La autonomía de la Ciudad Autónoma

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 3/5/2en: http://www.laprensa.com.ar/501667-La-autonomia-de-la-Ciudad-Autonoma.note.aspx

Amancio Alcorta en Las garantías constitucionales escribe:

“La organización federal a que responde el gobierno argentino, provoca necesariamente un deslinde de atribuciones que requiere en muchas materias una atención especial para no producir el desequilibrio […] El imperium de la Nación no está sobre el imperium de las Provincias.”

Tal vez el estudio más riguroso sobre el significado del federalismo sea la obra de Vincent Ostrom The Meaning of American Federalism en la que el autor se detiene en explicar la trascendencia de las autonomías que componen el sistema federal -ya se trate de una federación o de una confederación- y las limitaciones del gobierno nacional que denomina “la trampa del gobierno central” donde advierte de sus atropellos y las consecuencias dañinas sobre los derechos de las personas.

El federalismo remite a la descentralización del poder tan caro a los principios republicanos. En el orden planetario es la razón medular para el fraccionamiento en naciones para evitar los riesgos fenomenales de un gobierno universal. A su vez, las sociedades libres tienden a subfraccionarse en provincias y a su turno en municipios. Esto desde luego nada tiene que ver con el establecimiento de culturas alambradas, es al solo efecto de mantener en brete a los aparatos gubernamentales. A pesar de todo, los resultados en el llamado mundo libre no son auspiciosos, pero imaginemos el contrafáctico: lo peor que serían las situaciones si se instalara un gobierno universal.

Ahora en el caso argentino, finalmente se ha esparcido la noticia que la Corte se pronunciaría en línea con los principios constitucionales vinculados a la noción de federalismo y abrió paso a que la ciudad de Buenos Aires pudiera proceder acorde con sus facultades en materia de enseñanza, con todos los recaudos sanitarios del caso tal como habían prometido sus autoridades. La Corte se pronunciaría por la autonomía de la ciudad autónoma, valga el juego de palabras.

Pero este tema va mucho más allá del caso que estuvo en disputa. En primer lugar porque ataja un embate feroz contra la idea misma de Justicia y la consecuente división de poderes que en la actual circunstancias apuntan a dejarlo sin efecto al invadir el Ejecutivo tareas propias del Judicial. Como es sabido la definición clásica de Justicia es “dar a cada uno lo suyo” y es pertinente repetir que “lo suyo” se refiere al derecho de propiedad desafortunadamente tan cuestionado hoy en nuestro medio con los resultados lamentables por todos conocidos.

En segundo término, en esta disputa surge claramente que no se ha comprendido cabalmente el significado del federalismo que aunque lo hemos mencionado antes es del caso reiterar con énfasis. Son las provincias y jurisdicciones equivalentes las que constituyen la nación por la que son estas las que deben coparticipar al gobierno federal y no al revés como viene sucediendo.

Este procedimiento unitario no permite sacar partida de los que aconsejaban los Padres Fundadores en Estados Unidos que es de donde básicamente se han replicado aspectos medulares del modelo federal. En ese contexto la gran ventaja que se argumentaba consistía en el origen de carácter basado fundamentalmente en la competencia entre jurisdicciones en materia fiscal. Es decir, que cada jurisdicción administra sus impuestos y coparticipa el gobierno central con lo necesario para las relaciones exteriores, la Justicia federal y la defensa nacional. Todo el resto era responsabilidad de los gobiernos locales.

Recordemos que incluso en la Convención Constituyente estadounidense se planteó la duda de contar con un gobierno central que finalmente se consideró necesario principalmente para proveer a la defensa común pero con severas limitaciones para que no invadiera facultades de los estados miembros.

Esta perspectiva de la competencia entre jurisdicciones tiene la virtud de trabajar sobre los incentivos tan relevantes en estos ámbitos. De este modo, con independencia de la postura política de cada gobernador estará compelido a cuidar el peso de la presión tributaria y el consecuente gasto público pues de lo contrario corre un doble riesgo: que los habitantes se muden a otra jurisdicción más hospitalaria y que se ahuyenten las inversiones que también busquen refugio en otros lugares.

En el caso argentino, se comenzó a quebrar el sistema federal de coparticipación a partir del 30 lo cual se agudizó notablemente desde el 43 convirtiéndolo en un procedimiento centralista que nada tiene que ver con el federalismo donde el aparato estatal a nivel nacional manipula a las provincias a su antojo, a veces con la complacencia de caudillos locales que solo pretenden gastar con la financiación irresponsable de la nación con lo que se desmorona toda la idea de republicanismo.

Es de desear que la posibilidad que insinúa ahora la Corte se profundice en otros fallos y se demuestre la independencia de la Justicia en todos los casos donde se han visto afectados derechos.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Un comentario en “La autonomía de la Ciudad Autónoma”

  1. El sol es negro (cuento)

    Inodoro Fernández había llegado a una única conclusión después de años de terapia y a pesar de que muchos psiquiatras y psicólogos se habían esforzado en buscarle nuevas enfermedades, él estaba convencido de que su único padecimiento era de tipo obsesivo.

    Le pareció, por lo tanto, una locura cuando los medios de comunicación empezaron a informar de que en una específica región de Oriente el sol era negro y que por ello estaba muriendo gente.

    Los gobiernos, los académicos, las organizaciones de todo tipo salieron a sostener que pronto el sol sería negro en todo el planeta e Inodoro no lo creyó.

    Cuando un día los vecinos le dijeron que el sol negro había llegado a la ciudad, él salió afuera miró para arriba y se dijo: “el sol está como siempre esta gente está más loca que yo”.

    Pronto se tomaron medidas en todo el mundo para evitar las muertes que provocaba el sol negro desde restringir las salidas durante los horarios diurnos y trabajar de noche, hasta salir con los ojos bien vendados para no ver el sol, muchas actividades se prohibieron y mucha gente perdió mucho dinero y se endeudó y unos pocos se enriquecieron.

    Se dijo que la población debía trabajar desde la casa y vivir lo más aislada posible y que era mejor salvar la vida que morir intentando mantener el estándar de vida.

    Pronto todo aquel que sostenía que el sol no era negro era un irresponsable y un genocida no importaba si la cantidad de muertos en el mundo durante ese año fuera, según las estadísticas, la misma que en años anteriores sostener una estadística como argumento era una muestra de insensibilidad y de irresponsabilidad frente a la validez absoluta de la opinión pública y académica.

    Es cierto que algunas veces se le acercaba a Inodoro alguien y le decía por lo bajo “Inodoro tienes toda la razón, el sol no es negro” pero Inodoro no podía saber si esa misma persona cuando se alejara no afirmaría lo contrario frente a un fundamentalista del cambio solar cuando le increpara, este último, su falta de humanidad.

    La mentira se transformó pronto en una neurosis de masas que se fue expresando de distintas maneras en accidentes o quebraduras tontas por estrés, en fobias en ancianos y niños, depresión y enfermedades del alma de distinto tipo, la mentira había pasado a formar parte de lo que la sociedad quería ver y la sociedad quería ver un sol negro, no porque le gustara eso ni las muertes que decían que producía sino porque reconocer esa mentira dañaría demasiado el orgullo de todos por la conclusión necesaria que surgía de esa conducta, a saber, necedad y locura.

    Y como se quería ver un sol negro esto llevó a crisis personales, familiares y sociales porque todos los días las personas cuando salían lo primero que percibían en el rostro eran los rayos del sol de siempre, sólo se podía sostener una locura así sobre la base de bombardear día tras día y por distintos medios la afirmación más importante de todas que tomó forma de verdad de fe y de nuevo culto, a saber, que el sol era negro y que mataba muchas personas y que todo lo que se hacía aunque arruinase a muchos era por el bien de todos y eso era lo que comentaba la gente en las pocas reuniones que se permitían, en la comunicación por Internet y en las pocas ocasiones en que intercambiaban palabras cara a cara. La gente no dormía y dormía mal porque la mentira se había convertido en neurosis y en mala conciencia.

    No sé solucionaba esto gritando el rey está desnudo porque todo el mundo estaba desnudo y todos habían comprado la mentira.

    Inodoro Fernández pudiera haberse sentido mejor al estar incluido en un grupo absoluto de neuróticos pero Inodoro no sólo era un infeliz sino un terco y sostenía que mal de mucho consuelo de tontos.

    No podía hablarse de que existiera una conspiración porque que el sol era negro era un hecho y que la oscuridad del sol estaba matando a mucha gente, una verdad, y ponerla en duda implicaría una muerte social y el desprecio de todos.

    Por supuesto, que pronto aparecieron los que afirmaron que el sol negro llegó para quedarse y que nada sería como antes.

    Afirmar la negrura del sol era lo políticamente correcto y quién en su sano juicio iría en contra de las masas para salvarlas de algo de lo que no querían ser salvadas más que con nuevas mentiras sobre cremas y anteojos especiales de sol que calmaran sus conciencias.

    Pero, además, hay que estar muy loco para decirle al mundo que está loco.

    Un filósofo de boxeo dijo que contra la estupidez humana no se puede hacer nada, Inodoro adoptó esa misma expresión un poco modificada: “contra la neurosis humana no se puede hacer nada.”

    Los jurisconsultos romanos habían fallado en su comprensión del derecho pues no sólo las leyes podían convertir a una mujer en hombre sino convertir a un caballo en senador y esto último estaba más que demostrado, así, sobre la base de que el sol era negro los gobernantes podían negar todos y cada uno de los derechos y libertades y la división de poderes de la República bajo el argumento supremo del valor invaluable de la vida humana los bienes económicos pasaron a un último lugar y las condiciones de vida que se imponían a la población no importaban.

    Para colmo los que podrían terminar con esa locura eran los que estaban más capacitados para ingresar, de forma permanente, como clientela, en un Neuropático.

    Cuando los dirigentes de la humanidad afirmaron que había que reiniciar todo debido al sol negro, Inodoro entendió que la gente sería incapaz de razonar como lo hacía antes, que la cultura tal como se había entendido se había terminado junto con la civilización y que nadie tendría la capacidad de entender de allí en adelante ni siquiera qué es un cuento. Aquí lo tienes Arreola pero no muy pulidito.

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