Reiteración de la coyuntura y ausencia del debate de ideas

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 26/4/19 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/columnistas/reiteracion-de-la-coyuntura-y-ausencia-del-debate-de-ideas-nid2241761

 

Casi todo se ha vuelto una eterna reiteración sobre los acontecimientos diarios, lo cual naturalmente no permite espacios para tomar distancia y pensar el futuro a los efectos, precisamente, de permitir coyunturas mejores. La permanente concentración en el día a día no da espacio para modificar el rumbo, con lo que la repetición de errores se hace inexorable.

Sin duda que la coyuntura permite estar informado, son las noticias del momento que deben trasmitirse en el contexto de una irrestricta libertad de expresión, pero la obsesión por detenerse solamente en tapar incendios bloquea la posibilidad de abrir nuevos horizontes e ir al fondo de los problemas al efecto de subsanarlos.

Ni bien alguien se atreve a explorar otros campos irrumpen personajes que denuncian “lo políticamente incorrecto” muy preocupados por quien se sale del libreto, a lo que se suelen agregar diatribas personales que no ayudan a despejar telarañas mentales.

Se vive en estados de emergencia como consecuencia de que son muy escasos los que se toman el trabajo de imaginar cosas diferentes. Es como el perro que pretende morderse la cola en círculos desesperados. Así no se zafa de una infame calesita que no cesa de machacar sobre los mismos panoramas.

Desafortunadamente cuando se recoge el guante y se anuncia un debate que contiene ideas de fondo no aparece mejor ocurrencia que proponer la manera de vender la idea. Craso error. Las ideas no se venden en el sentido de que no están sujetas a las estrategias de comercialización como cuando se vende un dentífrico o un desodorante. En estos casos y en todos los demás, cuando se pretende colocar un producto en el mercado es del todo irrelevante explicarle al cliente potencial cuales fueron los procesos de producción involucrados puesto que se consumiría malamente el tiempo en lugar de centrar la atención en los beneficios que reportaría la adquisición del bien en cuestión por parte del comprador.

Sin embargo, a menos de que se trate de un fanático que compra cualquier cosa con solo insinuársela, en el caso de las ideas es inexorable la cuidadosa explicación y argumentación en el contexto de rastrear la genealogía de la idea en cuestión para que el receptor la comprenda y la acepte. En otros términos, no se trata de una venta en la que se exhiben las ventajas del producto final sino, como queda dicho, se torna indispensable explicar el “proceso de producción” y fundamentación de la idea.

La capacidad de síntesis es muy bienvenida pero hay ideas que demandan razonamientos que insumen tiempo y que no pueden ser tratados livianamente.  Lo aparentemente expeditivo puede eventualmente hacer de apoyo logístico pero no puede reemplazarse la detenida lectura de ensayos, artículos, libros y el dictado de clases que exponen conceptos de cierto espesor, la lectura “vertical” se diferencia de la “horizontal” que según Ortega “patina sobre las letras”. No es conducente jibarizar y mutilar razonamientos, pues no solo erraremos fieramente la meta sino que terminaremos hablando como Tarzán. En la mayor parte de los debates actuales hace falta biblioteca a gritos.

Estimo que el mal de nuestro tiempo es que nos consumimos la vida en describir el momento y sugerir medidas coyunturales mientras nos devoran los agujeros negros que se profundizan porque muy pocos son los que abren discusiones que pretenden correr el eje del debate.

Y en este orden de cosas, muchos son los que no se atreven a proponer cambios radicales en la agenda, en cambio lo que genéricamente podemos denominar las izquierdas muestran mucho mayor coraje para plantarse en temas que consideran de fondo para sus propósitos. Recordemos muy especialmente la tercera escena del cuarto acto de Hamlet: “Las enfermedades que crecen desesperadamente, se resuelven a través de medidas desesperadas, o no se resuelven”. Para ilustrar esta línea argumental aludo a un graffiti en las calles del mayo francés sobre lo que es pertinente detenerse a meditar: “seamos realistas, pidamos lo imposible”.

En esta contexto es del caso apuntar a la perogrullada de que “una cosa es la teoría y otra la práctica” para significar el absurdo de que una cosa puede funcionar en teoría pero no lo puede hacer en la práctica. Si el proceso se basa en una buena teoría quiere decir que sirve a la práctica en el sentido de que “nada hay más práctico que una buena teoría”, lo contrario es andar por la vida a los tumbos dando palos de ciego. Todo lo que hoy disfrutamos sea la computadora, la medicina, la alimentación, el transporte y demás es fruto del análisis teórico imbuido de la característica de la provisonalidad, abierto a posibles refutaciones.

A esta altura de los acontecimientos que son del dominio público no es suficiente concluir que debe reducirse el gasto público, lo cual constituye una abstracción hay que decir concretamente que funciones se eliminarán y no podar para evitar el mayor vigor tal como ocurre en la jardinería.

Consigno un ejemplo telegráfico de lo que quiero significar con debates de fondo.  Me refiero a la necesidad de cuestionar y reformar el mal llamado sistema de seguridad social (que es en verdad un sistema de inseguridad antisocial). Un sistema de reparto quebrado bajo cualquier criterio actuarial con que se lo quiera mirar en todas partes del mundo en que se lo aplica y ha servido para que los aparatos estatales echen mano a los fondos para financiarse y colocar en su lugar los consabidos títulos públicos que aumentan aun más las deudas.

No se trata de pasar a un sistema de capitalización privado obligatorio sino de permitir que cada uno disponga del fruto de su trabajo, tal como era antaño antes del maldito “estado benefactor” (en verdad estado saqueador).

Se ha dicho que si el gobierno no obliga a la gente a aportar, no proveerá para su vejez lo cual contradice lo realizado por inmigrantes en distintas partes del mundo, por ejemplo, en Argentina donde nuestros ancestros invertían en terrenitos y departamentos que más adelante fueron asaltados por las leyes de alquileres y desalojos.

Este razonamiento no sigue el silogismo hasta sus últimas consecuencias puesto que cuando los pensionados cobren las jubilaciones debido a los aportes compulsivos habrá que ponerles un policía para verificar que no vayan a emborracharse al bar de la esquina, con lo que se habrá cerrado el círculo orwelliano.

Entre nosotros, mucho más adelante se intentó revertir parcialmente el problema abriendo la posibilidad de elegir sistemas privados pero obligatorios que otro gobierno decidió estatizar nuevamente en uno de los atracos más colosales de la historia argentina por cuya idea fue premiado un fulano con la vicepresidencia.

Por supuesto que esto involucra una serie de intereses creados pero todas las medidas de fondo lo hacen, el asunto es evaluar el costo-beneficio. Las medidas que van a la raíz de los problemas son difíciles pero necesarias para corregir el estado de cosas que perjudica muy especialmente a los más necesitados por la carga tributaria y el endeudamiento que se acopla al mantenimiento de estructuras inútiles.

En otros términos, tenemos que salir del atolladero de la coyuntura y plantear temas de fondo, al efecto de vislumbrar horizontes más promisorios y no estar condenados al cercenamiento de libertades.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La Argentina está muriendo sepultada bajo el peso del populismo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 23/4/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/04/23/la-argentina-esta-muriendo-sepultada-bajo-el-peso-del-populismo/

 

Curiosamente, Cambiemos encara las elecciones de octubre adoptando medidas populistas como son los acuerdos de precios con una nefasta ley de Lealtad Comercial, para que no venga otro populismo

El ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, afirmó: “los supermercados controlarán que los consumidores no acopien productos”

El ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, afirmó: “los supermercados controlarán que los consumidores no acopien productos”

En declaraciones de ayer lunes, el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, afirmó: “los supermercados controlarán que los consumidores no acopien productos”, lo que significa que, una vez más, se verifica que cuando se establece un precio artificialmente bajo, hay que racionar por cantidad porque a ese precio artificialmente bajo no hay suficiente cantidad de oferta para abastecer la demanda que aumenta por ese fenómeno.

Dicho en otras palabras, por más que los gobiernos se empeñen en tratar de derogar la ley de la oferta y la demanda, ésta sigue con vida y goza de buena salud.

Uno puede entender que sea una simple aspirina para llegar a las elecciones, pero francamente haber desperdiciado cuatro años en un gradualismo que fue inmovilismo, termina en el riesgo de la vuelta de un populismo con tendencias autocráticas como es el kirchnerismo.

Si bien mucha gente puede recordar la fiesta de consumo del kirchnerismo, la realidad es que esa fiesta de consumo no va a poder reeditarse tan fácilmente. Para hacer populismo hay que tener recursos, sean propios o confiscados, y no creo que vaya a quedar un centavo en la Argentina si CFK se perfilara como ganadora en la segunda vuelta.

En varias oportunidades di el siguiente ejemplo sobre la fiesta de consumo del kirchnerismo: esa fiesta fue como si hubiese vendido mi casa, mi auto; hubiera dejado el trabajo y sacado todos mis ahorros del banco; y me hubiese ido a Europa, alojándome en los mejores hoteles, comiendo en los mejores restaurantes y alquilando los autos más caros. A la vuelta de Europa, me encontraría con que no tengo dónde vivir, ni auto, ni ahorros, ni trabajo.

Si me preguntaran cuándo estaba mejor, ¿cuándo estaba en Europa o a la vuelta?, es obvio que diría que cuando estaba en Europa, lo que ocurre es que ese lujo en Europa era insostenible. Solo financiable hasta dónde dieran los recursos consumidos. Eso hizo el kirchnerismo, por un lado dilapidó los ingresos fiscales que recibió de los precios de la soja y por otro lado se consumió el sistema energético, los trenes, las rutas, nuestros ahorros en las AFJP y 12 millones de cabezas de ganado para financiar tarifas de servicios públicos artificialmente bajas y tener asado artificialmente barato.

En términos de recaudación tributaria, en 2002 los ingresos fiscales fueron USD 16.182 millones y en 2015 la recaudación llegó al equivalente a USD 166.150 millones. En otras palabras, el kirchnerismo aumentó sus ingresos fiscales por retenciones y matando con impuestos a la gente, en USD 149.968 millones.

Se dilapidó el equivalente a un Plan Marshall

Para tener idea de lo que significa esta cifra, el plan Marshall, implementado luego de la Segunda Guerra Mundial, fue de USD 14.000 millones de ese momento, unos USD 140.000 millones de hoy, repartido entre 18 países. A Alemania le tocaron unos USD 14.500 millones actuales, con lo cual no es cierto que Alemania se haya recuperado gracias al plan Marshall, sino que se recuperó gracias a la política económica de libre mercado que implementó Ludwig Erhard, a pesar de la oposición de los aliados que en ese momento estaban con las ideas keynesianas y del estado de bienestar.

Volviendo a nuestro caso, el kirchnerismo recaudó el equivalente a un plan Marshall completo y 10 veces el apoyo que recibió Alemania del plan Marshall y sin embargo dejó destruida la economía argentina.

El fenomenal consumo de stock de capital más lo gran caja que tuvo el kirchnerismo lo condujo a regalar planes sociales, jubilaciones y empleo público que llevó el gasto público consolidado a 48% del PBI.

¿Qué hizo Cambiemos frente a esta herencia recibida?

En vez de contar la herencia recibida, el Gobierno se limitó a esperar una lluvia de inversiones que nunca llegó; lluvia que mágicamente iba a producir un crecimiento económico que terminaría licuando el gasto público sobre el PBI a menos del 48%. Así, el peso del Estado sería licuado por el mágico crecimiento sin necesidad de bajar el gasto público, ni tocar el revoleo de planes sociales, empleo público y un sistema previsional quebrado que se heredó de CFK; y la ministra Carolina Stanley sigue entusiastamente regalando la plata de los contribuyentes a todo aquél que corte la Avenida 9 de Julio exigiendo vivir del trabajo ajeno.

El gradualismo significaba tomar deuda pública y financiar el déficit fiscal hasta que llegara la lluvia de inversiones y mágicamente pudiésemos salir de la brutal herencia k sin sacrificios de ningún tipo. El mayor milagroso crecimiento iba a producir más ingresos fiscales y eso iba a cerrar la brecha negativa con los gastos antes del pago de intereses.

El resultado que tenemos es que a la herencia K hay que sumarle la herencia Cambiemos y mi visión es que es un verdadero delirio creer que de este lío salimos estimulando el consumo interno. El discurso populista de: hay que ponerle plata a la gente en el bolsillo para que consuma y así crecemos, es un verdadero delirio.

Con un mercado interno de 44 millones de habitantes, de los cuáles un tercio es pobre, no hay consumo interno que lleve a ninguna inversión. Un poco parece ser la propuesta del kirchnerismo y de Lavagna. En Cambiemos todavía están esperando la lluvia de inversiones.

La cruda realidad es que la única salida de crecimiento de largo plazo que tiene Argentina es volver a ver el mundo como una oportunidad. Es decir, la salida de Argentina es exportar e importar más. Aumentar el volumen de comercio exterior.

La salida de Argentina es exportar e importar más. Aumentar el volumen de comercio exterior.(Adrián Escandar)

La salida de Argentina es exportar e importar más. Aumentar el volumen de comercio exterior.(Adrián Escandar)

Para poder incrementar las exportaciones hay que tener inversiones porque se requieren volúmenes de producción muchos mayores y para tener inversiones se requiere: 1) una legislación laboral que incentive a las empresas a contratar personal; 2) una carga tributaria que sea competitiva a nivel mundial; y 3) seguridad jurídica.

Días atrás, Infobae publicaba el trabajo del Banco Mundial en el que Argentina es el segundo país en el mundo que más impuestos le cobra a las empresas.

En efecto, Argentina le aplica una carga tributaria a las empresas del 106% sobre las utilidades. Esto es posible porque las empresas no pueden ajustar sus balances por inflación y, por lo tanto, se aplica el impuesto a las ganancias sobre el stock de capital. Es decir, el Estado se está comiendo parte del capital de las empresas con el Impuesto a las Ganancias más el resto de los delirantes impuestos nacionales, provinciales y municipales.

En definitiva, durante décadas hicimos populismo y eso nos llevó a caer en una crisis tras otra. El kirchnerismo llevó ese populismo hasta niveles insospechados, y Cambiemos se limitó a financiar con deuda pública ese populismo a la espera de la milagrosa lluvia de inversiones que todo lo resolviera, pero ninguno parece estar dispuesto a encarar en serio las reformas mencionadas para ser competitivos para exportar y así captar inversiones en cantidades suficientes que permitan bajar la tasa de desocupación y la pobreza.

Todo el arco político argentino sabe que la situación económica es terriblemente complicada, pero ninguno está pensando en proponer las reformas estructurales. Todos están imaginando cómo seguir financiando esta locura populista y esperar que mágicamente tengamos una lluvia de kamikazes dispuestos a invertir en Argentina para ser sometidos por la nueva Ley de Lealtad Comercial, tasas del 68% anual, una legislación laboral que implica adoptar de por vida a cualquier persona que se tome en relación de dependencia, a que lo esquilmen con impuestos y demás barbaridades económicas.

Argentina está muriendo sepultada bajo los escombros del populismo del empleo público y los planes sociales y nadie de la dirigencia política parece estar tomando debida nota de lo dramático de la situación. Siguen delirando con más populismo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

El argumento moral en favor de la redistribución no va a ser derrotado por uno basado en la eficiencia

Por Martín Krause. Publicado el 22/4/19 en: http://bazar.ufm.edu/argumento-moral-favor-la-redistribucion-no-va-derrotado-uno-basado-la-eficiencia/

 

Al evaluar un clásico como La Ética de la Redistribución, de Bertrand de Jouvenel, Garreth Bloor, plantea el típico escenario donde el argumento de la eficiencia siempre pierde: se enfrenta con un juicio moral, y así debería responderle.

Algunos párrafos:

“El debate sobre la redistribución a menudo depende de argumentos sobre la eficiencia; sus oponentes destacan el éxito de los procesos de mercado y los fallos de los sistemas controlados por comandos. En contraste, los partidarios del estado redistributivo usualmente promueven los argumentos sobre la moralidad.

Hace setenta años, el caso de Bertrand De Jouvenel contra la redistribución centrada en el estado, dictado en dos conferencias de 1949 en la Universidad de Cambridge y reeditado por el Liberty Fund en 1990 como La ética de la redistribución, fue un caso moral contra la redistribución. De Jouvenel mantiene un enfoque en la ética y el florecimiento humano, y sugiere que si bien la economía revela verdades de la existencia humana, siempre permanece subordinada a la vida moral del hombre.

De Jouvenel invoca una posición relevante sobre la moralidad en torno a los procesos del mercado. Fue uno de los 36 académicos en la primera reunión de la Sociedad Mont Pelerin organizada por F. A. Hayek, aunque su trabajo ha recibido menos atención que muchos otros en los años subsiguientes, ya que los puntos de vista morales fueron suplantados por argumentos utilitarios para el capitalismo contemporáneo.

Al hacer un caso moral para las economías abiertas, la ética de la redistribución no es menos relevante que en 1949.

Al colocar al florecimiento humano en el centro de la economía, De Jouvenel afirma una sociedad en la que tanto la libertad como la virtud son fundamentales. Los compromisos con la libertad económica requieren que el estado usurpe el papel de la familia y las instituciones mediadoras de la sociedad civil.”

El texto completo está acá: https://www.lawliberty.org/liberty-classic/revisiting-de-jouvenel-ethics-of-redistribution-seventy-years-on/

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Los Vicepresidentes importan y mucho en contextos de crisis

Por Javier A. Cubillas: Publicado el 22/4/19 en: https://medium.com/@javiercubillas/los-vicepresidentes-importan-y-mucho-en-contextos-de-crisis-25e596a9f89a?fbclid=IwAR0v-T7wFi4ZOk5nDusAZsk0GPYOampQTsqZTBqvue_Nz__URonYxxiTeYk

 

Uno de los más famosos vicepresidentes norteamericanos, John Adams, expresó con meridiana claridad: “No soy nada, pero puedo llegar a ser todo”. Frase que resume la potencialidad del tapado que tiene nuestro sistema hiperpresidencialista en países como Argentina con alta inestabilidad política.

Ergo, para puntualizar y para pensar en positivo, primero hay que decir que los vicepresidentes importan cuando reaseguran proyectos de coalición, alianza o semejantes. Pueden ser quienes les aporten gran parte del chasis y motor al conductor –Hoy Macri- como es en buena medida la actual conformación de Cambiemos.

En este sentido, sostengo hace bastante tiempo que hay que leer el fenómeno electoral en clave de coaliciones personales más que de frentes, partidos o sistemas. El binomio presidencial depende mucho más de sus psicologías e impulsos que de otros condimentos para su sostenimiento, por ende, la comunicación interpersonal y la pública es clave en el mantenimiento de la confianza para la gestión del gobierno nacional.

Entonces, la pregunta clave para analizar las futuras fórmulas presidenciales que lleguen a la competencia electoral es: ¿qué reaseguran?, ¿qué valores ofertan y comunican? Será una oferta de más república, o más redistribución, o volver al pasado, o reformas profundas hasta aquí no realizadas. Hay que evaluarlos.

Pero en la tesis que aquí seguimos también nos toca ver el Lado B del binomio. En este sentido y como segundo punto hay que decir que en un contexto 2020-2024 azotado por los déficits financieros, pero de darse un potencial delicado equilibrio capaz de comenzar a liberar al sector productivo para que vuelva a ocupar su capacidad instalada y ampliar sus volúmenes de exportaciones la tentación del vicepresidente de ser sucesor puede ser irrefrenable.

Aquí, la formula binómica se vuelve intrínsecamente competitiva y eso es un problema en sí mismo. Que el vicepresidente, por derecho propio, entienda que al ser parte de un gobierno de tormenta exitoso debe ser naturalmente también el próximo candidato presidencial resulta para el presidente tener que dormir con el enemigo y además despertarse para gestionar cara a cara todos los días.

Como tercer punto, si se diera un escenario de crisis en el que el vicepresidente asuma funciones, hay que recordar lo que bien nos ha explicado en sus excelentes trabajos académicos el recientemente fallecido Dr. Mario Serrafero: “la Vicepresidencia es una institución o un dispositivo de crisis. b) La Vicepresidencia no garantiza una sucesión legal – automática. c) Hace falta construir una legitimidad de reemplazo en cabeza del Vicepresidente que asume para que puede superarse la crisis institucional. Y en la construcción de la legitimidad de reemplazo intervienen factores políticos de distintos tipos vinculados al origen institucional de la crisis, la situación político – social previa, el momento del mandato en que se produce la crisis, el estado de legitimidad del Presidente y del Vice, el grado de identificación con el Presidente, la experiencia y el estilo político del Vicepresidente” (Revista de Sociología e Política, 25 de febrero de 2017). En la elección previa del vicepresidente para la formula ya se comienzan a jugar todos estos factores.

Por si quedaba alguna duda, Serrafero agregaba oportunamente ya en el año 2003, en la salida de la mayor crisis institucional contemporánea: “Su función principal no es la presidencia del Senado (más allá de su innegable importancia), sino la de ser figura de reserva para el principal puesto del sistema político: la presidencia.” (La Nación, 25 de abril de 2003)

Finalmente, toda esta profunda reflexión sobre las dinámicas entre los gestores de poder que habilitan las reglas de juego actuales se pone en evidencia en las psicologías de los actores que pacten la coalición. De ser nadie a ser todo hay un salto de magnitudes que puede ser pergeñado con habilidad maquiavélica o puede ser un accidente de la historia. En ambos casos pidamos al menos que el binomio se encuentre a la altura de las circunstancias para los tiempos que corren y los próximos que se avecinan.

Nos queda por dar un sólo dato esperanzador en términos de proceso electoral y de análisis de candidatos. Tendremos la oportunidad de volver a evaluar a los candidatos a presidentes gracias a la Ley 27.337 que obliga la realización de dos debates: uno en Capital Federal y otro en una provincia del interior elegida por la Cámara Nacional Electoral. No perdamos la oportunidad de exigir y demandar también el poder conocer cómo piensan los futuros Vice- presidentes de la Nación.

 

Javier Cubillas es Licenciado en Ciencias Sociales con orientación en Periodismo en ESEADE. Fue coordinador del programa de Jóvenes Investigadores de Fundación Atlas 1853. Es Analista de Asuntos Públicos en Fundación Atlas para una Sociedad Libre.

Estafa inflacionaria y recetas cosméticas

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 15/4/19 en: https://www.cronista.com/columnistas/Estafa-inflacionaria-y-recetas-cosmeticas-20190414-0028.html

 

Estafa inflacionaria y recetas cosméticas

Lamentablemente no hemos aprendido nada. Seguimos a las andadas. Como el gobierno no puede resolver la estafa inflacionaria, se decide por aplicar recetas que disimulan transitoriamente el problema. Prefieren la cosmética. Como la parla de control de precios es a esta altura inconveniente dados los rotundos fracasos de esa política, se piensa que puede camuflarse con otras denominaciones, por ejemplo, con el fascista “acuerdo de precios y salarios” inaugurado por Mussolini y en nuestras latitudes continuado por gobiernos peronistas, imitados por casi todos los demás desde hace siete décadas y siempre con los mismos resultados bochornosos.

 

Sin embargo, es importante insistir que los precios no constituyen un simulacro o números que pueden manipularse en distintas direcciones según los deseos de políticos, empresarios o sindicalistas. Se trata de un mecanismo delicado de información de constante prueba y error al efecto de encontrar el nivel que hace oferta y demanda  iguales. No es un proceso estático sino eminentemente dinámico que no puede anticiparse puesto que es el resultado de valorizaciones cruzadas en las millones de transacciones diarias en el momento.

 

Sea a través del control directo de precios o vía el subterfugio del mencionado “acuerdo”, cuando esos indicadores se establecen a niveles inferiores a los estipulados en un proceso abierto de mercado, inexorablemente (desde Dioclesiano a la fecha) se suscitan cuatro efectos centrales, muy dañinos.

Primero, se expande la demanda. Segundo, en el instante inicial, por el hecho de que la demanda se incrementa no aparece una mayor oferta, por tanto se produce un faltante artificial. Tercero, los productores marginales -los menos eficientes- al reducirse su margen operativo desaparecen del mercado, con lo que se agudiza el referido faltante. Y cuarto, al alterarse los precios relativos y consecuentemente los diversos márgenes operativos, artificialmente surgen otros reglones como más atractivos y, por ende, se invierte en áreas que en verdad no son prioritarias, lo cual se traduce en derroche de capital que, a su vez afecta salarios e ingresos en términos reales.

Si en verdad se quiere disminuir la pobreza, lo peor es trastocar las únicas señales con que cuentan los participantes en el mercado a los efectos de guiar sus ocupaciones. Indicadores falseados indefectiblemente conducen al despilfarro y, consiguientemente a la contracción de salarios puesto que estos dependen exclusivamente de las tasas de capitalización.

No se gana nada con la cosmética en base a la idea de obtener algunos votos circunstanciales puesto que el problema se agudiza a la vuelta de la esquina.

Una vez más repetimos que el gasto estatal elefantiásico succiona recursos para financiarse a través de presiones tributarias exorbitantes y colosales deudas gubernamentales. Este no es el camino por más que momentáneamente pueda disfrazarse la situación con divisas producto de la  estacionalidad.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

A meses de las elecciones, el gradualismo le pasa la factura de la improvisación al Gobierno

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 16/4/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/04/16/a-meses-de-las-elecciones-el-gradualismo-le-pasa-la-factura-de-la-improvisacion-al-gobierno/

 

Desde un inicio el gobierno de Macri se negó a presentar un plan económico que marcara un claro rumbo a seguir de manera de generar expectativas en la población, para luego avanzar en las reformas que requería la herencia recibida

El Tesoro emite títulos para afrontar el déficit fiscal y vende divisas para pagar la deuda

El Tesoro emite títulos para afrontar el déficit fiscal y vende divisas para pagar la deuda

El error inicial del Gobierno no solo consistió en no contar la herencia recibida, sino que lo más grave es que creyó que medidas aisladas podían solucionar un problema económico de la magnitud que dejaba Cristina Fernández de Kirchner. Se largó sin un plan, a poner parches a un bote que hacía agua por todos lados.

Nunca creyó que había que bajar el gasto público como paso indispensable para poder crecer. Imaginó que las inversiones iban a llover solo porque Mauricio Macri se sentaba en el sillón de Rivadavia, por lo tanto, esas inversiones iban a generar crecimiento y el gasto se iba a licuar sobre el PBI por arte de magia. Solo tomando medidas aisladas todos los días “íbamos a estar un poquito mejor”. El gradualismo en medidas y en sentirse mejor.

La realidad que enfrentamos debería ser suficiente evidencia para que, si Mauricio Macri o alguien de Cambiemos lograra renovar el mandato, deberían aprender de estos 4 años desperdiciados que nos ponen en una situación política crítica, ya que el desgaste de los errores económicos cometidos le pavimentan el camino a Cristina Fernández de Kirchner para su vuelta. No es por mérito de ella que tiene chances de volver, sino por la insistencia de Cambiemos de mantenerse en el error.

Esta mezcla de no querer enfrentar el problema del gasto junto con la continuidad de las políticas de revolear la plata del contribuyente en planes sociales, nos ha dejado en una situación económica en la que a la herencia del kirchnerismo se le suma la herencia de Cambiemos.

¿Por qué se está atravesando semejante proceso recesivo? ¿Bajó el gasto público como sostienen algunos miembros de Cambiemos?

El gasto del Sector Público Nacional incluidos los intereses de la deuda pública y excluidos los gastos de las provincias y de los municipios, bajó de 26,5% del PBI en 2015, que dejó el kirchnerismo, a 23,7% en 2018, una reducción de 2,8 puntos del PBI. Aquí no se incluye el gasto cuasifiscal del BCRA que creció en 1,6 puntos del PBI entre 2015 y 2018.

De manera que, en principio, el Gobierno podría mostrar estos números como un logro de su gestión y taparle la boca a todos los que decimos que hay que bajar el gasto público. Sin embargo, vale la pena preguntarse: ¿dónde bajó el gasto público el gobierno nacional entre 2015 y 2018?

Para responder al interrogante, basta con ver el gráfico previo. El gasto en subsidios económicos para mantener artificialmente bajas las tarifas de los servicios públicos (energía, transporte público, gas, agua potable, etc.) bajó de 4,25% del PBI que dejó el kirchnerismo a 2,16% del PBI con Cambiemos.

Es decir, de los 2,8 puntos del PBI que se redujo el gasto público en la era Cambiemos, 2,1 puntos porcentuales se explica por menores subsidios económicos, es decir aumento de tarifas de los servicios públicos a familias y empresas.

Sin duda que esa medida había que tomarla porque nadie tiene que sentirse con derecho a que otro le subsidie la luz, el gas, el boleto de colectivo, etc., de manera que esa reducción de gasto no tiene objeción y correspondía hacerla.

El punto es que lo que hizo el Gobierno fue cambiar la forma de financiar ese gasto. Con el kirchnerismo se recurría a la emisión monetaria o más impuestos, con Cambiemos se financia, como corresponde, en la boleta de luz, pero no se redujo el impuesto inflacionario ni la carga tributaria sobre el sector privado que se aplicaba para financiar ese gasto, por lo tanto la gente siente en el bolsillo el peso de las nuevas tarifas de luz y la misma carga tributaria que venía soportando de antes.

Si se combina el peso sobre el sector privado por el aumento de las tarifas de los servicios públicos, con la misma carga tributaria y tasas de interés que se dispararon al infinito, todo el costo del ajuste cae sobre el sector privado mientras que el sector público se mantiene al margen de toda reducción, tanto el sector público nacional como los provinciales y los municipales.

El resultado no es otro que una economía que está estancada desde 2011 pero con una fenomenal caída en 2018, esto quiere decir que cada vez hay menos riqueza para repartir pero el gobierno sigue gastando en planes sociales como si ese gasto fuera una bondad de la política económica.

El gráfico previo muestra que el gasto en políticas de ingresos (AUH, pensiones no contributivas, políticas de empleo del Ministerio de Trabajo, etc.) aumentó en casi 5 puntos del PBI entre 2004 y 2018; y también refleja que Cambiemos no bajó el gasto en este rubro, y sin embargo hay más pobres.

No se puede tomar toda la serie porque el kirchnerismo desarmó las estadísticas del Indec para no “estigmatizar” a los pobres, pero de acuerdo a datos de la UCA, el kirchnerismo dejó una pobreza del 29% de la población  y en la última medición del Indec dio 32%, es decir, a pesar que se mantuvo los programas de políticas de ingresos, la pobreza no cede.

Y no cede porque el sector privado sigue siendo aplastado por el sector público nacional, provincial y municipal con su enorme burocracia, empleo público y “planes sociales”. La Argentina no crece porque no hay inversiones en un país con una carga tributaria que se mantiene entre las más altas del mundo.

El costo de no haber tenido un plan económico consistente

En definitiva, lo que estamos viendo es que hay que pagar el costo de no haber tenido un plan económico consistente que generara un shock de confianza y avanzar con las reformas que se requerían.

Haber recurrido al endeudamiento para financiar gastos corrientes esperando la lluvia de inversiones hoy pasa la factura a meses de las elecciones y tienen que salir a inventar la pólvora para tratar de mover algo la economía y disimular la huida del dinero que impacta en los precios.

Los anuncios esperados seguramente serán parches y aspirinas para llegar a las elecciones. Una verdadera lástima que el presidente a Mauricio Macri haya comprado el humo que le vendieron con el gradualismo que era una forma de no hacer nada y seguir con un Estado sobredimensionado y planes sociales, esperando que haciendo lo mismo que venimos haciendo durante décadas de un resultado diferente.

Lo más patético es que se llega a las elecciones con medidas que probablemente sean más populismo para evitar que venga el populismo k.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Una de vampiros

Por Gastón Gonda:

 

Veía hace unos días un acalorado pero entretenido debate de coyuntura económica argentina entre el brillante economista Iván Carrino y otros cuatro representantes de distintas fuerzas políticas. Digámoslo claro: cuatro ignorantes de variada gama, repartidos entre socialistas, peronistas y kirchneristas, cuyos nombres por piedad omito.

Y como el tiempo en la televisión es muy acotado, quedaron muchas cuestiones por esclarecer y profundizar, y no sorprende a nadie el hecho de que buena parte de la audiencia suele hacer sintonía con el discurso más demagogo y oportunista.

Pero algo de lo bueno empieza a dejar huella gracias a la batalla cultural que unos cuantos, como Iván, libramos todos los días, cada uno desde donde puede, sabe y quiere.

Puestos a debate, se tocan temas como el acuerdo con el FMI, la inflación y la pobreza, y se deriva en abstracciones sobre el rol del Estado. Lo de siempre. Sólo que todos, menos Iván, de espalda a los datos.

Pero los disparates que se decían en esa mesa no son nada distintos de los que balbucean los representantes de absolutamente todos los espacios políticos desde el oficialismo hasta la oposición, máxime en estos días de campaña electoral, para martirio de un número creciente de desencantados de la política, como yo.

Estos señores ignoran el fracaso de 4000 años de controles de precios, y presuponen la inflación como un fenómeno “multicausal”, ignorando la evidencia empírica sobre un problema que el mundo ya ha superado por completo, con excepción de un puñado de países que se cuentan con los dedos de una mano, entre ellos la Argentina.

Estos iletrados  nada pintorescos creen que la riqueza es un juego de suma cero, donde unos ganan si, y sólo si, otros pierden. De allí parten para planear y ejecutar la redistribución violenta de los bienes que el mercado – todos nosotros – se encargó de distribuir de manera pacífica gracias al intercambio de un valor por otro valor; trabajo, tierra, capital, conocimiento. Por tanto, por más atinados que parezcan, estos abusadores avalan  el saqueo del fruto del trabajo usando el bien común como excusa y la ley como garrote.

Estos tristes contendientes manifiestan preocupación por los pobres pero adoctrinan con ideas que llevadas a la práctica los multiplican, y que a lo largo de la historia condujeron a millones de seres humanos a la pérdida de sus libertades más básicas y a morir por inanición.

Lo hacen, en el mejor de los casos, por ignorantes. En el peor, porque enarbolando las ideas del Estado presente, la justicia social, la redistribución de la riqueza y el proteccionismo industrial, logran erigirse en “salvadores del pueblo”. Y como tal, acceden a privilegios de casta que nunca podrían conseguir si tuvieran que vender su talento al escrutinio diario del mercado. Aquel mercado conformado por personas que votan todos los días determinando – con sus elecciones siempre voluntarias – ganadores y perdedores. Quienes sirven mejor al público ven incrementados sus ingresos; quienes yerran buscarán la manera de aprender de la experiencia y sobreponerse, dando origen a un círculo virtuoso cuyo resultado total es siempre ganancia.

Aquellos desdichados que repiten los mitos empobrecedores, ignoran que el poder económico se ejerce por medios positivos, ofreciendo a los hombres una recompensa, un incentivo, un pago, un valor; mientras que el poder político es ejercido por medios negativos, por la amenaza de castigo, lesión, encarcelamiento, destrucción. Como bien manifiesta Ayn Rand, la herramienta del empresario – el buen empresario y no el prebendario que hace negocios al calor del poder político – son los valores; la herramienta del burócrata es el miedo. Y, agrego yo: la herramienta del místico es el infierno. No es casual la referencia al dinero como “estiércol del demonio” por parte del representante de Perón en la Tierra.

Vuelvo. Esto depredadores nos quieren hacer creer, en su fatal arrogancia, que saben mejor que nosotros mismos qué es lo que necesitamos y queremos. Y por tanto se empeñan en dirigir la economía y la vida de todos nosotros a fuerza de leyes y decretos, como si fuera que una simple expresión de deseos manifestado en el cuerpo de una ley es suficiente para poner de pie un aparato productivo, determinar los precios de equilibrio, y tornar “justo” al valor del salario. Siendo así,  ¡que las legislaciones sean más generosas y nos hagan ricos a todos! como expresara en numerosas oportunidades el “Alberdi contemporáneo” don Alberto Benegas Lynch (H).

Faltos de la lógica más elemental, estos artífices de la miseria no saben sumar ni restar; solo dividir. Ignoran que son las tasas de capitalización puestas al servicio del trabajo lo que hace a éste más productivo y eficiente, y por tal mejor pago. No saben que los salarios mínimos conducen al desempleo porque hay más demandantes que oferentes, afectando especialmente a los menos calificados y especializados. Y en el sentido opuesto, desconocen que los precios máximos generan escasez porque habrá más gente dispuesta a comprar que gente dispuesta a vender, lo que tienta a los burócratas a tomar medidas inmorales e inútiles como las libretas de racionamiento, las leyes de abastecimiento, o  los más recientes “Macri-tips”, con el consiguiente aumento del clientelismo y la corrupción.

Estos pobres de espíritu desconocen los beneficios de la especialización, gracias a las ventajas comparativas diferentes entre los que realizan un intercambio. Ignoran que cuanto más libre es el comercio, más prosperamos, especialmente los eslabones más pobres, al contrario del cacareado mito de la posición dominante.

Pero estos relatos ya desterrados en gran parte del mundo civilizado no serían posibles si una parte mayoritaria de la sociedad no avalara por acción u omisión estos dislates. Los desprevenidos, los desentendidos, los voluntaristas, los mal-aprendidos, y toda la gama de desorientados que repiten las consignas del fracaso son muy fáciles de identificar: son todos aquellos que no conciben a las ideas de la libertad como el motor para el progreso humano.

El padrón electoral argentino representa el número exacto de esclavos que, en lugar de procurar su propia libertad, quieren seguir en esa condición. Esto es así porque en su perturbación no logran unir las causas con las consecuencias de la decadencia, y por tanto demandan más fuego para combatir al incendio. Están enamorados de sus secuestradores, padecen el Síndrome de Estocolmo.

Los pusilánimes son incapaces de pararse sobre sus propios pies; el viento populista los arremolina a todos juntos y quedan a merced de cuanto demagogo les endulza el oído para seguir vejándolos, uno tras otro, cada dos o cuatro años.

Sobre todo, estos desprovistos de carácter ignoran la naturaleza humana y su enorme potencialidad. Tienen una predisposición psicopatológica hacia la envidia, la victimización y el resentimiento.

Frente al avanzado, al desarrollado, al estudioso, al genio, al talentoso, muestran envidia y por tal lo odian, no por sus defectos sino por sus virtudes. Uno envidia aquello que nunca va a conseguir. Uno cela aquello que tiene y teme perder. Uno emula o imita aquello que admira y sabe que puede conseguir. Y si no lo logra, al menos habrá emprendido el camino de la superación, aportando lo mejor de sí.

Faltos de razón, propósito y autoestima, los cómplices de los saqueadores son sombríos y tristes. Pero siempre pueden redimirse: no conozco ningún liberal que se haya vuelto socialista; pero sí unos cuantos de estos últimos que descubrieron el valor del respeto a los proyectos de vida de sus hermanos. Son vampiros que ya no chupan sangre; sino que “a su pesar reconocieron el buen sabor del agua mansa”.

Nunca es tarde. Seamos libres.

 

Gastón Gonda es Licenciado en Administración de Empresas de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Tucumán, MBA ESEADE. Head of Financial Planning & Analysis en Avery Dennison LA. Difunde sus ideas como @GastonGonda