamentalmente) con impuestos, emisión monetaria y/o endeudamiento. Todos los cuales tienen finalmente sus nefastas consecuencias.

La hora de las reformas ha llegado y entre otras, merecen destacarse la fiscal, la previsional, la laboral y la tributaria, que por pertenecer al campo de “la política impositiva” quitan competitividad a la producción nacional que es el verdadero motor de la economía.

Cada uno tiene a su cargo importantes desafíos: el gobierno bajar el gasto público y aprender que su intervención en la economía puede ser (y habitualmente lo es) nociva. Y los empresarios saber que no se puede vivir de las prebendas del estado, que estamos insertos en un mundo que requiere practicidad, inversiones, innovación, agilidad, y producción competitiva. Y que hoy no es tiempo de monopolios y protecciones arancelarias porque atentan contra el país en su conjunto, aunque beneficien a unos pocos.

Las reformas serán difíciles porque con seguridad muchos -cómodos en su situación- pretenderán no cambiar y pondrán escollos a las mismas. Y además nuestra sociedad disfruta los bienes que el mercado le permite, pero luego es renuente a defender las ideas que lo promueven.

Por lo que no debemos pedir a Macri que haga lo que puede o no le dejan hacer. Porque el riesgo de una Argentina pendular, aunque parece hoy superado, siempre se encuentra a la puerta.

Finalmente una reflexión política: las mismas reformas necesarias (casi imprescindibles), tienen su contraparte en dos dimensiones. Por un lado no deberían ser por sí mismas un imponderable negativo al proyecto de un país que renace a un esperanzador nuevo ciclo. Y por otro -y por ese mismo motivo- el gobierno debe saber que tiene un tiempo limitado para iniciarlas, antes que se constituyan en un escollo para las próximas (demasiado próximas) elecciones.

[1] EMAE: Estimador mensual de la actividad económica. Publicado por INDEC base 2004 (Serie 2017) En: https://www.indec.gov.ar/nivel4_default.asp?id_tema_1=3&id_tema_2=9&id_tema_3=48

[2] Ver informe O. Ferreres y Asoc.

[3] Ver informe comparativo INDEC vs IPC Congreso http://data.lanacion.com.ar/dataviews/69218/ipc-indec-y-congreso/

[4] Figura N°1 En: http://www.ambito.com/895173-en-2017-la-argentina-acumula-el-peor-deficit-comercial-de-la-historia-economica “En 2017 la Argentina acumula el peor déficit comercial de la historia económica”

 

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, Doctor en Ciencias Políticas y Profesor Universitario.