El occidente desarrollado: ¿Sigue en la Matrix?

Por Pablo Guido. Publicado el 16/11/11 en: http://chh.ufm.edu/blogchh/

Según estadísticas oficiales los países de la zona del euro y de los miembros de la Unión Europea crecieron, en promedio, un 0,2% en el tercer trimestre de este año respecto al segundo trimestre. Nada. Crecer a esa tasa significa que en 12 meses el PIB aumentaría un 0,82%. Para tener perspectiva qué significa esa escuálida tasa de crecimiento anual: el PIB se duplicaría en un lapso de 85 años. Lo peor de todo este asunto es la evolución de la tasa de crecimiento trimestral de Europa, comparada con el mismo trimestre del año pasado: crecía a un ritmo del 2,4% en el primer trimestre de 2011, para caer al 1,7% en el segundo y 1,4% en el tercero. Es decir, no sólo los 27 países de la UE crecen casi nada, sino que cada vez crecen menos. Obviamente que no podemos hacer una “película” con las imágenes de los últimos 3 trimestres, pero es una señal de las enormes dificultades que las economías europeas están teniendo. No fueron suficientes las toneladas de dinero emitidas por los bancos centrales para salir de la crisis, no fueron suficientes los incrementos de los gastos públicos para generar una mayor “demanda agregada”. Tampoco sirvió a reducir la tasa de desempleo que hoy, en aquellos 27 países de la UE, se ubica en casi 10% de la población económicamente activa. Exactamente igual que hace un año. Dentro del grupo de los más jóvenes (menores a 25 años) el desempleo supera el 20% en el promedio de los 27 países, con casos extremos como el español donde prácticamente uno de cada dos jóvenes no encuentra empleo.

 

¿Cómo sigue la película? Por ahora lo que vemos son renuncias de algunos primeros ministros (como en Grecia o Italia) que son reemplazados por “tecnócratas” economistas; anuncios de ajustes en el gasto público en muchos países, a veces ejecutados y otras no; y una porción de la población (por ahora los más jóvenes) que con el nombre de “indignados” comienza a observar que “algo no funciona”, que la promesa de vivir en el paraíso Estadobienestarista europeo se resquebraja, que obtener un empleo formal es casi similar a ganarse la lotería y que el “dorado” sueño de retirarse en edad más o menos temprana (los griegos por ahora se retiran a los 52 años) con una paga mensual aproximada a su salario es casi una fantasía. Recuerdo la escena de la película Matrix donde Morfeo (el capitán de la tripulación de la nave Nabucodonosor) le ofrece a Neo (el actor principal, el héroe) tomarse una pastilla para comenzar a ver el mundo real. ¿Será que, lentamente, los europeos en general que hoy apoyan el sistema socialista que tienen comienzan a tomarse la píldora que los despierte de la fantasía en la cual vivieron durante ya más de 5 décadas? Una fantasía conseguida mediante un enorme aumento de la carga tributaria y de endeudamiento público. Y también, condimentada por emisión monetaria.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina).

La sustentabilidad del modelo de redistribución de riquezas:

Por: Aldo Abram.  Publicado el 18/11/11 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2011/11/18/la-sustentabilidad-del-modelo-de-redistribucion-de-riquezas/

El  modelo de redistribución del ingreso implementado por el gobierno de Néstor Kirchner y continuado por Cristina Fernández de Kirchner  se basó en la disponibilidad de ingentes recursos que lo hicieron posible. Parece lógico; ya que, para poder distribuir, hay que tener con qué. ¿De dónde salieron esos fondos?

En primer lugar, el fuerte incremento del precio de los commodities permitió incrementar a niveles exorbitantes la presión tributaria sobre el complejo agropecuario-industrial. De esa forma, año a año, el nivel del gasto público y la carga fiscal fueron quebrando récords históricos en la Argentina; por lo que no debería extrañar la “sensación” de pérdida de competitividad de un sector privado que tiene que correr una carrera internacional con semejante “mochila”.

Un impuesto que no se menciona oficialmente; pero que todos sufren en su bolsillo es el de la inflación. Nadie puede creer que el Banco Central compra dólares y financia los excesos de erogaciones del gobierno con recursos que le dejó “Papá Noel” en el arbolito de Navidad. Lamento avisarles, ni Papá Noel ni los Reyes Magos existen. Esos recursos salen de nuestros bolsillos a través del impuesto inflacionario que nos cobra el Banco Central.

Una pregunta que alguien debería hacerse es por qué si en Brasil el tipo de cambio estuvo cayendo fuerte y acá estuvo aumentando continuamente, durante los últimos años los que se quejaban de la pérdida de competitividad eran los productores argentinos. La respuesta: 6,5% de inflación en Brasil y más del 20% en Argentina. Es decir, más piedras en la mochila de los productores locales.

Otro factor que ha beneficiado al gobierno es que la Reserva Federal, bajo el liderazgo de Alan Greenspan y, posteriormente, de Ben Bernanke, se ha dedicado a bastardear el valor de su moneda. Como los argentinos medimos la pérdida de poder adquisitivo contra el dólar, no nos dimos cuenta que, solamente por seguir en su derrumbe a la moneda estadounidense, en la última década, hemos perdido más del 60% del valor de nuestro peso. Bajo esa ilusión cambiaria, la autoridad monetaria pudo comprar reservas y cobrarnos altos impuestos inflacionarios, sin que eso se notara en el tipo de cambio y pudiera crear algún tipo de corrida. El problema es ¿cuánto tiempo más Bernanke seguirá siendo “kirchnerista”? En EE.UU., las presiones inflacionarias serán crecientes y cualquier cambio de rumbo en la laxa política monetaria de la Reserva Federal podría impactar muy duro en la Argentina. Antes si el Banco Central necesitaba cobrar un impuesto inflacionario de 25%, en el marco de  una merma mundial del dólar de 15% , el tipo de cambio local debía subir 10%. Otra cosa es hacerlo con una suba de la moneda estadounidense de 10% y, por ende, un alza del tipo de cambio de ¿35%?

Otra fuente de recursos fue de lo invertido en el pasado (vieja historia local); lo que permitió darles un creciente y demagógico subsidio a todos los consumidores de servicios públicos sin discriminar. Esto se hizo a costa del capital de las empresas prestadoras en buena parte; por lo que la inversión no compensado el desgaste lógico de sus activos. Ya antes tuvimos una historia parecida en la que llegó un momento, tras décadas de desinversión, hacia finales de los ´80, las prestadoras estatales de servicios públicos no pudieron seguir proveyéndolas en cantidad y calidad necesarias. Ahora, aunque en manos privadas, intervenidas sus decisiones desde el gobierno, el resultado volverá a ser el mismo. De más está decir que, como el costo del subsidio aportado por el Estado (léase contribuyentes) se ha potenciado, se tratará de transferirles los futuros aumentos necesarios a los usuarios. Esto no necesariamente está mal, pero generará un enorme malestar entre los que deberán dejar de gastar en otras cosas para afrontar la pérdida de la transferencia que recibía del Estado.

Por otra parte, durante tantos años, la creciente inflación fue presionando los costos de las empresas que tenían precios controlados y el Estado tuvo que salir a cubrir los aumentos que no querían se transfieran a los consumidores. Lamentablemente, se demuestra que mayor inflación, la suba de los envíos de recursos a las compañías debían subir mucho más que proporcionalmente; lo que resulta insostenible presupuestariamente. Por ello, no extraña que el gobierno esté pensando en empezar a actualizar los valores de lo que pagan los usuarios. El problema es que eso debió haberse hecho gradualmente a partir de 2003-2004 y hubiera implicado una asignación de parte de los aumentos de salarios. En cambio, ahora, la gente asumió que el enorme subsidio que está recibiendo es parte de su bienestar y la diferencia a recuperar es de varias veces lo que pagan hoy. Conclusión, los aumentos de tarifas deberán ser compensados con menores gastos en otras cosas que ya asumían como parte de sus consumos habituales, generando sensación de pobreza. De todas formas, es mejor encarar este problema cuánto antes; ya que, cuanto más se demore, mayor será el impacto sobre el nivel de vida futuro de la población.

Otra caja que financió el creciente gasto fue la confiscación de los ahorros para la vejez de los aportantes al sistema de capitalización privada. Todos sabemos cómo terminó el régimen de reparto que jubiló a nuestros padres y abuelos. La historia se va a repetir; ya que el gobierno financia sus gastos actuales con nuestros aportes y, en el futuro, no estarán los recursos disponibles para pagarnos la pasividad que nos están prometiendo. El punto no es discutir si están bien las asignaciones universales por hijo o jubilar a más de un millón de personas que nunca aportaron. El temas es que son gastos que debieron haber sido afrontados con los recursos que todos los argentinos pagamos con impuestos y no con los aportes que deberían garantizar que nos jubilemos con lo que nos prometieron. Sin embargo, cuando nos demos cuenta de eso, ya será tarde y algún futuro gobierno deberá volver a declarar una emergencia previsional, como la de finales de los ´80, decirnos que no podrán abonarnos lo que nos dijeron y cobrarle más impuestos a nuestros hijos y nietos para moderar el impacto negativo sobre las pasividades.

Desde 2010, el gobierno se apropió de las reservas internacionales del Banco Central. Así es como, desde entonces, utilizó US$ 16.500 millones, cuyos pasivos emitidos por el Central siguen allí, pero la contrapartida en divisas ya no está. De esta forma, se debilita a la autoridad monetaria ante una corrida cambiaria o bancaria. Mientras no llegue, ¿a quién le preocupa? Pero cuando llegue, será tarde para preocuparse.

Nadie puede garantizar que el “viento de cola internacional” será eterno. Es más, se puede decir que es altamente probable que en el próximo año y medio se puede volver un “ventarrón de frente”. Cada vez más gente siente que la inflación logra reducir el poder adquisitivo de sus ingresos. La fuga de capitales está carcomiendo las reservas internacionales de un Banco Central que intenta mantener el dinamismo de la economía emitiendo pesos que nadie quiere y se vuelven compras de divisas. La provisión de servicios públicos en el actual esquema es insostenible en calidad y cantidad necesarias. El sistema financiero mantiene un volumen de crédito al sector privado que sigue siendo intrascendente y es incapaz de financiar el desarrollo económico argentino.

¿Cuál es el problema? La inconsistencia de un modelo que redistribuye riquezas a una velocidad mayor a la que la genera, gestando una sensación artificial de bienestar, que no puede sustentarse en el tiempo. Sin embargo, para el gobierno, su estrategia ha sido exitosa y las distorsiones se deben a que hay corporaciones económicas y mediáticas que se resisten a sumarse a esta “gesta solidaria y patriótica”. Por lo tanto, buscarán una mayor hegemonía en el poder para obligarlos a cuadrarse atrás de la política oficial.

Para ello, es vital el manejo de los medios para imponer el “relato” que de sustento cultural en el tiempo al modelo. Allí, son vitales el uso discrecional de la publicidad oficial para castigar y premiar, la embestida por controlar la venta de papel de diario, el “Futbol para todos”, la ley de Medios y el gigantesco multimedios oficial que se está armando.

En la parte económica, se buscará obligar a las empresas a producir, invertir, fijar precios, vender interna o externamente según el criterio de algún funcionario del gobierno.  Para ello, basta rehabilitar la ley de Abastecimiento para someter a los sectores empresarios díscolos que, ante el aumento de la demanda interna, incrementan sus precios para incrementar sus ganancias en lugar de subir la oferta. Por supuesto, el Banco Central continuará emitiendo a granel para financiar el gasto público, por lo que la inflación no cederá; pero volveremos a vivir tiempos de escasez y mercados negros de productos. Ya lo estamos viviendo con la carne, que algún funcionario iluminado prometió siempre estaría disponible para el asado de los trabajadores argentinos. Gracias a sus sabias decisiones, el consumo de carne vacuna está en los niveles más bajos desde 1958 y hemos perdido más de la mitad del volumen de nuestras ventas al exterior. Si sigue acumulando este tipo de éxitos, pronto tendremos que ir a comer un churrasco al Uruguay.

Buscarán una reforma del sistema financiero que permita una mayor intervención del Estado. Es decir facilite a un funcionario público decidir a quién, a qué tasa y cuánto se le presta. El principal capital de la banca es su credibilidad. Por eso, es mínimo el ahorro que los argentinos canalizamos a través de dichas entidades. Sabemos que históricamente, los gobiernos han utilizado los depósitos como instrumentos de política económica o para financiar decisiones de gasto o subsidios a deudores. Las últimas dos veces que esto sucedió fueron en 2002 y 1989, hace demasiado poco. Es obvio que cuanto más acerque la ley vigente los depósitos a las manos de los funcionarios, más lejos querremos estar los ahorristas de los bancos. Por ende, sin los insumos necesarios, ¿con qué se dará crédito? Supongo que algún burócrata iluminado pensará obrar “la multiplicación de los panes y de los peces”.

Por último y dado que “para muestra basta un botón”, veamos la reacción oficial a la creciente fuga de capitales.

La solución pasaba por disminuir el ritmo de emisión de pesos para financiar los excesos de gasto público; ya que, luego, los excedentes se vuelcan al mercado cambiario, sumándose a la fuga de capitales. Por otro lado, debieron dar garantías a la gente de que podrá comprar dólares con sus ingresos legalmente ganados cuando quiera en el futuro, quitándoles la ansiedad de tener que hacerlo “antes de que lo prohíban o hagan el trámite tan difícil que sea imposible operar en el mercado formal”. Con estas medidas y volviendo a la estrategia de dejar que el tipo de cambio suba lentamente, se hubiera regenerado la confianza y disminuido fuertemente la demanda de divisas para fugar capitales. Incluso, con el tiempo, no hubiera sido extraño observar que se liquidaran algunas divisas previamente atesoradas.

Sin embargo, se optó por dificultar y restringir la compra de dólares; lo que incrementa el temor de la gente y termina incentivando las compras de divisas y el retiro de depósitos. Si uno mira la historia, estos siempre fueron  los primeros pasos dados por los gobiernos que terminaron en una crisis cambiaria y bancaria. Esperemos que no sigan avanzando hacia ese sentido.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

En Clase, con mis Alumnos:

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 17/11/11 en http://diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7018

Decimos que la clave para asegurar un reconfortante futuro moral y material consiste en una buena educación (aunque, tal vez, el adjetivo sobra ya que una mala educación, en definitiva, no es tal). Entonces, todo lo que ocurra en el seno de la familia y en ámbitos escolares y universitarios refleja un microcosmos que vaticina en gran medida como se desenvolverán las personas y cuales serán las relaciones interindividuales. 

En esta línea argumental, puede resultar de utilidad reflexionar sobre métodos educativos, específicamente referidos a los sucesos que tienen lugar en el aula. En este sentido, trasmito mi experiencia de más de cuarenta años en la cátedra universitaria que espero signifiquen buenos consejos ya que el mero hecho de acumular años de experiencia no garantiza calidad. Confío en que en mi caso se pueda establecer un correlato con los buenos vinos que mejoran con la edad, y no con un mal vino, que cuanto más se lo añeja, peor es.  

Entiendo que la clave estriba en la gimnasia del cuestionamiento, el interrogante, mirar el mismo asunto desde diversos ángulos y, sobre todo, como nos ha dicho Popper, entender que el conocimiento tiene el carácter de la provisionalidad sujeto a posibles refutaciones, lo cual mejora la marca y reduce nuestra ignorancia. Tanto el responsable de la cátedra como los alumnos participamos de una infinita dosis de ignorancia. “Todos somos ignorantes, solo que en temas distintos” decía Einstein, a lo que agregamos que lo que creemos saber lo conocemos siempre en grado insuficiente. 

Como he consignado antes, mis respectivos profesores señalaron idéntico fenómeno tanto el primer día en mi colegio en Washington DC (Archbishop Carroll High School) y, muchos años después, el primer día de clase en una beca que obtuve en New York (Foundation for Economic Education). En ambos casos el titular del caso dibujó dos círculos de circunferencias distintas en el pizarrón afirmando que con ello pretendían ilustrar grados diferentes de conocimiento y que lo que quedaba fuera de esa imagen representaba la ignorancia, luego de lo cual nos invitaban a los alumnos a meditar sobre cuanto más expuesto al desconocimiento estaba el círculo de radio mayor (cuanto más se conoce, más conciencia se tiene de la propia ignorancia). 

Tanto la enseñanza popperiana como lo aprendido en el aula en las dos circunstancias apuntadas, no significan en modo alguno patrocinar el relativismo ni el esceptisismo. La verdad es independiente de nuestras opiniones sobre el mundo (por ello hay centros de investigaciones, porque se conjetura que hay algo que investigar), de lo cual no se desprende que sea fácil captar la verdad en los más diversos campos: se trata más bien de un peregrinaje azaroso no exento de sobresaltos. De más está decir que el conocimiento nunca es una faena terminada, está inmersa en un intrincado proceso de prueba y error, de marchas y contramarchas.  

Una vez escribí algo que denominé “el problema de la distribución del conocimiento” al efecto de mostrar la necesidad de buscar un equilibrio adecuado entre los extremos: en una punta está el especialista que sabe cada vez más y más de menos y menos, y en la otra está el diletante que habla de todo y, concretamente, sabe poco. ¿Cuánto destinar a la profundización (que no tiene límite) de cualquier tema sin consumir demasiado tiempo para dar lugar a otros conocimientos? Este es un dilema que deberá resolverse según los costos y beneficios marginales de cada uno. 

En todo caso, este es el clima que debe trasmitirse a los alumnos antes de comenzar las clases para ubicar el proceso en el debido contexto. Además, en mi caso, tengo una muletilla que repito el primer día de clase: “si no resulta claro lo que digo, por favor interrúmpanme, si no están de acuerdo, discútanme y si creen que está claro y concuerdan con lo que expongo, hagan de abogado del diablo que siempre es útil para que surjan eventuales contradicciones o inconsistencias que a primera vista no se detectan”. 

En mis clases he procurado que las sillas de los alumnos se coloquen en forma de semi-círculo al efecto de poder mirarlos a todos de manera directa y frontal y para facilitar el diálogo (a menos que me toque un grupo grande en cuyo caso debo resignarme a la disposición tradicional). Nunca tomo asiento en clase puesto que considero que el caminar entre los alumnos refleja el constante movimiento que en paralelo debe dársele al material que se discute, nunca en estado final de reposo sino siempre en ebullición y atentos a nuevos descubrimientos. 

Durante el transcurso de todos los semestres he buscado la oportunidad de organizar debates entre alumnos ubicándolos al azar de un lado y otro del aula y lanzar un tema de debate en el que ambos lados deben argumentar en forma opuesta. Eso resulta un ejercicio de gran fertilidad para escudriñar argumentos y razonamientos, con total independencia de lo que piensa cada uno, puesto que enseñar a pensar es la columna vertebral de la educación. 

Creo que “dictar clase” es una expresión desafortunada y grandilocuente ya que tiene la connotación de una declamación o un recitado y no de una tarea conjunta y en equipo con los alumnos prestándole la debida atención a los intereses, vocaciones e inclinaciones de cada uno en vista de las muy diversas potencialidades y la extraordinaria unicidad que representa cada caso al efecto de sacar la mejor partida de cada uno, no solo en clase sino para eventuales monografías o trabajos de investigación. 

Como he subrayado en incontables ocasiones, esta visión de cambio con la pretensión de mejorar en un proceso sin final y de puntas abiertas se opone categóricamente a la ideología, una palabreja desagradable que no se refiere al sentido inocente del diccionario en cuanto a conjunto de ideas, ni siquiera alude al sentido marxista de “falsa conciencia de clase”, sino en su versión más difundida de algo pétreo, cerrado, clausurado y terminado, lo cual naturalmente se encuentra en las antípodas del espíritu liberal de una constante y necesaria evolución y apertura mental. 

Es curioso, pero con lo que mucho que me atrae la cátedra, siento un especial rechazo a tomar exámenes, no se si es por falta de paciencia o es que tanto me cuesta hacer de juez (o tal vez por las dos cosas). De todos modos, en los casos en los que no me resulta posible delegar estas tareas en adjuntos y ya instalado en este rol insisto en hurgar en distintas direcciones y avenidas para evitar a todo trance que se exponga el más mínimo vestigio de memorización sin entender lo que se dice (cual “Funes, el memorioso”). Esto me parece un pecado imperdonable que en gran parte se retrotrae a evidenciar un fracaso del profesor. 

Considero que todos los alumnos y alumnas son receptivos y hospitalarios a nuevas ideas y perspectivas. En uno de mis libros (escrito en 1986, hace más de  treinta y cinco años) describí a vuelapluma un gráfico de mis clases que sigue en vigencia después de tanto tiempo. Me cito: “En la abscisa puse los grados de satisfacción (o insatisfacción en el campo negativo) que conjeturo siente el estudiante y en la ordenada puse el tiempo. Dibujé una curva que muestra lo que sucede con los estudiantes desde el primer día de clase hasta el último […] Mi gráfico puede dividirse en cuatro secciones marcadas por el punto de origen y tres inflexiones en la curva. Hay aspectos técnicos cuyas partes más difíciles de comprender deben explicarse lentamente y paso a paso, pero hay otros, que pueden considerarse de filosofía general, que deben, sino comprenderse por lo menso intuirse lo antes posible. En este último caso, debe pasarse el climax rápidamente y, por tanto, el estudiante recibe une especie de shock. Éste es el primer punto o la primera etapa donde, en general, el estudiante recibe el menaje con gran escepticismo. Tanta es la sorpresa y el escepticismo que el estudiante piensa que ni siquiera vale la pena formular preguntas. Creo que más de una vez, en esta etapa, deben haber dudado de mi sano juicio. La segunda etapa marca el comienzo del cambio drástico en la audiencia. Aquí la sorpresa tiene un carácter distinto. Empieza la curiosidad […] Un comentario característico en esta segunda etapa es que está bien en teoría pero en la práctica no funciona, lo cual hace muy vulnerable la posición puesto que la teoría es solo para interpretar la práctica. Un teoría buena que no funciona en la práctica es un contradicción en términos. Esta segundo etapa  pone de relieve una especie de conflicto interno en el estudiante: por una parte la idea expuesta le parece impracticable y, por otra, le parece cautivante. La tercera etapa produce un notable  acercamiento en la relación profesor-alumno. Es una de ansiedad. El comentario característico aquí es: ¿si es tan sencillo por qué no se practica? Las preguntas en el transcurso de esta etapa muestran una voracidad por tener la mayor cantidad de elementos de juicio, quieren tener todas las respuestas lo antes posible. Suelen adoptar la postura del abogado del diablo para aclarar sus propias dudas e intercalan preguntas del tipo de ¿cómo es posible que otros no las vean? Por último, la característica de la cuarta etapa es el logro de una comunicación tan especial que se establecen verdaderos lazos de amistad con los estudiantes. La amistad, después de todo, es la comunión de ideales. La pregunta típica en esta etapa es: ¿Qué puedo hacer yo para que se ejecuten los ideales que subyacen en el análisis de esta asignatura?” 

Destaco muy especialmente las relaciones amistosas con alumnos que se han sucedido una y otra vez después de mis clases y la grandísima satisfacción de cómo eso perdura en el tiempo a través de comunicaciones cibernéticas y personales que son sumamente gratificantes y alentadoras. Sus reiterados dichos como “sus clases me cambiaron la vida” no tienen precio, las recibo como un valiosísimo regalo que me queda cincelado en la mente. 

Si los alumnos entran a clase con estudios anteriores en economía (que es en torno a lo que giran mis cátedras), como suele ocurrir en programas de posgrado, el asunto comienza de un modo distinto ya que como la perspectiva que comparto navega a contracorriente de la enseñanza convencional, el trabajo es más arduo puesto que deben deshacerse perjuicios antes de iniciar el camino. 

Ahora que veo en los periódicos noticias que se repiten en cuanto a la indisciplina estudiantil, me intrigan muy especialmente puesto que nunca, desde mi primera cátedra en 1968, he tenido el más remoto indicio de indisciplina tanto en casas de estudio de mi país como en las del extranjero en las que me he desempeñado, claro que siempre he puesto especial empeño en que la relación profesor-alumno debe primar un cuidadoso respeto recíproco (no es solo respeto hacia el profesor sino de éste con sus alumnos, lo cual incluye aspectos como el cumplimiento de los horarios establecidos ya que llegar tarde a una clase constituye un abuso y un atropello al tiempo de los alumnos). En este sentido, se me ocurre decir que aquellas situaciones inauditas de insubordinación son especialmente responsabilidad de los profesores por su conducta inapropiada, muchas veces chabacana, infractora y desconsiderada. 

De todas maneras, uno debe continuar navegando en un esfuerzo por apuntar a la excelencia y apagar toda tendencia de recurrir a terminología pomposa y sibilina a que se inclinan impostores que pretenden disimular su desconocimiento en la materia rodeando sus consideraciones con fórmulas innecesarias, razonamientos alambicados y bibliografía que no han explorado, todo lo cual no conduce más que a la confusión. Es lamentable que no pocos profesores estimulan a sus alumnos de grado y doctorandos en esta dirección antiacadémica. 

En realidad la educación consiste en un proceso que viene de adentro, el profesor solo facilita la manifestación y la canalización exterior de las inquietudes que subyacen en el alumno y que se despiertan o refuerzan con el referido contacto. Todos estamos influidos por muchos maestros, pero lo relevante y trascendente es lo que hacemos a partir de allí con lo recibido y qué agregamos por nuestra cuenta.  

Lo antedicho respecto a la cátedra regular, lamentablemente no sucede lo propio en conferencias o charlas siempre fugaces que no permiten la relación sistemática y continuada con la audiencia, por tanto, muchos de los conceptos quedan flotando y, en el mejor de los casos, generan signos de interrogación que eventualmente serán satisfechos por los curiosos en las correspondientes bibliotecas. 

Planteo una duda que me genera el sistema Montessori en el que no hay escalones predeterminados en los colegios, en donde cada uno progresa según su capacidad sin que sea retenido por otros no tan aventajados. Es decir, un sistema más individualista y menos propenso a avanzar o retroceder en majada. Me pregunto si esto no es bueno extenderlo e institucionalizarlo en aquellas universidades en las que se sigue el sistema de escalones anticipados. Desde luego, no estoy sugiriendo imponer este sistema ni ningún otro puesto que pienso que la educación debe desenvolverse en un ámbito de plena libertad para sacar la mejor partida posible de la prueba y el error y huir como de la peste de los organismo estatales que actúan como si se supiera de antemano que debe enseñarse y durante cuanto tiempo. Lo que estoy sugiriendo es que se mire más de cerca lo iniciado por María Montessori para eventualmente darle una aplicación más amplia, incluso para algunos de los esqueletos curriculares del muy fecundo home schooling que tan eficazmente elude las reglamentaciones de los tristemente célebres ministerios  y secretarias del ramo. 

Lo más importante es tratar de que los alumnos participen de la enorme emoción que significa la aventura intelectual y que nunca caigan en la trampa de quienes se jactan de “haber completado” su educación en tal o cual universidad puesto que la educación nunca se completa. Y es de especial significación el contrastar frente a los alumnos los pros y contras de las distintas tradiciones de pensamiento y exponer con la mayor claridad y rigor intelectual los fundamentos de la sociedad abierta, de lo contrario se extenderá el bochorno de gran resonancia que tuvo lugar durante la semana que acaba de concluir en la cátedra de economía de Gregory Mankiw en Harvard (el autor que, después de Samuelson, más ha vendido su libro de texto) donde en bloque todos sus alumnos lo abandonaron en medio de una clase y luego explicaron su actitud en una vehemente carta abierta señalándolo como uno de los causantes de los barquinazos económicos de Estados Unidos y solidarizándose con “los indignados”. Pero por tratarse de aquella caterva de académicos que insisten en recetas fallidas y bajo el ropaje de conservadores, renovadores y actualizadores del keynesianismo que en ningún momento revisan instituciones malsanas ni van al fondo de los problemas, el alumnado -para variar, en estos contextos- apunta al capitalismo como responsable de tanta malaria. Recordemos que Mankiw presidió (2003-2005) el Consejo de Asesores Económicos de G. W. Bush y patrocinó aquél esperpento empobrecedor de los “salvatajes” con el absurdo argumento de “intervenir en el mercado para salvar al mercado” (aunque se opuso a uno de los llamados “paquetes de estímulo” a pesar de alabar las archiconocidas técnicas de Keynes, por ejemplo en su articulo en The New York Times, noviembre 28 de 2008 ). Salvando las distancias, es similar a lo ocurrido en la Argentina donde se condenan políticas liberales inexistentes (a veces se recurre al adefesio de “neoliberalismo”) debido a que no pocos han recurrido a palabrería liberal mientras operaban en sentido contrario. 

En resumen y en otro plano pero en línea con lo expuesto en esta nota periodística, es de esperar también que alguna vez pueda generalizarse el sistema tutorial, esto es, la relación un profesor-un alumno en materias e investigaciones clave para así sacar el máximo de rendimiento de cada persona (única e irrepetible) y poder sortear la necesidad de amortizar la enseñanza en grupos a través de la correspondiente economía de escala, sobre todo después de haberse demostrado las falsedades inherentes a la pretensión de establecer rangos generalizados de coeficientes intelectuales. Edward Gibbon en sus memorias de 1795 concluye bien que “Todo hombre que se eleva sobre el nivel de lo común ha recibido dos educaciones: la primera de sus profesores, la segunda, más personal e importante, de si mismo”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fué profesor y primer Rector de ESEADE.

It is that easy to cook up new money?

Por Nicolas Cachanosky. Publicado el 16 de noviembre de  2011 en http://www.soundmoneyproject.org/?p=6079

The financial, and fiscal, crisis in Europe has brought doubt to the future of the Euro. Can it persist, or are we witnessing the end of the Euro? But, if the Euro is to be abandoned, how will the transition play out? In this respect, a latest post in the The Economist’s blog Free Exchange says the following:

“Creating a new currency is not that difficult. A determined country could simply pass a law saying that all financial dealings should henceforth be conducted in the new lira (or drachma, or escudo, or whatever). Colleagues who have covered Argentina tell of how, in August 2001, the province of Buenos Aires issued $90m of IOUs to employees as part of their pay packets. These bills, known as patacones, were soon widely accepted in exchange for goods and services. McDonalds even offered a special ‘Patacombo’ menu in exchange for a $5 denomination IOU. Argentina broke its “irrevocable” currency peg to the US dollar a few months later.”

This paragraph calls for two comments. First, to create a new currency is nothing easy; it is, on the contrary, very difficult. It is so difficult that, historically, money in itself is a spontaneous market outcome. Undoubtedly, what the author of the post is arguing is that it is not difficult to abandon the Euro and issue a ‘new’ currency (lira, drachma, etc.). In this sense it is a ‘new’ currency. But, if the Euro is abandoned in favor of other currencies, it will be because European governments are unable to honor their debts, as Argentina was in 2001. The likely outcome, as in Argentina, is a devaluation; for this is why a new currency issued by the country is needed.

Second, the case of Argentinian issued Patacones was not as straightforward as seems to be implied by the article. Different states, due to absence of monetary resources, decided to issue bonds and enforce legal tender laws on those IOUs. The states had to accept their own IOUs as valid for tax purposes, but only to a certain percentage of the total tax payment. Buenos Aires did not issue $90m of new currency, but $90m of debt. If something is clear about the situation in Europe it is that the European countries are not in a position to be able to issue further debt. What Argentina did was to unilaterally declare default on its international debt and then enforce domestic debt by paying government payroll with IOU.

Something that did happen in Argentina, was the appearance of barter clubs where people met to barter different goods and services. As these clubs grew, they developed their own private currencies. This mini-economy grew so much that security measures against fake currencies were needed. Eventually, these barter clubs started to form a network between them. If the issuance of IOUs by the states was so easy and efficient, not only should barter clubs not have appeared, there should have been no need of new, private, currencies.

The potential abandonment of the Euro faces serious challenges. The issuance of new currencies is not the only one. If the breakup of the Euro implies devaluation and a new constellation of exchange rates, then the outflows and inflows of European firms may face a sudden shift in value, bringing severe economic consequences. If, for instance, Italy decides to leave the Euro, use the Lira, and depreciate its currency, how then will the private sector pay their liabilities in Euros?

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.

¿Qué estamos haciendo los modernos con Mises?

Por Adrián Ravier. Publicado el 15/11/11 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2011/11/15/%c2%bfque-estamos-haciendo-los-modernos-con-mises/#more-1439

Axel Leijonhufvud se ha preguntado, ¿qué han hecho los modernos con Keynes? Ha reclamado que los economistas modernos interesados en la síntesis neoclásica keynesiana, han abandonado al Keynes original, un autor que descreía de la matemática y de los gráficos para expresar las ideas en economía, y que poco se había interesado por los estados de equilibrio. Me pregunto: ¿Estamos haciendo hoy lo mismo con Mises?

En un estudio sobre Robert Lucas, Francisco Rosende señala que la revolución keynesiana tiene más que ver con la síntesis neoclásica posterior a la Teoría General, que con las ideas contenidas en este famoso libro.

Desde este punto de vista, para Lucas el carácter “revolucionario” de la Teoría general de Keynes no se relacionaría tanto con los planteamientos que allí se encuentran, como con el hecho de que contemporáneamente con la aparición de este libro tuvieron lugar otros desarrollos, los que permitieron expresar el enfoque macroeconómico de Keynes con un mayor grado de formalización, e incluso se hizo posible una evaluación empírica de los mismos. […]

En particular, Lucas se refiere al hecho de que en dicho libro Keynes abandona la teoría del ciclo como marco de referencia de su análisis y replantea la discusión macroeconómica como un problema de determinación del nivel de producto, usando para ello las identidades de cuentas nacionales. Este enfoque, esencialmente estático y desvinculado de los procedimientos metodológicos usados en la teoría de los precios relativos, habría permitido sintetizar de un modo simplificado el debate macroeconómico a través del instrumental IS-LM desarrollado por Hicks (1937). Además, los progresos experimentados en el campo de la econometría hicieron posible estimar empíricamente las funciones de comportamiento implícitas en el modelo mencionado, e incluso simular el efecto de cambios en política económica sobre un cierto conjunto de agregados macroeconómicos, haciendo uso de estos modelos.

De acuerdo con lo expuesto por Lucas en la entrevista que aparece en el libro de Arjo Klamer, “Conversations with Economists”, la Teoría general de Keynes sería, a su juicio, un libro impreciso y poco riguroso, del cual se podrían obtener numerosas citas que evidenciarían la ausencia de un marco analítico sólido, y que eventualmente podrían ser utilizadas para defender puntos de vista diferentes. Sin embargo, en la interpretación que se realiza de la teoría keynesiana a partir del planteamiento de la misma a través de un esquema de oferta y demanda agregada, ésta pasa a tomar una forma más precisa,la que puede diferenciarse de la teoría clásica y, por lo tanto, ser sometida a una evaluación empírica.

En su introducción a “Contra Keynes y Cambridge”, Bruce Caldwell ha señalado que una de las razones por la cual Hayek fue perdiendo su fama internacional hacia mediados de la década de 1930, es que los economistas no habían podido desarrollar una síntesis neoclásica de sus ideas. El propio Hicks señala que hubo varios intentos por aquellos años, pero había algunos misterios que no se pudieron develar. Esto llevó a que la teoría austriaca del ciclo económico fuera vista como anticuada.

Podríamos decir que el propio Hayek inició la síntesis neoclásica de la teoría austriaca del ciclo económico con sus triángulos hayekianos, en un intento por simplificar la teoría del capital por medio de gráficos. Pero no logró demasiado.

En los últimos años, y en particular con el libro “Tiempo y Dinero. La Macroeconomía de la Estructura del Capital” de Roger W. Garrison, se ha comenzado a desarrollar una síntesis neoclásica del enfoque austriaco.

Ludwig van der Hauwe ha señalado que este modelo representa “una ruptura radical” en la tradición austriaca, mientras Jörg Guido Hülsmann ha sido más claro señalando a esta contribución como un “modelo esencialmente neoclásico”.

Sin embargo, tal como ocurriera con las ideas de Keynes, a partir de estos desarrollos empezamos a encontrar nuevas aplicaciones de la teoría austriaca del ciclo económico, con lo cual se resuelve una de las críticas más importantes planteadas a esta tradición. Aplicaciones a la crisis de Japón o a la crisis subprime, hoy son fundadas en la macroeconomía del capital.

Pero, ¿qué ha quedado de la teoría austriaca del ciclo económico de Mises? ¿Representa la macroeconomía del capital la esencial del modelo de Mises?  ¿S pierde algún elemento fundamental? ¿Cabe aquí la misma crítica que Leijonhufvud ha hecho a la síntesis neoclásica keynesiana? En definitiva, ¿qué estamos haciendo los modernos con Mises?

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Argentina: a los palos con el mercado.

Por Pablo Guido. Publicado el 14/11/11 en: http://chh.ufm.edu/blogchh/

Desde principios de año que la “fuga” de divisas en Argentina ha acumulado una cifra que ya supera los 22 mil millones de dólares, un 5% del PIB. Es una cifra importante. Pero más importante es que desde hace 8 años a la fecha (a lo largo de todo el gobierno actual) dicha “fuga” haya sido de unos 75.000 millones de dólares, pero el 90% de dicha cifra en los últimos 4 años. Los 75 mil millones de dólares que han salido del sistema productivo argentino, dirigiéndose “debajo del colchón” o a alguna cuenta del exterior, equivalente al 125% de los depósitos totales del sector privado en los bancos argentinos (60.000 millones de dólares).

El 23 de octubre pasado la presidente, candidata a renovar el cargo, ganó con un contundente 54% de los votos. Desde ese momento hasta ahora pasaron dos semanas, en las cuales el gobierno, ante la continuidad masiva de compras de dólares por parte de la gente, ha intentado dos cosas con sus medidas: incrementar la oferta de dólares y reducir la demanda de dólares. La lógica parece obvia ya que si lo lograra el precio del dólar debería ir bajando. El problema es que para aumentar la oferta de dólares ha obligado a las empresas petroleras, mineras y gasíferas a vender todos sus dólares de exportaciones en el mercado local. También obligó en un plazo de 50 días a que las empresas aseguradoras repatríen sus dólares del exterior. Para aplacar la demanda de dólares ha implementado un control de cambios mediante un sistema informático administrado por el organismo recaudador que decide si una persona está habilitada para comprar dólares, además de definir el monto de la operación. ¿Cuál es el resultado de estas medidas? Que son medidas de cortísimo plazo ya que aquellos que estaban pensando ingresar dólares al país (inversiones, etc) no lo hagan y los que estaban decidiendo si compraban o no dólares se vuelquen ahora a hacerlo. La enorme demanda de dólares que en Argentina está ocurriendo parte de un hecho claro: en los últimos años el precio del dólar ha subido un 30% aproximadamente mientras que el resto de los bienes y servicios ha aumentado en promedio un 100% al menos. Es decir, lo más barato que hay en el país es el dólar. Entonces, ante cualquier incremento de incertidumbre, la gente se vuelca a comprar dólares, para cubrirse. ¿Cubrirse de qué? De un nuevo manotazo del Estado a los ingresos o patrimonios de las personas. El gobierno actual no sólo ha incrementado la carga tributaria legal sino también ha sancionado una ley por la cual se apropió de unos 30 mil millones de dólares que estaban ahorrados en cuentas personales del sistema previsional. Además de incrementar las regulaciones que dificultan los negocios en muchos sectores o de establecer controles de precios a ciertos sectores de la economía. Entonces, la gente tiene el temor que ante el faltante de recursos fiscales el gobierno confisque otros ingresos o patrimonios individuales. Si lo piensa así se dirige a comprar lo que estima le podrá reducir la pérdida de la confiscación, en este caso los dólares que están baratos.

Desde que se implementaron estos controles cambiarios comenzaron a aparecer cientos de rumores respecto a nuevos controles: que el gobierno controlaría las ondas telefónicas de las personas que hablen en el centro financiero de la capital del país o que la policía revisaría las mochilas y bolsas que la gente lleve en dicho sector financiero de la ciudad. Seguramente no lo harán, pero lo importante es la percepción que tiene la gente. Estos temores incentivan una demanda aún mayor de dólares. Pero el último rumor es uno que ya ha ocurrido en Argentina hace 10 años. La pesificación de los depósitos en dólares. Esta noticia apareció el domingo 13 de noviembre y de ser percibido por la gente como probable incrementará aún más la “fuga” de dólares del país. Es el problema que muchos gobiernos enfrentan, de no querer solucionar la causa del problema y sí sus efectos. En este caso, el control de precios sobre el dólar, no hará otra cosa que ampliar la brecha entre el precio del dólar “oficial” y el “informal”. Además de complicar las operaciones cambiarias habituales y necesarias para el funcionamiento del proceso productivo.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina).

LOS FUNDAMENTOS DEL ESTADO LIBERAL DE DERECHO SEGÚN BENEDICTO XVI

Por Gabriel J. Zanotti: Publicado el 30 de Octubre de 2011 en http://www.institutoacton.com.ar/articulos/gzanotti/artzanotti90.pdf

Benedicto XVI sigue enseñando el liberalismo político de más alta calidad; ese liberalismo por el cual muchos católicos nos han querido condenar absolutamente, ese liberalismo que según muchos católicos es pecado y ese liberalismo del cual habla ahora Benedicto XVI, en esos términos (“estado liberal de derecho”, y no sólo “estado de derecho”), novedad terminológica inédita en el Magisterio Pontificio y ante la cual muchos se hacen los distraídos.

Pero no es cuestión de insistir sólo con ese tema. La cuestión es reflexionar sobre los contenidos del liberalismo de Benedicto XVI, cuya calidad y profundidad son sólo comparables a los discursos de Pío XII cuando también hablaba del derecho natural (1) .
Nos referimos esta vez a su discurso en Bundesrat alemán del 22 de Septiembre de este año (2)

Benedicto XVI comienza recordando una célebre frase de San Agustín que para la conciencia histórica alemana tiene especial significación: “Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue el Estado de una gran banda de bandidos?”, dijo en cierta ocasión San Agustín (“De civitate Dei, IV, 4, 1)”. Esto es, el gobierno, sin el límite del derecho, donde se encuentran los derechos fundamentales del hombre, ¿qué legitimidad tiene? Ninguna, y por ende, al usar la coerción, su diferencia con una banda de bandidos es sencillamente nula. Lamentablemente Benedicto tiene que recordar cómo afecta especialmente a los alemanes esa tragedia: “…Nosotros, los alemanes, sabemos por experiencia que estas palabras no son una mera quimera. Hemos experimentado cómo el poder se separó del derecho, se enfrentó contra el derecho; cómo se ha pisoteado el derecho, de manera que el Estado se convirtió en el instrumento para la destrucción del derecho; se transformó en una cuadrilla de bandidos muy bien organizada, que podía amenazar el mundo entero y empujarlo hasta el borde del abismo”. Pero salvando las distancias, no hay que colocar a la historia alemana como el único ejemplo. Un pontífice latinoamericano también podría haber dicho que nosotros, los latinoamericanos, estamos lamentablemente acostumbrados a los bandidos en el poder como situación habitual, a su descaro e hipocresía, ocupando puestos en la OEA como si fueran verdaderos estadistas, con toda la complicidad y banalidad del mal de dichos organismos internacionales, que los admiten y los aplauden, con todo su estatismo y su autoritarismo desenfrenado que frena el desarrollo de los pueblos produciendo la pobreza, el hacinamiento, el hambre y la desnutrición de millones de personas, verdaderos pecados sociales que claman al cielo que para colmo son luego interpretados como “capitalismo”.

Pero entonces, continúa Benedicto XVI, ¿cómo reconocer lo que es justo? De vuelta, en la espantosa experiencia de la resistencia al nazismo se ve que hubo personas que reconocieron en el criterio de mayoría una total insuficiencia para contestar a esa pregunta. La resistencia a la barbarie nazi se basó intuitivamente en un derecho natural más allá de la elección democrática de Hitler y de la sola legalidad positiva de sus “leyes”. Vuelve entonces a hacer la misma pregunta, sobre cómo reconocer lo que es justo. Y allí el Papa sorprende con una tesis histórica que unifica gran parte de la historia del derecho occidental: “…los teólogos cristianos se sumaron a un movimiento filosófico y jurídico que se había formado en el siglo II a. C. En la primera mitad del siglo segundo precristiano, se produjo un encuentro entre el derecho natural social desarrollado por los filósofos estoicos y notorios maestros del derecho romano (Cf. W. Waldstein, “Ins Herz geschrieben. Das Naturrecht als Fundament einer menschlichen Gesellschaft” (Augsburg 2010, 11ss; 31-61).. De este contacto, nació la cultura jurídica occidental, que ha sido y sigue siendo de una importancia determinante para la cultura jurídica de la humanidad. A partir de este vínculo precristiano entre derecho y filosofía inicia el camino que lleva, a través de la Edad Media cristiana, al desarrollo jurídico del Iluminismo, hasta la Declaración de los derechos humanos y hasta nuestra Ley Fundamental Alemana, con la que nuestro pueblo reconoció en 1949 “los inviolables e inalienables derechos del hombre como fundamento de toda comunidad humana, de la paz y de la justicia en el mundo”. Obsérvese algo fundamental: para el Papa no hay contradicción, sino evolución, entre el derecho romano, la Edad Media y el desarrollo jurídico de la Ilustración. Algo casi idéntico a la tesis de Hayek en el cap. 11 de “Los fundamentos de la Libertad” (3)-

Pero sorprenderá a muchos, también, la sana secularización que Benedicto XVI supone en ese proceso. Muchos filósofos actuales contraponen a un derecho natural religioso, solamente proveniente de una arbitraria voluntad de Dios, con el ordenamiento jurídico secular de la sociedad. Contrariamente, Benedicto XVI sostiene que “…Contrariamente a otras grandes religiones, el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. En cambio, se ha referido a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho, se ha referido a la armonía entre razón objetiva y subjetiva, una armonía que, sin embargo, presupone que ambas esferas estén fundadas en la razón creadora de Dios”. Este párrafo es ininteligible para gran parte de la cultura neokantiana y neopositivista actual. Los pensadores cristiano-católicos nunca han pensado que lo bueno es tal porque Dios lo ordena de modo arbitrario, sino que lo bueno se basa en la naturaleza de las cosas creada por Dios, siendo el modelo de este pensamiento, por supuesto, Santo Tomás de Aquino. Esto es, podemos encontrar en los fundamentos del derecho una naturaleza humana que puede ser reconocida por todos los seres humanos –como en los terribles momentos del nazismo- y al mismo tiempo ello presupone una armonía razón-fe, porque esa naturaleza humana está creada por Dios y, por ende, se inscribe en la tradición judeo-cristiana. A esto volverá Benedicto al final de su discurso.

Pero, ¿por qué esta dificultad de reconocer a la naturaleza humana? Benedicto diagnostica dos cuestiones: una, la escisión ser/deber ser y dos, y de modo coherente, la razón instrumental positivista, que impide reconocer algo fuera de los cánones del método científico. Benedicto XVI se opone de manera frontal al paradigma dominante de la época, el neopositivismo, (al cual los post-modernismos, agregamos nosotros, no hace más que retroalimentarlo). “…La razón positivista –dice el Papa- que se presenta de modo exclusivista y que no es capaz de percibir nada más que aquello que es funcional, se parece a los edificios de cemento armado sin ventanas, en los que logramos el clima y la luz por nosotros mismos, y sin querer recibir ya ambas cosas del gran mundo de Dios. Y, sin embargo, no podemos negar que en este mundo autoconstruido recurrimos en secreto igualmente a los “recursos” de Dios, que transformamos en productos nuestros. Es necesario volver a abrir las ventanas, hemos de ver nuevamente la inmensidad del mundo, el cielo y la tierra, y aprender a usar todo esto de modo justo”. Obsérvese la referencia a un mundo “auto-construido”: por similar vía van las crítica de Hayek al constructivismo, aunque el liberalismo de Benedicto XVI agrega a Hayek lo que le faltaba: la base de la crítica al constructivismo en el derecho natural cristiano.

Pero si es “cristiano”, ¿cómo puede ser “sanamente secular”, cómo puede darse en una sana laicidad abierta a todos los pueblos? Benedicto XVI ya había explicado este tema cuando habló de la razón pública cristiana (4) , una razón que tomando sus temas del Cristianismo, es razón humana y, por ende, capaz de comunicarse con todos sin cortar con su propia identidad. Por eso la cultura Europea es una cultura cristiana y a la vez secular, que abre a la sana laicidad pero no al laicismo, al reconocimiento de los derechos del hombre fundados en Dios –como en la declaración de la independencia norteamericana- y por ello mismo abiertos a todos en un ámbito de libertad. Por ello así termina este, nunca mejor dicho, magistral discurso del magisterio de Benedicto XVI: “…A este punto, debería venir en nuestra ayuda el patrimonio cultural de Europa. Sobre la base de la convicción sobre la existencia de un Dios creador, se ha desarrollado el concepto de los derechos humanos, la idea de la igualdad de todos los hombres ante la ley, la consciencia de la inviolabilidad de la dignidad humana de cada persona y el reconocimiento de la responsabilidad de los hombres por su conducta. Estos conocimientos de la razón constituyen nuestra memoria cultural. Ignorarla o considerarla como mero pasado sería una amputación de nuestra cultura en su conjunto y la privaría de su totalidad. La cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma – del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma. Este triple encuentro configura la íntima identidad de Europa. Con la certeza de la responsabilidad del hombre ante Dios y reconociendo la dignidad inviolable del hombre, de cada hombre, este encuentro ha fijado los criterios del derecho; defenderlos es nuestro deber en este momento histórico”.

Gracias, Benedicto, por este discurso histórico.

———————————–
(1) Ver Zanotti, G.: “La importancia del Magisterio Social de Pío XII”, en http://gzanotti.blogspot.com/2008/12/la-importancia-del-magisterio-social-de.html

(2) L´Osservatore Romano, ed. en lengua española, (2011), 39, 25-9-2011.

 (3) Unión Editorial, Madrid, 1975.

(4) Sobre este tema ver Zanotti, G.: El discurso que Benedicto XVI no pronunció, en http://www.institutoacton.com.ar/articulos/gzanotti/artzanotti34.doc

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.