¿Qué proponen los libertarios y por qué habría que escucharlos?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 17/12/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Que-proponen-los-libertarios-y-por-que-habria-que-escucharlos-20180116-0099.html

 

¿Qué proponen los libertarios y por qué habría que escucharlos?

Libertarios en la Argentina ha habido siempre. En su historia habrá que retroceder al menos unas cuantas décadas para ver que en los años 1950 Alberto Benegas Lynch padre fundaba, junto a algunos empresarios, el Centro para la Difusión de la Economía Libre, luego llamado Centro de Estudios para la Libertad. En estos centros se ofrecieron conferencias y publicaciones de libros de variados autores como Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Leonard Read, Henry Hazlitt, Israel Kirzner o Murray Rothbard. Quizás haya algún lector que recuerde las seis conferencias multitudinarias de Mises en la UBA en 1959. Desde ya que la diferencia entre un liberal como Hayek y un libertario como Rothbard, fue siempre motivo de disputas internas entre libertarios, pero hoy no nos vamos a
detener en ello. Más bien, los tomaremos como compañeros de camino.

La posta la tomó su hijo Alberto Benegas Lynch (h), hoy Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, quien fundó en 1978 la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE),
creando los primeros posgrados en Argentina. En sus cuatro Maestrías en Economía y Ciencias Políticas, Economía y Administración de Empresas, Derecho Empresario y Activos Financieros, los alumnos recibían los
fundamentos para defender la libertad individual, la propiedad privada, la economía de mercado y el gobierno limitado, además de los conocimientos específicos de cada programa.
Muchos de estos alumnos a su vez, formaron numerosas fundaciones e institutos pro mercado en distintas provincias, que como efecto cascada formaron a miles de jóvenes en las ideas de la libertad. Estos jóvenes hoy
quizás no son docentes o académicos prestigiosos (aunque algunos lo son, como el Dr. Eduardo Stordeur o el Dr. Nicolás Cachanosky), pero lideran y gerencian distintos departamentos de las principales compañías del país.
Martín Krause lo sucedió a Alberto Benegas Lynch (h) como Rector de este Instituto Universitario, donde también pasaron excelentes docentes como Juan Carlos y Roberto Cachanosky, Gabriel Zanotti, Enrique Aguilar, Gustavo Matta y Trejo o Ricardo Manuel Rojas (sin ánimo de ser exhaustivo).

¿Qué proponen los libertarios para esta Argentina? En una Argentina donde ya no podemos pensar la educación, la salud, las jubilaciones y pensiones, el cuidado del medio ambiente o la administración de la moneda y los bancos
sin el ente gubernamental como principal regulador, los libertarios proponen un debate necesario. Repensar una Argentina en la que podamos prescindir del Estado. Aspiran a que cada argentino pueda pagar su propia educación y la de sus hijos; que pueda cubrir sus costos sanitarios; que pueda elegir cómo y cuándo jubilarse y que su pensión dependa de los montos y años de aporte. Proponen, en definitiva, libertad y responsabilidad, para terminar con la “estatolatría” donde el Dios Estado es el que ofrece empleo y garantiza seguridad social porque, de hecho,
jamás ha garantizado otra cosa que pobreza. Repensar una Argentina donde este flagelo sea gradualmente erradicado a través del mercado, como viene ocurriendo en gran parte del mundo, incluidas China y la India (ver El
Gran Escape de Angus Deaton). Donde la libertad de empresa y la iniciativa privada sean el motor del empleo genuino, de la innovación, de la creatividad y de las oportunidades para alcanzar una vida mejor. Donde la igualdad que importa es “ante la ley”.
En una Argentina donde la policía respalda a las mafias, los libertarios piden, siguiendo a James M. Buchanan, desconfiar de la política, lo que en definitiva es fundamento para un gobierno limitado.
¿No es esto una utopía? Una sociedad sin estado es irrealizable en esta Argentina, sin dudas. El libertario desde luego está dialogando en un “plano ideal” que a muchos les parecerá lejano. Está debatiendo para una sociedad
futura, donde posiblemente la cultura anti-capitalista sea abandonada por otras creencias pro-mercado. Le preocupa entonces definir cuánto estado haría falta en ese estado ideal, y llega a la conclusión de que no sería
necesario ninguno, ni siquiera en justicia o seguridad.
Pero al margen de ese debate puro, también hay un mensaje que puede ser útil para nuestra Argentina y que deberíamos escuchar

¿Cuál es este mensaje? Que la Argentina presenta un gasto público desbordado que aunque se pudiera financiar cubre necesidades de gente que no necesita la ayuda estatal. El primer paso entonces es desmantelar ese Estado que ayuda al que no lo necesita. Que aquellos que pueden pagar educación o salud para sí y para sus familias, lo hagan. Que aquel que puede tener su propia pensión la tenga. Que aquel que puede pagar servicios públicos que cubran los costos lo haga. Que aquel que puede pagar el precio real del combustible lo pague también. De ese modo reducimos la mochila de impuestos, deuda e inflación que recae sobre las empresas y que evita que sean competitivas en un mundo abierto y globalizado. De ese modo habría empleos y mejores salarios reales para todos.
¿Y qué ocurre con los que no pueden pagar estas cosas? Para la educación y la salud existe la propuesta de vouchers de Milton Friedman. El libertario lo aceptará en la transición, aunque insistirá que ese dinero de los
cupones sale del bolsillo del contribuyente y que sólo será temporal.
Para las pensiones se deberá crear un sistema privado de aporte voluntario, que no tiene relación con lo que hubo durante el menemismo, y ni siquiera con el sistema que hoy rige en Chile. El sistema libertario de pensiones no
necesita que el gobierno autorice a ciertas empresas a operar, ni que fije comisiones, sino que simplemente se haga a un lado y permita la competencia. El mercado operará bien en su ausencia, como de hecho ocurre con la gran mayoría de bienes y servicios. Desde luego que para cubrir a los actuales pensionados se necesitarán pagar impuestos, pero debemos distinguir entre la solución al problema actual donde el Estado se consumió los ahorros de los actuales jubilados respecto del sistema previsional para el futuro.
Comparar al oficialismo con el mensaje libertario muestra lo moderado del gobierno de Mauricio Macri, que si bien en anuncios y conferencias promueve cierto relativo liberalismo, en la práctica encuentra inacción, quizás por los obstáculos que el libertario muchas veces pasa por alto.
Y aquí viene la pregunta: ¿Propone el libertario desmantelar hoy al Estado por completo? Habrá quien lo proponga, pero no es lo más usual. El libertario entiende que el Estado está sobredimensionado y sabe que corregir esto sólo puede redundar en mayor calidad de vida para todos. Sabe que en el plano político, la prioridad del gobierno es mantener el orden público, y que eso sólo se consigue atendiendo a lo que es políticamente viable en cada momento. Es por eso que la regla general que el gobierno debe seguir es bajar el gasto todo lo posible, mientras pueda mantener el orden público.
Y allí encontramos el gran dilema, ya que cierta mentalidad anti-capitalista impide avanzar en reformas profundas como las que el libertario propone. En este sentido, mientras el libertario busca abrir el debate en un plano teórico, también acepta en la política pública una transición ordenada que no deje a nadie sin sustento. En la búsqueda de ese camino está claro que ambos roles, el académico y el político, se deben retroalimentar.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Es director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.

Con motivo de la Colación de Grados de ESEADE 2018, el Dr. Guillermo Luis Covernton dirigió unas breves palabras a los graduados.

Por Guillermo Luis Covernton:

 

Sr. Presidente del Consejo Directivo, Federico Zorraquín.

Sr. Rector: Dr. Luis Del Prado.

Sres. Miembros del Consejo Directivo, Autoridades, Sres. Graduados, Familiares que tanto los han apoyado, Damas y Caballeros.

Es un privilegio enorme, para mí, haber sido convocado, como graduado, para dirigirles estas sencillas palabras. Este acto me trae entrañables recuerdos. Cada colación de grados que me ha tocado vivir como estudiante, en esta Universidad, me generó profundas emociones.

Es una ceremonia que evoca todo lo bueno y valioso que uno experimenta a lo largo del cursado de la carrera, así como también ese inmenso regalo que nos hace la comunidad universitaria, a través de las amistades que se van forjando, día a día, entre condiscípulos, profesores, y autoridades, todas categorías que desaparecen al graduarnos, cuando pasamos a ser todos colegas.

Como dijera alguna vez ese gran filósofo y académico que fue Miguel de Unamuno:

“Cada nuevo amigo que ganamos en la carrera de la vida nos perfecciona y enriquece más aún por lo que de nosotros mismos nos descubre, que por lo que de él mismo nos da”.

Y es por eso que, entre todas las amistades que cultivamos en la vida académica, unas de las más sólidas suelen ser con quienes ejercieron como docentes. Precisamente porque la vida universitaria consiste en la búsqueda de la verdad. Y en esta búsqueda, que se centra en la disciplina elegida, aprendemos de nuestros docentes, en primera instancia, y esto es mucho más común a lo largo de nuestra carrera de grado.

Más adelante, cuando elegimos especializarnos, el proceso de aprendizaje se centra mucho más en las experiencias de nuestros pares. Esto lo van a ver muy claro quienes se gradúan de Maestrías. Quienes más nos aportan son aquellos que cursaron con nosotros y han debatido los temas abordados, transmitiendo sus experiencias profesionales.

Finalmente, aquellos que se sientan llamados a recorrer el último tramo de la formación universitaria, y se gradúan en los programas que permiten optar al título de Doctor, van a experimentar esa extraña sensación de percibir, que por encima de lo que se aprende de los maestros, en esa etapa de la vida universitaria, se aprende mucho más de nuestros alumnos. Ellos nos cuestionan. Ellos nos muestran las dificultades que debe enfrentarse quién se adentra en nuestra disciplina y son ellos quienes nos marcan los puntos oscuros que merecen aclararse. Los aspectos inexplorados, que aún no han sido formalizados. Y solo ellos nos pueden indicar los puntos de tesis a ensayar, para hacer un aporte enteramente original y valioso a nuestra ciencia. A través de sus dudas e inquietudes tomamos consciencia de los desafíos que plantean al estudiante los aspectos filosóficos de nuestra materia.

¿Cómo conocemos? ¿Qué es lo que necesitamos aprender? ¿Cuáles son los principios y los fundamentos de nuestra disciplina? ¿Qué métodos son válidos y cuáles serán inconducentes? Y en el intento de encontrar estas respuestas, necesitamos proyectarnos en nuestros discípulos y ponernos en su lugar. Con humildad. Con esa curiosidad del inicio de nuestras carreras. Es un verdadero “deja vu”, que nos lleva a recordar nuestras dudas y límites de la época en que iniciamos nuestros estudios. Y eso nos genera una profunda empatía.

Asimismo, tomaremos consciencia de la obligación de asumir la necesaria “humildad académica”, que consiste en una actitud de apertura mental, tal que nos permita derrumbar nosotros mismos, aquellos edificios mentales del conocimiento que hemos ayudado a construir, apenas percibamos que adolecen de defectos formales o no contribuyen a elaborar teorías ciertas.

Al respecto, vale la pena recordar las palabras de Karl Popper, cuando se preguntaba:

“¿Qué son las reglas del método científico y porque las necesitamos?¿Puede existir una teoría de tales reglas, una metodología?

El modo de contestar a estas preguntas dependerá, en gran medida, de la actitud que se tenga con respecto a la ciencia. Los positivistas, y con ellos los que consideran la ciencia empírica como un sistema de enunciados que satisface determinados criterios lógicos –como los de tener sentido o ser verificables- darán una respuesta.

Muy distinta será la que presenten los que tienden a pensar (como yo hago) que la característica distintiva de los enunciados científicos reside en que son susceptibles de revisión ( es decir, en el hecho de que pueden ser sometidos a crítica y reemplazados por otros mejores): los que consideran que su tarea consiste en analizar la peculiar capacidad del progreso de la ciencia, y el método característico en que, -en las situaciones cruciales- se lleva a cabo una elección entre sistemas teóricos contrapuestos”[i].

Conjeturas y refutaciones. Muy pocas certezas. Al revés de lo que se tiende a suponer, el estudio científico solo nos dará certeza del error. Solo podemos estar seguros de habernos equivocado, cuando eso ha ocurrido. Pero no podemos estar absolutamente seguros del acierto. No podemos asegurarnos que nuestra teoría actual no vaya a ser demolida en el futuro. En cualquier caso, habremos aportado nuestro criterio analítico para el descubrimiento de una verdad más ajustada. Nunca dejaremos de aprender ni podremos abandonar este proceso de desarrollo intelectual.

Esto es lo que quiero desearles hoy. La mejor de las suertes en este camino inagotable y que, sin dudas, les dará enormes satisfacciones.

Y que el aplauso sea para vuestro esfuerzo incansable.

Muchas gracias.

[i] Popper, Karl R. “La lógica de la investigación científica”  Editorial Tecnos, Madrid 1999. Pag. 48.

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular Ordinario de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad. Fue Profesor Titular de Proceso Económico en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, (UFM). Fue secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Fue director académico de la Fundación Bases. Es empresario y consultor.  Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

 

RESPUESTA A JOSÉ BENEGAS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 26/11/18 en: https://gzanotti.blogspot.com/2018/11/respuesta-jose-benegas.html?fbclid=IwAR13IlIRzzX1_HzUEA2CHcAWBnbllwb1wxhVpkCVXsj2x2l09DhRccQaqOw

 

Bueno José el tema está que arde y en este momento me enfrento con los católicos enojados precisamente porque me fui a las libertades individuales y los liberales muy enojados porque manifiesto mi oposición moral a lo que muchos liberales consideran moralmente indiferente. Así que gracias por someterme al pensamiento crítico, en primer lugar, y gracias por permitirme hacer importantes aclaraciones, en segundo lugar. Te voy respondiendo debajo de tus comentarios.

El fin de semana vi la exposición que hizo Gabriel Zanotti sobre su libro referido a a llamada “Ideología de género contra las libertades individuales”. Hacia la desaparición de la libertad de expresión y de enseñanza en occidente”, porque quería encontrar más acerca de este caótico movimiento que sostiene que las ideas sobre el género comprometen a la sociedad libre y que considerar un asunto amoral, es decir, que no tiene implicancia moral particular, la sexualidad o el género, es destruir a la civilización y a la familia.

Comienza haciendo una aclaración importante, aunque creo que se contradice con el título. Señala que la cuestión del género tiene un desarrollo bastante largo, la discusión sobre la sexualidad humana en los campos específicos de la ciencia que la estudian también y que todo eso está en todo caso fuera del debate político, lo cual, agrego yo, no puede comprometer a occidente o destruir a la sociedad. Me parece importante decirlo porque todas las otras exposiciones o escritos que vi sobre este asunto indican que pensar sobre el sexo de una manera diferente a los cánones de la iglesia católica es marxista y un intento de “sovietizar a la sociedad”.

Exactamente: yo no pienso eso.

 En la inflamación de ese discurso no hay lugar a sutileza alguna, o te subís al carro de los luchadores contra un fantasma difuso o sos la reencarnación de un Pol Pot sexólogo.

También aclara que no se puede ingresar en el debate público “en tanto católico”,

No, cuidado, no dije eso exactamente: dije que en una reunión de consorcio, que yo sea católico no es motivo para mi argumentación a favor de que los caños sean de bronce o de plomo, aceptando parte de la verdad de la argumentación de John Rawls sobre la “razón pública”. Pero nada de eso implica negar la influencia del Judeocristianismo para una sociedad libre. He explicado esto en mi librohttps://www.amazon.es/Judeocristianismo-Civilizaci%C3%B3n-Occidental-Libertad-judeocristiano-ebook/dp/B079P7V1JC/ref=redir_mobile_desktop?_encoding=UTF8&__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85Z%C3%95%C3%91&dpID=51GJcML485L&dpPl=1&keywords=judeocristianismo%20zanotti&pi=AC_SX236_SY340_QL65&qid=1518158250&ref=plSrch&ref_=mp_s_a_1_1&sr=8-1 , que  te recomiendo leer, a ti y a los demás, para evitar innecesarias repeticiones.

porque cuando se discute sobre el uso de la fuerza, que eso es la política, esas convicciones no pueden ser utilizadas como argumento contra otros que no comparten esa creencia.

El problema para mí es que la conversación no siguió por esa línea y que el libro no tendría que ser contra una “ideología”. Es correcto lo que indica en cuanto a que nadie puede ni debe obligarlo a pensar de una manera ni a aceptar determinadas explicaciones que se opongan a su religión o a su explicación de la naturaleza o la realidad. Eso es algo que no pueden hacer los que explican el género, ni los vegetarianos, ni los de boca. Que muchos violen esa regla no hace a los vegetarianos, los que hablan de género ni a los de boca marxistas, ni a ser de boca, vegetariano o defensor de la libertad de género antiliberal.

Creo que allí se produjo una confusión, y hago un mea culpa si no fue suficientemente claro. Distinguí entre las teorías del género y las ideologías de género. Las primeras son eso: teorías, hipótesis, doctrinas, convicciones. Las segundas son ideologías porque, como Popper define utopía, han sufrido la tentación de violencia. En ese sentido si yo creo que comer vegetales está bien, es una teoría; si quiero hacerlo coactivo y además organizo manifestaciones agresivas delante de las carnicerías y hago pipí en la entrada, es ideología……………..

No respetar otras opiniones o querer acallarlas no es algo que está incito en pensar que dos hombres o dos mujeres pueden casarse o que alguien que nace varón puede adoptar todas las formas entendidas como femeninas. De manera que por lo menos habría que separar ambas cosas. Digamos que estas opciones no clásicas también son formas distintas de pensar que tendrían que ser respetadas hasta sus últimas consecuencias, es decir, hasta practicar ese entendimiento. Si a creer esto último le llamo “ideología enemiga de occidente que atenta contra las libertades individuales”, entonces estoy sosteniendo que contra ella se puede usar la fuerza, porque esa es precisamente la tesis del liberalismo clásico, al que adhiere Zanotti. Y si no me animo a afirmarlo en esos términos, ya el hecho de considerar enemigo de la libertad a un tipo de pensamiento particular sobre algo que ni siquiera es en sí mismo político (el marxismo si es un pensamiento sobre la política), es una invitación a la violencia física o verbal e implica que el liberalismo necesita detestar a determinado tipo de personas o elecciones o ser acompañado de alguna forma de policía moral, científica o civil. Si eso es parte del discurso político, ese pensamiento supuestamente liberal se transforma en una amenaza cierta para los sostenedores o practicantes de esas opciones así señaladas como enemigas.

Bien, con la aclaración que te hice debería estar todo aclarado. Disculpame si últimamente estoy minimalista en mis definiciones. Por eso no pido un mea culpa. Por lo demás, para mayores aclaraciones están los artículos que fueron publicados bajo el mismo título. Te los mando si querés.

