DONALD TRUMP Y LAS CORRIENTES MIGRATORIAS

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

 

Antes de entrar en materia es menester aludir a uno de los tantos comentarios sobre la ineptitud moral del actual presidente de los Estados Unidos para ocupar ese cargo. Como es de público conocimiento, son muchos las destacadas personalidades que concluyen lo dicho, desde encumbrados empresarios que por ese motivo han renunciado al consejo asesor empresario, a historiadores de renombre inclusive su propio biógrafo, a senadores de su propio partido, a periodistas de muy diversos medios orales y escritos. Se han referido a sus modales del todo impropios para la presidencia, a sus berrinches con la prensa al pretender echar de la Casa Blanca a críticos como si el inmueble le perteneciera, sus exabruptos respecto a jueces que emiten fallos en su contra, sus ofensas y “guerras comerciales” con gobernantes de países tradicionalmente aliados de Estados Unidos, su xenofobia, sus maltratos y reemplazos intempestivos con funcionarios varios incluyendo al director del FBI, al Secretario de Seguridad, dos de sus voceros y a su Jefe de Gabinete a lo que ahora se agrega el despido del Secretario de Interior, su abogado de mayor cercanía termina en la cárcel por mentir y concluye que “Trump no merece confianza” (el Presidente ahora lo llama “rata”, a lo cual el ex procurador federal y colaborador de Fox News Andrew McCarthy le recuerda que esa palabra es usada por la mafia para aludir a quienes confiesan la verdad a las autoridades). Mientras, está en marcha el proceso del Russiagate y también los alarmantes incrementos del gasto y la deuda pública que más que compensan la reducción de ciertos impuestos y determinadas regulaciones.

Cabe agregar a lo consignado que aquellos que apoyan al inquilino de la Casa Blanca por el mero hecho de haber reducido impuestos sin importarles los avasallamientos a la división de poderes y las antedichas extralimitaciones, me recuerdan a los indios sudamericanos en la época de la conquista española que por la entrega de espejitos de colores y otras chucherías se dejaban engañar vendiendo su libertad para someterse a instituciones esclavistas como la mita y el yanaconazgo.

En todo caso mencionamos  aquí el caso de Rex Tillerson, el primer Secretario de Estado designado por actual mandatario (que más bien actúa como mandante), quien ha llevado a cabo una carrera descollante  en el mundo de los negocios. Es ingeniero civil y antes de asumir esa cartera se desempeñaba como presidente del directorio y CEO de ExxonMobil, como es sabido la sexta empresa con mayor facturación del mundo. Pues bien, Tillerson luego de dejar ese cargo (tercero en la línea sucesoria a la presidencia de Estados Unidos) al ser malamente despedido por Twitter e insultado por Trump, ha sostenido desde prestigiosas tribunas universitarias, militares y empresarias que Trump le ha insistido “en reiteradas oportunidades encarar actividades claramente ilegales”, que “no respeta los límites de su cargo”, que “permanentemente hace afirmaciones que no se condicen con los hechos” y que “no comprende las ventajas del comercio libre”.

Es sabido que  Estados Unidos viene sufriendo una marcada decadencia respecto a los valores y principios establecidos por los Padres Fundadores. Como he señalado en detalle en mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos, primero Woodrow Wilson, luego F. D. Roosevelt y finalmente Bush segundo contribuyeron al despeñadero, pero todos respetaban las formas lo cual no  hace Trump.

También es sabido que el partido Demócrata se ha radicalizado con los Bernie Sanders, Beto O´Rourke y la propia Clinton pero eso no justifica apañar los desatinos de Trump, aunque debe precisarse que hay algunas manifestaciones de saludable reacción en el Partido Republicano al efecto de retornar a las tradiciones estadounidenses de respeto recíproco como, por ejemplo, es el caso del senador Jeff Flake quien categóricamente reniega del actual presidente.

Después de esta introducción telegráfica pasemos ahora a considerar el tema de las inmigraciones tan vilipendiadas y atacadas por Donald Trump y desafortunadamente copiadas por muchas de las oposiciones y de los oficialismos en varios de los actuales países europeos, en todos los casos imbuidos por nacionalismos y consecuentes xenofobias de distinto tenor.

Lo primero es decir que salvo los que permanecieron en África, todos los habitantes del planeta son inmigrantes incluso los mal llamados “pueblos originarios” que en verdad son inmigrantes originarios ya que sus ancestros se mudaron al continente a través del Estrecho de Bering cuando el nivel del océano era distinto al actual. Todos los seres humanos provenimos de África.

En segundo término es del caso recordar que la única razón para la subdivisión del globo terráqueo en naciones o países estriba en el peligro de concentración de poder que significa un gobierno universal. A su vez la descentralización interior en provincias y municipios mitiga el referido peligro. Es cierto que el mundo está hoy infectado de nacionalismos pero hay que prestar atención a los contrafácticos: imaginemos el abuso de poder con cualquiera de los gobernantes actuales al frente de una administración universal. Subrayamos el fundamento de la subdivisión del globo para resaltar que las fronteras no son asunto serio ni para consagrar barreras alambradas. El movimiento libre de personas y bienes es demostración de civilización, es decir, el entender las ventajas de dichos intercambios. No voy a volver sobre esas grandes ventajas pues ya he escrito mucho sobre esos asuntos en otras columnas, ensayos y libros, solo aquí subrayo lo atractivo de culturas abiertas (una redundancia puesto que culturas cerradas es una contradicción en los términos), lo cual implica un proceso infinito y renovado de donaciones y entregas en el que tiene lugar un proceso de selección y reselección de vestimentas, comidas, arquitecturas, músicas, lecturas y demás manifestaciones que enriquecen a las partes.

Tampoco voy a repetir aquí los argumentos que refutan la sandez de que los inmigrantes restan trabajo a los locales (independientemente de los casos en los que aceptan faenas que los nativos rechazan) puesto que toda expresión de labores que se ofrecen por menores salarios de los promedio equivale a incrementos en la productividad lo cual aumenta las tasas de capitalización que a su vez permiten mayores salarios e ingresos en términos reales. La línea argumental no difiere de la incorporación de bienes más baratos y de mejor calidad en contraposición al disparate que pretende defender la industria nacional, sobre lo cual también he escrito en reiteradas ocasiones. En un mercado laboral abierto no hay tal cosa como sobrante de trabajo (desempleo) puesto que no sobra aquél factor indispensable para prestar servicios y producir bienes.

Cuando aparece la robotización y demás factores tecnológicos se liberan recursos humanos y materiales para hacer otras cosas y satisfacer nuevos requerimientos ya que los recursos son limitados y las necesidades ilimitadas. Por su parte, los empresarios están interesados en capacitar al efecto de sacar partida de los nuevos arbitrajes. Por otro lado, si no hubieran nuevas necesidades que atender estaríamos en Jauja, situación irreal pero que sería una bendición. En una sociedad abierta el único rechazo y consiguiente condena es al que lesiona derechos de terceros, sea el responsable nativo o extranjero. Es curiosa la hipocresía que rodea estos asuntos, como cuando en misa católica se canta a voz en cuello “toma mi mano hermano” pero cuando irrumpen nacionalismos los inmigrantes pasan a ser enemigos y comienzan a utilizarse barrabasadas como la idea de “la raza” y “la sangre” sin percatarse, por una parte, que las características físicas exteriores son consecuencia del clima, por eso entre otras cosas los sicarios nazis tatuaban y rapaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios. Por otro lado, hay solo cuatro grupos sanguíneos que están distribuidos entre todas las poblaciones.

Hay un asunto que conviene puntualizar en este contexto y es la airada protesta debido al empeoramiento de las condiciones fiscales de un país cuando los inmigrantes se cuelgan de los sistemas de salud y educación mal denominados gratuitos (mal denominados porque nada es gratis, siempre algún vecino se ve obligado a entregar parte del fruto de su trabajo ya que ningún gobernante contribuye de su peculio). Esto así está mal planteado. Se equivoca de blanco. El problema no son los inmigrantes sino el también mal llamado “Estado Benefactor”, en este caso debido a que la única beneficencia propiamente dicha es la realizada con recursos propios y de modo voluntario. Si se arrancan billeteras y carteras para compulsivamente entregar recursos a otros, no hay beneficencia sino que se ha producido una exacción. En todo caso,  dado que no resulta posible adoptar de modo simultáneo todas las políticas liberales que se requieren, se ha sugerido para que no se usen a los inmigrantes como pretexto que se les prohíba la utilización de esos “servicios gratuitos” y que no se les exija aportes de ninguna naturaleza para financiarlos compulsivamente, lo cual los convierte en personas libres tal como les gustaría a muchos que se ven forzados a aportar en direcciones que no prefieren.

Viene ahora una cuestión de especial interés en materia migratoria y es la referida a los musulmanes. En este sentido resumo parcialmente lo que he escrito antes donde incluyo referencia al último libro de José Levy – doctor en filosofía, corresponsal de CNN en Medio Oriente- en el que muestra que el tema no es de esa religión que igual que las otras dos monoteístas pretende la paz por lo que con razón dice el autor que resulta “equívoco” el nombre de “Estado Islámico” puesto que “es erróneo reconocer cualquier fenómeno protagonizado por musulmanes como representativo de toda su religión”.

Bien consigna el autor que “La religión musulmana, la cual en determinados siglos fue modelo de tolerancia hacia los otros credos, ya fuera durante la España musulmana o durante el Imperio Otomano, es ahora empleada de manera viciosa por extremistas que intentan transformarla en rehén de sus perversiones y valerse de ella como excusa para las actuaciones más siniestras” puesto que para “muchos musulmanes el Yihad es una guerra santa pero no de conquistas territoriales y muerte, sino interna, de esfuerzo y deseo de superarse espiritualmente”. Los terroristas entonces son criminales a secas, el mezclar religiones solo logra una llamarada de fanatismos incontenibles. Guy Sorman y Gary Becker sostienen que el Corán es el libro de los hombres de negocios debido al respeto a los contratos y la propiedad. Recordemos que en el 5:31 del Corán se subraya que el que mata a un hombre ha matado a la humanidad.

El fanatismo criminal en nombre de la religión no es patrimonio de los musulmanes, la única diferencia que los cristianos con la brutalidad de la Inquisición, las “guerras santas” en la conquista de América, las Cruzadas y el tratamiento indecente de judíos es que los cristianos se referían a “los herejes”, mientras que los que se escudan en el Islam llevan a cabo sus espantosas fechorías contra “los infieles”. Los judíos también han hecho lo suyo en su momento si recordamos, por ejemplo, el martirio de San Esteban.

Debemos tener en cuenta que la población mundial musulmana es de mil quinientos millones de habitantes y como ha repetido Salman Rushdie solo los gobiernos que comandan regimenes totalitarios pretenden secuestrar a sus habitantes de las normas de convivencia civilizada. El sheij de la comunidad islámica argentina Abdelkader Ismael- licenciado en teología y licenciado en ciencias políticas- en declaraciones recogidas por diversos medios, sostuvo  que naturalmente cuando los terroristas de ETA o IRA atacan se los identifica como criminales pero no por las religiones que profesan sus integrantes, sin embargo, esto no ocurre con los musulmanes: “al criminal hay que llamarlo por su nombre y apellido y no por la religión a la que cree responder” puesto que “un musulmán verdadero jamás alienta a sus hijos a celebrar la muerte de otro ser humano”, pero de tanto repetir estereotipos se los terminan creyendo ya que “si siempre escucho tango, puedo creer que no existe otra música”.  Es tiempo de no caer en la macabra trampa tendida por quienes usan las religiones para escudarse en sus actos criminales porque saben que con ello desatan pasiones irrefrenables.

Es de desear que quienes somos testigos del abuso e interpretación retorcida de religiones propiamente dichas no miremos para otro lado cuando no toca nuestras creencias porque con esta conducta del avestruz no solo se cometen injusticias muy  graves sino que así perderemos nuestro derecho a quejarnos cuando toque el turno de atacar nuestros valores y creencias. La islamofobia, la judeofobia, la fobia al cristianismo, al budismo, los rechazos a deístas, agnósticos y ateos y demás manifestaciones de intolerancia solo prometen dolor y sangre.

En resumen, las corrientes migratorias deben respetarse y comprender sus beneficios. En la medida en que se asignen derechos de propiedad queda más claro quien contrata a quien, sin que en ningún caso se estimule la vagancia y la pretensión de tomar la vía pública como alojamiento.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

¿GIRO PARCIAL EN EL RUMBO DISCURSIVO DE TRUMP?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

 

He escrito en repetidas ocasiones sobre las medidas contraproducentes y peligrosas del nuevo presidente estadounidense, lo cual mantengo pero ahora señalo un eventual cambio parcial en el giro que se ha notado en su discurso en Arabia Saudita respecto a su marcada islamofobia anterior. En toda su campaña y en sus primeros días de gobierno reveló una xenofobía extrema entre la cual se destacó su aversión a los musulmanes al promover su propuesta de no permitir el ingreso a Estados Unidos de personas pertenecientes a esa religión, a la propuesta de vigilar y limitar las actividades de musulmanes norteamericanos y sostener que el Islam “nos odia” y otras afirmaciones de esa envergadura.

 

Ahora, en su primer viaje presidencial al exterior, si bien mencionó una vez el calificativo aberrante de “islamismo terrorista” que fue inmediatamente criticado por plumas de sus conciudadanos y en medios musulmanes, cambió su visión al ponderar la cultura musulmana y en un plano metareligioso: colocó sus consideraciones en el contexto de una lucha del bien contra el mal en el sentido del  combate contra el terrorismo siempre criminal independiente de la religión a la que eventual y circunstancialmente adhieren y malinterpretan los asesinos que cometen sus crímenes ya sea “en sus tierras santas” o en otros lugares e invitó a sus anfitriones del momento a tomar la iniciativa de “barrerlos sin contemplación alguna”. Salvando las distancias, sorpresivamente sus disquisiciones estuvieron más cerca del ecumenismo de  Juan Pablo II.

 

Cada vez con más furor en buena parte del mundo se está creando un clima desagradable contra los musulmanes como, por ejemplo, revelan las declaraciones de la antisemita y antimusulmana, afortunadamente perdidosa del Partido de Derecha Nacional en Francia.

 

Debemos tener en cuenta que la población mundial musulmana es de mil quinientos millones de habitantes y como ha repetido Salman Rushdie solo los gobiernos que comandan regimenes totalitarios pretenden secuestrar a sus habitantes de las normas de convivencia civilizada. Estos regimenes recurren a la religión debido a que resulta un canal más propicio para el fanatismo del mismo modo que ocurrió con algunos llamados cristianos en la España inquisitorial.

 

El sheij de la comunidad islámica argentina Abdelkader Ismael- licenciado en teología y licenciado en ciencias políticas- declaró a “La Nación” de Buenos Aires que naturalmente cuando los terroristas de la ETA o la IRA atacan se los identifica como criminales pero no por las religiones que profesan sus integrantes, sin embargo, esto no ocurre con los musulmanes: “al criminal hay que llamarlo por su nombre y apellido y no por la religión a la que cree responder” puesto que “un musulmán verdadero jamás alienta a sus hijos a celebrar la muerte de otro ser humano”, pero de tanto repetir estereotipos se los terminan creyendo ya que “si siempre escucho tango, puedo creer que no existe otra música”. En el caso argentino, cabe agregar que los terroristas de los grupos Montoneros y Ejército Revolucionario del Pueblo provenían en su mayoría de la tradición del nacionalismo católico pero sería una bellaquería responsabilizar a la filosofía cristiana por las matanzas de los años setenta (aunque si al nacionalismo que, como apunta Jean-François Revel, es siempre primo hermano intelectual del comunismo).

El Corán señala que “Quien mata, excepto por asesinato, será tratado como que mató a la humanidad” (5:31) y enfatiza la importancia de la palabra empeñada y los contratos (2:282) y la trascendencia de la propiedad privada (2:188). También destacados autores como Gustave Le Bon,  Ernest Renan, Thomas Sowell, Gary Becker, Guy Sorman, Huston Smith, Víctor Massuh, Henry G. Weaver y tantos otros han subrayado las notables contribuciones de los musulmanes a través de la historia en cuanto a la tolerancia con otras religiones, el derecho, las matemáticas, la economía, la música, la literatura, la medicina, la arquitectura y la fundación de innumerables universidades. Averroes fue uno del los mayores responsables de trasladar la cultura latina a centros de estudio europeos. Incluso en Occidente se ha tendido a distorsionar la verdadera trascendencia de jihad que significa “guerra interior contra el pecado” y no guerra santa al estilo de los conquistadores cristianos en América (más bien anti-cristianos).

Es realmente admirable el esfuerzo académico que llevan a cabo los miembros del Minaret of Freedom Foundation en Maryland (EEUU) para contrarrestar la visión errada en cuanto a los fundamentos del Islam y muestran como en las fuentes se encuentra la adhesión a los mercados libres y los marcos institucionales compatibles con el estado de derecho, la importancia de la tolerancia y el pluralismo y también subrayan lo objetable del maltrato a la mujer en cualquier sentido que sea (respecto al cristianismo: “No permito que la mujer enseñe ni que domine al hombre. Que se mantenga en silencio”, I Timoteo, 12).

Personalmente me he comunicado por la vía cibernética con el presidente de la referida fundación,  el profesor Amad-ad-Dean Ahmad, quien revela en uno de sus libros que las contribuciones de musulmanes han constituido uno de los antecedentes de la Escuela Austríaca (de Menger, Böhm-Bawek, Mises, Hayek, Kirzner y Rothbard) y quien es secundado en la mencionada institución por profesionales como Shahid N. Sahah, Aly Ramdan Abuzaa, Sharmin Ahmad y Oma Altalib, cuyo Consejo Directivo también está integrado por especialistas en la tradición musulmana como el catedrático de la Universidad de Michigan Antony T. Sullivan.

 

El problema es siempre la infame alianza tejida entre el poder y la religión, de allí la sabia expresión jeffersionana de la “teoría de la muralla” en Estados Unidos al efecto de separar tajantemente estos dos ámbitos, puesto que quien dice estar imbuido de la verdad absoluta constituye un peligro si, como tal, se desenvuelve en las esferas ejecutivas de la política.

 

En un contexto de guerras religiosas, buena parte de las muertes en lo que va de la historia de la humanidad han ocurrido en nombre de Dios, la misericordia y la bondad. Es tiempo de no caer en la macabra trampa tendida por quienes usan las religiones para escudarse en sus actos criminales porque saben que con ello desatan pasiones irrefrenables.

 

En cuanto a pasajes inconvenientes y contraproducentes en el Corán, los cristianos debemos tener en cuenta los que aparecen en el Nuevo y en el Antiguo Testamento. Solo a título de ejemplo cito en el primer caso “Pero a aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mi” (Lucas, 19:27) y en el segundo, el de la tradición judeo-cristiana “Si oyes decir que en una de las ciudades que Yahvéh tu Dios te da para habitar en ella, algunos hombres, malvados, salidos de tu propio seno, ha seducido a sus conciudadanos diciendo: ´Vamos a dar culto a otros dioses´ que vosotros no conocéis, consultaras, indagarás y preguntaréis minuciosamente. Si es verdad, si se comprueba que en medio de ti se ha cometido tal abominación, deberás pasar a filo de espada a los habitantes de esa ciudad, la consagrarás al anatema con todo lo que haya dentro de ella; amontonarás todos sus despojos en medio de la plaza pública  prenderás fuego a la ciudad con todos sus despojos, todo ello en honor de Yahvéh tu Dios. Quedará para siempre convertida en un montón de ruinas y no volverá a ser edificada” (Deuteronomio, II, 13: 13-17).

 

Sin duda que resultan mucho más tranquilizadores pensamientos como los que consigna Voltaire en “Oración a Dios” en su Tratado de la tolerancia: “que los que encienden cirios en plena luz del mediodía para celebrante, soporten a los que se contentan con la luz del sol; que los que cubren su traje con tela blanca para decir que hay que amarte, no detesten a los que dicen lo mismo bajo una capa de lana negra; que sea igual adorarte en una jerga formada de antigua lengua, que en un jerga recién formada”.

 

Por supuesto que además de manipuladores que disfrazan sus designios perversos con el manto religioso al efecto de provocar resultados de mayor alcance y envergadura, están los fanáticos que verdaderamente creen en un culto que no perciben es diabólico en cuanto a que sostienen que su deber consiste en exterminar a quienes no participan de los ritos y creencias de su secta malévola. Es que el asesino no se justifica ni perdona porque comete sus espantosas fechorías y desaguisados en base a lo que estima son instrucciones sobrenaturales lo cual no se mitiga en lo más mínimo por el hecho de que el sujeto en cuestión forme parte de una banda que comparte semejante postura delictiva, en todo caso este camino constituye un adefesio y una afrenta grotesca al sentido religioso, es decir la religatio con la Primera Causa como fuente de inspiración a la bondad y la concordia. Este desvío monstruoso es lo que hoy pretenden los megalómanos al frente de pueblos sumergidos en la penuria, del mismo modo que antes también ocurría con tiranías sustentadas en coaliciones macabras entre el altar y la espada.

 

Es de desear que quienes somos testigos del abuso e interpretación retorcida de religiones propiamente dichas no miremos para otro lado cuando no toca nuestras creencias porque con esta conducta del avestruz no solo se cometen injusticias muy  graves sino que así perderemos nuestro derecho a quejarnos cuando toque el turno de atacar nuestros valores y creencias. Debemos ser respetuosos de otras manifestaciones culturales que no son las nuestras y que no afectan derechos de terceros, esta es la única manera de cooperar pacíficamente en una sociedad abierta y es el único modo de ir descubriendo distintas avenidas y horizontes en un proceso evolutivo. La islamofobia, la judeofobia, la fobia al cristianismo, al budismo, los rechazos a deístas, agnósticos y ateos y demás manifestaciones de intolerancia solo prometen dolor y sangre.

 

El terrorista debe ser condenado como criminal sin hacer referencia a su color de piel, su condición  sexual, su nacionalidad ni su religión. Solo de este modo podremos considerarnos civilizados y nos habremos liberado de la espantosa y truculenta lacra de las guerras religiosas. Resulta en verdad conmovedor comprobar la angustia que reiteradamente han puesto de manifiesto públicamente tantos escritores y dirigentes musulmanes frente al uso de la a todas luces inadecuada expresión “terrorismo islámico”. Tal como he consignado en muchas oportunidades, no comulgo para nada con las políticas de George W. Bush pero suscribo su declaración en los días siguientes a la horrenda masacre perpetrada contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 con motivo de la visita a una mezquita en cuanto a que “es del todo inapropiado vincular al islamismo con el terrorismo puesto que un criminal es un criminal independientemente de lo que pueda declarar son sus creencias religiosas”.

 

Dadas las cambiantes opiniones y posiciones contrarias a la sociedad abierta de Donald Trump, hay quienes dudan de la sinceridad de su incipiente cambio de discurso respecto a su anterior islamofobia. Sin embargo, para bien de la civilización, es de desear que sea veraz y que la profundice, además de rectificar el rumbo en otros aspectos muy sensibles y mejorar áreas que aparecen bien encaminadas pero contradictorias en ámbitos de la actual administración.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.