La economía argentina en situación muy complicada

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 28/06/21 en: https://alejandrotagliavini.com/2021/06/28/la-economia-argentina-en-situacion-muy-complicada/

El repunte de la inflación a nivel global sin dudas afectará a la Argentina, aunque mucho más graves son sus problemas internos. Sucede que, los astronómicos programas fiscales proporcionados por las economías más potentes están inflando los precios globales de manera importante. La suba del IPC (consecuencia de la inflación) en EE.UU. durante mayo alcanzó el 5% interanual, mucho para un país desarrollado y, sin dudas, esto recién comienza. Aunque, por otro lado, la ralentización en el crecimiento económico provocará cierta baja en los precios (el IPC) a pesar del aumento de la inflación (devaluación intrínseca de la moneda por exceso de emisión).

             Como se ve en el cuadro, las tasas reales son negativas. Aun así, la Fed dice estar sorprendida por “la rápida recuperación de la actividad económica” y avisó que mantendría sus tasas de interés de referencia cercanas a cero hasta que vuelva a normalizarse el nivel de empleo que hoy se acerca a 5,8%, 2 puntos porcentuales por encima del registro previo al inicio de las represiones con excusa de “la pandemia”. Aunque todos los analistas esperan que se adelante para 2023 la suba de tasas, para “frenar la inflación”. Lo cierto es que, lo que a ellos les preocupa es la suba del IPC que a nivel global viene impulsada por factores como estos dos de gran peso: el aumento sin precedentes del balance de la Fed (Fed BS) de USD 200.000 M solo en el último mes, y el endeudamiento marginal chino camino del récord:

               Como puede verse en el siguiente gráfico, la emisión de los principales bancos centrales se acelera:

                      Y para que no queden dudas de que la emisión -en exceso por sobre la demanda- es inflacionaria, en este gráfico puede verse como el S&P 500 y los precios de las casas siguen de cerca al Balance de la Fed:

                  Así las cosas, el aumento en los precios de las materias primas ha pegado un salto importante, como se ve, por ejemplo, en las bobinas laminadas en caliente, en el rodio y paladio, en el PVC y en el BDI (de fletes):  

                  En cuanto a la Argentina, como señala Roberto Cachanosky, en el siguiente cuadro, en lo que va del año congelaron la Base Monetaria. Gracias a que licuaron el gasto público y a costa de aumentar la deuda del BCRA a marcha forzada:

                 Esto ha provocado, como vengo diciendo en notas anteriores, que la inflación -la devaluación intrínseca del peso por exceso de emisión- se haya detenido, lo que se reflejó en el espejo más puro, el dólar blue, que ahora parece despertarse precisamente porque estarían empezando a emitir, y es muy probable que de ahora en más larguen al mercado pesos de cara a las elecciones y, entonces, se recaliente el proceso inflacionario. Así, la medición más creíble de la inflación es la calculada por Steve Hanke en base, precisamente, al dólar blue:

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es image-18.png

               Si bien mayo fue un nuevo mes en el cual el “nivel general de inflación” -la suba del IPC, en rigor- se contrajo respecto del anterior, 3,3% continúa siendo un guarismo elevado: 

                 Aunque Cachanosky lo ve distinto: anualizada, la curva va para arriba y ya está en el 48,8% anual mayo 21 vs. mayo 20:

                En cualquier caso, aunque controlaron la inflación -insisto, el exceso de emisión- durante los primeros meses el IPC siguió subiendo inercialmente, hasta ahora que pareciera bajar en términos intermensuales.

                Esto se debe a la estrategia del gobierno para precisamente atrasar la suba del IPC, a pesar de la inflación, con subsidios para mantener atrasadas las tarifas, precios congelados, desaceleración del aumento del tipo de cambio oficial e interviniendo en los mercados paralelos. Y, por cierto, como vimos la emisión se frenó en buena parte con endeudamiento, quitando fondos al sector privado, al sector productivo y ante una menor producción, irónicamente, aumentan los precios, el IPC. Un índice claro de la descapitalización del mercado argentino es el valor de los departamentos que, según Reporte Inmobiliario, en el último año bajaron en promedio un 27,17% en dólares, y si se toman los últimos 24 meses la caída de los valores ya llega al 39,53% en promedio.