Para asociar tal cosa con marxismo hay que recurrir a una teoría conspirativa, que sería como decir que los vegetarianos en realidad no quieren comer vegetales sino la expropiación de los medios de producción, así que si no comes asado, sos marxista. Así lo he visto relacionar, aunque no en este caso en el que no hubo explicación al respecto.

Mm, de vuelta, creo que sí la hubo, y esta vez creo que fui claro. Ser marxista cultural equivale a pensar todo en clave de clases sociales como Marx las describía y extender esa dialéctica a “nuevas” clases explotadas: las mujeres, los indígenas, los homo, etc. Lo expliqué ese día y en muchos artículos este año, como por ejemplohttp://institutoacton.org/2018/08/14/individualismo-metodologico-para-catolicos-y-marcianos-gabriel-zanotti/

El liberalismo no tiene enemigos internos fuera de los que, como diría Zanotti también, intentan conculcar otras libertades. Pero por supuesto que no vale decir que, como decían los nazis con los judíos, ellos son los que están conspirando para destruir a mi sociedad o mi religión. Y si hay gente entre el “ellos” que Zanotti usa muchas veces en su exposición (es medio inevitable hacerlo) que querría entrar con un ejército a matarlo, según afirmó, eso no es el universo del “ellos” que piensan sobre sexo, sexualidad y derecho civil, de un modo distinto a él. Yo mismo por ejemplo.

“Ellos” son los marxistas culturales para los cuales soy un explotador heteropatriarcal y por ende para  ellos lo coherente es aplicar contra mí la violencia revolucionaria. Es claro que no es tu caso.

Podría decir Zanotti que soy parte de la “ideología de género”.

Dije: es claro que no es tu caso.

Atribuirme esas intenciones u orquestaciones de conspiraciones, o inclusive marxismo, además de ser un insulto es la antesala de sus propias hordas “defendiéndose” de mí. No es cuestión de ponerse en víctima para poner un tipo de pensamiento sobre una parte de la población en términos de liberalismo clásico.

Bueno, no puedo aclararlo más.

El libro por lo tanto no debería llamarse “Ideología de género”, de acuerdo al principio de la charla, sino el estado regulando el pensamiento, no sé, pero si a ideología de género se le llama a aceptar las modernas explicaciones sobre la sexualidad, estar a favor del aborto, estar a favor de la educación sexual en los colegios, nada de eso es en sí mismo anti liberal, aún cuando fuera eventualmente equivocado por otras razones en las que la libertad no está en juego.

Bueno, creo que ya lo he aclarado. Y lo dije varias veces: si querés pensar todo eso, pensalo. Es parte de una sociedad libre. Pero si querés imponerlo por la fuerza, es otra. Y por eso gasté gran parte de la charla en explicar lo que para “ellos” son los “nuevos delitos”…..

 En cada una de las cuestiones hay asuntos discutibles, meterlas todas en una conspiración destructora de occidente merecería un gran desarrollo, pero lo que no tiene sentido alguno es atribuirles un efecto liberticida por una intención simplemente atribuida a los que las defienden

De vuelta: yo no hice eso.

¿Que personas adopten una forma de vivir diferente limita las libertades de los demás? Ya hablar de occidente como una cosa, una cultura, una forma de familia, una cualquier cosa, no tiene nada que ver con el pensamiento liberal. No hay formas de vivir contrarias a occidente en una sociedad libre. No hay cultura obligatoria en una sociedad libre, por lo tanto estar contra un supuesto occidente cristiano es parte de las opciones que ofrece este occidente de ahora, que no tiene nada que ver con otros anteriores, justamente por el liberalismo clásico. Es legítima la disidencia cultural, cada generación es culturalmente disidente de la anterior y, lo que es más importante, “la cultura” es una entelequia aún más abusada que la “sociedad” en términos de individualismo metodológico.

Para el tema de una cultura judeocristiana, te recomiendo el libro citado.

Hablando de eso, Zanotti sostiene que considerar los derechos de las mujeres o los gays es colectivista.

Ya aclaré por qué. Los que tienen derechos son los seres humanos, sean mujeres, varones, terrestres o vulcanos.

 Es cierto que en una sociedad de individuos completamente libres, no hay distinción que hacer al respecto y eso implicaría crear fueros (también hablar de derechos de las familias o de las religiones, debo adelantarme a aclarar). Pero digamos que si los negros son esclavos y hablo de los derechos de los negros, eso tiene un valor muy diferente

Si, pero en ese caso hay que aclarar muy bien el contexto. Porque el movimiento de los derechos civiles comenzó muy bien y luego terminó en la affirmative action para los afro, y sabés que eso es muy discutible desde un punto de vista liberal clásico.

 y que no es lo mismo crear el cupo femenino a terminar con la diferencia que existía cuando se sancionaba penalmente el adulterio

Siempre sostuve la necesidad de des-penalizar el adulterio, sobre todo en la Argentina de 1985, cuando casi todos los demás católicos me querían matar (como siempre).

entre el cometido por el hombre y la mujer o establecer la patria potestad compartida, algo que hasta hace muy pocos años pertenecía solo a los varones y parecía tan normal. Lo mismo puede decirse del matrimonio homosexual.

Siempre estuve de acuerdo con que NO haya matrimonio estatal y listo, tema por el cual TODOS me quieren matar. Vos parecés no referirte a este tema cuando hablás del matrimonio homosexual.

 Si a estas cosas le llamamos derechos de tales grupos, eso de colectivista no tiene nada, es el natural avance del liberalismo clásico, de la libertad individual sobre rémoras del pasado que lo detenían. Ahí es cuando viene el argumento de lo “normal”, no en esta charla de Zanotti, que muestra el fundamento anti individual de la oposición a estas cosas. Y claro que se puede opinar contra, pero no desde el liberalismo y menos porque estar a favor sea antiliberal.

Ok.

Pero esta es la época en que todos quieren ser conservadores pero llamarse liberales igual, o ser dogmáticos religiosos pero hablar en nombre de la naturaleza y la ciencia,

NO es mi caso. Tengo explícitamente escrito que mi defensa de la familia tradicional cristiana NO se basa en una naturaleza despojada del contexto teológico y menos aún en una falible ciencia……………………….

http://institutoacton.org/2018/07/04/sexualidad-hacia-una-ley-natural-mas-catolica-y-una-mayor-vivencia-de-la-libertad-religiosa-gabriel-zanotti/

 o llevar a la política una moralina que no practican pero no ser considerados fascistas sino “liberales realistas” Para esa impostura los demás debemos ser puestos en el lugar de “progres”. Esa deshonesitidad yo no me la voy aguantar calladito, que entre el ejército que quiera.

Si me atribuís esa deshonestidad a mí, bueno, creo que es injusto.

Si los que son marxistas dentro de un movimiento político que toma el feminismo como agitación hablan de explotación de la mujer, en términos muy dudosamente marxistas según acabo de explicar, eso no explica ni a todo el feminismo ni a todo lo “genero”, ni lo descalifica, de la misma manera que Malcom X no hace al movimiento de derechos civiles marxista, sobre lo que vuelvo después.

Ok.

 De lo que se habla en general es de segregación, en muchos casos sin razón, en otros con razón, en la mayoría con métodos que no respetan la libertad de expresión ajena, en gran media pretendiendo cambiar costumbres arraigadas desde el iluminismo de los reguladores. En algunos casos con implicancias políticas, en otros sin implicancias políticas. Pero los que son errores están muy mal respondidos desde una moral dogmática alternativa que se defiende de ser puesta en competencia, en entredicho o relativizada. Gran parte de la nueva derecha, no digo Zanotti, quieren responder al feminismo diciendo que la mujer “naturalmente” tiene que estar en la cocina y cuidando a los niños.

Bueno pero entonces dilo a ellos. Decís, ok, “no digo Zanotti”, pero lo ponés en una respuesta hacia mí, ello puede implicar una confusión en el lector………

Discrepo con Zanotti, por la misma razón del párrafo anterior, con que su libertad de no usar el lenguaje inclusivo, que no he visto que nadie quiera hacerlo obligatorio

¿No has visto a nadie? Oh! Parece que vivimos en planetas distintos….. Hablá con Jordan Peterson, que está a punto de ir preso por NO hacerlo……

 y con el que tampoco estoy de acuerdo (ni con la obligación, ni con el lenguaje inclusivo, no por marxista, sino por estúpido), sea religiosa. Ahí cae en el mismo error que estaba criticando de considerar que los grupos tienen derechos especiales. Los cristianos no tienen derechos especiales. Hay derecho a ser cristiano y a practicar la religión, pero ese derecho es como individuos, no como parte de una comunidad, que es precisamente lo que explicaba Zanotti.

Ok, claro………. Pero entonces no sé por qué decís “discrepo con Zanotti”….

Si hubiera persecución contra ellos, cabría hablar de derechos de los cristianos,

Aún así tampoco. Los derechos son de los seres humanos, sean cristianos o no. O sea, NADIE, sea cristiano o vulcano, debe ser perseguido en una sociedad libre por ejercer sus libertades individuales…….

 pero en este caso fundamenta su libertad de pensamiento y expresión, no de actuación porque no he visto por lo menos prohibiciones al matrimonio heterosexual u obligaciones de cambiarse de sexo o de usar el lenguaje inclusivo. El mismo error cometían los que se oponían a que la ley de aborto implicara la obligación de los médicos de practicarlo. Se oponían en base a su “libertad religiosa”. No hay por qué ser cristiano para oponerse a practicar cualquier cosa, eso es un derecho individual del que no cabe dar explicación ni es necesario hacer profesión de fé.

PERO si el que te obliga a realizar un aborto por ser médico NO te acepta que puedas tener una convicción NO fundada en la religión para NO hacerlo, ENTONCES TAMBIÉN puedes argumentar desde tu derecho a la libertad religiosa, porque si el debate es “usted no lo quiere hacer porque es católico”, mi respuesta es “y qué”.

 Un medico tiene derecho a no practicar un aborto porque es un individuo libre, no porque es un crisitano, no necesita serlo para negarse. Ahí sí hay un intento de crear un fuero personal. El tema lo he tratado antes.

No, si aludís a tu libertad religiosa no estás aludiendo a ningún fuero en especial sino a la 1ra enmienda de los EEUU, que no creo que sean lo mismo…

Desde que empezó el movimiento “anti marxismo cultural” señalo que pertenece a una forma más de postmodernismo y hasta de multiculturalismo. Es una derecha que confirma los supuestos que la izquierda viene esgrimiendo desde hace décadas sobre que “lo liberal” es una opción más, así que habría un supraliberalismo en el que se es más liberal aceptando el liberalismo y la obligación de chador como cosas equivalentes. La nueva derecha cree que eso es tan cierto, que se puso a defender “su occidente”, su cultura, su “chador”, de otra cultura. Aceptó el partido. Y no se entiende cómo hacen referencia a la herencia marxista en cuando a que la lucha de clases fue reemplazada por otras explotaciones. En primer lugar porque la explotación de la lucha de clases tiene una explicación económica muy específica, que no es trasladadle a otras “luchas”.

Sí es trasladable, José. La plus-valía puede reproducirse como hipótesis ad hoc. El marxismo tiene la virtud teorética de “migrar”.

 Pero el problema principal no es ese. La izquierda de verdad usa cualquier tipo de grupo que se sienta maltratado para agitar. Lo viene haciendo desde tiempo inmemorial, aunque me parece difícil llamarle a eso marxismo.

Bueno, ok, tenés un interesante tema de debate allí,. Yo creo que sí por el colectivismo metodológico implicado. Por lo demás la primera migración del marxismo fue en los 60 con la teoría de la dependencia y el deterioro de los términos de intercambio. Y lo hicieron muy bien.

 Laclau lo transforma en teoría a través de la hegemonía formada por la utilización de cualquier descontento para acelerar la carrera hacia el poder y para concentrarlo en función de una venganza. Así que la agitación no tiene nada de novedoso. La nueva derecha hace lo mismo con los cristianos víctimas de que otra gente quiere vivir de otra manera y de la maléfica “ideología de género” y no por eso son marxistas.

No, José, las víctimas son los que están siendo encarcelados por supuestos pseudodelitos como discriminación, hate speech, etc. La mayoría de ellos “happen to be” cristianos (no Jordan Peterson precisamente), pero el “happen tu be” no implica que sean encarcelados por ser cristianos, sino que son procesados por ejercer sus libertades individuales. Si vos mañana te sentís mujer y yo digo públicamente que seguís siendo varón, he ejercido mi derecho a la libertad de expresión, sea cristiano o no…….

 Son deshonestos todos, agitadores todos y peligrosos todos, pero no por una doctrina sino por una metodología de agitación consistente en demonizar al otro.

Pero si vamos al fondo del asunto la cosa es peor. Mientras Marx dice que el empresario explota al obrero, el capitalismo dice que no y que el empresario es el que hace posible el ingreso del obrero. El capitalismo no está a favor del empresario contra el obrero, está a favor de ambos y dice que el conflicto es un invento.

Ok….

El capitalismo no dice que el obrero es malo y es marxista. No dice tampoco que porque el obrero pida un aumento de salarios es marxista o que si se quejara por algo como que no lo dejaran casarse sería marxista. Todo depende de en qué términos se queje pero eso no es algo que esté en él en tanto obrero, sino en las ideas como individuo que sostenga. En cambio para la nueva derecha las mujeres tienen que cocinar, los gays se tienen que encerrar en un cuarto y todo aquél que no esté de acuerdo es marxista.

YO no digo eso….

 Y oponerse a semejantes estupideces es atentar contra la libertad de expresión de ellos.

YO no digo eso….

No importa que se invoque la libertad y no la igualdad o la explotación, ya aceptar o considerar o no declararse enemigo de la idea de género, es practicar una ideología contraria a occidente. Esa es una falsificación absoluta de los términos de la discusión.

NO han sido MIS términos de la discusión.

Por eso no es tan sencillo como que “hablar de los derechos de las mujeres” es quebrantar el individualismo metodológico, si de lo que estamos hablando es de libertades de las mujeres.

No será sencillo pero hacerlo NO es falso. En todo caso hay que hacerlo con cuidado. Si dices que no he tenido cuidado, bueno, lo tendré más, pero no se puede siempre aclarar todo ad infinitum.

Y tampoco es cierto que si la izquierda habla de la igualdad de las mujeres, no se pueda hablar de la igualdad ante la ley de las mujeres y de la libertad de las mujeres, del mismo modo que hablar de la libertad de los negros no es marxista, ni hablar de la igualdad ante la ley de los negros es marxista, es liberalismo clásico elemental.

Ok. ¿Y por qué te pensás que la he defendido a María Blanco?

 Después podrán discutir si tal o cual cosa es una restricción a la libertad o no, pero asimilar eso a colectivismo no tiene rastros de razonabilidad.

Zanotti pone como ejemplo a Marthin Luther King. El es, según Zanotti, un liberal clásico, que quiere que sus hijos sean tratados igual que los demás. Malcom X en cambio es un individuo violento y marxista. Estamos de acuerdo en esta diferenciación. Es más, siempre uso como ejemplo el componente de izquierda que hay en el movimiento de derechos civiles y que eso no hace injustos sus reclamos ni hace a los negros marxistas. Pero curiosamente en toda la ensalada que se pone bajo el mote “ideología de género”, que va desde el aborto, a la educación sexual, a las teorías de género y al matrimonio homosexual, no admite la existencia de Martin Luther King alguno. No hace esa distinción,

Pero yo la hice. ¿Por qué tanta diferencia con MI conferencia entonces?

todo es “ideología de género contra occidente”. Todo es Malcom X. Pero aún así, si en el movimiento de derechos civiles Martin Luther King no hubiera existido y todo hubiera sido Malcom X, eso tampoco transformaría en injustos todos los reclamos ni el movimiento en sí mismo podría ser considerado marxista y, mucho menos, hubiera eximido a los liberales clásicos de apoyar las reformas.

Ok.

 Si un marxista reclama poder salir a la calle, salir a la calle no se transforma en marxista.

Ok….

No sé por qué no hay para la nueva derecha ningún Martin Luther King o una forma liberal de defender las cosas que ellos consideran la “contaminación de occidente”. O lo sé, porque en gran medida es una impostura. Están empeñados en destruir al liberalismo tildando de “progre” a todo lo que no sea un neofalangismo.

No creerás que sea mi caso no? ¿Yo neofalangista? Ja ja, dilo a los falangistas en serio……

Lo que faltó fundamentalmente en la charla es la definición de la “ideología de género”,

Creo que ya lo aclaré. Ideología, sí, por la violencia y el marxismo como colectivismo metodológico y extensión de la teoría de la explotación a nuevos colectivos explotados.

si bien podemos inferir el mismo salpicado de temas que vemos en todos lados y que perfectamente podrían agruparse como pensamiento que cuestiona las verdades católicas. De hecho hay que ver quienes se vieron convocados por la charla, de acuerdo a las preguntas que eran sobre temas de la religión, no de la constitución, muchas de ellas claramente opuestas a las referencias a la libertad de Zanotti.

El título decía “contra las libertades individuales”. Si muchos de los que vinieron no sabían ni lo que era eso, bueno, por eso me enfoqué en explicarlas…….

Mientras no exista la definición, no desde una conspiración que no define nada, sino conceptualmente, todo se reduce a una caza de brujas.

Bueno, dale, la next time voy a estar tres siglos con la definición, pero igual vas a ver que no te va a gustar.

Catolicismos hay varios también y ya que está metido en la política deberíamos analizar el carácter de esta ideología católica en boga. Se supone que hay unas familias mandatorias, derivadas de Adan y Eva como explica Zanotti, que como eran heterosexuales obligan a todos a ser heterosexuales y hacer familias así. Pero los curas y las monjas no cumplen con ese precepto y no son considerados marxistas culturales. Para eso hay un pertinente “ad hoc”. A mi me hubiera encantado estar en la charla pero no para preguntarle algo a Zanotti, con quien preferiría tener una charla en privado porque nos conocemos y diferimos o acordamos desde tiempos muy juveniles. Me hubiera encantado preguntarles cuántos de ellos eran separados o divorciados, porque me parece que esta ideología católica, como una de las posibilidades del catolicismo, tiene altas dosis de hipocresía y sobre todo de anacronismo.

Aquí realmente no te entiendo bien. Pero si por “ideología católica” entendés “catolicismo a los palos”, creo que me he opuesto a ello desde muuuuuy chiquito y precisamente muchos “palos” me han dado por ello…………

Y anacronismo más política se pone muy peligroso. Y me encantaría preguntarles qué hacen ellos si tienen hijos gays, si procederían como Bolsonaro, un divorciado tres veces, pero que propone que se mueran en un accidente.

Eso es una bestiliadad….. Lejos de mí, por Dios……..

 Me gustaría muchísimo que me contaran los culturales de esta ideología católica, que piensan de la otra ideología católica, la que habla del amor al prójimo. No es que dice que hay que ser bien educado con un transexual por ejemplo, habla de otra cosa, de amarlo, sin juzgarlo. Ni habla de tolerancia, sino de amor. Esa otra ideología católica dice por ejemplo que los católicos no están en condiciones de juzgar a nadie.

Acá de vuelta me perdí. Claro que forma parte del catolicismo el no juzgar la conciencia de nadie. Eso NO es precisamente “ideología”…..

 No como dice Zanotti que dice hablar de los homosexuales pero de ningún homosexual en particular, porque si habla de los homosexuales habla de todos los homosexuales en particular; regla básica de la lógica.

No, mi querido amigo, no……. “Todo S es P” NO es un juicio particular de existencia…………. Para pasar de todo S es p aalgún s es p hay que colocar una premisa intermedia que afirme “existe algún X tal que X es p”….. ver al respecto Łukasiewicz, Jan (1977). La silogística de Aristóteles desde el punto de vista de la lógica formal moderna. Tecnos…..

 El transexual que saluda por educación es uno en particular. Dice esa otra ideología que no son nadie para tirar una piedra, que pueden saber qué cosa es pecado pero nadie más que Dios sabe quién es pecador. Esa ideología católica

El catolicismo no es una ideología José. Pero bueno, sé que no lo vas a aceptar………….

 me gusta mucho más, la comparto en gran medida aunque no creo que sea un mandato del mas allá, es simplemente entendimiento sobre la naturaleza humana y sobre nuestras condiciones de existencia. Quiero decir con esto último que hay formas inofensivas y liberales de catolicismo, pero no es esta que busca el mal en los otros.

Este artículo es público por si a Zanotti le interesa comentarlo o responder algo.

Ja ja bueno, creo que ya respondí………………

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Pobreza, moral y religión

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2018/11/pobreza-moral-y-religion.html

En el debate sobre la pobreza existen muchos ángulos de opinión que enfrentan a distintos sectores sociales. No obstante, suele existir un consenso generalizado sobre que la pobreza es un estado indeseable de cosas que debe ser suprimido, eliminado o al menos reducido, a cualquier costo y mediante la implementación de medidas de cualquier género. Hay, con todo, posturas que no son del todo claras como sería de querer y, en ese marco, podemos encuadrar la posición de políticos, periodistas, analistas sociales, religiosos y teólogos. Veamos seguidamente un punto de vista católico sobre el tema, que por supuesto, no lo agota:

“Al igual que sucede con la idea de “justicia social”, la expresión “opción preferencial por los pobres” es parte del lexicon católico. Algunos utilizan la frase para insistir en la aplicación de políticas económicas de corte intervencionista. El Magisterio Social de la Iglesia católica, sin embargo, conduce a conclusiones más matizadas –tanto a nivel económico como teológico.”[1]

Lo expuesto en el párrafo anterior podría llevar a la apresurada suposición de algún lector de que la Iglesia católica no ha sido o no es partidaria de adoptar “políticas económicas de corte intervencionista”, pero quien esto concluyera de la cita del autor comentado estaría cayendo en un gran error. La Iglesia ha sido y lo sigue siendo en alguna medida favorable a la adopción de tales políticas como instrumento para suprimir o -al menos- reducir la pobreza, lo que la conduce a posiciones más que ambiguas en torno a la cuestión. La Iglesia a menudo ha exhortado (y aun lo hace) con mucho mayor énfasis a que los estados-nación patrocinen políticas intervencionistas en favor de los pobres.

“La expresión “opción por los pobres” cobró fuerza en el pensamiento católico hacia finales de la década del ‘60 y durante los ‘70. El término sirvió de inspiración para varias formas de teología de la liberación durante esa época, pero afirmaciones de este tipo tienden a restar importancia al hecho de que la Iglesia siempre ha mantenido una especial predilección por los pobres.”[2]

Esto ha hecho pensar en muchos que la Iglesia ha presentado a la pobreza como una virtud, como un ejemplo de conducta, como algo a seguir, a imitar, una preferencia o forma de vida. Y ciertamente no han sido pocos los representantes de la Iglesia católica que se han manifestado en tal sentido y han condenado la riqueza como pecaminosa y merecedora del infierno, fuente de toda culpabilidad y el peor de los pecados. Esa predilección se ha interpretado como una preferencia por una forma de vida querible. Cuanto más miserable la condición económica de las personas más elevados se encuentran espiritualmente ante los ojos de la Iglesia. Naturalmente no compartimos esa exégesis. Solo la exponemos.

“Los profetas del Antiguo Testamento se expresaron rotundamente contra la opresión de los pobres, por no mencionar las palabras de Cristo, donde Él mismo enseña que se le puede reconocer entre los pobres y los que sufren persecución. Más aún, el amor por los pobres y los marginados se puso en práctica desde los mismos inicios de la Iglesia. En tiempos del Imperio Romano, por ejemplo, los paganos –griegos y romanos– quedaban asombrados ante el afán que manifestaban los católicos por ayudar a los enfermos y discapacitados, los ancianos y los abandonados, independientemente de que estos fueran cristianos o no.”[3]

Aquí se mezclan varias cuestiones diferentes. Una es la opresión de los pobres, y otra distinta el amor por ellos. Serían opuestos. Se podría decir que la distinción es obvia, pero no es clara entonces cual sería la opción o preferencia. La lógica indica que la opción será optar por la no opresión de los pobres, pero ¿Qué tipo de opresión debería evitarse contra ellos? Suponemos que la económica. Esto definiría, pues, la opción o predilección como aquella conducta que no oprima a los pobres y amarlos. Ese amor se expresaría con no oprimirlos. Pero hay una cuestión que se omite en todo lo visto hasta aquí y lo que queda por verse del tema y de la que nos hemos ocupado en otras partes. Y es aquella que muchos pobres optan voluntariamente por su estado de pobreza y se niegan a salir del mismo. Ergo, desde nuestro propio punto de vista, la opción debería ser, no por no oprimir a los pobres sino por la de la libertad de estos ¿Qué tipo de libertad? La libertad de permitirles ejercer su propia opción por permanecer pobres o por salir de su pobreza. Este último análisis suele estar ausente en textos como el que ahora nos encontramos examinando. No obstante, a nosotros esta última cuestión nos parece de mayor importancia que la primera.

“La comprensión católica de la pobreza, sin embargo, no comete el error de imaginar que la pobreza se reduce al problema de la privación de bienes materiales. Durante los años ‘80, en medio de la más aguda crítica a la Iglesia hecha por la teología de la liberación, bajo influencia del marxismo, la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) recordó a los católicos que la pobreza tiene un significado bastante más amplio en el contexto de la fe, el pensamiento y la praxis cristianas.”

La principal dificultad reside -a nuestro juicio- en no haber entendido que el Señor Jesús exaltó la pobreza en espíritu (conforme enseña Mateo) y no la pobreza material. Textualmente: “Mat 5:3 Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielosNo hay pues una referencia concreta y directa a la pobreza material:

los pobres en espíritu. La frase en espíritu modifica a pobres, que normalmente se refiere a los que no tienen posesiones materiales ni para las necesidades de la vida. Aquí los pobres, lo que no tienen es el egoísmo y la arrogancia de los fariseos que creían que sus esfuerzos y méritos les habían concedido una posición especial delante de Dios (cp. Lc 18:9–14).”[4]

En suma, la palabra “pobres” ha de aplicárseles a los humildes de corazón y no a los carentes de recursos materiales. La pobreza material no es pues una virtud, ni un estado óptimo para los seres humanos como se ha querido interpretar. Sino que lo ambicionado es la pobreza entendida como actitud como disposición de ánimo.

[1]Samuel Gregg. “LA EMPRESA Y LA OPCIÓN POR LOS POBRES”. Fuente: Legatus Magazinehttp://www.legatusmagazine.org/business-and-the-option-for-the-poor 1 de febrero de 2014

[2] Gregg S. ibidem

[3] Gregg S. ibidem

[4] LA BIBLIA DE LAS AMÉRICASCopyright © 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation. Comentario a Mateo 5:3

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

LA FUERZA DEL ESPÍRITU HUMANO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Un tanto redundante el título de esta nota puesto que el espíritu es necesariamente humano, pero la reiteración es deliberada ya que lamentablemente vivimos en una época del más crudo materialismo en la que se considera al hombre un aparato que se limita a kilos de protoplasma.

 

Retomo la crítica a esta visión aberrante que no otorga espacio a la psique, a la mente o a los estados de conciencia, lo cual anula la posibilidad del libre albedrío y, consecuentemente a la libertad y al sentido de lo moral ya que todo se resumiría a los nexos causales inherentes a la materia por lo que no había ideas autogeneradas, proposiciones verdaderas y falsas, razonamiento ni argumentación posible,  incluso para defender racionalmente al materialismo ya que todo lo que hacemos o decimos estaría condicionado y no decidido por la voluntad independiente.

 

Repasemos el fondo de este asunto sobre el que consigno parte de lo que he escrito antes con algunas variantes. Karl Popper ha bautizado como “determinismo físico” el supuesto de que el ser humano en verdad no elije, decide y prefiere, es decir, no actúa, sino que está programado para decir y hacer lo que dice y hace, esto es, el antedicho materialismo filosófico en cuyo caso la libertad sería una ficción. Así escribe este filósofo de la ciencia que “si nuestras opiniones son resultado distinto del libre juicio de la razón o de la estimación de las razones y de los pros y contras, entonces nuestras opiniones no merecen ser tenidas en cuenta”.

 

En la misma línea argumental, John Hick sostiene que allí donde no existe libertad intelectual, lo cual es propio del materialismo, naturalmente no hay vida racional, por ende, la creencia que el hombre está determinado “no puede demandar racionalidad. Por tanto, el argumento determinista está necesariamente autorefutado o es lógicamente suicida. Un argumento racional no puede concluir que no hay tal cosa como argumentación racional”.

 

Con razón el premio Nobel en neurofisiología John Eccles concluye que “Uno no se involucra en un argumento racional con un ser que sostiene que todas sus respuestas son actos reflejos, no importa cuán complejo y sutil sea el condicionamiento”. Si no se acepta la condición humana de la libre decisión, todas las demás elucubraciones en ciencias sociales carecerían de sentido puesto que las bases de sustentación desaparecerían y no existiría acción humana sino mera reacción como en las ciencias naturales.

 

Es de interés destacar la opinión del premio Nobel en física Max Planck en este contexto. Afirma que “se trataría de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados como autómatas inanimados en manos de una férrea ley de causalidad […] El papel que la fuerza desempeña en la naturaleza, como causa del movimiento, tiene su contrapartida, en la esfera mental, en el motivo como causa de la conducta”.

 

El matemático Alan Turing llevó a cabo un experimento en el que ubicaba a una persona en una habitación en la que se ubicaban dos terminales de computadoras, una conectada en otra habitación con otra computadora y la otra conexión a otro ordenador manejado por otra persona. A continuación, Turing solicita a la primera persona referida que formule todas las preguntas que estime pertinentes por el tiempo que demande su investigación al efecto de conocer cual es cual, de lo contrario, si no pudiera establecer la diferencia (distinguir cual es cual) concluye Turing que es una prueba que no hay diferencia con el humano en cuanto a sus cualidades de decisión.

 

Por su parte, el filósofo John Searle refuta las conclusiones de ese experimento con otro que denominó “el experimento del cuarto chino”. Este consistió en ubicar también a una persona aislada en una habitación y totalmente ignorante del idioma chino a quien se le entregó un cuento chino escrito en esa lengua y se le entrega una serie de cartones con preguntas sobre la narración del caso y otros tantos cartones con respuestas muy variadas y contradictorias a esas preguntas. Simultáneamente también se le entregan otros cartones más con códigos claros para que pueda conectar acertadamente las preguntas con las respuestas acertadas.

 

Explica Searle que de este modo el personaje de marras contesta todo satisfactoriamente sin que haya entendido chino. Lo que prueba este segundo experimento es que el sujeto en cuestión es capaz de seguir las reglas, los códigos y programas que le fueron entregados que es la manera en que la máquina del primer experimento se equipara en el sentido operativo mencionado y eventualmente con mayor rapidez (desde luego no en todos los sentidos como su incapacidad de amar, autoconciencia, decisión independiente  y equivalentes), lo cual significa mera reacción de la computadora en base a programas insertos (por nuestra parte agregamos que la persona del ejemplo actuó en el sentido que decidió seguir el programa cosa que podía haber rechazado, decisión que no puede asumir la máquina).

 

Por su parte el lingüista Noam Chomsky señala que “No hay forma de que los ordenadores complejos puedan manifestar propiedades tales como la capacidad de elección […] Jugar al ajedrez puede ser reducido a un mecanismo y cuando un ordenador juega al ajedrez no lo hace del mismo modo que lo efectúa una persona; no desarrolla estrategias, no hace elecciones, simplemente recorre un proceso mecánico”.

 

El uso metafórico algunas veces se convierte en sentido literal, tal es el caso de las expresiones “inteligencia”, “memoria” y “cálculo” aplicado a los ordenadores. La primera proviene de relacionar la comprensión de conceptos en base al inter legum, esto es leer adentro, captar significados. Y como apunta Raymond Tallis aplicar la idea de memoria a las computadoras es del todo inadecuado, de la misma manera que cuando nuestros abuelos solían hacer un nudo en su pañuelo para recordar algo no aludían a “la memoria del pañuelo”, del mismo modo que cuando se almacena información en un depósito no se concluye que el galpón del caso tiene una gran memoria, puesto que “la memoria es inseparable de la conciencia”. En el mismo sentido, este autor destaca que en rigor las computadoras no computan ni las calculadores calculan puesto que se trata de impulsos eléctricos o mecánicos sin conciencia de computar o calcular y si se recurre a esos términos debe precisarse que “solo se hace en el mismo sentido en que se afirma que el reloj nos dice la hora”.

 

En este plano de análisis hay muchas otras metáforas que arrastran el peligro de su literalidad (los economistas estamos acostumbrados a lidiar con estos peligros). Tal es el caso de uno de los ejemplos que critica Thomas Szasz sobre lo que coloquialmente se dice brainstorming y, para el caso, brainwashing cuando estrictamente se trata de mindstorming y mindwashing. También puede agregarse el error de hacer referencia al “deficiente mental” cuando es “deficiente cerebral”. Si los humanos fuéramos solo kilos de protoplasma determinados por nexos causales inherentes a la materia, seríamos como el loro de nuestro ejemplo (claro que no físicamente sino desde la perspectiva de la inexistencia de argumentación, razonamiento y conceptualización). Sin embargo, para intentar probar la verdad de algo es  inexorable la existencia de estados de conciencia (Popper), mente (Wilder Penfield), voluntad (Roger W. Sperry) o psique (Eccles) distinta aunque estrechamente vinculada al órgano por el cual el hombre se comunica con el mundo exterior, es decir, el cerebro, tal como apunta Nicholas Rescher.

 

En la misma obra citada, Szasz subraya las inconsistencias de una parte de las neurociencias al pretender que con mapeos del cerebro se podrán leer sentimientos y pensamientos pero “el cerebro es un  órgano corporal y parte del discurso médico. La mente es un atributo personal parte del discurso moral […] equivocadamente se usan los términos mente y cerebro como se utilizan doce y una docena”.

 

También Szasz se refiere a otra metáfora peligrosa en cuanto a la mal llamada “enfermedad mental” cuando esto contradice la noción más elemental de la patología que enseña que una enfermedad es una lesión orgánica, de tejidos y células y, por tanto, no puede atribuirse a comportamientos e ideas.

 

Es sabido que todo lo material  de nuestro cuerpo cambia permanentemente con  el tiempo y, sin embargo, mantenemos el sentido de identidad (a menos que se haya padecido de una enfermedad o accidente que lesione partes vitales del cerebro que no permitan la interconexión mente-cuerpo).

 

Antony Flew y John Hospers precisan la diferencia entre causas y motivos. Flew escribe que “cuando hablamos de causas de un  evento puramente físico -digamos un eclipse de sol- empleamos la palabra causa para implicar al mismo tiempo necesidad física e imposibilidad física: lo que ocurrió era físicamente necesario y, dadas las circunstancias, cualquier otra cosa era físicamente imposible. Pero  este no es el caso del sentido de causa cuando se alude a la acción humana. Por ejemplo, si le doy a usted una buena causa para celebrar, no convierto el hecho en una celebración inevitable”.

 

También Hospers manifiesta que “enunciando sólo los antecedentes causales, nunca podríamos dar una conclusión suficiente: para dar cuenta de lo que hace una persona en sus actividades orientadas hacia fines hemos de conocer sus razones y razones no son causas”.

 

Aparece una gran paradoja que, entre otros, expresa George Gilder en cuanto a que los procesos productivos de nuestra época se caracterizan por atribuirle menor importancia relativa a la materia y un mayor peso al conocimiento y, sin embargo, irrumpe con fuerza el materialismo filosófico.

 

Ludwig von Mises apunta que “Para un materialista consistente no es posible distinguir entre una acción deliberada y la vida meramente vegetativa como la de las plantas”, Murray Rothbard explica que “si nuestras ideas están determinadas, entonces no tenemos manera de revisar libremente nuestros juicio y aprender la verdad, se trate de la verdad del determinismo o de cualquier otra cosa” y Friedrich Hayek nos dice que “Todos los procesos individuales de la mente se mantendrán para siempre como fenómenos de una clase especial […] nunca seremos capaces de explicarlos enteramente en términos de las leyes físicas”.

 

Autores como Howard Robinson , John Foster, Richard Swinburne y Thomas Reid concretan su perspectiva mostrando que sus estudios se refieren a dos planos de una misma realidad humana. Una, la física o la material y, la otra, la mental o los estados de conciencia. Robinson resume este ángulo de análisis: “Lo físico es público en el sentido de que en principio cualquier estado físico es accesible (susceptible de percibirse, de conocerse) para cualquier persona normal […] Los estados de conciencia son diferentes porque el sujeto a quien pertenecen -y solo ese sujeto- tiene un acceso privilegiado a eso” y, además, “el pensamiento es sobre algo […] mientras que los estados físicos no son sobre algo, están simplemente ahí […] y los pensamientos pueden también ser sobre lo que no existe” pero lo físico es por definición lo que existe como tal (lo cual no quiere decir que todo ello pueda tocarse o, en su caso, ni siquiera verse, como los campos gravitatorios, las ondas electromagnéticas y las partículas subatómicas).

 

Juan José Sanguinetti resume bien el problema al escribir en Neurociencia y filosofía del hombre que “Los actos intencionados son de las personas, no de las partes ni potencias de las personas. Si doy un apretón de manos a un conocido para saludarlo calurosamente, no tiene sentido decir ´mis manos te saludan calurosamente´, pues soy yo quien saluda con calor mediante un apretón de manos. [Maxwell] Bennett y [Peter M.] Hacker [en Philosophical Foundations of Neuroscience] se lamentaron, en este sentido, de que la literatura neurocientífica acuda con demasiada frecuencia a expresiones como ´mi cerebro cree´, ´mi hemisferio izquierdo interpreta´, ´la neocorteza percibe, ´las neuronas deciden´, ´el hipocampo recuerda´, ´mi sistema límbico está enfadado´, porque atribuir a cosas como células o grupos de células actos como entender, tomar decisiones, preferir etc., simplemente no tiene sentido […] Se puede decir mi ojo ve, aunque sería más exacto decir yo veo con mis ojos”.

 

El antes citado Eccles muestra la conexión necesaria entre el materialismo y el determinismo en La psique humana. Por su parte, Pierre Lecomte Du Noüy resume magníficamente la trascendencia y la potencia del espíritu humano y cifra sus esperanzas en que se abra paso cada vez con mayor énfasis este aspecto que estima hace a la esencia de la dignidad del hombre, entre otros en su libro titulado de modo muy ilustrativo: El provenir del espíritu.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

La educación sexual, el liberalismo y la “invasión LGTB”

Por Iván Carrino. Publicado el 23/11/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/11/23/la-educacion-sexual-el-liberalismo-y-la-invasion-lgtb/

 

Algunas precisiones en el debate para evitar la ensalada de conceptos.

“El liberalismo es el respeto irrestricto por el proyecto de vida del prójimo”

Alberto Benegas Lynch (h)

Antes de empezar quiero declarar mi más profundo rechazo por una frase que se usa muy a menudo para elogiar o destacar cierto contenido.

La frase dice más o menos así:

“Esto es buenísimo, ¡debería ser contenido obligatorio en las escuelas!”

Al parecer, somos todos muy liberales en todo, hasta que algo nos gusta y lo queremos imponer.

No. Los liberales no creemos en la obligación, sino en los acuerdos voluntarios.

Ahora sí, puedo continuar.

Hay un debate que está tomando cada vez más notoriedad y que, desde mi punto de vista, crea alguna confusión entre lo que es el respeto por la diversidad, el rol de la izquierda, los valores y el liberalismo.

La última batalla de ese debate parecería ser la propuesta de Reforma de la Ley 26.150 (de Educación Sexual Integral), que ha originado como respuesta un movimiento con una consigna muy clara: #ConMisHijosNoTeMetas.

A raíz de esta cuestión, me gustaría elaborar sobre dos puntos que creo merecen atención. El primero es la Educación Sexual Integral, su propuesta de reforma y el punto de vista liberal al respecto.

El segundo es el rol de la familia tradicional y por qué sí, o por qué no, hay que defenderla desde este mismo punto de vista.

ESI: la ley y su propuesta de reforma

El 4 de octubre del año 2006 el Senado y la Cámara de Diputados de la nación sancionaron la Ley 26.150: Programa Nacional de Educación Sexual Integral.

La misma sostenía que “todos los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada” de todo el país.

Los objetivos de la ley eran varios, pero interesa destacar 3, que copio textualmente:

1)      Promover actitudes responsables ante la sexualidad;

2)      Prevenir los problemas relacionados con la salud en general y la salud sexual y reproductiva en particular;

3)      Procurar igualdad de trato y oportunidades para varones y mujeres.

La educación de este tipo es obligatoria para todos los establecimientos educativos, pero con la salvedad que, de acuerdo con el artículo 5:

… cada comunidad educativa incluirá en el proceso de elaboración de su proyecto institucional, la adaptación de las propuestas a su realidad sociocultural, en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros.

La propuesta de reforma, que según este sitio tiene dictamen de mayoría en el Congreso, reemplaza algunas de las cuestiones que acabamos de destacar.

Por ejemplo, los objetivos quedan algo más amplios:

1)      Promover actitudes responsables ante la sexualidad, construyendo hábitos y comportamientos responsables y saludables;

2)      Prevenir los problemas relacionados con la salud en general y la salud sexual y reproductiva en particular; y

3)      Asegurar la igualdad de trato y oportunidades, la no discriminación y un acceso igualitario a la Educación Sexual Integral para las diversas identidades de género y orientaciones sexuales.”

O sea que en lugar de establecer igualdad de trato para “varones y mujeres”, el espectro queda ampliado para cualquier identidad de género, incluyendo a personas transgénero (una persona biológicamente mujer o varón, pero que se identifica con el género opuesto).

Por otro lado, propone reemplazar el artículo 5, violando ese margen de autonomía que les dejaba a las instituciones.

Así, se establece:

“Los contenidos que hacen a la aplicación de la presente y de las resoluciones del Consejo Federal de Educación deberán incluirse en la currícula y modalidad de todos los niveles educativos de forma obligatoria, constituyéndose en disposiciones de orden público, independientemente de la modalidad, entorno o ámbito de cada institución educativa, sea de gestión pública o privada.

El grado de avance del estado sobre las instituciones privadas y públicas, obviamente, es motivo de polémica.

Estado contra Privados

Desde el punto de vista liberal, el problema no es la ESI ni tampoco su reforma.

A ver, es claro que un artículo que dice que una medida “X” debe aplicarse “independientemente de la modalidad o ámbito de cada institución” es más invasivo de la propiedad privada que una medida que dice que tal medida debe aplicarse de forma obligatoria pero “en el marco del respeto a su ideario institucional y convicciones”.

No cabe duda de ello.

Ahora bien, desde el punto de vista liberal, el problema es la imposición de los contenidos desde el estado.

En los manuales de historia o geografía económica de la escuela secundaria es muy probable que los alumnos se encuentren con que Franklin D. Roosevelt sacó a Estados Unidos de la Gran Depresión gracias a su intervencionismo, o que Argentina tuvo una crisis económica en 1999-2002 como resultado del neoliberalismo.

Desde mi punto de vista, estos contenidos están fácticamente equivocados y preferiría enviar a mi hijo a un colegio que enseñara a los alumnos otra versión de los hechos.

Lo mismo ocurre con la Educación Sexual Integral. Entiendo perfectamente el reclamo de un padre o madre que sostiene que no quiere que a su hijo le digan que “está bien ser gay” (siempre asumiendo que es eso lo que le van a enseñar, y no simplemente a respetar e incluir a las diversas expresiones de la sexualidad).

Esos progenitores tendrían, en una sociedad liberal, la opción de enviar a su hijo a un colegio con sus valores y creencias, cosa que no pueden hacer con una educación nacional manejada por el estado.

Pero lo mismo me pasa a mí con el caso del neoliberalismo y Argentina. Mis hijos seguramente vayan a un colegio donde les digan que el neoliberalismo arruinó al país. Y yo me armaré de paciencia para contarles la otra mirada.

El problema no es el contenido en particular, sino la imposición.

La problemática de los contenidos educativos en las escuelas fue magníficamente explicada por Murray Rothbard. En su libro Poder y Mercado, publicado por Unión Editorial en 2006, explica que la propiedad pública implica necesariamente “enormes conflictos de casta”.

¿Qué son estos conflictos?

En sus palabras:

“… los empresas públicas [en este caso, la educación cuyos contenidos obligatorios maneja el estado] crean enormes conflictos de casta entre los ciudadanos, cada uno de los cuales tiene una idea diferente de la mejor forma de servicio.

En los últimos años, las escuelas públicas de EE.UU. han constituido un buen ejemplo de estos conflictos. Algunos padres prefieren escuelas segregadas racialmente, otros prefieren la educación integrada. Algunos quieren que se enseñe socialismo en las escuelas. No hay forma de que el gobierno resuelva estos conflictos. Solo puede imponer el deseo de la mayoría –o la interpretación burocrática de la misma – mediante la coerción y hacer que minorías, generalmente grandes, queden descontentas e insatisfechas. Cualquiera sea el tipo de escuela que se elija, algún grupo sufrirá”

Es decir, imaginemos que la ley de Educación Sexual Integral sostuviera valores católicos. Probablemente, los católicos estarían contentos (o una mayoría de ellos), pero quedarían descontentos los no católicos.

Lo mismo ocurre a la inversa.

Pero el punto central es que en la medida que tengamos una educación digitada y dirigida por el estado, incluso adentro de las puertas de las instituciones privadas, este problema no se va a resolver.

El gobierno será quien finalmente decida qué se enseña y qué no. En la letra de la ley, el conflicto de casta es irresoluble.

Un comentario final para esta sección es que seguramente me digan que lo que se enseña en el sistema educativo no es la interpretación burocrática del deseo de la mayoría, sino lo que “la ciencia” dice que es cierto.

De hecho, la ley 26.150 sostiene que “la definición de los lineamientos curriculares (…) será asesorada por una comisión interdisciplinaria de especialistas en la temática”.

Ahora bien, eso es caer en lo que William Easterly llamó La Tiranía de los Expertos, y que Gabriel Zanotti explicó bien  en su La epistemología y sus consecuencias filosófico-políticas. Allí plantea que, incluso aunque el gobierno supiera “la verdad”, no tiene derecho de imponerla por la fuerza.

La familia tradicional no es un valor en sí mismo

Debido a que la nueva Educación Sexual Integral propone incluir expresiones de identidad de género que no sean exclusivamente la del hombre y la mujer heterosexuales, muchos reaccionan sosteniendo que,  lo que se esconde detrás, es un ataque a los “valores tradicionales”, “la familia”, y que se viene una “invasión gay” producto de la militancia izquierdista del movimiento LGTB.

Aquí hay tres cuestiones de suma importancia.

En primer lugar, solo el 37% de las familias respetan el formato “tradicional” de mamá-papá-hijos. En segundo lugar, dicho formato no tiene nada de bueno ni de malo en sí mismo.

Por último, resulta curioso que quienes luchan por defender a la “familia tradicional” y quieren mostrarse como los paladines del liberalismo, no hacen otra cosa que quejarse por los resultados de la libertad que buscan exaltar.

Es que fue el capitalismo de libre mercado el que ha ido transformando a la familia en el  último siglo.

De acuerdo con un trabajo de Steven Horwitz, la familia tradicional no tiene nada de especial, sino que fue una circunstancia histórica derivada de la Revolución Industrial de mediados-fines del siglo XIX.

Antes de dicha revolución, la familia era sencillamente una unidad de producción agrícola. Padre, madre y todos los hijos posibles tenían que trabajar día y noche en el campo para producir los bienes que proveyeran su subsistencia.

Más tarde, el incremento del ingreso per cápita y la aparición de las fábricas permitieron un cambio económico sustancial, que tuvo su efecto en la organización familiar.

Según el trabajo:

Mientras que en tiempos preindustriales, las mujeres y los hombres compartían muchas de las tareas en la unidad de producción familiar, la industrialización trajo una división del trabajo por género donde los hombres ocuparon la esfera pública del trabajo y la política y las mujeres lo privado. La esfera del hogar.

Se gastó una gran cantidad de energía durante la era victoriana, argumentando que esta división del trabajo era realmente una forma de igualdad, ya que hombres y mujeres fueron asignados a sus “esferas separadas” en las que cada uno sobresalía. Los géneros no eran desiguales, solo eran “diferentes”.

Cualesquiera que fueran los méritos de esta forma familiar, dos cosas eran ciertas: primero, la riqueza creada por el orden del mercado había liberado a las mujeres y los niños de la necesidad de un trabajo en gran medida desagradable en la industria. En segundo lugar, la forma y funciones de la familia continuaron evolucionando.

Este último punto es crucial porque muchos hablan hoy de la familia “tradicional” como si hubiera habido una forma familiar particular que había existido durante siglos hasta los cambios de los últimos 40 años. Pero incluso un estudio superficial de la historia económica y social indica que la forma y las funciones de la familia han experimentado cambios significativos, al menos desde los primeros días de la industrialización, si no antes.

El trabajo de Horwitz continúa investigando la evolución de la institución familia y explica desde un punto de vista económico el aumento en la tasa de divorcios e incluso la aparición del reclamo por el matrimonio homosexual.

O sea que así como el capitalismo dio origen a lo que se supone que es la familia tradicional, también es el que explica el desmembramiento de ésta.

Finalmente, debemos aclarar que la “familia tradicional” no tiene nada de bueno o malo en sí mismo.

De hecho, como escribí en 2010, puede ocurrir que una familia de “mamá-papá-hija” sea absolutamente nefasta, mientras que una de “papá-papá-hijo” o “mamá-mamá-hijo/hija/hijos e hijas” sea increíblemente buena.

A la hora de los vínculos familiares, no parece que sea relevante el tema del género.

Aclarando la confusión

El objetivo de este posteo era dejar en claros dos puntos que me parece que se confunden en el debate por la educación sexual.

El primero es que el liberalismo se opone a la obligatoriedad de contenidos en la educación.

Los liberales creemos en una sociedad diversa también en materia educativa.

Un mundo liberal tendría colegios con la ESI de 2006,  otros con la ESI de 2018, otros con la ESI de 2058 y otros sin ESI o con la educación que quiera dar la religión que profese la institución en cuestión.

Eso es verdadera libertad y diversidad.

El segundo punto es que no hay nada de liberal en defender un modelo de organización social específico y que no cambie en el tiempo. Los liberales sabemos que el mercado es un proceso y que las instituciones sociales van modificándose en consecuencia.

En este sentido, no hay nada que haga de la “familia tradicional” un valor para defender. Tenemos que respetar la libertad de asociación, y eso implica “papá-mamá”, “papá-papá”, “mamá sola” y todas las variantes que los propios involucrados juzguen como positivas.

No hay una organización social “óptima” objetivamente determinable. Y, incluso si le hubiera, nadie debería tener el poder para imponérsela a otro.

Entre otras cosas, pero fundamentalmente, de eso se trata el liberalismo.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

De la imposibilidad del cálculo económico a la imposibilidad de la educación formal positivista

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 23/02/05 en: https://institutoaccionliberal.wordpress.com/2014/01/22/de-la-imposibilidad-del-calculo-economico-a-la-imposibilidad-de-la-educacion-formal-positivista/?fbclid=IwAR1Qj2k3vDPJgTM4d1y_yVsuEYAyW7OJL59Qz8zTCyIpL0CHIoP8BNf69Zw

 

Muchos recuerdan con énfasis el famoso artículo de Mises, luego devenido en uno de sus más importantes libros (“El Socialismo”, de 1922), donde el gran economista austriaco demostraba la imposibilidad de cálculo económico en el socialismo. La argumentación de Mises se concentraba en que, al carecer de precios libres, por carecer de propiedad privada, el socialismo no podía realizar el cálculo de costos y precios indispensable para la economización de recursos. La conclusión general de Mises, desafiante, era esta esencial paradoja: el socialismo pretende planificar y, al hacerlo, desordena. La paradoja de la planificación es que no planifica. El mensaje de Mises, dicho 83 años atrás, aún no se ha entendido, pues ese extraño fenómeno llamado capitalismo global no es más que el intervencionismo parcial, que es un socialismo parcial que distorsiona permanentemente los precios de mercado.

Hace más de 83 años, sin embargo, que en otro ámbito, el educativo, pretendemos planificar, con análogos resultados. No me refiero a la educación estatal. Me refiero al sistema de educación planificada con sistema de notas, siendo estas últimas los incentivos básicos del sistema y el eje central del sub-sistema de premios y castigos. Este sistema no es intrínseco a la escolaridad como tal, pero es la costumbre imperante en la educación formal occidental, especialmente después que el positivismo pedagógico tiene su auge a fines del s. XIX. A veces se ha intentado salir de ese sistema; a veces sus riendas son más flojas o no, a veces la humanidad de maestros y profesores le hace de contrapeso pero………. El sistema permanece implacable, ya sea en el sector privado o en el estatal, en todo lugar del mundo donde se pretenda tener un sistema escolar “evolucionado”.

Por supuesto, niños, adolescentes y adultos siguen sin aprender nada pero…. No creo que se vea cuál es el problema. Se levantan voces de conservadorismo pedagógico, llamando al rigor, a la disciplina, a la exigencia, como solución, sin ver, tal vez, que esas voces son análogas a la del planificador socialista que quiere planificar aún más cuando saltan por doquier los desastres de la planificación.

La analogía no es tan difícil. Las notas son análogas a los precios fijados por el planificador socialista o intervencionista. El ser humano, que responde a estímulos e incentivos normales, memoriza lo necesario para obtener el 9 o el 10 necesario, y los que creen en el sistema dicen “aprendió” y colocan el 10, mandan hacer el cuadrito de honor, conceden la beca, y el sistema se retroalimenta. Por supuesto, el aprendizaje implica la memoria, pero no al revés, pero no importa, el sistema está mal estructurado desde la base. De igual modo que el precio fijado por el estado da señales que dispersan aún más el conocimiento limitado (Hayek) las notas dan una ilusión de aprendizaje. Y no hay propiedad porque, si la hubiera, el alumno podría decir “no” a una “propuesta” educativa. Pero no, es un esclavo. Claro que a veces son niños, pero se los educa como esclavos porque se los educa para seguir siendo niños. De vez en cuando algunos alumnos se mueren de stress por la famosa nota o los profesores se angustian por la falta de interés del alumnado, pero no importa, así son las cosas y hay que seguir. De vez en cuando algún alumno quiere salirse del sistema pero el eficaz modo de castigos le pondrá coto o impedirá su creatividad o su genio. De vez en cuando algún profesor querrá salirse del sistema planificado pero algún superior, y no necesariamente el estado, le llamará la atención. El sistema, obviamente, es intrínsecamente corruptor. Todo tipo de engaños y simulaciones sin ideadas para obtener la sacrosanta nota, y profesores y autoridades deben convertirse en policías. Eso los corrompe a ellos pero, fundamentalmente, a todos los seres humanos que desde los 6 hasta los 17 han sido “educados” en cómo burlar un sistema autoritario…. Que ellos perciben como “autoridad”. A esas personas, a las 18, se les dice que deben ser buenos, que no deben ser corruptos, que no deben engañar, que deben hacer una buena opción con su carrera, que deben ser buenos padres….

Hay grupos de personas que no son afectadas por el sistema. Están los que quieren aprender, libremente, y lo hacen y entonces obtienen el 9 o el 10 pero no porque sea eso lo que les interese. Están los genios que estudian lo que quieren y se aburren y sin problema repiten lo que el sistema quiere escuchar. Ninguno de los dos casos refuta al fracaso de la educación formal positivista. Hay también ciertos paradigmas técnicos cuyo manejo requiere memorizar primero y aprender después, o sea, “entrenamiento”. Y están los millones y millones que se han pervertido de por vida, y están los millones y millones de genios creativos a los cuales el sistema aplastó desde el principio. Claro, esa millonaria pérdida no puede ser registrada por el sistema de notas.

Ante esto, ¿qué hacer? Por lo pronto, no desanimarse, porque en ese sistema estamos. Pero aquellos que, y no por el sistema escolar, saben algo de la crítica en Popper, de las condiciones de diálogo en Habermas, del conocimiento disperso en Hayek, del conocimiento tácito en Polanyi, de los horizontes en Gadamer, del pensar no calculante en Heidegger, del diálogo en Buber y Lévinas, del amor a Dios en Sta. Teresa y San Juan de la Cruz, todos ellos deben saber que el sistema escolar nada tiene que ver con todo ello. Si tenemos la “mente abierta”, pensemos en esto, que es un drama que hace siglos está matando nichos desconocidos de creatividad. Y si me he equivocado, aquí estoy, abierto a la crítica. Cosa que el sistema formal de enseñanza no alienta ni permite…

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.