El “Grupo Wagner”, instrumento mercenario de la política exterior rusa

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 28/5/20 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-grupo-wagner-instrumento-mercenario-politica-exterior-nid2370583

 

Aunque para algunos pueda resultar increíble, las fuerzas militares mercenarias existen y actúan activamente en el mundo actual y son un instrumento de la política exterior de algunos países. Sin duda alguna, de Rusia, concretamente.

Se trata de un grupo presuntamente privado, creado en el año 2014, que, al servicio de los objetivos rusos de política exterior, ha estado activo en distintos conflictos militares recientes, como son, por ejemplo, los de Ucrania, Sudán, Zimbabwe, Nigeria, Yemen, la República Centro-africana y Sudáfrica y el actual que tiene a la convulsionada Libia como escenario, en el que combaten codo a codo con las milicias que comanda el auto-designado general y muy curioso “Señor de la Guerra”: Khalifa Haftar.

Pero también en Venezuela, donde se señala que algunos de sus miembros forman parte de la fuerte guardia personal que protege directamente al cuestionado pretendido presidente, Nicolás Maduro.

Hay quienes afirman que los mercenarios rusos ofrecen sus distintos servicios hasta a los grupos terroristas, que a veces los sub-contratan para realizar con ellos misiones especiales y puntuales.

Sus mercenarios suelen ser utilizados por Rusia acompañados de sus activos esfuerzos cibernéticos de desinformación. En algunos casos, el objetivo perseguido es político. En otros, puramente económico. Con frecuencia recibe pagos en diamantes y en oro, de modo de tratar de disimular sus reservados circuitos financieros y “lavar” sus ingresos sin dejar demasiados rastros y evadir las omnipresentes sanciones económicas norteamericanas. Por sus actividades en Siria se sospecha que el Grupo recibe pagos en especie, en este caso particular, realizados en hidrocarburos.

El Grupo responde a uno de los oligarcas más cercanos al presidente Vladimir Putin, Yevgeny Prigozhin, uno de los principales empresarios rusos del rubro de la alimentación. Prigozhin está imputado en los Estados Unidos por su aparente rol en los esfuerzos rusos de desinformación que intentaron influenciar los resultados de las elecciones norteamericanas de medio término, en el año 2018. No fue esa su primera aparición en el escenario internacional, sino una previa, en el conflicto que tuviera a Ucrania como escenario, en el que la Federación Rusa fuera uno de sus principales actores, obteniendo entonces, en 2014, la soberanía sobre el territorio de Crimea, como cuestionado “premio” por su intervención armada.

Tiene unos 5000 hombres en armas, bien organizados y entrenados, en su casi totalidad rusos, a los que puede trasladar muy rápidamente a cualquier parte del mundo.

Su comandante militar es un personaje realmente peculiar. Hablamos de Dimitiy Utkin, un nacionalista furioso. Se trata de un ex miembro de las “fuerzas especiales” rusas, tenido como un trasnochado admirador nazi de Adolf Hitler. Peligroso, en extremo. Él es, precisamente, quien habría denominado a sus fuerzas: “Grupo Wagner”, en recuerdo concreto a su admirado gran compositor y músico, Richard Wagner.

En una de sus conocidas intervenciones armadas, el Grupo Wagner fue derrotado -sin atenuantes- por los militares norteamericanos, en un combate de cuatro horas y una enorme intensidad desarrollado en la cercanía de una planta de gas en la localidad de Deir al-Zour, en Siria, en la frontera con Iraq, en el que Fuerza Aérea de los Estados Unidos jugó un papel absolutamente decisivo. En el durísimo enfrentamiento mencionado, el 7 de febrero de 2018, el Grupo Wagner perdió un par de centenares de efectivos. Los infantes de marina norteamericanos y los “boinas verdes” salieron airosos del combate inesperado en el que, de pronto, participaran.

Mientras los EE.UU. están, paso a paso, reduciendo notoriamente su presencia, influencia y accionar en el escenario grande del mundo, el Grupo Wagner parece, en cambio, estar expandiendo su posible accionar a todos los rincones del globo en los que crea que se puede ganar dinero o poder, sin mayores excepciones. Siempre de la mano de la Federación Rusa, a la manera de cómplice audaz.

Sus oficiales y soldados utilizan con alguna frecuencia exactamente los mismos uniformes militares que las tropas regulares rusas, a los que naturalmente despojan de toda insignia o símbolo que pueda indicar o sugerir que pertenecen a los efectivos militares regulares de la propia Federación Rusa.

La presencia actual del todavía pequeño grupo de mercenarios rusos en Venezuela demuestra como ellos se han convertido ya en un problema para la paz y seguridad internacionales.

