¿Socialismo o capitalismo “de estado”?

Por Gabriel Boragina. Publicado en:

“En años recientes se descubrió un nuevo término para aquello que quedaba encubierto por la expresión “economía planificada”: Capitalismo de Estado, y no pueden caber dudas que en el futuro todavía surgirán muchas otras proposiciones para el salvataje del socialismo. Aprenderemos muchos nombres nuevos para la misma cosa. Pero lo que importa es la cosa, no sus nombres, y todos los esquemas de este tipo no lograrán alterar la naturaleza del socialismo.”[1]

A juzgar por las palabras del maestro, la locución capitalismo “de estado” fue creada “para el salvataje del socialismo”, quizás con la intención de desfigurar la verdadera esencia de este último buscando un símil al único sistema que ha sido capaz de crear el bienestar y la prosperidad de las naciones desde su aparición hacia fines del siglo XVIII hasta la actualidad, sin que el opuesto (socialismo) pudiera jamás conseguir ni siquiera el uno por ciento de sus logros. Pero como aquel dicho popular que dice que “Aunque la mona se vista de seda mona queda” al socialismo se lo podrá bautizar con muchos nombres diferentes pero no es el nombre lo que caracteriza al régimen sino las medidas que propone que lo diferencian como tal.

Tal vez, quienes hayan creado la palabra quisieran buscar unir lo bueno del capitalismo con lo “bueno” del socialismo, asimilando esta última voz como un sinónimo del estado/gobierno, o como algo diferente al socialismo, de modo semejante a los que defienden esa tercera vía, sistema mixto, alternativo o –como lo ha bautizado L. v. Mises- simplemente intervencionismo.

Pero el mismo autor mencionado ha ya demostrado -de manera harto suficiente y sin que pudiera ser refutado por nadie- la imposibilidad de ese procedimiento mixto, híbrido, que imaginan quienes sostienen la posibilidad de una combinación entre el capitalismo y el socialismo. No existe tal.

El problema consiste en que hay autores que -adversos al socialismo- han adoptado, sin embargo, la locución capitalismo “de estado” para describirlo, y otros –incluso- le han asignado características propias. De alguna manera, esta práctica terminológica desdibuja -a nuestro juicio- la idea central del capitalismo y, fundamentalmente, su esencia. Veamos a uno de ellos:

“Para valorar el lugar de la burocracia dirigente, se consideran las «constantes sistémicas» versus las variables del elemento humano en el contexto del capitalismo privado y estatal («El Estado como clase»).”[2]

Nosotros -siguiendo a L. v. Mises- consideramos enrevesada la distinción entre “capitalismo privado y estatal”. El punto es que, uno de los elementos indispensables del capitalismo es la propiedad privada, y dado que ella -por definición- es imposible dentro del ámbito del estado-gobierno esta ausencia excluye automáticamente la posibilidad de hablar de “capitalismo” dentro del marco estatal. Hay, por supuesto, otros elementos más que integran el concepto de capitalismo, pero el de propiedad privada es esencial. La inexistencia de la misma descarta de plano cualquier intento para aceptar la dicción.

“Como la tesis de que la separación de propiedad y control realmente significa pérdida de control por el propietario es insostenible, debe aceptarse que la burocracia tiene una ocupación precaria y su poder discrecional es limitado.”[3]

Párrafo difícil que no está claro en qué dirección esta apuntando. Pero tratemos de desentrañarlo. Si el autor está hablando del control de la propiedad, está claro que el mismo corresponde al propietario y forma parte inseparable del concepto de propiedad. Si la propiedad fuera controlada por quien no es propietario de la propiedad que controla, también es diáfano que se trata del caso del ladrón, que cuando roba algo (que por concepto no es suyo) pasa automáticamente a controlarlo. Pero también sería el supuesto del cuidador, guarda, vigilante, etc. En cualquiera de estos ejemplos el propietario sigue siéndolo, porque, en definitiva, el control último de lo poseído en propiedad sigue siendo suyo. La mención de la burocracia parece indicar a esta como la que ejerce ese control. ¿Es esto que describe el autor lo que designa como “capitalismo estatal”?

“La disposición amistosa o antipá­tica de los burócratas que hacen funcionar el Estado, su «origen socioeconómico» y el nivel sociocultural de sus padres son variables, mientras que las configuraciones de poder y dependencia que caracterizan al capitalismo privado y estatal, respectivamente, son constantes; en frases tales como «socialismo con rostro humano» el peso de la constante del socialismo en relación con lo variable del rostro humano, es mejor apreciado como ilusiones y miedos personales.”[4]

Creemos que aquí se mezclan dos planos completamente diferentes y que no admiten la fusión que se intenta. Ya que no podemos aceptar ninguna configuración “de poder y dependencia” como “característica” del capitalismo (a secas) o privado en la terminología del autor citado. Siguiendo nuevamente a L. v. Mises, el capitalismo es un orden de cooperación social, intrínsecamente colaborativo. Ello elimina de plano cualquier relación o configuración de poder y dependencia que son lo contrario justamente a las relaciones cooperativas que si son características del capitalismo (sin la necesidad de catalogarlo como “privado” ya que el aditivo seria no más que un pleonasmo). Dichas “configuraciones de poder y dependencia” si son, en cambio, típicas e inherentes a la burocracia estatal, lo que podría decirse es una cuestión bien observable.

“El capitalismo de Estado ofrece mayores (y en términos de bienes intangibles como el estatus social, el ser escuchado en las al­turas y el tener una audiencia cautiva en la parte inferior de la sociedad, incomparablemente mayores) recompensas a los intelectuales complacientes, no corrosivos que las que ofrece el capitalismo privado. Tales recompensas pueden o no compensarlos por el riesgo latente, en un mundo sin «fortalezas privadas», de no tener dónde refugiarse en el caso de que se encontraran a sí mismos minando al sistema después de todo.”[5]

Está claro que, en la cita, el “capitalismo de estado” se usa como sinónimo del socialismo, siendo preferible para nosotros emplear este último término en lugar del primero por las razones ya expuestas. Aquí se pasa al tema de los intelectuales quienes, en una proporción para nada despreciable, prefieren inclinarse hacia el socialismo antes que al capitalismo, tópico este que también hemos examinado en otros lugares. Esas recompensas que el estado-gobierno les reportan, les brindan seguridad en la medida en que sigan defendiendo el régimen, lo que compromete su propia posición como intelectuales, y los transforma en propagandistas a sueldo del orden estatista que los cobija.


[1] Ludwig von Mises. “SOCIALISMOS Y PSEUDOSOCIALISMOS” Extractado de Von Mises, Socialism: An Economic and Sociological Analysis, capítulos 14 y 15. La traducción ha tenido como base la versión inglesa publicada por Liberty Classics, Indianápolis, 1981. Traducido y publicado con la debida autorización. Estudios Públicos, 15. Pág. 21

[2] Anthony de Jasay. El Estado. La lógica del poder político. Alianza Universidad. Pág. 299

[3] de Jasay A. Ibídem. p. 299

[4] de Jasay A. Ibídem. p. 299

[5] de Jasay A. Ibídem. p. 299

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

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