Rebelión en la ciudad de Wukan

Por Emilio Cárdenas: Publicado el 23/12/11 en http://www.cronista.com/contenidos/2011/12/23/noticia_0028.html

Hay en el mundo ciudades que históricamente, por distintos motivos, han merecido el calificativo de heroicas. Este es, por ejemplo, el caso de San Petersburgo (la ex Leningrado) y de Volvogrado (la ex Stalingrado) en la Federación Rusa, por su indomable resistencia ante la invasión de las fuerzas nazis, en la Segunda Guerra Mundial. También el de la bonita Cartagena de Indias, en Colombia, por el coraje desplegado por su población durante el cerco de tres meses que la ciudad sufriera en el alzamiento contra el poder español, en 1815. Y el de algunas otras, como Tacna, por su notable actuación en la guerra del Pacífico contra Chile, así como el de Nanchang, donde comenzara, en China, el levantamiento comunista, en 1927. Ciudades tan distintas como Paysandú y Varsovia reclaman ambas el mismo honor. La primera de ellas por su épica defensa contra los invasores brasileños y las fuerzas del general Venancio Flores, en 1854/55. La segunda, por haber sido demolida en un 85% por los bombardeos nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Y la lista de ciudades heroicas, que es ciertamente larga, no se agota en los ejemplos citados.
Wukan, en la provincia de Guangdong, en China, puede ahora ir, ella también, camino hacia la heroicidad. Ocurre que desde hace un par de semanas está siendo gobernada directamente por su propio pueblo que ha desalojado a las autoridades locales de sus cargos y responsabilidades. Los dirigentes locales del Partido Comunista han huido, asustados, de la pequeña ciudad. Esto -que de alguna manera recuerda lo sucedido en la Comuna de Paris, en tiempos de la revolución Francesa- es una forma de rebelde protesta porque -una vez más a sus espaldas y con un fuerte olor a corrupción- las autoridades municipales vendieron tierras comunales a un empresario inmobiliario que planea construir centenares de viviendas.
A lo que se suma algo peor: la sospechosa muerte de uno los líderes de la protesta popular, Xue Jimbo, mientras estaba detenido en manos de la policía, el 11 de diciembre pasado. Su cadáver, que está siendo reclamado insistentemente por la gente, aún no ha aparecido. La familia sostiene que falleció como consecuencia de los tremendos golpes recibidos.
Por todo esto, día tras día, buena parte de los 15.000 habitantes del pequeño pueblo de pescadores emplazado en el sur de China se juntan, en una simbólica marcha pública de protesta que recorre las calles de Wukan. Y en una oficina improvisada atienden las necesidades de los periodistas que cubren el notable episodio.
Pero fuera de la ciudad, un amenazador cordón de policías trata de impedir que lleguen las vituallas que los pobladores necesitan para sobrevivir. Hasta ahora, sin mayor éxito. Ni empeño. El arroz sigue ingresando, de mil maneras, en la ciudad de Wukan. Todos recuerdan que, en septiembre pasado, esas mismas fuerzas de seguridad ingresaron dos veces a la ciudad y propinaron a sus habitantes una dura golpiza.
Pero ahora hay una actitud distinta, como de cierta prudencia, en las autoridades. No han usado la fuerza, ni cortado las comunicaciones por Internet de Wukan con el resto del mundo. Pese a que los reclamos han comenzado a pedir bastante más que terrenos para construir viviendas dignas, ahora incluyen el pedido de elecciones libres para Wukan. A lo que se agrega, como era de esperar, el pedido de castigo a los funcionarios corruptos, aún impunes. Cosas que ciertamente no abundan en China, como consecuencia del régimen del “partido único”.
Quizás porque el año próximo habrá un esperado recambio generacional en la cúpula del Partido Comunista Chino, nadie parece querer hacer demasiadas olas. Al menos, por ahora. Aunque la preocupación por el eventual contagio a otras ciudades de lo que ocurre en Wukan naturalmente crece. Hay quienes sugieren que cuando los periodistas que hoy están en la ciudad se retiren de ella para celebrar las Fiestas, la situación, de pronto, podría cambiar.
Para el líder político de la provincia en ebullición, Wang Yang, el futuro está en juego. Por ahora ha adoptado una actitud clásica en los políticos, la de la duplicidad. Pese a que los “duros” del partido, que obviamente reclaman represión, le enrostran debilidad.
La sombra de la “primavera árabe” está en el aire y preocupa a la dirigencia política china. También la relativa desaceleración del crecimiento económico, que -si se profundiza y mantiene- podría derivar en protestas sociales. Ya las hay, es cierto. Pero se silencian. Se habla de unas 90.000 protestas sociales por año. En un país que es todo un universo, la cifra no parece quitar el sueño a las autoridades. Por esto, el gasto en materia de seguridad se ha incrementado fuertemente en todos los niveles, lo que obviamente contribuye a alimentar el descontento.
De pronto crece la sensación que los mecanismos de “administración social” que utiliza el Partido Comunista Chino tienen límites. Y como el contenido de los bolsillos de la gente parece haber comenzado a flaquear un tanto, de pronto la tolerancia social a la total ausencia de libertades individuales básicas podría comenzar a disminuir. Lo que finalmente suceda en Wukan puede bien enviarnos una señal en este complejo capítulo.

