Gresham, moneda y religión:

Por Carlos Rodríguez Braun. Publicado el 19/11/12 en http://www.carlosrodriguezbraun.com/wp-content/uploads/2012/11/pagina_19112012131557.html

La Ley de Gresham, “la moneda mala expulsa la buena”, sólo se cumple porque el Estado impone su moneda, con lo que la gente utilizará la mala en sus transacciones, y atesorará la buena como activo. Eso, y no las externalidades, como farfullan tantos economistas, es lo que explica que la ley valga para el dinero pero no para las camisas. En la notable revista británica Standpoint, Melanie Phillips utiliza esta idea en un ámbito sorprendente: The new intolerance. How bad religion drives out good (http://www.standpointmag.co.uk/).

La modernidad rechaza la religión, presentada como paradigma de atraso e intolerancia. En los medios parece que los curas y las monjas sólo se dedican a violar los derechos humanos de la forma más cruel. Lo malo atañe a las religiones más cercanas, las judeocristianas. Lo progresista sobre el Islam es… la alianza de civilizaciones.

El pensamiento aceptable, dice Phillips, es el que sitúa a la religión como opuesta a dimensiones plausibles que son monopolizadas por sus enemigos: la razón, la ciencia, el progreso y la libertad, “mientras que los creyentes anhelan destruir la Ilustración y arrastrarnos a todos de vuelta a las épocas oscuras de la credulidad, la superstición y el encadenamiento de las mentes”. Su tesis, en cambio, es que no vivimos en una época sin credos, sino que la religión ha sido hostigada por otras seculares “religiones de la anti-religión”, marcadas por el cientismo, el relativismo moral, el multiculturalismo, el igualitarismo, y en el fondo el milenarismo, “una creencia religiosa en la perfección de la humanidad y la vida terrenal, a menudo asociada con un apocalipsis. Es una doctrina de la salvación colectiva y completa, que conduce inevitablemente a un modo de pensar totalitario”.

Sus componentes religiosos en el peor sentido de la palabra están claros: quienes no compartimos sus dogmas somos malos, debemos arrepentirnos, etc. Sus modos son tan irracionales, intolerantes y antiliberales como la más severa y primitiva de las religiones. Es una mala religión que, como la moneda según Gresham, ha expulsado a la buena por la intervención del Estado.

Melanie Phillips se pregunta por qué odian tanto a la religión: después de todo, podrían dejar a los creyentes en paz. Encuentra una clave en la consigna: “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”. Es decir, “la desagradable religión restringe tu conducta y te hace infeliz. Para disfrutar de la vida solo tienes que deshacerte de la religión, quitarte de encima esas restricciones, y entonces serás feliz”. La religión es vista como algo insoportable a la hora de comportarnos como nos dé la gana. Por supuesto, ese paraíso es falso y peligroso: es falso porque la libertad no estriba en hacer cualquier cosa: no hay libertad en una comunidad sin normas derivadas de la consideración de los demás; y es peligroso porque el mundo moral sin reglas “conduce directamente a los abusos del poder”.

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

 

Palestina vuelve a pedir su reconocimiento como estado ante la ONU:

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 20/11/12 en http://www.lanacion.com.ar/1528502-palestina-vuelve-a-pedir-su-reconocimiento-como-estado-ante-la-onu

Después de haber presentado -hace ya un año- la solicitud de reconocimiento de Palestina como “miembro pleno” de las Naciones Unidas y fracasado (como era previsible) en la instancia del Consejo de Seguridad, donde ese pedido está hoy bloqueado, los palestinos vuelven ahora a la carga y están requiriendo ante la Asamblea General su reconocimiento, aunque sólo como “Estado observador”.

Esto pese a las sonoras objeciones de Estados Unidos, que sostienen que ello hoy no ayudará a la marcha del empantanado proceso de paz. No obstante, parece realmente imposible que la solicitud palestina no sea rápidamente aprobada por la Asamblea General, desde que hay una mayoría muy importante que seguramente apoyará -sin reservas- la moción palestina. Los 97 votos que al efecto son indispensables parecen, en rigor, estar virtualmente asegurados. Ab initio. Porque ya hay nada menos que 132 Estados Miembros que ya han reconocido la soberanía palestina, individualmente.

