Soberanía y solidaridad fiscal

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2020/09/soberania-y-solidaridad-fiscal.html

Podría entenderse que las definiciones de impuestos habituales que se leen en los manuales de finanzas se hayan armado para justificar los cargos de los profesores en sus universidades y rellenar así sus planes de estudio, o bien nutrir las páginas de sus libros de texto y manuales, pero con ello no se hace ningún homenaje ni a la verdad ni mucho menos a la honestidad intelectual, que es lo que por lo menos a nosotros si nos interesa.

Por caso, no es cierto que hubiera “necesidades colectivas”, lo que es un mito colectivista. Las necesidades siempre son humanas y son individuales, y -por otra parte- es imposible para otro saber cuáles son las necesidades de uno. Psicológicamente, puede proyectar sus propias necesidades personales, y creer subjetivamente que los demás participan de las mismas necesidades que él. Pero esto siempre será algo que solo anida en su imaginación y que no tiene corroboración ni forma de ella alguna en la práctica. Es imposible para mi saber cuáles son las necesidades del lector, pasadas, presentes y futuras. Lo cual implica que todos esos sujetos que inventan definiciones, como las de los impuestos de los profesores de finanzas del mainstream, presumen conocer cuáles serían las necesidades de los demás o -lo que es lo mismo- que el gobierno ya las conoce, o puede conocerlas. Pero el gobierno no es más que el nombre que se le da a otras personas que carecen de omnisciencia y premonición igual que los gobernados. Y se proponen algo que saben (o deberían saberlo) que es imposible. Son tiranos en potencia (pequeños o grandes) y de poseer alguna cuota de poder la ejercerían para lograr dar cauce a sus instintos despóticos.

Resumiendo, este punto entonces, la mejor definición del impuesto es la que reconoce el elemento coactivo que faculta a unas personas llamadas burócratas para despojar impunemente (“legalmente” dirían ellos) a otras personas de sus pertenencias en la cuantía que el burócrata exija, ley mediante.

“El francés P. Leroy-Beaulieu dice: “Impuesto es la contribución exigida de cada ciudadano por su parte en los gastos del gobierno”. “El impuesto —agrega—, es el precio de los servicios rendidos por el Estado y representa además, la parte que como aplicación del principio de solidaridad nacional debe soportar cada ciudadano en las cargas de toda especie y de todo origen que pesan sobre el Estado”.”[1]

Se desconoce en la cita que el único sistema solidario es el del mercado, no existe otro al momento. La expresión “solidaridad nacional” es una contradictio in adjecto, porque nadie puede ser solidario con el fruto del trabajo ajeno. En consecuencia, si “A” le quita a “B” para darle a “C” so pretexto de solidaridad en realidad lo que hay ahí es un robo donde “A” y “C” son los victimarios o sujetos activos y “B” es la víctima en la medida que “C” acepte el fruto del botín, ya que sabe que lo que está recibiendo no es algo que haya producido el antes.

Si los servicios estatales no han sido demandados previamente no puede aplicarse lo dicho por el autor, porque estaría admitiendo que la ley de oferta y demanda no estaría funcionando en el caso. Si la ley de oferta y demanda no opera, o lo hace parcialmente entonces no hay precio, de donde la definición anterior cae por su propio peso. Hay precio si hay previamente oferta y demanda, pero se está diciendo que el servicio estatal se impone, ergo no se demanda, siendo así, el obligado al pago es -en realidad- un esclavo del fisco, porque tiene que pagar por algo que no ha requerido. No se fundamenta, además, el porqué de ese “deber”, salvo el capricho del gobernante.

“Cauwés, por su parte, define: “Impuesto es el precio que la soberanía exige al ciudadano en virtud del principio de la solidaridad nacional para la remuneración de los servicios de interés general y el pago de las cargas resultantes de las deudas del Estado.”[2]

Otro “lindo” invento. Una vez más, se recurre a hipóstasis con los términos “soberanía”, “solidaridad nacional”, “interés general”, fórmulas vacuas para exculpar y darle visos de legalidad al latrocinio estatal.

Curioso que se diga “que la soberanía exige al ciudadano” cuando desde el derecho político se acostumbraba a decir (y se tiene aceptado) que la soberanía reside en el ciudadano. Este autor parece afirmar que hay una soberanía superior y por encima del ciudadano, que la autorizaría a exigirle a este el impuesto. No se puede sin contradecirse oponerse la soberanía al ciudadano, porque si hay un ciudadano que no tiene soberanía no podrá afirmarse -al mismo tiempo- que el “pueblo” es “soberano”. Pero lo que quiere decir la cita es que esa “soberanía” no la ejerce el ciudadano sino el gobierno en quien la mayoría hace recaer la soberanía, y en función de este artilugio se pretende justificar la existencia del tributo.

Por lo demás, el gobierno no presta ningún servicio, sino que son los ciudadanos quienes lo hacen a otros, siendo que el gobierno todo lo que hace es usar el dinero de una parte de los ciudadanos para prestar servicios a la otra parte. El que -en última instancia- está prestando el servicio es el dueño del dinero, y el gobierno no lo es, siendo “un cuento chino” eso del “capital nacional” inventado por Wagner.

“H. Denis define: “Impuesto es la contribución obligatoria del individuo a las cargas que la conservación y el desenvolvimiento del conjunto del cuerpo social impusieron a las generaciones pasadas y en pago de los servicios públicos que exigen de la generación presente””[3]

“contribución obligatoria” es otra contradicción en términos. Si es obligatoria no es contribución es exacción. Recordemos la definición del término:

exacción. Del lat. exactio, -ōnis.

1. f. Acción y efecto de exigir impuestos, prestaciones, multas, deudas, etc.

2. f. Cobro injusto y violento.

(Real Academia Española © Todos los derechos reservados)

En el caso del impuesto las acepciones 1 y 2 son complementarias, o sea, no se excluyen mutuamente. La misma definición transcripta nos da cuenta de cuan errado es usar el termino “contribuyente” y hablar de “contribución”. Esta es una manera por la cual los desfalcadores intentan suavizar y disimular (hasta donde es posible) su carácter de ladrones.


[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

[3] Goldstein, M. ibidem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

RECOMENDACIONES DE LECTURA PARA CATÓLICOS PERPLEJOS, UNO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 13/8/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/09/recomendaciones-de-lectura-para.html

En estos tiempos de caos absoluto dentro del elemento humano de la Iglesia, recomiendo a los católicos de buena voluntad los siguientes documentos de Juan Pablo II:

 
 
 
1.       http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091998_fides-et-ratio.html
Sobre la razón y la Fe.
 
2.       http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-vitae.html
 
Sobre bioética.
 
3.       http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_06081993_veritatis-splendor.html
Sobre los actos morales objetivamente buenos o malos.
 
4.       http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html
 
Sobre el matrimonio.
 
5.       http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_02121984_reconciliatio-et-paenitentia.html
 
Sobre el sacramento de la Penitencia.
 
6.       http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html
 
Sobre los laicos.
 
7.       http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/hlthwork/documents/hf_jp-ii_apl_11021984_salvifici-doloris_sp.html
 
Sobre el sentido cristiano del sufrimiento y el dolor.
 
8.       http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_letters/1988/documents/hf_jp-ii_apl_19880815_mulieris-dignitatem.html
 
 
Sobre la dignidad de la mujer.
 
Recomiendo enfáticamente la lectura y el estudio de todos estos documentos, como una forma de oración, como una forma de cumplir el deber de formarse y madurar en la Fe, y como una forma de alcanzar luz en estos momentos de oscuridad. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

A raíz de Domingo Faustino Sarmiento

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 11/9/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2017/09/15/a-raiz-de-domingo-faustino-sarmiento/

Pensamos que es oportuno aludir a Sarmiento, puesto que el 11 del corriente fue el Día del Maestro en su homenaje. Todos los que nos dedicamos a la docencia tomamos su ejemplo en cuanto a que, para enseñar bien y reducir en algo nuestra ignorancia, es indispensable contar permanentemente con espíritu de estudiante al efecto de preguntar, repreguntar, indagar y cuestionar.

He vuelto a releer sobre la civilización y la barbarie de Sarmiento. La primera vez ni remotamente le saqué jugo. Leí esa obra en el St. George’s College, donde estuve pupilo desde los nueve años hasta los quince que fui a un colegio en Estados Unidos. Creo que fue el único libro que abordé en esos largos años, puesto que mis obsesiones eran el deporte y cómo escaparme a Quilmes sin que los guardias y sus perros me denunciaran. Esa lectura debió ser muy superficial y conjeturo que incompleta. En esa época, no recuerdo haber aprendido seriamente una lección. Debido a que modifiqué mi actitud respecto al estudio desde que ingresé a la universidad, merced a valores trasmitidos subliminalmente en el colegio como memoria retroactiva, conjeturo que mis dos doctorados y faenas académicas hicieron que fuera designado presidente de la Comisión de Educación en el mencionado colegio, miembro del Consejo de Fiduciarios (Board of Trustees) y fuera invitado de honor para hacer uso de la palabra en un acto de graduación en la sede de Quilmes y otro en la sede de Polvorines.

Ahora me percato de la profundidad del trabajo en cuestión de Sarmiento. Escribió el primer texto a partir de 1845, en sucesivos ejemplares del diario El Progreso, mientras duró su estadía en Chile, en momentos que llegaba a Santiago el ministro de Rosas, Baldomero García, para protestar por la campaña de exiliados argentinos contra el tirano.

La cuarta edición la publicó en París, en 1874, con un cambio en la secuencia del título pero el eje central de su tesis apuntaba a mostrar que la civilización equivale a la libertad y la barbarie, a lo tribal y primitivo representados por el caudillismo; en este caso por Quiroga y por Aldao y, sobre todo, por Rosas, “el más despótico de todos”. En este contexto describe de modo magistral las costumbres y los usos en la pampa argentina, con una pluma de gran calado y una construcción gramatical de gran potencia visual. Por el contrario, sus puntos de referencia para ilustrar la civilización los concretaba en Lavalle y en José María Paz.

Exagera las virtudes del iluminismo francés y por momentos se interna en un positivismo descarnado que ha sido refutado por numerosos autores, incluyendo a Juan Bautista Alberdi. Sin embargo, Sarmiento, además de su contacto epistolar y personal con la Generación del 37, lo apoyó a Alberdi cuando este le sugirió a Félix Frías, en aquel momento representante de El Mercurio en París, que les propusiera a chilenos interesados en la educación que lo contraten a Jean-Gustave Courcelle-Seneuil como el primer profesor liberal en la cátedra de Economía en la Universidad de Chile, lo cual ocurrió con gran éxito.        Digo al margen que en 2010 se publicó un libro de mi autoría sobre aquel autor francés (Jean-Gustave Courcelle-Seneuil. Un adelantado en Chile, Santiago, Universidad del Desarrollo).

Sarmiento ilustra la civilización con el modelo de Estados Unidos y Europa, excluyendo a España, que la consideraba por entonces como una extensión de África y cargaba las tintas con sus analogías orientalistas. En la obra que comentamos y, más aún en otras, se detiene en alabanzas al andamiaje institucional estadounidense, lo cual revela ajustado conocimiento de las ventajas de ese sistema basado en la libertad, es decir, en el respeto al prójimo y el dar rienda suelta a la creatividad de cada cual y, consecuentemente, al progreso.

Debido a que Sarmiento, con razón centraba sus diatribas contra Rosas como el máximo exponente de la barbarie y al consiguiente caudillismo (no lo conoció a Perón), a continuación recordamos citas de personalidades varias en cuanto a sus opiniones sobre ese tirano, al efecto de subrayar que estos juicios de Sarmiento sobre el máximo exponente del atropello a los derechos de las personas no es una arbitrariedad ni un desliz circunstancial.

Bartolomé Mitre destaca que Rosas fundó “una de las más bárbaras y poderosas tiranías de todos los tiempos” (en Historia de Belgrano). Esteban Echeverría: “Su voz es de espanto, venganza y exterminio. ¡Qué hombre! Ignorancia y ferocidad. Ninguna grandeza de alma; pequeñez de alma sí, y cobardía” (en Poderes extraordinarios acordados a Rosas). El citado Domingo Faustino Sarmiento: “Hoy todos esos caudillejos del interior, degradados, envilecidos, tiemblan de desagradarlo y no respiran sin su consentimiento [el de Rosas]” (en la obra que comentamos muy telegráficamente en esta nota periodística). Miguel Cané: “Salí de Buenos Aires, porque me pesaba sobre el alma la atmósfera política que la influencia de Rosas había formado en mi patria” (manuscrito citado en Miguel Cané y su tiempo, de Ricardo Sáenz Hayes).

Félix Frías: “Yo vi el espectáculo horrible de 60 indios fusilados por orden de Rosas en la plaza del Retiro en Buenos Aires. Los cadáveres de aquellos infelices, muchos de ellos con resto de vida, fueron amontonados en los carros, que los condujeron al panteón. Rosas se proponía por medio de esos espectáculos sangrientos enseñar la obediencia al pueblo de Buenos Aires. ¡Y cuántas veces ha sido preciso repetir aquella bárbara lección! […] En octubre del año 40 y abril del 42, la mazorca y los empleados de Rosas en bandas recorren día y noche las calles de Buenos Aires, degollando a los individuos cuyos nombres Rosas les ha dado. Cuando habían degollado 10 a 20 disparaban un cohete volador, señal a la policía para que mandase carros que llevasen al cementerio los cadáveres” (en La gloria del tirano Rosas).

Juan Bautista Alberdi: “Los decretos de Rosas contienen el catecismo del arte de someter despóticamente y enseñar a obedecer con sangre” (en La República Argentina 37 años después de su Revolución de Mayo). José Manuel Estrada: “Ahogó la ciudad con la campaña, la revolución liberal con la escoria colonial y apoderado del gobierno por primera vez en 1830, hizo gala de su ferocidad. En seguida […] la superabundante degradación llegó, el vaso rebosó su fetidez. La democracia bárbara, la soberanía numérica, la brutalidad moral exaltaron la encarnación más sombría de gaucho a una autocracia irresponsable” (en La política liberal bajo la tiranía de Rosas).

José Hernández: “Veinte años dominó Rosas esta tierra […] veinte años negó Rosas la oportunidad de constituir la República; veinte años tiranizó, despotizó y ensangrentó al país” (en “Discurso en la Legislatura de Buenos Aires”). Ricardo Levene: “La opinión general, el sentimiento de la sociedad, consagró a Rosas árbitro de los destinos de la provincia de Buenos Aires y de toda la República. El ambiente social se fue formando en el sentido de consolidar la dictadura […] Colocaban el retrato de Rosas en un carro triunfal que tiraban los magistrados y ciudadanos haciendo el papel de bestias. La imagen de Rosas era paseada por la cuidad y la imponían así al respeto y al miedo de la población. En las iglesias se colocaba el retrato en el altar, y los sacerdotes, desde el púlpito, exhortaban a la adoración y culto de Rosas” (en Lecciones de historia argentina).

José de San Martín: “Mi querido Goyo, es con verdadero sentimiento que veo el estado de nuestra desgraciada patria, y lo peor de todo es que no veo una vislumbre que mejore su suerte. Tú conoces mis sentimientos y por consiguiente yo no puedo aprobar la conducta del general Rosas cuando veo una persecución contra los hombres más honrados de nuestro país” (en carta a Gregorio Gómez, 21 de septiembre de 1839). Paul Groussac: “Lo que al pronto distinguía a Rosas de sus congéneres era la cobardía, y también la crueldad gratuita” (en La divisa punzó). Juan María Gutierrez: “La dominación de Rosas echó por raíces en el terreno viejo de la colonia, terreno que apenas comenzaba a desmalezarse cuando la reacción social hacia atrás se inició bajo los auspicios del oscurantismo intelectual que distinguía a los colaboradores letrados del régimen de las facultades extraordinarias” (en Obra de Echevarría).

José Ingenieros: “Rosas asoció las dos intolerancias; la política y la religiosa. Así encontró los resortes más íntimos de su dominación […] su política de reacción contra la democracia y el liberalismo necesitó del disfraz fanático que le traería como aliados todos los hombres de reposado espíritu colonial” (en “Las ideas coloniales y la dictadura de Rosas”).

Florencio Varela: “[El sistema rosista] consiste en que no tengamos hogar, ni propiedad, ni libertad individual; en que la mitad de de una generación se pase con las armas en la mano; en que los campos no se cultiven, y la educación se abandone, y ningún trabajo útil se emprenda, y los principios de la moral se vayan poco a poco abandonando, hasta desaparecer y dejar al hombre la sola vida estúpida y material que se asemeja a la bestia; sí, en eso consiste, mandones dementes y frenéticos” (en Rosas y su gobierno). Sin duda que esta selección de textos en parte compilados por el buen amigo Bernardo González Arrili es insignificante al lado de todo lo escrito sobre esta tiranía abyecta. Todavía resuenan las palabras condenatorias de escritores de la talla de José Mármol y de Jorge Luis Borges para mencionar sólo dos plumas adicionales de distintas épocas en una galería de opiniones que se extiende por doquier.

Sarmiento nos advierte de los esfuerzos descomunales que significa la civilización siempre basada en la cultura, la cual, a su vez, implica la comprensión de los valores y los principios de una sociedad libre. Asimismo, nos pone en guardia de lo fácil que es destruir la civilización a manos de los caudillos, ignorantes del significado y la trascendencia de la libertad. Es bueno repasar sus escritos para fortalecer anticuerpos, especialmente en momentos en que los dictadores de antaño están volcándose hoy, con o sin votos, al primitivismo nacionalista, siempre imbuidos de una superlativa megalomanía.

Cada vez que se enfrenta el totalitarismo con la libertad, cualquiera sea el país y cualquiera la variante totalitaria que ataca y se desliza bajo muy diversos disfraces, estamos colocados en la brutal encrucijada sarmientina de barbarie y civilización, y en esa situación de peligro mortal tenemos la obligación moral de reaccionar. Esto va en primer término para la atrocidad del terrorismo guerrillero y el horror del de esta época, el espanto del terrorismo de Estado de antes y el de ahora. En segundo lugar, para todos aquellos que con sus acciones y sus omisiones abren camino para que tengan lugar las mencionadas ponzoñas que destrozan la convivencia civilizada.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿Cuándo explota todo esto?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 5/9/20 en: https://eleconomista.com.ar/2020-09-cuando-explota-todo-esto/

La pregunta formulada en el título de esta nota periodística se viene reiterando desde tiempo inmemorial en nuestra tierra argentina, aparentemente sin advertir que ya ha acontecido una secuencia ininterrumpida de explosiones que prometen seguir su curso si no cambian las políticas estatistas que nos vienen asfixiando.

Hay algunos distraídos que mantienen que debemos tocar fondo para reaccionar, sin advertir que la desgracia nunca toca fondo y que la situación no se revierte mientras se persista en el error. En tanto se atribuya la decadencia a nexos causales distintos a las verdaderas razones que conducen a la situación de permanente emergencia y zozobra, mientras esto ocurra no hay esperanzas. Solo podrá salirse del pozo con un buen diagnóstico y buenas medidas que apunten en dirección al respeto recíproco, es decir, a la necesaria garantía y protección de los derechos individuales, lo cual abre cauce a la energía creadora que no solo se basa en valores morales sino que permite el mayor bienestar material para todos pero muy especialmente para los más necesitados.

Quiero volver aquí a la pandemia que hoy asola al mundo, un asunto que he tratado antes pero estimo necesario explorar otras aristas que presenta este delicado tema. Personalmente no quisiera estar en los zapatos de gobernantes que apuntan al resguardo de la invasión que implica un virus que presenta riesgos mayúsculos. Ni los médicos especialistas de mayor prestigio en la materia saben como defenderse de este flagelo. En todo caso saben que la prudencia indica que deben evitarse aglomeraciones en teatros, estadios y equivalentes que fortalecen y aceleran la difusión del virus de marras.

Y en este caso no es cuestión de simplemente confiar en la responsabilidad de cada cual, del mismo modo que -salvando las distancias- si andan asesinos sueltos nadie en su sano juicio concluiría que es un tema que se limita a la responsabilidad individual sino que hay que detener a los probados asesinos. En el campo de lo que ahora comentamos, se trata de adoptar medidas de aislamiento y prevención al efecto de evitar la lesión de derechos de terceros. Sin duda que estas políticas no deben pasar de contrabando disposiciones arbitrarias que afecten innecesariamente el desenvolvimiento de las personas. Todos los gobiernos del mundo han dado marchas y contramarchas en esta materia sin dar en la tecla frente a este peligro manifiesto y presente que a todos tomó por sorpresa.

Como hemos dicho antes, cuando aparezca la vacuna todo cambia radicalmente pues en lugares privados y públicos si se considera hay riesgo de contagios se pedirá el certificado correspondiente de vacunación sin necesidad de otras medidas hasta que pase la pandemia (igual que hoy en países civilizados no se pide comprobantes de la vacuna contra la fiebre amarilla y similares).

Por supuesto que como también hemos puesto de manifiesto, bajo ningún concepto debe tolerarse que con el pretexto y escudados en la pandemia, hayan gobiernos que propinen manotazos a la Justicia, pretendan colonizar al Poder Legislativo, usen y abusen de decretos del Ejecutivo, se amenace a la prensa, se expanda el gasto público, se incrementen los impuestos, se aumente la deuda estatal, se emita sideralmente moneda, se intensifiquen absurdas regulaciones como precios máximos y otras sandeces, se invada la propiedad privada y se pretendan encubrir corrupciones varias.

Pero la referida cadena de explosiones en los que los estallidos van en aumento no irrumpieron con la pandemia, en el caso argentino vienen de la friolera de hace siete décadas y se deben a la machacona persistencia de lo que en ciencia política y economía se conoce como “la tragedia de los comunes”, esto es la manía de acrecentar la propiedad estatal lo cual modifica de raíz los incentivos tan bien explicados, entre muchos otros, por Ronald Coase, Harold Demsetz y Douglass North: lo que es de todos no es de nadie, hasta la forma en que se toma café y se encienden las luces no es lo mismo en lo que es privado que cuando se dice es de todos.

La colectivización se traduce en la apología de lo abstracto y el ataque a lo  concreto. Borges lo ilustraba muy bien cuando se despedía de sus audiencias: “me despido de cada uno y no digo todos que es una abstracción mientras que cada uno es una realidad.” Pues la extensión de lo colectivo es el grave problema de las naciones empobrecidas, mientras que la asignación de derechos de propiedad es atributo central del progreso. Es como escribió el padre de la Constitución estadounidense, James Madison: “el gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad”, lo cual también suscribe con énfasis entre nosotros Alberdi,  y por las razones opuestas es que Marx propone “la abolición de la propiedad”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El Tesoro se financia más con deuda del Banco Central que con la emisión de pesos

El Gobierno utiliza una herramienta que prenuncia la aceleración de la tasa de inflación

Una persona camina frente al ministerio de Economía, este martes en Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo

Una persona camina frente al ministerio de Economía, este martes en Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo

Mucho se ha criticado la gestión de Mauricio Macri por el endeudamiento externo, claro que muchos de los que lo hacían se negaban a votar la baja del gasto público, por lo tanto, de alguna manera había que financiar el déficit fiscal heredado.

El gobierno anterior, que no avanzó en las reformas estructurales por falta de fuerza política, convicción o tiempo, cada uno que elija el argumento que más le guste, optó por resolver el problema del desequilibrio de las finanzas públicas limitándose a financiarlo con colocación de deuda externa, que luego se transformaba en emisión monetaria, y daba lugar a deuda del BCRA vía la absorción a través de las Lebac, hoy Leliq; y que, como se prenunciaba, en el momento menos pensado y por la causa menos sospechada, iba a derivar en una nueva crisis financiera y cambiaria, tal cual ocurrió.

No había que ser un visionario para conocer el final de esa película, porque aquellos que vivieron las maniobras financieras desde la época de Raúl Alfonsín con los depósitos indisponibles por parte de los bancos, sabían que este juego: te doy tasa, dame dólares, dura un tiempo y luego salta por los aires.

Asignatura pendiente

Lo concreto es que Macri heredó del kirchnerismo un nivel de gasto público y desequilibrio fiscal que requería de una política de shock en vez de gradualismo, entendiendo por política de shock anunciar un plan económico completo en lo impositivo, reforma del Estado, reforma laboral, monetaria e integración económica al mundo. Fijar un rumbo de acción bien presentado que cambiara las expectativas económicas de los agentes económicos. Eso no ocurrió y se limitaron a financiar con deuda el déficit y esperar a que se produjera la lluvia de inversiones que nunca llegó.

¿Qué heredó Alberto Fernández? El mismo problema que le dejó el kirchnerismo a Macri con el legado de la deuda para financiar el déficit fiscal. Es decir, el grueso del problema viene de la época del kirchnerismo.

La “bomba de tiempo” que le dejaron al gobierno de Cambiemos fue importante y, por no escuchar a quienes recomendaban unan política de shock, la bomba le explotó en el momento menos pensado y lo llevó a la derrota electoral.Fuente: Secretaría de FinanzasFuente: Secretaría de Finanzas

Y ahora, Alberto Fernández no hereda solo el problema de Macri por la deuda, algo que ya reperfiló hacia adelante, hereda parte del campo minado que le dejó Cristina Fernández de Kirchner a Mauricio Macri con los condimentos que le está agregando su gestión en cuarentena, haciendo crecer el gasto corriente al 74% anual y llevando el déficit fiscal consolidado, incluyendo el cuasifiscal del Banco Central al 17% del PBI.

¿Cómo financia Alberto Fernández el déficit fiscal? De la misma forma que lo hizo Raúl Alfonsín con el Plan Primavera y como lo hizo Mauricio Macri pero con la variante de no tomar deuda externa y emitir.

Un historia repetida

En la época de la presidencia de Raúl Alfonsín el BCRA emitía moneda para financiar el déficit fiscal y luego se absorbía parte de esa emisión con los depósitos indisponibles (algo parecido a las Letras del Banco Central -Lebac- que inauguró el kirchnerismo), a diferencia de Macri que tomaba deuda externa, entregaba los dólares al Central, que emitía pesos para darle al Tesoro contra esos dólares que entraban, y luego parte de esos pesos los absorbía con los instrumentos de regulación monetaria.

Ahora el BCRA emite directamente porque el Gobierno tiene cerradas las puertas al financiamiento externo y la emisión es la base de su financiamiento.El BCRA emite directamente porque el Gobierno tiene cerradas las puertas al financiamiento externo y la emisión es la base de su financiamiento (Reuters)El BCRA emite directamente porque el Gobierno tiene cerradas las puertas al financiamiento externo y la emisión es la base de su financiamiento (Reuters)

En el período enero-julio el Tesoro se financió, fundamentalmente, con $2,3 billones provenientes de impuestos y $1,5 billones de emisión monetaria, la cual pasó a representar el 65% de los ingresos tributarios. Pero en rigor, lo que más crece no es la expansión monetaria sino la deuda del BCRA.

El gráfico muestra la evolución del promedio mensual de stock de base monetaria y de Leliq más Pases Netos. Hasta mayo el primero se mantenía por encima del total de instrumentos de regulación monetaria (IRM), pero se revirtió a partir de junio.

Comparando mayo contra diciembre, la base monetaria promedio mensual aumentó 25% y el stock de Leliq y pases 53%, mientras que respecto de mayo, el nivel actual del dinero primario subió 8,7% y el de los IRM se expandió 36,4%, y potenció la generación de déficit cuasifiscal. Mientras que si el punto de comparación es noviembre 2019 la base monetaria se elevó 47,6% y el stock de IRM 137,4%. Una combinación letal en términos inflacionarios, cambiarios y de riesgo de crisis financiera.

La historia económica argentina, al menos de los últimos 40 años, enseña que cuando el BCRA emite deuda para financiar el gasto público, no sólo está contraindicado en cualquier manual de Banco Central, deriva en la aceleración de la fuga de los pesos porque pierde su condición de reserva de valor.

Pero, además, de emitirse moneda para financiar la deuda del BCRA, en el extremo, hoy duplicaría la base monetaria, con lo cual habría un estallido hiperinflacionario o se caería en otro plan Bonex como en 1989 en el que se canjearon compulsivamente depósitos a plazo fijo a 7 días en pesos por bonos externos, en dólares, a 10 años de plazo. Cada uno puede decidir qué prefiere: default, plan Bonex o hiperinflación.

En síntesis, el BCRA está usando más la deuda que emite para financiar el déficit que la emisión. Se verá cómo se resuelve este problema donde todos conocen el final. Solo falta saber cuál de las opciones se utilizará.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

La trascendencia de la educación:

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Capital y reforma social “fiscal”

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2020/09/capital-y-reforma-social-fiscal.html

“En cuanto al “origen del capital”, señala Wagner, este puede originarse en el trabajo o en el ahorro, o puede haberse obtenido gratuitamente sin esfuerzo alguno. En lo que respecta a estos últimos capitales, la imposición es indispensable, pues traduce un propósito fiscal con miras de reforma social.

Relacionado con el “empleo” del capital menciona que puede ser improductivo, es decir, no destinarse a la producción de nuevas riquezas, en cuyo caso debe ser gravado como si fuera una porción de la renta. Por último, referente al “empleo del producto del capital”, cuando en lugar de ser destinado a gastos de consumo se destina a gastos de establecimientos, es gravable porque no destruye al capital, sino que transforma el capital “individual” en “capital nacional”. Verbigracia: cuando se destina el producto de los impuestos sobre el capital a la construcción de ferrocarriles, caminos, canales, etcétera.”[1]

¿De que “reforma social” habla Wagner? Bastante probablemente de la que tenía en mente él. Su propia “reforma social”. Cada socialista -es muy sabido- quiere modelar la sociedad a su gusto, ningún socialista ha escapado a esta tentación. Proudhon, Sismondi, Marx, Engels, Lenin. Stalin, Pol Pot, Castro, etc. todos ellos pretendieron “reformar” la sociedad de acuerdo a sus ideas. Es decir, imponer sus opiniones por sobre la voluntad de los demás mediante la fuerza o la amenaza de aplicarla. Y este autor no es una excepción como se puede apreciar. Obviamente que la fiscalidad es el remedio infalible para que cada ingeniero social de estos pueda amoldar la sociedad a su gusto y placer. Pero ello implica violar las preferencias de todos los demás, es decir, de aquellos a quienes aspiran a dirigir. Hitler y Mussolini, también fueron “reformadores sociales”, querían una sociedad aria, libre de impurezas raciales. Lenin, Stalin y sus sucesores en el poder deseaban una sociedad sin burguesía, donde sólo reinara el proletariado. No importa que proyecto tenga en mente el “reformador social”, siempre necesitará de acudir a la violencia para ver su sueño plasmado en la realidad social. Y los autores que venimos comentando no son excepciones a ese espíritu totalitario.

En el mercado, cuando el capital es improductivo deja de ser capital, o bien pasa a otras manos por medio del mercado libre que lo empleará productivamente. Si se lo grava se impide la acción productiva del mercado, y una vez en posesión de los burócratas fiscales dejará definitivamente de ser capital, porque el capital -por definición- sólo puede ser privado, nunca estatal. También únicamente el mercado puede decidir y definir qué es y no es riqueza, nunca el burócrata ni el sr. Wagner.

Cuando se grava el beneficio del capital se está gravando al capital indirectamente, por lo que es falso lo que afirma Wagner. El establecimiento forma parte del capital (o Wagner no sabe cómo se conforma el capital). El capital tiene que ser lo suficientemente grande como para que dé sus frutos, el propietario pueda abastecer sus consumos y los de su familia, salarios con los cuales posibilita el consumo de sus empleados y -además- reinvertir los beneficios, para que su capital pueda seguir rindiendo esos frutos y cumpliendo con esas metas.

El impuesto que propone Wagner (y todos aquellos que celebran sus ideas) impide todo este circuito. Parece que Wagner cree que el capital “crece en los árboles”, o que “el árbol” es el capital y que el árbol no nació, ni se formó nunca, sino que siempre estuvo plantado allí. No sabe que del fruto sale la semilla y de esta nace el árbol.

Pero el árbol no siempre estuvo allí, alguien primero debió plantarlo, abonar la tierra, fertilizarla, regarla constantemente. El impuesto es al capital como la sequía y la falta de cuidado del agricultor es al árbol. Terminan destruyéndolo.

No es posible saber si dicha visión socialista es ingenua o realmente malintencionada.

“3. Definición de los impuestos. Depende del contenido que se le asigne al impuesto, del objeto que grava, de su repercusión, la definición que la doctrina le ha dado. Desde la antigua definición de Montesquieu que dice que “las rentas del Estado (comprendiendo en ellas, naturalmente, al impuesto) son las partes de sus bienes que da cada ciudadano para tener seguro el resto o gozar de él agradablemente”, con lo que retrata la teoría del seguro, a la que ya nos hemos referido, hasta la novísima, como la de Eheberg que considera al impuesto como “las exacciones del Estado y demás corporaciones de derecho público que se perciben de un modo y en una cuantía unilateralmente determinada por el poder público, con el fin de satisfacer las necesidades colectivas” —hay definiciones de las más variadas y dignas de satisfacer los gustos más exigentes. Así, el español Colmeiro, expresa: “Llámase impuesto o contribución la cuotaparte de su fortuna, que el ciudadano pone en las manos del gobierno para atender a las cargas del Estado”. Carreras y González, del mismo origen, establece: “Llámase contribución, pecho, talla, tributo o subsidio aquella parte del haber de los particulares que se destina directamente a satisfacer las necesidades del Estado” y Piernas y Hurtado, define: “El impuesto puede definirse: la participación que legalmente toma la sociedad en los fines del Estado” (*).”[2]

Todas estas definiciones pecan de un mismo defecto. Tratan del “estado” como un ente “real” cuando es mítico y, por consiguiente, los mitos no pueden adolecer de “necesidades”; en segundo lugar ,todas dan por sentado la “necesidad” de que unos individuos (que a sí mismos se atribuyen la condición de “estado” cuando no son más que meros burócratas) violenten la propiedad de terceros (a quienes designan como “contribuyentes”) para robarles recursos que usufructuarán esos burócratas bajo la excusa de estar cumpliendo los fines del “estado” que -por lo ya visto- no puede tener “fines” ya que no es un ser real dotado de mente ni voluntad. Ellos usan la palabra “estado” para no tener que utilizar el vocablo “gobierno”, rótulo este que designa al conjunto de burócratas que mediante la potestad de dictar leyes y reglamentaciones persiguen someter al resto de son congéneres a sus dictados para satisfacer los deseos y voluntades de esos burócratas.


[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

REFLEXIÓN PARA CATÓLICOS TRISTES Y PERPLEJOS.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 6/9/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/09/reflexion-para-catolicos-tristes-y.html

Esto lo escribí el 2 de Septiembre de 2018. (http://gzanotti.blogspot.com/2018/09/reflexion-para-catolicos-tristes-y.htmlVale la pena reiterarlo. Con un detalle. En ese momento pude decir “…Quedan aún los sacramentos”. Hoy ya ni eso…………………….

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No, no es sobre la carta de Viganó. Lo que voy a decir ahora lo dije el 19 de Agosto para mis hermanos dominicos.

Hace muchas décadas que la Iglesia es un caos en cuanto a sus aspecto humano. Un aspecto humano que sin embargo parece salpicar a lo más fundamental.

Sin embargo no es la primera vez que sucede. Hubo crisis doctrinales donde no se sabía a quién escuchar; hubo papas corruptos, muchos; hubo papas que dudaron y titubearon en temas de Fe; hubo tres papas; hubo uno que hizo des-enterrar al anterior y someterlo a juicio. ¿Internas? Siempre. ¿Clericalismos? Siempre. ¿Nido de víboras? Siempre. ¿Obispos y sacerdotes degenerados e inmorales? Hubo siempre. En una de esas crisis, Dios nos mandó a Santo Domingo y a San Francisco. No fue poco.

Si creen que voy a hacer un diagnóstico y proponer una solución, no. No quiero ser un ruido más en medio de todos los ruidos. Hubo hace poco un santo varón que no hizo ruido pero los suyos tampoco lo recibieron. El desaliento actual es que hagas lo que hagas, digas lo que digas, silencies lo que silencies y no hagas lo que no hagas, todo parece que es para mal.

Tal vez siempre estuvieron en la Iglesia los saduceos, los zelotes, los fariseos y los pobres de Yahvé.

Hoy también están los que están en la Iglesia sin creer en nada, los que quieren la revolución temporal, y los que carecen de misericordia.

Yo les propongo que seamos los pobres de Yahvé, con una docta ignorancia. Realmente no entendemos lo que está pasando. Ya está, la crisis ha superado todas nuestras categorías de entendimiento. Reconocer que ya no sabemos. Creíamos una cosa, ahora es otra, tratamos de ajustarla, no podemos, todos se dividen, que el Magisterio esto, que el Magisterio aquello, que esto es esencial, que aquello es contingente, y mientras tanto, ya no sabemos quién es honesto y quién no, o si alguien es un profeta o un loco, ya no sabemos nada.

Sólo podemos esperar, no en el Mesías, que ya vino, pero sí confiar en el Espíritu Santo, que siempre está y siempre saca a la Iglesia adelante en tiempos que superan a nuestras cortas existencias.

No nos queda sino ser como María al pie de la Cruz.

Y mientras tanto, mantengámonos unidos. No nos condenemos. Todavía tenemos el Credo. Recémoslo despacito. Quedan aún los sacramentos, que son ex opere operato: recibámolos frecuentemente. No importa el sacerdote. No importa el obispo. Ya no sabemos qué dicen, ni qué quieren decir, lo único que tenemos es el Credo, ir a Misa, confesarnos, esperar, seguir creyendo, seguir esperando. Si a alguno le gusta la antigua Misa, que vaya; si le gusta la nueva, que vaya, ya no sabemos nada, simplemente cuidemos que la consagración sea válida, que nuestra confesión sea sincera. No podemos hacer nada más. Si hay dudas, sigamos a nuestra conciencia y que Dios se apiade de nosotros. Y esperemos. Y cuando recemos el Credo, recordemos: la Iglesia es una, santa, católica y apostólica no por nosotros, sino porque su cabeza es Cristo.

Reitero: no sabemos nada más.

Nunca mejor dicho, Dios sabrá.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

El grave problema de politizar lo no politizable

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 5/9/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/09/05/el-grave-problema-de-politizar-lo-no-politizable/

Un análisis sobre los graves inconvenientes de encajar en espacios comunes lo que por su naturaleza se administra con mucha mayor eficiencia y mejores resultados para las partes involucradas y para terceros si se asignan derechos de propiedad

FOTO DE ARCHIVO: Una bandera argentina flamea sobre el Palacio Presidencial Casa Rosada en Buenos Aires, Argentina 29 octubre, 2019. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

FOTO DE ARCHIVO: Una bandera argentina flamea sobre el Palacio Presidencial Casa Rosada en Buenos Aires, Argentina 29 octubre, 2019. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

Desde Aristóteles la política alude a los espacios comunes y en todos los textos de teoría política se subraya que la acción en esa materia apunta a la administración de esos territorios que en esta instancia del proceso de evolución cultural se concreta a través de lo que Max Weber denominó el monopolio de la fuerza, es decir, el gobierno. Antes hemos recordado que, entre otros, Leonard Read ha objetado la expresión “gobierno” pues con razón señala que significa mandar y dirigir que es lo que cada persona debe hacer con su vida por lo que sugiere se utilice “agencia de seguridad” o equivalentes, de lo contrario, sigue diciendo, la confusión resultante es igual que llamar “gerente general” al guardián de la empresa.

De entrada declaramos que esta nota periodística no es apta para conservadores, es decir aquellos enredados en telarañas mentales que no conciben nada nuevo que se salga de lo rutinario. Lo que queremos estudiar brevemente en estas líneas son los graves inconvenientes de encajar en espacios comunes lo que por su naturaleza se administra con mucha mayor eficiencia y mejores resultados para las partes involucradas y para terceros si se asignan derechos de propiedad. Tengamos en cuenta que este derecho vital surge del hecho de no haber de todo para todos todo el tiempo, esto es, las necesidades son ilimitadas y los recursos para atenderlas son limitados. De allí derivan los precios y la necesidad de economizar esos recursos escasos al efecto de darle el mejor destino posible. En este contexto, los que le dan buen uso atendiendo los reclamos de su prójimo obtienen ganancias lo cual naturalmente engrosa sus patrimonios y los que no aciertan incurren en quebrantos, una situación esta última que debilita patrimonios. Lo interesante de este proceso es que cada uno para mejorar su situación personal no tiene más remedio que mejorar la condición de sus semejantes. Así, las posiciones patrimoniales relativas no son irrevocables, van cambiando a medida que cambian los gustos y las preferencias de la gente. Desde luego, lo que no es admisible en una sociedad abierta es que se opere en base a privilegios de quienes se alían con los aparatos estatales para explotar a los demás recurriendo a mercados cautivos, exenciones impositivas, aranceles, subsidios y demás prebendas.

Ahora bien, desde 1968 Garret Hardin en la revista académica Science oficializó lo que se conoce como “la tragedia de los comunes”, un concepto de venia de tiempo inmemorial desde las críticas al comunismo de Platón pero su bautismo lo hizo más patente y cercano. Puesto de modo sobresimplificado apuna a señalar que lo que es de todos en definitiva no es de nadie por lo que su uso no es el mismo respecto a cuando el bien en cuestión es privado. Tal como han apuntado autores como Ronald Coase, Harlod Demsetz y Duglass North, es clave el asunto de los incentivos: no es el mismo trato cuando el bien es privado que cuando es estatal.

Es frecuente que el empecinamiento colectivista transforme todo en un antropomorfismo con lo que se machaca que el “pueblo dice” tal o cual cosa, “la nación se pregunta” sobre tal otro asunto, hasta hemos visto en algunos titulares de periódicos el dislate que Estados Unidos “medita” sobre cierta cuestión a lo que África “contesta” de tal o cual manera. En esta curiosa línea argumental, “la sociedad” piensa, se ríe, se enoja y hasta copula.

Cuando irrumpen distraídos que mantienen que “hay que priorizar lo colectivo frente al individualismo” están de hecho diciendo que debe darse prelación a lo abstracto antes que a lo concreto. Como solía decir Borges al despedirse de su audiencia, “saludo a cada uno y no digo a todos porque cada uno es una realidad mientras que todos es una abstracción”. El individualismo respeta y toma como sagrado al individuo en sus derechos y por ende en su dignidad. La caricatura grotesca del individualismo que lo dibuja como una especie de narcisista-aislacionista en verdad alude al colectivismo socialista que impone restricciones, cortapisas y supuestos proteccionismos y consecuentes fronteras alambradas a las relaciones entre las personas, muy al contrario de lo que pretenden los individualistas que maximizan y estimulan las relaciones abiertas entre las personas dentro y fuera del país.

Cuando concluimos que no es conveniente politizar lo no politizable no estamos diciendo que no es posible hacerlo, de hecho es lo que viene ocurriendo en distintas partes del mundo. El manotazo del Leviatán siempre es posible, no es necesario recurrir al chavismo con la sandez de su “exprópiese” para percatarse del problema agudo que esa política provoca, especialmente para los más necesitados. Lo que estamos señalando es su inconveniencia, no su imposibilidad.

Ilustremos este tema solo con un ejemplo: el caso de las mal llamadas empresas estatales. Mal llamadas porque el aspecto medular de la actividad empresaria propiamente dicha consiste en arriesgar recursos propios y no utilizar por la fuerza el fruto del trabajo ajeno. La denominada empresa estatal significa un problema desde el mismo instante en que se constituye puesto que inexorablemente se traduce en una alteración en las prioridades de la gente desde reglones más urgentes a ámbitos menos perentorios. Si el gobierno fuera a hacer lo mismo que hubiera hecho la gente con sus siempre escasos recursos no tendría sentido su intromisión con el consiguiente ahorro de gastos administrativos. Por otra parte, cuando se sostiene que el aparato estatal encara actividades que el sector privado no cubre debido a que son antieconómicas pero, se sigue diciendo, son necesarias para, por ejemplo, atender a pueblitos aislados. Este razonamiento no percibe que ese emprendimiento compulsivo al ser antieconómico desperdicia o derrocha recursos con lo que la sociedad en su conjunto se empobrece por lo que la cantidad de pueblitos aislados se multiplica hasta que, si se insiste en estas políticas, todo el país queda como inviable y aislado económicamente.

De cualquier manera, el punto central en este análisis de las llamadas empresas estatales es nuevamente uno de incentivos: hasta la forma en que se toma café y se encienden las luces no es la misma en una empresa privada que en una estatal. Por este tema crucial de los incentivos es que se hace necesario extender al máximo la asignación de derechos de propiedad en todo lo que sea posible.

Es sumamente relevante percatarse que lo político está en la esfera de las burocracias que si van más allá de la protección de derechos significa la expropiación de lo privativo de cada cual y, por otro lado, lo privado se encuentra en el ámbito de lo que pertenece a la gente, en definitiva quienes deciden sobre lo que les concierne o de lo contrario, decide el político sobre la vida y hacienda de cada persona. No hay otra opción, del mismo modo que la mujer no puede estar semi-embarazada. Y tengamos en cuenta que nunca y bajo ningún concepto hay conflicto de intereses entre las autonomías individuales y el interés general mientras el gobierno se limite estrictamente a la protección de derechos. Como bien han definido Michael Novak y Jorge García Venturini, “el bien común es el bien que es común a cada uno” es decir el respeto recíproco, la preservación de los derechos de cada persona. Por supuesto que si hay parásitos que apuntan a vivir de lo ajeno, se amontonarán para expoliar al resto en manifestaciones permanentes. Pero si se da rienda suelta a la envidia y a las pasiones más bajas las relaciones sociales se convierten en conflictos irreconciliables. Es en este contexto donde se reclaman líderes en lugar de cada uno liderar sus propias vidas al efecto de así evitar que con mayor facilidad lo que pertenece al vecino se succione por la fuerza, un atraco encabezado con entusiasmo por el caudillo del momento.

Si observamos la actitud de políticos desde la tribuna en campaña o los discursos parlamentarios y equivalentes veremos que siempre se trata de personas enojadas, más o menos a los alaridos, siempre apuntando con el dedo y generalmente mostrando los dientes puesto que en todos los casos hay enemigos que combatir, guerras que hay que librar, lo cual, como entre otros ha puesto de manifiesto Bruno Leoni, contrasta abiertamente con lo que ocurre en el mercado donde en las transacciones libres las partes siempre ganan y se agradecen entre si en un clima de paz y armonía, donde no hay escaramuzas campales, trifulcas horrendas, alaridos amenazantes ni conflictos dentro de un necesario respeto recíproco. Es a esto último por lo que debe velar el gobierno, es decir, la seguridad y la justicia para que no hayan lesiones al derecho, lo cual es generalmente lo que los gobiernos no ofrecen con el suficiente esmero pues se dedican a muchos otros menesteres que no les compete por lo que se apoderan en grados crecientes del fruto del trabajo ajeno a través de impuestos insoportables, deudas colosales, inflaciones varias al efecto de financiar gastos elefantiásicos para asegurar sus permanentes aventuras ilegítimas. Es cierto que los liberales recurrimos a la metafórica expresión “batalla cultural” para referirnos a las faenas en el aula y en la redacción de textos para argumentar a favor de la libertad, pero, como decimos, en el proceso de mercado -es decir en materia de arreglos contractuales entre partes- solo hay agradecimientos recíprocos y no luchas, discursos altaneros, amenazas y furiosos enojos en medio de gritos ensordecedores. En el calor de la política, la lucha no tiene nada de metafórica: los improperios, las denuncias, las chicanas, las acusaciones de traición y las exigencias de lealtades absolutas están a la orden del día. En cambio en la así denominada batalla cultural cuanto más refinado y sofisticado el argumento en clase, en una conferencia académica o en un libro, más apreciado resulta todo en el contexto de modales siempre considerados respecto de teorías rivales que son esenciales al efecto de las corroboraciones provisorias que se tornan más rigurosos en la medida que surgen refutaciones solventes.

A contracorriente de lo dicho se ubica el colectivismo, esto es la manía por ampliar el campo de lo colectivo, de extender la tragedia de los comunes en base al retorcido “darwinismo social”. Esto significa la extrapolación ilegítima del campo de la biología al campo de la cultura. Como es sabido, Darwin tomó la idea del evolucionismo de Mandeville, que lo concibió para el campo de las relaciones interindividuales para, como queda dicho, aplicarlo al reino de la biología. Así en este campo la especie apta descalifica a la inepta, pero en el contexto de las relaciones sociales el más fuerte trasmite su fortaleza a los más débiles a través de las tasas de capitalización que constituyen un único factor que permite aumentos en salarios e ingresos en términos reales, a saber, instalaciones, equipos, maquinarias, herramientas y conocimientos relevantes que hacen de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento.

La degradación de la noción original de la democracia se ha convertido en una carrera electoral para comprobar quién promete más desatinos, lo cual hace que los espacios públicos se ensanchen y se encojan los privados con los apuntados resultados respecto a la consecuente ampliación del grado de politización. En este sentido, se hace imperioso imaginar nuevos límites al abuso del poder, de lo contrario resultará imposible zafar del círculo vicioso en el que nos encontramos. Afortunadamente hay un debate en curso sobre esos límites, discusión que debe ser alentada para encontrar cauce a lo que planteamos en esta nota.

Es muy ilustrativo y apropiado cerrar este texto con un pensamiento de Ortega y Gasset en El espectador: “Ahora, por lo visto, vuelven muchos hombres a sentir nostalgia por el rebaño. Se entregan con pasión a lo que en ellos había aun de ovejas. Quieren marchar por la vida bien juntos, en ruta colectiva, lana contra lana y la cabeza caída. Por eso muchos pueblos andan buscando un pastor y un mastín. El odio al liberalismo no procede de otra fuente. Porque el liberalismo, antes que una cuestión de más o menos en política, es una idea radical sobre la vida: es creer que cada ser humano debe quedar franco para henchir su individual e intransferible destino”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h