Religión y libertad:

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/4/12 en: http://www.larazon.es/posts/show/religion-y-libertad

El sentimiento religioso en Estados Unidos nos provoca a algunos admiración y a otros escarnio. Pero ¿por qué se produce? James Q. Wilson planteó en el Wall Street Journal una hipótesis: tiene que ver con la libertad: “somos más religiosos que ningún país europeo porque aquí nunca ha habido una iglesia nacional contra la que rebelarse”.

Los antepasados de los estadounidenses se mataron por la religión, pero el conflicto era entre iglesias con poder político, o relacionadas con el poder político, la Católica y la Anglicana. Reconoce las excepciones de Polonia e Irlanda, no habla de Italia y España, también excepcionales por distintos motivos. “Pero en general hay poco en Europa que se parezca a la Primera Enmienda de la Constitución Americana”. Al no haber una iglesia nacional la religión se mantuvo fuera del panorama político. Pero en EE UU, como en el resto del mundo, ha habido ataques contra el sentimiento religioso alegando el argumento de “la separación de la Iglesia y el Estado”. Es una trampa. “Nuestra libertad no se basa en la supresión de los reconocimientos de la fuerza de la religión, sino en que durante muchas generaciones hemos aceptado un Gobierno secular que opera dentro de una cultura religiosa”. Mientras aquí los progresistas insisten en arrancar crucifijos o en recelar de las expresiones de la fe, conviene recordar que quien arrebata la libertad no es la Iglesia sino el Estado. 

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

¿CREEMOS EN LO QUE FESTEJAMOS HOY?

Por Gabriel J. Zanotti: Publicado el 8/4/12 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2012/04/creemos-en-lo-que-festejamos-hoy.html

¿Qué es la Pascua de Resurrección?

Nada más ni nada menos que Dios, en su Segunda Persona, se hizo hombre, murió en la cruz por nuestros pecados, resucitó y está sentado a la derecha del Padre.

A ver, meditemos un momento.

Quiere decir que Dios es uno y tres. ¿Lo creemos? ¿Qué razones tenemos para creerlo?
Quiere decir que Dios murió en la cruz por cada uno de nosotros, conociendo nuestro nombre y apellido, todo nuestro pecado y asumiéndolo para víctima expiatoria.

¿Creemos que Dios murió? ¿Cómo explicamos que Dios “murió”?

¿Creemos que murió, además, por cada uno de nosotros? ¿Creemos realmente que nos tenía y tiene en su corazón, a cada uno de nosotros, a nuestras vidas, a nuestros pesares e ilusiones, a nuestros pecados?

¿Creemos realmente que sólo Cristo podía responder por nuestros pecados? ¿Por qué?

¿Cómo explicamos que sólo Cristo puede salvarnos?

¿Creemos realmente que resucitó? No lo podemos creer realmente si no creemos que murió. ¿Cómo podía morir Dios?

¿Creemos en todo ello de tal modo que podamos dar razón de todo ello? Porque todo ello es nuestra esperanza, y el cristiano está llamado a DAR RAZÓN DE SU ESPERANZA.

¿Creemos en todo ello de tal modo que transforma nuestras vidas, en el sentido de que nuestras vidas hubieran sido otras si no lo hubiéramos creído?

Quiera Dios que lleguemos a la próxima Pascua habiendo meditado todo esto.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Apunte sobre un buen ejemplo argentino

 Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 5/4/12 en: http://diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7218

 Lamentablemente hay muchos pésimos ejemplos de los gobiernos argentinos de los últimos largos tiempos. Sin embargo, después de la tiranía rosista, la Constitución de 1853/60 permitió convertir a ese país sudamericano en la vanguardia del mundo libre. Los inmigrantes competían entre Estados Unidos y Argentina para “hacerse la América” debido a que los salarios del peón rural y los obreros de la incipiente industria eran superiores a los de Alemania, Francia, España e Italia. Todos los indicadores de progreso más relevantes ubicaban a la Argentina en los primeros puestos del concierto de las naciones más civilizadas del orbe.