                Por su parte, coherentemente, los alquileres aportan una Tasa Interna de Retorno Anual (TIR) del:

                 El gobierno todavía tiene recursos para seguir adelante con esta política cambiaria represiva, a lo que ayuda la inflación del dólar que vimos. Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos luego de las elecciones cuando el gobierno no se sienta en la necesidad de controlar “la inflación” erróneamente atribuida a la suba del dólar, cuando es al revés y si hay acuerdo con él para estatal -y por ende estatista- FMI lo que puede bajar la presión sobre el dólar oficial.

                 Como señala Cachanosky, no debería sorprender la calificación de MSCI en la que prácticamente dice que Argentina no existe para el mercado financiero. Con las reservas netas de USD 3.000 M tiene que respaldar la base monetaria y el stock de Leliq y pases netos por $6,2 B. O sea, que el BCRA tiene un dólar por cada $2.067 de base monetaria y deuda remunerada.

                 Y aunque el gobierno todavía tiene recursos para mantener el tipo de cambio oficial hasta las elecciones al menos, se cuida de gastar reservas al punto que le viene muy bien cortar los vuelos internacionales con la excusa de una “pandemia” promocionada por organismos oficiales, como las históricamente corruptas CDC de EE.UU. o la NHS británica, que no resiste el análisis de científicos independientes, con el resultado lógico del pánico y la violencia: la destrucción de la sociedad y de la producción. Solo esperemos que estas restricciones a la movilidad de los argentinos no sea un cerramiento al estilo de la paupérrima Cuba.

                  Hablando de caída de la producción, según el INDEC, durante el primer trimestre del año la actividad económica general subió 2,5% interanual. Sin embargo, el último trimestre “normal” había sido el cuarto del 2019 y comparándolo con el primer de trimestre 2021 se observa que la economía aún se encuentra debajo. Por caso, la tasa de ocupación descendió desde 42,2% a 41,6% lo que implica que se perdieron unos 65.000 empleos.

                 Aún con un supuesto agravamiento del cuadro sanitario, de momento el gobierno no parece dispuesto a implementar medidas más represivas -sobre un mercado que ya venía muy reprimido durante la era Macri- que vuelvan a dañar a la economía en una magnitud semejante a la del 2020 lo que es un reconocimiento tácito -aunque por razones obvias nunca lo reconocerá- de que con la violencia -la represión- y el pánico solo se consigue destruir.

             Ahora, entre las fuertes represiones al mercado que perece que sí continuarán está la carga impositiva. Por ejemplo, según FADA, la presión fiscal sobre el sector agrícola es del 61,8% y no solo que este valor en sí mismo es exageradísimo, sino que no tiene en cuenta el “efecto cascada”, es decir, cuando el campo compra cualquier insumo paga un precio que es tal, no solo por el costo de producción de ese insumo, sino porque tiene incluidos una cantidad de impuestos que paga el productor de ese insumo en cuestión.

             Y la situación de “la gallina de oro” argentina puede agravarse porque, como había señalado en mi nota anterior (“Los mercados de valores en situación inédita”), los precios de las materias primas vienen de atravesar un ciclo alcista que derivó en que productos como el petróleo o la soja se sitúen en valores récord, pero hay indicios de que podrían estar saturados dado que el crecimiento de las economías, con tanta inyección de dinero inflacionario, podría ralentizarse.

               De hecho, el siguiente cuadro de Zorraquín Meneses en base a cotizaciones MATBA/Rofex, muestra una caída importante:

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Escenario macroeconómico 2020/21

Por Adrián Ravier.  Publicado el 15/9/20 en: https://www.cronista.com/columnistas/Escenario-macroeconomico-202021-20200914-0057.html

Esta nota busca de resumir cuantitativamente cómo cierra la economía 2020 y qué puede deparar el escenario 2021.
Tocará cuatro temas centrales como lo son la actividad económica y los desequilibrios fiscal, monetario y cambiario.

El supuesto clave para la elaboración de este escenario consiste en imaginar que la política de cuarentena aplicada a lo largo y a lo ancho de todo el país, con un impacto negativo sobre la actividad, el empleo y la recaudación fiscal culmina en una fecha cercana a diciembre de 2020. Si esto no ocurre, entonces el escenario sería más pesimista.
Cómo cerraría el 2020 La economía argentina caería en 2020 en una proporción mayor que la ocurrida en 2002, lo que convierte a la recesión de este año en la más profunda de nuestra historia. Algunos analistas la estiman en torno a una
baja del 14%, suponiendo que la cuarentena se extienda hasta fin de año.

La destrucción de empleo también resulta preocupante, con una tasa de desocupación que ya se elevó del 10% al 15% según indicadores oficiales, pero que puede seguir escalando si no se detiene el cierre de empresas.
La caída en la actividad lógicamente redujo la recaudación fiscal, lo que contribuyó a ampliar el desequilibrio fiscal. Que el gobierno haya intentado en este contexto de baja recaudación sostener la actividad abonando la mitad de los salarios de las empresas privadas y otorgando subsidios a numerosos sectores de la economía, condujo al Estado argentino a un desequilibrio fiscal primario que saltó de menos del 1% del PIB en diciembre de 2019 a alrededor de 10% del PIB al cierre de 2020.

En una economía con una merma en la recaudación del 50% en el peor momento de la cuarentena, no había margen para sumar nuevos impuestos; el acceso a deuda también estaba limitado por la negociación con acreedores privados que recién acordaron en agosto, pero que aun resta un acuerdo con el FMI; lo único que el gobierno pudo hacer para financiar esa expansión de gasto público fue monetizar el desequilibrio fiscal, lo que generó un desequilibrio monetario de dimensiones alarmantes.
Para evitar o al menos reducir el impacto inflacionario en el corto plazo, la autoridad monetaria decidió en 2020 esterilizar la liquidez inyectada, y para ello, volvió a armar la ya usual “bola de nieve” de Leliq, que sólo puede sostenerse a fuerza de ir ofreciendo tasas de interés que superen el nivel de inflación esperada.

La inflación 2020, sin embargo y para sorpresa de muchos, luce “controlada”, pues su nivel sería inferior a aquel con el cual cerró 2019. ¿Cómo se explica esto? Porque la política de cuarentena con su incertidumbre consecuente generó un nivel de atesoramiento récord que permitió retirar transitoriamente dinero de
circulación, mientras la autoridad monetaria la expandía. A su vez, congelar tarifas e imponer un cepo cambiario muy restrictivo para la compra de divisas, sumado al efecto deflacionario que siempre provoca la recesión, se torna en un elevado nivel de inflación reprimida, que si bien en el corto plazo se puede sostener, implicarán un alza en la inflación futura, especialmente si llegara a desarmarse la “bola de nieve” de Leliq.
En el frente cambiario, el dólar oficial ha subido gradualmente al ritmo de la inflación, pero dada la baja cantidad de reservas en dólares, y la fuerte expansión del circulante, los analistas entienden que eventualmente habrá una corrección o crisis cambiaria que puede tener también impacto inflacionario.

Resulta complejo definir el nivel de rebote en la actividad que podríamos visualizar en 2021, pero quizás resulta un escenario plausible imaginar que el rebote podría ser del 50% de la caída de 2020. Si Argentina cae 10% por ejemplo, la economía podría llegar a recuperarse un 5%. Está claro que ese “crecimiento” de la actividad parte del pozo de 2020, y no del pico alcanzado en marzo de 2018, previo a la sequía y a la crisis cambiaria del gobierno anterior.
Tomará un largo tiempo recuperar el nivel de actividad potencial que Argentina tenía en el pico previo al escenario del Covid-19. Recordemos que ahora mismo la capacidad instalada está siendo utilizada en un nivel cercano al 40 %.
El rebote en la actividad mejorará la recaudación, lo que contribuye a reducir el desequilibrio fiscal primario del 10%. El presupuesto 2021 estima, de hecho, una mejora en la actividad económica del 5%, una mejora en la recaudación sustancial, lo que permite reducir el desequilibrio fiscal al 4,5%.
La reducción del desequilibrio fiscal del 10% al 4,5 % es plausible, pues el gobierno estaría estimando una mejora en la recaudación de 2%, mientras interrumpe algunos de los subsidios de 2020, una vez que ya no deba abonar la mitad de los sueldos de las empresas.
El ritmo de emisión monetaria, sin embargo, podría reducirse, aunque sigue siendo preocupante la necesidad de monetizar 4,5% de déficit fiscal, sumado al exceso de oferta impulsado en 2020.
En economía siempre explicamos el problema del timing, como un problema que nos impide definir con exactitud el momento en que podría desencadenarse un shock de cualquier tipo. En este escenario que estamos estudiando, sin embargo, sí podemos definir que Argentina se encuentra muy comprometida en el plano inflacionario.
Si en algún momento la gente se resiste a renovar los plazos fijos, esto dificultará a los bancos para renovar las Leliq, lo que haría que estás últimas sean monetizadas, generando un shock monetario en el mercado con un
fuerte impacto inflacionario. Algo similar sufrió el gobierno anterior con las Lebac.
Cuando este shock inflacionario ocurre la gente empieza a visualizar que el dinero se le “derrite” en las manos, y es allí cuando opta por ir masivamente al dólar para resguardar sus ahorros, lo que amplía la brecha entre el dólar oficial y el “blue”, provocando una crisis cambiaria que a la vez retroalimenta la inflación.

Con elevada inflación, la pérdida de poder adquisitivo eleva el costo de vida, dejando a más cantidad de gente por debajo de la línea de la pobreza, pero a la vez iniciando una compleja puja salarial y de ingresos donde el sindicalismo juega un rol central.
El círculo vicioso no se puede detener hasta que el gobierno muestra un plan económico que genera confianza en el mercado, lo que normalmente constituye un cambio de equipo económico, y a veces de gobierno.
Reflexión final
El acuerdo con acreedores privados es una buena noticia. También lo sería un acuerdo con el FMI, que seguramente costará más tiempo. Ambos esfuerzos lograrían patear el capital y los intereses de deuda, dando aire al Gobierno para enfrentar la situación descripta, además de reducir el riesgo país.
El Gobierno no debe, sin embargo, pensar que estos acuerdos le dan aire para continuar por el camino 2020 de ayudas y subsidios. Argentina necesita plantearse un camino de sustentabilidad que le permita recuperar
actividad, empleo y recaudación, alcanzando un superávit fiscal primario que le permita -llegado el momento enfrentar las obligaciones comprometidas en los acuerdos de deuda 2020.
Para ello los países de la región ya han afrontado una serie de reformas que Argentina mantiene pendientes y sobre las cuales el FMI pondrá el ojo al negociar su deuda: reforma integral del estado, reforma impositiva, reforma laboral y reforma previsional. ¿Podrá cambiar el rumbo la Argentina antes de una nueva debacle?
Soy pesimista

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Publica como @AdrianRavier

CAMBIO DE CICLO

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 2/10/19 en:  https://www.sotograndedigital.com/2019/10/01/cambio-de-ciclo-por-carlos-rodriguez-braun/

 

Ahora que llega el otoño, y empieza a llover en Sotogrande, podemos reflexionar sobre otro tipo de precipitación: ¿estamos cerca de un cambio en el ciclo económico o a las puertas de una crisis?

Habrá quien proteste por la pregunta, alegando que no podemos estar próximos a un colapso cuando aún no hemos superado plenamente el anterior. Sin embargo, se trata de una percepción errónea, porque en realidad la economía española lleva seis años creciendo, y a bastante buen ritmo. Dejamos atrás la crisis en el año 2013.

Carlos Rodríguez Braun

Y tampoco es cierto que, considerando que no todos los indicadores son mejores que los registrados en 2007, entonces hay que concluir que seguimos atrapados en la última gran caída de la actividad económica. Recordemos que ese año marcó el final de un ciclo notablemente prolongado de expansión, iniciado en 1993. Por fin, esas percepciones equivocadas son relativamente frecuentes, y operan en los dos sentidos, tanto en las expansiones como en las recesiones.

Sea como fuere, y dando por sentado nuestra completa e inerradicable ignorancia sobre qué sucederá en el futuro, lo que sí podemos constatar es que el ritmo de crecimiento de la economía española se está desacelerando. Los indicadores son a estas alturas suficientes como para afirmarlo, en términos de actividad, empleo y comercio exterior.

La situación internacional tampoco es halagüeña, no solo por el freno de varias economías en Europa y fuera de ella, sino también por la incertidumbre que afecta a tres campos importantes: el Brexit, la guerra comercial entre China y Estados Unidos, y la política monetaria.

Es verdad que tales incógnitas pueden despejarse de manera positiva, pero no lo veo probable, especialmente en el caso de los bancos centrales, cuyas políticas han sido a mi juicio demasiado expansivas durante demasiado tiempo. Esto rara vez termina bien.

Por lo tanto, conviene que nos preparemos para un nuevo escenario con más dificultades, o incluso un cambio de ciclo. Si nuestros gobernantes fueran precavidos, lo que estarían haciendo ahora es bajar gastos e impuestos y flexibilizar los mercados, para amortiguar cualquier golpe negativo en ciernes. No lo están haciendo, y, lo que es peor, no está nada claro que lo vayan a hacer en el futuro.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

Sin subsidios, habría menos inflación

Por Iván Carrino. Publicado el 17/9/15 en: https://igdigital.com/2015/09/sin-subsidios-habria-menos-inflacion/

 

Una eventual eliminación de los subsidios económicos sincerará los precios de las tarifas de los servicios públicos, pero es una política necesaria para reducir una inflación que se encuentra en niveles récord en el mundo.

Como si se tratara de la varita mágica que usan los magos, el Ministro Kicillof defendió la política de subsidios ya que sostiene que es “antiinflacionaria, genera actividad y reduce la pobreza”.

La afirmación es cuanto menos curiosa. Por un lado, porque si fuera así, lo único que deberían hacer todos los gobiernos del mundo sería dedicarse a subsidiar la mayor cantidad de actividades posibles.

Por el otro, porque desde el año 2007, los subsidios económicos (aquéllos destinados a cubrir la diferencia entre lo que los consumidores pagan por la luz, el gas y el transporte y lo que las empresas proveedoras deberían cobrar para hacer rentable su negocio) crecieron a un ritmo del 60,4% anual promedio y pasaron de representar el 9,5% del gasto público a orillar el 20% el año pasado.

graf

Sin embargo, conjuntamente con este incremento, también se verificó, año tras año, la suba de los precios, del nivel de pobreza y el estancamiento de la actividad económica.

El ministro no está solo. Un reciente informe del centro de políticas públicas CIPPEC advierte que una rápida eliminación de los subsidios económicos, con el consecuente sinceramiento de las tarifas de servicios públicos, impactaría al alza en la inflación.

El informe del CIPPEC, sin embargo, entra en una contradicción. En las primeras páginas del mismo se puede leer que “el gasto en subsidios es financiado por transferencias del Banco Central al Tesoro, las cuales son, a su vez, la principal causa detrás de la inflación”. Poco después, sin embargo, se afirma que un sinceramiento de tarifas que permita eliminar subsidios “…sumaría en lo inmediato un 4% a la inflación”.

La contradicción es evidente: ¿cómo puede ser que una política que es vista como la principal causa detrás de la inflación, al ser revertida, incremente la inflación?

El problema aparece porque se confunde el proceso inflacionario con las herramientas que se utilizan para intentar medir su magnitud.

En general, existe consenso entre los economistas acerca de que la inflación es el aumento generalizado de los precios o la pérdida continua del poder de compra de la moneda. También existe consenso respecto de que la causa de la inflación es el aumento excesivo de la cantidad de dinero en circulación.

En este marco, la política de subsidios es claramente inflacionaria. Como el gasto que se destina a este fin es financiado con la emisión monetaria del Banco Central, el poder adquisitivo de los pesos que tenemos en el bolsillo cae. Por ello, resulta evidente que reducir los subsidios económicos, así como otros elementos del gasto público, son políticas antiinflacionarias y no lo contrario.

graf

Ahora bien, para medir la inflación, tanto el gobierno como las consultoras privadas toman una canasta de consumo de referencia, dentro de la cual no solo está el precio del pan y de la leche, sino también el de servicios básicos como energía, gas, transporte y agua.

Por este motivo, una suba en el precio de estos servicios impactará en el precio de toda la canasta, encareciendo el costo de vida al llevarlo a un nivel realista y acorde con una economía menos intervenida por el gobierno.

Claramente, en el corto plazo, podremos ver una suba del precio de esa canasta, pero dado que la caída del gasto reducirá el déficit fiscal, entonces también será menor la emisión monetaria y, finalmente, menor la inflación.

Los subsidios económicos no sirvieron para reducir la inflación y tampoco para dinamizar la actividad económica. Muy por el contrario, la emisión monetaria que se utiliza para financiarlos generó una de las inflaciones más altas del mundo, lo que dio lugar al cepo cambiario y al estancamiento económico, algo que el informe de CIPPEC reconoce expresamente.

Finalmente, es cierto que hay que preocuparse por los sectores más vulnerables a la hora de decidir eliminar los subsidios, pero no debe dejarse de lado cómo afectan a esos mismos sectores el déficit fiscal, una inflación récord mundial y el cepo cambiario, tres factores que, combinados, están destruyendo la economía argentina.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.