Al que se ha sumado recientemente la presencia, en el mismo Mar Caribe, de un puñado de mercenarios norteamericanos y de otras nacionalidades que han aparecido en un extraño episodio de “invasión minorista” que nos recuerda al conocido desastre previo que tuviera lugar en la llamada “Bahía de los Cochinos”.

Es bien difícil imaginar que ellos hayan aparecido en Venezuela, de pronto, sólo espontáneamente, sin que nadie estuviera ex ante al tanto de lo que pretendían.

Los mercenarios habían ya prácticamente desaparecido a mediados del siglo XIX. Hoy están claramente de regreso.

Por esto, algunos los llaman “la segunda profesión más antigua de la tierra”, una que ciertamente se resiste a desaparecer porque es cierto que, más allá las lealtades, existen oportunidades de ganar lo que todos los llamados mercenarios, cuando venden violencia, más ambicionan. Esto es, dinero.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Fue profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

¿Quién es el propietario del tesoro Nazi?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 28/7/17 en: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/quien-propietario-del-tesoro-nazi_662976

 

Cazadores británicos de tesoros encontraron un cofre que podría contener unas cuatro toneladas de oro, con un valor de US$ 130 millones, pertenecientes a los nazis, a 190 km de la costa de Islandia dentro del buque alemán SS Minden, hundido el 24 se septiembre de 1939.

Según el Daily Mail, el SS Minden zarpó de Brasil el 6 de septiembre y se cree que el oro procedía del Banco Germánico, una sucursal del Dresdner Bank de Alemania. El buque alemán fue avistado por dos ingleses,  el HMS Calypso y el HMS Dunedin, y Adolf Hitler ordenó al capitán que hundiese su barco para que el enemigo no se hiciera con el botín.

La compañía Servicio de Marina Avanzada de Inglaterra, que encontró el tesoro, presentó al Gobierno de Islandia una solicitud para extraer su carga y llevarla a Inglaterra. Pero el gobierno en Reikiavik alega que la propiedad es de Islandia, ya que el buque está en sus aguas. Lo que deja una duda: ¿quién tiene derecho a la propiedad? Pues tratándose de Estados, que se arrogan el monopolio de la violencia para “ordenar” a la sociedad, el “propietario” es quién ejerce efectivamente ese monopolio en el lugar.

Pero esta no es la verdadera propiedad. Como decía la bula Quia vir reprobus de Juan XXII, en el año 1329, el derecho de propiedad se funda en la naturaleza humana. En cuanto al origen histórico, un discípulo de Santo Tomás de Aquino, Juan de París (Jean Quidort, ca. 1250-1306), afirmó que la propiedad hasta entonces sin dueño “la adquiere el sujeto individual mediante su propia habilidad, industria y diligencia, y los individuos… tienen sobre ella derecho y poder… siempre y cuando no cause ningún daño a otro”.

O sea, que la propiedad -privada- hace a la naturaleza justamente como resultado de la acción de cooperación y servicio entre las personas de mutuo acuerdo, voluntaria, que caracteriza a la sociedad natural. Así, una propiedad queda asignada, a determinada persona o personas, en forma circunstancial durante el tiempo en que sea utilizada de modo eficiente a los fines de beneficiar a la sociedad en general.

En el momento en que esta persona deje de utilizarla con eficacia, el mercado lo hará quebrar obligándolo a transferir su derecho a quien mejore su uso. Ya Clemente de Alejandría (ca. 150-215) aseguraba que “…los bienes se llaman así por el bien que hacen, pues han sido provistos por Dios para beneficio de todos: están a nuestra disposición, sirviendo de instrumento material para hacer el bien en manos de aquel que sabe cómo usarlos”.

Efectivamente, una parcela de terreno o unas herramientas abandonadas no tienen movimiento. De aquí que sea necesario que alguna persona se apropie. Ahora, sí esta persona no es eficiente, voluntariamente cederá su propiedad a otra. Nadie mantendría libremente la propiedad de un bien que le está haciendo perder su dinero cuando podría venderlo e invertir ese capital en algo que le rinda intereses.

En definitiva, en tanto el mercado sea natural, no interesa realmente quién primero se apropie de alguna cosa, ya que en función de la eficiencia social -para conveniencia de todos- esa propiedad se irá trasmitiendo según quién le saque mejor provecho. Lo que no ocurre con la “propiedad” estatal que es coactivamente sostenida por un Estado que nunca quiebra -ya que puede expoliar a sus ciudadanos para cubrir cualquier déficit- y por tanto no responde a la eficiencia social.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.