La conjetura interpretable o de la filosofía pura

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 16/2/20 en: http://bactriana.com/la-conjetura-interpretable-la-filosofia-pura/?fbclid=IwAR3caVbt44VBRlKaqzgSlsPf-2W1668dTCFG8i9eymxojbjE0hCMO3KJSeo

 

Ante estas cuestiones, no tenemos más que aceptar la noción de conjetura interpretativa para la intentio auctoris, que puede tener diversos grados de certeza.

Habíamos dicho que la hermenéutica es perfectamente compatible con la verdad y la certeza, que tiene que ver con habitar un mundo. Yo puedo decir «el decano del departamento de filosofía depende en última instancia del rector de la universidad» y puede ser perfectamente verdadero y cierto dado que habito ese mundo, estoy en él y lo «digo». ¿Pero se puede decir lo mismo con respecto a habitar el mundo del autor? Ya vimos que no, porque no somos el autor. Pero cuanto más habite yo el mundo del autor, más cercano estaré a la intentio auctoris. Habitar el mundo del autor es ir a su «yo y circunstancias» y por eso Ortega pudo escribir su ‘En torno a Galileo’, donde el «en torno a» significaba ese habitar (que es lo que no se hace cuando se dice «Galileo dijo que…» sin explicar por qué lo dijo).

La conjetura interpretativa no debe confundirse con «lo que me dijo a mí el autor», porque ello, que a veces puede ser lo más importante y definitorio, es la intentio lectoris. Varias veces yo he trabajado autores diciendo «qué elementos tomo de…», pero para construir mi propia teoría. Ello, sin embargo, implica que mi conjetura sobre lo que el autor quiso decir tiene que ser lo más cercana a su mundo. O sea, desde mi horizonte, desde mis pre-conceptos positivos, ir al de él, habitarlo, luego volver y hablar a mi lector, sobre lo que yo pienso sobre la base de lo que él pensó.

Para que la conjetura sea lo más cercana al mundo del autor, hay que responderse las siguientes preguntas:

– ¿Qué problema estaba tratando de resolver el autor?
¿Sobre qué horizonte histórico de problemas trabajaba?
– A partir de allí, evitaremos decir el qué sin decir el porqué, lo cual es imposible en un sentido profundo de qué dijo como comprensión, aunque posible con la analogía de tocar las notas sin comprender la melodía, o hablar desde el contexto sintáctico-semántico sin el pragmático.

Eso es, al hablar del autor diremos «dado que…» (horizonte de problemas), entonces respondió… que).

– ¿Cuál es el núcleo central del autor?

– ¿Cuál es su «protoplasma»?

Veamos estas dos últimas preguntas.

El núcleo central es lo estrictamente original del autor. Es su aporte clave. Es «lo que fundamentalmente vio».

Veamos, por ejemplo, el caso de Popper. Uno, ¿cuál era el horizonte de sus problemas? Esto es: ¿a quién estaba respondiendo? ¿Con quiénes estaba «discutiendo»? ¿Con los agustinistas? ¿Con los tomistas? No, con los neopositivistas. ¿Y qué les respondió? Que su criterio de demarcación era erróneo. ¿Y qué dijo entonces? Que el criterio de demarcación era la falsación. O sea, afirmó la falsación porque estaba debatiendo el criterio de demarcación con los neopositivistas.

No digo que esto sea tan sencillo, digo más o menos cómo debemos proceder. Ese es su núcleo central.
Una vez que identificamos su núcleo central, pueden venir otras preguntas. Por ejemplo, ¿estamos de acuerdo con ese núcleo, en todo o en parte? ¿Qué me aporta a mí ese núcleo? ¿Cuáles son sus consecuencias no intentadas? ¿Qué se le puede criticar? Pero si el núcleo central está mal identificado, todas esas posteriores respuestas estarán mal planteadas. Es coherente, por ejemplo, que Adorno haya estado en desacuerdo con Popper, porque Adorno identificó bien ese núcleo central y fue eso lo que rechazó comparándolo con su núcleo central. Esto es, el núcleo central de Popper estaba inscrito en un método hipotético deductivo que desde Adorno era parte de la noción de dominio de la razón instrumental y que por eso debía ser rechazado desde un ideal emancipatorio de la razón. Pero cuando un tomista rechaza la falsabilidad popperiana porque no está de acuerdo con lo que Popper dijo sobre metafísica, sobre Dios, sobre la inmortalidad del alma, sobre el libre albedrío o sobre su interpretación de Platón o Aristóteles, entonces está errando en la interpretación de su núcleo central. Porque nada de ello es su núcleo. Yo puedo estar en desacuerdo con lo que Hawking haya dicho de la existencia de Dios, pero ello no refuta sus teorías del universo en expansión, que son tal vez su núcleo central. Ello implica que al lado del núcleo puede haber un protoplasma. Un autor es una célula de afortunado caos e incoherencia, sobre todo, cuantos más son los temas de los que ha hablado. Pero su ADN está en su núcleo.
Sus protoplasmas pueden ser diversos, coherentes, incoherentes entre ellos o con el núcleo, más cercanos o más alejados de él, etc., pero no afectan al núcleo. Ello quiere decir que ese núcleo puede ser trasladado a otro lugar y dar frutos igual que un ADN celular en otra célula. Si sale un monstruo o no, ello depende de la habilidad de ese cirujano que es el lector.

Siguiendo con la analogía lakatosiana del núcleo central, su riqueza es proporcional a las hipótesis ad hoc coherentes con las cuales ese núcleo puede defender y a la vez expandirse a otros ámbitos. O sea, la riqueza del núcleo central puede ser su ventaja y a la vez su problema: tiende a ser «imperialista», tiende a «expandirse a otros ámbitos» precisamente porque su riqueza teorética le permite hacerlo, pero, a la vez, corre el riesgo de extrapolar indebidamente sus conclusiones, o sea, ir hacia lugares a los cuales llega solo negando otros ámbitos. El gran ejemplo de esto es Freud, cuando desde el núcleo central de su teoría de la neurosis (perfectamente apta para tratar acertadamente a un paciente, aunque no a todos en todo) se expande a la explicación del origen del judeocristianismo.
Lo interesante es que no lo hace incoherentemente, sino con la capacidad de expansión de su núcleo. La horda primitiva mata al padre, tiene culpa, le erigen el totem, surge el súper yo, la pulsión de vida se dirige a las hembras exogámicas, surge el tabú del incesto, y todo ello explicaría Dios, los mandamientos, el pecado original, la culpa, etc.

Claro, no es eso el cristianismo, pero puede ser explicado así porque el núcleo «da» para ello.
Refutar a Freud no es, entonces, decir que eso no es el cristianismo. Es obvio que el cristianismo no es eso, pero el núcleo central de Freud no es su noción del cristianismo. Refutar a Freud es negar que el inconsciente sea o exista tal cual él lo explica, y para ello se necesita una teoría de igual riqueza teorética.

Puede ser que estemos en desacuerdo con el núcleo central de un autor, pero aun así debemos reconocer su riqueza teórica, en generar en sus lectores y discípulos hipótesis ad hoc permanentes. Marx es un buen ejemplo de ello. Yo creo que su núcleo central es la dialéctica hegeliana convertida en una dialéctica materialista de la historia humana mediante su teoría de la explotación. Si me equivoco, será un caso de «autor hipotético». Pero ese núcleo central es fuente de innumerables hipótesis ad hoc y reinterpretaciones a lo largo del tiempo con el mismo esquema, cambiando contenidos. Lakatos lo ve como un caso de regresividad del núcleo central. Yo, no tanto. Los «nuevos colectivos explotados» se siguen reproduciendo, pero no arbitrariamente, sino coherentemente con ese núcleo. Antes, los explotados eran los obreros. Ahora son las mujeres, los indígenas, los gais, los trans, y el capitalismo se asocia con el heteropatriarcado blanco. Puede no divertirnos, pero sigue siendo Marx. Sigue siendo su riqueza. ¿Se le puede refutar? Claro que sí, pero no es fácil: hay que salir de Hegel e ir hacia el individuo, la persona individual (santo Tomás, Husserl), al individualismo metodológico y a la refutación de la teoría de la plusvalía de Marx: MengerBohm BawerkMisesHayek. No es nada fácil y por eso muchos que dicen ser no marxistas porque no coinciden con su materialismo, adoptan su teoría de la plusvalía: con ello su dialéctica y con ello su núcleo central de tal modo que, o viven felizmente
en la incoherencia, como casi todos, o se hacen totalmente marxistas. No se puede escapar. Es Hegel. O sales de él o entras en él, pero no hay medias tintas.
Las hipótesis ad hoc a veces se mezclan con las consecuencias no intentadas, pero se pueden diferenciar con el paso de la historia. La hipótesis ad hoc de Descartes para explicar la comunicación entre las dos res fue muy débil (la glándula pineal) pero una de sus principales consecuencias no intentadas es que hasta hoy se sigue hablando de «conciencia» para los problemas mente-cuerpo o mente-cerebro. Descartes sigue vivo.

Las consecuencias no intentadas tienen que ver con lo que Popper llamaba el mundo, el mundo de las teorías en sí mismas. La teoría nunca puede estar «suelta» de ningún mundo, pero sí puede soltarse del mundo del autor y ser adoptada por el mundo del lector, en cierta medida, sin que el autor pueda hacer nada al respecto. Ningún problema con ello; sucede todo el tiempo, y por eso hay autores «clásicos»: porque siempre va a producir consecuencias en el horizonte de los lectores. Claro, eso produce grandes malentendidos cuando los lectores no saben diferenciar entre ellos y el autor, pero ni autor ni lector tienen, en general, conciencia teorética del tema hermenéutico. La mayor vergüenza es que muchas veces los filósofos no tienen conciencia de ello.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

LA NUEVA IZQUIERDA INICIADA POR HERBERT MARCUSE

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Las utopías tienen su cara y su contracara. Por un lado un sentido peligroso y es la postura que pretende fabricar a la fuerza un hombre nuevo desprovisto de interés personal, abandonando el deseo de lucro y capaz de derrotar “la tragedia de los comunes” consecuencia del ataque a la institución de la propiedad privada. Este es el eje central de la nueva izquierda, en realidad inventada para sustituir a la izquierda stalinista con la idea de eliminar la violencia en este sistema, sin evaluar que no puede evitarse la fuerza cuando se imponen caminos distintos a los preferidos por el ser humano real. Este sentido de utopia con razón produce temor debido a la acción constructivista por cambiar la naturaleza humana, lo cual conduce a resultados sumamente dañinos. En  seguida volvemos esta acepción, pero antes aludimos a otra interpretación de la expresión de marras.

 

Otra variante se condice con el frontal rechazo a la arrogancia y soberbia implícita en la concepción que acabamos de puntualizar y, en su lugar, es más condescendiente y respetuosa con la naturaleza de las cosas y, en el caso de los seres humanos protege la santidad de sus autonomías individuales absteniéndose de diseñar al hombre como si fuera un muñeco de arcilla. Este es el sentido a que se refieren autores como John Hospers en “Freedom and Utopias” donde mantiene que “la única utopía digna de ese nombre es la utopía de la libertad individual, en donde no hay ningún plan general por lo que cada uno es libre de planificar su vida, mientras no interfiera por medio de la fuerza con los planes de otros para manejar sus propias vidas”.

 

Y es a lo que se refiere Hayek cuando escribe que “Carecemos de una utopía liberal, un programa que no sea una mera defensa de las cosas como están ni un tipo de socialismo diluido, sino un verdadero liberalismo radical” (en “Socialism and the Intellectuals”).   Por esto es que, en rigor, se consideran antiutopías las célebres de Orwell, Zamyatin, Taylor Caldwell, Jerome, Reisman y Huxley. Por último y al margen en este segmento introductorio, tengamos en cuenta que la asignación de derechos de propiedad vinculada a lo que se conoce como “la lockean proviso” fue desmantelada por Robert Nozick y reformulados por Israel Kirzner los fundamentos de la asignación original.

 

Habiendo dicho esto, retomamos la idea de la nueva izquierda cuyo patrocinante de mayor envergadura ha sido sin duda Herbert Marcuse quien adhiere al marxismo, pero como hemos consignado más arriba con la enfática condición que no se lo vincule para nada con el terror stalinista.

