El sorprendente enigma chileno

Por Mario Vargas Llosa. Publicado el 4/11/19 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-sorprendente-enigma-chileno-nid2303300

 

La revuelta chilena está más cerca de la de los “chalecos amarillos” franceses que de la de los indígenas ecuatorianos; el desafío es la desigualdad

Dentro de la catastrófica quincena que ha sido esta para América Latina -derrota de Macri y retorno del peronismo con la señora Kirchner en la Argentina, fraude escandaloso en las elecciones bolivianas que permitirán al demagogo Evo Morales eternizarse en el poder, agitaciones revolucionarias de los indígenas en Ecuador-, hay un hecho misterioso y sorprendente que me niego a emparentar con los mencionados: la violenta explosión social en Chile contra el alza de los boletos del metro, los saqueos y devastaciones, los veinte muertos, los millares de presos y, por último, la manifestación de un millón de personas en las calles protestando contra el gobierno de Sebastián Piñera.

¿Por qué misterioso y sorprendente? Por una razón muy objetiva: Chile es el único país latinoamericano que ha dado una batalla efectiva contra el subdesarrollo y crecido en estos años de manera asombrosa. Aunque sé que los informes internacionales no conmueven a nadie, recordemos que la renta per cápita chilena es de 15.000 dólares anuales (y en poder adquisitivo es de 23.000 dólares, según organismos como el Banco Mundial). Chile ha acabado con la pobreza extrema y en ninguna otra nación latinoamericana han pasado a formar parte de las clases medias tantos sectores populares. Goza de pleno empleo, y las inversiones extranjeras y el desarrollo notable de su empresariado y sus técnicos han hecho que sus niveles de vida suban velozmente, dejando muy atrás al resto de los países del continente. El año pasado yo viajé por el interior chileno y me quedé maravillado de ver el progreso que se manifestaba por doquier: los pueblos olvidados de hace treinta años son hoy ciudades pujantes, modernas y con muy altos niveles de vida teniendo en cuenta los estándares del Tercer Mundo.

Continúan las protestas en Chile
Continúan las protestas en Chile Fuente: AFP - Crédito: Claudio Reyes

Por eso Chile ya casi ha dejado de ser un país subdesarrollado; está mucho más cerca del Primer Mundo que del tercero. Esto no se debe a la dictadura feroz del general Pinochet; se debe al resultado del referéndum de hace 31 años con el que el pueblo chileno puso punto final a la dictadura (y en el que, por lo demás, Piñera hizo campaña contra Pinochet) y al consenso entre la izquierda y la derecha para mantener una política económica que ha traído gigantescos progresos al país. En 29 años de democracia la derecha apenas ha gobernado cinco años y la izquierda -es decir, la Concertación-, 24. No es irreverente afirmar, pues, que la izquierda ha contribuido más que nadie a que aquella política, de defensa de la propiedad y la empresa privadas, el aliento de las inversiones extranjeras, la integración del país a los mercados mundiales y, por supuesto, las elecciones libres y la libertad de expresión, haya traído el extraordinario desarrollo del país. Un progreso de verdad, no solo económico, sino al mismo tiempo político y social.

¿Cómo explicar entonces lo ocurrido? Para entenderlo es imprescindible disociar lo que ha pasado en Chile del levantamiento campesino ecuatoriano y los desórdenes bolivianos por el fraude electoral. ¿A qué comparar la explosión chilena, entonces? Al movimiento de los “chalecos amarillos” francés, más bien, y al gran malestar que hay en Europa denunciando que la globalización haya aumentado las diferencias entre pobres y ricos de manera vertiginosa y pidiendo una acción del Estado que la frene. Es una movilización de clases medias, como la que agita a buena parte de Europa, y tiene poco o nada que ver con los estallidos latinoamericanos de quienes se sienten excluidos del sistema. En Chile nadie está excluido del sistema, aunque, desde luego, la disparidad entre los que tienen y los que apenas comienzan a tener algo sea grande. Pero esta distancia se ha reducido mucho en los últimos años.

¿Qué ha fallado, pues? Yo creo que un aspecto fundamental del desarrollo democrático que postulamos los liberales: la igualdad de oportunidades, la movilidad social. Esto último existe en Chile, pero no de manera tan efectiva como para frenar la impaciencia, perfectamente comprensible, de quienes han pasado a formar parte de las clases medias y aspiran a progresar más y más gracias a sus esfuerzos. No existe todavía una educación pública de primer nivel ni una sanidad que compita exitosamente con la privada ni unas jubilaciones que crezcan al ritmo de los niveles de vida. Este no es un problema chileno, sino algo que Chile comparte con los países más avanzados del mundo libre. Una sociedad admite las diferencias económicas, los distintos niveles de vida, solo cuando todos tienen la sensación de que el sistema, por lo abierto que es, precisamente, permite en cada generación que haya progresos individuales y familiares notables, es decir, que el éxito -o el fracaso- estén en el destino de todos. Y que ello se deba al esfuerzo y a la contribución hecha al conjunto de la sociedad, no al privilegio de una pequeña minoría. Esta es, probablemente, la asignatura pendiente del progreso chileno, como sostiene, en un inteligente ensayo, el colombiano Carlos Granés, cuyas opiniones en gran parte comparto.

