¿DE QUÉ PLANETA VINO MI PADRE?

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 1/7/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/07/de-que-planeta-vino-mi-padre.html

 

Siempre me he hecho esta pregunta. Siempre juego con que yo soy un marciano, pero claro, hay que ver los orígenes.

No sé por qué, a medida que pasan los años –murió en 1991- la imagen que más recuerdo es la de los días en los cuales volvía temprano de La Nación –eso era más o menos 9 de la noche-, se dejaba la corbata puesta, se ponía su “saco fumar” y se sentaba a leer a Pirandello, a Chejov, a Collete, a Unamuno,  mientras mamá –una pianista eximia, una coreuta con oído absoluto- terminaba de preparar la cena. Entretanto él seguía con su libro y con sus discos 33 de música clásica, la única que escuchaba, preferentemente pianistas como Rubinstein, Gulda o Horowitz. Luego así, imperturbable, con la misma corbata y el mismo saco, se sentaba a cenar en la cabecera. Era muy afectuoso, sí, tenía una sonrisa pícara que compensaba su solemnidad, pero era como sentarse a cenar con Churchill.

¿De dónde salió ese caballero inglés en la Argentina? ¿De dónde salió esta combinación de Unamuno, Marías, Scciaca y C.S. Lewis? Mi padre superaba al chiste. No es que era un argentino que era italiano, hablaba Español y se creía inglés. Era inglés. Cómo, no lo sé. ¿Alguna nave extraterrestre abdujo a mi abuela en 1927?

Conocía perfectamente a la literatura española y argentina, había leído de primera fuente a constructores de países como Mitre o Sarmiento, pero cómo llegó él solo, a enamorarse de los EEUU, no lo sé.

El asunto es que nuestra familia era un mundo cultural propio que giraba entre Roma, Philadelphia y Buenos Aires. En la primera estaban tres hermanas de mamá, en la segunda dos hermanas de mi abuelo materno, que fundaron toda la rama norteamericana, y en ese otro extraño lugar del mundo, exiliados, estábamos nosotros.

El marco de referencia eran EEUU e Italia. Cuando mataron a Robert Kennedy yo tenía ocho años y mis padres lloraban amargamente. Yo subí al micro escolar, en un lejanísimo lugar llamado Ituzaingó, diciendo “mataron a Kennedy, mataron a Kennedy”, y comencé a descubrir entonces qué significaba vivir en otro planeta.

No levantaba nunca la voz. No pronunciaba regionalismos. No tenía los juegos del lenguaje del porteño. No usaba el che. Hablaba el Español de Ortega y Gasset  y de Unamuno.  Escribía un Español impecable sin corregir una sola vez, de primera mano, en tiempos donde no había Word ni nada por el estilo. Caminaba con un paso parecido al de Patton o de Gaulle.  Era un aristócrata. Una vez el hijo medio loco, yo, le dije que Chejov era el piloto de Viaje a las Estrellas. Ni siquiera respondió. Mi miró con afecto, pero como quien mira a un irredimible.

La casa, para él, era su castillo, y él su señor. En la casa no entraba el exterior. No entraba lo mundano. “Afuera vas a escuchar muchas cosas”, me dijo una vez. “Pero en esta casa, no”. El no lo sabía, pero al entrar nos teníamos que sacar el mundo, como los japoneses los zapatos. La casa era su templo, y la intimidad de su hogar, su sagrario.

Era inmune a otras influencias. Guiraldes, Hernández, Estrada, sí entraban a casa. Nos llevó dos veces, a Pablo y a mí, a San Antonio de Areco a ver la estancia de Guiraldes. Fue mi máximo contacto con Argentina. Pero la televisión de los 70, no, y menos el cine argentino de entonces. Olmedo y Porcel eran para él el ejemplo máximo de la decadencia cultural. La chabacanería era para él una perversión inconcebible.  Y los pobres Les Luthiers  le parecían algo tan terrible como reírse de la liturgia un Viernes Santo.

Era un liberal orteguiano, un severo crítico al nacionalismo, un admirador de las formas republicanas: en el fondo, era un iluminista. Fue maestro normal nacional 10 años y verdaderamente fue para él un sacerdocio. Sólo desde allí pudo criticar luego al positivismo pedagógico.  El peronismo y el sindicalismo argentino eran para él peor que cualquier pecado mortal. Propuso seriamente eliminar la obligatoriedad de los planes estatales de enseñanza, en la Argentina de los 80. Malvinas le pareció un horror. Alfonsín era para él la izquierda absoluta. No sé si hubiera resistido ser testigo de la Argentina posterior.

Era católico, pero la izquierda de los “sacerdotes para el tercer mundo” sencillamente lo destrozó.

De dónde, de dónde salió. ¿Será la Argentina sólo un caos informe del cual puede salir tanto mi padre como un Moyano? ¿Será eso o nada más que la infinita combinatoria casual del humano devenir?

Se quedó muy solo. Los católicos, aferrados al sistema de incorporación por gestión propia, no lo entendieron nunca. La izquierda le agradeció poniéndole una bomba en su (nuestra) casa de Ituzaingó. Los militares pensaron que por eso era uno de ellos, hasta que se dieron cuenta que tampoco. Los liberales de la Escuela Austríaca lo conocieron muy tarde. Tuvo muchos amigos y discípulos, pero su Instituto de Investigaciones Educativas fue discontinuado después de su muerte.

 

De dónde, de dónde salió. Y yo, recién ahora estoy sólo a la altura de sus zapatos. Y recién ahora podría hablar realmente con él.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

LA LIBERTAD NO ES AUTOMÁTICA: EL CASO GALEANO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

 

En general la gente se ocupa de sus quehaceres en agitado ritmo en una rutina que dan por sentado siempre se mantendrá. Hay quienes se las pasan con una calculadora en la mano conjeturando nuevos arbitrajes al efecto de amasar dinero, lo cual es del todo legítimo pero la faena no está en modo alguno garantizada. El respeto no es gratis ni viene de la estratósfera, es el resultado del esfuerzo cotidiano. Bien ha dicho Jefferson que “el costo de la libertad es su eterna vigilancia”.

 

Los hay quienes se dedican a la jardinería, a la música, a cultivar verdura, a la carpintería o a lo que sea en la infinita gama de tareas posibles pero todos están interesados en que se los respete, por tanto todos deben contribuir a ese interés vital. No es posible la actitud cómoda e irresponsable de delegar la faena sobre los hombros de terceros.

 

Es frecuente que se sostenga que no hay la capacitación para dedicarse a defender los principios de la sociedad abierta, que deben ser otros los que se esfuercen en estudiar y difundir dichos valores. Una pretendida coartada para poder dedicarse a lo suyo en un sentido muy limitado y amputado como si lo suyo no necesitara que se lo respete.

 

No hay actividad posible si no tiene vigencia el respeto recíproco. Nada queda en pie si esto no se toma en serio y, sobre todo, se procede en consecuencia. Cada uno debe estudiar los fundamentos o por lo menos los aspectos elementales de la convivencia civilizada. No vale decir que no tienen tiempo porque por ese camino, tarde o temprano, se quedarán sin lo suyo que les será arrancado por la  fuerza.

 

Como muchas veces hemos señalado, la cátedra, el libro, el ensayo y el artículo constituyen los canales más fértiles para lograr el objetivo pero no son ni remotamente los únicos. Las reuniones en casas de familia en grupos pequeños para leer y discutir libros de provecho, es una forma muy productiva de aprender y difundir las bases de una sociedad libre con gran efecto multiplicador no solo en las familias y en reuniones sociales sino también en lugares de trabajo.

 

Es típico de los haraganes decir que solo hay preocuparse y ocuparse de la familia, el trabajo, el deporte y la recreación en paz. Esto no es nada original por cierto, todos quieren lo mismo el asunto es comprender que esto no resulta posible si no se defiende la libertad para lo cual hay que destinar tiempo a quemarse la cejas, estudiar y mantenerse actualizado en las defensas.

 

Los irresponsables de marras amenazan con irse del país en que viven si las cosas se ponen feas, sin percatarse que el ubicarse en otros lares más pacíficos es consecuencia directa del esfuerzo que han hecho otros en esos otros países para mantener la situación en brete. Si todos procedieran como aquellos comodones solo quedaría flotar en el mar a merced de los tiburones.

 

Más aun, si cada uno pusiera su granito de arena, como decimos, independientemente de a que se dedica, el mundo mostraría otra fisonomía completamente distinta a la decadencia que se observa. No resulta posible limitarse a criticar a la hora del almuerzo y terminado de engullir alimentos cada cual se concentra en sus intereses personales desentendiéndose por completo del reaseguro que a todos concierne.

 

En épocas de bonanza se estimula la distracción de lo que venimos diciendo y en épocas de malaria hay la tendencia a emigrar o esconderse en las propias cuevas hasta que son asaltadas y vejadas por los enemigos de la sociedad abierta, siempre al acecho de nuevas presas desprevenidas.

 

Cada uno debiera preguntarse que ha hecho durante el día para que se lo respete. Si la respuesta es nada, no hay derecho al pataleo. Estimo que ilustra esta situación a las mil maravillas el cuento de Cortázar “Casa tomada”. Seguramente el autor no estaría de acuerdo que se recurra a su célebre narración a los efectos de defender la tradición de pensamiento liberal, pero sirve a estos propósitos. Una trama en la que los moradores van cediendo espacios de la casa hasta que en la práctica son expulsados de la misma. Esta es la situación literal de lo que ocurre, somos echados de nuestras pertenencias por bandas que ocupan ilegítimamente nuestras moradas.

 

Y esto sucede debido a nuestra incapacidad de defender lo que nos pertenece, nuestras libertades, nuestras propiedades y nuestros sueños de vida que son arrebatadas por un Leviatán desbocado. Aparatos estatales que supuestamente se constituyeron para proteger nuestros derechos pero que los conculcan permanentemente. Dejamos espacios que son ocupados por facinerosos y personas de buena fe pero que con sus procederes arruinan la vida de otros.

 

Lo dicho no quiere decir que personas honestas intelectualmente se abstengan de cambiar de parecer cuando se les demuestran sus errores. Hay casos muy sonados que he recogido en oportunidades anteriores, algunos ahora muy amigos y que antes abrazaban la postura socialista. Hace tiempo escribí sobre Eduardo Galeano que puede resultar de interés reiterar parcialmente en esta nota periodística solo para enfatizar, tal como relatan algunos de sus allegados, que fue grande su costo al cambiar de opinión puesto que la libertad no es un proceso automático.

 

Subrayo su talento realmente formidable para administrar una pluma que produce resultados que encandilan de admiración al lector. Una especie de hechizo superlativo de un prestidigitador que juega con las formas del idioma y que exhibe una gimnasia gramatical que se asimila a estar escribiendo poemas permanentes con una cadencia notable, por más que se trate del género del ensayo.

Habiendo dicho esto, destaco lo que es evidente: su contribución a la demolición de la sociedad abierta, o mejor dicho, a lo que queda de ella puesto que durante las últimas largas décadas los gobiernos se han propuesto el estrangulamiento de las libertades de las personas que gobierna. Astronómicos incrementos en el gasto público, impuestos insoportables, regulaciones asfixiantes en el contexto de marcos institucionales degradados hacen que el Leviatán avance sobre los espacios privados de la gente dejando a su paso pobreza para todos, muy especialmente para los más necesitados.

Aquellas medidas las propone Eduardo Galeano con entusiasmo. Flota en sus trabajos la presencia de la suma cero de la teoría de los juegos, es decir, lo que gana uno lo pierde el otro retrotrayéndonos a la época mercantilista. Nada original por cierto. En Las venas abiertas de América latina -luego impugnada por el autor- concluye que “cuanto más libertad se otorga a los negocios, más cárceles se hace necesario construir para quienes padecen los negocios”, con lo cual le da la espalda al hecho de que en toda transacción libre y voluntaria ambas partes se benefician.

Allí no distinguía para nada el empresario que para mejorar su situación patrimonial debe servir a sus semejantes: si acierta gana y si yerra incurre en quebrantos. No diferenciaba esta situación con el pseudoempresario que se enriquece debido al privilegio que le otorga su alianza con el poder político de turno, con lo que explota miserablemente a sus congéneres.

La emprendía contra un capitalismo prácticamente inexistente, incluso en el otrora baluarte del mundo libre, Estados Unidos,  donde de un largo tiempo a esta parte los gobiernos han traicionado los sabios consejos de los Padres Fundadores para, en su lugar, abrazar la latinoamericanización en el peor sentido de la expresión, lo cual incluye “salvatajes” para negociantes irresponsables, ineptos e indecentes, claro está con los recursos de los que trabajan honestamente. Embestía contra el mercado como si no se percatara que se trata de millones de arreglos contractuales entre los que estaba el mismo Galeano, no solo para su vivienda, su vestido, su alimentación y su recreación sino de modo muy especial para vender su antedicho libro (y muchos otros, también de su autoría) que va por la edición sesenta y ocho con jugosos derechos de autor.

Sobre ese libro su autor, en la Bienal del libro y la lectura, en Brasilia, en abril de 2014, dijo sobre las venas abiertas que renegaba de esa obra porque “no tenía los suficientes conocimientos de economía ni de política” y si lo tuviera que leer ahora “me desmayaría”.

Sus recetas eran anacrónicas, son las que aplicaron y aplican todos los países atrasados del planeta pero están vestidas con un ropaje nuevo y adornados con una prosa elegante, por más que ataque por las razones equivocadas a las nefastas instituciones internacionales como el FMI que sin duda habría que disolver por el daño mayúsculo que infringe financiando situaciones de quiebra y despilfarro con recursos coactivamente detraídos del fruto del trabajo ajeno (en este sentido es muy pertinente recomendar el libro de la doctora en economía de Oxford Dambisa Moyo, titulado Cuando la ayuda es el problema).

Hace más de treinta años, en la revista mexicana Perfiles, publiqué un artículo titulado “El mundo al revés de Eduardo Galeano” donde criticaba uno de los libros del mencionado autor (Patas arriba. La escuela del mundo al revés) donde intenté mostrar que lo que está al revés es en gran medida debido a la absorción de lo dicho por autores como Galeano y que, en consecuencia,  el mundo al revés estaba, entre otras, en la cabeza de este escritor. Abría aquella nota con una cita que hacía este autor en la que se leía lo siguiente: “Donde no se obedece la ley, la corrupción es la única ley. La corrupción está minando este país. La virtud, el honor y la ley se han esfumado de nuestras vidas”. ¿A quien pertenece esta cita?: a Al Capone en una entrevista publicada en Liberty el 17 de octubre de 1931.

Esto mismo es dicho y repetido por los políticos estatistas con deslumbrante hipocresía luciendo unas sonrisas bastante estúpidas de un cinismo dignas de mejor causa. Pero henos aquí que Galeano no lo veía así, según él el problema radicaba en los privados que usan y disponen de lo adquirido lícitamente como consecuencia de lo intercambiado con otros. Es por eso que en su momento alababa enfáticamente el experimento oprobioso de la isla-cárcel cubana.

Pero después de eso, según algunas de las últimas declaraciones de Galeano muy comentadas y discutidas por cierto, reveló estar disgustado con las recetas que había propuesto. Sin embargo, no se decidió que sistema abrazar. En un escrito corto de su autoría consigna que se cayó del mundo y no sabe por que puerta entrar, al tiempo que se queja de la decadencia de valores.

Lo mismo va para la tilinguería de mucho de lo que se trasmite por televisión y así sucesivamente, para lo cual bajo ningún concepto es aceptable el recurrir a comisarios sino que se requiere respeto para que cada uno siga su camino siempre y cuando no se lesionen derechos de terceros.

En resumen, aunque este ejercicio contrafactual resulta difícil, estimo  que, debido a sus últimas declaraciones, si Galeano hubiera vivido hubiera retomado el mundo después de su salida más o menos vertiginosa y hubiera entrado raudamente por la puerta de la libertad y denunciado con el vigor que lo caracteriza todo lo que signifique el uso de la violencia para con personas que no se entrometen en los derechos de otros.

Muy bienvenido hubiera sido Galeano a las filas liberales, como lo es Mario Vargas Llosa y lo fue Octavio Paz, Arthur Koestler y tantos otros distinguidos intelectuales lo cual significa el respeto irrestricto para los proyectos de vida de otros.  Filas donde no hay popes sino intercambios de ideas con plena conciencia que es una tradición de pensamiento que está y estará en permanente ebullición porque en la vida terrenal no hay un punto final que no sea susceptible de mejorar.

