Crisis de deuda: volviendo a la realidad

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 21/5/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/05/21/crisis-de-deuda-volviendo-a-la-realidad/

 

El ministro de Economía Martín Guzmán (REUTERS/Agustin Marcarian)

El ministro de Economía Martín Guzmán (REUTERS/Agustin Marcarian)

Una vez más Argentina se enfrenta a un potencial default de la deuda soberana. Joseph E. Stiglitz, Edmund S. Phelps y Carmen M. Reinhart hicieron un pedido público de “buena fe” a los acreedores internacionales. Su pedido fue acompañado por un grupo de reconocidos economistas a nivel internacional. El acto de buena fe consiste, por supuesto, en aceptar la oferta de Martín Guzmán. A diferencia de quienes piden “buena fe”, los tenedores de bonos no han perdido contacto con la realidad y son conscientes del tipo de deudor que tienen enfrente.

Es importante recordar que la crisis de deuda no se debe a la pandemia del Covid-19. El actual gobierno presentó al ministro Guzmán como un experto en deuda soberana con el objetivo principal de reestructurar la deuda Argentina. Modestia aparte, nos decían que Guzmán iba a dar una lección al mundo sobre cómo llevar adelante una reestructuración de deuda soberana. Es cierto que la actual pandemia ha complicado el escenario, lo que no es cierto es que la crisis de deuda se debe al coronavirus. Es importante ser realista con la situación de la economía del país para llegar a un buen acuerdo con los acreedores y dar una solución definitiva a los crónicos problemas de deuda que enfrenta el país.

Ser realista con la deuda argentina comienza por reconocer el origen de los bonos. La deuda argentina no algo que haya caído del cielo o fruto de la mala suerte. El origen de la deuda se encuentra en un Estado insostenible. Un Estado insostenible se traduce en abultados déficits. Los abultados déficits se traducen en inflación, problemas de deuda, y crisis cambiarias dependiendo cómo se decida financiar al Tesoro. Resumen de la macroeconomía del país desde el primer gobierno de Perón a la fecha. Es curioso que quienes piden “buena fe” a los acreedores no presten atención a los problemas del deudor.

Ser realista con la deuda argentina también es no olvidar las actitudes que históricamente Argentina ha tenido con sus acreedores. Según datos de This Time is Different (2011) de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, desde la Segunda Guerra Mundial a la fecha argentina ha pasado 36 años (cerca del 40% del tiempo) en default o restructurando deuda. En resumen, Argentina es un incumplidor serial de contratos. Debemos también tener memoria de los 12 años de kirchnerismo en el gobierno. Esta misma administración, a la que ahora debemos prestarle un acto de “buena fe”, ha falsificado datos de inflación y de pobreza, ha expropiado empresas sin Ley del Congreso, ha maltratado a los acreedores y al mismo Juez Griesa, y ha apropiado también de los fondos privados en las AFJPs. Más convincente sería ver los pedidos de “buena fe” transformarse en hechos concretos. ¿Cuántos de quienes firmaron la carta están dispuestos a vender sus fondos de retiro y pensión e invertirlos en deuda argentina?

Siendo realistas no sorprende el rechazo de la oferta de Guzmán, ni el poco impacto que la carta de “buena fe” ha tenido en los acreedores. Argentina, un país con un Estado infinanciable, pide a los acreedores que tengan fe que un próximo gobierno va a honrar la deuda a la par que el gasto público se trata como intocable. No sólo se les pide a los acreedores un acto de fe: también se espera que se hagan cargo del 100 del costo de la reestructuración de la deuda. Los acreedores, vale recordar, no son sólo millonarias empresas. Los acreedores son también jubilados en el resto del mundo cuyo futuro financiero depende de sus ahorros. Estos jubilados no tienen ni el tiempo que les queda en sus vidas ni la riqueza para recuperar el costo de un default argentino.

Por último, ser realistas respecto al problema de la deuda argentina es también responsabilidad de la oposición, a la que no se escucha proponer ni debatir reformas económicas e institucionales de fondo que corrijan de una buena vez el déficit estructural del gobierno. En lugar de pedir buena fe a los acreedores, más útil sería pedir reformas estructurales a Argentina que, a fin de cuentas, es quien está en falta. Que la actual crisis no sea otra oportunidad perdida.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. Es profesor de UCEMA. Publica en @n_cachanosky

 

 

 

 

El Estado no tiene agallas para ser empresario

Por Gustavo Lazzari. Publicado el 20/5/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/05/19/el-estado-no-tiene-agallas-para-ser-empresario/?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter

 

Reflexiones sobre el supuesto proyecto (aún no presentado formalmente) por el cual el Estado tomaría parte del capital accionario de las empresas a las que ayuda
María Fernanda Vallejos, muy cercana a Cristina Kirchner, planteó que el Estado tome participación en los 

María Fernanda Vallejos, muy cercana a Cristina Kirchner, planteó que el Estado tome participación en los "grandes grupos" a los que suministra medidas de alivio en la crisis por la pandemia

La diputada kirchnerista Fernanda Vallejos emitió una serie de tweets anunciando un supuesto proyecto (aún no presentado formalmente) por el cual el Estado tomaría parte del capital accionario de las empresas a las que “ayuda”.

El argumento es “si el estado ayuda a las empresas es razonable que sea a cambio de una participación en el capital de las compañías”.

Punta de lanza

Según algunos analistas, la diputada Vallejos es la punta de lanza de un proyecto para que el Estado adquiera parte del capital de empresas grandes en principio y después, por qué no, empresas medianas y pymes.

En primer lugar, la diputada Vallejos parte de una falacia difundida en especial entre personas que ignoran leyes básicas de la economía. El estado no tiene recursos. Los recursos son siempre del sector privado. No existe tal cosa como “ayuda estatal”. Se trata de recursos privados obtenidos vía impuestos.

En segundo término, es interesante la intención de la diputada Vallejos en convertirse en empresaria. A tal efecto, sugiero, que “la pyme legislativa que maneja en su despacho” simule durante un mes trabajar en las condiciones que trabajan las pymes reales.

Debería recordar la diputada que los días 1 de cada mes deberá abonar las percepciones de Arba, el 2 las de AGIP, el 5 ya deberá pagar la segunda quincena del mes anterior, el 10 Sicore (primera quincena), el 12 el SUSS (Form 931), el 13 anticipo de ganancias, el 16 las moratorias (primer turno), el 17 Convenio Multilateral IIBB, el 19 impuestos internos, el 20 tendrá la segunda quincena, el 22 el IVA, el 25 nuevamente percepciones de Arba, el 26 tendrá la segunda oportunidad de pagar las moratorias que no pudo pagar el 16 y el 30 los salarios mensuales.

Uno de los tweets de Fernanda Vallejos. Le apunta a los

Uno de los tweets de Fernanda Vallejos. Le apunta a los “grandes grupos”, pero más temprano que tarde también les tocaría a las Pymes,

A su vez debería revisar los movimientos bancarios día a día para ver como el estado nacional y las veinticuatro provincias ingresan y carcomen la propiedad privada de sus saldos. A la hora de pagar servicios de energía y telecomunicaciones deberá registrar que el 40% de sus consumos son impuestos de dudosa legitimidad.

Además, deberá registrar su actividad en el registro correspondiente y no olvidar que cada cosa que haga, piense, sueñe o intente hacer deberá registrarse en la oficina correspondiente. Podrá contratar un ejército de gestores a tal efecto.

Realmente sería muy interesante que diputados y funcionarios que jamás pagaron una quincena y jamás corrieron a las 14:50 al banco para cubrir los cheques jueguen a ser empresarios en la Argentina.

Por lo general, diputados y senadores jamás tuvieron penuria el día 30. Siempre el sueldo se acreditó. Siempre cobraron puntual. A las 10 AM del día treinta “la guita estaba”, la “tuvieron viva”, “cash”, como si nada pasara en el planeta.

Incluso para algunos diputados la cuarentena y la no cuarentena es exactamente lo mismo. Sobredosis de play, sugerencias de barbijos. Todos los días son domingos en el placentero mundo legislativo.

No hay ninguna chance de que el Estado se haga empresario. Los políticos no tienen las agallas, el valor y el honor que tienen los empresarios argentinos.

Si fuera empresaria bonaerense, los días 1 de cada mes Vallejos debería abonar las percepciones de Arba, el 2 las de AGIP, el 5 la segunda quincena del mes anterior, el 10 Sicore (primera quincena), el 12 el SUSS (Form 931), el 13 anticipo de Ganancias, y así

Si fuera empresaria bonaerense, los días 1 de cada mes Vallejos debería abonar las percepciones de Arba, el 2 las de AGIP, el 5 la segunda quincena del mes anterior, el 10 Sicore (primera quincena), el 12 el SUSS (Form 931), el 13 anticipo de Ganancias, y así

Quedarse con el esfuerzo

Lejos de representar un proyecto serio la catarata de tweets de la diputada Vallejos es una bomba de humo que esconde una intención ulterior. La política no busca quedarse con las empresas y mucho menos sentarse en los turbulentos escritorios empresarios.

Lo que buscan es quedarse con el esfuerzo. Por ello, el proyecto de la diputada Vallejos es la punta de lanza de regulaciones tendientes al control de cambios y nuevos impuestos. Son de manual.

Los legisladores subliman la culpa haciendo una supuesta diferenciación entre empresas grandes y empresas pymes. Eso es falso. La historia demuestra que las regulaciones e impuestos que recaen “sobre los grandes” más temprano que tarde recaen también sobre los chicos.

El ejemplo más contundente es el Impuesto a las Ganancias. Nació en los años treinta para los ultra ricos. Hoy lo pagarían los cartoneros si estuvieran registrados. El estado necesita comerse también a los pobres. Por eso 165 impuestos y 69000 regulaciones destruyen el trabajo argentino y constituyen la fábrica más brutal de pobreza y marginalidad.

Para muchos legisladores El COVID-19 es más una excusa que un virus. La sociedad soporta estoicamente una cuarentena durísima impuesta por un Estado “olvidadizo” que tuvo que encerrar a la sociedad porque tras 70 años de cantinela estatista resulta que se olvidaron de las camas, los respiradores y los médicos. La pandemia es objetivamente grave tan grave como la dilapidación secular de recursos que hizo el estado.

La diputada Vallejos debería respetar a las empresas y a los empresarios y trabajadores que las componen. Soportan día a día mochilas inviables plagadas de impuestos y regulaciones absolutamente inviables. Nuevas excusas, nuevas regulaciones y amenazas de confiscaciones no solo constituyen una falta de respeto sino una nueva fuente de pobreza y marginalidad.

 

Gustavo Lazzari es Licenciado en Economía, (UCA), Fue Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, y fue investigador del Proyecto de Políticas Públicas de ESEADE entre 1991-92, y profesor de Principios de Economía de 1993 a 1998 y en 2002. Es empresario.

¿Pronóstico reservado para nuestro país?

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 18/5/20 en: https://www.eleconomista.com.ar/2020-05-pronostico-reservado-para-nuestro-pais/

 

casa rosada estabilización

Espero equivocarme de medio a medio pero veo un futuro sumamente complicado para nosotros los argentinos. Y no se trata de la pandemia en si que ya bastantes dolores de cabeza nos trae. Este es un tema en el que solo debieran opinar los entendidos en la materia, es decir,  inmunólogos, infectólogos y médicos de prestigio. En este sentido estimo de gran relevancia las consideraciones de los distinguidos médicos Pablo Bonvehí del CEMIC y Jorge Geffner de la UBA. En ambos casos sostienen la importancia del aislamiento para evitar contagios, aunque subrayan que todas las jurisdicciones de nuestro país no deben tener el mismo tratamiento por lo que sugieren aplicar el federalismo, es decir la descentralización, también en este plano.

Por su parte el doctor en medicina y parlamentario francés Claude Malhuert, después de fustigar con claridad y precisión a los detractores del liberalismo que sostuvo son consecuencia de prestarle más atención a Robespierre que a Tocqueville, propuso en esta instancia dejar de lado la cuarentena para el caso de Francia. En el  otro extremo de las recetas se encuentra el también doctor en medicina Anthony Fauci, asesor en temas de salud del actual gobierno estadounidense,  quien insiste en  mantener el aislamiento a contracorriente de lo que imprudentemente viene predicando el Presidente de ese país.

Entonces todo no se puede poner en la misma bolsa, depende de las circunstancias por las que se atraviesa pero, como queda dicho, siempre atendiendo a los entendidos y evitar el cotorreo por parte de quienes no conocen de medicina y mucho menos de pandemias.

Pero las preocupaciones de quien ahora escribe estas líneas van mucho más allá del problema de salud y se inscriben en la irresponsable y exponencial expansión monetaria, al tratamiento de nuevas cargas tributarias, al embate contra comerciantes, al tratamiento desaprensivo de la deuda, a las características de los nuevos nombramientos en el gobierno y el consiguiente incremento sideral en el gasto público, al pretendido manotazo a la Justicia, a la eliminación de la oficina correspondiente como querellante en causas de corrupción, a la idea antirepublicana de delegar el tratamiento del presupuesto en la jefatura de gabinete y a los siempre absurdos y contraproducentes controles de precios sobre lo cual me pronuncié en una  columna en este mismo medio.

En este contexto a pesar de mis inmensas simpatías por el liberalismo he sugerido en reiteradas oportunidades que estimo no es el momento de insistir en el establecimiento de un partido liberal puesto que estamos sumamente atrasados en la batalla cultural. Esto último lo ejemplifico con un sueco que desea  comunicarse en su idioma con una audiencia hispanoparlante para lo cual el primer requisito es que los receptores de su mensaje entiendan sueco, de lo contrario la parla será inútil. Eso ocurre desafortunadamente en nuestro medio, en general aun no se entiende de qué estamos hablando los liberales. Hay muchos deberes que debemos hacer proponiendo debates de fondo al efecto de correr el eje del debate que en su momento obligará a los políticos a modificar sus discursos.

No debe confundirse el plano político con el académico. Desde la tribuna el político debe hacer propuestas que la gente acepta y comprende. Hablarles en sueco no es conducente si la audiencia no entiende esa lengua. Nuestro país estaba a la vanguardia del mundo civilizado desde la promulgación de la Constitución liberal de 1853 hasta el derrumbe con la revolución fascista del 30 acentuado notablemente a partir del golpe militar del 43, una situación que mantenemos hasta nuestros días y que debemos revertir.

Considero que debe ofrecerse apoyo e iniciativas a la actual oposición que se ha constituido merced a la cantidad de personas que clamaron por mantener los principios republicanos esenciales y no como apoyo al fracaso estrepitoso del gobierno anterior. Fraccionar esa oposición no permitirá el espacio necesario y el tiempo que requiere la antes mencionada batalla cultural.

