Suecia, un país serio

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 14/20 en: https://alejandrotagliavini.com/2020/04/01/suecia-un-pais-serio/?fbclid=IwAR0-WRMEjrYmLiaM9BekcC8khLDC1mUiAPatrmROh5bmPur66wYMM3FRjTg

 

Estocolmo está en paz y libertad. Hay gente, hay vida en las cafeterías y adolescentes charlando en los parques. Las autoridades aconsejan el distanciamiento social, el trabajo en casa, que las personas mayores de 70 años se aíslen y que las reuniones se limiten a 50 personas. Está prohibido estar de pie en los bares, pero dan servicio en mesas. Las escuelas secundarias y universidades están cerradas, pero no las preescolares y primarias.

“Suecia es un caso atípico”, dijo Johan Giesecke, de la Agencia de Salud, “Otras naciones han tomado medidas políticas desconsideradas en lugar de las dictadas por la ciencia”. Coincidiendo con muchos científicos, como Lawrence Gostin, de Georgetown, que asegura que las cuarentenas nunca son efectivas. La cuarentena obligatoria – impuesta por el Estado policial- no es real porque se puede contagiar desde el balcón, en el ascensor, etc., y los recluidos son más propensos a contagiarse y enfermarse al estar debilitados.

Según Gymtca, a las tres semanas de inactividad física una persona pierde el 40% de su estado, a las 7 semanas el 100%, ganando en estrés, depresión, ansiedad, agresividad, paranoia y pánico y perdiendo sobre todo en defensas inmunológicas. Según Federico Fros Campelo, docente del ITBA en Neurociencia, cuando el cerebro “opera con normalidad, rige el pensamiento secuencial y se da la vinculación causa-efecto… con la incertidumbre… El miedo a lo inexplicable nos hace creer en todas las noticias que nos llegan”. La hormona de la oxitocina fortalece los vínculos de proximidad y disminuye con el aislamiento. “Ante la falta de contacto, se puede engañar al cerebro a través de la tecnología. Efecto similar al de la pornografía” asegura Fros.

Los gobiernos del Estado policial -que se agranda como un cáncer y luego será difícil retrotraerlo- saben que con la “cuarentena el número de casos no va a bajar… se busca que aparezcan de manera controlada y no desborde el sistema”, dice la principal asesora del Gobierno argentino. Es decir, reconoce que el sistema de salud estatal es incompetente, de hecho, por caso en España, mientras que las empresas privadas están repartiendo barbijos por millones, el gobierno viene muy por detrás. Entonces el Estado debe retirarse, no entrometerse aún más.

Con enorme hipocresía se dice que hay que preservar la vida, aunque cueste la economía. Descuidar la economía es matar a más personas que esta epidemia. En España se ha creado un programa “Alimentando familias desesperadas por la crisis del covid”. ¿Crisis del covid? Las cosas en su lugar, la crisis alimentaria es consecuencia directa de las medidas del Estado policial no del virus.

Juan Isasmendi, sacerdote en Buenos Aires, acaba de habilitar un comedor de emergencia para 4.000 raciones diarias. “Estamos perplejos. La ‘emergencia sanitaria’ ha empeorado la emergencia social…” mucha gente ya no trabaja. En lo que va del 2020, según la ONU, solo entre menores de 5 años han muerto 140.000 por desnutrición. Y la situación se agrava rápidamente por el encerramiento global.

Suecia, que con 10 millones de habitantes tuvo 239 muertos por coronavirus hasta fin de marzo, actúa con sabiduría, porque violar el derecho humano de la libertad empeorará las cosas, el mal solo puede traer mal, es el principio de no contradicción de Parménides, y la violencia -la coacción policial- solo puede destruir al cosmos, como ya decía Aristóteles.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

EL CRIMEN DE FERNANDO BAEZ SOSA: NO NOS ASOMBREMOS TANTO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 26/1/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/01/el-crimen-de-fernando-baez-sosa-no-nos.html

 

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La opinión pública argentina –si es que eso existe- ha sido sacudida por el bestial crimen de Fernando Baez Sosa, realizado por otros jóvenes a la salida de un “boliche”. Mi tesis es que el asombro es parte del desconocimiento de la naturaleza humana y de las prevenciones que debemos tomar.

Muchos odian a Freud, pero ese odio no refuta que al nacer somos todos perversos polimorfos, con una pulsión de vida concomitante con una pulsión de muerte que tiene un importante aspecto descripto por Freud en su “El malestar en la cultura”. Ese aspecto es la pulsión de muerte devenida en pulsión de agresión, dado el narcisismo originario. No le queremos creer y ese es el problema. Somos roussonianos. Creemos que el ser humano nace bueno. Pero no, somos unas bestias. Así de simple.

En ese territorio bestial, avanza el super yo, las normas, que deben ser impuestas por los “no”, los límites, el rol paterno (no necesariamente igual a la masculinidad biológica). Así nos socializamos y “civilizamos”. El super yo deja en esos territorios conquistados un destacamento militar por si sus habitantes se rebelan de vuelta. Ese destacamento militar es la culpa, parte esencial de toda estructura neurótica (porque de lo contrario somos perversos o psicóticos). La analogía es de Freud.

Por ende, lo que nos hace “civilizados” es ese super yo, esa fuerte culpa que limita nuestra pulsión de vida y la pulsión de agresión. Por eso no somos perversos sexuales o criminales absolutos, pero si el rol parental no estuvo, o fue muy limitado, nos convertimos en perversos o en psicóticos incontrolables.

Siempre cito este párrafo de Freud y pregunto a continuación quién se lo puede refutar:

“….un ser entre cuyas disposiciones pulsionales también debe incluirse una buena porción de agresividad. Por consiguiente, el prójimo no le representa únicamente un posible colaborador y objeto sexual, sino también un motivo de tentación para satisfacer en él su agresividad, para explotar su capacidad de trabajo sin retribuirla, para aprovecharlo sexualmente sin su consentimiento, para apoderarse de sus bienes, para humillarlo, para ocasionarle sufrimientos, martirizarlo y matarlo. Homo homini lupus: ¿quién se atrevería a refutar este refrán, después de todas las experiencias de la vida y de la Historia? Por regla general, esta cruel agresión espera para desencadenarse a que se la provoque, o bien se pone al servicio de otros propósitos, cuyo fin también podría alcanzarse con medios menos violentos. En condiciones que le sean favorables, cuando desaparecen las fuerzas psíquicas antagónicas que por lo general la inhiben, también puede manifestarse espontáneamente, desenmascarando al hombre como una bestia salvaje que no conoce el menor respeto por los seres de su propia especie. Quien recuerde los horrores de las grandes migraciones, de las irrupciones de los hunos, de los mogoles bajo Gengis Khan y Tamerlán, de la conquista de Jerusalén por los píos cruzados y aun las crueldades de la última guerra mundial, tendrá que inclinarse humildemente ante la realidad de esta concepción”. (El malestar en la cultura, 1930).

En todos nosotros habita esa crueldad sádica y bestial. Si no sale es porque el super yo es firme, porque el rol parental fue muy bueno, o porque la Gracia de Dios redime. Pero siempre está allí, amenazante: el territorio pulsional conquistado no es por ello convertido en un valle natural de bondad.

Todo esto es totalmente compatible con el dogma cristiano del pecado original.

Por supuesto, esto se manifiesta en cada lugar y tiempo de modo diferente. Pero cabe preguntarse si la degeneración actual de una parte de la cultura argentina no tiene que ver con los hijos que algunos  supuestamente educan. Muchas familias argentinas son disfuncionales, sencillamente porque se desentienden de sus hijos. Muchos padres no tienen autoridad moral, no es que no sepan sino que no pueden decir no, no pueden dialogar, abandonan a sus hijos en esas cárceles corruptoras llamados colegios, y además los abandonan a su suerte y crecen mirando y escuchando cualquier cosa, absolutamente cualquier cosa, sin que esos padres puedan formarlos en el pensamiento crítico. Che boludo, pelotudo, andá a cagar, no son expresiones neutras, son un juego de lenguaje de una cultura esencialmente agresiva que el niño absorbe desde sus primeros minutos de vida y precisamente de su núcleo familiar más cercano. Sin formación religiosa, sin formación humanística, sin ningún tipo de formación en una razón dialógica, crecen abandonados a sus pulsiones apenas controladas por un super yo debilitado. Es un milagro que no sucedan cosas peores. Luego, desde la adolescencia, “porque lo hacen todos”, (masificación, alienación, fenómenos también analizados por Freud) van a esos antros de bestialidad llamados boliches, donde consumen drogas, alcohol, ruido ensordecedor, sexualidad histeroide (2), que des-inhiben aún más ese débil sistema nervioso aún en formación. Luego, la furia. El territorio pulsional apenas conquistado se rebela nuevamente contra el débil imperio y la barbarie conquista nuevamente a una Roma debilitada e hipócrita.

A los dramas endémicos de Argentina se suman estas generaciones perdidas, estos padres confundidos, esta cultura del “boludo” que se lo sabe todo. Los asesinos de Fernando –como los de Ariel Malvino- pueden estar tranquilos. Han iniciado su camino a la Presidencia de La Nación.

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(1) En la foto: 60 segundos de golpes bestiales en la cabeza de Fernando.

(2) https://eseade.wordpress.com/2019/05/28/los-problemas-de-una-sexualidad-histerica/

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises