Los jóvenes y el acceso a la vivienda

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 18/11/16 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2016/11/18/los-jovenes-y-el-acceso-a-la-vivienda/

 

Una de las grandes angustias que tienen los jóvenes hoy en día es el de la vivienda

Una de las grandes angustias que tienen los jóvenes hoy en día es el de la vivienda. Salvo que tengan padres con plata que les regalen un departamento, ven imposible llegar a tener un dos ambientes. Es más, ni siquiera pueden mantenerse alquilando un departamento de un ambiente. Buena parte de sus sueldos se van en el alquiler y las expensas, con lo cual suelen compartir con un amigo o amiga la vivienda si quieren irse de la casa de los padres en busca de la independencia que busca toda persona joven. Pero saben que no tienen posibilidades de ahorrar para dar un anticipo y mucho menos acceder a un crédito hipotecario que puedan pagar, salvo, claro está, en casos muy especiales y contados con los dedos de una mano. La realidad es que ya no hay créditos hipotecarios a tasas pagables  y menos en volumen importante.

Incluso para poder alquilar, los jóvenes tienen que juntar, como mínimo, unos $ 24.000 para pagar un mes de comisión a la inmobiliaria, el mes adelantado y un mes de depósito, si el alquiler es de $ 8.000 mensuales. Primero tienen que ahorrar esa cifra, luego sobreviven alquilando sin tener capacidad de ahorro y no ven un futuro en el cual puedan llegar a tener su propio departamento. Francamente desilusionante.

Si bien hay más motivos para que los jóvenes tenga esta angustia, el punto número uno es que Argentina es cada vez más pobre por las políticas progresistas y populistas que aplica desde hace décadas. En nombre de la “solidaridad” social van espantando las inversiones, la carga tributaria para sostener a un estado sobredimensionado destruye riqueza y la pobreza se va extendiendo a una clase media que en otras épocas fue pujante. El progresismo y el populismo han logrado igualar el ingreso hacia abajo. No sacan a los pobres de la pobreza, sino que aumentan el stock de pobres y con eso están felices porque logran la tan ansiada “igualdad”. Todos pobres, salvo los jerarcas políticos que siguen siendo una casta privilegiada.

El segundo punto es que el progresismo y el populismo, con sus confiscaciones, directas e impositivas, han destruido el mercado de capitales. Hicieron de la Argentina un infierno fiscal y por eso muchos ahorros se fugaron a paraísos fiscales. Los progres, populistas y políticamente correctos dirán que eso fue evasión impositiva, la ciencia económica y la historia económica dirán que eso fue defensa del contribuyente ante el robo legalizado del estado. De todas maneras, como quiera que sea, el ahorro se fugó y eso destruyó el mercado de capitales.

Se preguntarán la gente y los jóvenes que no tienen vivienda: ¿y a mí que me importa que se destruya el mercado de capitales? ¿Para qué me sirve? La respuesta es muy sencilla.

Los bancos otorgan créditos hipotecarios a 20 años, pero esos fondos que utilizan para otorgar los créditos provienen de depósitos a un plazo de nomás de 90 días. Es decir, por un lado tiene un activo a cobrar un activo a 20 años y por el otro tiene un pasivo que le vence cada 90 días.

El riesgo que corren los bancos es que, ante un momento de incertidumbre económica, la gente se presente en la ventanilla a retirar sus depósitos. Como tiene créditos a cobrar a 20 años tendría que decirle a la gente que espere 20 años para cobrar hasta tanto el banco cobre los créditos otorgados. Esto es lo que se conoce como descalce de plazos. Tengo una activo a cobrar un el muy largo plazo y un pasivo a cobrar dentro de 90 días.

¿Cómo puede solucionarse este problema de plazos? Teniendo un mercado de capitales. Lo que pueden hacer los bancos es vender el crédito hipotecario a cobrar a una compañía se seguro o a una Administrador de Fondos de Pensión que reciben fondos que son ahorros de largo plazo. Los bancos recurren al mercado de capitales que tienen ahorros de largo plazo para vender sus créditos a cobrar a una determinada tasa de interés. De esta forma recuperan liquidez y pueden afrontar sus pagos en ventanilla de sus depositantes en caso de que presenten. Obviamente que la tasa de interés que le cobren a los bancos por comprarle las carteras de crédito dependerá de muchos factores, entre otros de la tasa de inflación esperada, de la tasa de devaluación que podría ocurrir, del riesgo de confiscación que puede ofrecer el gobierno, etc. Pero lo principal es que para hacer algún cálculo de largo plazo de qué tasa de interés tienen que cobrar por los créditos que se compran, es que debe haber una moneda que sirva como reserva de valor y tiene que haber seguridad jurídica. Es decir, el estado no debe confiscar los activos financieros.

En Argentina no hay moneda porque el peso no cumple con el requisito de ser reserva de valor y, encima, los diferentes gobiernos han destruido el mercado de capitales con confiscaciones como el plan Bonex, nuestros ahorros en las AFJP, el corralito, el corralón, la pesificación asimétrica y tantas locuras que se cometieron en nombre de la justicia social.

Como ahorrar en Argentina es riesgoso, no hay mercado de capitales,  ergo los bancos no pueden descargar sus carteras de créditos en el mercado y el resultado final es que no hay créditos hipotecarios en volumen.

Al no haber créditos hipotecarios, lo único que le queda a la gente es alquilar. El peso de la demanda cae sobre las propiedades para alquilar. Pero encima, dada la incertidumbre económica, en los últimos años, la construcción de departamentos se volcó a segmentos de ingresos altos dado que la gente ahorraba en forma de ladrillos. No se construyó para un sector de ingresos medios o medios bajos porque no había crédito para que pudieran comprar. De manera que lo que hay es un stock determinado de departamentos para alquilar para un determinado sector de la sociedad que al tener una mayor demanda aumenta los precios. Si a eso se le agrega lo cara que son las expensas por los “beneficios” demagógicos que el kirchnerismo le dio al sindicato de porteros, el costo de las expensas crece, el monto del alquiler tiene que dejarle alguna rentabilidad al dueño de la propiedad y el resultado final es que se hace combo impagable para los jóvenes que ganan poco porque hay poco trabajo dada la escasa inversión.

En síntesis, esa angustia que vive la gente joven de no poder comprar su departamento o alquilar se debe a la destrucción monetaria, a la destrucción del mercado de capitales y a la fuerte tendencia confiscatoria de ahorros de los gobiernos.