En resumen, espero equivocarme pero vislumbro revueltas de magnitud y esperpentos mayores a los que hemos vivido hasta el presente. Es imperioso apoyar a las fundaciones e instituciones actuales establecidas precisamente para dar esa batalla cultural. Hay que tener en cuenta el pensamiento del marxista Antonio Gramsci: “tomen la cultura y la educación, el resto se da por añadidura”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Se disparó fuerte la inflación en abril y asoma la híper

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 17/5/20 en: https://alejandrotagliavini.com/2020/05/17/se-disparo-fuerte-la-inflacion-en-abril-y-asoma-la-hiper/

 

Días atrás, la OCDE advertía que el crecimiento anual del IPC en los países desarrollados se desaceleró significativamente, cayó al 1,7% en marzo desde el 2,3% en febrero, “reflejo de la evaporación de la demanda” a medida que la represión de los gobiernos detuvo casi por completo la actividad.

El 11 de febrero escribí una nota (¿Por qué el dólar es la divisa con mejores expectativas a nivel global?) dónde decía que la moneda de mejor desempeño era el billete verde -el Dollar Index Spot (DXY:CUR) superaba los 98.84- ya que entonces “Los activos estadounidenses se benefician por los buenos datos”. Era inimaginable la draconiana represión a la actividad como método de los Estados para “combatir el coronavirus”.

Hoy, irónicamente, el dólar sigue siendo la estrella a pesar de que los datos son pésimos. Además de que el euro no resulta atractivo, entre otras cosas, porque el Banco Central Europeo ve con buenos ojos las tasas de interés negativas, la incertidumbre global provoca que los inversores busquen activos refugio. Así las cosas, hoy el DXY:CUR supera los 99.50.

Captura de pantalla (7)

 

Dan Kopf, por nombrar uno entre muchos analistas, dice que la suba del dólar es lo que evidencia el IPC de EE.UU. que disminuyó un -0,8% en abril, la mayor caída desde diciembre de 2008, acumulando en 2020 una baja del -0,2%. Ahora, Kopf aclara que el IPC intenta medir el cambio en el costo de una canasta típica, pero la cuarentena forzada está cambiando drásticamente los hábitos, por caso, no se compran autos ni gasolina ni van a restaurantes, “Eso significa que el IPC, no refleja la realidad de la inflación”, concluye coincidiendo con todos los analistas.

Entretanto el Indec anuncia con bombos y platillos que “la inflación” -la suba del IPC en rigor- de abril fue del 1,5%, la más baja en 30 meses, una fuerte caída comparada con la de marzo del 3,3%. De esta manera, la “inflación” interanual baja al 45,6%.

Pero esto se debe a los cambios en el consumo, a la recesión -los mayoristas pasan precios 40 y 50% superiores que los minoristas no trasladan o porque están cerrados o por la caída en las ventas-, a que los precios “regulados” bajaron -0,7% y a que las mediciones no se realizan en el campo dada la cuarentena, de haberlo hecho el resultado habría sido diferente: personalmente, algo más de un mes atrás compré huevos en un almacén de barrio y pagué $ 100 la docena, ayer pagué $ 160, ¡60% más en poco más de 30 días!

Y el gobierno y muchos analistas toman esto como un resultado alentador. Pero resulta que la inflación es el exceso de emisión, en tiempo real, sobre la demanda y eso desvaloriza el peso y, por ello, si bien es imposible calcularla con precisión, sin dudas su reflejo más realista es la cotización de una moneda marco en un mercado no distorsionado por intervenciones estatales: el blue.

Claro que en política -cortoplacista, ganar la popularidad hoy a costa del futuro- importa más el IPC, el problema es que la inflación más temprano que tarde se trasladará con fuerza a los precios o, mejor dicho, la depreciación del peso -la inflación- necesariamente se verá reflejada en el poder adquisitivo de los consumidores. Hoy quién viaje por el mundo encontrará que el sueldo promedio en argentina es de apenas ($ 75.000) US$ 600 al valor blue -el umbral de pobreza familiar en España es de US$ 630-, y menos si cambia, por ejemplo, en Montevideo donde el dólar cotiza a unos 165 pesos argentinos.

El blue, desde el 26 de febrero de 2015 ($ 13,26) hasta fines de 2019 ($ 77,90) aumentó 587% mientras la base monetaria creció 427% -y el IPC subió 452%- la diferencia puede atribuirse a una caída en la demanda monetaria. En lo que va del año, el blue sube (hasta $ 124) 70% y la base monetaria 39%, diferencia otra vez atribuible a la caída en la demanda monetaria. En abril, sube (hasta $ 117,80 desde 83,75) 41% y en lo que va de mayo (hasta $ 124) 15%

El BCRA ya emitió para auxiliar al Tesoro -acumulado en lo que va de 2020- $ 731.620 M, es decir, 132% más de lo girado el año pasado, equivalente al 2.4% del PBI versus el 2.5% de todo el 2019.

Captura de pantalla (2)Fuente: BCRA

Es decir que la emisión se acelera, entre otras cosas porque la recaudación cae estrepitosamente, -33% i.a. en términos reales, según el IARAF.

Captura de pantalla (8)

Y, consecuentemente, se acelera a una velocidad temeraria la brecha cambiaria entre el dólar oficial y los alternativos llegando el viernes al 103%  -aunque luego de momento bajó a 78%- nivel similar al que alcanzó en la hiperinflación del junio 1989, cuando los precios se dispararon 3.079% en un año. También, antes del Rodrigazo -el plan económico implementado en el 1975 que llevó a una fuerte devaluación y a una hiperinflación- la brecha se mantuvo entre 100 y 120% y luego de desatada la crisis tuvo picos de 370%.

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En algún momento el precio del blue se trasladará al IPC, aunque el gobierno porfía en que detendrá el aumento de los precios absorbiendo pesos en el futuro. Eso es no comprender que la inflación se da en tiempo real, de modo que absorber moneda más tarde no solo que no sirve, sino que contrae la demanda.

Ya la capacidad del BCRA de sostener el tipo de cambio oficial se complica y veremos qué pasa con las negociaciones por la deuda. Para Delphos Investment, la relación de circulante más depósitos totales (M2) sobre reservas brutas hoy arroja un precio del dólar oficial del orden de los $130.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Si la Argentina fuera una empresa ya le hubieran decretado la quiebra

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 19/5/2020 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/05/19/si-la-argentina-fuera-una-empresa-ya-le-hubieran-decretado-la-quiebra/

 

Algún abogado dirá que un país nunca quiebra porque no hay un juez que pueda ejecutar los activos del Estado, salvo en el caso argentino la Fragata Libertad o alguna otra cosa (Reuters)

Algún abogado dirá que un país nunca quiebra porque no hay un juez que pueda ejecutar los activos del Estado, salvo en el caso argentino la Fragata Libertad o alguna otra cosa (Reuters)

 

Si bien el Gobierno llamó a una convocatoria de acreedores para decirles que no puede pagarles los vencimientos del capital ni de los intereses, por un tiempo, los datos muestran que la oferta inicial de pago con quitas no será aceptada, con lo cual si no se llega a un acuerdo el juez estaría decretando la quiebra en poco tiempo más.

Algún abogado dirá que un país nunca quiebra porque no hay un juez que pueda ejecutar los activos del Estado, salvo en el caso argentino la Fragata Libertad o alguna otra cosa.

Pero lo que se plantea es que el Estado argentino con los activos corrientes que tiene no puede afrontar el pago de los pasivos del corriente año. El país no tiene caja, ni créditos a cobrar y tampoco activos líquidos de fácil liquidación para enfrentar los pagos de los intereses y del capital.

Frente a esta situación, el Gobierno llamó a una suerte de concurso de acreedores para presentarles una oferta de pago en el futuro. Si los acreedores no aceptan la propuesta, entonces, se dispondría el default, equivalente a la quiebra en el caso de una empresa.

En rigor, no va a haber ningún juez de algún estrado que decrete la quiebra de Argentina, pero será la gente la que la determine de hecho, a través de la decisión de dejar de invertir en el país, fugando sus capitales a otro país en donde no se confisque recurrentemente la riqueza que se genera, y se agrave la situación de pobreza de la mayor parte de la población.

Lo que los populistas llaman fuga de capitales, no es otra cosa que la búsqueda de invertir el fruto del trabajo honesto de la gente en países que les respeten su derecho de propiedad, en respuesta a la prohibición de compra de divisas. No le roban a nadie. Eso es lo que pretenden vender los populistas que se ponen mal porque esos activos quedan fuera del país.

Es curioso cómo los populistas gritan a vos en cuello: fuga de capitales. ¿Qué es eso? Que la gente desprecia la moneda que produce el BCRA y, con el fruto de su trabajo, neto de sus gastos, prefiere comprar dólares en vez de pesos. Así de fácil. Alguien produce un bien y con los pesos que le entrega el comprador, deduce los costos y si le queda algo compra la divisa.

El bien que produce, como su trabajo, es de su propiedad y por lo tanto los dólares que decide comprar son de su propiedad. Pero los populistas insisten con que son del Estado y no del dueño, del productor que vendió a cambio de los dólares.

¿Por qué semejante disparate? Porque en realidad no quieren que suba el tipo de cambio y quede en evidencia la mala calidad de la moneda que emite el Banco Central. Si la gente no quiere los pesos, entonces demanda dólares y encima muchos decide llevarlo al exterior para escapar del robo legalizado que implementan los políticos populistas. Es obvio que en ese caso el tipo de cambio va a subir reflejando la debilidad del peso.

Cuando un gobierno dice que los dólares son del Estado porque los necesita, lo que hace es confiscar parte del fruto del trabajo del sector privado. Un ejemplo sencillo: un productor de soja cobra, por cada dólar exportado $48,83, sin embargo el fruto de su trabajo indica que cada dólar que generó de riqueza cotiza en el mercado a $130. El Estado le confisca el 63 por ciento. Y, se pierde de vista que no es el país el que necesita los dólares para comprar los insumos para producir, sino las empresas porque ningún país que quiera desarrollarse se autoabastece plenamente de la producción nacional.

El problema es que como el BCRA produce una mercadería moneda de mala calidad que nadie quiere, todos la venden a cambio de una moneda en la que confían, que es el dólar. Y lo que quiere el Estado es que el dólar para importar sea artificialmente barato para esconder el mayor costo de producción derivado de la depreciación del peso.

Larga historia de incumplimientos

Ahora bien, ¿por qué Argentina va a la quiebra? En primer lugar porque difícilmente los acreedores le acepten plenamente la propuesta de recorte de intereses y de capital. Pero lo que es más grave, no genera la riqueza necesaria como para que los ingresos fiscales futuros permitan generar el superávit primario requerido para poder honrar el nuevo perfil de vencimientos de la deuda pública.

El Estado no genera hoy la riqueza necesaria como para que los ingresos fiscales futuros permitan generar el superávit primario requerido para poder honrar el nuevo perfil de vencimientos de la deuda pública

El Estado no genera hoy la riqueza necesaria como para que los ingresos fiscales futuros permitan generar el superávit primario requerido para poder honrar el nuevo perfil de vencimientos de la deuda pública

Esto de no poder pagar la deuda y entrar en default no es nuevo. De acuerdo a los cálculos que hizo Nicolás Cachanosky, Argentina estuvo en default el 40% del tiempo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. ¿Por qué? Porque, en primer lugar, el Estado gasta más de lo que recauda. La diferencia la cubre con endeudamiento. Pero no toma deuda para reestructurar el país, sino que lo hace en general para consumir vía populismo e incentivar a la gente a no producir. Es como si el jefe del hogar consume con la tarjeta de crédito, no trabaja y cuando del banco lo llaman para cobrar lo que debe, acusa al banco de buitre.

Aunque también es bueno reconocer que los que administran fondos de inversión compran con la plata de sus inversores bonos de países que claramente no pueden pagar la deuda que están contrayendo. Esos administradores cobran su bonus a fin de año y luego se van a hacer otro trabajo.

De ahí que también en parte del sector privado se observa un alto grado de irresponsabilidad, lo que no quiere decir que los gobiernos argentinos, uno detrás de otro, gaste más de los que le ingresa, se endeude y luego se haga el enojado diciendo que no paga. Si en los fondos de inversión hay irresponsables invirtiendo los ahorros de los inversores, eso no quiere decir que los gobernantes argentinos no aprovechan esa irresponsabilidad para ser ellos también irresponsables y asumir compromisos que luego no podrán honrar.

Por momentos esto de la deuda de Argentina deja en evidencia que es un juego de tahúres. En el medio está la gente que los vota para que se endeuden, en esta competencia populista en que se convirtió la democracia, por esa cultura de la dádiva que impera en el país.

Lo concreto es que el Estado no solo no genera los ingresos suficientes para poder pagar la deuda ni los intereses, tampoco tiene activos para cancelar esos pasivos y, lo que es peor, no tiene un plan económico consistente que haga pensar que en el futuro podrá pagar el capital y los intereses de la deuda pública.

Si la economía argentina no crece, no hay posibilidad alguna de poder pagar los intereses de la deuda. Para crecer, no solo hace falta tener un plan económico consistente, también se requiere de ser consistentes con la calidad institucional a lo largo del tiempo.

Para captar inversiones hace falta ser serios en lo institucional y la realidad es que la dirigencia política argentina no es, en líneas generales, seria, ni preparada. Los políticos argentinos son habilidosos para ganar elecciones, pero son incompetentes para hacer crecer el país. Su ambición por permanecer en el poder los lleva a hacer populismo. Y si no es por ambición de poder, es por incapacidad que hacen populismo.

La Argentina es como una empresa que no tiene un problema financiero de carácter transitorio, sino administradores, la dirigencia política, que la condujo a la quiebra. El Estado no solo tiene más pasivos que activos, sino que, además, tiene un flujo horrible de ingresos versus egresos, fruto del populismo.

El populismo destruyó las finanzas del país, pero sobre todo las instituciones básicas para atraer inversiones y crecer, y por tanto disparó la pobreza hasta niveles insospechados. De ahí que, mientras siga imperando esta filosofía populista, todo debate sobre cómo negociar el pago de la deuda pasa a ser absolutamente irrelevante.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

El impuesto y la distribución de la riqueza

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  http://www.accionhumana.com/2020/05/el-impuesto-y-la-distribucion-de-la.html

 

Las sociedades antiguas estaban divididas en su mayoría en castas o clases sociales, y se impedía férreamente pasar de una casta a la otra y todo ello por disposición de las leyes dictadas por los gobernantes y no por los “ricos” en abstracto. Todo eso aseguraba a los líderes políticos el poder económico, impidiendo a las castas inferiores subir de peldaño. El nacimiento dentro de una determinada casta o clase determinaba toda la vida económicamente, y así, era posible de antemano saber quién viviría como rico y quien como pobre. Situaciones todas estas que recién terminan con el advenimiento del capitalismo en el siglo XVIII, primero en Inglaterra y luego en Europa y Estados Unidos.

“Contrariamente, existieron épocas en que los favorecidos de la fortuna y del favor del gobernante, estaban eximidos de costear los gastos de la administración pública, como un privilegio graciosamente otorgado por los autócratas y así, mientras la clase alta por privilegio, y la baja, por carencia de bienes, no contribuían a las cargas fiscales,, hete ahí que un sector generalmente pequeño de clase media, era el único que trabajaba empeñosamente para que el socio gratuito que poseía, el Estado, se quedara con la mayor parte del fruto de sus esfuerzos.”[1]

Eran favorecidos de la fortuna, porque -primero- habían sido favorecidos del favoritismo del gobernante. En la cita se invierten “los términos de la ecuación”. Pero ese privilegio que otorgaba el gobernante no era gratuito como parece presumir el autor. Toda prerrogativa siempre era concedida a cambio de otra cosa, y no por simples simpatías que podía haberlas, pero eran excepcionales.

Con todo, es cierto que existieron esas épocas, tal como sucede en la actual, sólo que la nobleza ha sido reemplazada por empresarios prebendarios y allegados al partido político al mando, que consiguen beneficios del poder de turno, aun así, son pocos. Pero nadie de salva de tributar, porque el gobierno tiene hoy más herramientas que ayer para conseguir que nadie escape al impuesto. Simplemente, el impuesto reviste actualmente formas tan variadas y diferentes a las que tenía en la antigüedad que la mayoría de las veces pasan inadvertidas. Pensemos, por ejemplo, en la inflación, el tributito -quizás- más letal de todos, al presente ampliamente utilizado por la mayoría de los gobiernos mundiales. Impuesto que no es nuevo, ya lo practicaban los gobiernos de la antigüedad, circunstancia que parece que el autor ignora.

Es cierto que en este momento hay una elite que no tributa (al menos directamente que no indirectamente) pero ella pertenece casi con exclusividad al elenco gobernante que -comparativamente- es muy reducida al resto de la población. Lo que ha cambiado es el tamaño de la mal llamada “clase media” que actualmente es mayor a la de las dos “clases” restantes (“alta” y “baja”).

En el presente, el gobierno (“estado” para el autor) es socio gratuito de todas las “clases sociales”, si es que puede hablarse de tal cosa como de “clase social”, dado que en el capitalismo no existen “clases sociales” sino individuos.

“Este problema de hacer incidir la carga fiscal sobre el mayor número de habitantes, de modo que aquellos que más poseen afronten las mayores responsabilidades, pero sin excluir a los que poseen poco, constituye una de las ciencias más sutiles de las finanzas modernas y puede decirse que en ello radica la felicidad de los regímenes políticos y de sus habitantes.”[2]

Un párrafo pletórico de ignorancia es el de arriba. Toda carga fiscal alcanza indefectiblemente a todos los que viven en el lugar donde la ley impositiva ha sido dictada, por lo tantas veces dicho: el impuesto descapitaliza, ataca el ahorro, desalienta la producción, reduce los salarios reales y -consiguientemente- aumenta la cuota de pobreza. Cuanto más se les quita a los que más poseen más pobres se vuelven los que nada poseen. Los que tienen poco podrán no pagar directamente, pero lo harán indirectamente vía un menor consumo, por un doble factor: el impuesto al aumentar los costos de producción, reducirá la oferta de bienes, además de mermar el poder adquisitivo de los salarios más bajos. El jurista ignorante de la economía no puede advertirlo. Sencillamente no lo ha estudiado. Y por ello, se limita a repetir el dogma socialista. Las finanzas “modernas” difieren poco de las antiguas en cuanto a sus métodos, y en cuanto a sus fines lar arcas estatales son infinitamente más ricas que las antiguas.

“Pero digamos que la distribución del impuesto no se limita a esto: a subvenir más o menos científica y cuerdamente las necesidades del Estado, sino que cumple una altísima función de equilibrio al tomar intervención, de una manera indirecta por cierto, en la distribución de la riqueza de los habitantes. Esta es quizá la misión trascendental que el legislador asume, restringiendo las excesivas utilidades de algunos en beneficio de todos, limitando a cierto máximo las posibilidades de beneficiarse integralmente con el producto de las especulaciones que cada persona asume según su capacidad, el monto de su fortuna, la cuantía de los negocios y hasta el factor del azar.”[3]

Sigue el ignorante en economía haciendo, con absoluto desparpajo, exhibición de su ignorancia supina en temas económicos. No cuestiona el impuesto sino su distribución, cuando el problema no es esta sino la existencia misma del tributo. Habla -otra vez- de “necesidades” del “estado” cuando ya demostramos antes que esto es un mito, o dos mitos en realidad; el primer mito es el “estado” como ente vivo y orgánico con “inteligencia” y “voluntad” propias (a lo que ahora le agrega “cordura”), y el segundo es que, algo que no existe en el mundo físico pueda tener “necesidades”. Es decir, este autor construye frases en torno a una mitología.

Ignora, por tanto, que la distribución de la riqueza no es función del “estado” sino del mercado, y que es este y no el gobierno el que cumple dicha actividad equilibradamente, conforme a sus propias leyes económicas, que difieren de las leyes que dicta el burócrata.

[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

[3] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Los números que explican los beneficios del libre comercio

Por Martín Krause. Publicado el 7/5/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/05/07/los-numeros-que-explican-los-beneficios-del-libre-comercio/

 

Hay frases que dicen muchas cosas. El canciller Felipe Solá dijo una de esas: “Los que piden tratados de libre comercio del Mercosur con otros países no pueden destacar un solo beneficio para el trabajo argentino. Su posición es ideológica: el libre comercio siempre será mejor por definición”.

Vamos por partes. Al demandar que se presente, aunque sea, un beneficio del libre comercio el canciller manifiesta que evalúa el tema en relación a sus consecuencias, al resultado. El libre comercio puede defenderse desde otra perspectiva: que se trata de un derecho. Tomemos a esos trabajadores argentinos que menciona en la frase. ¿Tienen derecho a disponer de su ingreso como les parezca apropiado? ¿Pueden decidir si lo van a gastar comprando a alguien del barrio, o de otra provincia, o del Uruguay, o de México, o de Noruega y Finlandia, que tanto le gustan al Presidente?

No es esa la visión del canciller, pero es la que defienden en otros ámbitos. ¿Acaso no plantean también que las personas tienen “derecho” a un cierto ingreso sin tomar en cuenta las consecuencias? Que tienen un derecho a la ayuda del Estado aunque este no tenga recursos, aunque emita para pagarlos, aunque genere más inflación que deteriora esos mismos recursos, aunque desafíe la hiperinflación. Esas parecen ser cuestiones de “derechos”, y no de consecuencias. Entonces, ¿cuándo tomamos en cuenta derechos y cuándo resultados?

Respecto a si el libre comercio siempre será mejor por definición, eso es correcto, pero no es una posición “ideológica”, que implica “sesgada”, sino una posición “científica”. Es lo que señala la ciencia económica desde que David Ricardo desarrollara la teoría de las ventajas comparativas en su famoso texto de 1817. No es una teoría que se haya mantenido inalterada, sin embargo. La “revolución” que implicó considerar al valor como algo subjetivo llevó a la reformulación de esta teoría en base al costo de oportunidad por Gottfried Haberler en 1930 y en las décadas recientes ha avanzado desde analizar las ventajas comparativas de países, a las de industrias y a las de empresas, con aportes, entre otros, de Paul Krugman, que le valieran el premio Nobel, no sus artículos en el New York Times.

Es que esa “ley” económica no es más que parte de la llamada Ley de Asociación, según la cual a cada uno de nosotros nos conviene dedicarnos a algo y luego comprar lo que necesitemos de los demás. Ya Adam Smith señalaba que no nos parecería lógico que un padre de familia intentara producir desde el alimento que le va a dar a sus hijos, pasando por su ropa, sus libros y cuadernos para el colegio hasta sus vacunas o tratamiento dental. Y lo que es razonable para una familia no deja de serlo para un “reino”.

Supongo que el Canciller querrá seguir a quienes han desafiado estas teorías, aceptadas por el 95% de los economistas según encuestas entre ellos. No hace mucho, George Mankiw, director del Departamento de Economía de Harvard, volvía a hacer referencia a esto señalando que “pocas proposiciones logran tanto consenso entre los economistas profesionales como que el comercio global abierto incrementa el crecimiento económico y los estándares de vida”.

Los países que se han abierto al comercio internacional han mejorado consistentemente su nivel de ingresos y diversificado su comercio internacional. Así, por ejemplo, los dos países con menores barreras al comercio son Singapur y Hong Kong. En el primer caso el ingreso per cápita era de 3.503 dólares en 1960, según el Banco Mundial, y ahora es $ 58.247; para Hong Kong de $3.380 a $38.781 en el mismo lapso.

Son muy distintos a Argentina, se dirá. Veamos uno un poco más parecido en cuanto a recursos, Nueva Zelanda, que está en el tercer lugar como economía más abierta. Pasó de $20.973 en 1970, cuando decidió abrir su economía, a $37.797 ahora. Australia es mucho más parecido a nosotros en cuanto a recursos disponibles, se encuentra en el puesto 17° y su ingreso per cápita pasó de $19.378 en 1960 a $ 56.842 ahora. Canadá también tiene recursos parecidos, y está en el puesto 10° de apertura comercial y con un cambio de $16.449 en 1960 a $51.391 ahora. Mientras tanto Argentina está en el puesto 71° de apertura comercial y nuestro ingreso ha crecido de $5.642 en 1960 a $10.043 en 2018.

Nótese que en el caso del país más abierto, Singapur, el ingreso per cápita se multiplicó 16,6 veces; en Hong Kong 11,4 veces; en Australia 2,93 veces; en Canadá 3,12 veces, mientras que en Argentina creció 1,78 veces en el mismo período.

Si queremos tomar algunos ejemplos más cercanos, Chile pasó de un ingreso per cápita de $4.465 en 1983 cuando comenzó a abrir su economía, a $15.130 en 2018, unas 3,38 veces. Como siempre se dirá que fue una dictadura aunque el proceso continuó y se aceleró en gobiernos posteriores. Si no es ese podemos ver el caso de Perú, que inició sus reformas en los 90s, es el primero en la región en cuanto a apertura comercial y vio crecer su ingreso de $2.589 en 1992 a $6.453 en 2018, 2,49 veces en 25 años.

¿Podrán destacarse estos resultados como los “beneficios” que el Canciller dice nadie puede mostrar? No hay ninguna ideología acá, lo que hay es teoría confirmada por los hechos. Ideología puede ser la del Canciller, que le impide ver los resultados.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause

Solidaridad con los pobres

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2020/05/solidaridad-con-los-pobres.html

 

Se dice permanentemente que tenemos que ser “solidarios” con los pobres. Pero raramente o nunca quienes eso pregonan (socialdemócratas, populistas, socialistas, izquierdistas, progresistas, etc.) nos aclaran qué significa la palabra solidaridad. En consecuencia, debemos acudir al diccionario para encontrar su verdadero significado.

Y allí el diccionario nos define:

solidaridad[1]

(De solidario).

  1. f. Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros.

Siendo así lo que se nos solicita, entonces, es adherir circunstancialmente a la causa o empresa de los pobres. Es decir, convertimos en uno de ellos, o convertirnos todos en todos ellos.

En realidad, el reclamo se dirige hacia los ricos, que es a quienes se les pide -en consecuencia- que se empobrezcan entregando parte de sus riquezas a los pobres. Pero el problema consiste en que si los ricos entregan parte o toda de su riqueza a los pobres los ricos se empobrecen en la misma medida en que los pobres se enriquecen. Entonces, para seguir cumpliendo la regla de la solidaridad, debería ahora procederse al revés: los nuevos ricos (antes pobres) deberían devolver parte o toda de la riqueza recibida de los antes ricos y ahora pobres a estos.

Todo parece indicar que, siguiendo este círculo vicioso, no se resolvería nunca el problema de la pobreza, simplemente, pobres y ricos cambiarían sus roles perpetuamente, en una suerte de ciclo sin fin.

Evidentemente entonces, la solidaridad no soluciona el tema de la pobreza, sino que escuetamente la va trasfiriendo de unos grupos a otros, quienes van girando sus rótulos, conforme reciban o pierdan riqueza.

No interesa si los ricos dieran su riqueza espontáneamente, o sean despojados por el gobierno mediante impuestos y otras confiscaciones haciéndolo por ellos, porque -en dicho caso- el dilema se le plantearia al gobierno y no a los actores directos de dicho circulo vicioso.

El sentido común (comprendiendo el significado de la solidaridad) tendría que decirles a esos grupos progresistas, izquierdistas, populistas, socialdemócratas, etc. que ese no es el camino si lo que quieren -en realidad- es reducir y suprimir la pobreza.

La solución no es empobrecer a los ricos para enriquecer a los pobres sino -y desde el punto de vista liberal capitalista- la única solución pasa por la creación de riqueza para todos, o sea, mutar el juego de suma cero de la solidaridad por el juego de suma positiva para todos. El único sistema que ha hecho esto en la historia -y lo sigue haciendo allí donde se le permite actuar (muy pocos lugares, por cierto)- es el capitalismo. Ninguno de los demás procedimientos ensayados en la historia, y los que se practican ahora en casi todos los países, ha podido suplantarlo en esa función de enriquecer a todos sin distinción de grupos sociales o de personas particulares.

Entonces, lo que se necesita para reducir y eliminar la pobreza no es solidaridad sino anti-solidaridad, por muy paradójico que parezca.

Pero si se quiere insistir en el término solidaridad cuyo uso es impropio, entonces habrá que convenir que el sistema más solidario para reducir la pobreza y eliminarla fue y es el capitalismo. No es cuestión de entrar a discutir términos, sino de analizar datos y tener conceptos claros de cómo se llaman cada una de las cosas.

El capitalismo es un mecanismo de producción en masa para las masas como lo definió el fenomenal Ludwig von Mises. Si por solidaridad se entienden más bienes y servicios para los pobres, entonces tenemos que concluir que el capitalismo fue y es el sistema más solidario del mundo, porque es el único que provee masivamente alimento, calzado, vestido, habitación y demás objetos del confort para todos. Claro que no en forma igual, porque todos somos desiguales, y no todos producimos lo mismo, pero lo importante no es la igualdad, sino que cada uno en lo suyo pueda adquirir y consumir más. Solo el capitalismo logra esto último.

