No se puede aumentar la solidaridad creando más impuestos

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  http://www.accionhumana.com/2020/01/no-se-puede-aumentar-la-solidaridad.html

 

Un nuevo adefesio jurídico viene a sumarse a la larga lista de leyes que se han hecho merecedoras de aquel calificativo. Se trata ahora de la ley que lleva por numero 27541 más conocida con el nombre de ley de solidaridad social instada por el nuevo gobierno peronista que -al menos formalmente- encabeza Alberto Fernández.

La misma no es más que una ley fiscal, una de las tantas, inspirada en la popular falacia por la cual “los ricos deben pagar más impuestos que los pobres”, dogma tan antiguo como errado. La ley persigue la redistribución de lo recaudado entre los más desfavorecidos económicamente. Suponiendo que ese fuera el destino real del producido del impuesto, tanto como en los casos de los ensayos legislativos de décadas anteriores en procura del mismo objetivo, la situación de los jubilados y otros distintos beneficiaros enunciados en esta ley no mejorará, sino que empeorará.

No es mi intención hacer un análisis técnico-legal de la norma, lo que -de momento- no nos interesa. Si, en cambio, realizar un repaso de los efectos de los impuestos sobre la economía y -en particular- sobre los más necesitados (que serían los supuestos “beneficiarios” finales de los mismos).

Es sabido que la carga fiscal de la Argentina es una de las más altas del mundo antes de esta nueva ley.

Muchos son los que se sorprenden que, con impuestos tan altos el país tenga, también, elevados índices de pobreza. La gente razona de la manera siguiente: a mayores impuestos (I) + redistribución (R) = + igualdad = menos pobreza.

Sin embargo, el resultado de la ecuación es el inverso (+ I + R = + igualdad = + pobreza).

Los impuestos siempre crean más pobreza, no menos. Dedicamos una obra al tema donde explicamos detalladamente la mecánica de esta generación de pobreza creada por los impuestos.

El secreto no es nuevo, sino que fue develado por Arthur Laffer autor de la célebre curva de Laffer que volvemos a presentar a continuación:

El grafico habla por sí mismo y no necesita mayores explicaciones, pero sintéticamente muestra como la tasa de recaudación aumenta hasta un punto (E) en el cual a medida que la tasa se hace más alta la recaudación se va retrayendo desde el punto E (también llamado “óptimo fiscal”) hacia los puntos C y A.

Suponiendo que el ingreso del sujeto imponible fuera de 100.000 en el punto 0 si la tasa de imposición fuera del 100 % la recaudación volvería a ser cero tal como lo era cuando se partió del punto inicial 0.

El cuadro ilustrativo de abajo muestra lo que se llama el “Efecto Laffer” donde (a fines de simplificar) se toma una tasa fija (no progresiva) de imposición.

A modo de ejemplo:

INGRESO TASA IMPUESTO SALDO RECAUDADO
100000,0 20 20000,0 80000 20000
80000,0 20 16000,0 64000 36000
64000,0 20 12800,0 51200 48800
51200,0 20 10240,0 40960 59040
40960,0 20 8192,0 32768 67232
32768,0 20 6553,6 26214 73786
26214,4 20 5242,9 20972 79028
20971,5 20 4194,3 16777 83223
16777,2 20 3355,4 13422 86578
13421,8 20 2684,4 10737 89263
10737,4 20 2147,5 8590 91410
8589,9 20 1718,0 6872 93128
6871,9 20 1374,4 5498 94502

Si bien la recaudación crece lo hace cada vez menos hasta un punto en que -si se sigue la progresión- será igual a cero, y a partir de allí dará un valor negativo.

Si la tasa fuera progresiva y no constante el resultado sería más acusado todavía.

Al mismo tiempo, nuestra tabla nos muestra el acelerado consumo de capital fruto del impuesto.

Adicionalmente, no hay que perder de vista el incentivo negativo que implicará el declive de la producción en la misma ratio de la tasa de imposición para el próximo ejercicio fiscal.

A pesar de esto -que es casi más de puro sentido común que de economía- los gobiernos insisten en generar más impuestos y/o aumentar las alícuotas de los ya existentes.

El “Efecto Laffer” es el mismo si donde pusimos INGRESO colocamos la palabra “capital”, “ganancias”, “renta”, etc. las que -a estos fines- resultan ser sinónimos.

Cualquier impuesto consume capital/ingresos/rentas/ganancias etc. Lo hará, de una forma o de otra, más visiblemente o menos, más rápido o más lento, pero lo hará, y dado que la pobreza se reduce con más capital, etc. y no con menos los impuestos originan pobreza siempre. Màs tarde o màs temprano.

Hay que tener presente la máxima del sabio Ludwig von Mises, por la cual cada centavo que gasta el gobierno es un centavo menos que gasta la gente, lo que significa que, mientras el gobierno se enriquece la gente se empobrece.

Y lo más importante: se alteran (y se contrarían) las preferencias relativas de la población que hubiera dado un destino diferente a sus recursos si continuaran en su poder y no se los hubiera confiscado el gobierno, porque hay que aclarar, además, que el impuesto es siempre una confiscación por mucho que los juristas y otros profesores, académicos, políticos, periodistas, analistas, etc., sostengan a rajatabla lo contrario.

Todo impuesto es confiscatorio siempre, porque es eso: un impuesto. Es algo forzoso que se detrae contra la voluntad de quien se ve despojado del fruto de su esfuerzo y trabajo. Y que, además, no cuenta con contraprestación alguna, o no con la deseada por el sujeto confiscado.

Cuando voy al mercado a comprar, por ejemplo, un kilo de manzanas es porque estoy dispuesto a intercambiar el dinero de mi propiedad en X cantidad por un kilo de manzanas.

Si el verdulero en cuestión me obliga a recibir -a cambio de esa cantidad- un kilo de mandarinas no estoy recibiendo la contraprestación que subjetivamente he decidido de mi preferencia (podría ser quizás alérgico a las mandarinas, además) con lo cual estoy siendo confiscado si no tengo alternativa. Con los impuestos sucede algo similar o peor aún, ya que a cambio de mi dinero (al llenar la planilla del tributo o al pagar el impuesto en alguna otra operación) no recibo nada, ni perceptible, ni concreto a cambio. Por eso es que sostengo enfáticamente que todo impuesto constituye sin más una confiscación por “liviana” o disimulada que sea.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Las cuotas de género: ¿y por qué no las miles o millones de otras cuotas a las que pertenecemos?

Por Martín Krause. Publicada el 8/9/16 en: http://bazar.ufm.edu/las-cuotas-de-genero-y-por-que-no-las-miles-o-millones-de-otras-cuotas-a-las-que-pertenecemos/

 

Hay ciertos temas que son políticamente muy correctos, aunque plantean serias dudas sobre su solidez. Uno de ellos es el de las ‘cuotas femeninas’ para ciertos cargos electivos. La cuestión ha sido presentada en estos días en un artículo de Lorena Moscovich, politóloga y profesora de la Universidad de San Andrés, con el título “Cuotas de género” ¿y si discutimos con evidencias?: http://www.lanacion.com.ar/1933735-cuotas-de-genero-y-si-discutimos-con-evidencias

Al respecto dice: “… .la discusión sobre la posible ampliación de la cuota de género en el Congreso está mostrando que aquello está lejos de ser obvio para mucha gente. Periodistas, académicos y legisladores, formadores de opinión rechazan la ampliación de esa cuota sin dar razones claras para hacerlo.”

Borges

Tratemos de ofrecer una.

Los seres humanos, tanto hombres como mujeres, dada nuestra característica ‘social’, pertenecemos a todo tipo de grupos. El problema que se presenta con la cuotificación femenina es determinar si esa clasificación de grupo es más importante que las casi infinitas otras que existen.

Por ejemplo, supongo, aunque no conozco, que la autora pertenece también al grupo de las/los profesores universitarios, también al de las/los profesores de universidades privadas, obviamente al de cientistas políticos, y, tal vez, al de casadas o solteras, madres o tías, hinchas de RIver o de Boca, altas o bajas, y así sucesivamente. ¿Cuántos de todos esos distintos grupos merecerían tener una representación proporcional en el Congreso?

Porque. Incluso si de sexo se trata, el tema no para en la representación de las mujeres. ¿Deberían también tener un cupo los gays y lesbianas? ¿Y otro los transexuales? ¿Por qué no?

El problema es insoluble. Ya lo había planteado Jorge Luis Borges en “El Congreso”:

“Twirl, cuya inteligencia era lúcida, observó que el Congreso presuponía un problema de índole filosófica. Planear una asamblea que representara a todos los hombres era como fijar el número exacto de los arquetipos platónicos, enigma que ha atareado durante siglos la perplejidad de los pensadores. Sugirió que, sin ir más lejos, don Alejandro Glencoe podía representar a los hacendados, pero también a los orientales y también a los grandes precursores y también a los hombres de barba roja y a los que están sentados en un sillón. Nora Erfjord era noruega. ¿Representaría a las secretarias, a las noruegas o simplemente a todas las mujeres hermosas? ¿Bastaba un ingeniero para representar a todos los ingenieros, incluso los de Nueva Zelanda?”

Jorge Luis Borges, El libro de Arena, Obras Completas, Tomo III, (Barcelona: Emecé Editores, 1996), p. 24.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

arteBA 2016 festejó con una edición de lujo

Por Delfina Helguera. Publicado el 25/5/16 en: http://www.arte-online.net/Notas/arteBA_2016_festejo_con_una_edicion_de_lujo

 

La feria arteBA ha recorrido un largo camino desde su fundación en 1991 en donde tomaba por completo al Centro Cultural Recoleta con una feria de galerías de diversa índole, ahora se autodefine como feria de arte contemporáneo y es parte de la escena global del arte con todas las exigencias que esto conlleva. Las ferias actualmente comparten un aspecto de lo institucional y funcionan con cercanía a los museos y espacios públicos no comerciales, además es un momento en el año en donde se puede encontrar a figuras destacadas del ambiente reunidas en un solo lugar, lo que hace de esta semana un sinfín de eventos e inauguraciones concentrados en escasos días. Aunque hay voces discordantes, la feria termina siendo un aglutinante entre curadores, artistas, académicos, gestores, críticos, coleccionistas y público, lo que no es poco.

Arnaiz, Sakai y Stupia en la Galería de Jorge Mara

La edición 2016 tuvo un recorrido más amable para el público, en las anteriores no se llegaba a recorrer la feria en un solo día por la cantidad de espacios dedicados no solo a galerías sino a propuestas curatoriales que demandaban mayor tiempo y concentración. Este año los espacios curados fueron una ocasión para entrar en contacto con obras de artistas que no solemos ver por aquí, como la de Louise Lawler en el Photobooth de Citi que mostró dibujos y grandes vinilos en la galería Metro Pictures y Karin Sander de la galería Esther Schipper con la obra más fotografiada por el público: la selección femenino de fútbol alemana en figuras en 3D.

El Solo Show de Zurich con una propuesta acotada de 6 galerías y artistas curado por el español Manuel Segade exploraba el tema del cuerpo. Los artistas argentinos Osias Yanov (galería Nora Fisch) y Mercedes Azpilicueta (representada por Mirta Demare) eran parte de la selección con registros de performances, y la galería Plan B con sede en Rumania y Berlín trajo una serie de pinturas del artista rumano Serban Savu que valían la recorrida. El U Turn ya es un clásico de la feria, con propuestas más radicales se distingue por tener un recorrido en U en donde un curador elige galerías y artistas, en este caso el brasileño Jacopo Crivelli Visconti.

U Turns Mercedes Benz

La gran atracción esta vez fueron las esculturas que penden del techo del artista Tomás Saraceno, un tucumano que vive y trabaja en Berlín y que forma parte delwho’s whoartístico global representado por la galería Esther Schipper. La selección también contempla incluir galerías argentinas, como Barro que representa a Matías Duville que realizó una gran instalación en el espacio central del recorrido y Ruth Benzacar que mostró obra de Mariana Tellería y Luciana Lamothe que trabajan esculturas u objetos dislocados. Interesantísima resultó la selección de artistas, por citar algunos: Alexander Apóstol con una serie de obra abstracta en la tradición geométrica venezolana, Carmela Gross con una instalación de carteles de calles, Marilá Dardot, Elena Damiani, Liliana Porter, Bernardo Ortíz.

Tomás Saraceno representado por la galería berlinesa Esther Schipper

El sector de las galerías estuvo muy bien organizado alrededor de los perfiles de cada una, las galerías con obra histórica agrupadas al principio y luego las dedicadas a artistas de mediana carrera y las más emergentes cerca del Barrio Joven. En la sección histórica la presencia de obras de Antonio Berni fue llamativa: un óleo imponente de los ‘50s en Roldán Moderno, grabados preparatorios del mural que se encuentra en Malba en la galería Rubbers, parte de los papeles históricos recobrados hace poco en la galería Cosmocosa y una sala entera en Sur con gofrados, óleos y fotografía intervenida.

Otro de los artistas presentes fue Le Parc con móviles en Sur y en Del Infinito. Jacques Martínez dedicó su stand a los realismos de los ‘70  con obra de Giuffré poco frecuente de encontrar y Alejandro Faggioni una selección de esculturas de Noemí Gerstein, Iommi, Magda Frank, Alfredo Bigatti, Libero Badii y Aldo Paparella.  María Calcaterra además de obra histórica geométrica de los ’60 expuso en la sección Cabinet, obra de Edgardo Giménez que fue comprada por el Museo Nacional de Bellas Artes.

cabinet de Edgardo Giménez en María Calcaterra

El sector más contemporáneo estuvo bien representado con las galerías ya habituadas a participar de esta y otras ferias en el mundo como Nora Fisch, Vasari, Rolf, Henrique Farías, y algunas incorporaciones nuevas: Ruby, Isla Flotante y Hache que pasaron del Barrio Joven al sector principal. Las galerías extranjeras también participaron de un programa patrocinado por el Patio Bullrich, Special Project, en el que elegían 3 artistas a exhibir con acento en lo curatorial. La galería 3+1 Arte contemporánea de Lisboa participó con obra de Claire Santa Coloma, una artista argentina radicada en Europa y vendió casi todo el stand.

Alicia Penalba en Van Riel

El programa de compras promovido a través de los Matching Funds o el esponsoreo funcionó muy bien, con 23 museos y empresas que compraron 53 obras. Participaron 85 galerías de 14 países, más de la mitad eran extranjeras de las cuales 29 eran nuevas incorporaciones. Adquirieron obra para sus colecciones diez museos nacionales y diez internacionales, lo que significa un salto cualitativo de envergadura para todos. Se registró informalmente también un alto índice de compras por parte de coleccionistas y público local en las galerías ya desde el primer día.

Al final del recorrido, junto al Barrio Joven estaba Dixit, un espacio de 900 m2 ofrecido a un equipo curatorial para que organice una exhibición en la feria sobre los “25 años de arte argentino”. El equipo conformado por Federico Baeza, Lara Marmor y Sebastián Vidal Mackinson idearon una exposición llamada “Oasis” con el sugerente subtítulo “afinidades conocidas e insospechadas en un recorrido por la producción artística de nuestro tiempo”, cuyo leit motif era una cita de Federico Manuel Peralta Ramos: “solamente consiguen un oasis aquellos que se bancan el desierto” que también daba la bienvenida al visitante en una alfombrita. La exhibición daba cuenta, con algunas omisiones, de la producción actual del arte joven argentino con la inclusión de algunos artistas de otra generación como Eduardo Stupía. Hubo decisiones curatoriales a tener en cuenta: el espacio asignado a las obras y el oasis de Diego Bianchi como núcleo convergente. De por si el espacio asignado era difícil para el montaje y lo resolvieron exhibiendo en estructuras de madera las obras de dos dimensiones y no jerarquizando el espacio, la muestra se leía toda con un mismo tono.

Sol Show Zurich

No faltó nada ni nadie, hubo una programación de charlas en el Open Forum, presentación de libros en Isla de ediciones, y el stand del Ministerio de Cultura de la Nación organizó mesas redondas con profesionales locales y extranjeros que atrajeron al público entusiasta.

  • Roldán Moderno
    Pablo Suárez

 

Delfina Helguera: Es Licenciada en Letras (UBA). Ha sido co-representante de Sotheby’s filial Argentina. Socia fundadora de la Asociación Amigos de Malba. Dirige Lavinia Subastas de Arte. Es profesora de Curaduría I y de Mercado de Arte y es Directora del Departamento de Arte y Diseño en el Instituto Universitario ESEADE.

Los intelectuales y la política:

Por Alberto Benegas Lynch. Publicado el 18/10/12 en http://diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7533

 La función primordial de los ámbitos académicos es evaluar, discutir y proponer ideas independientemente de su comprensión o incomprensión por parte de la opinión pública. Es un microcosmos del que parten las novedades. En este nivel es irrelevante si las ideas en cuestión son o no son populares, lo importante es su validez o invalidez a juicio de sus propulsores.

A veces se presentan posiciones como si fueran mutuamente excluyentes, pero miradas desde una perspectiva abarcadora no resultan incompatibles. Veamos este asunto por partes. La función primordial de los ámbitos académicos es evaluar, discutir y proponer ideas independientemente de su comprensión o incomprensión por parte de la opinión pública. Es un microcosmos del que parten las novedades. John Stuart Mill ha dicho que todas las nuevas ideas expresadas con la suficiente insistencia indefectiblemente pasan por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción. En este nivel es irrelevante si las ideas en cuestión son o no son populares, lo importante es su validez o invalidez a juicio de sus propulsores.

Hay en este plano un efecto multiplicador tal como ocurre con una piedra arrojada en un estanque: se forman círculos concéntricos que abarcan radios cada vez mayores a medida que, en nuestro caso, se van abriendo paso las nuevas ideas. Todo lo que disponemos con naturalidad hoy ha sido la creación solitaria de alguna mente que muchas veces se la juzgó como demente hasta que se la adoptó, luego de lo cual la gente actúa como si siempre hubiera estado presente la innovación, es como si hubiera aparecido por ósmosis. Los prácticos de este mundo no hacen más que aplicar buenas teorías fabricadas trabajosamente por otros, de allí el aforismo de que “nada hay más práctico que una buena teoría”.

En esta instancia del proceso evolutivo, la política opera en un sentido completamente distinto. Su material discursivo es lo que se comprendió y aceptó, no lo que eventualmente va a ocurrir. Su función no es abrir caminos sino transitar los que ya se encuentran a disposición de la gente. No proceden ni pueden proceder con independencia de los que ha digerido la opinión pública.

Son funciones cruzadas: si el intelectual, antes de dictar su clase, averigua que es lo que quieren escuchar sus estudiantes, estará perdido como profesor. Pero si el político no escucha debidamente lo que su audiencia le reclama y procede independientemente se sus demandas, tendrá sus días contados como político.

Ilustremos esto una vez más con un gráfico en el que se destaca el punto de máxima y de mínima que permite la opinión pública en cuanto a recetas de políticas públicas. Supongamos que se trata de más o menos libertad. Los de tendencias liberales que propongan medidas más radicales de lo que el punto de máxima marca como límite de absorción, indefectiblemente perderán apoyo electoral. Si, en cambio, el de raigambre trotskista sugiere medidas más extremas de lo que el punto de mínima permite, también será castigado en las urnas. Es inexorable, el político es en última instancia un cazador de votos, por lo que le resulta imposible navegar por fuera del aludido plafón.

Ahora bien, el asunto radica en saber de que dependen las fluctuaciones de la aparentemente misteriosa opinión pública, para lo que debemos mirar al mundo intelectual que, para bien o para mal, es responsable de los referidos corrimientos. De allí es que resultan tan trascendentales las faenas educativas. De allí procede el sentido de bautizar a cierta etapa de la historia como “la era de Marx” o “la era de Keynes”. No es que los políticos hayan leído las respectivas obras (a veces ni siquiera conocen sus títulos), es que están embretados a recurrir a un discurso que apunte en esa dirección, si es que quieren sobrevivir como políticos.

El académico que no es intransigente con sus ideas es un impostor y, por el contrario, el político que se muestra intransigente con ideas que difieren de las de la opinión pública es un mal político. Por eso es que en este último caso, se requiere conciliación, búsqueda de consensos y acuerdos entre distintas corrientes de opinión. En el caso de los intelectuales, el debate, las concordancias y las refutaciones no toman para nada en cuenta si otros aplauden o se disgustan solo apuntan a lo que estiman es al momento la verdad (subrayo lo de al momento puesto que las corroboraciones son siempre provisorias). Las discusiones en este nivel no son para lograr un consenso sino para indagar en lo que se estima es verdadero o falso.

Debemos nuevamente precisar que en todo esto nunca debe estar presente la ideología, una palabreja horrible que, a diferencia de lo que apunta el diccionario de conjunto de ideas e incluso a diferencia de la concepción marxista de “falsa conciencia de clase”, la acepción más difundida es la de algo cerrado, terminado, inexpugnable, pétreo e inamovible, lo cual es lo más distanciado y contrario que pueda concebirse del significado del conocimiento. En este sentido es que siempre destaco el lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, es decir, no hay palabras finales puesto que estamos inmersos en un contexto evolutivo donde, para los mortales, no hay metas finales que puedan lograrse, estamos siempre en tránsito. De lo que se trata entonces es de valores o principios (y no de ideología) los cuales, mientras se consideren verdaderos, se mantienen incólumes en el plano intelectual y que, en el nivel político, necesariamente deben negociarse.

Por más que el político alardee de valores inmodificables, no es lo que caracteriza a las estructuras políticas. En la carrera electoral deben ceder lo necesario para lograr el objetivo. En última instancia, las plataformas valen de poco si la opinión pública espera otra cosa. No es que el político no tenga sus preferencias personales, es que debe adaptarse a la situación reinante y no anteponer principios. Los integrantes de cada partido tendrán sus ubicaciones en el espectro general pero los movimientos para un lado o para otro serán necesarios si se esperan votos. Como queda dicho, las respectivas correcciones y modificaciones en el pensamiento de los integrantes de la opinión pública viene del costado intelectual-educativo y no del fragor de la batalla política.

Lo más ridículo es observar a una especie de zombies que no saben donde ubicarse y van y vienen de un plano a otro con lo que naturalmente quedan mal con integrantes de ambos bandos. Nada más triste que el intelectual que la juega de político puesto que el rigor profesional se transforma en un derrumbe estrepitoso: son monedas falsas en ambos lados de la contienda. Esto no significa en modo alguno que el intelectual no pueda vincularse de muy diferentes maneras a la política pero es para dar su opinión sin retaceos y no para adelantarse en transacciones que no le competen. Las estrategias, las funciones y los desempeños son sustancialmente diferentes en un plano y en otro, lo cual no debe confundirse con entidades que excepcionalmente se inscriben como partidos políticos con la idea de correr el eje del debate y no meramente ganar elecciones como es el objetivo de la política convencional.

A mi juicio, tiene prelación la instancia académica si se observa la secuencia lógica del proceso. La política es la ejecución de ideas y no es posible ejecutar aquello que no se sabe en que consiste. Por su parte, es muy higiénica la crítica a los gobernantes cuando el Leviatán atropella y a los opositores en las legislaturas cuando no limitan el poder, pero también se debe tener en cuenta que, como queda expresado, los andamiajes discursivos dependen de lo que la gente sea capaz de asimilar y esto, a su vez, es consecuencia de tareas educativas previas. No puede pretenderse un discurso distinto de lo que se está en condiciones de digerir. Para que un orador pueda pronunciar una conferencia en sueco es indispensable que la audiencia entienda sueco, de lo contrario el evento será un rotundo fracaso.

En resumen, mientras avanza el debate sobre externalidades, el dilema del prisionero, los bienes públicos y las asimetrías, la tarea del político no es incompatible sino complementaria a la del intelectual. Los dos cumplen funciones distintas y necesarias. El primero se dirige a lo que es políticamente posible, mientras que el segundo apunta a convertir lo políticamente imposible en posible.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.