En todo caso, sea como hubiera sido el futuro de Galeano es de interés subrayar tantas otras conversiones de peso que ayudan a frenar el desbarranque del poder político, y nuevamente insistimos en que todos debieran tomar ejemplos de honestidad intelectual y perseverancia para acoplarse a las filas de la libertad en beneficio propio y de sus seres queridos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Los artistas y la economía

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 10/6/18 en https://www.cronista.com/columnistas/Los-artistas-y-la-economia-20180611-0014.html

 

En esta nota comienzo por señalar dos actitudes que parecen contraproducentes. La primera es la de no pocos pintores, escritores, actores, escultores, músicos, artistas en general y sacerdotes que naturalmente se ocupan de cuestiones sublimes pero que consideran todo lo vinculado a la economía con ruido a metálico, temas muy subalternos y más o menos despreciables.

 

Y aquí viene el problema: cuando se pronuncian por las condiciones de vida de la gente, un tópico que con toda razón consideran muy humano y digno de atención, arremeten sin quererlo contra todo lógica económica con lo que terminan por perjudicar gravemente a quienes desean mejorar.

 

Como la economía es contraintuitiva, es decir, lo primero que se concluye superficialmente está mal, se inclinan por lo inconveniente sin proponérselo y cuando alguien se les acerca con la intención de instruirlos, rechazan la conversación pues, otra vez, estiman que esos temas no son dignos de atención para un artista que está concentrado en asuntos de mayor jerarquía.

 

Entonces no hay salida hasta que se dignen prestar atención a  postulados básicos de la ciencia económica. Paradójicamente, muchos economistas preocupados por este malentendido, intentan aclarar temas cruciales, pero henos aquí que son tildados de economicistas.

 

Para acercar posiciones es menester que el economista también complete su formación con estudios sobre derecho, historia y filosofía. Sin embargo, irrumpen economistas solo abocados a estadísticas, curvas y gráficos que pretenden cuantificar lo incuantificable.

 

Recordemos las célebres palabras del premio Nobel en economía Friedrich Hayek en cuanto a que “Nadie puede ser un gran economista si es solo un economista y estoy tentado a agregar que el economista que solo es economista tenderá a convertirse en un estorbo cuando no en un peligro manifiesto”.

 

Dada la importancia y trascendencia de las diversas manifestaciones del arte y la llegada a un numeroso público debe realizarse un esfuerzo para conectar amistosamente los dos territorios mencionados.

 

Como queda dicho, por un lado despertar el interés en los fundamentos de la economía en lugar de despreciarla para así pronunciarse con algún rigor sobre asuntos que hacen al progreso del prójimo en campos sociales de gran calado.

 

Por otro lado, como también apuntamos, nuestra profesión debe exhibir facetas humanistas que constituyen el centro de las investigaciones del área en cuestión. Afortunadamente, en nuestro medio se ha recogido la larga tradición anglosajona de unir el derecho y la economía pues hasta no hace mucho los marcos institucionales y los procesos de mercado parecían algo así como nichos separados.

 

Ya sabemos que para muchos artistas temas tales como las ventajas comparativas o el teorema de la regresión monetaria les suena a materialismo puro, pero la economía antes que nada trata de la acción humana tal como se titula uno de los más sesudos tratados en esa disciplina.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

MIS LEMAS PEDAGÓGICOS, ULTIMO: EL QUE SABE, SE SACA 10; EL QUE NO…

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 8/4/18 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2018/04/mis-lemas-pedagogicos-ultimo-el-que.html

 

“¿Sabés” para el examen?”

“Este sabe…”

Etc.

Estas expresiones circulan todo el tiempo en la educación formal positivista. Me hace acordar a la inolvidable autoridad que me llamaba para preguntarme qué quería decir tal o cual cosa en Latín. Mis respuestas lo desilusionaban. “Bueno, podría ser…. Pero también podría interpretare como… Bueno, ese término se ha traducido de diferentes maneras… Eh, podría ser esto pero no estoy seguro…”. Al final, espetó: “¿Pero usted sabe o no sabe Latín?”.

Genial. ¿Sabe o no sabe? Fue lo mismo –el lector no lo podrá creer- que me preguntó una voz mafiosa desde atrás, en Tribunales: “¿pero el testigo sabe o no sabe?”. Y quedó grabado por la que copiaba mi declaración: “de acuerdo al sistema gnoseológico utilizado en este tribunal, no sé”. Sucedió tal cual, en mi woodyallinezca existencia.

Saber es comprender. Saber es conocer el por qué, no el qué.  Saber es sabiduría. Saber es estar recorriendo para siempre Narnia, y no estar mirando el ropero. Eso es saber. Saber es conocer los límites del saber. Saber es saber los límites finitos del paradigma en medio del infinito del horizonte. Saber es saber que no sabemos nada en relación a Dios.

Pero eso, ¿quién puede evaluarlo? ¿Quién puede “medirlo”?

Ah, pero el “saber” positivista, es otra cosa. Un ladrillo de información que se graba en el pobre cerebro del alumno y que este tiene que luego repetir, expeler, expulsar, cual sistema excretor, cuya materia excretada queda luego, como los docentes lo saben, como apuntes tirados, libros revendidos, de los cuales el alumno se ha “liberado”…

Entonces sí, el que repite, el que hace el esfuerzo sincero de memorizar lo inentendible, y lo repiten, se sacan 10. Algunos, en cambio, entendieron. Comprendieron. Pero eso no se puede evaluar ni medir con una nota. De todos modos también tienen 10…

¿Y el que no? ¿Y el que “no sabe”, o sea, “no repite bien”, qué nota tiene?

Ah…

No, nothing written. Oral tradition…

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

MIS LEMAS PEDAGÓGICOS, CUATRO: CONMIGO NADIE MUERE.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 1/4/18 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2018/04/mis-lemas-pedagogicos-cuatro-conmigo.html

 

Si, tal cual. Alumnos de 1er. año o gente del doctorado, todos me preguntan que cómo va a ser el examen, la bibliografía obligatoria, etc….

Y todos se me quedan mirando como al que tiene el poder, como el que puede aplazarlos si no dicen lo memorizado, si no leen lo que NO quieren, si no caminan con las manos cuando yo lo indico, etc.

Y entonces les digo: conmigo nadie muere.

Y me miran, curiosos, tratando de entender qué será eso.

¿Y qué tiene que tengan que estudiar y mucho, me dirá alguien? ¿Qué tiene que ver eso con “morir”?

Nada, literalmente, la mayor de los casos.

¿Pero qué tiene que ver con aprender?

Nada, tampoco, la mayoría de los casos, excepto los que estudian solos y luego dicen “en el colegio me fue muy bien” J.

A efectos de mis exámenes, sólo un par de tonterías son necesarias; a efectos de la sabiduría, todo es insuficiente.

Pero yo no puedo evaluar la sabiduría, ni creo que alguien pueda.

No sé qué hubiera sido de mí si yo hubiera tenido que enseñar esas materias “filtro” de carreras tradicionales, como matemática en Ingeniería, Anatomía en Medicina, y esas cosas.

No sé, creo que esas carreras tradicionales están mal planteadas, pero en fin, eso es para algunos siglos adelante.

Yo no soy filtro. Yo no selecciono gente. Yo educo. O sea, hago vivir. O sea, no doy miedo. O sea, le muestro a cada uno lo que vale. O sea, espero. O sea, escucho. O sea, los pongo en camino, pero caminan ellos. O sea, cada uno es más importante que el sistema. Cada caso es único. La Constitución Federal es lo único que no admite excepciones. Mi clase es otra cosa. Es un mundo a parte. El aula estorba, sólo sirve para que comiencen.

¿Y cómo haces con el que se sienta en tu examen y “no sabe nada”?

¿No saber nada? Eso es imposible.

 

¿No saber nada de lo que vio conmigo? Ah, ese es un especialista, un campeón, un maestro de los maestros….

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

La difusión de resultados de los exámenes escolares

Publicado el 21/3/18 en https://www.lanacion.com.ar/2118719-la-difusion-de-resultados-de-los-examenes-escolares

 

Recientemente, el presidente Macri aludió a la necesidad de que los padres estén informados acerca de cómo es el rendimiento escolar de sus hijos. “Hoy está prohibido por ley que se publiquen los resultados por escuela y eso no tiene sentido”, dijo antes de reclamar a los legisladores que modifiquen la norma que lo impide. Quedó así planteada la demanda del conocimiento público del rendimiento de los alumnos en cada jurisdicción, lo que permitiría elaborar un ranking de las escuelas sobre la base de los resultados de esas pruebas.

Un proyecto de ley modificatorio de ese impedimento legal fue presentado por los diputados radicales Karina Banfi y José Luis Ricardo, lo que revela que el debate recién empieza y suma adeptos. Hoy, la difusión de los resultados de las pruebas escolares se aplica en países anglosajones de Europa. En tanto, en América, la llevan a cabo México, Brasil, Chile, Colombia y Perú. En nuestro país, la iniciativa ha provocado opiniones diversas. Claudia Romero, directora del área educativa de la Universidad Di Tella, estimó que innovar sobre el asunto significará un modo de presión externa para los chicos, pero que no por eso ha de influir en su mejor rendimiento. La escuela requiere promover un proceso interno en los estudiantes orientado hacia los cambios que necesita y sería importante entonces contar con otro instrumento legal que refuerce la carrera docente o que contribuya a crear mejores condiciones de trabajo para ellos. Asimismo, la profesora Romero agregó que las escuelas que registran los más bajos resultados son aquellas cuyos alumnos pertenecen a los sectores socioeconómicos más pobres; en cambio, las familias en mejor posición socioeconómica eligen para sus hijos escuelas mejores. Así, la brecha se amplía.

El director del Departamento de Educación del instituto universitario Eseade, Gustavo Iaies, consideró que todavía no se trabajó en las escuelas con los resultados de las pruebas Aprender, lo que significará la ocasión de una mejora conjunta para alumnos, docentes y directivos. En opinión de ese profesional, no se deben exponer ante los padres esos resultados mientras no se trabaje con los alumnos en estrategias orientadas a mejorar la situación.

El director de la escuela de Educación de la Universidad de San Andrés, Áxel Rivas, mantuvo una actitud crítica respecto de la publicación de los datos por escuelas, pues estima que esa medida puede tener efectos perjudiciales, como calificar la calidad de una institución y, al hacerlo, considerar indirectamente el nivel socioeconómico de los alumnos y dar margen para que se acentúen criterios de desigualdad. “Hay otras batallas más importantes que esta y por las cuales vale la pena el debate con el sindicalismo y la sociedad, como la formación y la carrera docente”, dijo Rivas. El secretario de Educación de Ctera, Miguel Duhalde, también consideró que la difusión de los datos de las pruebas sería perjudicial para las escuelas con bajos resultados, pues resultarían discriminadas.

Los modos de interpretar y resolver el problema que planteó el Presidente son, sin duda, respetables, al tiempo que es válido y justificado razonar pensando en lo que necesitan docentes, alumnos y padres. Puede no ser grato, pero es indispensable conocer la verdad para corregir errores y perfeccionar los aprendizajes. De no hacerlo, la prueba realizada reduce su sentido. Una clara conciencia de los errores o carencias de conocimientos es el lógico camino por seguir para beneficio de quien estudia, quien enseña y para los padres que quieren ayudar a sus hijos.

 

Gustavo Iaies es Director de la Escuela de Gestión Educativa de ESEADE y fue Vice Ministro de Educación de la Nación.

Sobre la importancia que le damos a lo que habitualmente no la tiene

Por Gabriel Boragina Publicado  el 31/12/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/12/sobre-la-importancia-que-le-damos-lo.html

 

La experiencia en las redes sociales brinda interesantes revelaciones. Una de ellas es la excesiva importancia que se le otorga a cosas y personas que -en realidad- carecen de ellas y deberían ser “premiadas” con la indiferencia más absoluta.
Por ejemplo, ciertos personajes siniestros de nuestra política son una y otra vez citados en posteos y comentarios, positiva o negativamente. Cuando es negativamente, la mayoría de las veces es para criticarlos o burlarse de ellos.
La misma suerte corren personajes del mundo de la farándula, del periodismo, del deporte o de ciertas profesiones. Son mencionados y citados una y otra vez, con la intención de perjudicarlos o difamarlos, perdiéndose de vista que muchas veces tanta insistencia y tanto énfasis en ello puede llegar a producir el efecto contrario al buscado. Esto es: en lugar de perjudicarlos con una mala imagen, en cambio se los está poniendo inconscientemente en el centro de atención pública una atención que -en otro caso- no merecerían.
Es bastante probable que ciertos personajes extravagantes hagan despliegue público sus incongruencias adrede, y con el sólo propósito de buscar reconocimiento y notoriedad. Una notoriedad que -en caso contrario- no tendrían y en cuyos supuestos sus existencias pasarían enteramente desapercibidas. Pero como sus egos son los suficientemente grandes como para atravesar cualquier barrera del ridículo que se les oponga, no dudan en saltarlas para poder adquirir la publicidad que -de otro modo- carecerían.
Los individuos que adolecen de valores morales o que sufren ciertos desarreglos nerviosos normalmente ansían reconocimiento social, fama y riqueza. Un medio para lograrlos es hacer cosas malas o -en el mejor de los casos- absurdas porque, curiosamente, en nuestras sociedades “modernas”, las cosas buenas o conductas normales, pasan inadvertidas, precisamente por eso mismo, porque en una sociedad donde todos los valores morales de los comunicadores y/o dirigentes sociales están pervertidos lo bueno y normal es lo que hace la gente común y corriente. Lo que es noticia es lo contrario (lo absurdo, lo perverso, lo nefasto). Entonces, acuden a esta última vía.
De allí que, el periodismo comúnmente exalte lo grotesco, lo inmoral, lo repugnante, lo cruel, lo depravado, etc. Y el resto de las conductas buenas, altruistas, cooperativas y bondadosas directamente se ignoren por quienes tienen algún medio de difusión a su alcance. Otro tanto veo que sucede en las redes sociales donde se reproducen las mismas conductas a una escala menor, igual o mayor que en los medios de información masivos (TV, radio, etc.).
Entiendo que es por este mismo motivo que las pantallas de TV y las emisoras de radio comenten y entrevisten a aquel tipo de personas que encarnan los desvalores antisociales, y que sea tan frecuente escuchar en esos medios insultos, gritos y agresiones de todo tipo, incluso físicas. Estos logran gran audiencia por diferentes públicos, en parte de las personas que comparten de buen grado esas atrocidades, y en otra parte por la gente normal que no puede creer lo que ve y/o escucha. En ambos casos se le está dando rating y publicidad a quienes no los merecen.
No está mal criticar lo que se cree que está mal o elogiar lo que se cree que es meritorio. La denuncia tampoco es mala en si mimas. Sólo que es necesario que reconozcamos que nuestros comentarios -tanto en uno como en otro caso- están cargados de subjetivismo, y si nuestro propósito es que otros compartan nuestros juicios de valor, indirectamente estaremos poniendo en el centro de atención lo que pretendemos criticar o elogiar, y que nuestros objetivos pueden obtener los resultados inversos a los previstos. Pero cuando el ataque se centra sobre una persona y no sobre sus actitudes o ideas generadoras se esta agrandando su figura y empequeñeciéndose lo verdaderamente relevante, que es aquello que lo mueve a actuar como lo hizo o hace.
Esto es particularmente cierto en cuanto a los individuos, que son a los que más se les aplican los juicios valorativos que se hacen públicos y masivos en las redes, pero también en los medios tradicionales de información social (TV, radio, periódicos).
Hay muchas personas que, objetivamente, se comportan mal y aun han delinquido (como en el caso político argentino ha sucedido con el nefasto matrimonio Kirchner y sus secuaces) pero ya sea que se esté en contra o favor de ellos el permanente referirse a esas personas las posiciona en un lugar que entiendo no merecen. En su lugar, deberían exaltarse las conductas contrarias y los valores opuestos a lo que ellos hicieron. Importan las ideas y no quienes portan esas ideas.
Todo tiene una medida y una proporción, y excederse de ellas siempre produce efectos contrarios a los deseados. Es casi como la ley de la física de acción y reacción.
Debieran más bien destacarse sus actos y no sus personas, y si su accionar es malo o reñido con la ley aplicarles las penas que correspondan y olvidar sus personas (no sus conductas ni ideas). Recordar los hechos y los castigos que merecieron es más útil que hacerlo con los nombres a los cuales se les aplican o aplicaron. Porque, en última instancia, los personajes que hacen o hicieron mal en el presente o en el pasado, no son importantes. Lo que importa, son las ideas que los movieron a hacer lo que hicieron. Y de la misma manera que el nazismo no fue un resultante de Hitler, el populismo no es un resultante de los Kirchner. Hay que insistir, en cambio, en que si no queremos más Hilter´s ni más Kirchner´s debemos desterrar el populismo (el nazismo es un populismo extremo, o el populismo en su fase más alta).
Hay que insistir pues en la crítica o exaltación de las ideas, y no en el de las personas que portan esas ideas. Y en cuanto a los extravagantes, maleducados, provocadores y agraviantes, pero sólo mediáticamente, el mejor tratamiento es la indiferencia y la ignorancia de los mismos. Darles importancia o prestarles atención es magnificar lo insignificante de sus personas y sus conductas. 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.