El mito del capitalismo “de estado”

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/09/el-mito-del-capitalismo-de-estado.html

“En América Latina y en Colombia no se dieron revoluciones democráticas y este es un elemento clave de por qué el Estado no ha sido un instrumento de desarrollo capitalista permanente.”

Francamente, no vemos el punto de contacto entre “revoluciones democráticas” y el estado/gobierno como “instrumento de desarrollo capitalista permanente”, ni tampoco queda claro a qué se refiere el autor con la locución “revoluciones democráticas” las que reputa “inexistentes” en América latina y en Colombia.

Si lo que quiere decir es que las instituciones democráticas que se pretendieron implantar en el continente no han sido consistentes con lo que la mayoría de la gente (sean legos o doctos) consideran una democracia, quizás podríamos estar de acuerdo con el mismo. Ahora bien, aun así y todo, que observe en ello un factor “clave” en el hecho de que el gobierno/estado no hubiera sido “instrumento de desarrollo capitalista” no puede entenderse desde el punto de vista que hemos venido esbozando, porque -conforme ya desarrollamos- ningún gobierno/estado puede serlo, ni cumplir siquiera provisoriamente con ese papel.

El carácter polisémico del vocablo capitalismo utilizado sobre todo en el sentido peyorativo que le supo dar el marxismo, genera desde su popularización una variedad de significados que desdibujan su concepto quitándole precisión y confundiéndolo con otros que no tienen que ver con él, parcial o totalmente. El capitalismo es un orden espontáneo (F. v. Hayek) de tal suerte que, el estado/gobierno no es ni puede ser “instrumento” del mismo, y menos aún para su “desarrollo”. Antes por el contrario, la relación entre estado y capitalismo siempre ha sido conflictiva y contrapuesta, ya que el estado/gobierno es el aparato de coacción social, y el capitalismo nace y se desarrolla sola y exclusivamente en un ámbito de libertad social.   

“Frecuentemente sectores privilegiados han considerado al Estado como de su propiedad particular. En ciertas fases ese estado ha pretendido reemplazar este desarrollo social mediante el corporativismo – gremios de la producción, grupos financieros y sindicatos de trabajadores – y el capitalismo de Estado con resultados positivos durante un tiempo, para después generar condiciones en las que políticos y sindicatos de trabajadores públicos capturan las rentas públicas para ellos y el desarrollo es ahogado por espirales inflacionarias e inestabilidad macroeconómica.”[1]

Si bien no explica, en su caso, qué entiende por “capitalismo de estado” parece claro que lo considera algo diferente al corporativismo del que habla en primer lugar. Podemos pensar entonces que por tal “capitalismo” participa de la idea que es un sinónimo de socialismo, como en términos más o menos parecidos, lo tratan el resto de los autores examinados con anterioridad.

Lo verdaderamente curioso es que diga de dicha conjunción de corporativismo y socialismo que la misma hubiera dado “resultados positivos durante un tiempo”. Lamentablemente no explícita cuales fueron esos “resultados”, por lo que no podemos analizarlos, ni mucho menos evaluarlos, pero no conocemos resultados de ese tipo en ninguna experiencia a nivel mundial, cierto es -en cambio- que el socialismo genera resultados muy positivos para los líderes políticos que lo aplican, que son los únicos que se benefician del sistema: una minoría a costa de una mayoría que mantiene sus lujos.

Para la elite gobernante esos resultados no son positivos solamente durante un tiempo sino que se prolongan en la misma medida que el régimen de esclavitud socialista se extienda, y en la proporción que la sociedad a la cual esclaviza tenga o le quede algo para producir. Más allá de ello, ningún estado/gobierno ha sido jamás factor ni gestor de desarrollo de ningún pueblo. Por lo tanto, las “condiciones” que termina apuntando el autor en virtud de las cuales “políticos y sindicatos de trabajadores públicos capturan las rentas públicas para ellos” no son en modo alguno de extrañar, ya que constituyen consecuencia lógica y natural del sistema corporativista que -en última instancia- es simplemente una variante del socialismo.

Pero incluso existen autores que al régimen comunista cubano también llaman “capitalismo de estado” dejando de lado los vocablos comunismo y socialismo:

“El país muestra una ineficiente organización productiva e institucional, con una mezcla de lo público y lo privado. En esta mixtura domina un capitalismo de Estado, en donde el gobierno es el mercado principal interno, para que los intereses puedan explotar la mano de obra, los recursos primarios y el paisaje nacional. A su vez, lo que más atrae a los dirigentes y burócratas cubanos son los fondos, tecnologías y vínculos comerciales y financieros de los inversores extranjeros.”[2]

Repitamos que, ningún gobierno puede “reemplazar” al mercado. Es una aberración creer y -más aun- afirmar cosa semejante. Cierto es que el socialismo y el comunismo siempre han pretendido hacerlo (en rigor es su objetivo principal) pero jamás lo han logrado, ni pueden conseguirlo, ni lo conseguirán nunca.

L. v. Mises ya explicó con suficiente claridad que no es posible ningún “sistema mixto” entre el capitalismo y el socialismo. Los medios de producción no pueden ser poseídos por el estado/gobierno a título de propiedad sino de usurpación, y que aun así no puede explotarlos, porque al restringir o desaparecer la propiedad privada también se esfuman las señales que el mercado libre provee para que cualquier economía pueda funcionar, es decir, los precios. Sin estas herramientas propias del mercado libre, los estados/gobiernos carecen de datos ciertos y fidedignos, y los mismos se trasforman en un juego de adivinanzas a la hora de saber qué, cómo, cuánto y cuándo producir. Esto ocasiona des-economías o -más correctamente denominados- despilfarros de capital.

Si el control de la economía no es total, los resultados de los experimentos mixtos -que L. v. Mises llama intervencionismo– son cada vez más insatisfactorios desde el propio punto de vista de los burócratas interventores. Es esto lo que hace que el gobierno no pueda conformarse controlando un solo precio o una serie de precios de varios productos sino que tenga que ir controlando todos los de la cadena de producción, hasta que todas las ramas elaborativas queden intervenidas, desapareciendo el mercado libre y con él, el capitalismo (incluyendo tal extraña cosa como el “de estado”). 


[1] Salomón Kalmanovitz “LAS INSTITUCIONES COLOMBIANAS EN EL SIGLO XX” Pág. 5. Publicado en www.hacer.org

[2] Puerta, Ricardo. Corrupción en Cuba y cómo combatirla. – 1a ed.- Buenos Aires: Fundación CADAL, 2004. Pág. 165

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s