Una de vampiros

Por Gastón Gonda:

 

Veía hace unos días un acalorado pero entretenido debate de coyuntura económica argentina entre el brillante economista Iván Carrino y otros cuatro representantes de distintas fuerzas políticas. Digámoslo claro: cuatro ignorantes de variada gama, repartidos entre socialistas, peronistas y kirchneristas, cuyos nombres por piedad omito.

Y como el tiempo en la televisión es muy acotado, quedaron muchas cuestiones por esclarecer y profundizar, y no sorprende a nadie el hecho de que buena parte de la audiencia suele hacer sintonía con el discurso más demagogo y oportunista.

Pero algo de lo bueno empieza a dejar huella gracias a la batalla cultural que unos cuantos, como Iván, libramos todos los días, cada uno desde donde puede, sabe y quiere.

Puestos a debate, se tocan temas como el acuerdo con el FMI, la inflación y la pobreza, y se deriva en abstracciones sobre el rol del Estado. Lo de siempre. Sólo que todos, menos Iván, de espalda a los datos.

Pero los disparates que se decían en esa mesa no son nada distintos de los que balbucean los representantes de absolutamente todos los espacios políticos desde el oficialismo hasta la oposición, máxime en estos días de campaña electoral, para martirio de un número creciente de desencantados de la política, como yo.

Estos señores ignoran el fracaso de 4000 años de controles de precios, y presuponen la inflación como un fenómeno “multicausal”, ignorando la evidencia empírica sobre un problema que el mundo ya ha superado por completo, con excepción de un puñado de países que se cuentan con los dedos de una mano, entre ellos la Argentina.

Estos iletrados  nada pintorescos creen que la riqueza es un juego de suma cero, donde unos ganan si, y sólo si, otros pierden. De allí parten para planear y ejecutar la redistribución violenta de los bienes que el mercado – todos nosotros – se encargó de distribuir de manera pacífica gracias al intercambio de un valor por otro valor; trabajo, tierra, capital, conocimiento. Por tanto, por más atinados que parezcan, estos abusadores avalan  el saqueo del fruto del trabajo usando el bien común como excusa y la ley como garrote.

Estos tristes contendientes manifiestan preocupación por los pobres pero adoctrinan con ideas que llevadas a la práctica los multiplican, y que a lo largo de la historia condujeron a millones de seres humanos a la pérdida de sus libertades más básicas y a morir por inanición.

Lo hacen, en el mejor de los casos, por ignorantes. En el peor, porque enarbolando las ideas del Estado presente, la justicia social, la redistribución de la riqueza y el proteccionismo industrial, logran erigirse en “salvadores del pueblo”. Y como tal, acceden a privilegios de casta que nunca podrían conseguir si tuvieran que vender su talento al escrutinio diario del mercado. Aquel mercado conformado por personas que votan todos los días determinando – con sus elecciones siempre voluntarias – ganadores y perdedores. Quienes sirven mejor al público ven incrementados sus ingresos; quienes yerran buscarán la manera de aprender de la experiencia y sobreponerse, dando origen a un círculo virtuoso cuyo resultado total es siempre ganancia.

Aquellos desdichados que repiten los mitos empobrecedores, ignoran que el poder económico se ejerce por medios positivos, ofreciendo a los hombres una recompensa, un incentivo, un pago, un valor; mientras que el poder político es ejercido por medios negativos, por la amenaza de castigo, lesión, encarcelamiento, destrucción. Como bien manifiesta Ayn Rand, la herramienta del empresario – el buen empresario y no el prebendario que hace negocios al calor del poder político – son los valores; la herramienta del burócrata es el miedo. Y, agrego yo: la herramienta del místico es el infierno. No es casual la referencia al dinero como “estiércol del demonio” por parte del representante de Perón en la Tierra.

Vuelvo. Esto depredadores nos quieren hacer creer, en su fatal arrogancia, que saben mejor que nosotros mismos qué es lo que necesitamos y queremos. Y por tanto se empeñan en dirigir la economía y la vida de todos nosotros a fuerza de leyes y decretos, como si fuera que una simple expresión de deseos manifestado en el cuerpo de una ley es suficiente para poner de pie un aparato productivo, determinar los precios de equilibrio, y tornar “justo” al valor del salario. Siendo así,  ¡que las legislaciones sean más generosas y nos hagan ricos a todos! como expresara en numerosas oportunidades el “Alberdi contemporáneo” don Alberto Benegas Lynch (H).