Emilo Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

BANALIDAD DEL MAL Y CRUELDAD (Sobre la terrorista ley del gobierno de considerar terroristas a quienes no piensen como el gobierno).

Por Gabriel J. Zanotti:  Publicado el 18/12/11 en: http://www.gzanotti.blogspot.com/

Podríamos elaborar mucho sobre la gravedad institucional de las nuevas disposiciones kirchneristas sobre el terrorismo. Podríamos explicar una vez más la importancia de la libertad de expresión; podríamos decir de vuelta que muchos liberales clásicos previmos esta situación “de terror” desde el 2003; podríamos preguntarnos qué autoridad moral tienen los actuales gobernantes para “legislar contra acciones terroristas”; podríamos reírnos de quienes el día después de las elecciones se reían de Elisa Carrió por su “resistencia al régimen”; podríamos elaborar una vez más sobre el origen esencialmente marxista-leninista, totalitario, antidemocrático y violento de quienes actualmente nos gobiernan y asombrarnos incluso de que no estemos peor.

Pero todo eso ya lo hemos dicho una y otra vez. Lo que ahora querríamos profundizar es la banalidad del mal del apoyo de la opinión pública. Dudo de que mucha gente de bien que ha votado a Cristina esté en la banalidad del mal, pero conjeturo que la mayoría de la población argentina, una vez más, se desinteresa totalmente de la suerte del perseguido, y en ello hay cierta crueldad. Si, la ley será aprobada totalmente y en principio todo parecerá seguir igual. Muchos seguirán con su vida cotidiana, algunos con su asaditos el Domingo, con su fútbol; otros con sus “dale bol….”, cotidiano, con Tinelli, Maradona y otras espantosas idolatrías y alienaciones habituales, con un marcado desinterés por la cosa pública (hasta que de repente todo explote, claro). De vez en cuando alguien será puesto preso por “terrorista”, pero, ¿qué importa? La vida seguirá igual. Ya pasó que “él” dijo que fulano debía ir preso y un mes después, oh casualidad, fue preso incluso con cosa juzgada. Pero, ¿a quién le importa?

Llamo a la buena voluntad y la honradez de todos, los que la votaron y los que no, a preguntarse sobre la frivolidad, indiferencia y en última instancia crueldad que hay en esta desidia. Por favor, no miremos al costado porque el otro tiene un pensamiento diferente al nuestro. Porque, finalmente, ese mirar al costado es el peor pensamiento, es precisamente la actitud que alimenta al más terrible de los males, como siempre sucedió. Los argentinos tenemos una política cruel. Por favor nadie diga que en otros lugares es peor porque estamos hablando de los trapitos sucios de la propia casa, que no se limpian porque la casa ajena sea más sucia. Los argentinos han demostrado crueldad. Desde las masacres mutuas entre unitarios y federales y diversas guerras civiles, desde la guerra contra el Paraguay, desde al enemigo ni justicia de Perón, los fusilamientos de Junio del 55, la barbarie de la noche de los bastones largos, los asesinatos y la crueldad de los montoneros y el ERP, la mafia de la triple A, la represión ilegal y bestial de los militares, la reverenda estupidez de Malvinas y cientos de episodios más: toda una historia de crueldad pero, como dije, de banalidad, de indiferencia, de la cuasi-complicidad de “mientras a mí no me toque”, o “no es tan grave”, o “qué le vas a hacer”; “estos b….se lo merecen”, “algo habrá hecho” y cuantas expresiones rodean nuestra banal, vana y alienada vida, ahora alentada con el vino para todos que no es precisamente igual a las Bodas de Caná.

