Para qué le sirve a los argentinos el acuerdo con el FMI

Por Aldo Abram: Publicado el 22/2/22 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/para-que-le-sirve-a-los-argentinos-el-acuerdo-con-el-fmi-nid22022022/

Se ha generado una expectativa positiva por el cierre de la negociación con el Fondo Monetario Internacional. No es para menos, si arribáramos a marzo sin una refinanciación de los más de USD5000 millones que vencen con ese organismo y el Club de París entraríamos en cesación de pagos y, a partir de allí, una gran profundización de la crisis, con un tremendo costo social. Ahora, ¿eso quiere decir que se resolvieron todos los problemas de los argentinos?

La respuesta es no. La economía no está predestinada a estabilizarse y a crecer sostenidamente por el sólo hecho de haber firmado un acuerdo con el FMI, sino que eso dependerá de lo que se haga con el tiempo de tranquilidad que se va a ganar. El cierre de este capítulo hay que usarlo para mostrar cómo se le sacará la enorme carga que el Estado le ha impuesto a un asfixiado sector privado productivo al que lo exprimen con impuestos y tasas. Además, le sacan gran parte del crédito disponible para financiar excesos de gasto público y lo agobian con regulaciones absurdas.

Reuters

Para entenderlo fácil, haremos un ejemplo con lo que pasó en la Argentina en este siglo; aunque nos podríamos ir mucho más atrás aún. Imaginemos un maratonista muy bueno, el sector productivo argentino, que tiene que ir a los Juegos Olímpicos. Le elegimos un entrenador que, antes de empezar la carrera, le pone una mochila y va a su lado con una bicicleta con un carro lleno de piedras atrás, que se las carga en la espalda mientras corre. Al principio, el atleta logra posicionarse en el pelotón de punta; pero con el creciente peso empieza a trotar, luego a caminar, después a gatear y a reptar, para terminar tendido y extenuado.

Enojados, los argentinos le ponemos otro entrenador. Éste se le acerca y le empieza a decir que es un gran deportista y que puede ganar. Hay todo un pueblo que confía en su gran potencial. El maratonista se levanta y empieza a trotar como puede. Por suerte, ya no le ponen más piedras en la mochila; pero el peso de las que carga es tan grande que cae nuevamente.

Por supuesto, “¡Este entrenador no va más!” y elegimos otro. El nuevo llega, mira al maratonista y dice “A éste hay que darle una pichicata y van a ver como corre”. Se apela entonces al doping y el pobre deportista a duras penas logra levantarse. Hace un esfuerzo mayúsculo, pero cae muerto a los pocos metros.

Así estamos en la Argentina, no queremos entender (¿o a muchos no les conviene?) que lo que hay que hacer es sacarle la mochila de piedras al maratonista. No es posible producir con más de 67.000 regulaciones con las que funcionarios “iluminados” pretenden decirles a los que trabajan y manejan un negocio cómo “mejorar” la forma en que lo hacen. ¿Alguien puede creer que una persona que nunca manejó ni un quiosco te puede decir cómo hacer lo tuyo mejor? Tampoco, se les puede pedir que afronten semejante carga tributaria que, según el Banco Mundial, nos ubica en el puesto 21, entre 191 países, de los que más exprimen a sus empresas con impuestos. Estos son datos de 2020 y, desde entonces, no han parado de aumentarlos. Encima, como ni así se alcanza a pagar el tremendo gasto público actual, el Estado se absorbe la mayor parte del crédito disponible, dejando muy poco para producir o invertir.

La mala noticia es que, cuando se anunció el preacuerdo con el FMI, en los discursos del Presidente y del ministro Guzmán quedó claro que no creen que existan esos problemas. Al contrario, prometieron más Estado y un plan que es una profundización del que se viene llevando a cabo hasta ahora. Lamentablemente, si no aprovechan para hacer las reformas estructurales en el tiempo de menor incertidumbre que se gana con el acuerdo, le sucederá lo mismo que al anterior gobierno, la Argentina caerá en una crisis. Es cierto, dirán que el maratonista aún se sostiene en pie; pero dudo que con el doping que le están dando logre correr mucho tiempo.

Exijamos un entrenador que le quite la mochila antes de que vuelva a caer, porque el porrazo nos va a doler a todos.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) Es director de la Fundación Libertad y Progreso.

¿Saldrá la Argentina de terapia intensiva?

Por Aldo Abram: Publicado el 27/7/21 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/saldra-la-argentina-de-terapia-intensiva-nid27072021/

Si para algunos el Gobierno no tenía plan económico, en la reunión con el Consejo Interamericano de Comercio y Producción, el ministro Guzmán dejó claro que sí lo hay. Está basado en un Estado que es el motor del crecimiento y, por ello, no hay posibilidades de reducir el gasto público ni los impuestos que, al contrario, están aumentando para las empresas. Además, aclaró que es el Gobierno el que tiene el rol de promover el crecimiento, con más presencia del sector público en la economía. Por suerte, también consideró que la sostenibilidad fiscal es una condición necesaria para la estabilidad; pero ya quedó claro que será a costa del sacrificio del sector privado productivo. Por lo tanto, en el mediano plazo, seguramente veremos que la crisis se vuelve a profundizar.

Para entenderlo, vamos a dar un ejemplo que tiene que ver con la pandemia. Antes de que ésta llegara al país, la Argentina era una paciente que ya estaba en terapia intensiva, debido a diversas enfermedades que amenazaban con llevarla a la muerte. Lamentablemente, el Covid funcionó como un virus intrahospitalario, cuya peligrosidad todos conocen. Agravó la situación del paciente; aunque, luego, logró empezar a recuperarse. En eso estamos, pero el problema es que todavía nadie se ocupó de curar las afecciones por las que el paciente ya estaba en terapia intensiva.

Como toda crisis, la que llevó al hospital a la economía argentina era una de credibilidad en un futuro de crecimiento sostenible. Por eso, perdió el crédito y los argentinos y extranjeros empezaron a sacar sus ahorros e inversiones del país. Pues la desconfianza sigue estando allí. Los títulos en dólares, que fueron entregados a los bonistas a los que en 2020 se les reestructuró la deuda con una quita, cotizan a precios que indican que, quienes los compran y venden piensan que volverán a ser reestructurados en el mediano plazo. O sea, consideran que el país es incapaz de generar el crecimiento y la credibilidad que garantice que se podrán pagar o refinanciar los pasivos del Tesoro argentino.

Cabe aclarar que, de la misma forma que la confianza en el futuro de la Argentina no cambió trascendentalmente con la reestructuración de la deuda privada, tampoco lo hará cuando se acuerde la que se está negociando con el Club de París y el FMI. Es poco probable que el trato que se cierre con el Fondo tenga algo más que algunas metas fiscales; ya que cualquier intento de imponer las necesarias reformas estructurales derivaría en un fracaso y la cesación de pagos de una buena porción de la cartera de créditos del organismo.

Cabe aclarar que acá no se trata de cómo se llama el doctor, si el paciente no recibe el tratamiento adecuado se morirá. Incluso, si el médico tiene el diagnóstico acertado y no le da correctamente la medicación necesaria, el paciente empeorará, como ya le pasó al “médico” anterior. Lo malo es que, del análisis de la actual gestión y de los dichos del ministro de Economía y del de Producción, quien atiende hoy a la Argentina tiene el diagnóstico errado; lo que sólo llevará a una profundización de la crisis.

Los continuos atropellos a la seguridad jurídica, al derecho de propiedad y la libertad de empresa son el mejor incentivo a que los ahorros y las inversiones se vayan, no a que lleguen para generar producción y trabajo productivo. Tampoco ayuda el “Estado omnipresente”, que en realidad lo es para brindarle “caja” y poder al gobierno de turno; pero no a la hora de cumplir eficazmente con las funciones indelegables que tiene para los argentinos. Encima, hay que pagar sus excesivas erogaciones con altísimos impuestos. El Banco Mundial tiene un índice de 191 países, en el que Argentina está 21 entre los que más exprimen con gravámenes a sus empresas. O sea, 170 naciones les ofrecen a argentinos y extranjeros tratarlos mejor en materia tributaria; ¿por qué invertirían acá? En otro índice, analizan que le pasaría a una pyme, con buenas ganancias respecto a sus ingresos, si pagara todos los impuestos y tasas de cada país. Pues en sólo dos daría pérdida y uno de ellos es la Argentina. Sin embargo, el gobierno y el ministro Guzmán aclararon que no bajarían los impuestos, sino que los subirán, cosa que ya están haciendo.

Eso no es lo peor, sino que ni así les alcanza para pagar todo el exuberante gasto público; por lo que toman crédito de un mercado que es el mismo disponible para todo el país. Por ende, dejan al sector privado sin este necesario fondeo para invertir y producir más. Es notable que se piense que no es recesivo ajustar (achicar) a los que trabajan y producen los recursos para pagar sus gastos y sueldos y, a través de los impuestos, los del Estado; pero sí lo es ajustar a este último que es el que eroga de más.

También es absurdo que, con más de 67.000 regulaciones, los funcionarios pretendan decirle cómo hacer las cosas mejor a quienes trabajan y manejan empresas, como si fueran dioses que todo lo saben. Es obvio que no es así, y que lo único que logran es que esas regulaciones no se cumplan o, si alguien lo hace, sea a costa de hacer su trabajo más ineficientemente; lo que implica menos bienestar para todos.

El contexto actual, entonces, termina agobiando al sector productivo, en especial a emprendedores y pymes, y llevándonos a la historia de decadencia y de crisis argentina. Lamentablemente, cada médico que llega piensa que puede aplicar el mismo fracasado tratamiento que ya llevó a la muerte al paciente; porque “él lo hará bien, no como los otros” y obviamente el resultado es un nuevo fracaso. Algunos facultativos quisieron evitarle padecimientos al enfermo y que el tiempo vaya curando sus males; lo cual sería un milagro que raramente se da; por lo que su situación termina empeorando. Quizás, los “doctores” argentinos podrían empezar a probar medicarlo de acuerdo a lo que indica la experiencia de los países que han prosperado y brindan mayores oportunidades de progreso a sus habitantes. Hay que curarle el exceso de Estado ineficiente y de regulaciones que lo agobia, para liberar las fuerzas de la creatividad, el trabajo y la inversión del sector privado productivo, única fuente real de bienestar de los países.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) Es director de la Fundación Libertad y Progreso. Sigue a @AbramAldo.