La obligación, en esta crisis, del gobierno chileno no es, pues, dar marcha atrás -como piden algunos enloquecidos que quisieran que Chile retrocediera hasta volverse una segunda Venezuela- en sus políticas económicas, sino completar estas y enriquecerlas con reformas en la educación pública, la salud y las pensiones hasta dar al grueso de la población chilena -que en toda su historia no ha estado nunca mejor que ahora- la sensación de que el desarrollo incluye también aquella igualdad de oportunidades, indispensable en un país que ha elegido la legalidad y la libertad y rechazado el autoritarismo. La Justicia tiene que estar en el corazón de la democracia y todos deben sentir que la sociedad libre premia el esfuerzo, y no las conexiones y los enchufes.

Continúan las protestas en Chile
Continúan las protestas en Chile Fuente: AFP - Crédito: Claudio Reyes

El segundo hombre de la “revolución venezolana”, el teniente Diosdado Cabello, ha tenido la desfachatez de decir que todas las movilizaciones y los alborotos latinoamericanos se deben a que un “terremoto chavista” está soplando sobre el continente. No parece haberse enterado de que cuatro millones y medio de venezolanos han huido de su país para no morirse de hambre, porque en la Venezuela socialista de estos días solo comen como es debido quienes están en el poder y sus compinches, es decir, aquellos que roban, trafican y disfrutan de los típicos privilegios que las dictaduras de extrema izquierda (y las de derecha, a menudo) conceden a sus súbditos sumisos.

No es imposible que agitadores venezolanos, enviados por Maduro, hayan enturbiado y agravado las reivindicaciones de los indígenas ecuatorianos y hasta echado una mano a Cristina Kirchner en su retorno al poder, medio oculta bajo el paraguas del presidente Fernández, pero en Chile desde luego que no. Que en la cúpula venezolana celebren con champagne francés los dolores de cabeza del gobierno de Piñera está descontado. Pero que sea el motor de la revuelta es inconcebible, por más que fueran los niñitos bien quienes quemaron veintinueve estaciones del metro de Santiago y pusieran pintas a favor del socialismo del siglo XXI. (Lo paradójico es que estos niñatos ni siquiera se pagan el pasaje de metro: su carnet escolar los excluye de ese trámite).

 

Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura y Doctor Honoris Causa de ESEADE.

LIBERALES, CONSERVADORES Y NACIONALISTAS, METIDOS EN SU QUINTITA.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 22/9/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/10/liberales-conservadores-y-nacionalistas.html

 

Ayer encendí el televisor para ver algo del debate. Me encontré con Espert diciendo a Macri y a Fernández: “muchachos, abrácense”.

Apagué el televisor.

El firmante no tiene necesidad de aclarar su adhesión a las ideas liberales ni tampoco su adhesión a los principios cristianos que se manifiestan en muchas de las palabras de Gómez Centurión.

Pero ambos representan espacios de gente que cree que está en el mejor de los mundos posibles.

Saben perfectamente que no van a ganar, que ni siquiera tendrán influencia en un eventual y milagroso balotaje, y aún así se presentan, restando votos al milagro.

No entienden que votar por Macri NO es votar por Macri. En estos momentos (y más después de lo que está pasando en Ecuador y Chile) que en la Argentina ganara nuevamente el kirchenrismo implica que el Foro de San Pablo y su violencia tuviera un territorio más en su imperio, con lo cual el eje comunista-fascista de Rusia-China-Cuba-Venezuela-Farc, más violencia guerrillera en Ecuador y Chile,  tendría en la Argentina un aliado más. A parte de la desastrosa situación interna que eso va a provocar.

Porque la opción NO es entre Macri y Fernández, sino entre el orden constitucional y el comunismo.

Listo, así de simple. Si se hubieran dado cuenta, no sólo no se hubieran presentado, sino que hubieran presentado un frente unido de diputados y senadores.

Pero no. Unos quieren que la Argentina sea Rothbard, los otros, que sea Pío IX, Rosas y Menvielle. Unos sólo leen The libertarian manifiesto, los otros sólo leen a Lugones. Con esa ceguera no entienden qué está sucediendo, qué es lo que se está jugando.

No se dan cuenta de que, si hay orden constitucional, van a poder seguir debatiendo si Rothbard o Castellani. Si no, tendrán, muy a su pesar, que exiliarse en Marte.

Pero no sólo ellos: todos nosotros.

Gracias muchachos. Ustedes sí que deberían abrazarse.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Síguelo en @gabrielmises 

El frenazo económico y lo realmente malo

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el /10/19 en: https://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/el-frenazo-economico-y-lo-realmente-malo/

 

Lo peor no es el frenazo económico, por la sencilla razón de que no podremos evitarlo.

Un indicador tras otro, todo apunta no solo a que se va a producir una desaceleración de la economía española, sino a que dicha desaceleración ya está teniendo lugar. Informó ayer LA RAZÓN de que la deuda de la Seguridad Social, según certificó el Banco de España, ha superado por primera vez la barrera de los 50.000 millones de dólares. Nada sugiere que la situación va a mejorar.

El contexto internacional no está para muchas alegrías, en particular en una Europa donde la recesión  en Alemania ya está teniendo un impacto negativo. También destacó nuestro periódico que el mes pasado los pasajeros llegados a España desde Alemania cayeron un 4,7 %, afectando al grueso de las comunidades autónomas, pero en especial a Canarias y Baleares, que ya habían sido las más golpeadas por la quiebra de Thomas Cook. Si la inestabilidad en Cataluña se mantiene, y más aún si continúan los disturbios, la economía de la región, y por tanto la española, se verá dañada.

Los malos datos de la EPA se suman a los de la industria y los servicios. Como vimos la semana pasada, solo el Gobierno, presionado por las próximas elecciones, se cree que la economía mantendrá el ritmo de crecimiento este año y el próximo prácticamente sin caídas. La Comisión Europea ya está activando los habituales mensajes de advertencia, porque si el crecimiento no es el previsto por el electoralismo que desborda en el Palacio de la Moncloa, entonces se agravarán unas cuentas públicas que ya son bastante deficientes.

Por eso digo que el frenazo no es lo verdaderamente malo. Es inevitable, y, como suele decirse, un problema que no tiene solución no es un problema.

Pero, entonces, ¿qué es lo realmente malo? Lo malo es que la economía española no esté bien preparada para una futura recesión. Y lo pésimo es que el próximo Gobierno empeore aún más las cosas.

La Hacienda Pública, en el momento en que la desaceleración mengüe significativamente los ingresos, generará un déficit inasumible, en un contexto de deuda muy superior al de la anterior crisis. Esto último limitará la capacidad de financiación, con lo que las únicas salidas viables serán el recorte del gasto o la subida de impuestos. Lo pésimo, claro está, es esta segunda opción.

En el ámbito de las reformas estructurales nos jugamos mucho, nada menos que los  efectos de la desaceleración de la actividad sobre el empleo. Si el nuevo Gobierno, por ejemplo, se carga la reforma laboral, reduciendo aún más la flexibilidad de nuestro mercado de trabajo, estaremos en el escenario pésimo, porque se potenciará el paro.

¿Ve usted como lo realmente malo no es el frenazo?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

Las opciones para enfrentar el problema de las Letras de Liquidez del Banco Central

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 22/10/2019 en: https://www.infobae.com/economia/2019/10/22/las-opciones-para-enfrentar-el-problema-de-las-letras-de-liquidez-del-banco-central/?fbclid=IwAR0NxpLzVpMXMsJmmnglwN1ytLUhsUb4156GJLpexesFjpycdhApDgr9jHw

 

La prioridad para el próximo gobierno no sería tanto el reperfilamiento de la deuda externa, sino el desarme del principal instrumento de regulación monetaria (Leliq)

Las Leliq, cuyo stock al momento de redactar esta nota llegan a $1,1 billones, representan el 80% de la base monetaria (Maximiliano Luna)

Las Leliq, cuyo stock al momento de redactar esta nota llegan a $1,1 billones, representan el 80% de la base monetaria (Maximiliano Luna)

La mayoría de los análisis sobre la deuda pública apuntan a analizar si Argentina podrá pagar la deuda externa en 2020. ¿Argentina entra en default o no? ¿Tendrá que “reperfilar” la deuda ante la falta de acceso del mercado financiero voluntario? Responder a estos interrogantes no parece tan difícil. Es evidente que hasta los intereses de la deuda serán problemáticos de pagar y que no luce probable, cualquiera que sea el que gane las elecciones, que vaya a llevar adelante las reformas estructurales que hacen falta para salir de la larga decadencia y ofrecer un plan económico que atraiga capitales, tanto para hacer el roll over de la deuda como para atraer inversiones que se hundan para crear empresas.

Sin embargo, en mi opinión, la prioridad no es la deuda externa, en todo caso sería una restricción adicional al gasto público que el Estado no pueda captar ahorro externo para financiar el gasto, la prioridad es enfrentar el serio problema de las Leliq, primas hermanas de las Lebac y descendientes directas de los depósitos indisponibles de los 80 dentro del árbol genealógico de la deuda pública interna argentina.

Recordemos que las Lebac nacen en marzo de 2002 para absorber la expansión monetaria que generaban los pagos de depósitos por los amparos que aprobaban los jueces por el corralón y la pesificación asimétrica de Duhalde.

En la era K el uso de las Lebac se intensificó porque los exportadores estaban obligados a liquidar sus divisas y el BCRA emitía pesos para comprar esos dólares, como la gente no quería los pesos que emitía el BCRA, en parte los retiraba de circulación colocando esas Letras. O sea compraba reservas contra deuda en pesos que pagaba una tasa de interés.

