Homenaje a Juan Bautista Alberdi:

Por Alberto Benegas Lynch (h.): Publicado el 7/11/11 en http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3298

En estas palabras conmemorativas para honrar a Juan Bautista Alberdi, me limitaré a formular ante los Académicos de esta corporación algunas consideraciones telegráficas en torno a cuatro citas del célebre tucumano, para luego responder a lo que se estime pertinente e intercambiar opiniones con los presentes. Acaba de publicarse en Chile mi último libro por la Universidad del Desarrollo que se refiere a sistemas bancarios y estructuras arancelarias que fueron los dos temas que principalmente ocuparon la atención de Jean Gustave Courcelle-Seneuil, el primer profesor de economía contratado en ese país a instancias de Félix Frías, entonces corresponsal de “El Mercurio” en París, a su vez aconsejado por Alberdi a la sazón en Valparaíso, con lo que influyó decisivamente a introducir el liberalismo en la nación trasandina.

La primera cita alberdiana es como sigue: “La aduana proteccionista es opuesta al progreso de la población, porque hace vivir mal, comer mal pan, beber mal vino, vestir ropa mal hecha, usar muebles grotescos, todo en obsequio de la industria local que permanece siempre atrasada por lo mismo que cuenta con el apoyo de un empleo que dispensa de modificarse en mejorar sus productos” (Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853, Buenos Aires, Editorial Raigal, 1854/1954, p. 279).

Desafortunadamente, a pesar de haber transcurrido más de trecientos años desde que se inició el debate librecambio-restriccionismo, todavía no se han comprendido en la medida suficiente las ventajas de comprar barato y de mejor calidad frente a la imposición de productos más caros y de peor factura. La fronteras abiertas al comercio de bienes y servicios permiten una menor erogación por unidad de producto con lo que se liberan recursos humanos y materiales para fabricar otros bienes, con lo que aumenta el nivel de vida de la población.

Resulta tragicómico el rol de los llamados “vistas de aduana” cuyo mensaje es bloquear la posibilidad de ingresar productos de mejor calidad de los que se encuentra disponibles en el interior del país o, de lo contrario, se pretende cohecho para ingresar lo propio. Todos los aranceles y tarifas aduaneras disminuyen el nivel de vida de la población receptora de los bienes que se deseaba ingresar puesto que, como queda dicho, la prohibición provoca un uso mayor de los siempre escasos recursos disponibles.

Debemos tener en cuenta que dentro de esos escasos factores productivos, el más importante es el trabajo puesto que no se concibe la producción de ningún bien ni la prestación de ningún servicio sin el concurso del trabajo manual e intelectual. El desempleo significa sobrante de trabajo lo cual solo ocurre cuando los aparatos estatales imponen ingresos superiores a los permitidos por el mercado a través de las mal llamadas “conquistas sociales”. Si imaginamos que en la actualidad el presente gobierno, en un rapto de intensa “sensibilidad social”, estableciera salarios de cincuenta mil dólares mensuales para todos, a poco andar comprobaríamos que la medida condenó a todos al desempleo y a la inanición. Esto es lo que generan las interferencias coactivas en el mercado: barren con los puestos de trabajo de quienes más necesitan trabajar.

Los salarios e ingresos en términos reales son consecuencia de las tasas de capitalización, es decir, equipos, maquinarias, instalaciones y conocimientos que hacen de apoyo logístico al trabajo para aumentar la productividad y, a su vez, esas inversiones se logran en la media en que se cuenten con marcos institucionales que aseguren los derechos de todos. Entonces, la abrogación de aranceles permite que los recursos humanos se empleen en otros campos que no era posible considerar mientras los aranceles congelaban la productividad.

La contrapartida de las exportaciones es el ingreso de divisas lo que tiende a hacer que baje su valor que, a su vez, incentiva las importaciones que, a su turno, aprecia la divisa que estimula las exportaciones y así sucesivamente. Son dos brazos de un mismo proceso. Las manipulaciones en el tipo de cambio y las estructuras arancelarias distorsionan el referido proceso con lo que se consume capital y, por ende, se reducen los salarios. El aludido restriccionismo se ha denominado “proteccionismo” pero en verdad, por las razones apuntadas, se desproteje a los consumidores y, en todo caso, se beneficia a pseudoempresarios que obtienen mercados cautivos, privilegios y prebendas a costa de sus congéneres.

El contrabando, en última instancia, subroga el librecambio. Sin aranceles no tendría lugar ni sentido alguno este comercio clandestino y no se trata de suscribir la peregrina idea de gradualmente liberar aranceles al efecto de “proteger la industria incipiente” que en las primeras etapas “puede no ser rentable”. El empresario debe evaluar los proyectos correspondientes y absorber los eventuales quebrantos iniciales para después resarcirse con creces pero no trasladarlos sobre las espaldas de los consumidores puesto que, de lo contrario, en lugar de que el empresario asuma la responsabilidad se incentiva el establecimiento de políticas que dan lugar a que se subsidien proyectos fantasiosos que nunca maduran porque están mal evaluados y solo se presentan para sacar partida del apoyo arancelario.

En realidad, las fronteras solo tienen sentido para evitar los enormes riesgos de la concentración de poder en un gobierno universal, pero en una sociedad abierta no deben convertirse en culturas y regiones alambradas que impiden la libre circulación de personas y bienes. Los nacionalismos xenófobos estiman equivocadamente que lo local es siempre un valor y lo foráneo un desvalor con lo que se da por tierra con la cooperación social y los principios de la civilización del necesario respeto recíproco.

Las integraciones regionales constituyen burdos pretextos para no abrirse al mundo y se sostiene livianamente que son “los primeros pasos” en dirección al librecambio cuando, como queda consignado, han transcurrido más de tres siglos desde que comenzó el debate sobre la materia. Kenneth E. Boulding en su texto clásico sugiere que “para estudiar adecuadamente los aranceles debemos considerarlos como aumentos artificiales en el coste de transporte […] Lo mismo que los ferrocarriles son un dispositivo para disminuir el coste de transporte entre dos lugares, los aranceles son un dispositivo para aumentarlo. Así pues, un defensor razonable de los aranceles debe demostrar su lógica estando también dispuesto a defender el retorno a los tiempos del caballo y la diligencia” ( Análisis económico, Madrid, Revista de Occidente, 1941/1947, p.157).

En la segunda cita el autor se pregunta y responde del siguiente modo: “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes le exigía a Alejandro, que no le haga sombra” (Opus cit., p. 8) y en la tercera se lee que “Si los derechos civiles del hombre pudiesen mantenerse por si mismos al abrigo de todo ataque, es decir, si nadie atentara contra nuestra vida, persona, propiedad, libre acción, el gobierno del Estado sería inútil, su institución no tendría razón de existir” (“El proyecto de Código Civil para la República Argentina” en Obras Completas, Buenos Aires, Imprenta de la Tribuna Nacional, 1868/1887, tomo VII, p. 90).

Estas dos referencias apuntan a las funciones del gobierno en una sociedad abierta. En nuestro caso tomamos dos aspectos, uno referido a la cara medular de los mercados y otro al contexto institucional. En el primer caso, me ha parecido pertinente aludir a la trascendencia de los precios como trasmisor de conocimiento disperso y fraccionado. John Stossel en una documental televisiva propone centrar la atención en un trozo de carne envuelto en celofán en la góndola del supermercado y a partir de allí imaginar los múltiples procesos productivos en regresión desde el momento inicial. Los agrimensores que miden terrenos, los alambradores con todo el significado de empresas en sentido horizontal y vertical tanto de transferencias bancarias, transportes, materias primas, contratación de personal etc etc como los postes con sus décadas de forestación y reforestación. Los equipos para desmalezar, los plaguicidas, los fertilizantes, las máquinas sembradoras, las cosechadoras, la construcción de tanques de agua y bebederos, el ganado vacuno, los recorridos del campo con los caballos, las monturas y riendas con sus respectivas empresas comerciales e industriales. Cada uno está concentrado en sus tareas específicas y, salvo la última etapa, nadie está pensando en el trozo de carne envuelto en celofán en la góndola del supermercado y, sin embargo, se encuentra disponible para el consumo de la misma manera que ocurre con millones de productos que cotidianamente se ofrecen. Es que los precios recogen los requerimientos de los diferentes bienes, los cuales dejan de cumplir esta función vital cuando son interferidos por planificadores que necesariamente concentran ignorancia en lugar de permitir aquella información relevante, por eso es que en sistemas estatistas hay faltantes y desajustes de diversa naturaleza. Y no se trata de contar con equipos capaces de almacenar muchos datos, es que sencillamente la información no está disponible con anterioridad a las respectivas decisiones que ponen de relieve las estructuras valorativas. Dejando de lado las tragedias morales y físicas de tantos seres humanos, el derrumbe del Muro de la Vergüenza en Berlín se debe a las mencionadas razones técnicas, del mismo modo que ocurren los estrepitosos y reiterados fracasos en Cuba, Corea del Norte, Irán y demás países totalitarios.

Los precios de mercado hacen posible la evaluación de proyectos, la contabilidad y el cálculo económico en general. Si esas señales cruciales son distorsionadas por los aparatos estatales, se convierten en números carentes de significado. A su vez, los precios de mercado implican la propiedad privada (el uso y disposición de lo propio). En la medida en que se afecta la propiedad privada, los precios dejan de tener vigencia. Dado que los recursos son escasos, la propiedad privada sirve para administrarlos del modo más eficiente posible: los que aciertan en las demandas del prójimo obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos. Sin duda que para que esto ocurra los empresarios deben mantenerse alejados del poder de turno, de lo contrario se convierten en barones feudales o cazadores de privilegios que afectan gravemente a los demás puesto que sus operaciones nada tienen que ver con la competencia abierta en el mercado sino que se hacen negocios en los despachos oficiales.

El haz de contratos que se llevan a cabo diariamente supone en primer término a la propiedad privada y los precios. Como ha ilustrado Bernardo Krause, nos levantamos a la mañana y tomamos el desayuno (estamos en contacto con transferencias de derechos de propiedad a través de la compra-venta, sea del refrigerador, el microondas, el pan, la leche, la mermelada, los cereales, el jugo de naranja o lo que fuere). Tomamos un taxi, un tren, un bus y llevamos los hijos al colegio (contratos de adquisición, de enseñanza, de transporte). Estamos en el trabajo (contrato laboral), encargamos a nuestra secretaria ciertas tareas (mandatos) y a un empleado un trámite bancario (contrato de depósito), para solicitar un crédito (contrato de mutuo) o para operar ante cierta repartición (gestión de negocios). Alquilamos un inmueble para las vacaciones (contrato de locación), ofrecemos garantías (contrato de fianza). Nos embarcamos en una obra filantrópica (contrato de donación). Resolvemos los modos de financiar las expensas de nuestra oficina o domicilio (contrato societario), etc. Este haz de contratos solo tiene sentido si hay la posibilidad de usar y disponer de lo propio, de lo contrario no hay posibilidad de transferir esos derechos.

El segundo tema que surge de las dos últimas citas de Alberdi nos conduce a la situación institucional en cuanto a las funciones limitadas de los gobiernos a la protección de derechos y no a la demolición de estos tal como ocurre cuando se conciben como la facultad de echar mano al fruto del trabajo ajeno con lo que se quiebra la noción jurídica del respeto recíproco para convertir a la sociedad en una serie de desmanes reiterados como si se tratara de un enorme círculo en el que todos tienen metidas las manos en los bolsillos ajenos, con lo que naturalmente se estimula el saqueo y se destrozan los incentivos a la producción y al ahorro.

Actualmente se ha desvirtuado completamente la noción de la democracia soñada por autores como Giovanni Sartori en cuanto al respeto a los derechos de las minorías, para convertirse en cleptocracia, es decir, gobiernos de ladrones de libertades, propiedades y la liquidación de proyectos legítimos de vida. Estimo que ha llegado el momento de pensar en nuevas defensas si se desea conservar la sociedad abierta puesto que como decía Einstein es imposible lograr resultados distintos insistiendo con las mismas recetas. Es necesario despejar telarañas mentales y considerar y debatir variantes que permitan encauzar al Leviatán.

Como una posibilidad pueden tomarse en cuenta dos variantes para el Poder Ejecutivo, una para el Legislativo y una para el Judicial. En el primer caso es de interés recordar la reflexión de Montesquieu en el segundo capítulo de la Segunda Parte de El espíritu de las leyes donde escribe que “El sufragio por sorteo está en la índole de la democracia”. En esta situación, dado que cualquiera pude ser candidato, la propuesta cambiaría drásticamente el eje del debate desde las bostezantes anécdotas personales de candidatos y de relatos sobre nimiedades de partidos políticos para concentrar esfuerzos en la limitación al poder. En segundo lugar, siempre en el Ejecutivo, resultaría de interés retomar los medulosos debates en el Congreso Constituyente estadounidense respecto a la conveniencia de establecer un Triunvirato al efecto de evitar los caudillos o “líderes iluminados” y tamizar las decisiones. Respecto al Legislativo recomiendo la lectura del tercer tomo de Derecho, legislación y libertad del premio Nobel F. A. Hayek en cuanto a sus propuestas respecto del funcionamiento de la Cámara de Senadores y, por último, en cuanto al Judicial, podría debatirse la conveniencia de que en los casos de arreglos contractuales las partes establezcan quienes han de participar en la resolución de eventuales conflictos y las instancias que las partes estipulen, sin regulación de ninguna naturaleza (incluso sin que se requiera la necesidad de ser abogado, lo cual facilitaría el arbitraje en casos que requieran conocimientos muy específicos), todo lo cual nos acercaría a las etapas iniciales del common law como un proceso de descubrimiento del derecho y no de diseño o ingeniería social.

Desde la Carta Magna de 1215 en adelante las constituciones han sido establecidas para limitar el poder y reconocer derechos anteriores y superiores a los gobiernos, sin embargo, de un tiempo a esta parte, dichos documentos se han convertido en una lista de aspiración de deseos contrarios al estado de derecho y a las normas más elementales de convivencia civilizada compatibles con la visión orwelliana. Si se me permite un ejemplo actual -digno de Woody Allen- señalo el de los partidarios de Rafael Correa, en Ecuador, que en la reciente Asamblea Constituyente propusieron seriamente (afortunadamente la moción no prosperó) incluir en la nueva Constitución “el derecho al orgasmo de la mujer”.

Las antedichas propuestas institucionales que mencionamos muy brevemente darían tiempo a que se estudien y discutan las áreas vinculadas a las externalidades, los bienes públicos y el dilema del prisionero según las nuevas y sustanciosas contribuciones en la materia, junto con la selección adversa y el riesgo moral en el contexto de la asimetría de la información.

Finalmente, la cuarta cita se refiere a temas monetarios en la que Juan Bautista Alberdi escribe que “El gobierno que puede forzar al país a su mando a que le preste todo el producto anual de sus sueldo y de su trabajo, es decir, todo el valor de su riqueza por la emisión de ese empréstito forzoso que se llama papel-moneda inconvertible, es el de un país perdido para la riqueza y la libertad […] La libertad es el contraveneno del papel-moneda por la simple razón que él es el veneno de la libertad. El papel-moneda de Estado es el despotismo del país por el país, al revés del papel moneda individual y libre; es decir, del crédito libre, del empréstito facultativo que es la libertad o dominio de lo suyo y, en último análisis, del gobierno del país por el país” (Estudios económicos, Buenos Aires, La Cultura Argentina, 1870/1916, p.262-63).

Aquí el padre de nuestra Constitución fundadora distingue el papel-moneda inconvertible de curso forzoso como un fraude o dinero fiat, del papel-moneda como recibo por mercancía-dinero depositada. Dada la larga experiencia acumulada en materia de manipulaciones estatales de la moneda, el corazón del problema debe verse en la constitución misma de la banca central, institución que por otra parte no existía en la época de Alberdi. En este sentido, el premio Nobel en economía Milton Friedman ha escrito en  Moneda y desarrollo económico (Buenos Aires, Editorial El Ateneo, 1972/1979, p.55):“Llego a la conclusión de que la única manera de abstenerse de emplear la inflación como método impositivo es no tener banco central. Una vez que se crea un banco central, está lista la máquina para que empiece la inflación” o como enfatizó en Monetary Mischief. Episodes in Monetary History (New York, Harcourt Brace Jovanovich Publishers, 1992, p.261), parafaseando a Clemanceau, que “la moneda es una materia demasiado seria como para dejarla en manos de banqueros centrales”.

Las autoridades de la banca central solo pueden operar en una de tres direcciones: expandir la base monetaria, contraerla o dejarla inalterada. Cualquiera de los tres caminos necesariamente altera los precios relativos, es decir, distorsiona las antes comentadas señales vitales en el mercado con lo que se malguía a los operadores económicos, lo cual significa desperdicio de recursos que se traduce en bajas de salarios e ingresos en términos reales. A estos efectos es del todo irrelevante si la banca central es independiente del ministro del ramo: de todos modos estará confrontada entre las tres vías aludidas y, consecuentemente, conducirán a la desfiguración de los precios de mercado con los efectos negativos apuntados. Si se sostuviera que las autoridades de la banca central pueden colocar la base monetaria en el mismo nivel que la gente la hubiera deseado, no tendría razón de ser la intervención monetaria con el agregado que el único modo de saber la preferencia de la gente es dejarla que exprese sus valorizaciones.

El mencionado Hayek, en su Denationalization of Money (Londres, Institute for Economic Affairs, 1976)  ha demostrado la imperiosa necesidad de que los gobiernos se abstengan de entrometerse en el negocio monetario y crediticio. Es que preguntarse cual es el bien que debe utilizarse como dinero y que cantidad debe haber es equivalente a cuestionarse que cantidad de zanahorias debe ofrecerse en el mercado. La gente debiera ser libre de elegir los activos monetarios con que prefiere llevar a cabo sus transacciones con lo que se repetirá parte de la historia monetaria en la que se elegían ciertos bienes como dinero, competencia en la que predominó el oro y la plata. Fue la indisciplina monetaria la que dio lugar a las severas crisis mundiales acentuadas y prolongadas con regulaciones que trabaron los arreglos voluntarios.

Desde hace varias décadas asistimos a nuevas manifestaciones de desorden monetario y fiscal en el contexto de un Leviatán desbocado en base a promesas demagógicas de imposible cumplimiento. Esto ocurre tanto en Europa como en Estados Unidos que parecen haber engrosado la lista de países llamados del Tercer Mundo que son de ese modo no por razones étnicas, ni por climas diversos, ni por la dotación de recursos naturales, sino por medidas estatistas y empobrecedoras que destrozan el ahorro interno y ahuyentan el externo.

Hoy en Estados Unidos -el país que admiraba Alberdi y que era ponderado por todos los espíritus libres del orbe- de cada dólar gastado por el gobierno central, cuarenta y dos centavos son deuda, con un déficit fiscal del 13% del PBI y un gasto público que se ha duplicado en la última década en el contexto de inauditos “salvatajes” a empresas irresponsables, ineptas o ambas cosas a la vez, siempre con los recursos detraídos coactivamente del patrimonio de terceros. La escisión de los valiosos postulados de los Padres Fundadores surgió con fuerza durante las administraciones de W. Wilson y F. D. Roosevelt pero se acentuó grandemente a partir de las gestiones de G. W. Bush y ahora en la presidencia de Obama donde solamente las regulaciones contraproducentes del gobierno federal alcanzan a setenta mil páginas, mientras no se protegen derechos de propiedad, por ejemplo, a través del sistema bancario de reserva fraccional manipulado por la banca central que, frente a cambios en la demanda de dinero, provoca crisis superlativas.

Por otra parte, en nuestro país, la creciente inflación del 30% anual se intenta disimular con multas y castigos a consultoras privadas que revelan esos guarismos que, por ende, se apartan de las cifras oficiales. En la tierra de Alberdi se están destruyendo las bases de la República…se ha cruzado el Rubicón y, a menos que se reaccione a tiempo con las ideas, valores y principios liberales sustentados por el ilustre pensador al que nos venimos refiriendo, tendremos que proclamar alea iacta est. Muchas gracias.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fué profesor y primer Rector de ESEADE.

En defensa del voto en blanco.

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 3/11/11 en http://diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7001

En política no puede pretenderse nunca lo óptimo puesto que necesariamente en campaña significa un discurso compatible con la comprensión de las mayorías lo cual requiere vérselas con el común denominador y en funciones demanda las conciliaciones y consensos para operar. Muy distinto es el cuadro de situación en el plano académico que se traduce en ideas que apuntan a lo que al momento se considera lo mejor sin componendas de ninguna naturaleza que desvirtuarían y pervertirían por completo la misión de un académico que se precie de tal ya que implica antes que nada honestidad intelectual. 

Como he escrito antes, en esta instancia del proceso de evolución cultural el político está embretado en un plafón que le marca las posibilidades de un discurso de máxima y uno de mínima según sea capaz la opinión pública de digerir propuestas de diversa índole. El político no puede sugerir medidas que la opinión pública no entiende o no comparte. La función del intelectual es distinta: si ajusta su discurso a lo que estima requieren sus audiencias, con toda razón será considerado un impostor. 

Ahora bien, en este contexto cuando un votante se encuentra frente a ofertas políticas que considera están fuera de mínimas condiciones morales debe ejercer su derecho a no votar o, si se encuentra en un país en el que no se reconoce ese derecho, debe votar en blanco, lo cual siempre significa que se rechazan todas las ofertas existentes al momento. Incluso, a veces el voto en blanco envía una señal más clara al rechazo que la abstención puesto que implica tomarse el trabajo de trasladarse al lugar de votación para dejar constancia del disgusto. En esta línea argumental, es como señala el título de la obra en colaboración de Leon y Hunter: None of the Above. The Lesser of Two Evils…is Evil en la que se lee que “No importa la elección que haga, usted pierde […] Votar en un sistema de no-representación hace más daño que bien […] La consecuencia de votar al menos malo termina haciendo mal […] Si un votante apoya a un mal candidato, es responsable de darle sustento y estimula al político y sus representantes a promover el mal en su nombre”. No cabe mirar para otro lado y eludir las responsabilidades por lo que se votó. Tal vez, en alguna oportunidad, puede pensarse en un sistema en el que cada uno sea patrimonialmente responsable por las políticas que adopta el candidato al que suscribió en las urnas, de ese modo se utilizará una porción mayor de neuronas para evaluar la decisión electoral. 

En el caso del voto en blanco, no debe caerse en el temor de ser arrastrado por la trampa estadística allí donde se descuentan esos votos del universo y, por ende, se inflan las posiciones de los candidatos votados (lo cual, en la situación planteada, no hace diferencia) puesto que lo relevante es la conciencia y votar como a uno le gustaría que votaran los demás, la suba en las posiciones relativas de todos los otros candidatos no modifica el hecho de rechazar las propuestos que se someten a sufragio en una situación límite de inmoralidad en la que todos los postulantes se asemejan en las políticas de fondo y solo los diferencian matices y nimiedades que son en última instancia puramente formales. 

Además, en esas circunstancias, el voto en blanco es un llamado de atención para los distraídos que hacen del proceso electoral el summum de sus afanes vitales cuando el resto del año duermen la siesta de la vida y no hacen nada por modificar el cuadro educativo que precisamente constituye la raíz del problema y que, a su vez, contribuirá a modificar el clima de la opinión pública al efecto de permitir discursos políticos de otra envergadura. 

Salvador de Madariaga elabora en torno al tema de la responsabilidad individual al apunar que “Es libre aquel que sabe mantener en sus propias manos el poder de decidir en cada etapa de su vida y aquel que vive en una sociedad que no obstaculiza el ejercicio de ese poder” y Ortega subraya que “en la medida que yo pienso y hablo, no por propia e individual evidencia, sino repitiendo esto que se dice y se opina, mi vida deja de ser mía, dejo de ser el personaje individualísimo que soy”. Por otra parte, también hay que sopesar lo escrito por Hannah Arendt en cuanto a que hoy se “enseña que la mitad de la política es construcción de imagen y, la otra mitad el arte de hacer que la gente crea en lo imaginado”, siempre teniendo en cuenta que “nadie ha puesto en duda que la verdad y la política están más bien en malos términos y nadie, que yo sepa, ha contado a la veracidad entre las virtudes políticas”. 

El título de esta columna periodística alarmará en grado sumo a quienes se han dejado penetrar con machaconas ideologías siempre de lavaje (o más bien infección) mental, por las que se les ha inculcado que hay que avalar el sistema a cualquier costo (aunque sea al precio de liquidar el sistema mismo). Toman la necesidad de votar por algún postulante por más detestable que sea como un ritual propio del fanatismo de una secta religiosa llena de misticismos y falacias groseras. De este modo, los políticos en cuestión se sienten avalados y convalidados y evitan la vergüenza de verse rechazados e ignorados por el voto en blanco. Nada altera más a un pliticastro que el voto en blanco. 

En la situación indicada, el voto en blanco o “voto protesta” como se lo ha denominado, es fruto del hastío y hartazgo moral del ciudadano pero es un voto de confianza y esperanza en un futuro que se considera es posible cambiar, frente a los apáticos e indiferentes que votan a sabiendas a candidatos con propuestas malsanas. En este sentido, el voto en blanco es un voto optimista que contrasta con la desidia de quienes ejercen su derecho por candidatos que saben son perjudiciales. 

Solo cabe reconsiderar el voto el blanco cuando coincidiera con la expresa instrucción de alguna línea política de proceder de esa manera (lo cual es infrecuente), en cuyo caso el resultado será confundido con el antedicho objetivo de rechazar todo lo que al momento se ofrece. 

Tal como ha expresado el premio Nobel en Economía James M. Buchanan “Bajo el supuesto convencional que dominó el análisis antes de la irrupción de la revolución del public choice, la política estaba moldeada como una actividad de despotismo benevolente para promover el `interés público`, lo cual se presumía que tenía lugar independientemente de las preferencias reveladas que no estaban sujetas a ser descubiertas. Si esta imagen romántica de la política se descarta y es reemplazada por la realidad empírica de la política, todo incremento politizado en el tamaño relativo de un sector de la economía necesariamente conlleva un incremento en el potencial de explotación”. Al fin y al cabo de lo que se trata es de controlar al Leviatán y mantenerlo en brete porque como ha cantado George Harrison de los Beatles en “Taxman”, el agente impositivo siempre está al acecho para un manotazo a una porción mayor del ingreso de la gente:

            If you drive a car I’ll tax the street

           If you try to sit I’ll tax the seat

          If you get too cold I’ll tax the heat

         If you take a walk I’ll tax your feet.  

Es indispensable que cada uno asuma su deber de contribuir a engrosar espacios de libertad naturalmente sustentados en las ideas que le son afines puesto que se trata -nada más y nada menos- de la condición humana. El descuido de esa obligación moral personalísima nos recuerda (y alerta mientras estemos a tiempo) que Arnold Toynbee sostuvo que el epitafio del Imperio Romano diría “demasiado tarde”. Es de gran trascendencia conocer el pasado de las diversas naciones sin las adulteraciones que suelen pretender los oficialismos al efecto de no repetir errores según el conocido pero poco comprendido consejo ciceroniano; en el libro que acaba de publicarse de Niall Ferguson -titulado Civilization– el autor subraya la importancia de estudiar historia para interpretar adecuadamente el presente y poder enfrentar el futuro, en cuyo contexto lo cita a Colligwood quien insistía en que “la historia hace referencia a las ideas” puesto que, en ciencias sociales, los hechos sin hermenéutica carecen de significación. 

En resumen, para preservar el respeto recíproco tan caro a la sociedad abierta, es menester que cada uno asuma la responsabilidad por lo que hace todos los días, lo cual incluye el día de las elecciones. En el extremo señalado, el rechazar las ofertas políticas constituye un paso saludable al efecto de trasmitir el mensaje contundente que lo que está sobre el tapete no satisface con un mínimo de decencia.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fué profesor y primer Rector de ESEADE.

Liberales de Domingo:

Por Jorge Solari: Publicado el 8/11/11.

Creo que fue Gabriel García Marquez en “Cien años de soledad” que decía que en Macondo la diferencia entre liberales y conservadores era que unos iban a misa de las 6 de la tarde y los otros a la de 7.

 Muchos argentinos son los que yo llamo liberales de domingo y conservadores de lunes a viernes.

La profesión de futbolista me apasiona desde ciertos puntos de vista.

Es una de las profesiones más liberales y competitivas que hay en nuestro país. Para llegar a jugar en 1ª división son muchos años de sacrificio, de cuidado físico, de competencia (no todos llegan).

Esta profesión tiene una particularidad que me animaría a decir única: el banco de suplentes.

¿Por qué única? En cualquier otro tipo de actividad no existe alguien sentado en el banco a la espera de que si mi performance no es buena, pueda suplantarme por decisión de mi Jefe (el DT sería la figura futbolística).

Gracias a la competitividad, el fútbol argentino es uno de los mejores del mundo: dos campeonatos mundiales, un subcampeonato, quinto en el 2.006, futbolistas argentinos en los mejores equipos del mundo, y muchos etcéteras.

¿Se imaginan una propuesta “progre” denostando esta “despiadada” competencia y proponiendo un ÚNICO Club Nacional Argentino de Fútbol al estilo de la ex ENTel Monopólica, Estatal y Eficiente?

Este equipo estaría integrado por hermanos, sobrinos y amantes de los políticos y sindicalistas de turno y a fin de año se consagraría automáticamente campeón ya que no tendría con quién competir.

Y aquí voy a ir cerrando.

Los llamados “liberales de domingo” son esos hinchas y fanáticos de fútbol que comprenden PERFECTAMENTE que la manera que tiene su equipo de llegar a triunfar es que sus jugadores sean los mejores, que no tengan ningún prurito de hacer perder (deportivamente) al otro.

Son los que exigen a sus jugadores que transpiren la camiseta, que le gritan al DT (el Jefe) “cambialo a ese burro” cuando alguno está jugando mal, que equivale a “movelo de puesto” en la jerga laboral, y quizás ese burro el siguiente domingo no integre siquiera el banco de suplentes con lo que dejará de cobrar el premio.

Son los que gritan a los jugadores “mandate a mudar, patadura. No servís ni para meterla en el arco iris” que equivale a decirle, en la jerga laboral, “renunciá porque no servís ni para llamar el ascensor”.

Son los que gritan “andá a jugar la B”, lo que equivale a decir “deberías trabajar por un sueldo menor porque no estás al nivel de una empresa de 1ª”.

Son los que al finalizar el partido, si el equipo perdió, esperan a los jugadores para recordarles su árbol genealógico, que equivale a tener que recibir del Jefe o de un cliente externo o interno “no me gusta el servicio que me estás dando y posiblemente sea la última vez que te reclame”.

Esos mismos liberales de domingo se transforman cuando amanece el lunes y se convierten.

Pretenden lograr un trabajo sin sacrificios, pretenden que nadie tiene derecho a cambiarlos de puesto porque están haciendo mal su trabajo.

Pretenden que se les asegure “un puesto de trabajo” (si es de por vida mejor) cuando ese no derecho no existe (en todo caso no debería).

Pretenden cobrar lo mismo que cobraba Batistuta aunque ellos sean como “ponga aquí su patadura preferido” en su trabajo.

Pretenden no saber que el que manda es el Jefe (DT) o el Cliente (la Hinchada).

Creen entender que cuando alguien accedió a un sueldo, este no puede ser variado NUNCA hacia abajo, etc.

 Para terminar, recordemos que la profesión de jugador de fútbol no está regida por ningún Convenio Colectivo de Trabajo. ¡Gracias a Dios!

Jorge Solari es egresado de ESEADE.

Crisis financiera o bancaria, o crisis del capitalismo?

Por Guillermo Luis Covernton. Publicado el  7/11/11.

Me ha resultado muy interesante seguir el debate que están llevando adelante el Dr. Adrián Ravier y el Mg. Nicolás Cachanosky, con algunas otras personas, en sus blogs, a propósito de artículos que hablan de las cuestiones a las que me he referido en el título. Algunas de esas intervenciones las hemos publicado aquí.

Un aporte sumamente interesante de N. Cachanosky es la advertencia que nos hace en relación a lo que el Dr. Gabriel Zanotti ha llamado alguna vez el “diálogo inter paradigmas”.

Es muy difícil tratar de debatir con otras personas que piensan diametralmente distinto que nosotros, si antes no podemos ponernos de acuerdo en que es lo que queremos significar con los términos que vamos a usar. En ese sentido, el aporte de  N. Cachanosky es esclarecedor.

Pero yo iría un poco más allá y me replantearía el grado de utilidad que puede tener el debate, no solo cuando los términos aluden a significaciones distintas, sino incluso, cuando los objetivos que se persiguen al estudiar un fenómeno, son absolutamente opuestos.

Desde ya que acepto la posibilidad que un médico que estudia una bacteria, para poder encontrar una vacuna contra la enfermedad que esta produce, quizás pueda sacar algún provecho de los estudios que hace otro individuo, que pretende, en cambio, utilizarla para la guerra bacteriológica.

Pero me resulta muy difícil aceptar, y quizás sea muy improbable, que ambos puedan llegar a ponerse de acuerdo para intercambiar los resultados de sus experiencias con la honestidad intelectual suficiente como para poder sacar algún beneficio de tal intercambio.

Aludo a esta cuestión, porque, en alguna parte del debate que mencionamos, se introducen planteos que vienen del marxismo, y se intenta refutarlos. Pero no deberíamos perder de vista el hecho que, cuando un economista, en general, estudia el fenómeno de las crisis y su recurrencia, lo hace con la vista puesta en tratar de entender que es lo que hace que éstas se manifiesten, pero a los efectos de evitarlas, minimizarlas, o hacer desaparecer sus consecuencias.

Pero cuando un marxista analiza el fenómeno de las crisis, en general, lo hace como una herramienta que puede ayudarle en el logro de la revolución que persigue.

No nos confundamos: El marxista no busca el objetivo de paz y convivencia civilizada que es la meta del economista común, del formado en cualquier otra escuela de pensamiento. La meta del marxista es la lucha de clases y la destrucción de la propiedad y del sistema de mercado, mediante la revolución.

Cuando no hay crisis, la prosperidad dificulta la revolución. Y cuando hay crisis, las consecuencias de estas la potencian. Ernest Mandel explicaba muy bien esto:

En marzo de 1850, Marx escribió todavía en la alocución enviada del Comité Central a la Asociación de los comunistas de Alemania que había que esperar la pronta llegada de una nueva revolución… Siete meses más tarde, el primero de noviembre de 1850, … escriben todo lo contrario: ”ante esta prosperidad general en la cual las fuerzas productivas se desarrollan de manera tan exuberante como pueden hacerlo en el marco de las relaciones burguesas, no se puede hablar de una verdadera revolución. Tal revolución no es posible más que en los períodos en los cuales estos dos factores, las fuerzas productivas modernas y las formas de producción burguesas entran en contradicción unas con otras… Una nueva revolución no es posible más que después de una nueva crisis. Es tan segura como esta última”.[i]

Como podemos ver, las épocas de prosperidad son una dificultad para el marxismo, y las de crisis, una oportunidad para instaurar la dictadura del proletariado, que es su objetivo final.

No me cabe ninguna duda de que podemos encontrarnos con algunos diagnósticos que podemos considerar acertados, por ejemplo, y de nuevo, siguiendo al mismo estudioso del marxismo:

En La ideología alemana, vemos a Marx y Engels retomar esta misma distinción, analizar brevemente las razones por las cuales pueden producirse crisis monetarias y señalar que las crisis de superproducción no tienen como causa una superproducción física, sino perturbaciones del valor de cambio”.[ii]

Pero de ahí a considerar que en el marxismo podemos encontrar puntas de investigación que nos ayuden a encontrar antídotos para las recurrentes fluctuaciones, creo que hay un peligroso abismo.

Vamos a ver que, en forma fragmentaria e inorgánica, en la teoría marxista se mencionan aspectos en los que, si tenemos la suficiente indulgencia, podremos encontrar acuerdos. Que las tasas de interés y de redescuentos tienen algo que ver, que los niveles de reservas bancarias muestran algo y que la falta de diversificación del riesgo crediticio colabora, es algo que también se encuentra en algún teórico marxista:

“De tal modo, Marx y Engels, atribuyen… una importancia igualmente pronunciada a los fenómenos puramente monetarios y al papel clave que desempeñan en la génesis de la crisis. Un primer pánico de 1847 causado por un brusco aumento de la tasa de descuento del Banco de Inglaterra y la publicación de un balance semanal de este banco, que mostraba que sus reservas de oro habían bajado a 2.5 millones de libras, no llegó a acarrear el derrumbe de las grandes casas bancarias o comerciales. Éste se producirá en agosto de 1847 a consecuencia de la bancarrota de una serie de casas especializadas en el comercio del trigo y de los productos coloniales, seguida de una serie de bancarrotas espectaculares de bancos y de corredores en octubre de ese mismo año”.[iii]

Pero queda muy claro el objetivo por el cual estudiaban las crisis: para los teóricos marxistas, eran oportunidades excelentes para debilitar el sistema que deseaban desterrar completamente. Y la difusión de las ideas que puedan tener algo de verdad, insertas en otra estructura de pensamiento, han sido siempre algunas de las herramientas utilizadas para captar la atención de otros estudiosos honestos e inquisitivos.

“Pero estos ocho años de estudios de los problemas de la coyuntura le habrán proporcionado a Marx los instrumentos conceptuales con los cuales nos ofrecerá en El capital, si no una teoría completa del ciclo capitalista (no tuvo tiempo de redactarla) sí por lo menos los materiales principales para la construcción de tal teoría.

Por lo demás, éstos han inspirado grandemente a los economistas que, a partir de Tugan-Baranowsky (el cual es un ”marxista legal” ), han desarrollado en el siglo XX las diversas teorías llamadas de las crisis periódicas. Alvin Hansen afirma que ”el profesor Aftalion, lo mismo que Kassel y Spiethoff, le deben mucho a Marx y a las ideas derivadas de Marx y de otros… Sus escritos están llenos de sugerencias que han influido mucho en el pensamiento no marxista a propósito de los ciclos, a pesar del hecho de que autores no ortodoxos no han reconocido siempre la amplitud de su deuda con Marx, o inclusive no se han dado cuenta de la misma”.

Esta observación tiene validez particularmente para aquellos que, como los autores anteriormente citados, han construido su teoría de las crisis sobre la duración del ciclo de reconstitución del capital fijo, o si se prefiere, sobre la actividad de inversión (de acumulación de capital) como motor principal del ciclo. Pero tiene valor igualmente para quienes han creído poder descubrir en el subconsumo de las masas la causa principal de las crisis cíclicas”.[iv]

Como se puede ver, esta indulgencia hacia el análisis marxista nos puede terminar identificando con afirmaciones que, como mínimo, parecen altamente aventuradas. Del último párrafo parecería desprenderse la inspiración marxista no solo del Keynesianismo, sino de toda teoría que pretenda explicar el ciclo. Y sin hacer ninguna crítica a los groseros errores que tal análisis implica.

La búsqueda de la verdad, como objetivo intelectual, no permite que nos tomemos estas licencias.

Por el contrario, la defensa a ultranza de doctrinas intrínsecamente equivocadas hace no solo útil, sino incluso necesaria la introducción de contrasentidos conceptuales que puedan abonar confusiones que enmascararán siempre las falacias defendidas.

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA).


Aclarando Algunos Puntos sobre la Banca Libre:

Por Nicolas Cachanosky. Publicado el 6 de noviembre de  2011.

Como menciona el Dr. Adrián Ravier, en uno de los posts anteriores, esta semana tuvimos un interesante intercambio en el blog del Profesor Astarita.  Un debate largo en el que se hace difícil seguir todos los puntos en formato blog, además de la falta de tiempo de todos los participantes. Entre los comentarios surgieron cuestiones de la banca libre. Sin tocar todos los puntos que el Profesor Astarita menciona, uno de sus comentarios es una buena oportunidad para tratar algunos puntos que a veces no se interpretan de manera clara del sistema de banca libre.

El tema de banca libre surgió al mencionarse la Crisis Financiera del 2008 como una crisis del capitalismo. La crisis financiera, sin embargo, se dio principalmente en el sistema monetario y bancario. El sistema monetario consiste en un conjunto de monopolios estatales (no naturales) regionales. Nada más lejos de los principios del capitalismo. En segundo lugar, el sistema financiero, al menos en Estados Unidos, es uno de los más regulados de su economía. No es sorpresa que la crisis se origine en estos sectores. Ante esto cabe preguntarse por los resultados comparados con sistemas competitivos de moneda, como los casos de banca libre en Escocia y Canadá, entre otros.

Una salvedad terminológica es importante antes de continuar. Los marxistas ven al capitalismo no necesariamente como un sistema libre con gobierno limitado, por ejemplo, un liberalismo clásico, sino como aquel sistema en el que existe propiedad privada, haya o no regulaciones estatales. Esto es distinto a como se usa el termino capitalismo en otras corrientes (Austriacos o no). Para poder entablar un debate no sólo hay que hablar el mismo idioma, también hay que usar las palabras con el mismo sentido. Cuándo el marxista critica al Austriaco diciendo que el capitalismo fracasó usando la Crisis Financiera como ejemplo, no va a generar ninguna reacción del otro lado del mismo modo que cuando el crítico del Marxista no puede articular su crítica de forma inteligible para el Marxista.

Ahora bien, dado este uso del término capitalista, ¿no habría que decir que fue el capitalismo regulado el que fracasó, o tuvo problemas, en lugar de todo tipo de capitalismo? Después de todo los sistemas de banca libre han mostrado ser más eficientes y estables que los de banca centralizada. Incluso hoy día, a casi 100 años de la Fed, la situación monetaria y financiera es más delicada que la que dio origen a la Reserva Federal (¿No deberían los políticos y economistas estar preguntándose por cambios en las instituciones monetarias?) Pero dado que para el Marxismo en todo capitalismo hay explotación, entonces que sea o no regulado es un problema de segundo orden.

Astarista no está convencido de que un sistema de banca libre pueda ser eficiente, dado que sigue siendo un sistema capitalista. Ofrece, entre otros ejemplos, el caso de Estados Unidos con anterioridad a la Reserva Federal. Voy a tomar tres puntos de su comentario para aclarar algunos puntos importantes del sistema de banca libre:

  1. Estados Unidos ofrece un caso histórico de competencia entre bancos.
  2. Problemas para elegir entre múltiples emisores.
  3. Crisis financieras y corridas bancarias.

Estados Unidos ofrece un caso histórico de competencia entre bancos

Este es uno de los casos más citados de banca libre. Justamente, dados sus problemas, fue necesario crear la Fed para dar estabilidad al sistema financiero. El primer punto a tener en cuenta es que el sistema no era igual en todos los Estados, algunos eran muy libres y otros no tanto. De hecho, aquellos estados más cerca a un sistema de banca libre tuvieron una mejor performance que los estados con mayores regulaciones. Por ejemplo, algunos estados sólo permitían la presencia de un único banco emisor. Sin embargo, el sistema en general en Estados Unidos no era de banca libre, por más que así se denominasen sus leyes sobre el tema.

No se permitía, por ejemplo, la apertura de sucursales bancarias. Esto no es un problema menor dado que concentra el riesgo que enfrenta cada banco. Un empresario que abre un banco en un pueblo cuya actividad principal es el cultivo de algodón puede quebrar en el caso de un mal año. El banco enfrenta dificultades para diversificar el riesgo al no poder prestar el dinero en otras ciudades y estados. Dado que el sistema financiero administra riesgo, esta es una regulación importante para el sistema.

Otro aspecto central, es que los bancos emisores debían comprar bonos del tesoro para poder emitir. El respaldo de sus billetes eran Treasury Bonds. Uno de los motivos de esta política era crear un mercado líquido para estos bonos. El sistema de banca libre, sin embargo, no impone a los bancos la compra de ciertos activos, sino que queda a discreción del banco emisor como invertir los depósitos. Pero el depender de bonos del tesoro genera varios problemas. Uno de ellos, es que la calidad de los activos del banco dependen de la situación del tesoro. Entre otras cosas, esto es lo que hizo colapsar a los Bancos Garantidos en Argentina en 1890, el cual fue un sistema basado en el Norteamericano. No es muy raro, tampoco, encontrar referencias al caso de Bancos Garantidos como el período de banca libre en Argentina. Si el gobierno decide, por ejemplo, reducir la deuda que había contraído en enfrentamientos bélicos anteriores, entonces fuerza una contracción monetaria en el sistema bancario. Si, a además, estos bonos no son del todo líquidos, el banco puede enfrentar serias dificultades de liquides y solvencia.

Otro aspecto importante, relacionado con los anteriores, es que el sector agrícola representaba una proporción muy importante de la economía. El sector agrícola posee ciclos bien marcados, de cultivo, siembra, comercialización, etcétera. Esto genera ciclos en la demanda de dinero, la velocidad de circulación de depósitos fluctúa con el ciclo agrícola. Dado que los bancos debían adquirir bonos del tesoro para modificar su oferta de notas bancarias, los bancos no podían hacer frente a cambios en la demanda de dinero con la elasticidad necesaria. Al ser inelásticos en su oferta de dinero, los bancos el sistema solía caer en crisis financieras si las oscilaciones por el sector agrícola eran muy fuertes para la elasticidad del sistema bancario.

Estas regulaciones no son un tema menor, o de grado. Es decir, un sistema de banca libre con más o menos regulación, estas interferencias alteran no sólo las reglas de juego, sino que alteran el juego en sí. Las reglas del basquetbol, por ejemplo, difieren marginalmente entre Argentina y Estados Unidos, pero el juego sigue siendo el mismo. Distinto es imponer regulaciones que transforman el basquetbol en, digamos, béisbol. Referirse a Estados Unidos como un caso de free banking es como referirse al béisbol como un caso de basquetbol regulado.

Las crisis financieras eran producto de las regulaciones del mercado, no de un sistema de banca libre que no existió. Si hay restricciones en como administrar el negocio, y no hay libertad de entrada y salida de competidores, entonces el sistema no es competitivo. Gerald Dwyer (Atlanta Fed), al estudiar el case de Estados Unidos concluye (1996, p. 16):

Free banking in Indiana, Illinois, and Wisconsin are alleged later instances of reckless banking. There is no evidence that free banks in these states generally were characterized by continuing fraud to transfer wealth from passive noteholders to shrewd bankers. There also is little evidence supporting a generalization that these free banks were imprudent, let alone financially reckless. The episodic difficulties faced by free banks were not self-induced implosions. In these instances, banks’ losses occurred sporadically when developments outside the banking systems decreased the demand for the banks’ notes or decreased the value of the banks’ assets. These episodic difficulties resulted in banking panics, and bankers, legislators, and bank regulators dealt with the panics in ways that anticipated developments in the subsequent National Banking period.

Un resumen del sistema en Estados Unidos se puede encontrar al inicio de The Theory of Free Banking de George Selgin. También en el capítulo sobre Estados Unidos en The Experience of Free Banking de Kevin Dowd. En resumen, el caso de Estados Unidos no es un ejemplo de los problemas que enfrenta un sistema de banca libre. Si hay algo que muestra es lo nocivo que pueden ser las regulaciones en el sistema financiero.

Multiplicidad de monedas

¿Cuantas monedas hay en un sistema de banca libre? La respuesta depende de qué tipo de dinero estemos hablando. ¿Dinero en sentido acotado, o money proper, o substitutos de dinero? En un sistema de banca libre hay un bien commodity que cumple el rol de dinero, por ejemplo el oro. Lo que sí hay, o puede haber, es multiplicidad de emisores de substitutos de dinero en forma de notas bancarias (IOUs). Todos estos billetes, sin embargo, están denominados en el mismo bien, oro. Por lo tanto, lo que el individuo elige no es qué dinero usar, sino qué notas bancarias usar. [Si bien puede haber más de una moneda, por ejemplo oro y plata, los sistemas de banca libre generalmente utilizaban un dinero mercancía en lugar de varios].

Esto implica que no hay problemas de altos costos de transacción por tener una gran cantidad de dinero, dado que todos los precios están denominados en oro. Uno debe elegir en qué notas bancarias ahorrar del mismo modo que uno debe elegir que marca elegir en otros productos. No hay, por lo tanto, tampoco un problema de tipo de cambio entre los billetes, dado que su relación depende de sus ratios de conversión y no de la demanda y oferta de notas bancarias. Es decir, a cuántas onzas de oro equivale cada billete.

Otro aspecto importante, es que en un sistema de banca libre los bancos están limitados a emitir substitutos de dinero (billetes), pero no tienen control sobre la emisión de dinero. Un banco central puede emitir billetes fiat, pero en banca libre los bancos no pueden emitir oro. Esto no es menor, si los bancos quiebran, o tienen problemas, son los billetes, no el oro, los que son reemplazados en el mercado. O bien el oro se transfiere a otros bancos (por ejemplo a USA luego de la Primer Guerra Mundial) o bien es retirado del sistema hasta que nuevos bancos reemplazan a los anteriores. El oro, sin embargo, puede seguir siendo utilizado como moneda.

Distinto es el caso de competencia de monedas, como el que plantea Hayek (y sugiere Nash). En este caso, los bancos sí emiten dinero dado que es un sistema de dinero fiat. Este es un sistema distinto al de banca libre que también presenta sus problemas (ver aquí). En este, caso, dado que los bancos emisores no emiten billetes contra depósitos, son entidades que funcionan distinto a un banco tradicional.

Las dificultades para emitir dinero fiat fueron señaladas ya en 1912 en The Theory of Money and Credit por Mises en lo que luego se llamó el Teorema de la Regresión. George Selgin también analiza el tema en un artículo en el Journal of Money, Credit and Banking.

En resumen, en el sistema de banca libre no hay un problema de multiplicidad de dinero, dado que dinero es uno sólo que no es emitido por los bancos, sino elegido de forma espontánea en el mercado de modo similar a como describe Carl Menger en On The Origins of Money.

Crisis financieras y corridas bancarias

Si no hay un prestamista de última instancia, como enfrentar la inestabilidad inherente del sistema bancario. Este es uno de los argumentos más frecuentes, al cual la evidencia empírica le presenta un historia totalmente opuesta. Durante la Gran Depresión, mientras cientos de bancos quebraron en Estados Unidos, Canadá no vio ningún banco cerrar. La diferencia fundamental no es que la Gran Depresión no cruzó la frontera a Canadá, sino que Canadá tenía un sistema mucho menos regulado que el americano.

El caso Escocés es otro caso paradigmático. Las pocas corridas bancarias que hubo no eran sistémicas, sino que eran concentradas en bancos particulares. El sistema escocés llegó a funcionar sin problemas con un nivel de reservas del 2%. En aquella época no había seguros de depósito como hoy día, pero los dueños de los bancos debían respondían con su patrimonio personal si el banco quebraba. Es decir, si era necesario, los banqueros debían vender sus propiedades para afrontar el pago a sus depositantes. El libro Free Banking in Britain de Larry White es posiblemente la mejor fuente para este caso, el cual es comparado con el caso Inglés.

Uno de los problemas de los modelos económicos sobre crisis financieras, es basarse en la historia de Estados Unidos e Inglaterra. Dos países que no han tenido la mejor performance monetaria y bancaria. Esto resulta en un problema de selección adversa de modelos. De allí que varios concluyan que aquellos sistemas que no encajan en los modelos de crisis financiera han de haber tenido algún problema. George Selgin en el capítulo 9 de Bank Deregulation and Monetary Order muestra dos simples tablas marcando las crisis financieras en países en períodos con y sin banca libre. La diferencia es tan clara que no hace falta correr ninguna regresión.

Por último, vale aclarar que el sistema de banca libre no tiene que ver con un modelo de competencia perfecta aplicada al sistema bancario y monetario. Nada en el sistema de banca libre presupone racionalidad infalible, información perfecta y otros supuestos que, más que simplificar, nos alejan del problema real a resolver.

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.

La Argentina no es el mejor ejemplo para Grecia:

Por: Aldo Abram.  Publicado el 19/10/11 en: http://www.cronista.com/contenidos/2011/10/19/noticia_0044.html

Existen algunas similitudes respecto de la situación que vivió la Argentina durante la década del 90 y que terminó con la crisis de 2001 y la realidad por la que atraviesa Grecia hoy. Sin embargo, hay cuestiones que hacen que una salida al estilo argentino sea muy poco recomendable.
En abril de 1991, ante el desprestigio y fuerte caída en la demanda de su moneda que amagaba llevar a la Argentina a una nueva hiperinflación, se promulga la ley de Convertibilidad. El país pasó a tener un peso que era un “vale” por un dólar que guardaba el Banco Central. En 2001 Grecia asume el euro como moneda.
La gran diferencia es que, en Grecia, el dracma desaparece y, en Argentina, siguió circulando el peso. No es lo mismo la salida de la Convertibilidad que la posibilidad de que Grecia abandone el euro. En 2002, Argentina, simplemente, derogó el tipo de cambio fijo lo que permitió al gobierno y al Banco Central cobrar el impuesto implícito en toda devaluación. En Grecia, no hay una moneda en circulación para depreciar.
Donde sí se asimilan es en la parte fiscal. La ley de Convertibilidad intentó controlar los excesos en el gasto público y la acumulación de déficits fiscales financiados con emisión monetaria, que llevaron a dos hiperinflaciones en 1989-1990. Sin embargo, la ganancia en credibilidad que esta medida determinó, facilitó colocar deuda al gobierno; por lo que siguieron aumentando excesivamente las erogaciones, aprovechando esta posibilidad de financiamiento. El crecimiento del stock de pasivos del Estado fue muy rápido y la cesación de pagos se adelantó debido a una crisis política que comenzó en 2000 y estalló en 2001, borrando toda posibilidad de crédito.
En Grecia es evidente el desmadre fiscal que, hasta fines de 2009, fue ocultado con cifras engañosas. El ingreso a la eurozona habilitó un financiamiento que derivó en una abultada deuda de más del 120% del PBI; lo que llevó a una crisis de credibilidad y de crédito que dura hasta hoy.
Ninguna nación que pretenda desarrollarse lo puede hacer sin credibilidad, es decir, crédito. Mientras haya una chance, es prudente evitar un default. Si no, hacerlo en forma ordenada y rápida.
La Argentina no es el mejor ejemplo. Logró una solución parcial de su deuda en cesación de pagos con privados recién en 2005. La oferta de canje ofrecida (con una exacción de más del 60% de lo adeudado) fue sin negociación y con el criterio “es esto o nada”; lo que dejó tufillo a estafa. Recién en 2010, con la reapertura del canje fue posible sumar más del 90% de las tenencias originalmente impagas. Sin embargo, técnicamente, la Argentina sigue en cesación de pagos; ya que no se resolvió el problema de la deuda con el “Club de París”. Casi 10 años después el país no pudo recuperar su crédito y es poco probable que lo haga en el mediano plazo.
En caso de un default, el país helénico debería permanecer en la eurozona; ya quedó demostrado en Argentina que perder la estabilidad monetaria es el peor escenario para una cesación de pagos. Hoy, el crédito bancario al sector privado argentino es menor al 13% del PBI, la mitad que antes del 2001, y está concentrado en el corto plazo, principalmente es comercial y para consumo. Difícilmente esto pueda revertirse en esta década y ningún país puede desarrollarse sin financiamiento bancario.
Grecia, al no tener moneda propia circulando, los únicos ahorros “devaluables” y apropiables por el gobierno serían los que están en el sistema financiero. Por ende, deberían imponer un “corralito” y “dracmatizar” los depósitos en euros. Esto llevaría a la destrucción de la credibilidad del sistema financiero, el principal capital de un banco.
Grecia tiene una gran ventaja, un potencial avalista de anchas espaldas, la Unión Europea. La realidad es que no podrá evitar el ajuste, pero puede elegir en qué forma lo hará. El camino argentino costó mandar a más de la mitad de la población a la pobreza y perder la senda del desarrollo. Si Grecia logra que se instrumente el rescate en marcha, es mejor aumentar impuestos, achicar sueldos y gasto público como está planeado y no buscar una salida a través de una devaluación y/o crisis por cesación de pagos.
Si no pudieran evitar este último paso, deberían hacerlo en el marco de la eurozona y con una reestructuración de pasivos ordenada y rápida, como Uruguay en 2002. Este último país, hoy se encamina a tener “grado de inversión” en su deuda y la Argentina está muy lejos de esa posibilidad.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

El día después del primer día.

Por Pablo Guido. Publicado el 1/11/11 en: http://chh.ufm.edu/blogchh/

Ayer comenzaron a regir en Argentina diversos controles cambiarios, con el objetivo de reducir la demanda de dólares y otras divisas por parte de la población. El gobierno, a través del organismo recaudador, emitió una resolución en la cual estableció los requerimientos para poder comprar moneda extranjera. Por lo que se observó ayer en todo el país prácticamente para el comprador minorista no hubo operaciones, se frenaron todas por orden del organismo recaudador (AFIP) que era el que daba o no el visto bueno para la compra de divisas. ¿Cómo operaba el sistema? Básicamente la persona que quería comprar divisas tenía que registrar en la casa de cambio o banco su identificación tributaria y mencionar el destino que le iba a dar a la mismas. A partir de ese momento el sistema enviaba los datos a la AFIP para que habilitara o no la operación en función de su declaración patrimonial y de ingresos. Me pregunto: ¿cómo puede saber el gobierno si, en función de la declaración patrimonial e ingresos del año anterior, una persona tiene la cantidad suficiente de moneda local para comprar moneda extranjera? Imposible que un funcionario público pueda establecer en un par de minutos si el comprador está habilitado o no para comprar moneda extranjera en función de la declaración de ingresos y patrimonio realizada hace ya más de medio año.

 

¿Qué sucedió entonces en el mercado cambiario? A pesar del virtual bloqueo de compras para el público minorista en las calles el banco central tuvo que vender 100 millones de dólares para sostener el precio del dólar.  Mientras tanto el ministro de economía dijo que la creciente demanda de dólares era fruto de los intentos de generar una histeria colectiva. ¿Por parte de quién? Siempre la teoría del complot típica de los gobiernos en general y en particular de los gobiernos de tinte más policíaco que creen que pueden controlar la economía como si fuera un juego de mesa, a través de órdenes que restrinjan de manera permanente el accionar de las personas. Como si quisieran eliminar las leyes de la oferta y la demanda. Como si pudieran evitar que la gente quiera salvar su patrimonio cuando la inflación lleva ya cuatro años de aumentar entre 20 y 25% anual. Como si pudieran evitar que la gente compre dólares en un país donde en los últimos cuarenta años se han destruido 4 signos monetarios y han pasado por dos hiperinflaciones. Como si pudieran evitar que la gente compre un “bote salvavidas” en medio de pronósticos de tormentas en el medio de altamar. En los próximos días o semanas veremos cuál es el desenlace de estos controles cambiarios. No hay mucha alternativa para el gobierno: o permite que el tipo de cambio aumente en función de la mayor demanda de la gente o continúa vendiendo divisas para evitar la suba del dólar. Dado que los recursos son limitados ya sabemos cuál estrategia fracasará primero.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina).