Individualismo, verdadero y falso

Por Gabriel Boragina. Publicado en:

Contrariamente a lo que comúnmente se cree, el individualismo no es una característica del ser humano o una manera de ser, o no es solamente eso si se quiere, sino que es una teoría social. Una teoría que habla del hombre como individuo en relación a los demás, ya que de otro modo, si tuviera en cuenta a un sólo individuo en particular no tendría sentido ni siquiera la denominación de individuo ni, por consiguiente, la de individualismo. Dado que lo único que existiría seria el individuo como un todo, y eso la invalidaría como teoría toda vez que la menor evidencia es demostrativa que en el mundo existe más de un individuo.

Frente a la noción popular de individualismo que lo considera como una tesis que promueve el egoísmo irracional, F. A. v. Hayek divide el individualismo en dos partes: uno verdadero y otro falso:

‘’ ¿Cuáles son entonces las características esenciales de verdadero individualismo? Lo primero que debe señalarse es que se trata primordialmente de una teoría de la sociedad. El individualismo verdadero es un intento por conocer las fuerzas que determinan la vida social del hombre y, sólo en segunda instancia, un conjunto de máximas políticas derivadas de esta perspectiva de la sociedad’’[1]

Para llegar a la noción de sociedad se debe partir necesariamente de la de individuo, y el individualismo no es más que esto. Un camino que va desde el individuo hasta la sociedad, que está irreparablemente compuesta por individuos.

En suma, el individualismo es aquella teoría que estudia como los individuos interactúan entre sí.

En un lenguaje diferente, L. v. Mises caracteriza al mercado como un sistema de cooperación social, que sólo puede tener por base y protagonistas a individuos de existencia humana. Es otra forma de decir lo mismo –nos parece- que nos explica F. A. v. Hayek.

Es fundamental comprender que ‘’el todo’’ sin la parte no es ‘’todo’’ sino parte. Y un ‘’todo’’ sin partes es nada. De la misma manera, si la sociedad se concibe como ‘’un todo’’, sus partes constitutivas son los individuos, y por ser constitutivas son los fundamentos necesarios de ese ‘’todo’’ que llamamos sociedad o colectivo. Sin esos fundamentos ningún ente colectivo puede existir por si mismo.

‘’Este hecho por sí sólo debería ser suficiente para refutar el más absurdo de los malentendidos comunes: la creencia de que el individualismo postula (o basa sus argumentos sobre el supuesto de) la existencia de individuos autónomos y aislados, en lugar de entender que el carácter y la naturaleza de los hombres están determinados por su existencia en sociedad’’[2]

Es que esa autonomía y aislamiento que se le atribuye de común al individualismo es algo imposible desde cualquier punto de vista, porque contradice la más evidente realidad.

Es de sentido común poder advertir que nos sería imposible satisfacer todas nuestras necesidades valiéndonos exclusivamente de nosotros mismos. Comenzando que, gran parte de nuestras ideas -desde un comienzo- no son propias sino ajenas, tomadas de otros, tamizadas y aceptadas por nosotros como útiles para nuestros fines.

Lo que llamamos nuestra conducta individual -en realidad- es en gran parte social, adquirida en un proceso de aprendizaje que va desde nuestra infancia y que pasa por la educación formal e informal la cual, esta última, dura toda la vida.

Las ideas propias que podamos forjar en ese transcurso, siempre tendrán por cimiento las ideas de otros, aprendidas por medio de la educación e información recibida durante años. Ergo, es una falacia pensar al individuo como algo aislado y autónomo de sus semejantes.

‘’Si eso fuese efectivo, en realidad no tendría nada con que contribuir a nuestro entendimiento de la sociedad’’[3]

Se refiere a ‘’la existencia de individuos autónomos y aislados’’ que es la idea popular del individualismo, errónea desde todo punto de vista porque es fácticamente imposible y que –benévolamente- F. A. v. Hayek califica como de malentendido.

‘’Pero su argumento básico es bastante diferente: no hay otra forma para llegar a una comprensión de los fenómenos sociales si no es a través de nuestro entendimiento de las acciones individuales dirigidas hacia otras personas y guiadas por un comportamiento esperado’’[4]

Es otra forma de decir que lo que llamamos ‘’sociedad’’ sólo puede ser comprendida a partir de un contexto individual. No hay otra manera de explicarla. No se puede proceder al revés como pretenden los colectivistas.

No es posible percibir al individuo si tomamos como punto de partida ‘’la sociedad’’, porque esta es solamente un producto intelectual que tiene como punto de despegue una realidad vital: el individuo. La base de cualquier colectivo (sea del tipo que imaginemos) sólo es -y puede ser- exclusivamente el individuo. Es justamente el individualismo lo que nos permite entender las acciones de los demás, ya que asimismo expresamos dichas conductas de una manera individual.

‘’Este argumento está dirigido primordialmente contra las teorías propiamente colectivistas de la sociedad, que pretenden ser directamente capaces de considerar a los conjuntos sociales, como la sociedad, y otras en cuantas entidades “sui generis”” que existen en forma independiente de los individuos que las componen’’[5]

Pero, lamentablemente, estas teorías colectivistas son las que predominan en todas partes hoy en día. Y ya vimos que sus bases son tan remotas como las encontraba K. R. Popper en Platón, Hegel y Marx, quienes pueden ser considerados como los tres grandes campeones del colectivismo triunfante en todas las disciplinas del saber de nuestros días, sea que tratemos de la sociología, la política, la economía, el derecho, y fundamentalmente la filosofía.

Para solucionar los problemas sociales no queda más camino que retomar la senda del individualismo el que F. A. v. Hayek llama correctamente el verdadero.


[1] Friedrich A. von Hayek «INDIVIDUALISMO: EL VERDADERO Y EL FALSO». Este ensayo corresponde a una exposición pronunciada en la duodécima Finlay Lecture en la University College de Dublín, en diciembre de 1945. Fue publicado en 1946 en Dublín y Oxford y aparece en el volumen Individualism and Economic Order (The University of Chicago, 1948, reimpreso posteriormente por Gateway Editions Ltd., South Bend, Indiana). Pág. 6

[2] F. A. v. Hayek, ibídem. Pág. 6

[3] F. A. v. Hayek, ibídem, pág. 6

[4] F. A. v. Hayek, ibídem, pág. 6

[5][5] F. A. v. Hayek, ibídem, pág. 6

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

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