Lo que, si es cierto y observable, es que todos los que pregonan “solidaridad” con los pobres nunca lo son personalmente con ellos. Demandan que los “otros” sean solidarios. Y los socialistas/izquierdistas más ricos son los menos solidarios de todos, porque exigen que sean los ricos no-izquierdistas o anti socialistas los solidarios.

Aquí hay que reiterar que el rico no siempre adquiere su riqueza por vías capitalistas. Rico y capitalista no son sinónimos. La riqueza siempre la produce el capitalismo, pero los ricos no se hacen ricos solamente produciéndola sino que muchos ricos lo son porque requieren auxilio a los gobiernos para que expropie la riqueza de los verdaderos capitalistas que producen, y se la entreguen a los otros que se enriquecen meramente porque adhieren a una ideología, político o partido político determinado que -llegado al poder- tiene los instrumentales necesarios para expoliar y confiscar la riqueza producida por los verdaderos capitalistas. Esto es importante tenerlo en claro, porque el vulgo ignorante confunde -sin más- rico con capitalista, cuando no siempre coinciden uno y otro.

Muchas “empresas” y pseudo “empresarios” cimentaron sus “fortunas” al amparo y abrigo de los gobiernos que les concedieron patentes o monopolios exclusivos para esto o aquello otro; que buscaron el calor del poder político de turno, desplazando a los productores.

Pero también es verdad que todo el que trabaja es un capitalista, la mayoría de las veces sin saberlo como ya hemos tenido oportunidad de explicarlo antes[2], porque para producir cualquier cosa tenemos que utilizar herramientas que son bienes de capital, ya que sirven para generar otros bienes. Desde el momento que usamos esas herramientas estamos empleando bienes de capital, y un capitalista es quien usa bienes de capital. En tal sentido, el trabajo es un bien de capital, y el trabajador un capitalista. Sin embargo, al no saberlo ese trabajador puede adherir a ideas socialistas, populistas, progresistas, etc. haciéndolo incurrir en error acerca de su verdadera condición (capitalista).

Si el trabajador es un capitalista y la mayoría de ellos no lo sabe ¿por qué deberá sorprendernos que haya empresarios que tampoco sepan que hacen su riqueza a través de métodos capitalistas que -por ende- los convierte en capitalistas? Aunque ideológicamente adhieran al socialismo y nieguen que su riqueza la formen gracias al capitalismo, la ideología que profesen no los hace menos capitalistas.

[1] Real Academia Española © Todos los derechos reservados.

[2] Ver nuestra nota ¿”Qué” es ser un capitalista? En http://www.accionhumana.com/2014/05/que-es-un-capitalista.html

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

El “fundamento” económico del impuesto

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2020/05/el-fundamento-economico-del-impuesto.html

 

El impuesto es siempre una confiscación mal que les pese a los juristas y -en particular- a los tributaristas, porque viola la propiedad privada, pero no sólo esta, sino que -además y por, sobre todo- la libre voluntad del obligado al pago.

No existe tampoco ningún “mandato de la colectividad ejercitado por medio de sus representantes legales y que importa la decisión colectiva de hacer entrega al Estado de la parte alícuota del patrimonio particular” salvo en un sentido romántico e idealista de la democracia. Pero, en su significado realista ese mandato es el de una mayoría sobre una minoría que es, en esencia, lo que constituye la base del sistema democrático (el gobierno de una mayoría sobre una minoría) excepto en el raro caso de un resultado por unanimidad.

Pero aun en caso de unanimidad hay derechos que no son votables. El derecho a la vida no puede ser objeto de votación y nadie -ni en democracia o fuera de ella- puede desconocerlo. Si una unanimidad parlamentaria decidiera que los blancos pueden -de aquí en más- esclavizar a los negros (o viceversa) tal ley seria nula por violar el derecho natural. De la misma manera, ninguna unanimidad democrática puede arrogarse derechos sobre lo que es propiedad de otros. Estas cosas no son fruto de elección colectiva, ni de decisión siquiera. La propiedad privada es un hecho que el derecho simplemente se limita a reconocer protegiéndolo. Si democráticamente se decidiera suprimirlo sería imposible, porque implicaría que lo que es de todos no es de nadie, apareciendo “la tragedia de los comunes” explicada por Garret Hardin. Involucraría volver a “la ley de la selva” del “todos contra todos”, disputándose todos, la propiedad exclusiva de las cosas. La civilización es posible gracias al reconocimiento del derecho de propiedad. La barbarie es el resultado de su desconocimiento. Estos derechos -entonces- están mucho más allá de las elecciones y votaciones parlamentarias.

Si el gobierno fuera una necesidad real de la gente no sería necesaria compulsión alguna contra ella para crearlo y sostenerlo económicamente. Lo seria voluntariamente.

“En punto al fundamento económico del impuesto, no existe razón más valedera que la necesidad de mantener al Estado, y la consiguiente exigencia de que todo el mundo brinde su aporte al respecto. De otro modo, probablemente ocurriría el dramático vaticinio de Stuart Mill: “En ausencia de todo gobierno, los fuertes, los ricos, veríanse obligados a protegerse recíprocamente; pero los débiles, los pobres, no podrían escapar a la esclavitud”.”[1]

Sucede que el vaticinio de Stuart Mill se cumplió con los gobiernos incluidos, con los cuales todos, ricos y pobres se han visto reducidos a la esclavitud gubernamental. No era algo difícil de vaticinar: ya estaba ocurriendo en su época, y había sucedido antes de la suya. La fortaleza de los ricos pasó a los gobiernos, volviéndose ricos estos y reduciendo a los antes ricos a la debilidad de la pobreza, excepto en aquellos casos en la que los ricos entraron en alianzas espurias con los gobiernos para obtener ventajas de parte de este. Hoy en día, ricos y pobres se encuentran obligados a protegerse del gobierno cuando tendría que ser al revés. La cita anterior no tuvo en cuenta que basta una ley del gobierno que decrete que los ricos deben entregar su fortuna al poder de turno para que su antigua riqueza pase a ser solo un melancólico recuerdo y su despojo una triste realidad presente. La fuerza la tiene el que hace la ley y la ejecuta. Y eso solo lo pueden hacer los gobiernos, no los ricos.

Véase la contradicción del autor analizado cuando cita a Mill (con quien acuerda) comparado con sus primeras reflexiones sobre los gobiernos de la antigüedad (Egipto, Grecia, Roma, etc..) de los que decía que reducían a la miseria a sus pueblos sin distinción de fortunas. Egipcios, griegos, romanos, etc. no eran pueblos sin gobiernos. Lo que dice Mill era lo que ocurría con los gobiernos antiguos y modernos. Los gobiernos no evitan la esclavitud, sino que esclavizan a sus súbditos apenas tienen la oportunidad de hacerlo. La esclavitud no aparece por la ausencia de gobierno sino por su exceso. En realidad, la esclavitud sólo ha aparecido en aquellos lugares donde primero brotaron los gobiernos.

En consecuencia, el “fundamento económico del impuesto” que da el autor no es tal.

“Es verdad que, a través de los tiempos, varió el carácter de la gravitación del impuesto sobre los diversos factores que incluyen a la sociedad: los magnates, los poderosos, los ricos, los pobres, los totalmente desheredados de fortuna. Es obvio que en los casos de pobres y desamparados, no se debían construir doctrinas jurídico-filosóficas para justificar su exoneración de impuestos. Los hechos de su propia impotencia para hacer frente a cualquier carga fiscal, los colocaban al margen. Pero existían modos muy violentos para hacer que tampoco los absolutamente despojados de bienes materiales se excluyeran de la obligación de contribuir al sostén del Estado y entre ellos, el más conocido, fue la reducción a la esclavitud, al trabajo forzoso, para que, de esta manera, solventara sus deberes.”[2]

En realidad, raro es encontrar alguna época en el curso de la historia en que los gobiernos de cualquier signo que fueran excluyesen a alguien de la obligación de tributar en función de su escasa o amplia fortuna. Mas allá de las elucubraciones jurídicas que hace la cita, en el mundo real todos los gobernantes sometían a todos sus súbditos a la obligación de tributar. Recordemos que el mismo autor que estamos comentando comenzó su artículo exponiendo varios casos de lo dicho. Es más, los pobres eran el resultado directo del impuesto, que reduce la capitalización y -por lo tanto- la riqueza existente. No eran pobres por algún infortunio natural, sino que la causa de su pobreza era el impuesto, aspecto que los juristas -en general- desconocen por su falta de formación económica, lo que es palmario en el autor que analizamos ahora.

Si bien la pobreza es la condición natural del hombre, la riqueza en el pasado reconoce una historia de desfalcos y apropiaciones, cuyos autores eran los fuertes que eran -coincidentemente- los que ejercían el gobierno. Y es por esto que eran ricos, no porque compitieran en un mercado libre de regulaciones estatales, cosa que en no existió hasta bien entrado el siglo XVIII, y en forma germinal. Los ricos del pasado -como hoy- eran los gobernantes, sólo que actualmente se enriquecen de manera algo más sofisticada y menos brutal.

[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

De cómo los argentinos pobres financian a Boeing

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 5/5/20 en: https://www.ambito.com/opiniones/de-como-los-argentinos-pobres-financian-boeing-n5100212

El dólar tiene una gran demanda global y eso absorbe inflación. Y entre los demandantes están los argentinos cada vez más incentivados por el Gobierno. Boeing, en el medio.
De cómo los argentinos pobres financian a Boeing

Twitter @BoeingAirplanes
Dos meses atrás Boeing Co. (NYSE:BA) fue a Washington a pedir un rescate de u$s60.000 M para sí y sus proveedores. Había gastado mucho en recompras de acciones mientras se recuperaba del desastre del 737 Max y cuando recién empiezan los efectos de la represión del mercado aerocomercial por parte de los gobiernos.

Pero la decisión de la Fed de utilizar su balance casi ilimitado -en dos meses, creció hasta un récord equivalente al 30% de la economía del país- aumentó tanto la liquidez del mercado, aun cuando aún no ha gastado un dólar en su programa de deuda corporativa que, finalmente, Boeing, luego de publicar sus ganancias trimestrales el 29 de abril, recaudó u$s25.000 M de inversores privados y retiró su solicitud de rescate. Muchas compañías han hecho lo mismo, dijo el presidente de la Fed.

BA el jueves pasado esperaba recaudar hasta u$s15.000 M vendiendo bonos cuyos vencimientos se extienden hasta 40 años, incluyendo disposiciones que aumentarán la tasa pagada si las calificaciones crediticias se reducen a basura. BA tiene una calificación BBB- de S&P Global Ratings, el grado de inversión más bajo. La demanda superó los u$s70.000 M, y Boeing estableció el corte en u$s25.000 M, la mayor venta de bonos corporativos del año en EE.UU. y la sexta más grande registrada.

En rigor, Boeing nunca estuvo en peligro inminente, tenía u$s15.500 M en efectivo a fines de marzo, pero es grande la preocupación por el daño a largo plazo. Con todo, la compañía aún tendrá que reducir 16.000 empleos para adaptarse a un mercado achicado.

Ahora, cómo es que EE.UU. se da el lujo de regalar dinero a dos manos y la inflación no se desmadra. Para entenderlo, hay que llamar inflación a la inflación -valga la redundancia- y no al aumento del IPC que, aunque está muy relacionado, es independiente. La inflación es el exceso de emisión en tiempo real respecto de la demanda, entonces, la moneda se desvaloriza.

Pero el dólar tiene una gran demanda global y eso absorbe inflación. Y entre los demandantes están los argentinos cada vez más incentivados por el Gobierno. Los políticos no entienden un principio filosófico básico: que la violencia destruye, es decir, toda represión policial al mercado logrará el efecto contrario.

Los pesos en circulación se expanden al 70% anual. Si el IPC no se dispara se debe a que la recesión no da para aumentar precios. Pero esto no mide la inflación, un mucho mejor medidor es el blue -porque muestra la desvalorización del peso- que se replicará en los precios ya que siempre se termina en una devaluación oficial, con esta o la próxima administración. Entretanto el Gobierno restringe cada vez más la compra de dólares logrando que más gente se vuelque al blue, es decir, que disminuya la demanda de pesos acelerando la inflación.

Por caso, las escrituras cayeron 49,1% i.a. en marzo, el vigésimo segundo mes de retroceso en la CABA. Y va para peor. Pero antes, cerrar operaciones ya era difícil dadas las restricciones a la compraventa de dólares. Así se desincentivan inversiones tradicionales como es el ladrillo para volcarlas al blue.

Con el objetivo de reconstruir el mercado de deuda en pesos y quitarle presión al dólar, entre varias medidas, la CNV limitó las disponibilidades en dólares de los FCI en pesos al 25% de su patrimonio. Luego dispuso que los fondos en moneda local tienen que invertir el 75% de su cartera en títulos en pesos. Así unos u$s1000 M de inversores que pretendían dolarizarse, se desviarían al blue.

Por cierto, los bonos en pesos resultaron una de las mejores inversiones de marzo porque el Gobierno no dejó de pagarlos. De hecho, arrancaron con paridades de 30% y los que vencieron este año llegaron al 100%. En tanto que los que se canjearon al año que viene ya subieron al 70% y 80%. Este viernes vence el plazo dado a los acreedores en dólares y si hubiera algún acuerdo, se reduciría el miedo a quedarse en pesos, al evitarse el default, bajando la presión sobre el dólar.

Para incentivar, aún más, la migración al blue, ahora solo los bancos y casas de cambio podrán realizar operaciones de compra venta de dólares, así, por caso, se les quita la licencia a las agencias online y, que siga el baile, este fin de semana se estableció el “cepo ultrahard”.

Sea como sea, los compradores de dólares absorben la inflación que de otra manera ocurriría en EE.UU. por culpa de lo que la Fed regala o induce hacia las empresas. Pero más pagan los pobres porque, como no compran blue, pagan la inflación real del peso, que tarde o temprano se trasladará a los precios locales, y pagan la inflación del blue.

Por cierto, la UCA ya estima la pobreza en el 45% con lo que el umbral del 50% se sobrepasará pronto. En términos reales, los salarios cayeron un 15% durante la era Macri hasta hoy y ahora se suma una reducción del 25% por las suspensiones que comprenderían a más de un millón de trabajadores.

Un 50% de los trabajadores registrados privados –unos 3 M- gana neto menos de $45.000. Así, los suspendidos perforarán la línea de pobreza valuada a marzo -cuando la canasta básica subió 3%- en $41.994 para familia tipo, sin alquiler. También ingresarían en la pobreza, el Jefe de Hogar con un hijo ya que, según la edad del hijo, la canasta se ubica entre los $35.000 y 39.000, sin alquiler. Y quedan por sumar, los no registrados cuya reducción salarial es mayor y los cuentapropistas que, por la cuarentena, se quedaron sin nada.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini