Gustavo Lázzari: “En mi fábrica tengo 19 vencimientos impositivos en 22 días hábiles”

Entrevista a Gustavo Lazzari. Publicado el 28/5/18 en: https://marcelolongobardi.cienradios.com/gustavo-lazzari-19-vencimientos-impositivos-22-dias-habiles/

 

El empresario PyME y economista, Gustavo Lázzari, habló sobre la excesiva presión tributaria que debe afrontar una empresa para producir en Argentina. “Una factura nuestra tiene más ítems para el Estado que para nosotros”, aseguró en diálogo con Longobardi.

Gustavo Lazzari

Marcelo Longobardi: ¿Cuántos impuestos hay en los argentinos?

Gustavo Lázzari: “Hace unos años salió un libro que se llamó “Los impuestos en Argentina” que habían contado 96 impuestos. Si agregamos los dos nuevos que hay, el de la renta financiera y el de circular por el microcentro, son 98. Son casi cien impuestos que repercuten en todos los consumidores. Uno cree que los impuestos caen sobre las personas que son gravadas. La economía es un sistema de vasos comunicantes. Eso termina en que el 43% de los alimentos es impuestos, el 58% en los autos, el 50 de las viviendas y el 55 las naftas. Ayer salió una publicidad de concesionarios de aeropuertos donde pone los datos de inversión, las datos de tasa, canon e impuestos. Toda la plata que gastaron en veinte años sólo el 35% fue a nuevos aeropuertos. Todo lo demás se lo llevó el Estado. Si el impuesto hubiera sido del 10%, hubiéramos tenido el doble de aeropuertos. Estoy en la fábrica en el escritorio. Cuando llegás a la fábrica y la primera pregunta es qué vence hoy, se hace difícil producir.

Marcelo Longobardi: ¿Qué vence hoy?

Gustavo Lázzari: En mi fábrica tengo 19 vencimientos impositivos en 22 días hábiles. Y hay meses donde hay 19 o 18 días hábiles. Sin contar lo que te descuentan por impuesto al cheque, percepciones, retenciones. A mí me preocupa porque lo lindo de una fábrica es cómo producir mejor. Eso es mucho mejor que pensar en ARBA, SICORE, que no contribuyen a crear valor.

Marcelo Longobardi: Estoy leyendo las siglas de los impuestos. ARCIBA, AFIP, SICORE, SIRCREB, FM31, AGC, IGJ, ONCA, ADUANA…

Gustavo Lázzari: “Yo tengo una PYME y cae más fuertemente sobre una PyME. Como los fiscos no se animan a ir a recaudar, nos mandan a nosotros. Somos agentes de percepción, de retención. Una factura nuestra tiene más ítems para el Estado que para nosotros. Ni hablar que cada uno revise su extracto bancario. Revisé el mío y de once carillas, mías eran tres. Todas las demás eran impuestos”.

Marcelo Longobardi: Hay ocho millones de contribuyentes que financian a 20 millones de argentinos.

Gustavo Lázzari: Entre empleados públicos, planes sociales y beneficiarios de todo tipo de planes tenés 20 millones de cheques todos los meses. Y ocho millones de tipos que aportan. Por más que cada uno tenga su justificación, la realidad es que 20 es mayor que ocho y que ocho no pueden bancar a 20. Sobre las PYMES pesa toda una maraña regulatoria que no dejan de ser impuestos escondidos. Desde transportar es muy difícil, yo tengo un frigorífico y transportarla son 22 trámites que el fletero debe tener al día. Además, las empresas en muchos casos somos el campo de batalla de una interna sindical. Llega un momento donde las empresas somos una suerte de pececito que cayó en un balde de pirañas. Cuando el Presidente dice seamos el supermercado del mundo, fenómeno, pero bajennos la mochila porque así no se puede ni respirar”.

 

Gustavo Lazzari es Licenciado en Economía, (UCA), Fue Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, y fue investigador del Proyecto de Políticas Públicas de ESEADE entre 1991-92, y profesor de Principios de Economía de 1993 a 1998 y en 2002. Es empresario.

