En Brasil se privatizan las cárceles­

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 17/8/2en: https://www.laprensa.com.ar/505495-En-Brasil-se-privatizan-las-carceles.note.aspx

En otras oportunidades he escrito sobre las contradicciones del actual gobierno brasilero por lo que no repetiré el tema. En esta ocasión me centro solo en un aspecto que no hace a este o aquel gobierno sino en la idea misma de abandonar la sandez de contar con cárceles fabricadas y mantenidas por los aparatos estatales con el agravante de que se deja de lado a la víctima y monopolizan el rol los burócratas.­

Resultan del todo irrelevantes las características de los gobernantes del país vecino, como queda dicho, lo interesante es detenerse a considerar la propuesta de privatizar las cárceles. Ya sabemos de los desastres de los mal llamados emprendimientos empresarios del plano político por lo que no abundaremos en esta nota periodística puesto que ya lo hemos hecho en otras circunstancias.­

Aquí solo centramos nuestra atención en la tremenda injusticia de endosar los costos de financiar el mantenimiento de delincuentes compulsivamente con el fruto del trabajo de quienes no delinquen, incluso con el bolsillo de las propias víctimas de los atropellos y crímenes de los encarcelados.­

Si se abre la posibilidad de cárceles privadas, los reclusos pagan por su mantenimiento además de sufragar los costos para resarcir a las víctimas (aunque estrictamente en muchos casos el daño causado sea imposible de compensar). En otros términos, para los dueños de las empresas carcelarias habrá el incentivo del negocio y la competencia en el ofrecimiento de los servicios correspondientes respecto a la calidad de la atención a los presos que será de una calidad infinitamente mejor que con el actual sistema donde son verdaderas pocilgas y tormentos las cárceles estatales.­

­FALACIA AD POPULUM­

Y no se caiga en la estupidez de la falacia ad populum: si todos lo hacen está bien, si nadie lo hace está mal, puesto que de haber seguido esta línea argumental no hubiéramos pasado de la cueva, el taparrabos y el garrote ya que nadie tenía una choza, un vestido ni arco y flecha por lo que debían ser rechazados si se seguía aquel razonamiento estrafalario.­

Antiguamente en comunidades primitivas se aplicaba la ley del Talión y hoy desafortunadamente no pocos adhieren al abolicionismo en base a una concepción de lo que Karl Popper bautizó como determinismo físico que niega la posibilidad de actos libres, es decir, en este contexto no se debe castigar al criminal porque no sería responsable de sus actos. En este plano de análisis es muy ilustrativa la lectura de la obra del médico psiquíatra Stanton E. Samenow titulada Inside the Criminal Mind donde explica detenidamente el fundamento de la responsabilidad individual.­

De todos modos, fue un adelanto colosal el abandonar la venganza y la tortura por la privación de la libertad en el contexto de debidos procesos con las garantías correspondientes de defensa en juicio. Cesare Beccaria, el pionero del derecho penal, subraya en De los delitos y las penas la trascendencia del debido proceso y condena enfáticamente la tortura puesto que «Un hombre no puede ser llamado reo antes de la sentencia del juez […] o el delito es cierto o incierto, si cierto no le conviene otra pena que la establecida por las leyes y son inútiles los tormentos porque es inútil la confesión del reo, si es incierto no se debe atormentar a un inocente porque tal es un hombre cuyos delitos no están probados»

Pero resulta que en nuestros medios la cárcel estatal constituye un tormento psíquico y físico de proporciones mayúsculas y la tortura de cualquier tipo y especie es condenada severamente por toda persona que se considere civilizada.­

Beccaria se pregunta y responde en ese libro «¿Quereís evitar delitos? Haced que las leyes sean claras y simples y que toda la fuerza de la nación esté empleada en defenderlas, ninguna parte en destruirlas»

En estrecha conexión con este asunto, el mencionado autor también en esa obra tan celebrada por penalistas de renombre concluye respecto al derecho de tenencia y portación de armas que «las leyes que prohíben llevar armas no contienen más que a los no inclinados ni determinados a cometer delitos (…) Empeoran las condiciones de los asaltados, mejorando la de los asaltadores, no minoran los homicidios sino que los aumentan, porque es mayor la confianza en asaltar los desarmados».­

­PALABRAS HUECAS­

En otras palabras, dejemos de palabrería hueca respecto a los delincuentes y hagamos esfuerzos para mitigar los atropellos a la vida, la propiedad y la libertad para lo cual los integrantes del monopolio de la fuerza deben dar el ejemplo en lugar de cometer crímenes legales tal como los denominó el decimonónico Bastiat en su tan ponderado texto que lleva por título La ley, donde también explica que el derecho se basa en mojones y puntos de referencia extramuros de la norma positiva por lo que una ley es injusta si arremete contra esos principios. Y una de las maneras de combatir el delito estriba en las condiciones de las cárceles.­

En el contexto de lo acabamos de expresar, cierro con un pensamiento de Juan Bautista Alberdi estampado en su trabajo de 1854 que explica el significado de la Constitución argentina: «El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el Estado, en nombre de la utilidad pública»

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El proyecto de poder del autodenominado “garantismo”.

Por José Benegas. Pubicado el 3 de marzo de 2014 en http://josebenegas.com/2014/04/07/el-proyecto-de-poder-del-autodenominado-garantismo/

Según la doctrina autodenominada “garantista” cuyo representante visible es el señor Zaffaroni pero que es asumida como propia por el gobierno, la inseguridad callejera es una forma de expresión de la lucha de clases y quienes se quejan por ella son unos fanáticos, reaccionarios que odian a los jóvenes pobres. La causa de la preocupación por la seguridad está dada por la agitación que realizan los medios.
La solución podría ser entonces derogar las leyes penales y cerrar los medios, pero no la proponen. Necesitan el conflicto y que no haya ninguna solución, que la población no tenga nunca frente al poder y al uso de la fuerza posición legítima posible.
Algunos momentos de discusiones televisivas como las de un señor Gutierrez y Carlos Maslatón, dejaron al descubierto hasta qué punto la posición es dogmática en el sentido de que quejarse del delito es odiar a los jóvenes pobres.
Quiero aclarar que el abolicionismo sería infinitamente mejor que esto, que yo calificaría de punitivismo al revés. O punitivismo punitivinizado, algo bastante raro. Si la población supiera que no hay castigo al delito, no solo de hecho sino formalmente reconocido, en vez de linchamientos impulsivos y salvajes, se impondría a la larga la organización y la prevención. La gente se armaría, se entrenaría, tal vez tendría una policía voluntaria del mismo modo en que existen los bomberos. Seguro que la inseguridad sería menor. Pero entonces tendrían que devolvernos una cantidad de impuestos importante. No es la idea.
Cualquiera puede pensar que ese experimento sería muy arriesgado, pero convengamos en que estamos muy lejos de eso. No solo hay policías, tribunales penales, cárceles, sino que el jefe del “garantismo” está en cabeza de el poder punitivista formal. Zaffaroni es miembro de la Corte Suprema de Justicia, no de la Comisión Nacional de Sacapresos.
¿Qué es esto? Pura perversión. El verdadero punitivismo pone a la población a pedir punitivismo y la castiga, persigue, estigmatiza por hacerlo.
El punitivismo adopta la ideología abolicionista pero no para llevarla a cabo, sino para ejercer el poder sobre la gente asustada y culpabilizada. En el medio de semejante presión, las reacciones emocionales son tomadas como locura y las acciones que obviamente seguirán al proceso de deslegitimación del derecho de defensa, esto es lo que se han llamado linchamientos, son abordadas con el tipo de punitivismo que la misma gente está reclamando que se use con los delincuentes. A estos últimos se los trata con comprensión, por parte de los mismos que los meten presos mientras dicen que no deberían estar presos.
El último punto de la perversión está dado por el tratamiento al “pobre”. Pobre es una categoría de gente que justifica que unos ricos privilegiados tiranicen a la gente en general. Pobre es el insumo principal del despotismo y a su vez su costo más evidente. Alto gasto público implica que para subsistir hay que tener una gran rentabilidad que permita estar en el circuito formal, el resto será ese insumo moral y político llamado “el pobre”.
Los autodenominados garantistas esgrimen estadísticas como esta: el 57% de los presos son menores de 35 años y pobres (en el país que lleva una década de irracionalidad K). Y repiten algunos mantras como “la cárcel no sirve”.
¿Qué hace un señor como Zaffaroni a la cabeza del sistema que manda a la gente a la cárcel a pesar de eso? Que lo explique él.
Las conclusiones que podrían sacarse de la estadística mencionada son muchas, incluso opuestas a las que quieren sacar los autodenominados garantistas. La más razonable será que con menos de 35 años se tienen más aptitudes físicas para delinquir en la calle y salir ileso. No nos cuenta nada acerca de cuál es la edad promedio del delincuente callejero, tal vez sea coincidente y por lo tanto no puedan fundar ninguna supuesta predilección del sistema penal por castigar a jóvenes. Lo que es seguro es que el robo en la calle es más probable que lo realicen los más pobres, los otros tienen ministerios a su disposición. Esto no tienen nada que ver con que sea una preferencia del sistema penal obtener este resultado.
Lo que no entienden, o no quieren entender porque en mi opinión esto no es más que un sistema de poder, es que la pobreza es la motivación para el trabajo mucho más que para el delito. Que la pobreza no es causada por falta de socialismo sino por sobra de socialismo. Pero esto tampoco lo discuten, el centro dogmático del zaffaronismo es bien reducido como para que lo pueda repetir un panelista de un programa de chimentos.
En cualquier caso no tienen ninguna evidencia más allá de su prejuicio de que la gente no quiera que la maten para robarle el reloj, o que la amenacen, o que simplemente la sometan al abuso personal y traumático de sacarle el reloj, sólo si el autor del acto es pobre y joven. Salvo gente muy anormal de la que se rodearán los autodenominados garantistas, asumo que a los demás nos daría lo mismo si fueran ricos y viejos.
La afirmación “la cárcel no sirve” también puede conducir a justificar los linchamientos. La cárcel es lo que el sistema civilizado ha encontrado hasta ahora para lidiar con determinado tipo de injusticias extremas y evita la venganza privada. Si no sirve habrá que tener una alternativa o resignarse a los linchamientos. Porque me parece que les va a costar convencer a las personas de que si “sirve” dejarse matar o robar, sentir la sensación de los hijos o cónyuges amenazados por un arma que les apunta. Todo eso que está fuera de la “sensibilidad” de los autodenominados garantistas.
El aspecto más punitivista de los autodenominados garantistas está puesto en la gente pacífica que es víctima del delito y que en su impotencia (dado que no sabe defenderse y les han dicho que está mal que lo hagan) sobre-reacciona. También en los militares que son la base de su mito fundante. Nunca se les ha oído decir en ese caso que la cárcel no funcione, de hecho el mismo grupo ideológico que promueve la parálisis represiva del delito y maneja el aparato represivo estatal, desconce todo tipo de garantías o reglas del debido proceso cuando se trata de militares o de otros enemigos políticos del sistema a los que llaman “de derecha”. Apoyan la violenta represión de la dictadura venezolana contra protestas pacíficas y son capaces de firmar solicitadas en apoyo de regímenes totalitarios como hizo Zaffaroni con la Alemania Oriental poco tiempo antes de la caída del Muro de Berlín, por considerarla “acosada”.
No hay que interpretar estas cosas como contradicciones. Son métodos de dominación y parálisis. En muchos casos ni siquiera conscientes pero el ver cómo ninguna idea se lleva hasta las últimas consecuencias sino que se usan solo mientras le sirvan al emisor y no le sirvan al que reciba el mensaje, es la prueba palpable de la manipulación.
La estigmatización de los pobres jóvenes la realizan los autodenominados garantistas. Forman parte de la corriente de creación especulativa de pobrecitos que les permita ponerse en el lugar de protectores, por lo tanto dominantes de la situación. Es el clasismo como método de sojuzgamiento. El pobre es sometido al protector. Se lo trata como cosa sin voluntad, sin discernimiento y que actúa como una hoja movida por el viento de otros poderosos, cuyo único recurso es ser soplados por los protectores. El pobre violento ejerce una violencia que el protector aprueba, pero el cuerpo lo pone el primero.
Los autodenominados garantistas y el kirchnerismo utilizan la misma metodología, por eso se fusionan. Las alternativas que las personas comunes tienen frente a ellos son : El padecimiento silencioso frente a las condiciones que ellos crean, la incorporación a la banda o la estigmatización y el repudio. El denominado “pobre” está para comportarse como una víctima que depende de ellos, un súbdito dócil de su buenismo. El disidente, el disconforme, son enemigos y malos como de cuentos para niños.
El análisis meramente racional de sus expresiones sólo muestra contradicciones y disparates. El juego político sin embargo es perversamente coherente. Si fuera por los argumentos el estudio que encargó Perfil que muestra que el 63% de los que aprueban los linchamientos son jóvenes de ingresos bajos haría caer todo el edificio pseudo moral del autodenominado garantismo. Pero ningún relato manipulador está interesado en la realidad.

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.