Faltos de la lógica más elemental, estos artífices de la miseria no saben sumar ni restar; solo dividir. Ignoran que son las tasas de capitalización puestas al servicio del trabajo lo que hace a éste más productivo y eficiente, y por tal mejor pago. No saben que los salarios mínimos conducen al desempleo porque hay más demandantes que oferentes, afectando especialmente a los menos calificados y especializados. Y en el sentido opuesto, desconocen que los precios máximos generan escasez porque habrá más gente dispuesta a comprar que gente dispuesta a vender, lo que tienta a los burócratas a tomar medidas inmorales e inútiles como las libretas de racionamiento, las leyes de abastecimiento, o  los más recientes “Macri-tips”, con el consiguiente aumento del clientelismo y la corrupción.

Estos pobres de espíritu desconocen los beneficios de la especialización, gracias a las ventajas comparativas diferentes entre los que realizan un intercambio. Ignoran que cuanto más libre es el comercio, más prosperamos, especialmente los eslabones más pobres, al contrario del cacareado mito de la posición dominante.

Pero estos relatos ya desterrados en gran parte del mundo civilizado no serían posibles si una parte mayoritaria de la sociedad no avalara por acción u omisión estos dislates. Los desprevenidos, los desentendidos, los voluntaristas, los mal-aprendidos, y toda la gama de desorientados que repiten las consignas del fracaso son muy fáciles de identificar: son todos aquellos que no conciben a las ideas de la libertad como el motor para el progreso humano.

El padrón electoral argentino representa el número exacto de esclavos que, en lugar de procurar su propia libertad, quieren seguir en esa condición. Esto es así porque en su perturbación no logran unir las causas con las consecuencias de la decadencia, y por tanto demandan más fuego para combatir al incendio. Están enamorados de sus secuestradores, padecen el Síndrome de Estocolmo.

Los pusilánimes son incapaces de pararse sobre sus propios pies; el viento populista los arremolina a todos juntos y quedan a merced de cuanto demagogo les endulza el oído para seguir vejándolos, uno tras otro, cada dos o cuatro años.

Sobre todo, estos desprovistos de carácter ignoran la naturaleza humana y su enorme potencialidad. Tienen una predisposición psicopatológica hacia la envidia, la victimización y el resentimiento.

Frente al avanzado, al desarrollado, al estudioso, al genio, al talentoso, muestran envidia y por tal lo odian, no por sus defectos sino por sus virtudes. Uno envidia aquello que nunca va a conseguir. Uno cela aquello que tiene y teme perder. Uno emula o imita aquello que admira y sabe que puede conseguir. Y si no lo logra, al menos habrá emprendido el camino de la superación, aportando lo mejor de sí.

Faltos de razón, propósito y autoestima, los cómplices de los saqueadores son sombríos y tristes. Pero siempre pueden redimirse: no conozco ningún liberal que se haya vuelto socialista; pero sí unos cuantos de estos últimos que descubrieron el valor del respeto a los proyectos de vida de sus hermanos. Son vampiros que ya no chupan sangre; sino que “a su pesar reconocieron el buen sabor del agua mansa”.

Nunca es tarde. Seamos libres.

 

Gastón Gonda es Licenciado en Administración de Empresas de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Tucumán, MBA ESEADE. Head of Financial Planning & Analysis en Avery Dennison LA. Difunde sus ideas como @GastonGonda

La solución no pasa por seguir subiendo la tasa de Leliq

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 12/3/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/03/12/la-solucion-no-pasa-por-seguir-subiendo-la-tasa-de-leliq/

 

Las opciones para que las actuales tasas del Central no terminen como las anteriores, las Lebac, y el real problema que el Gobierno no encaró desde el primer día de mandato de Cambiemos

Guido Sandleris, presidente del BCRA. (Matías Baglietto)

Guido Sandleris, presidente del BCRA. (Matías Baglietto)

Al momento de redactar esta nota el stock de Leliq se acerca al nivel que tenía las Lebac cuando se desató la crisis cambiaria de 2018. Entonces, el stock de estas últimas estaba en $1,36 billones y el actual stock de Leliq está supera e billón. O sea, volvimos al punto de partida.

Francamente no encuentro demasiada diferencia entre Lebac y Leliq. La mayor diferencia está en que las Lebac las podían comprar los particulares y las Leliq, no. Sin embargo los bancos compran las Leliq con los fondos de sus depositantes, de manera que si quien hace un depósito a plazo fijo no lo renueva al finalizar el período, el banco tendrá que darse vuelta y pedirle al Banco Central que le entregue los pesos a cambio de las Leliq. Dicho en otras palabras, a estas letras del Central las tienen los depositantes en forma indirecta.

La pregunta es, ¿por qué el tema Leliq va a tener un final diferente al de las Lebac? Recordemos que las Lebac nacieron para neutralizar la expansión monetaria que resultaba de la compra de dólares que tenía que hacerle al Tesoro el BCRA. En otras palabras, el Tesoro financiaba el déficit fiscal con deuda externa. Cuando recibía los dólares por la colocación de los bonos tenía dos opciones: 1) venderlos en el mercado haciendo bajar el tipo de cambio y complicando el sector externo o 2) vendérselos al Central. El BCRA se los compraba emitiendo pesos que recibía el tesoro y con esos pesos pagaba los sueldos, las jubilaciones, etc. Cuando esos pesos entraban en circulación, para evitar mayor presión inflacionaria, el BCRA colocaba Lebac y retiraba pesos del mercado.

Quienes no veían problema en ese momento argumentaban que contra el stock de Lebac había dólares en las reservas del BCRA. En otra palabras, subían el stock, pero al mismo tiempo subía el stock de reservas. ¿Cuál era el problema si en caso de corrida estaban las reservas?

A principios de año el Central tenía unos USD 63.000 millones de reservas brutas. Si la hipótesis de trabajo era que ante una corrida estaban las reservas, el problema se hubiese resuelto vendiendo parte de las reservas. Sin embargo, el Central subió la tasa de interés y, además, vendió reservas y no pudo parar la corrida. De apuro tuvo que recurrir a un primer acuerdo con el FMI. El mercado se tranquilizó unos días y al mes el Gobierno tuvo que salir de apuro a firmar otro acuerdo con el FMI por mayor monto y metas más exigentes. Y cambió una letra por otra.

El 1 de octubre, cuando comenzó la política de emisión cero, la tasa de las Leliq, que debutaban, estaba en el 67%. Inmediatamente subió hasta el 73% y luego de un tiempo fue bajando lentamente hasta que el mercado dijo: “esta zanahoria de tasa no es suficiente para convencerme que me quede en pesos”. Y comenzó nuevamente la corrida cambiaria al punto que la tasa volvió a ubicarse ayer en casi el 60% y un nivel de stock de $1 billón.

Banco Central (NA)

Es cierto que ese billón de pesos dividido por el tipo de cambio actual es un monto menor en dólares que el billón que había en Lebac (unos $20 por unidad). El tema es que si todas las reservas brutas que tiene el Central puede usarlas para frenar la suba del tipo de cambio, que por cierto está lejos del techo de intervención cambiaria de acuerdo a la banda de flotación. De todas maneras, ojo que en los USD 68.000 millones de reservas hay USD 14.000 millones que son encajes por depósitos en dólares de los bancos, otros USD 18.000 que tienen que ver con el swap con China y parte de dólares que le entregó el FMI, pero no pueden tocarse sin aprobación. Si se hacen los números finos, el stock de Leliq medido en dólares debe estar en el mismo nivel que el nivel de reservas propias del Central.

De todas maneras, con este nivel de tasa de interés, ni por casualidad la deuda en Lebac se licua. La tasa de casi 60% supera en a la inflación, es decir es una tasa positiva en términos reales e inconsistente con el sector real de la economía. Porque una vez más hay que preguntarse: ¿a quién le presta el Central los fondos que capta al 60% anual? ¿Quién puede pagar semejante tasa de interés en el sector productivo?

No es este el camino para llegar relativamente tranquilos a octubre. Urge cambiar los $1,3 billones que tiene el BCRA en letras intransferibles del Tesoro por un bono transferible del tesoro para que el BCRA pueda venderlos en el mercado y retirar pesos de circulación en vez de arriesgarse a empezar a perder reservas o seguir aumentando brutalmente el stock de Leliq.

Si se hace ese canje, la deuda del Tesoro no crece. Es el mismo stock. Es cierto que el Central tendrá que pagar intereses por esos bonos, pero hoy le está transfiriendo el problema al BCRA que está obligado a colocar cada vez más Leliq y a tasa creciente.

Ya que de aquí a las elecciones vamos a tener que aguantar una fuerte recesión, al menos no arriesguen la estabilidad cambiaria y que el Central tenga doble potencia de fuego en caso de acentuarse la corrida. Por un lado las reservas de libre disponibilidad y por otros $1,3 billones en un bono del tesoro a largo plazo con el que puede retirar pesos del mercado.

Seguro que no es la solución ideal, pero al menos se está mejor preparado para llegar a octubre con la menor tensión posible en el mercado de cambios.

Y como experiencia queda que el problema de actual de las Leliq, y antes de las Lebac, es por no haber encarado el problema del gasto público desde el primer día de Gobierno.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

La Argentina pide a gritos un plan económico consistente

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 19/2/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/02/19/la-argentina-pide-a-gritos-un-plan-economico-consistente/

 

El Acuerdo con el FMI es sólo un programa de estabilización de la inflación

La economía requiere mucho más que anuncios aislados de baja de los costos para las pymes regionales

La economía requiere mucho más que anuncios aislados de baja de los costos para las pymes regionales

 

Es bastante obvio que las medidas adoptadas a partir del acuerdo con el FMI solo apuntan a tratar de llegar a las elecciones sin sustos en el mercado de cambios. Claro que el costo fue una fenomenal recesión difícil de digerir para una sociedad que está agobiada por la carga tributaria y el reajuste de las tarifas de los servicios públicos.

Se supone que la estrategia es tratar de mover algo la economía con las exportaciones, dado que tanto el consumo interno como la inversión no serán motores durante este año. Tal vez las exportaciones aumenten algo por la mejor cosecha que se espera y lo que veamos sea una sustitución de importaciones más que un impulso exportador, con lo cual la reactivación sería moderada.

Ahora bien, se supone que luego del salto cambiario, el BCRA debería evitar que caiga el tipo de cambio real, en otras palabras, que el tipo de cambio nominal no crezca a un ritmo menor al de la tasa mensual de inflación.

El gráfico muestra la evolución del tipo de cambio a pesos constantes de enero de 2019 desde noviembre 2015 que fue el último mes completo del gobierno kirchnerista. En otra escala, pero está repitiéndose el mismo dibujo que cuando se salió del cepo cambiario en diciembre de 2015.

En febrero de 2016 el tipo de cambio pegó un salto y luego el tipo de cambio real tuvo una clara tendencia  decreciente que no fue producto de la esperada lluvia de inversiones, sino que fue el resultado de un fuerte arbitraje o especulación tasa versus dólar que ofreció el BCRA vía las Lebac y que algunos economistas aplaudieron como una genialidad de política monetaria.

Cualquiera que hubiese vivido las crisis cambiarias anteriores o al menos hubiese leído algo de historia económica reciente, sabía en qué podía terminar semejante arbitraje. Y terminó como era previsible.

Algunos atribuyen la corrida cambiaria del año pasado a los anuncios de diciembre de 2017, cuando dijeron que iban a bajar la tasa de interés para reactivar la economía. Puede ser que ese haya sido el disparador, pero si no formulaban esos anuncios el famoso 28 de diciembre de 2018, cualquier otro factor hubiese disparado la crisis cambiaria.

Al fin del cuentas, y salvando las distancias de magnitud del problema, el famoso 6 de febrero de 1989, cuando Machinea anunció que el BCRA no vendía más dólares, no fue la causa de la hiperinflación, ese 6 de febrero era previsible en cuanto al hecho, más allá de la fecha. Lo mismo pasa con la tan mentada fecha del 28 de diciembre de 2017. ¿Acaso no había una clara
inconsistencia técnica en la política económica?

Solo un improvisado en temas económicos podía comparar la tasa de interés con la tasa de inflación y llegar a la conclusión de que el modelo convergía al equilibrio porque la apuesta a la tasa no era que le ganara a la inflación sino al aumento del tipo de cambio . Solo un improvisado podía sostener que la deuda de las Lebac se licuaba porque la tasa de interés era negativa en términos reales versus la inflación.

Volviendo al tema del tipo de cambio actual, en el gráfico previo vemos como desde el pico que alcanzó en agosto de 2018 cayó en términos reales 18% y está 52% por arriba del de noviembre de 2015.

Si uno toma los últimos 48 años de evolución mensual del tipo de cambio real a pesos de enero de 2019, se encuentra con que está en uno de los puntos más bajos de la serie histórica, quitando los picos del 75, de la crisis del 82 y de la hiperinflación del 89. Sin embargo, este tipo de cambio actual que está algo más alto que el de enero de 1981 con el fin de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz y del fin de la convertibilidad, no responde a reformas estructurales que hayan generado un flujo de inversiones en el sector real de la economía ni a una explosión de exportaciones que  justifiquen su baja respecto a períodos anteriores.

Es más, hoy tenemos más ineficiencia en la economía por el nivel récord del gasto público consolidado. Por lo tanto, en mi opinión acá tenemos un tema de altas tasas de interés que siguen generando especulación entre el tipo de cambio y la tasa de interés .

El primer problema es, entonces, que se desarmó el tema de las Lebac pero sigue con las Leliq. El segundo problema es que no queda muy claro cómo piensa cerrar la brecha fiscal el Gobierno con un nivel de actividad que se desplomó por las altísimas tasas de interés que aplicó para frenar la suba del tipo de cambio. En otras palabras, el costo de frenar la suba del dólar implica menor actividad y menos recaudación.

En efecto, si uno toma los ingresos fiscales de enero de 2019 y los compara contra enero de 2018 ve que aumentaron el 39%, unos 10 puntos porcentuales menos que la inflación. Ahora, si quita los derechos de exportación que subieron notablemente por el aumento del tipo de cambio, el incremento interanual es del 35%, 14 puntos por debajo de la inflación.

Puesto en otras palabras, la dinámica de esta estrategia económica no es consistente con la meta de reducir el déficit fiscal primario porque la recesión genera menos ingresos fiscales y obliga a bajar el gasto público, cosa que el Gobierno no está haciendo cuando se incluyen los intereses de la deuda pública . Con esta política se achica al sector privado que es el que mantiene la estructura del sector público.

Yo diría que a esta altura del partido, Nicolás Dujovne hace lo que puede dentro de las restricciones políticas que tiene. El gran interrogante es si ese hacer es suficiente para llegar a las elecciones de octubre sin sobresaltos cambiarios . Después de octubre se escribirá otra historia económica que nadie tiene la más mínima idea de cuál puede ser considerando la incertidumbre política existente.

Lo que tenemos por ahora, es algo muy precario y doloroso para el sector privado con el solo objeto de llegar a octubre. Veremos si alcanza, de lo que estamos seguros es que ni por casualidad este es un plan económico para ser pensado como el modelo de crecimiento de largo plazo. Argentina pide a gritos un plan económico en serio para salir de esta larga decadencia.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Hagámonos Cargo

Por Iván Carrino. Publicado el 6/9/18 en: https://contraeconomia.com/2018/09/hagamonos-cargo/

 

Un siglo de decadencia debería hacernos reflexionar.

La semana pasada escribíamos que el dólar refutaba la ley número uno de la política, aquella que según Thomas Sowell establece que hay que ignorar la ley número uno de la economía: que existe la escasez.

Cuando los políticos prometen de todo, para todos, todo el tiempo, eso funciona bien por un rato pero, en algún momento, la realidad se impone: se acaba la plata. En este caso, se acabaron los dólares del financiamiento externo y el dólar se catapultó al alza.

En lo que va del año el Banco Central vendió USD 14.000 millones en el mercado de cambios, pero el dólar igual subió más de 100%, desde aquel “atrasado” valor de $ 18,95 con que despidió 2017.

El gobierno está debilitado y sin credibilidad. En 2015, cuando en toda la región el Riesgo País subía, acá se redujo 40%.

Los mercados se habían entusiasmado con el discurso de “Cambio” de Mauricio Macri y creyeron que era el momento de “comprar Argentina”. Si se imponía Macri, no solo dejaríamos de lado el populismo macroeconómico de Cristina, sino que incluso el país podría volver a ser considerado entre los prósperos del mundo, como alguna vez lo fue.

Pero, para eso, había que hacer muchas cosas. Y si bien en el discurso, “se hacía lo que había que hacerse”, en los hechos quedó gusto a poco.

No hubo equilibrio fiscal, no se redujo el gasto público, no hubo reforma laboral, no hubo reforma previsional (sí ajuste en la inviable fórmula de actualización de haberes), no hubo apertura comercial…

El mercado confiaba, pero frente al gradualismo transformado en inacción, comenzó a dudar. Hoy lideramos en la región el ránking de los países donde más aumenta el Riesgo País.

Errores no forzados

La crisis de credibilidad viene de largo. Pasamos del “Sí,  se puede” y el “Haciendo lo que hay que hacer”, al “No se puede ahora, hay que ganar las elecciones” y el “Hacemos lo que podemos para evitar una mega-crisis”.

Ahora en la última semana las cosas se complicaron aún más. En medio de una nueva turbulencia cambiaria, el presidente hizo una declaración muy contundente, sin tener pruebas de que lo que anunciaba efectivamente era así. En concreto, anunció que el FMI adelantaría los fondos para cubrir el programa financiero de 2019, y 7 horas más tarde el organismo dijo elegantemente que eso debía ser estudiado y aprobado por el directorio previamente.

Fue más leña para el fuego.

Días atrás, y antes de viajar a Washington, fue Dujovne el que hizo un anuncio adicional. Explicó que se modificaban las metas de déficit fiscal, que se buscará el déficit 0% en 2019, y que para cumplir con eso se le cobrará un impuesto de hasta 12% a todo aquel que tenga la peregrina idea de exportar.

El progresismo contento. Los mercados, aún dubitativos.

En lo que queda de la semana iremos viendo cómo sigue evolucionando la situación financiera. En mi opinión, el gobierno no tiene que anunciar más nada, salvo hechos concretos como: el cierre del acuerdo con el FMI, la presentación del proyecto de presupuesto, la reducción concreta de algún gasto, la renuncia de algún funcionario…

Es hora de los hechos, no de las palabras.

Hacerse cargo

Antes de cerrar la nota de hoy, creo que es necesario que se haga una autocrítica, especialmente quienes son cómplices de la situación actual, pero dan cátedra como si supieran algo.

Obviamente,  la autocrítica debería comenzar por el propio  gobierno,  quien se vendió en la etapa electoral como quienes mejores estaban capacitados para desactivar la “bomba K”, pero no pudieron hacer mucho.

La segunda debe ser del kirchnerismo. ¿Cómo es posible que, quienes dejaron las finanzas públicas con un agujero de 6% del PBI, quienes dilapidaron USD 100.000 millones de recaudación tributaria solo por retenciones, quienes vaciaron las reservas del Banco Central y fundieron nuestro sistema energético, hoy den cátedra sobre cómo salir de la crisis?

Los bomberos, si antes fueron pirómanos, deberían ser examinados psicológicamente, y lo mismo aplica a quienes desde el kirchnerismo se atreven a dar consejos.

Por último, una mención para el resto de la clase dirigente. Los jueces, que con pura demagogia mandan a frenar los ajustes de tarifas, negando también que existe la escasez y ordenando, por ley, que una parte de los argentinos le pague a la otra el consumo energético.

Los sindicatos, que salen a la calle por cualquier cosa: desde un disposición que iba a reemplazar los resúmenes bancarios en papel por otros electrónicos, hasta para oponerse a nuevas normas laborales que beneficiarían a todos aquellos que no tienen trabajo o trabajan en el sector informal.

Los empresarios prebendarios, que no son todos, pero que con su poder de lobby piden bajar la tasa de interés, aislar a la economía y más subsidios y controles de precios para todo lo que ellos no producen.

Y por último, el votante medio, que aun viendo cómo la Argentina va de crisis en crisis, sigue pidiendo más y más estado.

Tenemos que hacernos cargo de lo que nos pasa. La crisis excede a un partido político en particular. Si nadie está dispuesto al esfuerzo que implica cambiar, si todos van a mirar solo el corto plazo, entonces no hay salida posible.

Espero lo entendamos. Si no lo hacemos,  el dólar a $ 40 es barato.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE