Guatemala enfrenta las drogas

Por Alberto Benegas Lynch (h): Publicado el 15/3/12 en http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7181

 Otto Pérez Molina, el nuevo presidente guatemalteco en ejercicio, acaba de pronunciarse por abrir de par en par las puertas al debate sobre la posible despenalización de las drogas alucinógenas para usos no medicinales, en conferencia de prensa el pasado 13 de febrero del corriente año. Manifestó que piensa trasladar la referida discusión al seno de la asamblea legislativa y que, de este modo, resulta imperioso terminar con el flagelo que está destruyendo las entrañas de esa nación centroamericana.

 En el mismo sentido de la necesaria e inmediata liberalización de los estupefacientes, se pronunciaron los ex mandatarios de México Vicente Fox, de Brasil Fernando Henrique Cardozo y de Colombia César Gaviria, todos con sobrada experiencia de lo que ocurre con las drogas en sus respectivos países.

 Siempre habrá personas que se hacen daño a si mismas con dietas perversas, con deportes riesgosos (y algunos incivilizados como el boxeo cuyo objetivo es destrozar al adversario), alcohol, cigarrillos y tantas costumbres perjudiciales para la salud del cuerpo. También, si es que le damos mayor importancia al espíritu que a la materia, hay lecturas, producciones cinematográficas y obras teatrales que pervierten pero de allí no se desprende que el aparato estatal deba imponer conductas que no lesionan derechos de terceros con la absurda y vana pretensión de jugar a Dios, o más bien la arrogancia superlativa de ser más que Dios puesto que estamos dotados de libre albedrío y, consecuentemente, debemos asumir la responsabilidad por nuestros actos.

 La prohibición de la producción, tenencia y consumo de las referidas drogas traslada el tema a la órbita criminal con todas las implicancias que esto tiene. De este modo se atestan las cárceles de adultos que han decidido hacerse daño con el agregado de los monumentales estímulos para colocar la droga en todos lados dado los enormes márgenes operativos fruto de la legislación que penaliza la comercialización. Esto no solo genera artificialmente la aparición de las drogas sintéticas sino que todo esto opera en el contexto de normas que hacen que los crímenes producidos bajo el efecto de las drogas constituyan un atenuante (en lugar de un agravante) y contamina las contabilidades con sospechas de “lavados” y lesiones graves a las libertades individuales a través de vulnerar el secreto bancario, las escuchas telefónicas, requisas sin orden de juez competente y detenciones sin el debido proceso. Igual que sucedió con la nefasta “Ley Seca”, la corrupción de jueces, policías, gobernantes y de las propias oficinas encargadas de “luchar contra las drogas” (una expresión un tanto atrabiliaria puesto que como ha señalado Milton Friedman “no se decreta una guerra contra las drogas del mismo modo que no se decreta una guerra contra la aspirina” puesto que las guerras no son contra objetos ni contra métodos sino contra personas o grupos de personas).

 En muchas ocasiones se presenta una anomalía estadística vía un error de inclusión en cuanto a la relación drogas-crimen tal como lo señalan Bruce Benson y David Ramussen en Illicit Drugs and Crime. No es relevante tomar el universo de crímenes y constatar que existe una alta proporción de drogadictos. Lo relevante es tomar el universo de drogadictos y constatar que hay una proporción mínima de personas que cometen crímenes (muchas de ellas estimuladas por el mencionado disparate legislativo de mitigar sus castigos cuando cometen un delito drogados).

 Como he escrito antes, es menester subrayar nuevamente que unos cuatro mil años constituye una muestra suficientemente representativa en cuanto a que desde 2.000 años antes de Cristo hasta 1971 en que comenzó la “guerra a las drogas” no hubieron problemas con esas sustancias para usos no medicinales (salvo la decimonónica Guerra del Opio debido precisamente a la prohibición en China). Reitero también al margen que aunque el tema de fondo no es utilitarista sino de principios del derecho, la revista Time (abril 26 de 2009, “Drugs In Portugal: Does Decriminalization Work?”) informa que en 2001, a diferencia de las incoherencias establecidas en Holanda, el gobierno de Portugal liberó la comercialización, el consumo y la tenencia de marihuana, cocaína, crack y heroína y, desde entonces, el consumo de drogas disminuyó, especialmente en las franjas de los adolescentes. John Stossel presentó un notable documental el 3 del corriente mes de marzo en Fox News donde exhibió las impresionantes estadísticas de la caída vertiginosa en la criminalidad en Portugal como consecuencia de la liberalización de las drogas (se destaca en ese documental que lo mismo tuvo lugar en Estados Unidos luego de la liberalización del alcohol), junto a declaraciones de observadores y funcionarios públicos -algunos vivamente sorprendidos porque no eran partidarios de liberar el mercado- quienes subrayaron los efectos “extraordinariamente positivos” también en los niveles de adicción después de diez años consecutivos de experiencia.

 Pero insistimos, el punto central no consiste en medir mayores o menores conductas viciosas sino en tener bien  presente que el aparato estatal en una sociedad abierta no es para echar mano a procedimientos violentos al efecto de modificar acciones que no lesionan derechos de otros. Sin duda que si la gente en libertad desea constiparse hasta morir, eso sucederá pero el aparato de la fuerza que llamamos gobierno es para proteger derechos y no para hacer de padres putativos al intentar corregir las estructuras axiológicas de cada cual y mucho menos hacer padecer a quienes son ajenos a esas inclinaciones. El tema de las drogas es que no solo obliga a los drogadictos a internarse en el circuito criminal y también a los comerciantes, sino que redunda en un drama de proporciones gigantescas para quienes no se vinculan para nada con las drogas (desde el transporte vedado de cierto monto de efectivo hasta el resto de libertades que deberían protegerse y no atropellarse en nombre de la ley).

 Por otra parte, la liberalización de las drogas erróneamente hace suponer a algunos que en masa todos se drogarán por todas partes, sin tener en cuenta que nadie contrata en el trabajo a personas bajo el efecto de las drogas y los comercios, bibliotecas, restaurantes, centros de estudios y demás lugares no aceptan en sus locales a gente que no puede controlarse a si misma, del mismo modo que ocurre en las calles (no importa si el estado de descontrol se debe al alcohol, tranquilizantes o drogas, del mismo modo que no se permite a los automovilistas que circulen de noche sin luces o sin frenos en cualquier circunstancia).

 Las matanzas, los secuestros y las batallas campales se suceden a diario en Guatemala. El caos presenta un cuadro siniestro y todo por el entredicho con las drogas en las que deben pagar con sus vidas y recursos inocentes que nada tienen que ver con los estupefacientes. Es como ha escrito el aludido premio Nobel en economía Milton Friedman quien ha sido el pionero en señalar los peligros de la prohibición: “Las drogas son una tragedia para los adictos. Pero criminalizar su uso convierte la tragedia en un desastre para la sociedad, tanto para los que la usan como para los que no la usan.” Inmediatamente después de terminada la aludida conferencia de prensa del presidente guatemalteco, la embajada de Estados Unidos en la ciudad capital de ese país emitió un comunicado oponiéndose a la propuesta del mandatario en cuestión, como si el solo hecho de un debate abierto fuera a amenazar mercados estadounidenses en el negocio de marras, luego de lo cual viaja el vicepresidente Joe Biden con la intención de frenar esas iniciativas en la región.

 En el marco de la liberalización, el trato con menores sería igual que con respecto a la pornografía, a las licencias de conducir y al alcohol, por lo que no se daría cabida a la publicidad de las drogas en lugares públicos y, en base a elementales juicios prudenciales, para casos de ataques a niños por nacer, cualquiera podría actuar  como subrogante en el caso de madres embarazadas que ingieran drogas de este calibre que desforman y mutilan a creaturas. En resumen, el mercado se saneará en lo posible debido a la desaparición del “fruto prohibido”, a la desaparición de las repulsivas figuras como las del “pusher” y el “soplón” y la referida inexistencia de publicidad.

 Es de desear que el anunciado debate en Guatemala tenga lugar y que la liberalización sea completa sin cortapisas ni artilugios como el de abrir las posibilidades al consumo pero mantener la prohibición en la producción tal como se ha adoptado en algunos lugares, situación que significa el mejor de los mundos para los barones mafiosos de la droga ya que tienen expedito el camino del consumo mientras retienen los astronómicos márgenes operativos.

 Es necesario, además, que separemos de modo muy nítido la liberación y consecuente despenalización de las drogas de aquellas situaciones en las que, bajo el manto declarado de esos supuestos objetivos, en realidad se apaña a la mafia y se ocultan negociados entre gobernantes y sus secuaces en el submundo criminal cubriéndole las espaldas a facinerosos y tapando todo tipo de maniobras fraudulentas y hasta homicidios perpetrados contra enemigos de la rapiña y contra competidores en el delito.

 Moralmente no corresponde criminalizar lo que no es por su naturaleza un crimen. La drogadicción es una tragedia. Habitualmente produce lesiones cerebrales irreversibles, masacre psíquica, distorsión de los sentidos y de la capacidad perceptual. La abstinencia suele estar acompañada de dolores  musculares intensos, calambres extendidos por todo el cuerpo, expulsión de abundantes fluidos, escalofríos, notoria disminución de la actividad cerebral, debilitamiento extremo, aumento de la frecuencia respiratoria, dilatación de las pupilas, todo lo cual ocurre en un contexto de tremenda zozobra. En este contexto se ha sostenido que el drogadicto no es libre, como si no hubiera elegido la ingesta, lo cual nos recuerda una vez más aquel parricida que pedía clemencia al tribunal porque era huérfano.

 Son bienvenidas todas las campañas que muestran los acuciantes problemas apuntados, siempre realizadas con recursos propios, pero la penalización provoca los problemas que muy telegráficamente hemos expuesto en estas líneas a raíz del caso de Guatemala, un tema general sobre el cual nos hemos extendido en otras oportunidades en artículos, ensayos y en un libro publicado en 2006 (La tragedia de la drogadicción: una propuesta con prólogo de Carlos Alberto Montaner). En una etapa fui partidario de la prohibición hasta que varios académicos de Cato Institute y, sobre todo, alumnos míos en clase me convencieron de la mayúscula equivocación en la que incurrí. Mi padre era de entrada partidario de la liberalización de las drogas pero no logró persuadirme, a diferencia de su decidida y manifiesta influencia en mí respecto a los fundamentos de los aspectos filosóficos, económicos y jurídicos del liberalismo (por lo que le estaré eternamente agradecido, puesto que si no hubiera sido por su paciente y perseverante tarea de “mostrarme otros lados de la biblioteca” hubiera sido socialista-keynesiano como en aquella época eran mis colegas de estudios en mis dos carreras universitarias y dos doctorados).

 Hace tiempo, cuando estaba en lo que ahora estimo como la posición equivocada en la materia, mantuve una larga conversación con mi amigo mexicano Agustín Navarro que como médico y economista sostenía la conveniencia de liberar el mercado de drogas. Recuerdo que le pregunté en esa ocasión por que no publicaba un libro sobre el tema y me respondió que lo había intentado pero que desistió en vista de las truculentas amenazas que recibió en su país a través de varios canales por parte de los narcos, especial aunque no exclusivamente referidas a su hija en ese momento de nueve años. Terminó nuestro intercambio con un comentario un tanto cáustico de mi amigo: “nada hay más nocivo para los narcotraficantes que se les termine el negocio liberando el mercado”. Luego descubrí que esos mafiosos -después que se levantó la veda al alcohol- fueron los que inventaron y promovieron la prohibición de las drogas vía aparatosas estructuras de lobby, tal como documenté más adelante en mi antedicho libro.

 Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fué profesor y primer Rector de ESEADE.

 

MÁS VALE LOCO EN MANO QUE DIPLOMÁTICO VOLANDO (sobre la visita de Benedicto XVI a Cuba)

Por Gabriel Zanotti: Publicado el 20/3/11 en http://www.gzanotti.blogspot.com.ar/

Yo no voy a decir a Benedicto XVI lo que tiene que decir ni seré de aquellos que se regodean criticando lo que dijo.

Pero sí me voy a permitir un sencillo razonamiento.

Cuando un Pontífice viaje a un lugar donde todos los seres humanos son vilmente perseguidos, donde los cristianos son especialmente perseguidos, donde los disidentes son cruelmente encarcelados, en medio de la desidia y complicidad internacional, no quedan sino dos opciones.

La primera, denunciarlo, como corresponde a la denuncia profética de la tradición judeo-cristiana.

La segunda, callarlo, para que la situación de los perseguidos no empeore.

Pero esta última opción es muy delicada. ¿Quién lo entenderá así?

¿Cómo combinar la diplomacia con el cristianismo? ¿Se corresponden?

El cristiano no es diplomático, es loco, lo cual es muy distinto.

Por lo tanto, si no va a haber denuncia profética, como corresponde a la locura de la cruz, ¿para qué ir a Cuba?

¿Para qué?

Luego comienzan las comparaciones.

¿Por qué Juan Pablo II pidió por la liberación de los presos políticos en Chile pero no en Cuba?

En el mundo actual no vale la diplomacia para un cristiano. Vale ser loco, vale estar loco.

Como yo.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

 

Los “beneficios” del proteccionismo comercial

Por Pablo Guido. Publicado el 21/3/2012 en http://chh.ufm.edu/blogchh/

La economía argentina, desde ya hace 7 u 8 décadas, básicamente está dirigida por un sistema donde no priman las reglas del mercado. En materia de comercio exterior la consigna, salvo algunos años excepcionales donde hubo cierta intensión de abrir los mercados a la competencia externa, ha sido la protección de las empresas locales. Y ya todos sabemos que las barreras comerciales que limitan o prohíben el ingreso de bienes y servicios generan menor oferta y, por lo tanto, mayores precios. Por consiguiente, esa protección comercial que beneficia en principio a las empresas locales, que no tienen que esforzarse por competir con sus pares internacionales, desprotege a otras empresas u otros consumidores que tienen que comprar dichos productos a mayor precio o menor calidad. Nada nuevo estoy afirmando con esto.

Un ejemplo de actualidad del proteccionismo argentino lo encontré estos últimos días con la tablet Ipad 2. Recordemos que este producto fue lanzado al mercado hace aproximadamente un año, presentado al público justamente por Steve Jobs, que aún vivía. En el periódico argentino El Cronista, del lunes 19 de marzo, en la página 7, hay una publicidad de la empresa Compumundo donde anuncia una oferta para el iPad 2. ¿A qué precio se hace la “fenomenal” oferta? Al contado un consumidor puede adquirir esta Tablet, ya “vieja” tecnológicamente, a 3299 pesos. Para compararlo con el precio al que habitualmente se adquiere en otros países hay que “traducir” el precio en pesos a dólares. El problema es que en Argentina hay básicamente dos precios de los dólares: uno, que se determina en el mercado oficial y otro en el mercado “paralelo” o “negro”. En el primero el tipo de cambio es de 4,38 pesos por dólar; en el segundo de aproximadamente 4,80. Esto significa que, dependiendo del tipo de cambio al cual hagamos la conversión, en Argentina un iPad 2 cuesta entre 687 y 753 dólares. El mismo producto, en una cadena conocida de EEUU, cuesta 399 dólares.

¿Cuál es la diferencia de precios del iPad 2 entre Argentina y EEUU? En la Argentina, donde se aplican elevadísimas barreras comerciales al ingreso de productos importados, el precio es superior entre un 72 y 89%. Son los “beneficios” del proteccionismo comercial: restringir el acceso de los consumidores a productos más baratos.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

El talón de Aquiles del modelo “nacional y popular”

Por Eduardo Filgueira Lima. Publicado el 21/3/12 enhttp://cepoliticosysociales-efl.blogspot.com.ar/2012/03/el-talon-de-aquiles-del-modelo-nacional.html

 
 Desde la crisis soportada en el 2001/2002 la recomposición de la economía argentina se sustentó en un conjunto de factores que le permitieron una rápida recuperación.  De un PBI de signo negativo en el 2002 ( -10,89%), se pasó rápidamente – devaluación mediante – a un crecimiento importante del mismo (entre 6 y 9%), tanto que se acuñó la frase “a tasas chinas”.
A ello contribuyó la imprevisible y creciente cotización del precio, así como del incremento de la producción de los comodities y productos manufacturados agroindustriales, lo que permitió una favorable balanza comercial, con perspectivas de acumulo rápido de reservas.
Ello se mantuvo hasta fines del 2008 en que se insinúan condiciones de crisis – que fueron tanto económicas como políticas – que  disminuyen el mismo hasta solo un 0,9%.
Esa fase de acumulación es lo que permite a la clase política gobernante disponer de esos excedentes de manera discrecional de tal forma que el gasto público corriente – gravado ya en forma importante por las jubilaciones – se convierte en financiador selectivo a través de diversas formas de subsidios y asciende desde el 25% en términos del PBI de 2002, al 45% del PBI en la actualidad. Entiéndase bien lo significativo del gasto: mucho más (casi el doble) de un PBI mucho mayor (aproximadamente un 70%).
Nuestro país a pesar de considerarse “de ingresos medios”, tiene un PBI que solo alcanza los u$s 400.000 millones/año (es decir $ 1.800.000 millones) y ello nos pone de manifiesto que se encuentra muy por debajo de sus posibilidades (fronteras) de producción, a pesar que en PBI/Cápita, ocupemos el primer lugar en Latino América, lo que no nos ubica entre los países ricos, sino “los más ricos entre los pobres”.
Muchas consideraciones podrían hacerse al respecto, por ejemplo: como se distribuyen los recursos que genera esa producción entre subgrupos de la población. Al respecto cabe decir que – a pesar de lo declamado por nuestro gobierno – la dispersión de la diferencia ha permanecido prácticamente constante.
Y el punto anterior nos lleva a una nueva consideración: la disminución de la brecha no ha sido posible ni sustantiva  porque los subsidios asignados a la base han sido diluidos por la inflación y una gran parte fueron direccionados a facilitar el “capitalismo de amigos” mediante contratos exorbitantes para los beneficiados cercanos al poder.
Mientras la política se permitió de esta forma disimular la inflación mediante acuerdos que mantenían quietas las tarifas de servicios (rotulados “subsidiado por el Gobierno Nacional”).
Este gasto público creciente fue el motor de la política, vía subsidios o empleos, generación de agencias y reparticiones públicas, que construyeron un gigante tan improductivo como ineficiente (sin mencionar la corrupción que todo lo impregna).
“….Una vez que existe el estado es imposible limitar la expansión de su poder. Es cierto que, como indica Hoppe, determinadas formas políticas (como la monarquía absoluta, en la que el Rey-propietario será ´ceteris paribus´ más cuidadoso a largo plazo para “no matar a la gallina de los huevos de oro”) tenderán a expansionar su poder e intervenir algo menos que otras (como la democracia, en la que no existen incentivos efectivos para que alguien se preocupe por lo que acaezca más allá de las próximas elecciones)…. (…)…Y no ha dejado de crecer porque la mezcla del estado, como institución monopolista de la violencia, con la naturaleza humana es ´explosiva´….(….)… a pesar de la caída del Muro de Berlín hace ya casi veinte años, los estados no han dejado de crecer y cercenar en todos los ámbitos las libertades individuales de los seres humanos…”
La expansión del gasto público es el más dañino instrumento que poseen los gobernantes para “prometer e intentar dar más de lo que deben”, solo a los efectos de mantener la preferencia del electorado. Y esto si bien preconizado por J. M. Keynes – en una situación particular residual de la crisis de los ´30 – fue planteado para lograr superar la misma en el corto plazo, logrando el pleno empleo como objetivo a través de un incremento de la demanda agregada que se supuso estímulo a la producción.
Keynes olvidó decir que las crisis del sistema capitalista son precisamente por las intervenciones de los gobiernos y la expansión indiscriminada del dinero y el crédito. Es decir: la expansión de la base monetaria.
Es necesario destacar expresamente las interacciones que se producen entre las políticas monetarias, la política fiscal y la balanza comercial. Las consecuencias que hoy comienzan a mostrarse (ver: “La coyuntura y las consecuencias”), porque las necesidades crecientes de recursos llevaron primero a apropiarse de las AFJP, luego de las reservas de libre disponibilidad del Banco Central (ahora con la ley propuesta lo harán explícitamente y sin límites, el endeudamiento con el ANSES, la fallida intentona de la 125 y ahora según el Decreto 366/12 – también legal y explícitamente – de los fondos de la APE que corresponden a porcentajes de las cotizaciones laborales de los trabajadores (aproximadamente $ 1.500 millones/año). Pueden echar mano a todo lo que existe, pero parece que nunca alcanza.
Pueden manipular los índices de precios en el INDEC, pueden intentar controles de precios que nunca se revelaron eficaces, que distorsionan la producción y agravan el problema por su consecuencia la  escasez,.. pueden intentar controlar los salarios, pero si estos no corren al ritmo de la inflación, la depreciación de la moneda hará más difícil la subsistencia de todos, pero en especial la de los asalariados.
También pueden implementar otras medidas para hacerse de recursos: sobre la balanza comercial (controlando las importaciones o la fuga de capitales) y menos sobre la política fiscal (porque esta ya alcanza al 50% y porque aumentar impuestos nunca mejora la imagen del “gobernante benevolente”).
Pueden echar mano a todo lo que existe, pero parece que nunca alcanza.
Pueden echar mano a todo lo que existe, pero como todo nunca alcanza las fisuras del modelo comienzan a hacerse notar. Su “Talón de Aquiles”: la inflación.
La inflación es la resultante, que casi todos verifican como “un aumento de los precios”, pero estos son en realidad la consecuencia y cuyas causas es el incremento en la cantidad de dinero y del crédito. Y ello será más grave aún cuando el BCRA no solo financie con sus reservas de libre disponibilidad, sino también pueda imprimir sin respaldo, bajo las apetencias y el imperio del gobierno.  
El aumento de los precios relativos es la consecuencia de la irresponsabilidad del gobierno, que se siente impune para sostener su gasto discrecional y prebendario, originando un grave desequilibrio fiscal.
¿Cuánto hace que no escuchamos hablar del “equilibrio fiscal”?
Existe hoy un desequilibrio que no es redituable financiar reduciendo el gasto o subiendo los impuestos, ambos denominados “ajustes” y  que en términos de votos terminan siendo para el gobierno tremendamente impopulares.
En los ´90 las teorías monetaristas exigieron precisamente eso: lograr el equilibrio fiscal, mediante una intervención del Estado que mantuviera la relación entre la base monetaria y el crecimiento del PBI. El objetivo ya no era “el pleno empleo” keynesiano, sino una intervención – en especial de la emisión – para el control de la inflación.
Ya era reconocible que la inflación es el mal mayor y que la expansión monetaria es su causa.
El liberalismo reconoce esta condición, pero también considera que el gobierno la ocasiona al tener la potestad de financiar libremente su gasto. Su intervención en este punto es finalmente dañina.
Si bien el liberalismo y la intervención estatal no se excluyen mutuamente “¿Cómo podemos organizar las instituciones políticas para impedir que los gobernantes malos o incompetentes puedan hacer demasiado daño?”
Los ciclos económicos, en todos los casos son producidos por la expansión del dinero fiduciario, que genera “burbujas” que nos suelen explotar en las narices.
Es innecesario decir que la situación puede corregirse, pero para ello los caminos son los inversos a los que recorremos aunque parecería que estamos en un círculo vicioso:
     1.    Se necesitan inversiones. Pero ¿quién quiere invertir en un país que no le genera “confianza”,.. que le cambia día a día las reglas de juego,..?, ¿que la carga impositiva es abrumadora y la rentabilidad es incierta,… porque si la descubren de alguna manera: le echan mano !!,.. ¿No es acaso cierto que para sostener el gasto público debe recurrirse a los que producen – vía impuestos – para sostener un sector no productivo?
      2.    Porque “somos ricos entre pobres” y nuestro país no produce lo que podría, si existieran las inversiones necesarias – y el mundo en estos momentos está con excedentes – que no nos llegan porque “la política” no les genera confianza, podríamos obtener trabajos genuinos y la solvencia fiscal necesaria.
      3.    Estas circunstancias eliminan los incentivos de todos los sectores: de los que producen,.. como de los que no. Los primeros porque ven la discrecionalidad en la asignación de lo que aportan y los segundos porque prefieren continuar subsidiados sin incentivos al trabajo.
      4.    Y como ya L. von Mises nos expusiera, la base del desarrollo es el incremento de la producción, con generación genuina de puestos de trabajo en el sector productivo, con base en el ahorro.
 
Los políticos echarán culpas en otros sectores: los “formadores de precios”,.. ¿Dónde habrán encontrado tan disparatada afirmación?: Si un oferente vende a un precio mayor al que la demanda está dispuesta a pagar sencillamente no le compran y se funde !!
También serán culpables los especuladores,… los trabajadores con sus demandas,… lo que el gobierno nunca dirá es que él mismo, con su incremento del gasto público – para dar más allá de lo que puede y quedarse con “el vuelto de los votos” – es el irresponsable del desfasaje y la tragedia que lo sucede.
La inflación distorsiona los precios relativos, que son la “señal” para el sector de la producción,.. son el faro que indica qué y cuánto producir,.. son los que permiten tomar riesgo empresarial y acompañar su dinámica, que permite convertir a un país en desarrollado. Los sectores no productivos de la economía nunca podrían lograr eso,.. solo sufrir mientras los precios se alejan de sus salarios (salvo los funcionarios).
Solo un gasto equilibrado y tan bajo que además de ser solvente, pueda estimular a los sectores de la producción podrá evitar la pendiente negativa. Y en este punto no estoy hablando de un empresariado que solo visualice el corto plazo: que prometa mucho, pero solo espere ser monopólico desde la protección arancelaria, hasta los subsidios de sus amigos en el poder.
Los gobiernos deben lograr presupuestos que eviten los gastos superfluos, innecesarios y sin impacto para cumplir claros objetivos inherentes a sus funciones , sin recurrir a la suba de los impuestos pues ello gravará negativamente la producción. Así como mejorar la calidad de sus instituciones para ofrecer ese condimento tan preciado como es la confianza para el inversor.
Y los empresarios deberían asumir que “los riesgos” son parte implícita a su función y una necesaria visión de largo plazo.
La asociación entre los gobernantes y los grupos de interés – que ejercen un gran poder de lobby – son una combinación letal para el desarrollo del país.
Y eso es gran parte de lo que sucede en el nuestro: el “Talón de Aquiles” del modelo será nuestro desencanto y desconcierto.
 

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Aspirante a Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Profesor Universitario.

 

BECAS COMUNIDAD ESEADE – Licenciaturas y Maestrías

Se comunica la apertura para la postulación a las BECAS COMUNIDAD ESEADE. Dichas becas, cubren el 50% de los aranceles (no así la matrícula) de los programas de Maestría y de Licenciatura de ESEADE. Han sido establecidas con el objetivo de fortalecer los lazos entre la Institución y sus integrantes.

Las becas están destinadas a candidatos de cualquiera de estos cursos que sean recomendados académica y personalmente por un profesor, directivo académico, miembro del Consejo Directivo o funcionarios de la Institución (familiares no están excluidos). Los interesados deberán presentar (hasta el 27 de marzo) para postular a la Beca, sus antecedentes y una carta de referencia de un miembro de la Comunidad ESEADE. No podrán presentarse a la Beca candidatos que ya han iniciado el proceso de matriculación en ESEADE.

Para mayor información dirigirse a María Eugenia Fernández Crisial a eugeniaf@eseade.edu.ar o al 4773-5825.

Los ricos tienen mercados, los pobres tienen burócratas:

 Por Alejandro Alle. Publicado el  Lunes, 19 de Marzo de 2012 en http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=50839&idArt=6744094

La conclusión, impecable, pertenece a William Easterly, renombrado profesor de Economía en New York University (NYU). Easterly fue burócrata del Banco Mundial hasta que un día, según sus propias palabras, “vio la luz y se arrepintió”. Dejó de ser burócrata.

Un parafraseo oportuno de su expresión sería “los ricos tienen instituciones, los pobres tienen caudillos”.

No hace falta ser muy imaginativo para verlo. Los países de América Latina no casualmente están llenos de burócratas y caudillos. Y de aspirantes a serlo.

A los aspirantes pudimos verlos, por cierto, en la reciente campaña electoral de El Salvador. Ataviados con diversos colores, porque nadie se salva. Haciendo promesas inverosímiles. Eso sí, de ellos no espere arrepentimientos: lamentablemente NYU no está pensando en llevárselos.

En nuestros subdesarrollados arrabales del planeta brillan por su ausencia los mercados (los verdaderos, no sus parodias) y las instituciones (las de calidad, no sus remedos). Ambas carencias van de la mano: a un remedo de institución le corresponde siempre una parodia de mercado. El subdesarrollo, claro, es la consecuencia inevitable.

El problema, lamentablemente, es que lejos de dar los pasos necesarios para dejar de ser subdesarrollados, aceptamos el camino fácil de la “ayuda internacional”, esa que en gran medida comenzó en 1961 con Kennedy, convencido por su asesor Walt Rostow para que duplicase la ayuda internacional sólo durante “diez o quince años”. Luego ya no sería necesaria.

Sin embargo, en 1973 el presidente del Banco Mundial, Robert McNamara, reclamó una nueva duplicación. Que fue concedida. Y al final de la guerra fría, en 1990, el Banco Mundial volvió a pedir duplicación. También concedida. En 2001, con el comienzo de la guerra antiterrorista, el entonces presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, volvió a reclamar una duplicación. Concedida, naturalmente.

A Kennedy le dijeron que luego de diez o quince años la ayuda ya no sería necesaria…, aunque lo que deberían haberle dicho es que ya no sería suficiente…, y que habría que duplicarla.

Por supuesto, el punto no es preocuparse por el costo que la ayuda internacional tiene para el contribuyente estadounidense. Ese es un problema de ellos. Y por cierto, no lo van a solucionar mientras no escuchen a Ron Paul.

El tema medular en América Latina, y El Salvador no es la excepción, es tomar conciencia de esa lamentable mentalidad de menesterosos dependientes de la ayuda, esa que cómodamente adoptamos en 1961. Y abandonarla urgentemente. Porque es dañina.

Habrá oposición, sin dudas: el “negocio de la ayuda” es rentable para algunos. Necesitan que siga habiendo pobres para seguir viviendo como ricos. Son los burócratas del “subdesarrollo sostenible”.

Algunos son funcionarios de países desarrollados. Otros, de organismos internacionales. Entre ellos, criollos de prosapia variada.

Por estos días se habla de “la oportunidad” que para El Salvador representan el Asocio para el Crecimiento y el Fomilenio II. Del primero es poco lo que se sabe. Del segundo, esperemos sea mejor aplicado que el Fomilenio I, ese regalo de 461 millones de dólares que pudo haberse invertido en algo más útil que un camino que une la nada con ningún lugar.

Finalmente, cabe destacar que de los Estados Unidos debemos tomar el espíritu de sus admirables padres fundadores, como Alexander Hamilton, primer Secretario del Tesoro y autor del ensayo Nro. 12 de la colección denominada “El Federalista” (1787-1788). Ilustrativo del grado de entendimiento que esos visionarios tenían de los temas fiscales.

Y debemos dejar de escuchar a burócratas como Julissa Reynoso, Subsecretaria Adjunta de Estado para Asuntos de Centroamérica y el Caribe, quien recientemente recomendó que “por cada dólar que nosotros (los Estados Unidos) invertimos, que el sector privado (salvadoreño) invierta tres”. Instilando más dependencia menesterosa. Una vergüenza.

Se refería, haciendo gala de su enorme desconocimiento, a la solución para el grave problema de la inseguridad. Como si los problemas se solucionasen tirándoles dinero arriba, sin exponer plan alguno. Deshonrando a Hamilton. Y también a El Salvador.

Hasta la próxima.

Alejandro Alle es Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy.

Proteccionismo:

Por  Carlos Rodríguez Braun: Publicado el 18-3-12 en: http://www.libremercado.com/2012-03-18/carlos-rodriguez-braun-proteccionismo-63768/

¿Por qué va a ser bueno comprarle libremente a un señor de Barcelona o de Madrid, y va a ser malo comprarle libremente a una señora de Burundi?

El empresario Ángel Barranco, advirtió en Cinco Días en contra de “comprar en países de bajo coste, provocando la fabricación fuera de nuestras fronteras”. Esto le parece muy mal porque “un país como España se mantiene si vivimos de lo que fabricamos”.

Estas ideas son tan milenarias como equivocadas. Los seres humanos libres procuran organizarse de modo eficiente, por la cuenta que les trae. Y si es más barato producir las cosas en casa que comprarlas, las produciremos en casa. Si no lo hacemos, es porque nos conviene comprarlas en la tienda de la esquina, o en la del pueblo de al lado, o en la del pueblo más lejano de España… o del mundo. Eso no tiene por qué estar mal. Como parece obvio que no vamos a fabricar todo en casa, lo lógico es que decidamos los ciudadanos qué cosas queremos comprar y dónde, sea dentro o fuera de nuestras fronteras. La vieja distinción que plantea el señor Barranco no tiene sentido: ¿por qué va a ser bueno comprarle libremente a un señor de Barcelona o de Madrid, y va a ser malo comprarle libremente a una señora de Burundi?

La idea de que hay que “fabricar” cosas es también bastante confusa. En realidad, no tenemos por qué fabricar nada. Lo haremos si nos conviene, y nos convendrá si lo hacemos bien y barato, de forma tal que los demás nos compren. Pero la gente se especializa en actividades muy diferentes, y unos producen vestidos o acero, y otros se dedican a la hostelería, la pintura o al canto. Para mantenerse no hay que vivir “de lo que fabricamos” sino conseguir que otros nos compren lo que vendemos, que no es lo mismo.

La lógica proteccionista de don Ángel lo lleva a elogiar nada menos que a las siniestras autoridades de mi Argentina natal, que están impidiendo por la fuerza que los ciudadanos importen los bienes y servicios que necesitan. Como si fuera bueno comprar los productos del país ¡independientemente de los deseos del pueblo e independientemente de la calidad y coste de esos productos!

Concluye el señor Barranco reclamando “un ciudadano comprometido con los productos fabricados en el país y exigente con los gobernantes para que protejan nuestra economía”. Pero si hay ciudadanos comprometidos con los productos nacionales, habría que dejarlos en paz para que los compren libremente. Y si los gobernantes obligan a esos ciudadanos a comprar lo que no desean a un precio mayor al que estarían dispuestos a pagar ¿a quién estarían realmente “protegiendo”?

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.