Asistimos ahora a un episodio más. Y los kircheristas estarán mucho tiempo en el poder, se han enquistado en él porque son como la guardia pretoriana que el pueblo romano apoyaba. Pero, tal vez, alguna día lejano caigan, tal vez sólo por su propia ineficiencia (no tienen la perversa inteligencia del partido comunista chino -pero se le acercan-). Pero cuando caigan, ¿qué? ¿Los nuevos en el poder saldrán a perseguir a todos los kirchneristas? ¿Se regodearán con la venganza y así, in eternum?

La Argentina, creo, va a desaparecer como proyecto de país, sumido en el caos económico e institucional pero, sobre todo, sumido en la chatura moral del odio más vano y banal.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

¿Acuerdo bueno o malo según la teoría?

Por Martín Krause: Publicado el 10/12/11 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/page/2/

El reciente acuerdo de los países de la Unión Europea, y el desacuerdo británico, ¿cómo pueden interpretarse a la luz de la teoría? Está claro que en las decisiones de cada país entran en juego cuestiones políticas locales, defensa de ciertos sectores, etc, pero eso ocurre siempre.

Propongo dos interpretaciones alternativas:

1. Negativa: los países que firman el pacto no van a cumplir los compromisos fiscales, es todo humo. E Inglaterra quiso quedar afuera para tener flexibilidad monetaria y fiscal “keynesiana”.

2. Positiva: Se dio el mejor resultado que se hubiera podido imaginar. Por un lado, 26 países de la UE se comprometen a nivel constitucional a imponer límites al déficit fiscal (norma que propusiera siempre James Buchanan). Por otro, Inglaterra queda afuera y salva al sector financiero de mayores regulaciones.

¿Qué piensan?

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Nace Otro Adefesio en Caracas

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 15/12/11 en http://diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7052

En Venezuela, acaba de constituirse una nueva organización continental que, por razones políticas, excluye a Canadá y Estados Unidos, que adoptó el rimbombante y grandilocuente nombre de Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños que naturalmente tiene su sigla: CELAC. Esta novel entidad se agrega y superpone a UNASUR, ALADI, MERCOSUR, CAN, OEA, CEPAL, CARICOM y SELA, todas con sus funcionarios, organigramas, estatutos y demás parafernalia.

 Tengo un libro en mi biblioteca cuyo título ilustra lo que quiero trasmitir en esta nota: Organismos internacionales, expertos y otras plagas de este siglo de Ángel Castro Cid, profesor de derecho en la Universidad de Chile en el que se lee que “Hoy, en cambio, los economistas siembran el oscurantismo en todo el globo; el flagelo de los planificadores azota a la humanidad entera y los expertos muestran por todas partes su lenguaje esotérico y sus mentes difusas. Ni siquiera los esquimales o los watusis se encuentran libres de los organismos internacionales, cuyas misiones pueden caerles en cualquier momento, con la velocidad del avión y la potencia destructiva de la bomba atómica […] Nos infunde respeto la oscuridad del lenguaje de quienes nos guían, y no nos detenemos a meditar si ella obedece a profundidad conceptual o a poca claridad de las ideas”.

Hace años se publicó  en la revista Newsweek un artículo de Philip Brougthton que aludía al léxico sibilino y pastoso de los burócratas internacionales para lo que ilustró su punto con un cuadro de tres columnas de nueve palabras en cada una e invitaba a los lectores a combinar una palabra de cada columna para el armado de expresiones típicas en los ensayos, libros y, sobre todo, documentos de trabajo de megalómanos. Recojo cinco ejemplos traducidos, siguiendo la metodología sugerida: “programación funcional equilibrada”, “movilidad estructural paralela”, “proyección direccional sistemática”, “instrumentación global integrada” y “dinámica operacional coordinada”. Esta palabrería hueca sirve para impresionar a los incautos y es la cáscara que envuelve los deseos superlativos de funcionarios estatales que aspiran a incrementar su poder sobre la vida y la hacienda del prójimo bloqueándoles todo resquicio de confort mientras ellos viajan en primera clase, se hospedan en suntuosas suites de hoteles de lujo, pasan por las aduanas sin ser revisados y obtienen suculentas remuneraciones, todo a cargo de los contribuyentes.

En Venezuela, acaba de constituirse una nueva organización continental que, por razones políticas, excluye a Canadá y Estados Unidos, que adoptó el rimbombante y grandilocuente nombre de Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños que naturalmente tiene su sigla: CELAC. Esta novel entidad se agrega y superpone a UNASUR, ALADI, MERCOSUR, CAN, OEA, CEPAL, CARICOM y SELA, todas con sus funcionarios, organigramas, estatutos y demás parafernalia. Se dice que en este caso no habrá costos adicionales aunque la sola inauguración significó viajes de mandatarios, adiposas comitivas, hotelería, comidas suculentas y bebidas de todo tipo, estrambóticos ramos florales en los salones del evento, equipos de audio, fotógrafos y regalos entre mandatarios.

En la sesión en la que hacía uso de la palabra Raúl Castro hubo una multitudinaria y ruidosa marcha de protesta en Caracas, en las inmediaciones del lugar en donde se celebraba la reunión, “por el insoportable desempleo, alta inflación y la inaceptable inseguridad”. El orador interrumpió su discurso para preguntar a que se debían las explosiones y el griterío a lo que Chávez respondió que era “para festejar el establecimiento de la organización”. Por su parte, Rafael Correa de Ecuador, Porfirio Lobos de Honduras y Ricardo Martinelli de Panamá la emprendieron contra el periodismo independiente a lo que se agregaron las reiteradas expresiones de Ortega de Nicaragua en el sentido de condenar enfáticamente la tradición filosófica de Estados Unidos (y no por su actual latinoamericanización), todo ello con el aval del dueño de casa que puso de manifiesto “la valentía” de semejantes declaraciones con el epílogo de suscribir la política de Irán. Por otro lado, Cristina Kirchner de Argentina dijo que había que “aprovechar esta oportunidad para convertirnos en protagonistas del mundo” y “encarar de manera efectiva la crisis económica mundial” que a su modo ejemplifica con el envío de gendarmes y sabuesos al mercado cambiario para amedrentar a los demandante de dólares en Buenos Aires. Por otro lado, informa Prensa Latina que Evo Morales de Bolivia conjeturó que “Luego de 500 años de resistencia indígena, 200 años de independencia, por fin nos juntamos para liberarnos”. Finalmente, dos de los mandatarios presentes declararon “off the record” que asistían “por razones estrictamente diplomáticas”.

Por su parte, la denominada “Juventud Rebelde de Cuba” declaró que CELAC “es un hito en la historia mundial” y que con eso “estamos enviando un mensaje a los indignados y pobres del mundo”, suscribiendo con entusiasmo la Declaración de Caracas de 39 puntos, la mayor parte de los cuales resulta anodina como suele suceder en los ámbitos de organismos internacionales al efecto de recolectar el mayor número de adhesiones posible, salvo el punto 30 que declara la “participación voluntaria” para suscribir una larga serie de otros documentos con fuerte carga estatista y el punto 26 que apunta a la “reducción de desigualdades sociales”, desigualdades que en gran medida se generan, por una parte, como fruto de la cópula entre empresarios que surgen de la dádiva y los aparatos gubernamentales y, por otra, consecuencia de las alarmantes corrupciones de gobernantes, puesto que las desigualdades en el contexto del mercado libre se deben a las votaciones que a diario efectúa la gente en el supermercado y afines, con lo que las consecuentes tasas de capitalización permiten elevar salarios en términos reales.

No solo descreo en general de los organismos internacionales (excepto los del tipo de Interpol, siempre que se incluya en sus funciones el atrapar a gobernantes que se fugan con dineros malhabidos) y creo en marcos institucionales que garanticen y aseguren la protección de derechos individuales, sino que, a esta altura de los acontecimientos, descreo de la existencia de embajadas las cuales se establecieron al efecto de adelantarse a posibles conflictos en vista de la precariedad de los medios de comunicación de épocas remotas. Pero, hoy en día, con Internet y la posibilidad de teleconferencias, no tiene sentido continuar con costosas estructuras del tiempo de la carreta, las cuales pueden suplirse con un simple consulado (la embajada norteamericana que se está construyendo en Irak tiene semejanzas con el Vaticano). Incluso, las actividades comerciales se llevan a cabo de un mejor modo a través de la comunidad empresaria (Guatemala no mantiene relaciones diplomáticas con China y, sin embargo, es el país con el volumen más alto de comercio por habitante de Latinoamérica con China).

Las reverencias, los saludos y las pomposas formaciones en los aeropuertos, las alfombras coloradas, las ceremonias, las marchas militares, los discursos y los elogios desmedidos (nunca tienen en cuenta aquello de que “entre lo sublime y lo ridículo hay solo un paso”), son parte esencial y alimento vital de los demagogos del momento, cuya incontinencia verbal y desproporción en el uso del idioma es directamente proporcional a la pauperización de quienes habitan en sus jurisdicciones. Ese es el sentido por el que propuse retomar el debate en la asamblea constituyente de Estados Unidos sobre la conveniencia de designar un Triunvirato en el Ejecutivo: es para aplacar tanta arrogancia y soberbia y mitigar en algo el deseo irrefrenable del caudillo (y mejor aún si se eligiera por sorteo como sugirió Montesquieu, en cuyo caso la atención se concentraría en limitar el poder puesto que cualquiera lo podría ocupar). Es por eso que en el último debate presidencial en Estados Unidos, Rick Perry ha sugerido que el Legislativo se limite a sesionar dos meses en el año y durante el resto del tiempo cada uno se dedique a actividades útiles ya que constituye un peligro la carrera por dictar leyes (“la inflación de las leyes se traduce en su depreciación” ha sentenciado Palniol). Es por eso que Bruno Leoni insiste en retomar la costumbre del common law y la República romana de contar con jueces en competencia en un proceso de descubrimiento del derecho y no de ingeniería legislativa, limitando al Parlamento a sus funciones originales, es decir, administrar y controlar las finanzas del rey o el emperador y abstenerse de fabricar nueva legislación frente a cada problema que se presenta, que además de encorsetar la situación la estropea. Por último, es por ello que los Padres Fundadores estadounidenses subrayaban la importancia de descentralizar el poder vía el federalismo, al contrario de lo que proponen los entusiastas de los centralizadores y unitarios organismos internacionales.

Si queremos que las cosas cambien pero mantenemos las mismas “vacas sagradas”, el resultado no se modificará un ápice. Afortunadamente hay quienes trabajan denodadamente para revertir la situación con propuestas de fondo que revelan honestidad intelectual y coraje moral que evitan a toda costa lo que Hannah Arendt bautizó como “el síndrome de la indefensión” que es el darse por vencido paralizado por la inacción, el pesimismo, la desidia y el miedo. 

Se requiere más recato y pudor en las funciones gubernamentales que, en esta instancia del proceso de evolución cultural, se limiten a la seguridad y la justicia, que, como hemos dicho una y otra vez, son las faenas que en general no cumplen para dedicarse a otras que no solo no le competen sino que dañan los intereses de la gente. En lugar de crear nuevos organismos internacionales superpuestos a los anteriores, los aparatos estatales debieran retomar la senda del constitucionalismo liberal al efecto de abrir  cauces a la energía creadora que da lugar a niveles de vida más dignos y fortalece el respeto recíproco.

 Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fué profesor y primer Rector de ESEADE.

Un proyecto inconstitucional que perjudicará los intereses nacionales

Por Agustín Etchebarne: Publicado el 15/12/11 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2011/12/15/un-proyecto-inconstitucional-que-perjudicara-los-intereses-nacionales-2/

Durante la celebración del día de la Industria, en Tecnópolis, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner habló de generar confianza para atraer inversiones. Una semana más tarde, durante la presentación del Plan Estratégico Agroalimentario (PEA) exhortó a los productores rurales a agregar valor e invertir en tecnología y conocimiento. Para conseguir esos propósitos es necesario garantizar la calidad institucional. Por eso, si de respetar las reglas de juego se trata, habría que empezar por la Constitución. El proyecto de Ley de Tierras, que pondría límites a la compra por parte de extranjeros, es un claro atentado contra la Carta Magna. El artículo 20 de la Constitución dice con absoluta claridad:

Los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles del ciudadano; pueden ejercer su industria, comercio y profesión; poseer bienes raíces, comprarlos y enajenarlos; ejercer libremente su culto; testar y casarse conforme a las leyes. No están obligados a admitir la ciudadanía, ni pagar contribuciones forzosas extraordinarias. Obtienen nacionalización residiendo dos años continuos en la Nación; pero la autoridad puede acortar este término a favor del que lo solicite, alegando y probando servicios a la República.


Nuestros padres fundadores concibieron a la Argentina como un país abierto que invita a los extranjeros a habitarlo. Así quedó establecido en el preámbulo de la Constitución que convoca con entusiasmo a todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino. Además, el artículo 14 les otorga los mismos derechos que a los locales, porque habla de los derechos de los “habitantes, sin hacer ninguna distinción entre extranjeros y autóctonos o naturales.
En principio, esta ley aparentaría perjudicar a los inversores extranjeros interesados en las bondades de nuestras productivas tierras. Sin embargo, no serán ellos los principales perjudicados. Serán los intereses de los argentinos los que terminen dañados. En un país donde hace falta mayor inversión estaremos restringiendo el ingreso del capital que viene del exterior. Eso significará menor productividad, salarios, empleos y, por ende, nivel de vida más bajo para todos.
Otra de las consecuencias esperables de una ley como la que podría llegar a aprobarse es la caída del valor de los campos. La menor demanda que generarán las restricciones de compra a los extranjeros podría provocar una depresión de los precios. Esto perjudicará principalmente a los pequeños productores. Para ellos el menor precio de sus tierras significará también una disminución de sus posibilidades de acceso al crédito productivo; ya que el mismo depende del valor del campo.
Los pequeños tenedores de tierras que no tienen posibilidad de hacerlas producir, verán mermados sus ingresos por alquileres, al cotizarse menos sus propiedades.
¿Por qué hay que suponer que un empresario agropecuario local hará mejor o peor uso de la tierra que uno extranjero? Tampoco tiene fundamento la hipótesis que supone que la extranjerización de la tierra atentaría contra la seguridad alimentaria: cuando se genera competencia necesariamente se incentiva -a locales y extranjeros- a producir más y en forma sustentable. Los que compran tierras son empresarios extranjeros no miembros de algún oscuro poder de otro país.
Serán los grandes terratenientes locales los que terminen beneficiándose con la aprobación de un proyecto como el que envió el Poder Ejecutivo al congreso ya que podrán alquilar más barato o comprar aquellos campos que vendan los pequeños propietarios, a mucho menor precio.
Además, medidas como éstas pueden traer represalias y llegar a afectar interese de los argentinos en el extranjero o alguna limitación para nuestras exportaciones. Es esperable que las personas afectadas se quejen con sus embajadas y logren dictar leyes en respuesta a una ley de tierras como la que se debate.

 Agustín Etchebarne es Lic en Economía (UBA); Máster en Desarrollo Económico (ISVE), posgrado en Comercialización Estratégica de la (UB). Ex profesor de Análisis Económico y Financiero en la Facultad de Derecho de la UBA y profesor de ESEADE.

GNI per Capita e Inequidad:

Por Nicolas Cachanosky. Publicado el 7 de diciembre de  2011 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2011/12/07/gni-per-capita-e-inequidad/

Adrián Ravier hizo un interesante comentario sobre como los países más desarrollados pierden peso relativo en la economía mundial con el paso del tiempo. La relación entre algún indicador de ingreso per cápita y libertad económica es clara. Indicadores como el Index of Economic Freedom son bastante claros. ¿Pero qué sucede con la distribución del ingreso?

 

Hay varios indicadores para seguir la distribución del ingreso. El Coeficiente de Gini, participación sobre el ingreso nacional del x% más rico y x% pobre (10%, 20%, etc.). Todos estos indicadores tienen sus ventajas y desventajas. Por ejemplo, estos indicadores muestran diferencias relativas pero no niveles. Si uno tuviese que elegir entre vivir en Corea del Sur o Corea del Norte, y ambos tuviesen un mismo indicador de Gini posiblemente elegiríamos Corea del Sur.

El siguiente gráfico (hecho con Google Public Data) muestra la relación entre GNI per Capita en PPP y el índice IHDI de inequidad. [No he podido poner el gráfico respecto al GDP per cápita, pero el GNI es suficiente para ilustrar el punto].

GNI corresponde al Gross National Income. El IHDI es calculado por el United Nations Development Program. El IHDI es un ajuste al HDI (Human Development Index) por inequidad. El HDI observa educación y salud además de ingresos, por lo que es más amplio que sólo ingreso monetario. El HDI es un índice de desarrollo humano, el IHDI ajusta este índice por inequidad. A cero inequidad HDI = IHDI, pero si hay inequiedad, HDI > IHDI. El HDI toma valores entre 0 y 1. El gráfico muestra una clara relación entre un mayor ingreso per cápita y mayores indices de desarrollo ajustados por inequidad.

GNI-IHDI

Esto no debería resultar muy sorprendente, a mayor GNI per cápita mayor desarrollo. Los tres gráficos siguientes muestran para GNI per cápita, cuánto se pierde en el índice HDI por inequidad en ingreso, educación y salud respectivamente.

Pérdida en HDI por inequidad en el ingreso

GNI-Income loss

Pérdida por inequidad en educación

GNI-Education loss

Pérdida en HDI por inequidad en expectativa de vida

GNI-Life Expectancy loss


Estos tres gráficos muestran que a mayor ingreso per cápita promedio, menor es la desigualdad en ingreso, educación y expectativa de vida. Más precisamente, el indicador de desarrollo humano pierde menos puntos por inequidad cuánto mayor sea el ingreso per cápita.

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.

Los bancos centrales “inundan” el mercado monetario:

Por Pablo Guido. Publicado el 1/12/11 en: http://chh.ufm.edu/blogchh/

“Dinero barato” suele decirse en estas ocasiones. Los bancos centrales de Europa, de EEUU, Canadá, Inglaterra, Japón y Suiza se comprometieron conjuntamente a reducir el costo de financiamiento de sus líneas de swaps en dólares. El swap es un instrumento por el cual dos partes se comprometen a intercambiar en el futuro una determinada cantidad de dinero. El objetivo sería enviar una señal al mercado que los bancos centrales estarían dispuestos a facilitar el financiamiento al sistema bancario de occidente. El problema sigue sin resolverse, obviamente. Acá no hay un problema de liquidez, sino uno de rentabilidad fundamentalmente. Los bancos de occidente (probablemente también otros) han adquirido activos que hoy no valen lo que creían que iban a valer al momento de comprarlos. Por ejemplo, títulos públicos de países al borde de no pagar sus deudas (Grecia, Italia, España, etc.). El punto central es que si dichos gobiernos no cumplen con sus compromisos de deuda verán afectados a sus acreedores, que mayoritariamente dicen ser bancos. Y éstos, a su vez, afectarían a sus propios acreedores, que son los depositantes.

 ¿Entonces? Como diría Lenin: ¿Qué hacer? El más elemental análisis político nos dice que los gobernantes tienden a “concentrar” los beneficios de sus decisiones (votantes, grupos de presión, burocracia, etc.) y “socializar” los costos de las mismas decisiones. Si nos guiamos por estos principios la probabilidad que se distribuyan los costos de salvar a los bancos es cada vez mayor. ¿Qué significa esto? Que el salvataje que los gobiernos le otorguen a los bancos se repartirá entre la mayor cantidad de personas posible. Se preguntarán cuál es el instrumento que haría esto. Fácil: la inflación. Si los bancos centrales emiten dinero y se los dan a los bancos generarían una caída (la magnitud depende de la variación de la oferta monetaria y cómo reaccionen los demandantes de ese dinero) en el poder adquisitivo del mismo. Cada persona, que tiene dinero “inflado”, sufriría una reducción en su nivel de ingreso real. Compraría menos bienes y servicios con la misma cantidad de dinero.

 ¿Cuál es la otra alternativa? Obtener los recursos para pagar estos salvatajes de otro lado: impuestos, deuda pública o rebajando otros gastos del gobierno. Claro que, frente a estas alternativas, la emisión monetaria lisa y llana luce más “cómoda”, “fácil” y políticamente menos incorrecta.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina).