El individualismo, principio rector de la prosperidad

Por Bertie Benegas Lynch. Publicado el 13/5/21 en: http://www.laprensa.com.ar/502054-El-individualismo-principio-rector-de-la-prosperidad.note.aspx

El individualismo no se concibe sin ser parte del estrecho trinomio que se completa con la libertad y la propiedad. Ningunos de estos valores se preserva sin la existencia de los otros dos. Por esta razón, los ataques de los colectivistas al liberalismo tienen origen muchas veces en un incomprendido (y, en muchos casos, malicioso) concepto del individualismo que se asocia equivocadamente con un desvalor, con el egoísmo, la avaricia, la desaprensión por el prójimo y el aprovechamiento desleal de la situación de los más necesitados. Cuando los colectivistas combaten el concepto del individualismo saben que, de forma elíptica, impugnan los valores de la libertad y la propiedad.

Los socialistas de buena fe y honestidad intelectual debe comprender que, la única manera lícita de enriquecerse, es satisfaciendo al prójimo mediante la oferta de bienes y servicios de buena calidad y a buen precio. El exitoso, es un benefactor de la humanidad (aún tratándose de un egoísta) porque, buscando su propio beneficio, supo mejorar la condición de vida de sus semejantes. Para ser exitoso en un emprendimiento, el empresario debe primero arriesgar ahorros destinándolos a lo que supone ex ante es una buena idea. Arriesgar capital implica someterlo a la dura y cambiante aprobación del mercado, es decir, de la gente. Si no obtiene dicha aprobación, quiebra; mientras sus clientes validen con su compra, gana. Pero además, el empresario no sólo contribuye a mejorar la vida de sus clientes, la de su proveedores directos y la de los participantes de toda su cadena de valor sino que activa ramificaciones productivas de lo más insospechadas. No es menor el hecho que las inversiones también contribuyan a mejorar las tasas de capitalización afectando positivamente salarios de quienes ni siquiera conocen al inversor.

La aplicación de supuestos contrarios al individualismo, llevan al deterioro de los incentivos más elementales que impulsan la productividad y la prosperidad. La desconfianza en la seguridad jurídica pone gravemente en peligro el atractivo que tiene la obtención del fruto del trabajo y la inversión. Nadie mantiene una vaca lechera para que otro le quite la leche sin obtener un beneficio por ello y nadie pasa con sus posesiones más valiosas por sendas tomada por salteadores de caminos. El capital no tiene patria, va donde existe una posible rentabilidad y donde hay marcos institucionales basados en el derecho de propiedad. ¿Y por qué es importante atraer capital e inversiones? Porque el capital aporta herramientas que aumentan la productividad del trabajo, mejora los salarios y, por consiguiente, mejora nuestro bienestar y nivel de vida. ­

Es corriente también escuchar críticas que, en el sistema liberal, se establecen relaciones sociales basadas en lo que denominan efecto derrame. Esto se debe a que no se comprende la esencia del liberalismo. El falso postulado del efecto derrame, supone que de la mesa de la abundancia de unos pocos ricos, caen las migajas al resto de la comunidad. Muy por el contrario, se debe entender que el éxito de cualquier emprendimiento necesita de la cooperación social, el interés personal, el individualismo y la división del trabajo de todas las partes implicadas, sin importar su posición económica relativa.

En este sentido, si un acaudalado empresario, con el ánimo de emprender un negocio gastronómico, le ofrece a un postulante para la cocina un salario inferior al de mercado, en vano será mostrarle el saldo imponente de su cuenta bancaria o fotos de su mansión y su colección de autos. El cocinero simplemente le dará la espalda y se alejará conteniendo la risa.­

El individualismo está íntimamente implicado en la división del trabajo y la cooperación social porque supone que todos somos distintos y que tenemos distintas competencias, habilidades y ambiciones. Para que exista cooperación social las partes deben encontrar un beneficio en la transacción. Ludwig von Mises en El Socialismo nos enseña: “Gracias a la cooperación social los hombres son capaces de realizar trabajos que sobrepasan las fuerzas de los individuos aisladamente, y se mejora el resultado de los trabajos que ellos hubiesen podido llevar a cabo solos”.­

Lamentablemente, la gran mayoría de las personas, en distinto grado, aceptan el colectivismo implicado en la intervención estatal. Una explicación es, sin dudas, el fenomenal trabajo realizado en el plano educativo. Dejar la educación en manos del Estado, necesariamente va a servir a los intereses y objetivos políticos. Antonio Gramsci, conocido por su compromiso con la revolución socialista, sostenía que el cambio de paradigamas tenían siempre un punto de partida en las instituciones educativas, culturales y en los medios de propaganda. El sueño de Gramsci de “tomen la cultura y la educación, y el resto se dará por añadidura”, se hizo realidad en gran parte del mundo.

Por otra parte, no es menor el hecho que los políticos, tejen a su alrededor una malsana red de intereses subóptimos o improductivos compuesta por impenetrables estructuras políticas, millones y millones de empleados públicos -muchos de los cuales solo se presentan para cobrar- y carradas de recursos destinados a preservar el indigno voto clientelista. Cabe aclara que existen notables profesionales en la contratación pública, gente desaprovechada por estar bajo las directrices políticas que, claro está, persiguen objetivos políticos.­

Otro actor que se contrapone y se resiste a la libertad, es el cazador de privilegios. Adam Smith decía que el empresario es un benefactor de la humanidad pero, se transforma en la peste más dañina, cuando transita por las oficinas gubernamentales en búsqueda de favores. Ya en el siglo XIX los mercantilistas, al tener privilegios para comerciar y navegar, se oponían a las ideas de los fisiócratas y su conocida petición de laissez-faire, laissez passer, el grito liberal para abrir el mercado, terminar con las regulaciones, los privilegios y poder competir. Sin embargo, los mercantilistas preferían seguir con sus privilegios y los mercados cautivos. Después de más de un siglo, continúan la búsqueda de prebendas quienes deshonran la palabra empresario para acercarse al poder político y beneficiarse de favores palaciegos. Estos ladrones de guante blanco, son uno de los motivos por los cuales también mucha gente tiene un equivocado concepto acerca de los empresarios, el mercado, el interés personal y el individualismo.­

Bertie Benegas Lynch. Licenciado en Comercialización en UADE, Posgrado en Negociación en UP y Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Síguelo en @nygbertie

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