 

Marcuse pertenece a la primera generación de la Escuela de Frankfurt junto a otros prohombres del movimiento como Fromm con quien se enemistó a poco andar y  también representantes de esa escuela como Adorno y Benjamin. Se doctoró en la Universidad de Friburgo (paradójicamente la misma casa de estudios en la que enseñó Hayek en sus últimos años). Sus obras son múltiples pero las más conocidas son El hombre unidimensional, Razón y revolución, La sociedad industrial y el marxismo, Ética de la revolución y Cultura y sociedad para citar solo algunas, pero a nuestro juicio la obra que mejor resume el pensamiento del autor está representada por una colección de cuatro conferencias bajo en título de La sociedad carnívora. Por razones de espacio solo me ocuparé de la primera y agrego que en la tercera luego de renegar del stalinismo afirmó que la construcción de la nueva izquierda “tal vez probablemente va a ser construido en Cuba, tal vez se está construyendo en China [de Mao]”

 

Esta colección se publicó en 1969 al año siguiente del mayo francés cuya cabeza intelectual más destacada fue precisamente Marcuse. En esta nota periodística me voy a concentrar en pasajes de este último libro, como  queda dicho, de su primera conferencia. La potencia oratoria y su estilo como escritor cautivó y cautiva multitudes, muy especialmente a jóvenes universitarios de todas las latitudes y a predicadores de varias religiones.

 

Lo primero que es necesario decir respecto de Marcuse y en general de los dirigentes de las izquierdas es su perseverancia en sus ideas y, sobre todo, su coraje para exponerlas sin rodeos y siempre caminando en dirección al fondo de lo que estiman son los problemas a resolver. Para volver a Hayek, por eso en el ensayo de su autoría que acabamos de citar exhibe como ejemplo a los socialistas por los motivos apuntados en contraste con muchos que se dicen liberales pero son timoratos y prefieren esconder y disimular sus propuestas con lo que los primeros terminan corriendo el eje de los debates y estableciendo las agendas correspondientes.

 

La tesis medular del marcusianismo consiste en sostener que el régimen capitalista ofrece mayores bienes y servicios pero no ofrece vida digna puesto que se crean necesidades artificiales por la publicidad que obligan a las personas a consumir sin descanso para lo cual trabajan en condiciones de autómatas que están todo el día buscando sustento, por ello es indispensable “la liberación del sistema represivo”. La primera conferencia la pronunció en Londres en 1967 organizada por el Instituto de Estudios Fenomenológicos y la tituló “Liberándose de la sociedad opulenta”. Allí Marcuse destaca que “El problema que enfrentamos consiste en la necesidad de la liberación, no de una sociedad pobre ni de una sociedad en desintegración, sino de una sociedad que desarrolla en gran escala las necesidades culturales del hombre así como las materiales –una sociedad que, usemos el lema, distribuye las mercancías entre una porción cada vez mayor de la población”. Necesitamos establecer “el reino de la libertad” y “pasar de lo cuantitativo a lo cualitativo” lo cual “presupone la abolición de las instituciones y mecanismos de represión”, que debe llevarse a cabo  por hombres que tengan las nuevas necesidades. Esta es de otro modo la idea básica subyacente en el propio concepto de Marx”. Hay que vencer al capitalismo “con propiedad privada de los medios de producción” que conducen a “un desperdicio acelerado”, se trata del establecimiento de “una sociedad libre que es bloqueada por la sociedad opulenta” en la que vivimos “la completa degradación del hombre hasta convertirse en objeto” donde “el resultado es una existencia humana mutilada, defectuosa y frustrada”. Subraya la “abolición del trabajo, el fin de la lucha por la existencia, es decir, la vida como un fin en si misma y no más como un medio para un fin” lo cual “presupone un tipo nuevo de hombre” que no esté sujeto más a los dictámenes de la lucratividad y la eficiencia capitalistas” puesto que “creo que la idea de un universo así también guió el concepto de socialismo de Marx”. “Es innecesario decir que la precondición para ese cambio cualitativo reside en la disolución del sistema existente” donde se encuentra “la amenaza del desempleo tecnológico”, en resumen, “debemos enfrentar el adoctrinamiento para la servidumbre con adoctrinamiento para la libertad”. Este es un extracto de la primera conferencia y la más extensa de la selección que comentamos.

 

Veamos estos temas centrales por partes. En primer lugar la importancia de la propiedad privada. Como se ha reiterado en muy distintas ocasiones, debido a que la naturaleza no provee de todo para todos todo el tiempo, es imprescindible asignar derechos de propiedad a los efectos de que los más eficientes para atender las demandas del prójimo tengan como premio ganancias y los que yerran tengan como castigo quebrantos. De este modo los respectivos patrimonios no son irrevocables sino que dependen de las votaciones diarias de las personas en el supermercado y afines. Este es el sentido de la antes mencionada “tragedia de los comunes” que ilustra los pésimos incentivos cuando todo es de todos y, por ende, de nadie. De más está decir que el sistema se contradice cuando irrumpen empresarios prebendarios fruto de la inaceptable alianza con el poder político para así explotar a sus semejantes.

 

En segundo lugar, la abolición del interés personal es una quimera contraria a la naturaleza del hombre puesto que si no estuviera en interés del sujeto actuante actuar como actúa nada explica su motivación. En este contexto, fabricar un hombre nuevo que no proceda por su interés ya se trate de acciones nobles o ruines es pretender torcer la naturaleza de las cosas arrogándose el planificador facultades propias de un tirano a costa de sufrimientos, sangre y muertes sin que puedan crearse seres distintos a lo que son (afortunadamente puesto que es inimaginable la cooperación social sin el interés personal que la mueve).

 

Tercero, el deseo de lucro está también en la naturaleza del hombre puesto que toda acción apunta a estar en una situación mejor respecto a la anterior al acto desde la perspectiva de quien lo lleva a cabo. No hay ninguna acción entonces que no persiga una ganancia sea psíquica o material. Este motor hace que en una sociedad libre cada uno para mejorar su situación deba mejorar la de sus vecinos, de lo contrario no obtiene la ganancia que pretende sea en una conversación, un rezo, un acto de caridad o una transacción comercial. Desde luego que esto también ocurre en los ladrones y asesinos, de allí la importancia de marcos institucionales que abran de par en par las posibilidades de intercambios voluntarios y pacíficos y se bloqueen actos que lesionan derechos de terceros.

 

Cuarto, las supuestas necesidades artificiales creadas por la publicidad presupone la imbecilidad de la gente excepto, por ejemplo, los que adquieren los libros de Marcuse. Una cosa es intentar persuadir a la gente y otra bien distinta es imponer un producto. Si esto último fuera así, con suficiente publicidad podría convencerse a la gente de volver a la luz de las velas con precios muchos más altos que la electricidad y así sucesivamente.

 

Quinto, el alegado desperdicio en el sistema capitalista no es tal puesto que dadas las circunstancias imperantes se saca el mayor provecho de los recursos disponibles y quienes no proceden en esta dirección ven mermado su patrimonio. Cuando se dice que en sistemas capitalistas se descartan bienes es porque se le atribuye más valor a lo humano ya que arreglar o enmendar el bien con averías resulta más caro que adquirir uno nuevo, sin perjuicio de los reciclados de lo anterior. Sin embargo, en países donde no tiene lugar el capitalismo es típico ver bicicletas y otros aparatos emparchados de los modos más rudimentarios puesto que es muy barata la mano de obra precisamente porque las inversiones son reducidas como consecuencia de sistemas anacrónicos del estatismo imperante.

 

Sexto, la así llamado desocupación tecnológica pasa por alto el hecho de que toda mejora en la productividad libera recursos humanos y materiales para atender otras necesidades que aun no han podido satisfacerse debido a que los siempre escasos recursos estaban esterilizados en la áreas anteriores. El empresario está siempre atento a nuevas capacitaciones para sacar partida de los arbitrajes que se presentan al poder encarar emprendimientos inconcebibles antes de la introducción de la tecnología desconocida hasta entonces.

 

Séptimo, tengamos en cuenta que “el reino de la libertad” no puede darse donde se imponen conductas contrarias a las que la gente prefiere. Administrar compulsivamente vidas y haciendas ajenas es característico de regímenes totalitarios fruto del adoctrinamiento que sugieren los simpatizantes de la nueva izquierda (tan vieja como la original) donde el hombre se cosifica y pierde su dignidad.

 

Octavo y por último, si por consumismo se entiende dar rienda suelta a una manía desesperada por adquirir productos sin ton ni son debe subrayarse que no es responsabilidad del sistema libre, abierto y competitivo sino el resultado de algunas manifestaciones de deterioro axiológico que no se corrige con el uso de la fuerza: es como echarle la culpa al cartero por una mala noticia. La sociedad abierta permite elegir donde cada uno asume la responsabilidad por lo que decide.

 

Cierro con otros comentarios de Marcuse bajo otros títulos de la selección que comentamos, los que deben ser especialmente atendidos por algunos de los que se consideran liberales pero son refractarios a decir toda la verdad. Son sobre la importancia de la teoría, sobre los conformistas y sobre la necesidad de ir al fondo con las ideas: “Si la izquierda se pone alérgica contra las consideraciones teóricas, entonces algo no funciona en la izquierda”; “La izquierda debe hallar los medios adecuados para quebrar el conformismo” y el título de una de sus conferencias que lo toma de un grafiti parisién del célebre mayo que debe ser adecuadamente sopesado para aquellos timoratos que creen que ser práctico es repetir las gansadas del momento en lugar de correr el eje del debate: “Seamos realistas, exijamos lo imposible”.

 

A cuarenta años de su muerte, muchos son los que extrañan la vibrante oratoria y la encendida prosa de Herbert Marcuse. Hoy resuenan sus ideas de la llamada nueva izquierda en academias, en púlpitos, en congresos y hasta en reuniones sociales a sabiendas o no de su origen.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

THE MORAL FOUNDATIONS OF CAPITALISM (Ponencia presentada en la Mont Pelerin Society, Lima, Perú, 24-3-2015)

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 29/3/15 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2015/03/the-moral-foundations-of-capitalism.html

 

  1. The ethical foundation of private property.

It is not the first, nor the last time that this issue is explained, especially with the ever renewed Socialism´s attempts of keeping the monopoly on morality. However, this time my goal is not to refute socialism at that point. My goal in this paper is to talk between classical liberals and libertarians about our moral foundations, from two perspectives. One, a better foundation of property rights; two, noting that there are two issues usually forgotten in our intellectual circles.

There is nothing new if we make an elementary review on various ethical foundations that are common among us. It is customary to say that authors like Mises[1]  and Hayek[2]  have a strong utilitarian component -I have my reservations about it[3]– , while authors such as Rothbard[4], Nozick[5] or even Israel Kirzner[6] would favor an “absolute” foundation of property as “property of the person itself”. Ultimately, the debate between us keeps turning around deontologist or moral consequentialism around the private ownership of the means of production.

My contribution is to argue that there may be an overcoming instance of that conflict: Thomas Aquinas´s philosophy of law plus the economic foundations of property in Mises and Hayek.

I will not say anything original if I remember that Aquinas has relatively utilitarian grounds for property (in his time), though not as “utilitarianism”, an issue that has been remembered by Hayek[7].

What must be emphasized is that Aquinas did not have today’s dichotomy between utility and morality, understandably inherited from Kant. For Aquinas, the secondary precepts of the natural law are based on what is useful to human nature[8]. In turn, what is “appropriate” to human nature is ethical precisely because human nature and the free development of their potential is part of the “hard core” of ethics in Aquinas[9].

This “utility” does not depend on place and time, nor is it a necessary consequence of human nature (this would be the central axis of the primary precepts of the natural law) but is stable enough to talk of morality. For example, the precept “do not pull anyone out of the window” is ethical, of course, presupposing we inhabit a world with gravity. If we were in a space station with no gravity, throw anybody out the window would be as much a lack of education. The example is very important for the relationship between law, economics and ethics. In a world without scarcity, property would not be a secondary precept of the natural law, but in a world with scarcity, it is, in the same way to throw someone out the window is an assassination attempt in a world with gravity.

Therefore, if property, in Aquinas, is ethical because it is useful, economic arguments of Mises and Hayek in favor of property becomes ipso facto the reasons why the property is a secondary precept of the natural law. In a world where property is necessary for economic calculation[10], in a world where property is necessary for market coordination[11], respect for  property is then a moral duty, and property becomes property rights.  It’s not a matter of saying that property is a right “even if not useful” or that property is useful “regardless of its morality,” but that is ethical because it is useful. This is a way of overcoming the post-Kantian debate between consequentialism and deontologism. I should also clarify that, as we all know, Mises and Hayek´s reasons for property are not circumstantial, but part of a universal economic science in the world of dispersed knowledge.

  1. The non-aggression principle and Judeo-Christianity.

But someone could tell me that this is not enough. The absolute foundation of property would be “being your owner” like Rothbard has explained[12]; that would be the foundation, in turn, of the non-aggression principle. Indeed, someone could tell me that, for the Christian natural law point of view, to be in favor of the non-aggression principle would be very difficult, as in Christianity the only absolute owner is God, not man.

The objection is excellent, but can be answered. It is true that I talked, in the previous section, only of ownership of the means of production. And, of course, this is not enough. A free society has a deeper moral foundation: human dignity, understood as human person created in the image and likeness of God, concept that was used nothing more and nothing less than the declaration of independence of the USA.

It has often been said that human dignity and individual rights has its origin in the Judeo-Christian tradition, and I share that view. But not always it is related -understandably- to the non-aggression principle. In the Judeo-Christian tradition, only God is “Dominus”, “The Lord”. In that sense, He is our owner, our Lord, our Master; we are just administrators of our talents (Matt 25, 14-30). I know that any libertarian could have a strong disagreement. However, God as our Lord is in no way contradictory to the non-aggression principle. Why? Because given that God owns us, none of us is, therefore, owner of other people. That is, and none of us is the absolute master of his person, because only God owns, from which it follows that no one person owns the other. (“The other” as “other people”). Invading other people is to take the place of God. A believer knows he/she must not inflict violence on another precisely because he/she is not God. A God who, in the Judeo-Christian tradition, has not used violence on a man: he has established an alliance, new and old, and alliance that requires free-acceptance. The tragedy of authoritarianism is not to use violence that God “could” had used: the tragedy is using violence that God never used, however being “the Lord”. In the Judeo-Christian thought and history, humans are not the slaves of a farm owner, at most kind; are rational beings who must respond freely to God’s call. The Judeo-Christian tradition leads to a Christian non-aggression principle: you shall not invade “the other”, ever because God alone is The Lord.

  1. The alleged instrumental rationality of capitalism.

There is another debate, which libertarians and classical liberals should pay more attention. Many times our rejection of non-limited government is not understood, because from other paradigms we are accused of not understanding certain “intrinsic” violence of the free market. But, for us, this is absurd. How can there be violence in a free contract world? In order to understand this, we have to understand the Frankfurt School´s paradigm. Authors such as Adorno and Horkheimer considered that both totalitarianism and capitalism are based on the same logic: the logic of an instrumental rationality, a rationality of efficiency, a rationality that only allocates means to an end[13]. The moral problem is that according to the 2nd Kantian categorical imperative, nobody should treat a person as a means but an end. Locating a human being in a contractual relationship where the other is only a means for my purposes, would be unworthy a moral society. They offer no solution, because they are pessimistic authors:  there is no way out of what they call the dialectic of Enlightenment, and although they are supporters of Marx´s exploitation theory, were critical of the communist revolutions.

This view has spread far and was essential to the qualification of capitalism as an immoral but economically efficient system.

The next representative of the Frankfurt School was J. Habermas, who in his book Theory of Communicative Action[14]  saw a way out, not for capitalism, but to the ideals of Western reason: communicative reason. That is the dialogic reason, a reason that attempts to understand the other instead of controlling. Habermas obviously did not include a free market in the communicating reason.

However, we know, following Hayek that the free market is communication, coordination, of dispersed knowledge. The market is, in that sense, communicative action. However, the free market involves buying and selling by a free contract. The question is: buy and sell involves considering the other, necessarily, just as a mean to our ends?

As we know, Habermas considers -following Austin, Searle and Wittgenstein[15]– the existence of perlocutionary speech acts that generate an effect on behavior or thoughts of the receiver.  If those perlocutionary acts are hidden, then one could speak of an intention of deceiving the other person. But he distinguishes between open and closed perlocutionary acts. The open perlocutionary acts involve a “language game” (Wittgenstein[16]) in which the people involved know the game play. That knowledge may be implied (due to assumed cultural traditions) or explicit, when the rules are made explicit. The good news is that the market is precisely one of those open, communicative speech acts: the buyer knows the seller wants to sell and the seller know the game too. There are, in addition, known game languages once it comes into play. In that case, you are not treating the other just as a mean but respecting their personhood to assuming that the other involves freely in the market game, knowing the rules. The market is, in addition, a positive sum game, not an exploitation process as Frankfurt thinkers believed.

  1. Capitalism and alienation.

But the above would not be enough, because, apparently, the classical liberals have paid little attention to a psychological phenomenon that involves serious doubts about the morality of capitalism: alienation, massification.

The collective massification phenomena involve the alienation of the individual: a psychological loss of individuality to unconsciously impersonate another individual, which multiplied ad infinitum, produce the massification, in which there is no room for individual freedom, in a way.

Without referring to capitalism, Freud made a remarkable psychological diagnosis of alienation as an unconscious fixation with the father figure, allowing him, already in the 20s, to explain and predict the authoritarian phenomena spread throughout Europe at the time[17] . Contrary to what is often thought, he also expressly criticized the socialism of his time[18].

Victor Frankl also explained the phenomena of alienation as a result of the “existential neurosis” where the human being, because the anxiety of meaninglessness of his own existence, borrows the meaning of existence of another person, the authoritarian leader, who also finds in this authoritarianism a false meaning of life. You could say, following Frankl that the master and slave are both victims of “existential vacuum”[19].

But it was E. Fromm, in his famous book Fear for Freedom[20], which explicitly referred to capitalism as a situation of alienation. Not by chance, Fromm is also considered part of the Frankfurt School. For Fromm, at all stages of humanity, there is a process of alienation that is defined as sadomasochistic mutual relations, not sexual, but a power-desire nature. The individuals lose their individuality and are immersed in overcrowded relations of domination. The “anonymity”[21]  of personal relationships in the advanced stages of capitalism, the relations of exploitation (Fromm assumes Marx), plus the “cultural industry” where individuals fall into idolatry of artists and sportsmen popularized by the mass media, imply that capitalism is a kind of “breeding ground” for alienation processes. In this case we would be far from talking about personal freedom or an ethical consideration of freedom.

Setting aside the cases of Freud and Frankl, the question is: is Fromm right?

A “no” hasty would be unwise. Fromm is right about certain things:

  1. a) His specific psychological diagnosis of alienation is plausible. Unconscious sadomasochistic trends exist. Those trends are the reason many people enjoy unconsciously “being dominated”, that in turn leads to authoritarian situations to which classical liberals have always been very concerned. In addition, these psychological reasons for alienation are a warning to us all: the reason for the popularity of authoritarianism is not to have failed to explain ideas properly, but unconscious motivations of unlimited power that are, unfortunately, beyond rational motivations.
  1. b) The situations of anonymity of inter-personal relationships, in advanced commercial societies, are unavoidable. They are an advantage of a free society. As Hayek has explained very well, a family relationship or friendship is not necessary to enter institutionally in a market relationship with a stranger. But while Fromm sees this as necessarily a disadvantage, it is itself a moral progress, because millions and millions of people could not coordinate dispersed knowledge if it were not for these relatively impersonal interaction relationships. We should be concerned, however, of the detriment of deeper family and friendly relations, but the solution to this lies not in what the free market can do, but in the set of values that make a free society. It is precisely the growth of the welfare states that has broken the cohesion of intermediate societies and families that compensate, psychologically speaking, the necessary depersonalization of most of the market economy in a great society (supermarkets, banks, retail chains, etc.).
  1. c) Authoritarianism is not only a problem of governments. It also happens implicitly in the idolatry that the masses lavish on commercial products and “celebrities” of showbiz.  Fromm has a very important point. But this is not caused by the free market, but by human nature that (he acknowledges this) is beyond this or that prevailing social system. Classical liberals should pay more attention to certain intrinsic alienation of mass phenomena even when they are legally “free and voluntary” but not moral. However, is worse calling the state to solve these problems. The error is serious, because the supposed solution is worse than the problem. Is very innocent to call the force of the state to solve alienation, as if the state were not just people who can be easily alienated just for being in office. Calling the state for solving this problem is a manifest contradiction and a naive ignorance of the depths of the human nature. A free society is not a society where everyone has reached Kantian maturity or Christian holiness. It is a society where individual rights are not violated. That is the moral core of a free society. It is not a paradise of psychological maturity, but the minimum of ethics that requires respect for the dignity of others.
  1. Conclusion:
  1. a) The moral foundation of private ownership of the means of production finds in the secondary precepts of the natural law, according to St. Thomas Aquinas, a foundation that overcomes the dialectic between deontologism and consequentialism.
  1. b) This foundation is to recognize that the utility of property, as required by economic calculation (Mises) and coordination of dispersed knowledge (Hayek), has a moral character for his “convenience to human nature” (St. Thomas).
  1. c) The previous point does not deny that an ethical foundation of non-aggression principle remains necessary.
  1. d) This ethical view can be found in the Judeo-Christian tradition, because being God “The Lord”; no human being can own another’s life.
  1. e) However, from the Frankfurt School capitalism has been accused of intrinsically immoral, because capitalism would be based only in an instrumental rationality that places the human being in the category of a mere instrument.
  1. f) This objection can be answered by characterizing the coordination of market knowledge as a set of open game-languages where their speech acts are known for their participants and freely accepted.
  2. g) But that freedom is also objected because capitalism is also accused of being one of the unconscious sources of alienation, depersonalization, and massification.
  1. h) The answer to this objection is to recognize that in a free society can be mass phenomena, but these phenomena are not necessary fruit of capitalism, but human nature that goes beyond the systems in question. A free society is not a paradise of personal maturity and personal holiness, but a society with a sufficient institutional framework to protect individual rights. Such a society is very imperfect, but not the hell on earth that lead efforts to improve human nature by force of the state.

 

 

[1] Mises, L. von: Liberalismo, Unión Editorial, Madrid, 1977.

[2] Hayek, F. A. von: Los Fundamentos de la Libertad, Unión Editorial, Madrid, 1975.

[3] Zanotti, G.J.: “La filosofía política de Ludwig von Mises”, en Procesos de Mercado, Vol. VII, Nro. 2, Otoño 2010; e Introducción filosófica a Hayek(Universidad Francisco Marroquín, Unión Editorial, Guatemala/Madrid, 2003).

[4] Rothbard, M.N.: The Ethics of Liberty, New York University Press, 1982.

[5] Nozick, R.: Anarchy, State and Utopia, Basic Books, 1974.

[6] Kirzner, I.: Discovery, Capitalism, and Distributive Justice, Basil Blackwell, 1989.

[7] “…The constructivist interpretation of rules of conduct is generally known as ‘utilitarianism’. In a wider sense the term is, however, also applied to any critical examination of such rules and of institutions with respect to the function they perform in the structure of society. In this wide sense everyone who does not regard all existing values as unquestionable but is prepared to ask why they should be held would have to be described as a utilitarian. Thus Aristotle, Thomas Aquinas, (13) and David Hume, (14) would have to be described as utilitarians, and the present discussion of the function of rules of conduct might also be so called. No doubt utilitarianism owes much of its appeal to sensible people to the fact that thus interpreted it includes all rational examination of the appropriateness of existing rules” The footnote 13 is the following: “…13) Thomas Aquinas, Summa Theologiae, Ia IIae, q. 95, art. 3: ‘Finis autem humanae legis est utilitas hominum.’ It is misleading to represent as utilitarians all authors who account for the existence of certain institutions by their utility, because writers like Aristotle or Cicero, Thomas Aquinas or Mandeville, Adam Smith or Adam Ferguson, when they spoke of utility, appear to have thought of this utility favouring a sort or’ natural selection of institutions, not determining their deliberate choice by men. When in the passage quoted in note 9 above Cicero speaks of justice as a ‘habitus animi, communi utilitate conservata’ this is certainly not meant in the sense of a constructivist but in that of a sort of evolutionary utilitarianism. On the derivation of both traditions in the modern world from Bernard Mandeville see my lecture ‘Dr Bernard Mandeville’, Proceedings of the British Academy, vol. 52, pp. 134”.  Hayek, F. A. von: Derecho, Legislación y Libertad, Unión Editorial, Madrid, 1979, Libro II, p. 28; English versión inhttps://docs.google.com/file/d/0B13foB0yMlUAZjE5Zjg5ZGUtNWNlNy00OTJlLTlhY2YtYmRiNTY0NDQzMzg1/edit

[8] Summa Theologiae, I-II, Q. 95.

[9] Op.cit., I-II, Q. 2 a. 8c.

[10] Mises, L. von: Socialismo, Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 1968.

[11] Hayek, F. A. von: Economics and knowledge; The Use of Knowledge in Society; The Meaning of Competition, en Individualism and Economic Order, University of Chicago Press, 1980.

[12] Rothbard, M.N.: op.cit.

[13] Horkheimer, M., and Adorno, T.: Dialéctica de la Ilustración, Trotta, Madrid, 2003

[14] Habermas, J.: Teoría de la acción comunicativa; Tecnos, 1987.

[15] Austin, J.L.: Cómo hacer cosas con las palabras, Paidós, 1990; Searle, J.:Actos de habla; Cátedra, Madrid, 1990; Wittgenstein, L.: Investigaciones filosóficas, Crítica, Barcelona, 1988.

[16] Wittgenstein, L.: op.cit.

[17] Freud, S.: Psicología de las masas y análisis del yo; Obras Completas, El Ateneo, Buenos Aires, 2008, tomo III.

[18] “…The Communists believe they have found a way of delivering us from this evil. Man is whole-heartedly Good and friendly to his neighbor, they say, but the system of private property has corrupted his nature. The possession of private property gives power to the individual and thence the temptation arises to ill-treat his neighbor; the man who is excluded from the possession of property is obliged to rebel in hostility Against the oppressor. If private property were abolished, all valuables held in common and all allowed to share in the enjoyment of them, ill-will and enmity would disappear from among men. Since all needs would be satisfied, none would have any reason to regard another as an enemy; all would willingly undertake the work which is necessary. I have no concern with any economic criticisms of the communistic system; cannot enquire into whether the abolition of private property is advantageous and expedient. But I am able to recognize that psychologically it is founded on an untenable illusion. By abolishing private property one deprives the human love of aggression of one of its instruments, a strong one undoubtedly, but assuredly not the strongest. It in no way alters the individual differences in power and influence which are turned by aggressiveness to its own use, nor does it change the nature of the instinct in any way. This instinct did not arise as the result of property; it reigned almost supreme in primitive times when possessions were still extremely scanty; it shows itself already in the nursery when possessions have hardly grown out of their original anal shape; it is at the bottom of all the relations of affection and love between human beings possibly with the single exception of that of a mother to her male child. Suppose that personal rights to material goods are done away with, there still remain prerogatives in sexual relationships, which must arouse the strongest rancour and most violent enmity among men and women who are otherwise equal. Let us suppose this were also to be removed by instituting complete liberty in sexual life, so that the family, the germ-cell of culture, ceased to exist; one could not. it is true, foresee the new paths on which cultural development might then proceed, but one thing one would be bound to expect and that is that the ineffaceable feature of human nature would follow wherever it led”. En El malestar en la cultura, op.cit., English version (Civilization and its Discontents) inhttp://www2.winchester.ac.uk/edstudies/courses/level%20two%20sem%20two/Freud-Civil-Disc.pdf

[19] Frankl, V.: Ante el vacío existencial; Herder, Barcelona, 1986.

[20] Fromm. E.: El miedo a la libertad, Paidós, Buenos Aires, 1957.

[21] Schutz, A.: Estudios sobre teoría social, II; Amorrortu, Buenos Aires, 2003.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

CRISIS DE LA RAZÓN Y CRISIS DE LA DEMOCRACIA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 27/7/14 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2014/07/crisis-de-la-razon-y-crisis-de-la.html

 

El presente libro tiene su origen en unos humildes apuntes redactados con el fin de  introducir a alumnos de post-grado a ciertos temas de la filosofía política contemporánea.

Fue redactado en el primer semestre de 2004. Sin embargo, a medida que iba profundizando ciertos temas, me di cuenta que, aunque el carácter del texto era introductorio, contenía una tesis que podía ser ofrecida perfectamente a los colegas filósofos preocupados por los grandes temas de la modernidad, la post-modernidad y la crisis de la democracia. La tesis central del libro radica en una presentación liberal clásica de la tesis central de la escuela de Frankfurt (Adorno, Horkheirmer). El diagnóstico de ellos en la década del 40 era que el proyecto emancipatorio de la Revolución Francesa había fracasado totalmente en Occidente, pues se había convertido en una mera racionalidad instrumental, alienante, que ellos identificaban con el desarrollo del capitalismo, a lo cual unían también la crisis de la democracia. Por ello su discípulo Habermas llama al rescate de la Modernidad por medio de una racionalidad dialógica, no alienante (“alienante”, esto es, las estructuras de “dominio” que son fruto de la racionalidad instrumental). A esa crisis de la razón occidental que, queriendo liberar, oprime, la llamaron ellos “Dialéctica de la Ilustración”. Pues bien: la tesis sostenida en este libro es que si, que tienen razón, que hubo y hay en Occidente una forma de concebir la razón que condujo hacia el fracaso, y ese fracaso está totalmente relacionado con la crisis actual del sistema democrático. Pero esa crisis de la razón emancipatoria fue mejor denunciada por Hayek y su crítica al “Constructivismo”, y el paso de una razón alienante a una razón dialógica fue mucho mejor hecho por P. Feyerabend y su proyecto de una “Nueva Ilustración”. A su vez, esta crisis de la razón tiene que ver con una forma de concebir la democracia que ha abandonado paulatinamente los humildes ideales liberales clásicos anglosajones, y ha convertido a los poderes ejecutivo y legislativos en monstruos burocráticos de redistribución masiva de bienes públicos, siendo ello la principal causa, no sólo de la crisis del sistema político, sino de la “racionalización del mundo de vida” denunciado por Habermas. De este modo, se ofrece también en este libro una síntesis de las propuestas de reforma institucional realizadas por Hayek y por Buchanan hace ya más de 30 años, propuestas que fueron pensadas para EEUU y Europa Occidental. Es mi humilde esperanza que los pensadores latinoamericanos, tan carentes de nuevos paradigmas orientadores en medio de sus recurrentes crisis institucionales, encuentren en esos autores y en esas propuestas una fuente de inspiración para adaptarlas a su propia situación. Ello se verá hacia el final del libro, donde creo que digo algunas cosas que puedan dar cierta esperanza también a la crisis política latinoamericana que a veces parece no tener ningún tipo de solución.

 

http://www.ucema.edu.ar/publicaciones/download/documentos/370.pdf

 

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

DE LA “EDUCACIÓN PROHIBIDA” A LUIS J. ZANOTTI: comentarios sobre una película muy difundida.

Por Gabriel J. Zanotti.

 Ultimamente se ha difundido mucho esta película, “La educación prohibida”,

 y quisiera hacer un comentario sobre ella.
En primer lugar, un acuerdo básico. Me he pasado la vida, práctica y teorética, luchando contra la educación formal positivista, lo cual no pocos disgustos me ha ocasionado, sobre todo con autoridades y colegas. El que quiera leerme y comprobar por sí mismo hasta qué punto simpatizo con los autores de la película y con los pedagogos entrevistados, puede leer los siguientes escritos: http://www.gzanotti.blogspot.com.ar/2008/11/i-have-dream.html; http://www.gzanotti.blogspot.com.ar/2008/11/i-have-dream-ii.html;
Pero nada de esto ha surgido en mí como un descubrimiento de América. Lo que yo he hecho es mirar un poco más allá sobre los hombros de un gigante, como habitualmente reza la analogía.
En efecto, en una galaxia muy lejana, hace millones de años luz…………….. Mi padre, sobre todo desde la década del 60, comenzó a explicar ciertas cuestiones pedagógicas y proponer reformas que asombrarán, seguramente, a quienes hayan visto la película.
Luis J. Zanotti explicó todo el movimiento de la escuela nueva, al cual se refiere la película, como la segunda etapa de la política educativa. Este escrito es de 1972, y lo que relataba ya era historia. Después de explicar pero también comprender en su contexto histórico al positivismo pedagógico, Zanotti explica las ideas de la “escuela nueva” (http://www.luiszanotti.com.ar/poled2.htm). Pero el autor citado, fundamentalmente por Zanotti, es Dewey, además de ilustres maestros y pedagogos argentinos que en su tiempo fueron totalmente revolucionarios en lo suyo. Pero mi padre tenía un menor optimismo respecto de Illich, Lapatí, Freire: los analizó en http://www.luiszanotti.com.ar/artinvedu.htm#1, donde reconoció sus méritos pero hizo sus debidas advertencias sobre qué proponen y hacia dónde van.
En efecto, el diagnóstico de la película incluye al positivismo pedagógico en una crítica al capitalismo donde evidentemente aparece como telón de fondo la alienación como característica inevitable del libre mercado y la sociedad industrial-burguesa que le sirve como super-estructura. En ese sentido los autores de la película y los pedagogos que intervienen incurren todos en lo que llamé una vez la dialéctica de la dialéctica del Iluminismo (http://www.ucema.edu.ar/publicaciones/download/documentos/370.pdf): se critica a la razón instrumental, que es opresora y alienante, pero para combatirla, ¿qué se propone? Si lo que se propone es un estado que nos liberaría del capitalismo opresor, se incurre en la contradicción similar que Horkheimer y Adorno atribuyen a la razón instrumental. Si esta última, al pretender liberar, oprime, la revolución anunciada contra el libre mercado (que en realidad no es más que el mercado intervenido denunciado y criticado por L. von Mises) al pretender liberar, oprime con un estado que se diversifica en sus diversas formas autoritarias: o es el welfare state norteamericano, o es el estado providencia europeo, o fueron los fascismos, o siguen siendo los totalitarismos de Cuba o Corea del Norte, o siguen siendo las autoritarismos latinoamericanos de izquierda, o sigue siendo China, o sigue siendo el fundamentalismo iraní. El asunto es que nada de ello producirá la revolución educativa, porque en esos sistemas el gobierno tiene que inocular la conciencia revolucionaria. Luis J. Zanotti me relataba de qué modo todos sus colegas marxistas de la década del 70 “enseñaban” a Freire, (sus críticas a la educación bancaria), de igual modo que Freire criticaba a la educación bancaria: se lo tenía que memorizar y repetir, so pena de no quedar como un buen revolucionario y aparecer como un cerdo burgués que se atrevía a criticar la revolución educativa.
Sintomático es que la película no toque en ningún momento el tema institucional, de fondo, de la libertad de enseñanza, esto es, de la libertad de planes y programas de estudio con respecto a los del gobierno. Ello sí que sería revolucionario. Sí, existirían con ello colegios tipo La Sociedad de los Poetas Muertos, pero habría lugar institucional, jurídico, para todas las reformas educativas propuestas por la película, incluso la mía. Pero el tema no aparece. Hay hacia el final protestas de que las “nuevas” (quienes leyeron a Luis J. Zanotti saben que son un poco más viejas) propuestas no tienen espacio, no son admitidas, pero el silencio con respecto a la solución, esto es, la libertad de enseñanza típica del liberalismo clásico, es sintomático. ¿Demasiado “liberal” para los autores? ¿Qué pretenden en el fondo? ¿Que la izquierda latinoamericana sea la revolución donde finalmente el niño pueda “aprender en libertad”?
Mi padre sí que luchó por la libertad de enseñanza. Su mejor y más acabado texto sobre ello fue http://www.luiszanotti.com.ar/diversosmedios2.htm,  donde propuso la des-monopolización total y completa del sistema educativo, en 1980. ¡Para qué! Sus amigos conservadores no entendieron absolutamente nada, hicieron un silencio total e incluso sus discípulos más directos no se atrevieron a seguirlo. Los militares, ni hablar. La izquierda, ni hablar tampoco, que obviamente sabía que mi padre era su principal y único enemigo, y no los ingenuos que creían que la educación era una cuestión de portarse bien, formar fila y hacer caso. (Coherentemente con ello, el ERP le puso una bomba en su domicilio (esto es, mi casa de mi infancia) y los montoneros que hoy gobiernan lo expulsaron de su cátedra en la UBA en 1973).
Luis J. Zanotti también expuso las nuevas funciones profesionales docentes en un texto que sombrará a más de uno (http://www.luiszanotti.com.ar/artinvedu2.htm#1), previó la revolución tecnológica actual como la tercera etapa de la política educativa (http://www.luiszanotti.com.ar/poled3.htm), propuso reformas a la enseñanza media (http://www.luiszanotti.com.ar/escuelamedia.htm; http://www.luiszanotti.com.ar/escsigloxx2.htm), bregó por la escuela sin grados (http://www.luiszanotti.com.ar/artrevcatedra.htm), se opuso con firmeza a dejar abandonados a los niños y adolescentes en las escuelas (http://www.luiszanotti.com.ar/artlanacion2.htm), todo en medio de un desierto cultural, cubierto de toneladas de arena autoritaria (izquierda marxista, conservadores, militares, religiosos, sindicatos, etc.).
Las nuevas generaciones que busquen fundamentos para la revolución pedagógica, harían bien en leer a quien supo proponerla, pero, claro, sin Marx. Si son verdaderamente revolucionarios, allí lo tienen: www.luiszanotti.com.ar
Si no, serán una parte más del cambio para que nada cambie.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.