Un fanatismo que no construye

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 15/8/17 en: http://economiaparatodos.net/un-fanatismo-que-no-construye/

 

El fanatismo que se observa en parte del macrismo no contribuye a solucionar los problemas

Sin duda que millones de argentinos respiran con mayor tranquilidad luego de 12 años en que el kircherismo no paraba de atropellar a los que pensaban diferente, atacar el orden institucional, usar a la AFIP como una KGB para perseguir a quienes pensábamos diferente y ser uno de los gobierno más corruptos de la historia argentina.

Superado ese traumático período de la historia argentina, en que casi terminamos en una tiranía enunciado en el vamos por todo, quedó un pánico de tal envergadura en mucha gente, que hoy día es casi imposible intercambiar ideas incluso con amigos que siempre fueron antikirchneristas. Ese pánico los lleva a defender todo lo que hace el gobierno adoptando una posición casi como los fanáticos k. Eso se puede ver muy bien en las redes sociales, convertidas casi en una cloaca, donde antes los cyberk insultaban sin piedad y ahora los macristas tienen un comportamiento similar o bien tratan de justificar lo injustificable. Pero, insisto, no se da solo en las redes sociales. Amigos que siempre compartieron ideas y valores tienden a justificar casi ciegamente todo lo que hace el gobierno y no creo que ese camino sea el mejor para ayudar incluso al gobierno de Macri.

Cuando uno plantea que es necesario bajar el gasto público y la carga impositiva, saltan los argumentos de siempre: eso no se puede hacer porque no tienen el poder político para llevarlo a cabo. En rigor en diciembre de 2015 el gobierno, si bien no tenía un cheque en blanco, tenía margen para iniciar un proceso de reestructuración del estado. Pero supongamos que nunca hubiese tenido ese poder, lo que los economistas podemos decir es que las explicaciones de carácter político no resuelven el problema económico. Recuerdo el libro de William Hutt, ¿Politically Imposible? que en español fue titulado como El Economista y la Política, en el que Hutt cita la siguiente frase: “muchas veces los economistas terminan asesorando a los políticos, para que éstos hagan lo que hubiesen hecho si no hubieran sido asesorados por economistas”. En otras palabras, muchas veces, los economistas que llegan al gobierno aceptan las restricciones políticas y terminan armando un plan económico inconsistente que solo busca ganar tiempo para que el político alcance ciertos objetivos que generalmente no se cumplen. El plan primavera de 1988 que desembocó en la hiperinflación de 1989 es un claro ejemplo de economistas armando un plan que termina siendo una bomba de tiempo para que le explote al próximo gobierno. En este caso le terminó explotando al mismo gobierno radical.

Sin embargo, ante la evidencia de la inconsistencia que tiene la política económica, encima con la carga de una herencia k muy pesada, la reacción de los ultra macristas es de molestarse, ningunear o bien reaccionar con vehemencia. Nadie dice que sea fácil la tarea que le espera al gobierno, pero tampoco un economista serio puede empezar a comprar el delirio de que tomando deuda a paso acelerado y haciendo crecer el gasto cuasifiscal en forma exponencial van a solucionarse los problemas. De lo que se trata es que comprendan que la dosis de antibióticos es insuficiente para frenar la infección. Podrán argumentar todo lo que quieran desde el punto de vista político, pero la infección seguirá avanzando y complicando más el cuadro.

El punto que siempre discuto con los defensores a ultranza del gobierno es plantearse si las medidas que se adoptan alcanzan para dominar la herencia recibida. En otras palabras, no es que planteo el máximo de medidas que uno desearía tomar para transformar la economía argentina y sacarla de esta larga decadencia. Mi planteo es mucho más humilde. Mi planteo es si lo que se está haciendo alcanza para dominar la herencia recibida sin que le estalle al gobierno. Justamente el año pasado un grupo de economistas redactamos un informe y luego lo debatimos con Carlos Rodriguez y Ricardo López Murphy, en el cual plateamos las medidas básicas que habría que tomar para dominar la herencia recibida y entrar en una senda de crecimiento. Francamente lo que hay que hacer es mucho más potente que lo que se hizo hasta ahora. Por el contrario, al adoptar una política gradualista, el BCRA acumuló un gasto cuasifiscal con un stock de LEBACs que no va a ser tan sencillo de desarmar. Puesto en otras palabras, al campo minado que dejó el kirchnerismo, en su búsqueda por comprar tiempo, este gobierno le agregó otra mina más que habrá que desactivar.

El fanatismo que se observa en parte del macrismo no contribuye a solucionar los problemas. Se ciegan viendo en todo comentario una crítica destructiva cuando los comentarios o incluso las críticas pueden ayudar, y ese fanatismo los conduce a ir encerrándose en mayores problemas.

El mismo jefe de gabinete, Marcos Peña, llegó a afirmar que para el Gobierno, “pensar” no es importante, y que se puede gobernar el país siendo “entusiasta y optimista”.

Dijo Peña: “En la Argentina se piensa que ser crítico es ser inteligente, pero nosotros creemos que ser entusiasta y optimista es ser inteligente, y que el pensamiento crítico llevado al extremo, le ha hecho mucho daño a la Argentina”

Entre esta afirmación y el relato k que inventaba cifras para mostrar que todo estaba fantástico, no hay mucha diferencia. Ambas posiciones son ficciones.

En síntesis, enojarse con los que piensan diferente no hace más que crear otra grieta más. Estarían los kircheristas y antikirchneristas, pero en el medio estaríamos todos los que no somos kirchneristas y no coincidimos con todo lo que hace el gobierno y somos vistos como el enemigo porque no compartimos la idea voluntarista del entusiasmo y optimismo. Sin duda hay que ser entusiasta y optimista, pero no se puede ser estúpido y no ver la realidad.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

¿Qué le pasa al blue?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 9/2/15 en: http://economiaparatodos.net/que-le-pasa-al-blue/

 

Hace ya algunas semanas que el dólar blue muestra estancamiento o retroceso. Las condiciones económicas del país, sin embargo, no han cambiado. ¿Por qué, entonces, baja el blue?

Es importante distinguir entre movimientos estacionales y la tendencia, y la presencia de ciertas decisiones políticas que pueden afectar la cotización del blue. A esto se suma la dificultad de que al ser un mercado en negro no hay datos certeros de volumen, transacciones, etc.

En primer lugar, en los meses de vacaciones puede darse una “reversión” del mercado. Es decir, quienes demandan dólares a los largo del año, los venden para ayudar a financiar los costos asociados a las vacaciones. Esto hace disminuir la demanda y aumentar la oferta; ambos efectos que llevan a una caída de la cotización. Como se aprecia en el gráfico que acompaña al final de esta nota, en torno a los meses de verano se percibe una caída o desaceleración de la cotización del blue.

En segundo lugar, la AFIP ha aumentado los dólares autorizados a ser comprados por particulares. Esto hace que los pesos destinados a comprar dólares al tipo de cambio oficial no se destinen a la compra de dólares en el mercado blue. A su vez, los dólares adquiridos en el mercado oficial pueden ser revendidos en el mercado blue generando nuevamente dos efectos que llevan a una caída en la cotización del blue. Si bien a relación no es totalmente transparente, se pueden percibir algunos efectos. El siguiente gráfico muestra en columnas la variación porcentual en las ventas de dólares efectivizadas (ahorro y turismo) a tipo de cambio oficial [eje derecho] y en línea la cotización del dólar blue [eje izquierdo].

 

GRAFICO 1 NICO

 

El dólar blue comienza a subir en abril/mayo del 2014 luego de una disminución en la compra de dólares oficiales. La compra de dólares oficiales se incrementa en los meses siguientes, pero el blue no cae (aunque la suba se acelera con la disminución en el aumento de la autorización de dólares oficiales en Agosto). En septiembre la compas de dólares oficiales aumenta casi un 50%, luego de lo cual el dólar blue si comienza caer, efecto que se revierte cuando se disminuye la venta de dólares oficiales en noviembre.

Pero estos movimientos de corto plazo no debe hacernos perder la perspectiva del dólar blue. Desde el 2009 que el blue  muestra un acelerado aumento. Si bien son varios los factores de los que depende la cotización del dólar,  la inflación es uno de los más importantes. Un simple ejemplo ilustra este efecto. Supongamos que tiene la oportunidad de comprar un plasma TV a 100ARS o a 100USD en el exterior. Un tipo de cambio de equilibrio seria 1ARS = 1USD de modo tal que es indistinto (ignorando flete, etc.) dónde se compra el plasma TV. Supongamos ahora que la inflación en Argentina es del 10% y el precio del plasma TV sube a 110ARS. El nuevo tipo de cambio de equilibrio es 1.10ARS = 1USD, de modo tal que nuevamente es indistinto donde se compra el TV plasma, en ambos casos el costo en pesos es de 110, ya sea porque se compra la TV, o se compran 100USD con 110ARS. Ahora la inflación en USA es del 5%, por lo que el precio del plasma TV aumentó a 105USD. Ahora el tipo de cambio de equilibrio es 1.0478ARS = 1USD (110ARS/105USD). A un precio de 105USD son necesario 110ARS para comprar el plasma TV en el exterior, el mismo precio en ARS al que se puede adquirir domésticamente.

Es decir, es la inflación lo que mueve al blue, y no movimiento del blue lo que genera inflación.

Es decir, el tipo de cambio evoluciona al ritmo de la inflación en Argentina menos la inflación en USD en el resto del mundo. La inflación en Argentina comienza a acelerarse en el 2007. Lo que vemos en el siguiente gráfico es la evolución (1) del dólar oficial [negro], (2) del dólar blue [azul] y (3) de cuál debería ser la cotización tomando en cuenta la inflación Argentina menos la inflación en USD [rojo]. En primer lugar, más allá de los sobresaltos, se aprecia que el blue tiene converger a la línea roja. El gráfico también muestra que, en términos históricos, el blue se agacha para saltar, no baja. Tomando los picos de los dos últimos saltos se ve que la devaluación anualizada fue del 48.6% y del 37.9%. En ambos casos los picos alcanzan a la línea roja.

 

GRAFICO 2 NICO

 

Al menos que haya cambios de perspectivas sobre el futuro del país, un serio plan anti-inflacionario que controle el gasto público, etc., bien podemos estar ante una nueva agachada estacional del blue.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Los tres costosos años del cepo cambiario.

Por Adrián Ravier: Publicado el 28/10/14 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2014/10/28/los-tres-costosos-anos-del-cepo-cambiario/

 

Hace exactamente tres años, un 28 de octubre de 2011, con Amado Boudou como Ministro de Economía, se impulsaba desde la AFIP el “Programa de Consultas de Operaciones Cambiarias” a través de la Resolución General 3210/11. El cepo aparecía poco después de la reelección de la Presidente Cristina Fernández de Kirchner –victoriosa con el 54 % de los votos-, lo que había iniciado un proceso de fuga de capitales. El mercado se anticipaba entonces al endurecimiento del modelo en un sentido opuesto al de la libertad individual, los derechos de propiedad, la economía de mercado y el gobierno limitado.

Restricciones para todos

En ese entonces el dólar oficial cotizaba a $4.24, mientras que el paralelo apenas tomaba distancia hacia los $4.49, según informaban entonces los distintos medios de prensa. Unos pocos meses después, las empresas importadoras empezaron a requerir el visto bueno del Banco Central (BCRA) para hacer giros al exterior, lo que implicó demoras y complicaciones en la importación de productos básicos que se trasladaron muy pronto a las góndolas de los supermercados.

La Resolución General 3333 agravó aún más la situación, restringiendo la compra de divisas para viajar al exterior. La AFIP solicitaba que los interesados pidieran una autorización a la entidad, la que aprobaba o rechazaba las solicitudes al mismo tiempo que fijaba unilateral y arbitrariamente los montos.

El cepo impactó también en el mercado inmobiliario y en el atesoramiento. En el primer caso, debido a que las operaciones se hacían en divisas y los compradores tenían dificultades para obtenerlas. En el segundo caso, porque los ahorristas ya no podían obtener divisas al cambio oficial.

Por un tiempo, los turistas que salían del país disfrutaron de un subsidio, pagando sus gastos en el exterior con tarjeta de crédito y saldándolos en pesos al cambio oficial. Pero este acceso se cerró en agosto de 2013 con un recargo del 15 % primero, el que luego aumentó a un 35 %. Para fines de ese mes, el cambio oficial alcanzaba los $5,70, y el cambio informal o “blue”, los $9,40.

A partir del 20 de noviembre de ese mismo 2013, Axel Kicillof pasó a ser el Ministro de Economía, con un cambio oficial en $6,12, y un cambio paralelo en $9,04. No ha pasado un año aun de su gestión, y la devaluación en el cambio oficial llegó al 40 %, mientras que el paralelo acumuló una suba de más del 60 %, agrandando la brecha entre uno y otro. Recordemos que al abrir el mercado esta mañana el cambio oficial está en $8,55 y el blue en $14,55.

La economía argentina presenta desequilibrios fiscales, monetarios y cambiarios, lo que deja estanflación, con una inflación que diversos analistas privados estiman en torno al 40 % y una recesión que se agrava y multiplica a todos los sectores de la actividad económica.

El cepo es parte del modelo

No debemos esperar el fin del cepo cambiario al menos hasta inicios de 2016, cuando un nuevo gobierno entre en funciones y se proponga un cambio de modelo. El cepo cambiario es parte de este modelo, como lo fue el 1 a 1 en el modelo de la convertibilidad. La única forma de abandonar este cepo cambiario es que el modelo explote por los aires, o bien, que se decida una gradual transición hacia un nuevo modelo. Cuando uno de los pre-candidatos presidenciables dijo que el cepo puede levantarse en 90 días, se refería precisamente a esa transición, la que puede tomar variadas formas.

Cabe recordar mi propia propuesta de convertibilidad a $15 por dólar unos días después de la mencionada asunción de Kicillof, con el único objetivo de sincerar la situación cambiaria. Su aplicación en estos días, posiblemente nos conduzca a una devaluación mayor y más costosa, para fijar una nueva convertibilidad a más de $20 por dólar, valor que surge de dividir el circulante, por las reservas netas del BCRA. Lógicamente, esto debería ir acompañado de equilibrio fiscal -lo que requiere cierto ajuste- e independencia del BCRA para no seguir monetizando los déficits fiscales acumulados. La propuesta resolvería el atraso cambiario, a la vez que se terminaría la inflación.

Volviendo al modelo vigente, y por si quedan dudas, vale la pena señalar que, si se intentara abandonar el cepo cambiario en este momento, sin otros cambios de fondo, los ahorristas se lanzarían inmediatamente sobre los dólares al cambio oficial y la fuga de capitales dejaría al BCRA sin reservas para sostener nuestra ya débil moneda nacional. La inflación se aceleraría rápidamente con claros riesgos de hiperinflación.

Que el cepo explote junto con el modelo antes de las elecciones no parece un escenario probable. Por un lado, los derechos de exportación permiten aun que el gobierno cuente con reservas suficientes para sostener el tipo de cambio oficial, compensando la fuga de capitales. Pero además, sin la cláusula RUFO como obstáculo a partir de enero próximo, el acuerdo con los holdouts parece lógico, y con ello se abrirán fuentes de financiamiento que permitan sostener el golpeado modelo.

Se abriría con el acceso a la deuda pública, entonces, una nueva fase del populismo que no logrará resolver los problemas de fondo de la economía argentina, pero ayudarán a llegar al final de 2015 sin un abandono del modelo.

Un modelo que paradójicamente ya no incluye (sino que multiplica pobres y desempleados), que además requiere de endeudamiento para sostenerse, y que en definitiva parece ser “otro” modelo, diferente de aquel del relato oficial.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

El plan no se ajusta a los estándares antilavado

Por Roberto Durrieu. Publicado el 11/5/13 en http://www.lanacion.com.ar/1580897-el-plan-no-se-ajusta-a-los-estandares-antilavado

Las “empresas del delito” y los grupos mafiosos tienen un objetivo común: acumular poder económico con miras a financiar sus actividades criminales, con potencial suficiente para amenazar la paz y la seguridad de las naciones. Con el fin de detener el avance económico de las organizaciones delictivas, las Naciones Unidas diseñaron un sistema global de prevención y control del lavado de dinero, al cual nuestro país adhirió y ratificó por ley los tratados internacionales sobre la materia.

