Dislate: ley en defensa de la competencia

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 30/5/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/05/30/dislate-ley-en-defensa-de-la-competencia/

 

En el caso argentino al que ahora nos referimos, no es para nada una concepción nueva la legislación que alardea con defender la competencia, terreno que fue iniciado por Perón con sus conocidas amenazas al agio y la especulación, luego utilizado con distintas etiquetas por otros muchos gobiernos estatistas.

Igual que con la libertad de prensa, la mejor ley sobre el proceso competitivo es la que no se promulga. Para fraudes, abusos y corrupciones varias está el Código Penal y el Civil y Comercial, no solo no es necesaria sino del todo contraproducente una ley nacional en defensa de la competencia que, al igual que otros documentos de tenor equivalente, aparecen dirigidos a buenos propósitos pero esconden veneno bajo el poncho.

En el contexto de este gobierno no es de extrañar que semejante ley se promulgue puesto que varios de sus encumbrados funcionarios han despotricado contra empresas que mueven sus precios, en lugar de afrontar con el vigor necesario las causas de dichos movimientos como es el elefantiásico gasto público, el déficit fiscal y la consiguiente manipulación monetaria.

Lo primero es comprender que técnicamente no hay tal cosa como traslación a precios. El empresario siempre intenta cobrar el precio más alto que las circunstancias permitan, lo cual no significa que sean las que quieran, de lo contrario el vendedor de pollos colocaría sus precios a un billón de libras esterlinas por unidad pero, en ese caso, la demanda será cero.

Sería en verdad muy atractivo para el mundo empresario que no deba preocuparse por la altura de sus costos, total simplemente  los traslada a los precios. Pero las cosas no son así. Si el comerciante conjetura mal su negocio y eleva los precios más allá de lo que la demanda permite, verá afectadas sus ventas y no podrá optimizar la relación volumen-precio. Los procesos inflacionarios o la baja en la productividad generan el espejismo de la traslación.

Lo segundo que conviene precisar es la bondad del monopolio, esto es la venta de un bien o servicio por un solo oferente. Esto quiere decir que el pionero en el rubro ha ofrecido algo hasta el momento desconocido en el mercado. Este ha sido el caso desde el invento del arco y la flecha que dejó de lado el garrote. Una ley antimonopólica se traduce en la insensatez de no permitir un descubrimiento puesto que no podría existir el primer emprendimiento antes de que exista el segundo (?). Ningún producto farmacéutico, ninguna novedad en los equipos electrónicos  sería permitido bajo este absurdo legislativo. Es por eso que las leyes vigentes y sus aplicaciones en esta materia están llenas de rodeos, caminos tortuosos y referencias sibilinas para poder implantarse y satisfacer así la ignorancia de un público que injustificadamente se siente protegido por este aluvión legislativo en todas partes en las que tiene vigencia este esperpento.

Estas volteretas legislativas y ridículos enmascaramientos han sido denunciados por muchos autores de fuste, muy especialmente en el contexto del cuidadoso andamiaje analítico de Richard Posner en  Antitrust Law. An Economic Perspective, por Dominick Armentano en Antiturst and Monopoly. Anatomy of a Policy Failure, en el décimo capítulo del segundo tomo del tratado de economía de Murray Rothbard titulado “Monopoly and Competition” y en la cuarta parte del capítulo 16 del tratado de Ludwig von Mises bajo el título de “Los precios de monopolio”.

El problema no son los monopolios que surgen como consecuencia del mejor oferente a criterio de la gente en el mercado en un contexto de apertura total. El problema gravísimo son los monopolios legales sean estos estatales o privados, a saber, los que son artificialmente otorgados por el poder político en cuyo caso la gente es explotada por rufianes mal llamados empresarios con privilegios de diversa naturaleza como mercado cautivos, exenciones fiscales, tarifas aduaneras o lo que fuere. En estos casos inexorablemente los precios serán más altos de lo que hubieran sido de no haber mediado la dádiva, las calidades inferiores o las dos cosas al mismo tiempo.

La denominada cartelización constituye una pantalla cuyo ataque disimula otro desconocimiento medular: en la práctica es como si se tratara de un monopolio con lo que lo dicho para ese caso basta para concluir que si en lugar de operar bajo una razón social las empresas prefieren desenvolverse bajo varias razones sociales el caso anterior explica el fenómeno, situación que es del todo aplicable al oligopolio (pocos oferentes “grandes”) y el trust (fusión de varias empresas en una).

Es de interés destacar que lo que en economía se denomina el factor competitivo permanente hace que en un mercado abierto todas las empresas estén en competencia entre si aunque se trate de reglones diferentes en busca de los recursos de la gente. Aun en el caso irreal por cierto de que exista una sola empresa que satisfaga con un solo producto todas las necesidades de la totalidad de la población, aun en ese caso la ley de rendimientos decrecientes, que muestra la relación producto-capital, obliga a que la dimensión de esa empresa única sea limitada, precisamente por la limitación de recursos que torna la curva respectiva en decreciente.

En otros términos, carece por completo de sentido sostener que debe haber cierta cantidad de empresas en tal o cual ramo, que debe haber una o ninguna. Las circunstancias cambiantes modifican esta situación. Lo que si debe aceptarse es que si el monopolio ofrece bienes apetecidos por la gente (no es el caso, por ejemplo, del monopolio de los tornillos cuadrados) el precio será considerado alto, lo cual es absolutamente necesario al efecto de atraer otros oferentes en el rubro en cuestión. Ya sabemos que si se establecen precios máximos en este campo o en cualquier otro, la demanda se expandirá, la oferta se contraerá, la escasez irrumpirá inmisericorde y los  factores de producción se volcarán a otros reglones con el consiguiente consumo de capital que, a su vez, hace que los salarios e ingresos en términos reales disminuyan por el desperdicio involucrado.

También es hace necesario aludir al “dumping” que significa venta bajo el costo. Ahora bien, este es el caso en general de comerciantes cuando están en períodos de liquidación de su stock, también es el caso de empresarios cuando incurren en quebrantos y también si seguimos el procedimiento del costeo directo cuando en el período de lanzamiento de un producto su publicidad es frecuentemente subsidiada por otros de los productos. En ninguno de los casos comentados parece que puedan objetarse.

Sin embargo, se dice que el dumping malsano consiste en aquella situación en la que el empresario percibe que podría vender su producto a un precio dado pero decide venderlo a un precio menor al efecto de arruinar a sus competidores y luego subir el precio para más que compensar las pérdidas anteriores. Veamos este asunto de cerca, si esa fuera la circunstancia, los competidotes actuales y los potenciales compran el producto en cuestión que, como queda dicho, se ubica por debajo del precio de  mercado, y lo revenden haciéndose del arbitraje correspondiente.

Prestemos debida atención al ejemplo puesto que habitualmente se sigue el razonamiento sin tener en cuenta los mismos presupuestos en los que se basa al concluir que el empresario que hace dumping amplia sus instalaciones y ofrece cantidades mayores al efecto de que el nuevo precio sea el de mercado con lo cual desaparece el posible arbitraje antes referido. Pero es que aquí se cambiaron los presupuestos del ejemplo. Ahora el empresario del caso abastece todo el mercado que no es lo que sucede cuando se limita a reducir sus precios, si es así nada hay que comentar como no sea el agradecimiento al empresario que decide reducir precios. Claro que ni bien pretenda contraer nuevamente su oferta y volver a las andadas, surgirán nuevos participantes con la idea de hacer negocios.

El único caso de dumping verdaderamente malsano son las empresas estatales que sus pérdidas son absorbidas coactivamente por los contribuyentes sin posibilidad de anticuerpos de mercado. Cuando empresarios locales denuncian dumping de productos que vienen del exterior, habitualmente no se molestan en verificar los libros de contabilidad de los supuestos competidores extranjeros, su molestia se basa en que los precios resultan más bajos que los suyos. Y en el caso de que efectivamente hubiera dumping del exterior, como dice el premio Nobel en economía Milton Friedman, la maniobra resulta en una bendición para los locales que recibirían actos caritativos del extranjero.