  Una vez obtenido ese reconocimiento de “Estado observador”, la Autoridad Palestina, todavía liderada por Mahmoud Abbas -pese a que las profundas divisiones entre los palestinos de Cisjordania (conducida por Fatah) y la Franja de Gaza (dominada por Hamás) no se han superado aún- tendrá, en principio, derecho a controlar su propio espacio aéreo. Así como sus aguas territoriales en la zona de Gaza, los que hoy están, en cambio, bajo control israelí.

También podría presentar denuncias ante la Corte Penal Internacional. A lo que cabe agregar el derecho de pertenecer a los distintos organismos especializados del extenso universo de las Naciones Unidas. Tales como la Organización Internacional de Aviación Civil; o el Tratado de Derecho del Mar; o la misma Corte Internacional de Justicia; así como la Corte Penal Internacional.

Según los palestinos, estas nuevas facultades -y las posibles formas de presión sobre Israel de ellas derivadas- obligarán a Israel a tener que regresar a las negociaciones de paz, hoy prácticamente detenidas.

El intento, pese a sus grandes posibilidades de éxito, tendrá seguramente sus costos. Por ejemplo, puede derivar en que Israel de pronto detenga el flujo financiero que, con destino a la Autoridad Palestina, administra desde hace 18 años, en virtud del cual comparte con los palestinos los ingresos fiscales derivados de la percepción de los derechos aduaneros y del cobro del Impuesto al Valor Agregado.

Puede, además, conducir a que Estados Unidos decida suspender rápidamente los 500 millones anuales de ayuda financiera que aportan a los palestinos. Como ya ha ocurrido en otras oportunidades. 

No obstante, si hubiera solidaridad árabe real, no sería demasiado sorpresivo que, de pronto, esos flujos de ingresos sean remplazados por una asistencia equivalente proveniente de algunos de los países árabes del Golfo. Por ejemplo, de la hiper-activa Qatar, hoy embarcada en una política exterior de enorme visibilidad.

La pertenencia palestina a los organismos especializados de las Naciones Unidas podría eventualmente derivar en acciones ante la Corte Internacional de Justicia, tanto con relación a eventuales violaciones del espacio aéreo que -en más- controlaría Palestina, como a episodios en el mar aledaño a la Franja de Gaza, donde Israel tiene en vigor un duro bloqueo naval para tratar de evitar el flujo de armas ofensivas hacia Gaza, cuya legalidad de pronto podría ser objeto de cuestionamientos.

Habrá que ver si el reconocimiento perseguido por los palestinos genera -o no- presión para reanudar el proceso de paz o si, por el contrario, lo empantana aún más.

A lo que cabe agregar el incierto impacto que la cuestión tendrá en los profundos cambios geopolíticos que se están produciendo en la región como consecuencia tanto de la larga y terrible tragedia siria, como de las llamadas “primaveras árabes”.

No sería demasiado sorpresivo que el letargo actual en que está el proceso de paz de Medio Oriente sea de pronto interrumpido. Pero lo que no puede asegurarse es que lo que siga sea necesariamente el avance sostenido del proceso de paz.

Las hostilidades en Gaza -que han vuelto a demostrar que la paz, con los palestinos divididos, es difícil de alcanzar- no debieran ser obstáculo para que Palestina se convierta en “Estado observador” en las Naciones Unidas.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

 

SOBRE LA EXISTENCIA DE DIOS.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 30/9/12 en http://www.gzanotti.blogspot.com.ar/

 Existe al menos un x tal que x es F. O, muy bueno, lógica de clases: clase no vacía. Se puede aplicar a cosas como “hay una cucaracha”: existe al menos un individuo tal que pertenece a la clase de las cucarachas. Habitualmente no es una buena noticia. Pero, ¿sirve ello para la existencia de Dios? “Existe al menos un individuo tal que pertenece a la clase de los dioses”. Oh!!, ¿la deidad es una clase? Y si es “al menos uno”, ¿puede haber varios que sean Dios? Y Dios, ¿es un individuo?

 
No me suena.
 
Intentémoslo de vuelta.
 
Tengo en mi mente la idea de Dios. O sea, Dios es tal cosa. Luego, por fe, o por un razonamiento, o porque sopló el viento, le asigno existencia. Ok. Pero ello implica que sé lo que Dios es. ¿Pero cómo puedo saber lo que Dios es, si, supuestamente, Dios superaría la finitud de mi inteligencia? Y si le asigno existencia, la existencia que le asigno, ¿es otra cosa? No, dirían muchos, es lo mismo. Pero si es lo mismo, tiene razón los que dicen que la esencia de Dios implica su existencia. Eso, claro en caso de que pueda conocer la esencia de Dios. Pero, ¿puedo conocerla?
 
No me suena.
 
Pero, ¿seguro que no sabemos qué es Dios? En un horizonte judeo-cristiano, “tenemos una idea” de qué es Dios, y por ello lo afirmamos, lo negamos o lo dudamos. Ah, pero un horizonte no es un concepto, es una historia. O sea, sí, todos sabemos que dice la Biblia que Dios se presentó a Moisés y lo envió a Israel, y cuando Moisés le preguntó su nombre, Dios dijo algo que no sé si encaja en la idea de lo que es una idea: Yo soy El que soy.
 
Creer que Moisés habló verdaderamente con alguien que supera todo lo concebible e imaginable, y razonar sobre ello (Santo Tomás), es creer en Dios, pero entonces no le podemos asignar una existencia como a todo lo demás. No es un individuo que pertenezca a una clase de cosas ni una idea cuya naturaleza se define y luego comenzamos a debatir si existe. Es aquello donde el lenguaje humano se estira hasta el dolor; es aquello que supera todo lo finito y a su vez aquello sin lo cual lo finito es nada. Supera lo finito pero tampoco es aquello que se encuentra en “la clase de lo infinito”. Tampoco. Es aquel que me habló desde la zarza ardiente y luego desde la Cruz, con la diferencia de que lo primero es una imagen y lo segundo es una persona real.
 
Pero todo esto, ¿importa?
 
Si no importa, ¿para qué seguir?
 
La clave es: ¿Dios importa? ¿Te importa?
 
Recién allí vale la pena seguir indagando de qué manera “es”.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

 

Diálogo sobre un aspecto moral

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 13/9/12 en http://diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7489

 A: Creo que en las casas de estudio debiera mostrarse tolerancia por la pluralidad respecto a personas que exhiben manifestaciones sexuales diferentes y solo juzgar sus condiciones intelectuales y su capacidad docente.

B: Por mi parte, estimo que la esencialísima pluralidad en ámbitos universitarios se refiere a la exposición de distintas corrientes de pensamiento a los efectos de que los estudiantes cuenten con los suficientes elementos de juicio para su toma de decisiones.

A: Pero, por ejemplo, ¿usted excluiría del claustro universitario a una persona que ha decidido operarse y cambiar de sexo o se opondría a otorgarle una distinción académica?

B: Antes que nada debe precisarse que estas materias debieran estar fuera del alcance legislativo puesto que en una sociedad abierta los propietarios deciden quienes ingresan a sus propiedades. En segundo lugar, desde la perspectiva médica no hay posibilidad de modificar el sexo que está impreso en la estructura genética pero si se decide cambiar las formas en el quirófano la persona está en todo su derecho de hacerlo, de lo cual no se sigue que los encargados de admisión deban aceptarla (unas instituciones lo harán y otras no, según el criterio moral de los dueños). La acción humana siempre significa discriminación (entre nuestros amigos, nuestras lecturas, el cine, las comidas etc), lo que no es admisible es la discriminación desde el poder político puesto que significaría contrariar la igualdad ante la ley.

A: Me queda claro que usted sostiene que los dueños deben decidir acerca de las admisiones en sus propiedades según los procedimientos establecidos en las correspondientes disposiciones estatutarias, pero, a los efectos de promover el debate, concretamente, ¿cuál sería su criterio en el caso que comentamos?

B: Nadie puede tirar la primera piedra en cuanto a conductas exentas de errores, pero una casa de estudios debe antes que nada dar ejemplo ético a los estudiantes que convoca que es el punto de partida de todo lo demás. Si estuviera en mis manos, en una casa de estudios que represento y en la que comparto responsabilidades no permitiría que enseñen o sean galardonados aquellos que reiteradamente y en forma abierta exteriorizan actitudes incompatibles con valores y principios elementales.

A: No sigo el razonamiento, ¿que tiene de inmoral cambiarse de sexo?

B: Cuando se alude a lo que es moral se hace referencia a lo que está bien y lo que está mal. En este plano, hay dos dimensiones a tener en cuenta: las relaciones interpersonales que afectan derechos son incompatibles con la moralidad, y las relaciones intrapersonales, es decir, lo que nos hace bien o nos hace mal. Esto último está vinculado a la naturaleza de las cosas. Igual que la manzana, el perro y el ombú tienen ciertas propiedades y características, el ser humano también las tiene. Que el hombre quiera convertirse en jirafa no actualiza sus potencialidades en busca de su autoperfección sino que se degrada, a eso se denomina degeneración. Esta es la parte pacífica de la naturaleza que debe contemplarse, la parte agresiva debe ser contrarrestada en la medida de lo posible como los rayos, los terremotos, las pestes y los abusos de nuestros congéneres.

A: Insisto que si no se afectan derechos de terceros cada uno tiene el derecho de hacer lo que le venga en gana.

B: Comparto plenamente esa premisa esencial, de lo cual no se sigue que debamos compartir la conducta de otros ni que tengamos la obligación de aceptarlos en nuestras casas. La prueba suprema de tolerancia es precisamente cuando no compartimos la conducta de otros, no tiene gracia alguna tolerar lo que estamos de acuerdo. En una sociedad libre deben aceptarse todos los arreglos contractuales que no lesionen derechos de terceros.

A: Pienso que el permitir el ingreso al claustro a personas que se han operado para cambiar de sexo constituye algo conveniente para los estudiantes al efecto de que conozcan diferentes modos de encarar la vida y no estén en una especie de burbuja irreal.

B: ¿Usted permitiría que un profesor dictara sus clases desnudo?

A: Ese grado de diferenciación puede ofender a otros.

B: Lo cual revela que hay límites en lo diferente. Todos somos distintos, situación que es por cierto afortunada puesto que de lo contrario no solo se derrumbaría la división del trabajo y la cooperación social, sino que las mismas conversaciones se tornarían tediosas ya que se asimilarían a una conversación con el espejo. De lo que estamos hablando es de diferenciaciones que están reñidas con la ética.

A: No comparto ese criterio educativo, incluso a un hijo hay que darle la libertad de elegir su camino como le parezca mejor.

B: ¿Le sería indiferente que su hijo fuera travesti?

A: Tal vez no me sería indiferente pero no quita que deba respetarlo si prefiere seguir ese camino.

B: Sin duda que si es un adulto no se le puede mandar la policía pero el hecho de que no le sea indiferente en el sentido de expresar cierta preocupación pone al descubierto un intuición moral de que está mal aquella conducta.

A: Bueno, pero hay en esto un “trade-off” entre la conducta privada de un profesor y sus contribuciones académicas.
B: El “trade-off” es mucho más que eso. No se trata de conductas privadas sino las que se exteriorizan y se hacen públicas en cuyo caso el “trade-off” es, por una parte, entre la moral que se traduce en el ejemplo al que están obligados los educadores como el abc de la enseñanza y, por otra, las explicaciones más o menos didácticas de temas técnicos circunstanciales.
A: ¿Extendería sus reflexiones a los homosexuales?

B: Si no hay alarde de esa condición no las incluiría. Por otra parte, destaco en un nivel más general que mi única objeción para terceros vinculada a esa situación consiste en que se recurra a la expresión “matrimonio” que proviene de otra tradición y, por ende, tiene otro significado. Lo que si es un despropósito es que el aparato estatal “case o descase”, ya que es un convenio privado celebrado entre hombre y mujer. Por otro lado, fuera del matrimonio, entre adultos deben tolerarse todas las combinaciones imaginables de uniones civiles incluso entre varias personas y también con la participación de animales.

A: ¿No cree que sus anteriores conclusiones resultan contraproducentes a la luz de las críticas que se formulan a los cerrados mentalmente que no son capaces de aceptar otras conductas?

B: Dejarse arrastrar por ese tipo de consideraciones revela complejo de inferioridad. Además, la mente abierta no es un basural abierto que acepta todo a la par, una mente abierta incorpora, digiere, tamiza y selecciona.

A: En su razonamiento aparece una contradicción con el significado de la tolerancia.

B: Reitero que tolerar no equivale a incorporar como propio el criterio del tolerado. Agrego que, tal vez, la palabra “tolerar” debiera sustituirse por “respetar” puesto que aquella expresión encierra algún tufillo inquisitorial. En definitiva, los derechos no “se toleran”, se respetan puesto que nuestras corroboraciones son provisorias sujetas a refutaciones.

A: Dictar cátedra de moralidad no me parece que sea el objetivo de una institución científica.

B: La base de la investigación científica es la honestidad intelectual y el cumplimiento de la palabra empeñada que son conceptos eminentemente morales. La base de sustentación de la investigación libre de ataduras en el contexto de una sociedad abierta es moral antes que jurídica o económica.

A: Me siguen sin convencer sus apreciaciones.

Nota final: estos diálogos se han suscitado entre varios participantes con el autor de esta transcripción a vuelapluma, a raíz de un caso ocurrido en una universidad por la que el que esto escribe guarda especial aprecio.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

 

BLASFEMIA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 6/9/12 en http://gzanotti.blogspot.com.ar/2012/09/blasfemia.html

Bueno, tenía que pasar. Se comparó con Dios. Cristina Kirchner, como ya dije una vez, tu inconsciente es poderoso. Al menos te ubicaste en 2do lugar: hay que reconocerte esa humildad.
Pero, para colmo, si hubieras dicho que en bondad, en amor, en perfección, primero está Dios, y luego vos, al menos no te hubieras equivocado en cuanto a Dios. Pero también te equivocaste en cuanto a El. Porque a El no se lo teme: se lo ama, y si se lo teme, no es Dios. Está, sí, el santo temor de Dios, pero ello es algo lejano, muy lejano, al temor que quieres que te tengamos, como peculiar objeto de tu deseo.
¿Sabés?, Dios no se impuso por el temor. Se abajó, se hizo carne, y murió en la Cruz. Su reino no es de este mundo y su único poder fue el poder del amor infinito, del perdón, de la redención. Dialogó con todos: con las mujer adúltera, con Zaqueo, con el joven rico, con todos: a todos penetró con la intensidad de su mirada y el misterio de su palabra. Se enojó sólo con los hipócritas: un Cristo al cual, sí, los autoritarios de todos los tiempos han temido y despreciado.
Hoy has hecho, Cristina, lo peor de lo peor que puedas haber hecho en toda tu vida. Has blasfemado. Has comparado tu pobrecito y lastimoso poder, de esos poderes que verdaderamente se imponen con el temor, de esos poderes que recurren a lo peor de lo humano, con Dios. Espero que algún día puedas reconocer tu falta y re-convertirte en humana, en cuyo caso, claro, dejarás de ser la parapetada en el pedestal de tu soberbia. Que Dios perdone tu ignorancia: el Dios con el que osaste compararte lo dijo. Perdónalos, porque no saben lo que hacen.
Mientras tanto, Cristina, no oses de vuelta compararte con lo in-finito.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.