 Luego comenzó el populismo yrigoyenista y los nacionalismos de los Manuel Gálvez, Leopoldo Lugones y Manuel Carlés que contribuyeron a crear un ambiente de xenofobia y estatismo incompatible con el progreso, y la revolución fascista del año treinta y sus continuadores de tradición conservadora introdujeron la banca central, el impuesto progresivo y las juntas reguladoras, todo lo cual fue acentuado en grado exponencial por el peronismo de la década siguiente con el agregado de la corrupción alarmante y la persecución política hasta extremos inconcebibles. Félix Luna en su Breve historia de los argentinos escribe que “Perón, que llegó con un lenguaje nuevo, trajo también una serie de elementos del pasado, como por ejemplo el plan económico de Miguel Miranda de 1947, que tenía varios elementos del de Pinedo establecido en 1940 por un régimen conservador” y Emilio Hardoy se queja amargamente en No he vivido en vano de las impugnaciones electorales de los conservadores y del denominado “fraude patriótico” patrocinado por esa corriente política.

 Pero en esta nota me propongo destacar muy brevemente un extraordinario ejemplo de la mejor tradición liberal del constitucionalismo argentino lo cual señala con notable enjundia Jorge Labanca en su ensayo titulado “El que preside no gobierna”, publicado en la compilación organizada por Ezequiel Gallo en homenaje a mi padre (Liberalismo y sociedad. Ensayos en honor de Alberto Benegas Lynch, Buenos Aires, Editorial Macchi, 1984).

 En este comentario telegráfico me baso en el muy documentado trabajo de Labanca en donde cada afirmación se sustenta en el respectivo texto constitucional y donde el autor subraya la sustancial modificación del rol del Ejecutivo que, de un considerable tiempo a esta parte, ha tenido lugar y que en un proceso de contrabando se le ha ido otorgando de facto potestades que son propias del Legislativo a contracorriente del pensamiento que dio origen a la República Argentina y, en cambio, ha inflado de modo superlativo los poderes de la presidencia hasta límites que la convierten en “un monarca electivo” según una ajustada expresión del mencionado autor.

 En el referido ensayo se apunta que el texto constitucional hace que el Ejecutivo se constituya en un órgano administrador que ejecuta lo sancionado por el Congreso, al contrario de lo que viene ocurriendo, situación en la que aparece como el primer mandante que incluso subordina a los gobernados a la condición de mandatarios, invirtiendo el orden de las cosas en el contexto republicano.

 Así, como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas el Ejecutivo depende del Congreso para declarar la guerra y definir al enemigo, para designar oficiales superiores, establecer el número de la tropa y declarar el fin de las hostilidades. Como representante del gobierno en materia de relaciones exteriores, recibe y envía funcionarios, pero es el Congreso el órgano que aprueba tratados entre naciones. Su poder de veto está limitado a que la Cámara de origen y la revisora no insistan en la promulgación con las mayorías necesarias. La presentación de un proyecto de ley por parte del Ejecutivo no obliga al Congreso ni siquiera a tratarlo y la apertura de las sesiones parlamentarias constituye una rendición de cuentas ante el Legislativo. Por otra parte, la convocatoria a sesiones extraordinarias es precisamente para contar con la legitimidad en la administración y, por último, la designación de jueces y la declaración del estado de sitio durante el receso del Senado operan bajo el contralor de los organismos correspondientes y dentro de las limitaciones que exige el derecho en un clima de pesos y contrapesos propio de la división horizontal de poderes.

 Jorge Labanca con razón se alarma frente a la “progresiva transferencia del las prerrogativas concretas de gobierno del Parlamento al Ejecutivo […] A través de la asignación de fines a la acción administradora del Poder Ejecutivo se verifica una mutación progresiva y a veces insensible de los fines del Estado. No parece muy difícil demostrar que la Constitución de 1853/60 está moldeada sobre el ideal de la libertad individual […] Esta finalidad se desdibuja y se transforma cuando la ley impone al administrador, como fines perseguidos por éste, cada vez que le atribuye una responsabilidad prestacional o reguladora.”

 Como una nota al pie destaco que durante un gobierno argentino de muy reciente data, el Congreso delegó las funciones de la hacienda pública en el Jefe de Gabinete con lo que sus miembros podrían haber renunciado a sus bancas en masa (y a sus dietas) ya que el contralor de las cuentas fiscales es responsabilidad primordial del Legislativo. Estas funciones fueron el eje central del nacimiento del Parlamento: cuidar de las finanzas administradas por el rey en tierras inglesas o del emperador en tiempos de la república romana, al contrario de lo que se considera hoy, es decir, que el Congreso está facultado para dictar leyes a diestra y siniestra en una carrera inaudita de ingeniería social y de diseño arrogante, en contraste con aquellos fallos judiciales en competencia tal como ocurría en los comienzos del common law. Hoy un adiposo Leviatán está desbocado en no pocos lugares: las reiteradas manifestaciones de la tan temida “tiranía de los jueces”, poder integrado muchas veces por magistrados mediáticos con actitudes impropias de su investidura que, además, frecuentemente renuncian a la indispensable independencia, la soberbia patética y tragicómica del Ejecutivo y el desborde del Legislativo que no reconoce mojones o puntos de referencia extramuros de la ley positiva.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fué profesor y primer Rector de ESEADE.

China, el dragón domesticado:

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 4/4/12 en: http://america.infobae.com/notas/47723-China-el-dragon-domesticado

Que el comunismo es conservador ya lo sabemos, basta ver a Corea del Norte, tan vieja que parece de la Edad Media, o pasear por Cuba, regenteada por octogenarios, que parece sacada de una película de los años 50. Pero ahora parece que también es “ortodoxo”.  

 Resulta que la comunista China, hace unas décadas, decidió dejar atrás el rígido manual maoísta y liberar lenta y paulatinamente al mercado y abrirse a Occidente, logrando que unos 300 millones de chinos, que hoy forman parte de los niveles sociales medios, hayan visto crecer exponencialmente su riqueza convirtiendo al dragón rojo no sólo en el primer inversor externo de Alemania -gracias a la lenta relajación de las normas sobre inversión en el exterior-, sino también en la segunda economía mundial.

 Pero no nos engañemos. Este lugar en el ranking de las potencias económicas es en términos absolutos y lo gana gracias a su cuantiosa población de 1.400 millones, que cuadruplica a la de EEUU, que aun así sigue siendo la primera potencia. China todavía es un país con una gran mayoría de personas muy pobres, debido a que no les ha llegado la liberación del mercado, y donde el descontento de millones es cada vez más visible.

 En este nuevo rol de pseudocapitalistas, el presidente del estatal Banco Central de la República Popular China, Zhou Xiaochuan, dijo en el marco del Boao Economic Forum que “existen nuevos elementos que pueden conducir nuevamente a la economía del mundo a una recesión”. Y haciendo gala de su “ortodoxia” en materia económica (su adhesión a la escuela económica en boga en Occidente), enfatizó: “Estamos de acuerdo en que, para superar la crisis, los EEUU tienen que inyectar liquidez”. No obstante, subrayó su preocupación por lo que se conoce como “relajación monetaria”. Sucede que, entre otras cosas, la Reserva Federal ha comprado bonos para reducir las tasas de interés.

 De esta forma, las empresas pueden endeudarse con facilidad y, supuestamente, invertir y crear puestos de trabajo. Pero la realidad de fondo es que ese dinero barato es financiado por el Estado, que nada produce por sí mismo, sino que lo retira del mercado al que, ahora, devuelve luego de pasar por una maraña burocrática costosísima e ineficiente que dilapida buena parte. Irónicamente, el combustible de la expansión china ha sido el crédito barato, reforzado por la baja remuneración laboral.

 El presidente del banco chino dijo que es muy difícil controlar el flujo de liquidez y aunque “es de esperar que el dinero inyectado por los EEUU se quedará allí, algunos emergentes van a sufrir las entradas de capital en exceso” y se dio el lujo de sermonear al afirmar que “los EEUU tienen que ser más responsables y considerar no sólo su economía, sino la global”. Es que algunas economías emergentes temen las complicaciones generadas por una excesiva liquidez en sus batallas para mantener sus metas de inflación.

 Buena oportunidad para aclarar que esta “ortodoxia” económica es falsa: no es la “emisión espuria de dinero” el factor inflacionario, sino el exceso de oferta monetaria por sobre la demanda del mercado. Así, es inevitable que las monedas estatales, más o menos, tengan inflación porque los políticos y burócratas ni se manejan con criterios de servir eficientemente al mercado, sino políticos; ni en tiempo real, sino tras una burocracia letárgica.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

¿La emisión monetaria no es inflacionaria?

Por Pablo Guido: Publicado el 2/4/12 en http://chh.ufm.edu/blogchh/

En Argentina, desde hace ya más de un año que el gobierno ha implementado trabas a las importaciones. La causa de estas medidas residen en lo siguiente: en los últimos 5 años el precio del dólar subió un 30/35% aproximadamente mientras que los precios de bienes y servicios han aumentado entre 150 y 160%. Por lo tanto, expresados en dólares los precios de los productos que se venden localmente se han visto incrementados fuertemente. De esta manera, las importaciones suben más y más frente al encarecimiento de los bienes locales. Entonces el gobierno, ante la enorme demanda de dólares, por un lado, y la presión de muchos empresarios locales que no pueden enfrentar la competencia externa, por otro, decidió restringir la compra de bienes importados. Pero, cual elefante en un bazar, el gobierno ha prohibido o limitado productos en todas los sectores, rubros, tanto en bienes de consumo, como en bienes de capital e insumos. Por lo tanto, hace ya unos meses han comenzado a observarse consecuencias graves. No sólo no se consiguen productos de consumo, sino que las empresas locales no pueden producir bienes porque sus insumos son importados. Si lee este artículo (que se repiten todos los días en los medios de comunicación) se darán cuenta de la gravedad del problema.

http://www.lanacion.com.ar/1457074-por-las-trabas-de-moreno-crece-la-falta-de-productos-importados

 El origen de este zafarrancho es el desequilibrio en las cuentas públicas. En el año 2001 el gasto público en relación al producto bruto interno era del 30% más o menos. Hoy es de casi 50%. O sea, la mitad de la riqueza generada en el país se la gasta el gobierno. Y como ya no se pueden seguir incrementando impuestos “normales” (IVA, a la renta, a las ventas, etc.) entonces desde hace unos años que se ha sumado como nueva “ventanilla” del gobierno al banco central, mediante su emisión monetaria. Sin embargo, para las principales autoridades del gobierno, la mayor oferta monetaria (que crece a un ritmo anual del 30/35%) no es la causa de la inflación. Así, por ejemplo, lo expone el ex viceministro de economía y actual diputado de la nación Roberto Feletti: “Pensar que la inflación es por causas monetarias no es una visión del Gobierno”.

 

En los cursos de economía los alumnos aprenden qué es la oferta monetaria y la demanda monetaria. Y al igual que en otro mercado la variación de la oferta y demanda monetaria determina el precio de la moneda. Pensar que un incremento mayor al 30% anual de la oferta monetaria no afecta al precio de la moneda es creer que la ingesta de 10 kilos de helados de chocolate por día no es la causa de un problema de obesidad.

 

La economía argentina es un “laboratorio” en sí mismo, dados los disparates de política económica que se han implementado en las últimas décadas. Hiperinflaciones, hiperdevaluaciones, controles de precios a mansalva, controles de cambios por doquier, tipos de cambios múltiples, estatización de empresas…como también desregulaciones, apertura de mercado, libertad de precios. Ha pasado de todo desde la década del 30. Los próximos semestres serán muy interesantes, ya que el populismo gubernamental se está quedando sin “combustible”. Veremos cómo reaccionan los grupos favorecidos por el “revoleo” de dinero de los últimos tiempos.

 

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

Pensiones: dinero por nada:

Desde El Salvador Por Alejandro Alle. Publicado el 2/4/2012 en http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=50839&idArt=6782606

La espera terminó. Era cuestión de tiempo. Y ahora ya es ley: el Estado podrá obligar a las AFP a invertir el 50% de los US$ 6,200 millones que administran, en títulos que rinden apenas el 1.50% de interés anual.

En efecto, ese es el bajísimo retorno que pagan los Certificados de Inversión Previsional (CIP). En dichos certificados, cabe destacar, los trabajadores ya tienen invertidos el 30% de sus ahorros previsionales. Por la fuerza.

En el futuro será peor: el 50%. Para curarlos de una golpiza les recetaron un palo en la cabeza.

Obligados en muchos casos a pagar tasas altas cuando se endeudan por no tener suficientes garantías, el Estado los “compensa” obligándolos a ahorrar a tasas negativas. Porque ni siquiera cubren la inflación. El Leviatán exige dinero por nada. O por menos que nada.

Cabe recordar, porque se olvida…, que los trabajadores son los legítimos dueños de ese dinero, que les fue descontado de sus remuneraciones.

Es lamentable que quienes dicen ser de izquierda aprueben una legislación que obliga a los asalariados, en su mayoría débiles económicamente, a contribuir de manera desproporcionadamente alta con la deuda previsional. Y después hablan de justicia social.

La deuda previsional la contrajo Estado con los actuales pensionados. En consecuencia, su carga debería ser distribuida proporcionalmente, en términos tributarios, en toda la sociedad. Y no exigiéndole a los trabajadores que la paguen ellos, a costa de sus futuras pensiones. Como un impuesto específico al trabajo. Y después hablan de socialismo.

Cuando las autoridades respondieron al cuestionamiento de la ANEP, indicando “No tomaremos ese dinero para despilfarrarlo, sino para pagar pensiones”, seguramente estaban diciendo la verdad.

El problema es que ANEP ingenuamente mezcló las discusiones: la calidad del gasto (despilfarro vs. austeridad) siempre será un tema fundamental, pero no era el punto de esta cuestión. Lo era la fuente de los ingresos que pagarán la obligación previsional: la Asamblea decidió que será con préstamos subsidiados por los trabajadores. Injusticia social.

El costo de la obligación previsional que el Estado tiene con los actuales pensionados fue de US$ 405.7 millones en 2011. Cifra importante para las finanzas de El Salvador, pues representa casi un 10% de los gastos corrientes.

Sin embargo, es sustancialmente menor que los US$ 674.9 millones desembolsados en 2011 en transferencias corrientes (subsidios, mayormente desenfocados). Sobra grasa en dicho rubro, que en 2011 aumentó US$ 149.5 millones con respecto al año anterior.

Los que dicen ser de derecha tampoco son inocentes en este problema: los CIP se aprobaron bajo su mandato, y la referencia entonces adoptada (Libor más un premio muy bajo) fue arbitraria, teniendo en cuenta que el deudor sería el Estado. Que hoy no puede tomar deuda en el mercado pagando menos del 8%.

En verdad, la referencia no sólo fue arbitraria, sino también equivocada: prueba de ello es el actual desfase de 6.50% entre lo que el Estado le paga a los trabajadores y lo que le paga a otros inversionistas. Dicha coacción del Estado no es culpa del mercado, ni del capitalismo. Es culpa del intervencionismo estatal.

Lejos de corregir el problema…, que ya obligaba a los trabajadores a subsidiar US$ 120.9 millones anuales (US$ 6,200 millones x 30% x 6.50%), la “solución” fue obligarlos a que lo subsidien en US$ 201.5 millones anuales (US$ 6,200 millones x 50% x 6.50%).

El filósofo inglés Thomas Hobbes justificó en su obra “Leviatán” (1651) que para evitar que “el hombre fuese lobo del hombre” debía regir el autoritarismo, donde “no es la verdad sino la autoridad lo que hace la ley”.

Los políticos criollos de nuestros barrios probablemente nada sepan de Hobbes. Aunque lo siguen al pie de la letra. Son autoritarios prácticos. De machete en mano. Sean de izquierda o de derecha.

Es un clásico latinoamericano, donde “el Estado es el lobo del hombre”. Por eso somos subdesarrollados. Y por eso la gente es pobre.

Hasta la próxima.

Alejandro Alle es Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy.

¿Es totalmente falso decir que la emisión genera inflación?

Por Adrián Ravier. Publicado el 1 de abril de 2012 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/

Marcó del Pont, titular de la Banca Central en la República Argentina, sostuvo estas palabras luego de modificar la carta orgánica de la institución que preside. No sólo eso. Afirmó también que “solamente en Argentina se mantiene esa idea de que la expansión de la cantidad de dinero genera inflación”.

Alfredo Zaiat se hizo eco de esas palabras y nos ofreció sus propias reflexiones:

Esta declaración provocó alteración emocional en las filas monetaristas e incomodidad en otros. La presidenta del Banco Central apuntó al corazón de un principio sagrado del análisis económico doméstico colonizado por décadas de predominio de ideas monetaristas, en especial en la institución que los liberales consideran de su propiedad. La presencia de Marcó del Pont en la conducción del Central es un hecho político notable, porque desafía ese nicho de poder y de negocios de la ortodoxia asociada con la banca. Es una grieta, por lo conceptual y también por género, que sorprende a representantes de bancos centrales de la región, incluso a los de países puestos como ejemplos por diferentes vertientes del progresismo y de la izquierda, que aún mantienen concepciones conservadoras en esos espacios de poder.

Quiero pedirle a los lectores si pueden ayudarme a analizar estas citas. ¡Es que me dejaron sin palabras!

¿Cómo explicar de otro modo la hiperinflación de Argentina en 1989… o la de Alemania de 1922-23?

Qué “estupidez”, y debo pedir disculpas por la expresión, decir que sólo en Argentina se sostiene esto. Sólo por citar un ejemplo, Marcó del Pont puede leer el capítulo 1 del libro de Gregory Mankiw sobre los 10 prinicipios de la economía. Este libro casualmente es el manual de economía más vendido en el mundo en la última década con más de 1 millón de copias vendidas en 17 lenguas!

Lo curioso es que lo diga la persona que preside el BCRA, justo en uno de los tres países con mayor inflación del mundo! ¿Cómo esperar de un “control a la inflación” si el problema en teoría no existe? Y aun si existiera, cómo resolver un problema si su causa no se comprende! No queda otro escenario en Argentina que la aceleración de la inflación!

Lo que sí se puede decir es que la emisión “a veces” no genera inflación, entendida como aumento de precios (como lo define la Presidente del Banco Central). Es que si aumenta la productividad y los precios -como consecuencia- caen, entonces un aumento de precios generará un efecto contrario y dependerá de la magnitud de un efecto y otro, si los precios suben o no. Pero aislando los efectos de las variables, es decir, “ceteris paribus”, la emisión sí genera inflación. Y lo cierto es que “todas” las leyes en economía son “ceteris paribus”.

Por otro lado, el artículo de Alfredo Zaiat es un resumen de todos los desaciertos que en general circulan en la calle. Qué la inflación nunca es monetaria! que la inflación es de demanda! que la inflación es de costos! que a Keynes le sobra modestia, mientras a los liberales les falta! que la ortodoxia representada por los liberales gobernaron hacia fines de los años 1970 y también durante el menemismo… el lector puede leerlo para confirmarlo.

El estado de confusión de este autor es tan grande que ya resulta muy difícil desarticularlo. Habrá que doblar esfuerzos para desvincular a los militares y al menemismo del liberalismo. De otro modo, ya no podré llamarme liberal.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.