Las teorías conspirativas de este tenor esconden incompetencia y la pretenden dramatizar con argumentos nacionalistas sin ver que los mismos razonamientos son aplicables al comercio dentro de las fronteras de un país cuando alguien vende más barato, lo cual no justifica aduanas interiores.

El una lástima que volvamos a actualizar legislaciones que constituyen un dislate como la comentada de defensa de la competencia, cosa que no mejora un ápice por el hecho de ser supervisada por supuestos expertos en un llamado tribunal, dignos representantes de la megalomanía autóctona.

Como ha consignado el historiador decimonónico Lord Acton “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Se ha dicho con razón que esta ley es “la morenización de la economía” (por el fatídico secretario de comercio del kirchnerismo, Guillermo Moreno que falsificó las estadísticas del INDEC con la intención de que no se descubrieran sus dislates). Ahora se reiteran errores con esta ley solo que en lugar de exhibir la pistola arriba de la mesa, la pistola apoya la legislación ya que tras el incumplimiento de la norma se encuentra el rostro de la fuerza del aparato estatal.

Es una pena que un gobierno saturado de lo que se conoce por CEO (chief executiveofficer, es decir, el ejecutivo de línea de máximo nivel) no entienda el significado de la competencia, lo cual suele suceder ya que no siempre un banquero entiende que es el dinero ni el director de marketing lo que es el proceso de mercado y así sucesivamente. Una cosa es tener el talento para descubrir oportunidades de arbitraje y otra bien distinta es imbuirse de los fundamentos éticos, jurídicos y económicos de la sociedad abierta.

Con la designación de la Autoridad Nacional de la Competencia, régimen de clemencia para los que no cumplen con la norma y quieren reencauzarse, prácticas prohibidas, fusiones y adquisiciones no aprobadas, multas, sanciones y penas y otras sandeces se complica el funcionamiento del mercado, se traba la posibilidad de asignar eficientemente los factores de producción y se posibilita una mayor discrecionalidad en el uso del poder.

A esta maraña se agrega la figura de “la posición dominante” como si en un mercado libre el consumidor no fuera quien en última instancia decide la situación puesto que el comerciante que contradice su voluntad tiene los días contados como tal.

Como tantas veces hemos puntualizado y repetido al comienzo de esta nota, el verdadero peligro son los empresarios prebendarios que aliados al poder explotan a la gente con sus privilegios y el otorgamiento de facultades a burócratas y semi-burócratas que exceden sus funciones de respeto a los derechos de todos. Este “big-business” fue el responsable de la inmoralidad más llamativa de nuestro tiempo: el denominado “salvataje” del gobierno estadounidense a empresas ineptas e irresponsables financiadas coactivamente con el fruto del trabajo de los que no tienen poder de lobby. Eso si es una posición dominante inaceptable.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Gobiernos llenos de soberbia

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 24/6/15 en: http://hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=41127&tit=gobiernos_llenos_de_soberbia

 

A raíz del tirador de Charleston, revive la discusión sobre racismo, y la prohibición del uso de armas, intento “pacifista” torpe ya que la evidencia muestra que no es la solución. Por caso, en gran parte de Latino América las armas están prohibidas y el índice de homicidios es muy superior al de EE.UU. Las leyes son justas, y ordenan, solo cuando son naturales y dejan de serlo cuando son una creación arbitraria de la razón humana -del legislador- y, entonces, al no darse natural y espontáneamente deben ser impuestas por vía policial que, precisamente, utiliza armas. ¿¡Armas para prohibir armas!?
En cuanto al racismo, no basta que Obama diga por radio desde un garage de Los Ángeles que “No estamos curados” porque “Las sociedades no borran de la noche a la mañana lo que ocurrió durante 200 o 300 años”. Lo cierto es que, gracias a estas leyes coactivamente impuestas por su gobierno –como los impuestos, derivados por los empresarios vía aumento de precios- hay salarios bajos y desocupación que golpea con más fuerza sobre los más humildes -en un círculo vicioso- que históricamente son los “negros”.

