Especialización y precios

Por Gabriel Boragina. Publicado en: 

‘’La división del trabajo, incrementa, en sí y por sí misma, la productividad de la sociedad, reduciendo el costo de oportunidad en términos objetivos y reales. Esto explica por qué Pedro puede tener más pan asignando su tiempo y recursos a producir ropa, en vez de a producir pan’’.[1]

Quiere decir que, manteniendo constantes todos los demás factores, la mera división del trabajo incrementa la productividad total al reducir el costo de oportunidad, pero está implícito en la cita que individualmente los participantes se benefician gracias al intercambio. Por eso no hay que soslayar tampoco la importancia del cambio libre, ya que si las transacciones se alteran u obstaculizan los beneficios de la división del trabajo se trastocan.

‘’La premisa es que tanto la productividad individual como el tiempo invertido se mantienen constantes a lo largo del ejemplo. A pesar de ello, la productividad del esfuerzo combinado ha aumentado la riqueza de ambos’’[2]

Significa que aún no han aparecido en la secuencia del ejemplo los mayores beneficios que resultan del aumento de esas productividades individuales y del tiempo asignado a la elaboración de cada artículo en cuestión. Ninguno de ellos mejora de manera personal sus habilidades, sin embargo la producción total aumenta por el mero hecho de dividir tareas. Si a ello le sumamos el intercambio, se incrementan las disponibilidades individuales.

‘’Una vez que la división del trabajo ha permitido la especialización, el aumento de la riqueza, como consecuencia del aumento exponencial de la productividad atribuible a tal especialización, podrá opacar el efecto de la división del trabajo en sí mismo’’[3]

Como un efecto secundario del fenómeno de la división del trabajo aparece la especialización. Esta -a su vez- es el resultado de la repetición, a lo largo de un periodo determinado, de una misma labor manual o intelectual.

El autor señala un efecto propio de la especialización: el incremento exponencial de la productividad. Es como decir que al primer aumento se le suma otro aumento más. Pero el autor se esfuerza en hacer notar que ese resultado de la especialización ‘’podrá opacar’’ el primer incremento sólo producto de la división del trabajo en si excluyendo el elemento especialización.

‘’Pero lo que debe reconocerse es que, sin la percepción previa de la ganancia del intercambio, no ocurrirían ni la división del trabajo ni el consiguiente aumento de la productividad individual que resulta de la misma’’[4]

Los agentes económicos deben percibir previamente que con el intercambio estarán mucho mejor que sin el mismo. La percepción de que no somos autosuficientes puede decirse que es casi intuitiva. No obstante, en ciertos grupos poblaciones la tendencia hacia la autarquía es fuerte, sobre todo en los más primitivos.

‘’El mecanismo que permite a las personas hacer comparaciones de costos entre distintos lugares y que, como consecuencia, coordina la división del trabajo, es el sistema de precios relativos expresados en un medio común, el dinero’’[5]

Como enseñara el insigne premio Nobel de economía F. A. v. Hayek el sistema de precios opera como un verdadero tablero de señales que guía al mercado indicando aquellos lugares donde las escaseces relativas de ciertos productos son mayores que en otras. En tales sectores (en el primer caso) los precios serán más altos, y donde exista más abundancia de determinados artículos los precios serán menores.

‘’Ello permite comparar en cuánto se estima un bien en términos de otros 19 en las distintas localidades. En la práctica, los precios relativos facilitan a una persona tomar la decisión sobre si le conviene hacer más ropa para tener más pan o si le conviene hacer el pan directamente’’[6]

Los precios permiten comparar costos que, a su vez, son otros precios vistos desde la perspectiva contraria. Si necesito más pan (para seguir con el ejemplo de nuestro autor) y me va a costar menos (en términos de materia prima, tiempo y trabajo) hacer más ropa que hacer el pan que necesito, optaré por la primera salida e intercambiaré mi mayor producción de ropa por la cantidad de pan que requiero. La medición comparativa se hará por medio de los precios.

‘’Aunque elijamos nuestros fines subjetivamente, comparamos nuestros medios (costos) objetivamente. Como se mencionó, la comparación de los precios es el medio que utilizamos para elegir la combinación más económica entre las infinitas alternativas que nos pueden proporcionar los bienes que mejor satisfagan nuestras necesidades. ’’[7]

Los precios en si mismos son objetivos, no subjetivos. Ellos expresan las valoraciones subjetivas de compradores y vendedores. Son una manifestación objetiva de un fenómeno subjetivo si se lo quiere expresar de otro modo.

Es esa objetividad lo que permite la comparación de los precios entre sí de los distintos artículos que el mercado ofrece. Como señaló L. v. Mises, los precios aparecen como consecuencia de un previo sistema de propiedad privada sin el cual no es posible ni precios ni mercados.

‘’En nuestro mundo enfrentamos muchas restricciones naturales y otras impuestas por el hombre. Sin embargo, la ley de los costos comparados está presente siempre y guía nuestras decisiones sobre la distribución de todas las tareas y recursos, incluyendo el talento, el tiempo y la tierra’’[8]

Esto es cierto, pero no implica que esas decisiones siempre sean las correctas, porque si se supusiera tal cosa no ocurrirían ni quiebras ni bancarrotas en el comercio. La acción humana no excluye sino que supone la posibilidad del error. Y este (en muchas ocasiones) supera con creces los aciertos. Lo dicho es importante aclararlo para todos aquellos que creen en la falacia de la competencia perfecta o del mercado perfecto.


[1] Manuel F. Ayau Cordón Un juego que no suma cero La lógica del intercambio y los derechos de propiedad Biblioteca Ludwig von Mises. Universidad Francisco Marroquín. Edición. ISBN: 99922-50-03-8. Centro de Estudios Económico-Sociales. Impreso en Guatemala. Pág. 30

[2] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 30

[3] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 30/31

[4] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 31

[5] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 31

[6] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 32

[7] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 32

[8] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 32

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

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