El impuesto a la renta en Estados Unidos y Argentina

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/03/el-impuesto-la-renta-en-estados-unidos.html

“En 1908 se impuso una reforma constitucional, para obviar los inconvenientes de una permanente controversia judicial que hizo suprimir el impuesto a la renta en 1895. Dicha reforma establecía textualmente: “El Congreso tiene el derecho de establecer y percibir los impuestas sobre la renta, de cualquier fuente que provengan, sin repartición entre los diversos Estados y sin tener en cuenta el censo de la población”.”[1]

Muy lamentable y triste esta reforma. Muy negativa, por cierto. Y por lo demás, claramente violatoria de un auténtico régimen federal. Resulta claro que si una nación dice “respetar” el federalismo ello debería implicar darle la autonomía amplia y necesaria a los demás “estados”, provincias y municipios para que sancionen sus propias leyes fiscales, y no ser ello una prerrogativa del poder central. Un auténtico régimen federal debe tender a la descentralización del poder y ello se logra mediante la descentralización fiscal. El poder fiscal debería -en ausencia de la posibilidad ideal de derogar todo impuesto, residir en los estados, provincias y municipios, y nunca en el gobierno central. En tal sentido la reforma mencionada es anti federalista y antirrepublicana.

“En 1913 sancionóse la ley que aún perdura. La ley grava, así, a las rentas producidas fuera del país, que benefician sin embargo a las personas radicadas en él, del mismo modo que a las rentas producidas en los Estados Unidos, sean o no percibidas por personas radicadas en sus límites territoriales. Fija la ley, además del impuesto general, uno suplementario. Las necesidades de la guerra determinaron la modificación del impuesto, lo que se hizo por las leyes de 1916 y 1921.”[2]

Otra ley atroz que denota ya el avance del estatismo en los Estados Unidos. En lugar de contraer los impuestos se los expande, lo que -como ya demostramos- es atentatorio contra la acumulación de capital que es lo que crea trabajo y los salarios que remuneran ese trabajo, y también el factor que hace que se amplíe el trabajo asalariado. Todo impuesto limita esto y, en tal sentido, promueve la pobreza y la caída del nivel de vida. Si se pretende extenderlo fuera de las fronteras ellos son todavía muchísimo peor. Asemeja lo descripto a un impuesto de capitación, ya que en lugar de los bienes se toma en cuenta la persona y su residencia, pero como el sujeto pasivo es la persona hay un elemento de capitación, amargo resabio de épocas que tributariamente se creían acabadas.

Es bastante probable que las rentas producidas en el exterior ya hayan sido gravadas por la legislación fiscal del país donde las rentas se originaron. Volverlas a gravar -por el mero hecho de que el titular de esas rentas vive en otro país diferente- es doble imposición, vale decir, doblemente confiscatorio. Por lo visto, esta es la época donde los impuestos comienzan a crecer en los Estados Unidos y donde se vuelven más confiscatorios e injustos.

“Actualmente se gravan las rentas de toda especie; pero el sujeto del gravamen se extiende solamente a las personas físicas que tengan su domicilio en los Estados Unidos. Los extranjeros sin domicilio en el país, contribuyen por las rentas que de él perciban. De los ingresos totales del contribuyente se deducen los gastos para su adquisición, intereses de deudas y todos los impuestos pagados a las corporaciones de derecho público. Se eximen del impuesto los pagos por indemnizaciones del seguro de vida, herencias e intereses de los fondos públicos de los Estados federados y municipios.”[3]

En este punto -y nuevamente más allá de las características de cómo cada pais cobra el impuesto a la renta- luce oportuno volver a los principios generales que marcan el norte de nuestro trabajo. El “argumento” de fondo de los partidarios de este impuesto es que “no grava” el capital, que lo deja “intacto”, y -en suma- desvincula a la renta de su origen (el capital). Esto es completamente falso, y ya lo hemos demostrado en el curso de nuestro trabajo. Cualquier ataque a la renta es un ataque frontal al capital futuro que halla en la renta del capital pasado la causa de su génesis. Incluso lo hemos demostrado numéricamente y a través de un ejemplo muy sencillo y fácil de entender.

Seguir insistiendo que la renta “no tiene” vinculación con el capital de tal suerte que gravar aquella “no afecta” a este es una manifestación de brutal ignorancia económica o de cerrazón mental para tratar de entender el fenómeno fiscal y todas sus negatividades. Y esto, más allá de la discusión de cómo, cuándo y dónde percibir el impuesto, que es lo que ocupa la atención del autor del trabajo que estamos examinando. Todo impuesto, por el mero hecho de existir es discriminatorio. Esto no se puede superar con formulaciones legales o filosófico-políticas que niegan los principios universales enseñados por la praxeología, ciencia a la que adherimos y que hasta el momento de lo que llevamos examinado del trabajo de Goldstein luce por su ausencia.

“4. El impuesto a la renta en la República Argentina. No podríamos cerrar este estudio sin aludir, aunque sea esquemáticamente, al destino del impuesto sobre la renta en nuestro país. Las primeras iniciativas para su creación surgieron en el seno de la Cámara baja, pero no se materializarán sino hasta el año 1919, en el que, por conducto del Poder Ejecutivo Nacional, se presentó un proyecto que sirvió de antecedente inmediato al régimen que había de instaurarse recién un lustro más tarde. En efecto, el 20 de junio de 1924, el Poder Ejecutivo envió al Congreso otro proyecto, el que participa de los caracteres de las leyes francesa y estadounidense.”[4]

Época en que se empezaban a abandonar los grandiosos principios liberales que habían hecho de la Argentina un formidable pais en el cono sur, y que muchos -no sólo en Europa sino también en los Estados Unidos- admiraban y vaticinaban un gran futuro. Desgraciadamente la promisoria profecía no se cumplió. El año indicado en la cita, marca el punto de inflexión del país y el comienzo de su peregrinación hacia el precipicio, ruta que aún se encuentra en caída libre.

En el año indicado comienzan a sembrarse en el pais desde el exterior las primeras ideas socialistas que estaban marcando la tendencia del mundo en otras latitudes. En 1917 se cimentaban la URSS el mayor estado comunista que haya conocido la historia hasta la fecha y, en el mismo año, México sancionaba una constitución política socialista, mientras el resto del mundo -de una manera o de otra- iba cayendo bajo los influjos del marxismo, gran impulsor de los impuestos progresivos. Poco a poco, América latina iría siguiendo esos mismos pasos, hasta derrumbarse en las garras del populismo, heredero directo del fascismo y el nazismo que aparecerían pocas décadas más tarde.


[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

[3] Goldstein, M. ibidem.

[4] Goldstein, M. ibidem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s