Por cierto, es incoherente pedir la pena de muerte para el tirador, que lo quieran asesinar por asesino, más bien debería realizar un tratamiento siquiátrico cosa que podría haberse previsto dado que había publicado en internet que los negros son “estúpidos y violentos” para luego atacar a los judíos, latinos y asiáticos, poniendo énfasis en que “los hispanos son un enorme problema… son nuestros enemigos”.

Coincide con muchos gobiernos occidentales que impiden la libre inmigración por cuestiones raciales porque sobran las pruebas de que los inmigrantes colaboran al crecimiento del país, y si abusan del “Estado de Bienestar”, pues tendrán que culpar al Estado que lo implementa y no a los inmigrantes.El drama llega al punto de que el Gobierno mexicano interceptó a 11.893 menores indocumentados -6.113 estaban solos- procedentes de Centroamérica entre enero a mayo 2015 cuando viajaban con rumbo a EE.UU., 49 % más que en el mismo periodo del año anterior.

Los niños son expuestos por los traficantes a trabajos forzados, violaciones, pornografía, abusos, maltrato físico y verbal, entre otras cosas. Traficantes que suelen traficar también drogas muy dañinas, otro “tráfico ilegal” que ha creado un nivel de crimen increíble y que financia a la guerrilla -e.g. las FRAC de Colombia- que no existiría de no ser por esta ayuda del gobierno de EE.UU.: la prohibición que crea el muy rentable tráfico “ilegal”.

Por caso, con solo seis millones de habitantes, en El Salvador se produjeron 635 homicidios en mayo. Los pandilleros acechan en las salidas de las escuelas a los adolescentes y les ofrecen entrar a las pandillas, y si se niegan los matan.Según un funcionario salvadoreño “en un año se arrestó a unos 12.000 pandilleros” pero “podemos… llevarnos a 50 que otros 50 entrarán en la pandilla”” mientras el negocio sea tan rentable sobretodo frente en la condiciones de pobreza creadas en Latino América por los gobiernos que, por cierto, la niegan. Las villas miseria de Buenos Aires están se ven desde el centro, allí viven unas 250.000 personas y desde el 2010 crecieron 70%, pero no existen en los mapas oficiales ni en Google Maps, son solo una mancha, tierras fiscales. Eso sí los “punteros”políticos las controlan a la hora de votar.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Ana Olema, la cubana que caminó ocho países en busca de Libertad:

Por Belén Marty: Publicado el 25/2/15 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2015/03/04/ana-olema-la-cubana-que-camino-ocho-paises-en-busca-de-libertad/

 

Viajó por tierra de Ecuador a Estados Unidos: vio poblados destrozados por la guerrilla colombiana, pasó cerca a una pantera en la selva panameña, y hasta durmió arma en mano en San Pedro Sula; ahora jamás renunciaría a la democracia

En cinco meses de travesía, Olema se enfrentó a la arbitrariedad y la corrupción de los cuerpos de seguridad latinoamericanos (Facebook Ana Olema)

Pero ella, sin embargo, se define como “una ciudadana del mundo y una cubana”. Esa dualidad la explica de manera muy simple: “los cubanos nos aferramos a la ciudadanía por una razón de resistencia”. Recuerda que “el que se iba del país fue considerado un traidor por mucho tiempo, y esa proyección psicológica persiste hasta la actualidad”.

PanAm Post conversó con la multifacética Olema sobre sus casi seis meses de viaje —aunque la palabra quede corta— desde Quito, Ecuador, hasta la frontera de Matamoros, México, con Brownsville, Estados Unidos. Un recorrido que hizo sin papeles de viaje, ya que en todos los países pasó encubierta por no poder cumplir los requerimientos de visa para los cubanos.

Nos habló de coyotes, de guerrilla, del Ejército, de robos, abusos, y hasta de dormir con un arma en la mano. Como ella, entre 2010 y 2014, 53.423 cubanos cruzaron la frontera sur de Estados Unidos para residenciarse en el país. Y la cifra parece ir en aumento: solo en el último trimestre de 2014 entró por esa vía el 37% de los cubanos que ingresó al país en todo el año fiscal anterior.+

El comienzo de un viaje interminable

“Yo entraba y salía de Cuba por el arte. Había tenido la experiencia de salir de Cuba. Cada vez menos, a medida que crecía mi activismo”, señala Olema; pero aclara que lo hacía por sus propios medios, “no porque recibía algo del régimen”.

Su novio en aquel entonces intentó escapar por quinta vez de Cuba en balsa pero lo atraparon y lo multaron. “Además lo acusaron de algo incorrecto, porque todos sabemos que en Cuba no funciona el sistema legal”. Luego se complicó la situación de su pareja, y con una alta probabilidad de que fuera preso, les surge a ambos la posibilidad de volar a Ecuador a grabar un disco de rap.

En abril de 2012, luego de varios meses en Ecuador, ella y su novio decidieron emprender el largo camino hacia Estados Unidos. “Es una experiencia que me cambió la vida y que me conectó con Latinoamérica”, relata.

La travesía Ecuador-México

“El viaje entre Ecuador y Colombia lo hicimos en un taxi”. Cada uno pagó US$50 al conductor y cruzaron agachados y escondidos en un auto a territorio colombiano. De la estación de bus cerca de la frontera viajaron a la ciudad de Cali.

Allí dio charlas y una conferencia en una universidad local, pero su preocupación se centraba en cómo atravesarían el territorio colombiano que era “bien peligroso” sin papeles.

Cubanos y otros migrantes le fueron pasando la información de por qué frontera debían ir pasando, qué bus tomar o a qué coyote contratar. Es una información que se pasa de boca en boca. “Hay una red armada actualmente que transfiere el conocimiento de unos a otros”.

Existen tres formas de cruzar a Panamá desde Colombia. Por mar, por tierra, o por avión. Sin embargo, para aquellos migrantes sin documentos, solo quedan dos vías, por velero, vía las islas San Blas, o vía terrestre cruzando la selva del Darién.

La pareja decide ir por mar. Para ello se encuentran con la persona que los cruzaría por barco a Panamá. “Esperábamos, pero el velero no llegaba y viene esa persona y nos dice que deberíamos irnos por tierra porque quien estaba a cargo se iba a demorar mucho”.

Con solo una mochila a cuestas (con un par de libros y una computadora) se metieron a campo travieso con rumbo al norte para cruzar la “Montaña del Tigre”. Se vieron de pronto en un grupo de 40 personas. “Éramos siete cubanos, otros de Nepal y el resto somalíes”.+

Ella la define como “la ruta de la guerrilla”. Describió a ese trayecto como el lugar donde ves “lo peor y lo mejor del ser humano”. Era todo supervivencia: “cambiamos toda la ropa por un dulce o un poco de leche”. Con un imparable ritmo, la joven cubana cuenta que le pasó “hasta una pantera por al lado”.

“Horas antes de que nosotros llegáramos a la frontera panameña la guerrilla había violado a todas las mujeres, inclusive a las embarazadas y a algunos hombres según pudimos constatar”.

Continúa su relato. Deciden encarar desde allí el viaje a Ciudad de Panamá. “Mi novio llegó con un short sin camisa y yo con un short pequeño y una blusa y tenía una bufanda que me tapaba un poco más porque el short era demasiado corto. Lo habíamos dado todo en el camino”.

En cuanto a su financiación, su padre la iba ayudando con dinero que le enviaba desde Estados Unidos, donde actualmente vive, pero se lo iba entregando de a poco, para evitar que se lo robaran.

Inmersa en la violencia centroamericana

Centroamérica es todo otro capitulo. Si bien aseguró que el trayecto en Costa Rica fue “muy fácil” se les complicó en Nicaragua y en Honduras. “En Nicaragua nos cogió el Ejército. Nos tiraron al piso con armas largas. Y empezaron a tocar a las mujeres, porque nosotras escondemos el dinero donde queramos”. Pero la situación se puso aun más tensa: “un oficial me dice que yo estaba bien bonita y me hace ser revisada por otros dos agentes. Me quisieron poner de rodillas pero yo no me arrodillo ante nadie”.

Les robaron la computadora y el dinero. Y les volvieron a robar en Honduras. “Ya no teníamos nada más de dinero pero me asusté porque me apuntaron directamente a la cabeza”.

La tragedia no terminó allí. Cuando llegaron a San Pedro Sula, una de las ciudades mas inseguras del planeta, el coyote que los llevaría hasta Guatemala le entregó una pistola a cada viajero para que durmieran seguros.

“Dormimos con un arma en la mano. El coyote tenía un contacto que fue quien nos proporcionó las armas”.

Lograron cruzar Guatemala y una vez en México el coyote los abandona en el DF, en vez de llevarlos a la frontera, como había prometido. “Tuvimos que llegar a la frontera solos. Nos sacamos pasajes en el mejor bus, en el más caro. Pero ahí sí andábamos con miedo, por que si nos cogían allí nos enviaban de vuelta a Cuba”.

(Facebook Ana Olema)

El bus que se dirigía a la frontera frenó; les pidieron documentos a todos. “Pero no iba a dejar que nos llevaran de vuelta. Les dimos todo el dinero que teníamos encima”. Cuando llegaron a la frontera, ya al final de todo el camino, los volvieron a parar. Olema explica, ahora ya con calma, que los cubanos no tienen necesidad de cruzar el desierto.

“El muchacho cubano que venia con nosotros cometió un error. Hizo una llamada que no tenia que hacer y esa llamada nos delató”. “Nos meten en una oficinita ya en la frontera en México y nos piden dinero”. “Nos pedían US$600 por cada uno. Pero todo era un juego de poder. El hombre aceptó los $600 del cubano compañero y nada de nosotros porque nosotros sabíamos que a él le iba a costar más trabajo llevarnos de vuelta a la ciudad que dejarnos seguir”

El agente migratorio esperó a un hombre mayor que venía con un coyote para mandarlos a cruzar la frontera. “El viejito decía que se iba a Estados Unidos a darse la última afeitada. El había pagado US$10 mil por todo el paquete”.

Llegaron a la frontera y a los molinetes donde hay que poner unas monedas en la ranura y pasar al lado estadounidense.

“Cuando llegó mi turno, le dije al oficial: ‘yo me acojo a la ley de ajuste cubano’, pero era un error. El oficial mi miró y me dijo ‘¿tú decir ajuste o refugio?’. En realidad, en Cuba hay tanta desinformación que los cubanos no saben qué decir cuando llegan. (…) Es importante que los cubanos cuando lleguen deben decir que piden refugio o asilo político”.

Si bien asegura que no volvería a hacer el viaje otra vez, sentencia: “Yo nunca hubiera apreciado tanto vivir en Estados Unidos, un país que es un monstruo democrático, aun con sus imperfecciones, sino hubiese hecho ese viaje. Me cambió la vida”.

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

La inercia del miedo

Por José Benegas. Pubicado el 18/7/14 en: http://josebenegas.com/2014/07/18/la-inercia-del-miedo/

 

La señora nombra a su nuera por decreto, se convierte en un comentario en algunos portales y el fenómeno que abona todos los abusos desde el año 2003 se repite: la oposición es espectadora. La más pasiva de las espectadoras porque los individuos en twitter y en los diarios reaccionan con indignación. Indignación quiere decir herida a la dignidad, algo que no está de moda, debe ser muy “neoliberal”.

En cualquier tema se nota una distancia sideral entre el enojo de la gente con la señora Kirchner y el cuidado mentiroso que en público tienen los que aspiran a ocupar su lugar, no solo respecto de actos de nepotismo vergonzoso como este. Dicho sea de paso, con tanto hotel de la exitosísima abogada ¿es necesario ser tan miserable como para sacarle más plata al estado para mantener a la nuera? Si la idea es que viva en Buenos Aires ¿No podría la familia exitosísima hacer una vaquita o vender un reloj para solventar sus gastos?

Lo peor no es este acto que la señora realiza sin ninguna vergüenza, sino el permiso de monarca que se le ha ido otorgando desde el momento de máximo temor al régimen kirchnerista en sus primeros años, cuando el país se dividió entre sus súbditos, sus cómplices y los asustados, como si un gritón que manejaba a Moyano y a la AFIP y tenía una afición por las cajas fuertes, hubiera sido un equivalente de Kim Jong Il.

De todo eso y del nacimiento de una “nueva política” consistente en no pelarse con nadie para poder tomar muchos cargos evitando problemas, quedó el tratamiento entre algodones del matrimonio déspota, disfrazado de “respeto a las instituciones”, lo que para ellos quiere decir “que hagan lo que quieran”.

Por eso la gravedad del episodio de la nuera, porque revela este fenómeno que solo se da en la Argentina, donde la titular del abuso es dejada de lado como centro de la crítica para ocuparse de sus débiles monigotes. Oposición y medios juegan a “ella no se da cuenta”. No pudo haber hecho más para demostrar su complicidad con el señor Boudou, pero todavía están los charlatanes como una abrumadora mayoría diciendo cosas como “la presidente debería darse cuenta del daño que hace la presencia del vice presidente”. O si no “Boudou le hace muy mal al gobierno”, como si estuviéramos ante un grupo de repúblicos con una manzana podrida.

Algo muy serio está pasando en la Argentina y es peor que el hecho de que se confunda la institucionalidad de una república con la de una monarquía absoluta. Es el crecimiento de esa práctica política del silencio, pensando en los negocios futuros o presentes, bajo el infame disfraz de la moderación.

No existe otro país, chavista o no chavista, salvo los totalitarismos donde no se mueve una mosca, en el que el titular del gobierno, el que maneja todos los hilos de la corrupción, el disparate y la mentira descarada, no es el centro de la crítica y si lo son sus bufones. Eso es lo que mantiene al kirchnerismo en pie, pese a ser el peor gobierno imaginable.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

 

 

 

 

Liberalismo político y económico

Por Gabriel Boragina. Publicado el 7/7/13 en http://www.hacer.org/latam/?p=29234

Es frecuente entre algunos autores la distinción entre lo que llaman el liberalismo político y el económico. Si no se explica debidamente que se quiere aludir con esta separación, podría llegarse a pensar que se tratan de dos tipos diferentes de liberalismo, opinión que nosotros no compartimos. Y lo que es más preocupante, que se llegue a creer que pueden darse por separado. Así, por ejemplo, se ha dicho que:

“… el liberalismo … abarca, por consiguiente, sus dos formas: la económica y la política, de manera que la expresión liberal ha podido llegar a ser equívoca, por cuanto se podía ser liberal desde el punto de vista político y en todo lo relativo a la personalidad humana sin admitir su aplicación estricta a las relacionas económicas. Más aún : el socialismo, por ejemplo, considera necesaria la acción normativa y reguladora del Estado para impedir los abusos de la fuerza económica, porque ellos son, sin duda, grandes enemigos de la verdadera libertad, ya que por ese camino se pueden anular eficazmente los derechos de la personalidad humana”[1]

El error de este enfoque – a nuestro parecer – consiste en:

1. Afirmar que el liberalismo consideraría “innecesaria” la acción normativa y reguladora del “estado”, lo que no es estrictamente cierto.

2. Pensar que el liberalismo “permitiría” hipotéticos “abusos de la fuerza económica” (fuerza económica que, dicho sea de paso, el autor no define).

3. Creer que el “estado-gobierno” no constituye en sí mismo una fuerza económica, cuando se trata –precisamente- de la fuerza económica más peligrosa de todas las existentes. Fuerza económica que se impone por imperio de la fuerza legal.

4. Entender que se puede ser “liberal políticamente” y “socialista económicamente” al mismo tiempo, cuando dicha “convivencia” es a todas luces imposible, y la afirmación por sí misma es absurda.

No obstante, es cierto que la fuerza económica concentrada en el gobierno, le permite a éste abusos que “son, sin duda, grandes enemigos de la verdadera libertad, ya que por ese camino se pueden anular eficazmente los derechos de la personalidad humana”. El poder económico que concentran los gobiernos desde tiempos inmemoriales en mayor o menor extensión, se ha traducido -y lo sigue haciendo- en verdaderas anulaciones eficaces, no sólo de los derechos de la personalidad humana, sino de la dignidad humana misma, resultado de las prácticas socialistas que el autor en examen recomienda.

Vigo, en opinión a la que adherimos, compara los conceptos de liberalismo político dados por Rawls y por L. v. Mises de este modo:

“Entre las muchas concepciones elaboradas… ha sido especialmente influyente el tratamiento de la noción de liberalismo político debido a John Rawls. … Aunque encuentro elementos de genuino valor en la concepción de Rawls, estoy muy lejos de compartir todos los aspectos de su posición respecto de materias morales particulares. … Una discusión diferente del concepto de liberalismo, centrada en la vinculación del liberalismo político con el sistema capitalista de producción y el ordenamiento propio de la economía de mercado, es la que proporciona Von Mises”[2]

Es precisamente “la vinculación del liberalismo político con el sistema capitalista de producción y el ordenamiento propio de la economía de mercado” dada por L. v. Mises la única que consideramos acertada y posible. El capitalismo es literalmente irrealizable fuera de un marco político liberal. O, para mejor decir, de una organización institucional política de neto corte liberal. Curiosamente, así lo afirma Carlos Sánchez Viamonte, cuando indica que “el liberalismo no es otra cosa que el sistema jurídico institucional creado en el siglo XVIII y aplicado en el siglo XIX con el propósito de asegurar la libertad para el individuo humano.” Aun cuando se queda corto en su caracterización, habida cuenta que el liberalismo es mucho más que un “sistema jurídico institucional” sino que se trata -en sí mismo- de una auténtica filosofía de vida, que trasciende tanto lo político como lo económico.

F. A. von Hayek utiliza la expresión liberalismo económico para relacionarlo con la competencia cuando dice:

“El liberalismo económico se opone, pues, a que la competencia sea suplantada por métodos inferiores para coordinar los esfuerzos individuales y considera superior la competencia no solo porque en la mayor parte de las circunstancias es el método más eficiente conocido, sino, más aún, porque es el único método que permite a nuestras actividades ajustarse a las de cada uno de los demás sin intervención coercitiva o arbitraria de la autoridad. En realidad, uno de los principales argumentos en favor de la competencia estriba en que ésta evita la necesidad de un «control social explícito» y da a los individuos una oportunidad para decidir si las perspectivas de una ocupación particular son suficientes para compensar las desventajas y los riesgos que lleva consigo.”[3]

Esto no implica que, el distinguido economista y Premio Nobel, este reduciendo el liberalismo económico a la competencia exclusivamente.

Algo parecido a lo que acabamos de citar de Hayek, dice el profesor Santos Mercado Reyes en este pasaje:

“Sin embargo, hay mil formas de interpretar y aplicar el liberalismo económico. Así, encontraremos aplicaciones desafortunadas en que empresas que constituyan monopolios estatales, como el caso de Teléfonos de México, se privatizan hacia grupos económicos ya consolidados, es decir deja de ser monopolio estatal para pasar a ser monopolio privado y protegido contra la competencia extranjera.”[4]

Notemos, sin embargo, que Hayek no consideraría, a la luz de lo que citamos antes de él, este caso simplemente como una aplicación desafortunada del liberalismo económico, dado que para el célebre profesor austriaco, si no existe competencia, directamente no se podría estar hablando de tal clase de liberalismo, sino que no lo habría, de ningún modo.

De nuestro lado, preferimos simplemente referirnos al liberalismo “a secas” y sin calificativos.

Notas:

[1] Absalón Casas “Liberalismo” en Enciclopedia Jurídica OMEBA. TOMO 18 letra L Grupo 07, pág. 14 a 24

[2] Alejandro G. Vigo. “KANT: LIBERAL Y ANTI-RELATIVISTA” Estudios Públicos, 93 (verano 2004). Pág. 31.

[3] Friedrich A. von Hayek, Camino de servidumbre. Alianza Editorial. España. pág. 66-67

[4] Santos Mercado Reyes El Fin de la Educación Pública. México, Pág. 201

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.