Sin embargo, existen países que se alejan del régimen supranacional antilavado al invitar a repatriar capitales con una promesa: no se investigará el origen de los fondos. El profesor Urger en su libro Compitiendo por el dinero criminal denominó esta política de inversión como la “Estrategia Seychelles”; luego de que el Estado de “Seychelles”, una isla de 80.000 habitantes del océano Índico, invitara en 1995 a los capitales del mundo a invertir en su país, sin indagar sobre la procedencia de la inversión, siempre y cuando la misma fuera superior a US$ 10.000.

En los últimos años, países como España, Italia y Rusia también desarrollaron políticas fiscales por el estilo, pero sin llegar a contradecir un elemento fundamental del sistema legal antilavado: conocer la entidad e identidad real de la inversión. Estos países desarrollaron planes de repatriación de activos, pero sus organismos de control se reservaron la facultad de examinar, rigurosamente, que las inversiones no provenieran de la delincuencia organizada.

El Poder Ejecutivo acaba de remitir al Congreso un megaplán de blanqueo de dólares, tendiente a reactivar los mercados energético e inmobiliario del país. La pregunta de rigor, entonces, consiste en determinar si el nuevo plan de blanqueo se trata de una “Estrategia Seychelles” o, por el contrario, se asimila más a una política fiscal como las desarrolladas anteriormente por España o Rusia.

Según el texto del proyecto, los requisitos para los que deseen blanquear sus ahorros en dólares blue (no declarados) están ligados, por ejemplo, al depósito del dinero en un banco argentino y a la presentación de declaraciones juradas ante la AFIP especificando el monto repatriado, la fecha de constitución y los datos personales del titular del depósito. También se indica que los funcionarios públicos, sus familiares y quienes estén imputados o mencionados en investigaciones penales sobre narcotráfico, trata de personas, venta de armas, prostitución infantil, fraudes, corrupción, entre otros delitos aberrantes, no podrán adherirse al blanqueo.

La propuesta oficial resulta ser un tanto ingenua e ineficiente. El proyecto no incluye mecanismos concretos y eficaces tendientes a evitar que el crimen organizado internacional (y nacional) invierta su dinero, por ejemplo, en nuestra empresa petrolera de bandera, a través de la utilización de “hombres de paja” o testaferros. Así, los delincuentes podrán exteriorizar su voluntad de blanquear sus ganancias en dólares, pero a nombre de una empresa o ciudadano honesto (sin prontuario), que actúe como prestanombre o pantalla de la maniobra. Los diseñadores del proyecto oficial deberían saber que la mafia y los ladrones profesionales nunca tocan a la puerta de tu casa en persona y con una cédula de identidad en la mano. El incentivo principal de todo criminal experimentado es reciclar sus ganancias con impunidad y sigilo. Y para ello, la utilización de testaferros, empresas fachada o sociedades off shore, es moneda corriente. El síntesis: el proyecto oficial se encarga de definir el cómo y el quién podrá adherirse al blanqueo; pero poco (o nada) se expresa sobre los mecanismos de control tendientes a distinguir entre los dólares blue que provengan de la simple evasión fiscal (los no declarados) y los que derivan de la corrupción, desarmaderos, venta de droga o armas.

El proyecto de ley no se ajusta, técnicamente, a los requerimientos internacionales antilavado. Es hora de que la dirigencia reaccione. Es hora de impedir, con políticas claras y efectivas, que el crimen organizado logre invertir sus activos en actividades comerciales de nuestro país.

 Roberto Durrieu (h) es Abogado, (UCA), Master en Derecho, (Duke University), y D. Phil in Law, (Oxford University). Ha sido profesor del Master en Derecho Empresario de ESEADE.