El populismo progresista, que tanto dice preocuparse por los pobres, ha producido una gran desilusión en la gente joven, solo unos pocos que consiguieron créditos a tasas blandas pero que no abundan en el mercado han logrado comprarse alguna propiedad. El resto, la inmensa mayoría, fue víctima del populismo progresista, que como de costumbre, declama ayudar a los pobres y terminan hundiéndolos en la pobreza y la desesperanza más absoluta.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

La estafa de la jubilación estatal

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 13/3/16 en: 

 

La jubilación debe ser cosa de cada uno. Es decir, el ahorro para nuestro retiro del mundo laboral no debería estar en manos de la dirigencia política

Si bien hoy en día es políticamente incorrecto hablar de la jubilación privada, tengo bien en claro que la mayor estafa que el populismo le ha hecho a la gente es la jubilación estatal. En nombre de la solidaridad social, el sistema de reparto ha sometido a generaciones de trabajadores a que terminen sus días de jubilados como verdaderos mendigos.

Es común ver como muchos jubilados caen en el error de decir que los estafaron porque los aportes que hicieron durante años se los robaron dado que cobran jubilaciones muy magras. La realidad que tanto los llamados aportes al sistema previsional que hacen los que están en actividad así como las contribuciones que realizan las empresas por cada trabajador son simples impuestos. En efecto, no es el aporte del trabajador y la contribución patronal de la empresa un ahorro destinado a cubrir la vejez del actual trabajador. Es solo un impuesto que se aplica para financiar el pago de los haberes de los actuales jubilados. Dicho en otras palabras, los actuales jubilados tienen su jubilación de los impuestos que pagan los trabajadores que actualmente están en actividad así como de las contribuciones patronales. En un sistema de reparto no hay tal cosa como un  ahorro para cuando uno se jubila. Solo hay impuestos que se cobran sobre la nómina salarial para mantener a los actuales jubilados. Y, los que hoy estamos en actividad, el día que nos jubilemos recibiremos los mendrugos del estado benefactor por los impuestos que pagarán los que estén en actividad en ese momento.

Resalto, en un sistema de reparto no hay ahorro. Nadie puede reclamar por sus aportes porque esos aportes fueron solo impuestos para sostener a los jubilados del pasado.

Matemáticamente el sistema de reparto estatal es inviable porque: 1) al aumentar la esperanza de vida hay cada vez menos trabajadores en actividad para sostener por cada jubilado, 2) la alta carga tributaria sobre la nominal salarial más la disparatada legislación laboral hace que mucha gente prefiera trabajar en negro en el caso argentino y, por lo tanto, el trabajo en negro no paga impuestos para sostener a los actuales jubilados, 3) en el caso argentino hay que agregar que hoy en día, fruto del populismo k, mucha gente vive de un subsidio “social” y por lo tanto no aporta para que los jubilados puedan mejorar sus ingresos, 4) la tasa de desocupación es tan alta que se reduce aún más la relación cantidad de trabajadores en actividad por cada jubilado y 5) el populismo ha destruido de tal manera la productividad de la economía que los salarios reales son bajos. Como  las jubilaciones son un porcentaje de los impuestos que se cobran sobre salarios reales bajos, inevitablemente los jubilados tienen jubilaciones de hambre.

Los que hoy dependen del sistema de reparto estatal como los que nos jubilemos en el futuro no podemos esperar nada del estado salvo miseria. Y esto es culpa de la misma gente que ha votada estatismo y rechazada la libertad.

La gran mayoría de la dirigencia política y buena parte de la población aplaudió cuando literalmente nos robaron los ahorros que teníamos en las AFJP, sistema que tampoco comparto en la forma en que fue implementado en Argentina, pero al menos es menos malo que la estafa que es el actual sistema de reparto.

La jubilación debe ser cosa de cada uno. Es decir, el ahorro para nuestro retiro del mundo laboral no debería estar en manos de la dirigencia política que ha demostrado ser lo suficientemente incapaz y estafadora como para saber de antemano que nos condenará a la miseria el día que nos retiremos.

Más de un dirigente político, suponiéndose un ser superior al resto, argumentará que si no se obliga a la gente a aportar cuando llegue el momento de jubilarse no tendrá ahorros porque no todos son previsores. En consecuencia, para que no vivan en la miseria en el futuro hay que obligar a la gente a aportar a un sistema de reparto. A la vista de todos están los resultados de lo previsores que fueron los que se creían seres superiores. Una gran masa de jubilados viviendo con la mínima que no alcanza para nada.

Nuestros abuelos y bisabuelos ahorraron sin que nadie les dijera cómo tenían que hacerlo. Muchos de ellos ahorraron comprando propiedades para vivir de los alquileres cuando se retiraran. Esto funcionó hasta que llegó Perón y estafó a los jubilados con la ley de alquileres.

Las AFJP, a pesar de ser un sistema ampliamente mejor que el de la jubilación de reparto, tenían errores como altas comisiones para comprar bonos del estado, con lo cual pagábamos una comisión por tener riesgo estatal. Negocio chino. Además no había competencia con aseguradoras del exterior.

En Chile mataron el sistema de reparto y funciona el sistema de capitalización en las AFP, donde cada persona tiene individualizados sus ahorros.  Esos ahorros perteneces a cada persona con nombre y apellido a diferencia del sistema de reparto.

Para que tengamos una idea del destrozo que se hizo en Argentina con los ahorros, el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, que no es otra cosa que el título que el kirchnerismo le puso al robo de nuestros ahorros en las AJFP, maneja unos U$S 30.000 millones, en tanto que las AFP chilenas administran U$S 150.000  millones. Es ahorro de largo plazo que puede financiar hipotecas para que los jóvenes puedan comprar su primera vivienda sin necesidad de recurrir al denigrante curro del plan PROCREAR por el cual el estado decide a quién le otorga un crédito para construir su casa.

El ahorro de largo plazo, como es el caso del ahorro individual para las jubilaciones, constituye un formidable mecanismo de financiamiento de créditos hipotecarios a tasas muy bajas o de inversiones en el sector productivo. Incluso si el que ahorra para su jubilación lo hace en forma de propiedades, genera un círculo virtuoso de ahorro y crecimiento económico. Mueve la actividad de la construcción y aumenta la oferta de propiedades en alquiler con lo cual es más fácil acceder a una vivienda, por ejemplo para las jóvenes parejas actuales porque aumenta la oferta de propiedades en alquiler.

En síntesis, soy consciente de que criticar la jubilación de reparto estatal y defender la privada es políticamente incorrecto, pero me niego a aceptar que por decir lo políticamente correcto se siga estafando a generaciones de gente que al llegar el momento de su retiro advierte que los políticos, usando el estado, lo estafaron sin piedad dejándolo en la miseria más absoluta.

Recapacitemos para que las futuras generaciones no tengan que padecer el abandono al que el “estado benefactor” ha dejado a los actuales jubilados.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

La salvajada económica del kirchnerismo

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 17/1/16 en: http://economiaparatodos.net/la-salvajada-economica-del-kirchnerismo/

 

El kirchnerismo hizo un verdadero destrozo económico producto del salvajismo de su política económica

Basta con los siguientes tres datos para advertir el salvajismo de política económica del kirchnerismo durante estos 12 nefastos años. Entre 2002 y 2015 la inflación aumentó 10,5 veces. La recaudación impositiva se multiplicó 29,5 veces y a pesar de este fenomenal saqueo impositivo que el kirchnerismo les aplicó a los ciudadanos honestos, dejó el gobierno con un déficit fiscal que en 2015 terminará en el orden de los $ 400.000 millones. Todo esto al margen de haber saqueado los ahorros que teníamos en la AFJP para cuando nos jubiláramos, dejado en bancarrota al BCRA y destruida la infraestructura del país. Es decir, el kirchnerismo hizo un verdadero destrozo económico producto del salvajismo de su política económica.

El gobierno tiene que remontar esta dura y pesada herencia de destrucción kirchnerista que requiere actuar en varios frentes. Por un lado desregular la economía para liberar la capacidad de innovación de la gente. Por ejemplo eliminar los ROE y permitirle a los productores de trigo exportar sus granos sin autorización previa del burócrata de turno es un sencillo ejemplo. Establecer cielos abierto para que haya más empresas de aviación, podría ser otro.

Otro frente, en el cual se ha avanzado es en eliminar y disminuir los derechos de exportación para productos agropecuarios e industriales. Entiendo que solo quedaron derechos de exportación para la soja, impuesto que irá bajando a lo largo del tiempo. Esto permitirá volver a diversificar la producción agrícola y darle impulso a las economías regionales.

Otro paso importante que rápidamente dio el gobierno fue salir del cepo cambiario. En mi opinión hubiese sido mejor salir sin regular el tipo de cambio vía la tasa de interés. Entiendo que las autoridades tenían algún temor que la salida del cepo produjera una corrida cambiaria, pero creo que al subir tanto la tasa de interés y mantener un stock tan elevado de letras y notas del Banco Central, generan un problema fiscal adicional al que ya existe. Veamos un ejemplo, los llamados subsidios económicos destinados a tener energía artificialmente barata implica un gasto estatal que podemos estimas en los $ 148.365  millones para este año. Ahora bien, el stock de LEBACs y NOBACs en pesos que emitió el BCRA al momento de redactar esta nota es de $ 415.200 millones, tomando la tasa de interés promedio que paga este stock, devenga un gasto fiscal por intereses pagados de $ 108.000 millones anuales. Esto quiere decir que si no baja el endeudamiento del BCRA, el aumento de las tarifas de energía para eliminar los subsidios recaerá, como corresponde, sobre el sector privado, pero también recaerá sobre el sector privado el costo de ese financiamiento del BCRA para regular el tipo de cambio generando más recesión. Es decir, el ajuste propuesto por Prat Gay en el sector público recae mayormente sobre el sector privado porque, por un lado le traslada el pago pleno de las tarifas de energía, lo cual está bien, pero al mismo tiempo le pasa el costo de frenar el tipo de cambio vía la tasa de interés que son otros $ 108.000 millones y todavía no tenemos noticias concretas terminar con el saqueo que es el impuesto a las ganancias. Pongámoslo de esta manera, si se eliminan todos los subsidios a la energía el sector privado tendrá que asumir un costo $ 148.365 millones y también pagar $ 108.000 millones en intereses para sostener artificialmente bajo el tipo de cambio más la actual carga del impuesto a las ganancias si no se anuncia nada sobre este tema. Ese ajuste sobre el sector privado es fenomenal y no se compensa con los 2000 ñoquis menos que pueden haber en el senado o los 600 militantes que dejan de currar en el Centro Cultural Kirchner. Acá hace falta un mayor acto de justicia disminuyendo el costo sobre el sector privado y empezar a hacerle pagar el costo de esta fiesta a quienes durante más de una década vivieron del trabajo ajeno, lucraron con la corrupción de la obra pública y se consideraron con derecho a vivir sin trabajar y a ser mantenidos.

Acá hay que insistir en un punto que es fundamental. Bajar el gasto público no es recesivo, por el contrario tiende a mejorar la productividad de la economía y a incrementar la cantidad de bienes a los que puede acceder la gente.

No es recesiva la baja del gasto público porque la plata para sostener la burocracia estatal, a los que viven de planes sociales y la obra pública, sale del bolsillo del contribuyente, es decir, la gente que produce y paga impuestos puede comprar menos bienes al entregar al estado fortunas en impuestos. Actualmente el contribuyente es literalmente saqueado por el estado. Imagine el lector la cantidad de bienes y servicios que deja de comprar el contribuyente para mantener a este estado sobredimensionado y por lo tanto los puestos de trabajo que nunca se han creado porque el contribuyente tuvo que contraer la demanda.

Puesto de otra manera, lo que deja de consumir el contribuyente por la mayor carga impositiva, lo consume el ñoqui que está en el Congreso, el que vive de un subsidio “social”, el que hace la obra pública sin poner plata de su bolsillo, etc. Por lo tanto, todo lo que el contribuyente deja de consumir e invertir los consumen e invierten los que se benefician del gasto público sin trabajar.

Ahora bien, si bajamos la carga impositiva el contribuyente tiene mayor capacidad para consumir e invertir y por lo tanto reactiva la economía. Por su parte el ñoqui que antes estaba en el Congreso o el que vive de un plan “social” tiene que ir a trabajar. ¿Dónde? En las empresas que se creen e inviertan para crecer si se adoptan medidas para atraer capitales y reconstruir la infraestructura (energía, puertos, rutas, etc.) y otras empresas que vean oportunidades de negocios que hasta antes no había porque el gobierno violaba el derecho de propiedad.

Los frentes para atacar son, entonces, el de la desregulación, el de la seguridad jurídica, el de la estabilidad monetaria y el de la disciplina fiscal. En la desregulación se avanzó con la salida del cepo, la eliminación de los ROE y demás controles que aplicaba el kirchnerismo. En lo que hace al respeto por los derechos de propiedad el ambiente es totalmente diferente y la gente ya confía en el nuevo gobierno.

Sigue faltando el corazón de nuestro drama económico: el fiscal. Todavía se ve mucha tibieza en las medidas aplicadas que pueden llevar algo de tiempo aplicar pero que es indispensable anunciar para ir marcando el rumbo de salida.

A propósito del tiempo. Podrá argumentarse que el gobierno necesita tiempo. Es cierto, pero tampoco puede esperarse una eternidad para avanzar en el flanco fiscal. Me dicen que hay un costo político en bajar el gasto público. A eso le respondo: no bajen el gasto y van a ver el costo político que van a tener que pagar por no hacerlo.

En síntesis, el mayor riesgo no está en las medidas que se tomen, sino en que no se tomen o se demore mucho en tomarlas.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Los mayores errores de la gestión Kicillof

Por Adrián Ravier: Publicado el 13/8/15 en:

 

El ministro de Economía, Axel Kicillof, fue entrevistado recientemente por Joaquín Morales Solá y nos dejó -en 35 minutos- interesantes argumentos para defender su administración de la política económica.

En la entrevista arremetió una vez más contra los economistas ortodoxos, defendió la política de desendeudamiento, de reindustrialización y de inclusión social, enfatizó el fuerte crecimiento económico que el país experimentó desde 2003, recordó la recuperación de YPF y Aerolíneas Argentinas. Se apoyó sobre ciertos economistas como Miguel Ángel Broda, Orlando Ferreres y Carlos Melconian para señalar que la economía está bien, creciendo un 1 %, que la inflación se desaceleró de un 40 % a un 25 % -sin recetas ortodoxas-, que las reservas están estables, que no hay problemas con los vencimientos de deuda, lo que deja una buena herencia para el próximo Gobierno, garantizando continuidad del modelo luego de 2015.

Cuando se le cuestionó el bajo crecimiento, el ministro de Economía explicó el complejo contexto internacional que nos acompaña, con caída en los precios de los commodities, con las locomotoras de China y Estados Unidos bajo ciertas dificultades y con Brasil en recesión.

Es precisamente ese contexto el que lo obligó a decidir aplicar una política contracíclica desde principios de 2014 para estimular el consumo interno mediante planes y programas, apoyado en un supuesto consenso de los economistas en las recetas keynesianas que se presentan en todos los manuales de macroeconomía y política económica.

Dejando de lado los discutibles números del ministro de Economía -que él mismo se ocupó de criticar antes de asumir funciones oficiales-, presentaré a continuación mis problemas con su administración de la política económica, que se pueden resumir en ocho puntos fundamentales.

1. No hubo crecimiento, sino recuperación.

El ministro de Economía enfatiza que la economía argentina duplicó el PIB en dólares desde 2003 a la fecha. Este puede ser un dato cierto, pero sesgado. La Argentina no logró en este período expandir su capacidad productiva, sino tan solo recuperar la actividad económica de la devaluación de 2001. En términos económicos, la receta de “impulsar la demanda para crecer” puede tener resultado visibles mientras hay capacidad ociosa, pero una vez que la economía se acerca al pleno empleo, el crecimiento económico solo puede ser generado a través de un proceso de ahorro e inversión. Tomando en cuenta que el propio ministro solo administró la política económica de este último Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, el rumbo debió cambiar desde el consumo a la inversión, y sin embargo, se sostuvo en una dirección -con un diagnóstico equivocado-, manteniendo el relato de 2001, cuando la realidad que le tocó enfrentar ya era diferente.

2. La recuperación está basada en un enorme gasto público que empuja la demanda y crea empleo público, el que no se puede sostener en el tiempo.

El tamaño del Estado, medido como gasto público sobre PIB, ha alcanzado una proporción que es récord en el continente, y que no puede financiarse ni siquiera con la mayor presión tributaria de nuestra historia, que a la vez es récord en el mundo. Devolver a la Argentina a un nivel de gasto sostenible y reducir la presión tributaria a niveles normales solo puede dejar un alto desempleo y una nueva recesión que pone en duda el éxito del modelo. La Argentina se encuentra en el dilema de sostener la burbuja del gasto público, pero sin crecimiento económico, o equilibrar las finanzas públicas pero a costa de un alto desempleo estructural cuya solución fue solo temporal. Si en lugar de crear estas proporciones de empleo público, la economía argentina hubiera alentado realmente la inversión privada, entonces el aprovechamiento de esta década dorada para la región habría sido de largo plazo y el problema de desempleo estructural habría empezado a recibir una solución más genuina.

3. Comete los mismos errores del menemismo, multiplicando el déficit.

El ministro de Economía no pierde oportunidad para identificar las comparaciones entre el kirchnerismo y el menemismo, pero esto constituye una falsa dicotomía. Ambos modelos surgen del mismo partido político, pero lo más importante es que ambos han cometido el mismo error fundamental, que -como bien explicó- nos obsesiona a los economistas ortodoxos. Nos referimos al déficit fiscal. El ministro de Economía reconoció en la entrevista un déficit fiscal financiero de 3,7 % del PIB para 2014, el que dijo ser más bajo que el de Estados Unidos (4,2 %), Brasil (5,2 %) y el promedio de la región (4,9 %). Sin embargo, y sin entrar a cuestionar “sus” números, no es menor que la Argentina mantenga este déficit después de la enorme carga tributaria que señalamos con anterioridad, además de que los analistas pronostican que el déficit para este 2015 estará entre un 6 % a un 8 % del PIB. Este nivel de déficit aun está algo lejos de aquel que condujo a la economía argentina al Rodrigazo (12,1 %) y el fin de la tablita de José Martínez de Hoz (11,3 %), pero se acerca a aquel que condujo a la hiperinflación de 1988-89 (8,5 %) y al fin de la convertibilidad (7 %).

4. La política del desendeudamiento es un mito, si consideramos la deuda interna con el Banco Central y Anses.

El ministro de Economía muestra como un logro del oficialismo el bajo nivel de deuda externa sobre el PIB. Es un dato que debemos reconocer. Sin embargo, este resultado no se generó por medio de una política conservadora, sino por haber financiado el mencionado déficit fiscal con otras alternativas, como ser la emisión monetaria del Banco Central y los recursos de Anses. Lo dicho ha generado un Banco Central en quiebra bajo cualquier estándar contable, además de la mayor inflación del continente -después de Venezuela-, y de hipotecar el futuro de la población activa, gastando incluso los 30.000 millones de dólares que estaban en manos de las administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones (AFJP) al momento de la nacionalización. Resulta curioso que parte de los logros del kirchnerismo son herencia directa del menemismo, pues se han gastado los recursos ahorrados en la década anterior y se ha apoyado el “crecimiento” de esta década en la infraestructura que expandió el Gobierno anterior.

5. La inflación no es necesaria.

El ministro de Economía lanzó una inflación estimada del 18 %, pero al margen de este número discutible, enfatizó que la oposición redujo sus estimaciones de 40 % a 25 %. Es cierto que la inflación se desacelera en este último año, sin embargo, surgen dos cuestiones para señalar. Por un lado, que la desaceleración de la inflación va acompañada de una desaceleración de la actividad económica, mostrando en este último Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner un preocupante estancamiento económico, con pérdida de empleo. Por otro lado, el ministro de Economía parece estar convencido de que la inflación -a estos niveles- es necesaria, lo que obliga a los argentinos a convivir con una moneda enferma, que afecta y reduce el potencial de crecimiento de los próximos años.

6. La devaluación es una consecuencia inevitable por la enorme expansión de la circulación y el bajo nivel de reservas.

Con estos niveles de inflación que el ministro de Economía reconoce, la dolarización espontánea es una consecuencia obvia. Pretender que la gente acepte la pesificación porque existe “estabilidad en la política económica”, que genera a su vez una “inflación estable” superior al 20 %, es confundir causalidad. Si realmente deseamos la pesificación, debemos empezar por la estabilidad monetaria, que el Ministro de Economía declaró que es un aspecto secundario como objetivo de política económica. Si a la vez tenemos en cuenta la relación pesos en circulación frente a dólares en reservas netas del Banco Central, la tendencia ofrece un tipo de cambio de largo plazo superior a $ 20, que es lo que -en definitiva- marca la expectativa del mercado. Quienes hoy especulamos con una devaluación, lo hacemos porque entendemos que es una consecuencia inevitable de la política monetaria del Banco Central, que solo se puede postergar a costa de seguir perdiendo reservas, aun con innumerables cepos que la economía ya no puede soportar.

7. El tipo de cambio que importa es el real, no el nominal.

En este aspecto, preocupa además la comparación que hace el ministro de Economía con Brasil. Mientras Argentina pasó el tipo de cambio oficial de 3 a 9 pesos por dólar, en Brasil pasaron de 4 reales por dólar -cuando asume Lula da Silva- a 3,30 reales por dólar hoy, comparación que ilustró para identificar su problemática apreciación cambiaria. Habría que señalarle al ministro de Economía, sin embargo, que la evolución del tipo de cambio nominal no representa nada, y menos aun en un país como Argentina, donde la inflación ha tenido valores elevados. Reconocer esta situación lo llevaría a comprender que la misma apreciación cambiaria que criticó en Brasil es la que sufre hoy la economía argentina, y no como consecuencia del desarrollo productivo, sino como consecuencia de la política económica elegida.

8. La “fatal arrogancia” de creer que se puede controlar todo el mercado.

El ministro de Economía señaló que es natural que los importadores soliciten un dólar más barato, mientras los exportadores pretenden un dólar más caro. Ofreció el ejemplo de un industrial que resultó librecambista para el insumo, pero proteccionista para el producto. A partir de allí justificó el proteccionismo, los cepos y una política económica selectiva, dirigida y coordinada por él y su equipo. Esto atrasa el debate de política económica, por lo menos, hasta 1810, cuando Manuel Belgrano enfrentó los intereses creados de todos aquellos que se veían favorecidos por la política económica de la colonia. También cae el ministro de Economía en la fatal arrogancia de creer que realmente puede controlar todas las operaciones del mercado. El ministro de Economía no parece saber distinguir entre empresarios y pseudoempresarios, o entre industriales y pseudoindustriales. El objetivo de la política económica debería estar basado en la igualdad ante la ley, lejos del clientelismo político y tendría que dar lugar -de una buena vez- a los empresarios en serio, sean chicos o grandes.

Cierro con las sabias palabras de Frédéric Bastiat (1850): “Yo, lo confieso, soy de los que piensan que la capacidad de elección y el impulso deben venir de abajo, no de arriba, y de los ciudadanos, no del legislador. La doctrina contraria me parece que conduce al aniquilamiento de la libertad y de la dignidad humanas.”

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Amado Boudou, apenas otro soldado…

Por Gabriela Pousa. Publicado el 2/6/14 en: http://www.perspectivaspoliticas.info/amado-boudou-apenas-otro-soldado/

 

Se robaron todo. Desde lo más nimio hasta lo más grande. Desde el espacio de la estatua de Colón hasta la fábrica de billetes, desde los terrenos fiscales en El Calafate hasta los medios de comunicación. Desde la independencia legislativa hasta la justicia imparcial, desde la cultura hasta la moral.

Se van. Pero se van a medias. Dejan herencia para que se los recuerde durante muchos años.. Además hay “soldados de la causa” esparcidos en todo espacio político, me refiero a inescrupulosos aspirantes a ser o seguir siendo garrapatas de un Estado desvirtuado e ineficiente en lo más básico: salud, educación, seguridad.

En once años han alterado mucho más que la institucionalidad del país. Han menguado la calidad de vida de los argentinos que, paradójicamente o no, se lo permitimos... Ahora, los ojos se fijan en Amado Boudou que, en rigor de verdad, no es sino un caso más, como lo fuera en su momento Guillermo Moreno.

Ambos han hecho lo que el matrimonio Kirchner les han pedido que hagan. Ambos son soldados, no forman ejércitos aislados. El autor intelectual de lo que acontece ha muerto, la autora material ocupa el Ejecutivo Nacional. Boudou es la herramienta, el ejecutor del capricho presidencial. Todos lo sabemos. Sin Cristina no hay Amado.

Quizás sea un buen momento para poner el foco en la sociedad más que en la dirigencia por eso, y por dos razones básicas más: 1) el gobierno no hace sino aquello que la gente le deja hacer 2) los dirigentes no son foráneos, son emergentes de los ciudadanos.

Este último punto, Cristina lo ha asimilado con maestría. No en vano lucha por situarse del lado del argentino medio, precisamente aquel que frente a la mencionada hipótesis reacciona contundente: “Yo no los he votado”. Pero claro, una cosa es la responsabilidad intrínseca de todo ciudadano, y otra muy diferente la de su Presidente.

Aferrada a aquel slogan que utilizara hace unos años cuando se situó a sí misma como “primera ciudadana”, adopta la conducta de cualquiera de nosotros. Pero a no confundirse: no es igualdad, es estrategia. No es empatía, es conveniencia.

Así, frente a cualquier evidencia de la ignominia que genera, se lava las manos o sale a hablar como si estuviese en una mesa de bar: “Vamos che, no me vengan a decir que no están mejor que hace diez años“, nos contó un día. Y sin rigor científico en los datos sostuvo que Argentina supera a Australia y Canadá como quien dice que Funes Mori es mejor que Messi o Neymar.

En definitiva, habla como hablaba la “Doña Rosa” de Neustadt o la Salustriana de su cadena nacional desde la más supina ignorancia. Ahora bien, la ignorancia de aquellas es involuntaria carencia de conocimiento en la materia, en cambio, la ignorancia de la Presidente corresponde o debería corresponder a la categoría de “administración fraudulenta”, a delito de estafa, de traición a la Patria.

Lo de ella no es ausencia de conocimientos sino manipulación adrede de estos, utilización oportunista de amnesia, fabricación adulterada de estadísticas, tergiversación de la historia y sistematización de la mentira. En una palabra, es el relato perverso y maniqueo estructurado para deshacerse de responsabilidades, situándose en un rol que no le corresponde. No es víctima es victimario.

Cristina no es una ciudadana más que puede juzgarnos y decirnos cómo vivir desde atrás de un atril. En todo caso, somos nosotros quienes podemos demandarla al igual que Dios y la Patria. No hacerlo deviene de haber convertido a la democracia representativa en una democracia meramente delegativa.

Tampoco puede la titular del Ejecutivo hacer silencio frente a lo que está sucediendo. Usted o el vecino puede no opinar sobre Amado Boudou y Ciccone, pero quién lo llevó a la vicepresidencia de la Nación debe ineludiblemente dar una explicación. Los roles están alterados y en consecuencia, mal actuados.

La gente entiende el país como caparazón donde ampararse, no como propietarios comprometidos a mantenerlo en buen estado. Hay un sentido utilitario de ciudadano, así como también lo hay de la política. Todo es “a conveniencia”, de uno u otro lado.

En ese sentido, es grande la similitud entre la jefe de Estado y los soberanos. Ambos se equivocan en su conducta. Una no administra para el bienestar común, y el resto acepta la desidia mientras pueda sobrellevarla, o mientras en el bolsillo haya plata.

En rigor, estamos sumidos en una mediocridad espantosa que no sólo nos borra del mundo civilizado, sino que nos lleva a vivir la Argentina como una jungla: sin ley, sin norma, sin premios ni castigos. Una jungla donde prevalece el más fuerte no él más idóneo, donde al talentoso lo relega el escandaloso, la moral pasó de moda, y la virtud… La virtud apenas si quedó en algún libro de la biblioteca, de esos que nunca se abrieron pero que están allí porque el lomo combina con los sillones o las cortinas.

No nos engañemos. Boudou no era una eminencia económica. Siquiera era simpático, de ojos claros. Antes de ser bendecido con su actual cargo, su mérito fue saquear las AFJP. Al currículum lo venció un capricho y un prontuario.

Estamos confinados a una mediocracia excesiva por ausencia de compromiso cívico, de coraje, de valentía. Por ejemplo, acompañar la “cruzada” del Dr. José María Campagnoli no es ir y levantar un pedestal al fiscal sino defender lo que nos corresponde: la institucionalidad que será garantía de república y libertad.

Con el “yo no la voté” no nos desligamos de culpa si acaso después no lo acompañamos por algo más que la mera queja urbana, el lloriqueo de sobremesa y el confort de la derrota.

Porque la victoria no da derechos, obliga, mientras el fracaso ofrece el descanso de la “victimología”, una de las peores drogas de estos días. Entonces, en el rol de víctimas, nos creemos con razones para cruzarnos de brazos y exigir que todo, incluso la solución, nos sea dado. En idéntico rol se posiciona la jefe de Estado, no hace nada de lo que debería hacer. Sin embargo, el silencio otorga, sigue otorgando…

De ese modo, en la inacción permanente, terminamos apañando el populismo, y soportando figuras de la talla de Amado al frente de alguna facción que no hace sino responder, obedientemente, a la Jefe de Estado.

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Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

Es el gasto público, te guste o no.

Por José Benegas. Publicado el 2/5/14 en http://josebenegas.com/2014/05/02/es-el-gasto-publico-te-guste-o-no/

 

Los llamados niveles de pobreza son similares, algunos dicen incluso superiores a los del 2001. Digo llamados porque es el objetivo bajito que se pone el estado para auditar su “política social” Para medirse a sí mismo es humilde al extremo, para exigirle al mercado es Torquemada.

La industria demanda menos empleos y tiene menos puestos que en el 2000, plena recesión, nos cuenta Daniel Sticco hoy en Infobae.com basado en datos del indeK. Sumemoslé alta inflación y consumo del capital instalado que había tras una década de una relativa apertura.

¿Qué tienen el período de la década del noventa con estos 14 años? A los comentaristas públicos, seguidores del humor futbolístico de ocasión de un país chanta les encanta decir la frase “esto es igual al menemismo”. Se la festejan entre ellos. La otra es que cuando esta señora millonaria tiene que pagar las cuentas de su apropiación del estado y su demagogia de manual es que hay un “giro a la derecha”. La fiesta es de izquierda y las cuentas son de derecha.

Es cierto que tienen algo en común el fin de la década del 90 y esta de los bandidos. Dos cosas para ser más precisos:

1. Descontrol en el gasto público. En el primer caso se ahogó a un mercado fortalecido en el inicio del período y en el segundo se ahogó a un mercado abierto por condiciones extraordinarias y una capacidad instalada de la recesión precedente, que a su vez se encaró con una brutal caída de salarios y la licuación de aquél gasto público vía devaluación.

El gasto público empobrece. Es un costo general sobre la actividad de todos. Cuando llevamos una tabla desde el aserradero a la obra en construcción, hay un plus de esfuerzo (¿dicen 40%?) que hay que hacer para que esa acción nos beneficie del mismo modo que si no tuviéramos unos mantenidos a cuestas. Cuando nos pagan por ese trabajo nos damos cuenta encima que tampoco nos rindió como esperábamos porque hay otro porcentaje (¿otro 40%?) al que se lo comen imprimiendo billetes. Ese es nuestro empobrecimiento que consiste en que tener algo nos cueste más y que cada vez más cosas no valga la pena hacerlas porque el costo supera al beneficio. Al margen una masa de la población se cae de la economía. Y antes de esta pérdida de empleos y de pobreza oficial, en la era chiflada se comieron el capital, las AFJP, el valor extraordinario de las exportaciones y el Banco Central.

2. Sus alternativas políticas. En ambos casos estas décadas terminan siendo explicadas por sus posibles sucesores de modo al revés al real. La Alianza pensaba que el problema de Menem eran las privatizaciones, la falta de control de la economía y de reparto de dinero a la capa empobrecida por el propio estado. Es decir el diagnóstico era al revés y así terminó esa experiencia. La actual oposición está pensando en un kirchnerismo bueno, más repartismo como solución, más gasto y menos responsabilidad.

El relato argentino, no el K, es así. Empieza en el propio menemismo pero podríamos ir más atrás y cada consigna es consecuencia de la o las anteriores:

1. “Ahora que la economía está pum para arriba, es hora de hacer peronismo tradicional y darle al gasto público” (1995, crisis del Tequila).

2. “La recesión es porque éste es el primero y gran gobierno corrupto de la Argentina, hay que parir una república de buenos” (Carrió – Verbisky – opinadores). “Hay que aumentar los controles, los impuestos, obtener más financiamiento” (2000 – Alianza), y “calidad institucional” (gente sin patillas – ongs de corrección política).

3. “El problema fue el mercado, la locura de creer que la gente produce sin un general económico a cargo. También la convertibilidad y la corrupción. Cuidado con los bancos que se están llevando la plata” (jueces federales deteniendo camiones de caudales pensando que el crack era salida de dinero físico – 2001 Duhalde – Clarín – Unión Industrial).

4. “Nunca existió el gobierno de la Alianza. LLegó Kirchner a poner fin a la década menemista, la corrupción y la falta de calidad institucional. Viva el estado. Kirchner tiene un estilo”. “La corte menemista se voltea en nombre de la calidad institucional y la independencia del poder judicial”. “Abajo los militares, arriba los terroristas, Hebe de Bonafini es la abuelita de caperucita”. “Kirchner está argentinizando” (capturar empresas de modo extorsivo para entregarla a amigos). “Lo importante es que se termine el menemismo” (2003/2005, abrumadoramente todos)

5. “El campo es malo” (Kirchner). “Kirchner cambió” (el campo – Clarín). “Kirchner no es el príncipe encantador y es un poquito autoritario” (A dos Voces). “No hay inflación, son reacomodamientos de precios”. “Está bien que mienta con los índices, es re piola, nos está haciendo zafar de de pagarle a los tenedores de bonos ajustados” (2007).

6. “Clarín es la explicación de todos los problemas, problemas no existen, solo mentiras de los medios” (Kirchner). “Lo importante es ponerle buena onda” (PRO). “Lo importante es repartirle plata a la gente” (Carrió) “¿Qué les pasó?” (Tenembaum) (2007-2011). “El problema es no repartir: Asignación Universal por Hijo”.

7. “Comer chancho es afrodisíaco, vamos por todo” (CFK). “Cristina tiene que terminar su mandato” (2011). “Nestor era distinto”.

8. Que roben, que mientan, que destruyan la economía, que liquiden la moneda, pero cuiden a Cristina (Papa Francisco).

9. “El problema es que el gobierno fue menemista y hace falta que lleguen unos socialistas de verdad que además le pongan onda”. “No al giro a la derecha” (UNEN). “Volver al primer kirchnerismo con las viudas del kirchnerismo” (Massa)

Es una apretada síntesis de sucesión de dogmas. Tengo la impresión de que cuando las cosas se hacen igual de mal y se miente de la misma manera, todo termina igual. En un caso se comieron la apertura, las privatizaciones y la desregulación, aunque estos beneficios no se perdieron. En el otro se perdió el llamado viento de cola, el capital ya instalado, la facilidad de la licuación del gasto público de la devaluación, las AFJP, las reservas del Banco Central, la moneda y la razón.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

Cortes de luz: el costo de la fiesta de consumo

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 22/12/13 en:  http://economiaparatodos.net/cortes-de-luz-el-costo-de-la-fiesta-de-consumo/

La crisis energética que se tradujo en los padecimientos que sufrió mucha gente con cortes de luz durante días, falta de agua, pérdida de alimentos porque no funcionaban las heladeras, etc. es parte de la factura que hay que empezar a pagar por la fiesta de consumo artificial de todos estos años de populismo.

Desde esta columna insistí hasta el cansancio que el gobierno, en su búsqueda de apoyo político, había exacerbado el consumo en forma artificial. La gente estaba feliz comprando televisores, celulares, autos, zapatillas y demás bienes de consumo durable, todo en 50 cuotas y “sin intereses”. La advertencia era que ese consumo no estaba fundado en un aumento de la productividad de la economía derivado de más inversiones, nuevos puestos de trabajo y mejores salarios reales.

¿Cómo se financió entonces esa fiesta? En parte consumiendo el stock de capital existente. Uno de los mecanismos que utilizó el gobierno para estimular el consumo consistió en dejar congeladas las tarifas de los servicios públicos (luz, gas, agua, transporte) para que la gente gastara menos en esos rubros y ese  dinero pudiera destinarlo a comprar bienes de consumo durable y no durable. Ahora bien, ¿cómo se financiaron esas tarifas baratas de servicios públicos? Con subsidios y consumiendo el stock de capital.

Lo que hizo el gobierno fue no dejar margen para que se mantuviera y ampliara el sistema energético, tanto en la generación, como en el transporte y en la distribución. En los días que colapsó el sistema energético, y va a seguir colapsando cada vez que la temperatura suba, también se estuvo al límite de colapsar la generación de energía porque se está al límite de la capacidad de generación. Para que se entienda mejor tomemos un equipo de fútbol, el director técnico tiene que tener un plantel mayor a los 11 jugadores porque siempre habrá alguno lesionado, con tarjetas amarillas o rojas que no les permiten jugar por algunas fechas, etc. El director técnico necesita más que 11 jugadores, más los que van al banco. Con el sistema energético pasa lo mismo. Si el sistema puede producir 100, no siempre está produciendo 100 porque hay equipos que entran en mantenimiento, o las represas no están trabajando a full porque no tienen suficiente agua y otros problemas. El sistema energético tiene que tener más jugadores en el banco para reemplaza usinas que puedan fallar o entrar en revisión técnica. Bueno, por falta de inversiones, el sistema energético argentino está como un equipo de fútbol con solo 11 jugadores y, encima, algunos tienen que jugar lesionados porque no hay reemplazos.

Luego está el problema de la distribución. Mucha gente ha protestado contra EDENOR y EDESUR por no tener luz. Claro, es la cara visible del problema y el gobierno, como es su costumbre, le echa la culpa a estas empresas por la falta de luz. La realidad es que de los miles de millones de dólares que se malgastan en subsidios energéticos no van a parar a las distribuidoras, que son EDESUR y EDENOR en CABA y gran Buenos Aires. Apenas reciben unos pocos pesos y sus balances están en rojo porque las tarifas que ellos cobran no les alcanzan ni para pagar la energía que distribuyen en los domicilios. ¿Dónde va el dinero? A cubrir la diferencia entre lo que cuesta generar la energía y lo que se cobra por ella. Por eso las distribuidoras de energía no pueden mantener adecuadamente la parte del sistema energético que les corresponde. Transformadores, cables, cuadrillas de mantenimiento, sueldos, etc. son parte del costo que no es cubierto por los ingresos que reciben por distribuir la energía. La realidad, que el gobierno se niega a reconocer, es que ellos sabía que para sostener artificialmente bajas las tarifas de energía había que subsidiar la generación de energía y consumirse el stock de capital heredado de los 90. Sí, hasta el antimenemista más acérrimo debería reconocer que el mejor marco regulatorio de las privatizaciones de los 90 fue el del sistema energético. El kirchnerismo heredó ese fenomenal stock de capital en generación, transmisión y distribución de energía. Recuerdo que al comienzo del gobierno k uno conocedor de estos temas me dijo: estos bichos tardan mucho en morir, refiriéndose al aparato energético. Bueno, ya están muriendo. Ahora bien, no mueren por muerte natural, sino que fueron asesinados para alimentar la fiesta artificial de consumo.

Según mis cuentas, entre 2006 y 2013 se destinaron subsidios al sistema energético por U$S 57.500 millones. A pesar de semejante cifra, hoy la gente no tiene luz y encima hay que estar importando combustibles para sostener en funcionamiento la generación. Más disparatado no podía haber resultado el esquema. Pero la realidad es que la furia de la gente por los cortes de luz debería ser contra ella misma. O al menos deberían ponerse furiosos aquellos que ingenuamente votaron este modelo porque les permitía comprar celulares, televisores y todo tipo de electrodomésticos. Lo que no le dijeron o mejor dicho se lo dijeron muchos expertos y no quisieron escuchar, fue que esa borrachera de consumo tenía como destino la actual falta de luz con todos los problemas que ello acarrea. Que esa borrachera se financiaba, en parte, con este consumo de stock de capital que conducía a no tener luz. Y ahora que no tenemos luz, Capitanich, muy suelto de cuerpo, sale a decir que si las empresas no están dispuestas a prestar un buen servicio, el Estado se encargará directamente de prestarlo. Es decir, amenaza con una estatización. En el mundo k todo es posible, la pregunta es: ¿con qué dinero van a financiar la compra de nuevos transformadores, cables, costo de las cuadrillas, etc. si tienen el tesoro tiene un déficit fiscal fenomenal de más de $ 100.00?0 millones este año? Digo, ¿con qué van a financiar el las inversiones sin tocar las tarifas que les permiten aplicar a las distribuidoras?

Es lo mismo que pasa con los trenes. Le dieron a la gente un boleto “barato” pero se producen accidentes fatales y otros no tan fatales pero serios que no salen en los diarios. Qué responda el gobierno, ¿si la semana pasada una formación de la línea Retiro-Tigre no tuvo que parar en el medio de estaciones, abrir las puertas de los vagones y decirle a la gente que saltara porque se incendiaba el tren?

Otra forma de financiar el consumo consistió en consumir el stock de capital en rutas. Basta transitar algunas de las principales rutas nacionales de la provincia de Buenos Aires, la 3, la 5, la 7 y la 8, para advertir el riesgo que implica manejar en esas viejas cintas asfálticas que ni siquiera están preparadas para soportar el paso de los gigantescos camiones que transportan mercaderías.

El kirchnerismo se consumió nuestros ahorros en las AFJP, el sistema energético, las rutas, los puertos, las reservas del BCRA y encima nos matan con impuestos para financiar un gasto público gigantesco que no brinda los más mínimos servicios de los que tiene que brindar el Estado como, por ejemplo: seguridad.

Y como si todo esto fuera poco, la gente no solo padece la falta de luz, sino que, encima, la inflación nos está liquidando a todos. No les alcanzó con consumirse el stock de capital, esquilmarnos impositivamente y destruir el patrimonio del BCRA, que ahora la inflación se siente cada vez con mayor intensidad. El resultado es la caída del salario real y menor consumo. Así que ahora, gracias a ese populismo desenfrenado, tenemos menos consumo, falta la luz y, para colmo,  hay que importar combustibles.

Si lo que hicieron en todos estos años fuera una venganza cruel contra la gente, podríamos decir que les salió perfecto. Primero la drogaron con una fiesta de consumo y ahora no saben cómo parar los aumentos salariales que se les vienen encima.

En síntesis, la falta de luz que tanta furia genera en la gente es parte del costo que hay que pagar por la borrachera de consumo irresponsable que impulsó el gobierno. La mala noticia es que la falta de luz es solo una parte de la cuenta que hay que pagar. Espere unos meses más y verá la otra parte de la cuenta que le presentarán.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.