El kirchnerismo llevó el stock de Lebacs de $10.000 millones hasta $300.000 millones en diciembre de 2015. Por su parte, Cambiemos las llevó hasta $1,3 billones en su punto máximo en marzo de 2018, producto del endeudamiento externo que tomaba el Tesoro para financiar el déficit fiscal del gradualismo y luego le entregaba los dólares al BCRA contra los que emitía pesos; y que luego mutaron a las Leliq, cuyo stock al momento de redactar esta nota llegan a $1,1 billones, monto que representa el 80% de la base monetaria.

Es de manual que un Banco Central no debe emitir su propia deuda porque no tiene forma de pagarla, porque no genera ingresos propios. No es como una entidad comercial que vende tarjetas de crédito, préstamos personales y demás servicios. El único ingreso que tiene son los intereses que cobra por la colocación de sus reservas, monto que son monedas para enfrentar los intereses que devenga la deuda remunerada que emite.

En otras palabras, el BCRA está imposibilitado de poder cancelar las Leliq con recursos propios porque no los tiene. Las reservas propias en divisas, en el mejor de los casos, estarán en el orden los USD 8.000 millones,las cuales tienen que respaldar la base monetaria que es $ 1,3 billones, si además tienen que respaldar las LELIQs, la capacidad de respaldar los pesos es mínima.

Alternativas deseables y posibles

¿Qué opciones tiene el próximo gobierno frente al problema de las Leliq?:

En primer lugarlos que creen que gradualmente van a ir bajando la tasa de interés porque la tasa de inflación va a ir bajando, deliran. El problema no lo va a resolver el solo paso del tiempo. Habrá que pensar en otras opciones.

La opción más loca es dejar de pagar los intereses y emitir moneda. Recordemos que los bancos, que son los tenedores de las Leliq, compran esos títulos con los depósitos de sus inversores. Si hoy hay pérdida de depósitos a plazo fijo y el sistema financiero pierde renta en general, con una abrupta baja de la tasa, la fuga del sistema sería mucho más acelerada. Pero para poder hacer los pagos en ventanilla las entidades tendrían que pedirle a la autoridad monetaria los pesos a través de las cancelaciones de Leliq; y como no dispone de instrumentos para absorber esa emisión, el resultado sería un salto megainflacionario o cercano a la hiperinflación. Significaría duplicar la base monetaria en muy poco tiempo.

La segunda opción es aplicar un plan Bonex, como a fines de 1989. A los titulares de colocaciones en pesos a plazo fijo en el sistema financiero, en general a plazos de 30 a 60 días, se le cambian una parte por Bonos del Tesoro de largo plazo, 10 años. Una mancha más confiscatoria que profundizaría la tradición del Estado argentino, y que explica la derivación en un sistema financiero mínimo que no puede financiar ni consumo ni inversión. Un plan Bonex sería otra carnicería financiera como tantas otras confiscaciones se han hecho en el pasado.

La opción menos traumática que veo es lograr un acuerdo con el Tesoro americano para que a cambio de un préstamos de USD 20.000 millones capitalice al BCRA para que venda esos dólares en el mercado, contenga el tipo de cambio y bajé brutalmente la tasa de interés. Con esos pesos que obtendría el BCRA por la venta de dólares se rescatarían las Leliq, que hoy son equivalentes a unos USD 18.000 millones. Y con las reservas que quedan de libre diponibilidad rescatar la base monetaria y dolarizar la economía.

Obviamente que el Tesoro americano solo podría estar dispuesto a prestar ese dinero si a cambio se ofrece un plan económico con reformas estructurales muy profundas del sector público, del sistema tributario y de la legislación laboral. Además habría que ofrecer un tratado de libre comercio y alguna alianza en el combate contra el narcotráfico.

Si se lograra ese acuerdo, no solo volveríamos a tener una moneda para poder hacer cálculo económico, sino que además podría haber una recuperación económica bastante rápida por la incorporación de la Argentina al mundo que permitiría aumentar las exportaciones y generar volúmenes de inversión y demanda de mano de obra que permitiría, en poco tiempo, aliviar los problemas de pobreza y desocupación.

Está en manos de la dirigencia política decidir si Argentina termina con su larga decadencia o sumerge a la población en otra ola confiscatoria de ahorros o a una nueva hiperinflación.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Cómo el gasto público subió la pobreza

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 15/10/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/10/15/como-el-gasto-publico-subio-la-pobreza/

 

Los gobiernos populistas no han sido buenos reasignaciones de los recursos para reducir la población que no puede acceder a recursos monetarios para poder comprar la canasta básica de alimentos y pagar los servicios públicos y privados esenciales

La pobreza trepó al 35,4% en el primer semestre de este año segun el INDEC (Foto NA)

Existe la falsa creencia que el aumento del gasto público funciona como un mágico factor multiplicador de la actividad económica. Los economistas que juegan a ser brujos con poderes mágicos nos quieren hacer creer que un dólar gastado por el Estado produce más actividad que un dólar gastado por el sector privado.

En economía no hay magia, por lo tanto, si el dólar de más gastado por el Estado generara algún tipo de efecto multiplicador, el dólar de menos gastado por el contribuyente produciría el mismo efecto desmultiplicador y de retracción de la economía, en igual intensidad que el supuesto efecto expansivo del Presupuesto.

A los políticos que les encanta gastar el dinero del contribuyente este supuesto efecto mágico del gasto público les viene como anillo al dedo porque pueden vender populismo y tratar de insensible a todo economista que no solo se oponga a un aumento del Presupuesto, y peor aún a quienes pedimos reducirlo, porque “no consideramos a los pobres”.

En la Argentina el populismo estatista ha llevado el gasto público a niveles que, como veremos enseguida, ha sido el mayor causante de la pobreza, y hasta tanto no se entienda que no va a ser la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, ni sus antecesores ni sus sucesores, la que va terminar con la pobreza revoleando cheques del contribuyente.

Es que el aumento del gasto público ha sido la causa de un largo período de déficit fiscal que ha impactado en 4 variables económicas haciendo explotar la pobreza y llevarla a los niveles que, la misma dirigencia que la creó, ahora se espanta de verla.

El gráfico de abajo muestra la evolución del déficit fiscal consolidado entre 1961 y 2016 en base a datos del Ministerio de Hacienda.

Tomando los 55 años que van entre 1961 y 2016, en solo 6 de ellos hubo superávit fiscal. En rigor esos superávit fiscales estuvieron basados en la llamarada inflacionaria que generó Eduardo Duhalde con la salida de la Convertibilidad, licuando el gasto público en salarios y jubilaciones. Si a eso se le agrega que Adolfo Rodríguez Saá antes había declarado el default y ya no se pagaban los intereses de la deuda pública; y se establecieron retenciones a las exportaciones con un tipo de cambio de $4 por dólar, que hicieron licuar el gasto y no pagar la deuda, más que ordenar el Estado para bajar el gasto público.

Es más, el gráfico 2 muestra la evolución del resultado fiscal en la era K. Como puede verse, comienza el 2004 con un superávit consolidado del 3,54% del PBI gracias al viento de cola y al desastre económico institucional que hizo Duhalde, y terminaron entregando el poder en 2015 con un déficit fiscal de 7,24% del PBI. Un recorrido de deterioro de las finanzas públicas de casi 11 puntos del PBI.

Ahora bien, volviendo al largo período de aumentos del gasto público y déficit fiscal, hubo 5 factores de ese aumento del gasto público que llevaron al estallido de pobreza impensada en una Argentina que fue pujante y un país que le ofrecía al mundo un lugar donde prosperar a fines del siglo XIX y principios del veinte:

Emergencia permanente

1Los recurrentes déficits de las finanzas públicas llevaron a transformar a la Argentina en un infierno fiscal. El actual Impuesto a las Ganancias nació como un gravamen de emergencia en 1932 llamado Impuesto a los Réditos. Hace 87 años que estamos en emergencia. El IVA, que comenzó con una tasa del 13% en 1975, fue aumentando hasta el actual 21%. Recordemos que en 1995 se pasó de una alícuota del 18% para llevarla al 21% para enfrentar la emergencia por la crisis del Tequila. Es decir, llevamos 24 años de emergencia. Lo mismo ocurre con el impuesto a los créditos y débitos bancarios, creados como emergencia en 2001, tenemos 18 años de emergencia. Y podríamos seguir con los ejemplos mostrando la creciente presión tributaria a nivel nacional, provincial y tasas municipales que transformaron a la Argentina en tal infierno fiscal que condujo a tener cada vez menos inversiones;

2. el aumento del mercado informal de la economía (la curva de Laffer funciona en la realidad) y la fuga de capitales en busca de países que no expropiaran impositivamente al sector productivo. Pero la salida de capitales no se produjo solamente por la presión tributaria. Las recurrentes crisis fiscales derivadas del déficit estatal llevaron a continuas confiscaciones de activos líquidos. En 1987 el ahorro forzoso; en 1989 el plan BONEX; en 2001 el corralito; en 2002 el corralón y la pesificación asimétrica; en 2008 la expropiación de los fondos en las AFJP; los balances que no se ajustan por inflación, deteriorando parte del capital de trabajo de las empresas y los ingresos de las personas.

3. la sistemática violación de los derechos de propiedad con confiscaciones que hicieron que la gente buscara resguardar el fruto de su trabajo lejos de la mano del Estado. Por esa razón hoy en día los depósitos en el sistema financiero argentino no representan más del 14% del PBI cuando en países como España representan el 96% del PBI, en Irlanda el 90% o en Chile el 52%. El argentino atesora o vuelca sus ahorros en países donde le respetan el derecho de propiedad, países que son desarrollados, con lo cual el populismo gastador compulsivo ha logrado que los argentinos terminemos financiando la inversión y el consumo en economías maduras. Encima, el escaso ahorro interno que se vuelca al sistema financiero local es absorbido por el estado vía Lebac, Leliq y cuanto instrumento de deuda interna pueda inventar el estado.

4. Como la carga impositiva infernal no alcanza para financiar el gasto público, como tampoco alcanzan los recursos confiscados, como tampoco es suficiente el endeudamiento interno, también el Estado toma deuda externa para financiar el gasto. Los populistas viven protestando contra la deuda pública, pero no despotrican contra el gasto público que lleva al déficit fiscal y al endeudamiento que se transforma en más gasto público por los intereses que hay que pagar.

5. Pero no conformes con todo esto, además el Estado ha financiado el déficit con emisión monetaria destruyendo 5 signos monetarios y produciendo períodos de alta inflación, megainflación e hiperinflación. Sin moneda es imposible hacer cálculo económico y sin cálculo económico no hay posibilidad de estimar si un proyecto de inversión es viable. O sea, la ausencia de moneda es otro impedimento para que se produzcan inversiones. Sin moneda la economía trabaja en el día a día y no proyecta períodos largos dado que no se pueden hacer estimaciones por falta de un instrumento de medición.

La tormenta perfecta

Tenemos entonces que el gasto público ha transformado a la Argentina en un infierno fiscal, en un Estado que es un confiscador serial ahuyentando el ahorro hacia plazas donde se respeten los derechos de propiedad dejando sin crédito interno la economía argentina, al tiempo que el estado, para financiar su gasto público, absorbe el escaso crédito interno y encima toma deuda externa y destruye la moneda con emisión monetaria.

En definitiva el gasto público ha creado la tormenta perfecta para hundir la economía argentina en la pobreza que vemos como viene creciendo desde hace décadas. No es este gobierno el que hizo explotar la pobreza, en todo casi ni empezó a solucionarla, son décadas de gobiernos gastadores que destruyeron todos los instrumentos económicos básicos para que haya inversiones, se creen puestos de trabajo, mejore el salario y baje la pobreza. El gasto público destruyó la calidad institucional de Argentina dejándola sin inversiones y con una pobreza insospechada.

La pobreza actual es hija de un Estado depredador que espanta las inversiones, y ese Estado depredador es consecuencia de una dirigencia política que solo sabe gastar y confiscar el fruto del trabajo de la gente laboriosa e innovadora. Son los políticos, con su competencia populista, los que llevaron el gasto público a niveles extremos haciendo explotar la pobreza. Son los verdaderos responsables de esta decadencia argentina.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

 

La “patria financiera” a cara descubierta

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 9/10/19 en: https://www.ambito.com/la-patria-financiera-cara-descubierta-n5058956

 

Si el Estado no asume su realidad de deudor serial y se reconvierte vendiendo propiedades inconvenientes, sobrevendrá un “ajuste salvaje”. Pretensiones del establishment, algunos banqueros y su socio el multiestatal FMI.

La patria financiera a cara descubierta

En septiembre, según LG, en términos reales los depósitos en pesos del sector privado cayeron 5,9% i.a., la mayor caída en lo que va del año. Los depósitos en dólares bajaron 26,3%, acumulando desde las PASO un descenso de 34%, u$s11.179 M. Lo prestado en pesos a los privados bajó 33,6% i.a. y 2019 cerraría con un stock de préstamos en torno a 7,6% del PBI, el menor nivel en 15 años. Según First, la caída de los préstamos en dólares durante septiembre fue récord, 15,7% i.a.

El volumen negociado en la Bolsa ronda los u$s15 M diarios -en Madrid, por caso, se negocian u$s2.000 M- y la capitalización bursátil de las empresas domésticas es hoy la mitad -u$s 27.600 M- que cuando Macri llegó al poder, según BYMA. El total administrado por los FCI bajó a u$s10.000 M desde un máximo de u$s35.000 M a principios de 2018.

Esta descapitalización acelerada -que conlleva baja de productividad, de salarios reales, de consumo y demanda de dinero, ergo, inflación- es el resultado del primer mes del control de cambios. Y seguramente volveremos desde “emergentes” a “economía fronteriza”, el 20 de junio, cuando se conozcan las reclasificaciones del índice MSCI. Cuando haber dejado el dólar libre en el mercado -sin intervención del BCRA- habría tenido consecuencias mucho menos traumáticas, y al aumentar el precio de la divisa se habría desincentivado la fuga.

Además, aunque las tasas de los plazos fijos siguen altas, bajan: 60% un mes atrás, 55% hoy. La mitad de los plazos fijos en pesos de las familias son pasibles de irse a dólares, unos u$s8.800 M. Desde las PASO salieron 98.000 M de plazos fijos privados en pesos. Por cierto, el spread entre la tasa de las Leliq y la del promedio del rendimiento ofrecido a ahorristas en septiembre llegó a 25,5 puntos, asegurando un buen negocio para la banca, sin ningún esfuerzo ni riesgo como debería ser el “capitalismo”.

Por cierto, dada la inflación, los rendimientos de los ahorros en pesos son negativos. Hoy Argentina tiene tasas negativas en términos reales (-2,1%), en tanto que, en Brasil, Chile y Perú, van del 3,1% al 1% reales.

Irónicamente, Europa se argentiniza, aunque por motivos distintos, pero también anormal. Los bancos empiezan a trasladar las tasas negativas (del -0,5% que les cobra el BCE) a los depósitos de más de € 100.000. Por caso, el Berliner Volksbank cobra un interés del -0,5%. Las tasas negativas ya les están costando a los prestamistas alemanes €2.400 M anuales. Así se vuelcan al oro y a bonos del Tesoro que todavía mantienen una tasa positiva cercana al 1,5% aunque, precisamente por compras que persisten hacia el futuro, sigue bajando.

Según Ecolatina, supuesto que la actividad continúe cayendo, el saldo favorable de la balanza comercial se extendería a u$s19.000 M, dada la caída en las importaciones y la débil crecida de las exportaciones a falta, precisamente, de un dólar competitivo. No alcanza. Sin acceso al crédito, el Gobierno deberá enfrentar vencimientos por u$s25.000 M en 2020. Más la fuga de capitales y el déficit turístico, entre otras cosas, que podría superar los u$s24.000 en el año.

De modo que si el Estado no asume su realidad de deudor serial y se reconvierte vendiendo propiedades inconvenientes, sobrevendrá un “ajuste salvaje” como pretenden el establishment, algunos banqueros -“la patria financiera”- y su socio el multiestatal FMI que propone que le devuelvan sus préstamos, perdidos en la “timba”, subiendo impuestos y realizando una quita en la deuda con el sector privado.

Cavallo, padre del “corralito” -uno de los ataques más irracionales a la propiedad privada argentina, en defensa de la “patria financiera”- asegura que de no haber sido por los controles de cambio -contrarios a la naturaleza del mercado- el descontrol monetario llevaría a la hiperinflación, y propone un “ajuste” salvaje pero con “bisturí” no como en 2002, cuando sobrevino uno dada la explosión inflacionaria: el PBI cayó 10%, los salarios estatales y las jubilaciones bajaron 20%, el costo de vida subió 42%, el gasto público primario se redujo y, dado el default, quedó en cero la factura de intereses.

Un directivo bancario argentino, representativo del sector, insiste en “profundizar la bancarización minimizando el uso del efectivo” en lo que tienen que participar “los bancos, el BCRA, Hacienda, la AFIP, Anses y el Congreso”. Es decir, usar el poder de policía estatal para forzar al pueblo, el mercado, sin siquiera consultarlo.

Dice el directivo que el 80% de las acreditaciones de los ingresos de las personas físicas se realizan a través del sistema financiero, unas 26 M de transferencias electrónicas mensuales -equivalente al 26% del PBI, u$s120.000 M- y más de la mitad salen del sistema en efectivo. Si el 20% del 100% que sale en efectivo se canalizara vía medios electrónicos, y pagara impuestos, aumentaría la recaudación en 1% del PBI, casi u$s5.000 M. E implicaría una mayor capacidad prestable equivalente a u$s10.000 M, unos 2 puntos del PBI.

Y sin tapujos aseguró que “los primeros beneficiarios seríamos el Estado y los bancos”. Supuestamente esto se derivaría en beneficios al consumidor como si no supiéramos que, así como una baja en los impuestos difícilmente suele llegar al mercado, estos negociados tampoco.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

El ideal de soberanía y nuestra relación con el mundo.

Por Guillermo Luis Covernton. Publicado el 7/10/19 en: https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_exportar_n__171

 

La concepción del ámbito de autonomía de los gobernantes actúa como un lastre que impide el crecimiento y afecta fuertemente nuestra credibilidad como nación moderna.

 

La historia de la Argentina es muy rica en términos de su lucha por la libertad y por sus intentos de establecer un sistema jurídico que le permita expresar la autonomía de la voluntad de sus ciudadanos.

Pero si bien, en este primer aspecto, en su lucha por la libertad, ha podido exhibir éxitos notables y ha conquistado un lugar merecido en el consenso de las naciones, no se puede decir lo mismo de su accionar político e institucional, tendiente a establecer bases sólidas para que la autonomía de la voluntad de sus ciudadanos y sus intereses últimos se expresen y puedan ser defendidos eficazmente. En estos momento de gran virulencia electoralista es muy frecuente ver que la discusión cotidiana se enfoca en lo que debería hacer el presidente Macri. Para luego pasar a intentar delimitar lo que podría hacer el gobernante actual. Y para, luego, pasar a discutir qué es lo que apenas lograría cambiar un eventual gobierno alternativo de los candidatos Fernandez – Fernandez.

Y el problema sobre el que queremos reflexionar es que no parece que se alcance a ver que lo que está en juego no es el ejercicio de la autonomía de la voluntad de un gobernante, o de un equipo de gobierno alternativo. Sino que, en esencia lo que estamos discutiendo es la posibilidad de poder asumir un lugar en el consenso de las naciones que nos convierta en un país previsible, con objetivos claros, con políticas de largo plazo, creíbles, posibles y en las cuales exista un compromiso de sustentabilidad en el tiempo.

La concepción de Sarmiento de que la soberanía, lejos de residir en el gobernante, debe residir en el ciudadano, nos hace reflexionar sobre la necesidad de un accionar político en el que sean nuestros conciudadanos los que construyan, determinen y diseñen, con su accionar cívico, las líneas de política a implementar desde el gobierno. [i]

Debemos abandonar cuanto antes esta idea tan generalizada y mesiánica de que el camino para salir del pantano en que se encuentra hoy la Argentina, va a ser delineado por la mente preclara de un líder con capacidad innata de estadista, que tomará todas las decisiones acertadas que sean necesarias. Mientras el resto de los gobernados lo mira perplejo desde una tribuna. Especialmente, porque no estamos buscando líderes nuevos y que surgen de un consenso, entre quienes no han tenido actuación política en los últimos años. Sino que se pretende intentar alternativas diferentes, con los mismos protagonistas.

Pero, además, porque esto es una quimera. Un capricho adolescente. Una falta total de realismo político. Porque el problema no es Macri. Ni son Fernández y Fernández. Ni lo es el Fondo Monetario Internacional. Ni la política expansiva de China en Sudamérica. El problema es que, para que un gobernante pueda tomar las decisiones que las distintas facciones en pugna pretenden que asuma, haría falta renunciar a nuestras instituciones democráticas, a nuestros principios individuales y dinamitar todos los derechos individuales consagrados por nuestra carta magna. Lo cual es un inaceptable salto al vacío.

El único camino verdadero es sencillamente, resignarnos a aceptar que deberemos convertirnos en un país normal. En donde los contratos se respeten, la propiedad sea inviolable, las confiscaciones estén al margen del derecho argentino y la más absoluta libertad de comercio, asociación e inversión sea el verdadero motor del crecimiento.

El problema no es el precio del dólar. Claramente, no es mantener un tipo de cambio estable. Ni el alto nivel de las tasas de interés. Ni las “dificultades” que plantean las autoridades económicas para mantener los flujos de comercio exterior. Ni la escasez de capital para desarrollar las espectaculares posibilidades de crecimiento que tienen nuestras exportaciones.

El problema es que los desequilibrios que impone a la actividad privada la irresponsabilidad fiscal de los sucesivos gobiernos, desde los últimos 80 años, como mínimo, derivan en una emisión desmesurada de dinero, en primera instancia y luego de deuda pública, al agotarse esta primera posibilidad. Esto devalúa nuestra moneda y confisca los ahorros del público. Dispara a niveles exorbitantes las tasas de interés. Absorbe en su totalidad la masa de fondos prestables, que al ir a financiar al estado asfixia a la actividad privada. Que pierde competitividad internacional al no poder bajar costos al ritmo de los países competidores, ya que no iguala las tasas de inversión, ni mucho menos las tasas de capitalización para tener eficiencia productiva y economías de escala. Esto impide que la producción de bienes y servicios crezca como el crecimiento vegetativo de nuestra población lo requiere. Y una baja productividad deriva en salarios reales estancados desde hacen décadas. Asimismo, tasas de interés deliberadamente intervenidas por el gobierno, que más que reflejar la preferencia temporal de los ahorristas, apenas intentan anticipar expectativas inflacionarias, hacen imposible el cálculo económico de calidad que permitiría diseñar e implementar proyectos de inversión complejos, que demandan mucho tiempo, pero que son precisamente los que incrementan la productividad y las economías de escala.

Todas estas calamidades nos impiden comprometernos en políticas de crecimiento sostenido de nuestras exportaciones, que nos permitirían desarrollar los mercados externos que resultan imprescindibles para explotar nuestras ventajas competitivas.

Lejos de eso, la inestabilidad de nuestros flujos de comercio exterior hace imposible mantener un mercado cambiario que refleje las tendencias del comercio con el mundo y que, al mantenerse estable, nos permita encarar las necesarias inversiones que movilicen el crecimiento.

Gobiernos acorralados, que pretendan solucionar estos problemas, que como hemos descripto son estructurales, mediante controles cambiarios, reglamentación que traben nuestra vinculación comercial con el mundo y asimismo pretendan seguir manteniendo ficticiamente la cotización de una moneda doméstica devaluada, solo aceleraran el camino de la decadencia.

Y como hemos descripto al inicio, se llevarán por delante a todo nuestro sistema institucional, violentando las garantías constitucionales, lo cual alterará el funcionamiento de las instituciones republicanas y solo puede mantenerse sin solucionar los problemas de fondo, si se llega al apocalipsis de derribar el sistema democrático, como ya hemos visto que se ha hecho en otros países de la región. Sumiendo a los ciudadanos en una larga noche, atados al yugo de la tiranía.

Por todo esto, urge que los dirigentes asuman una realidad que no implica aceptar una pérdida de la soberanía. Sino, por el contrario, reconocer  que no son más que meros administradores de las decisiones y de la voluntad de los ciudadanos. Que son los verdaderos soberanos. Y que, en el ejercicio de esos actos de administración, deben velar por las instituciones y por el mantenimiento de las reglas de juego que hacen a la convivencia civilizada, en las naciones modernas y libres.

 

[i] DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811–1888)  Por Héctor Félix Bravo. Recuperado el 26/9/19 de http://www.ibe.unesco.org/sites/default/files/sarmientos.PDF

 

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad. Fue Profesor Titular de Proceso Económico en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, (UFM). Fue secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Fue director académico de la Fundación Bases. Es empresario y consultor.  Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.