Simetrías franquistas

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/8/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/simetrias-franquistas/

 

Hace un tiempo volvió a desatarse el odio de ERC y Podemos en el Parlamento de Cataluña contra Ciudadanos, porque este grupo rechazó “condenar el franquismo”. Una de las grandes mentiras de nuestra izquierda es que sólo el franquismo era malo, mientras que el antifranquismo era bueno. Aderezan a menudo esta mentira acusando al franquismo de golpista y de haber provocado, en solitario, la Guerra Civil. Distorsionan espectacularmente la historia con el objetivo de presentar a los enemigos del franquismo como grandes amigos de la libertad, la justicia, la paz, la tolerancia y la democracia, un fabuloso camelo que no se tiene en pie.

Pero es que para la izquierda el camelo no es un accesorio: forma parte de su misma esencia, y no puede vivir sin él. De ahí la constante propaganda que diviniza a los suyos y demoniza a los otros, incluso cuando aparentemente los elogia. Aún recuerdo cuando en los años 1980 la izquierda simulaba reconocer a Manuel Fraga, con el supuesto elogio de que había “civilizado a la derecha”. La maniobra era artera y sutil, al dar dos cosas por sentadas: en primer lugar, que la derecha era incivilizada, y, en segundo lugar, que la izquierda no requería tarea civilizadora alguna, porque ya venía civilizada de casa.

El último acto de esa mentira es la llamada memoria histórica, que ni es memoria, porque no busca recordar, ni es historia, porque no pretende analizar el dolor del pasado sino utilizarlo para promover una agenda política del presente, que sigue profundizando en la mentira. Ahora la cuestión estriba en cargarse la transición (otra herencia envenenada de Zapatero), volver a agitar el fantasma de que en la Guerra Civil perdieron los buenos, y acusar a todo el que se oponga de “facha” o franquista. De ahí viene la urgente necesidad de cambiar los nombres de las calles desde Madrid a San Roque, donde le han quitado su avenida a Castiella, o retirar el busto de José María Pemán en el Ayuntamiento de Jerez, etc.

En todo este proceso, asimismo, hay unas interesante simetrías. No me refiero a la conocida confluencia de los fascistas con la izquierda, porque cualquiera sabe que los nazis y los comunistas tenían muchos puntos en común (véase “Lenin y Hitler” aquí: http://goo.gl/Ugff21). Me refiero más concretamente al franquismo en comparación con la izquierda española actual. La regulación del comercio, que profundiza ahora la izquierda en nuestro país, es franquista, lo mismo que las licencias de los hoteles que esgrime Ada Colau en Barcelona, presumiendo de progresismo.

El cierre del comercio exterior y el proteccionismo es un terreno típico para la confraternización entre fachas y progres. Por ejemplo, en el rechazo al libre comercio, o al comercio algo más libre, entre Europa y Estados Unidos, los eurodiputados de Podemos votan siempre junto a la ultraderecha de Marine Le Pen. Hombre, dirá usted, no son iguales. No digo que lo sean, pero en su odio a la libertad se parecen bastante ¿no?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Atentos a Podemos

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 29/7/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/atentos-a-podemos/

 

En vez de despotricar contra Pablo Echenique porque defraudó a la Seguridad Social, hay que prestarle atención.

Cuando hace unos años se supo que Juan Carlos Monedero había cobrado miles de euros de la tiranía chavista y los había disfrazado como ingresos de una sociedad, muchos se rasgaron las vestiduras, en lugar de subrayar que él hacía lo que multitudes, y por la misma razón: porque el marginal del IRPF es muy elevado.

Ahora pasa lo mismo, y muchos se han puesto estupendos porque, como hemos sabido gracias al Heraldo de Aragón, Echenique no pagó la Seguridad Social de un asistente. En vez de apuntar que, igual que con Monedero, la propia conducta de Echenique revela los costes que el Estado impone a la población, los reproches fueron hacia el líder de Podemos por no cumplir con las leyes, cuando la clave del asunto es que millones de personas no las cumplen, con lo cual es absurdo hablar de “ejemplaridad”. Al contrario, lo que hay que hacer es indicar ese incumplimiento masivo, y no cargar las tintas sobre Echenique, que solo se comportó como millones de otras personas, y para colmo él mismo lo dijo: habló de “esos millones de familias que participan de la economía sumergida”, señal evidente de que la defraudación ante las exacciones públicas no es un crimen contra la naturaleza ni contra la sociedad, no es como la violación o el asesinato, porque ninguna sociedad podría existir con millones de violadores. La defraudación, por tanto, es un delito provocado por el intervencionismo del propio Estado.

Al centrarse en su caso personal, le dieron a Echenique la oportunidad que necesitaba: pidió perdón, dijo que la culpa era que el Estado pagaba poco a los dependientes, y encima se dio el lujo de decir que él defraudó, pero que “el fraude fiscal sigue estando en un 70% en las grandes fortunas y el Ibex 35”. Pidió “abrir un debate”, como siempre piden cuando los pillan. Dijo que la economía sumergida es injustificable, pero sólo “si uno está en una buena situación económica”. Y se quedó tan ancho.

Hay que señalar la realidad: por ejemplo, los desahucios con intervención policial siempre fueron muy pocos. Como escribió J.L.Ruiz Bartolomé el miércoles en Expansión, el año pasado hubo cinco desahucios con participación de las fuerzas del orden. Y en 2012, cuando parecía que eran la gran tragedia nacional, fueron 267, mientras que Ada Colau cobraba un sueldo del Ayuntamiento de Barcelona simulando ser la Madre Teresa de los desahucios, y logró gracias a esa mentira ser alcaldesa.

Como apuntó Carmelo Jordá en Libertad Digital, la clave de Echenique es que él mismo con su conducta desmiente a Podemos: “no todos los que no pagan impuestos son viles capitalistas explotadores”, y el problema “no es la gravedad de su falta, sino que por mucho menos él estaría encendiendo la pira de cualquiera”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.