Argentina 2020 y los “estados fallidos”

Por Constanza Mazzina. Publicado el 15/9/20 en: https://www.clarin.com/opinion/argentina-2020-fallidos-_0_kRzUbLjHa.html

Protesta de la Policía Bonaerense en Puente 12, La Matanza, el 10/9. Por un instante, el fantasma de la anomia y la ingobernabilidad, nuevamente. Foto: Guillermo Rodríguez Adami –

La pandemia y la cuarentena más extensa del mundo han dejado expuestos los problemas estructurales del estado argentino: un estado grande pero débil. La anomia creciente y la falta de respuesta de un estado costoso pero altamente ineficaz, sumado a la baja calidad de sus capacidades estatales, completan un cuadro poco alentador.

Hace algunos años se hizo popular el concepto de “estado fallido”, el mismo hacía referencia a aquellos Estados que han perdido la capacidad de controlar el monopolio de la fuerza y la eficacia en proveer a su población los bienes públicos esenciales (principalmente la seguridad y la protección de la propiedad privada).

Varios autores señalan que el concepto de Estado fallido, identifica un “un vacío de poder en un país aquejado por el conflicto interno y con sociedades fracturadas y una legitimidad muy cuestionada, sin capacidad real de independencia territorial ni poder negociador a nivel económico” (Ruiz, 2011) y, también, como factores necesarios se destacan la “ineficiencia en atender las demandas ciudadanas básicas” (Zapata, 2014) y la “ingobernabilidad, entendida como la capacidad del Estado de contar simultáneamente con legitimidad y eficacia para garantizar su existencia” (Bartolomé, 2004).

Podemos identificar, entonces, las características clave para reconocer un estado fallido:

1. La ruptura del orden legal-constitucional, al perder el Estado el monopolio legítimo de las armas y su degeneración en la incapacidad de brindar seguridad a sus ciudadanos, pudiendo derivar en la propia represión hacia estos.

2. La incapacidad de dar respuesta a las necesidades básicas de su población, al no proveer bienes públicos y condiciones de bienestar, bajo un manejo deficiente de la actividad económica.

3. La ausencia de una institucionalidad consistente y reconocible, capaz de representar al Estadoante su población yconsecuentemente hacia el exterior.

Los recientes hechos que están ocurriendo en la Argentina, auguran un pronóstico sombrío sobre nuestra economía y sobre nuestra democracia. Si a eso sumamos la incapacidad del estado para proveer seguridad y protección a la propiedad privada, ¿estamos frente a una Argentina en proceso de convertirse en estado fallido?

Ciertamente no, pero no por ello debemos dejar de estar atentos. Aunque la caracterización es muy extrema, si repasamos los hechos de las últimas semanas -la crisis de seguridad en la provincia de Buenos Aires y la toma de tierras en todo el territorio nacional (desde el lago Mascardi a San Fernando)- una luz de alerta se enciende.

Así planteado, el estado argentino más que un “estado presente” o un “el estado te cuida”, enfrenta dos características que recién señalamos: la incapacidad de brindar seguridad a sus ciudadanos, pudiendo derivar en la propia represión hacia estos (como ya está ocurriendo en muchas provincias) y la incapacidad de respuesta a las necesidades básicas de su población, al no proveer bienes públicos y condiciones de bienestar, bajo un manejo deficiente de la actividad económica.

El país atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente, todos los indicadores de actividad económica se han desplomado, la credibilidad y la confianza se han roto. La cuarentena destruyó los lazos sociales y dejó al desnudo una sociedad fragmentada y en busca de “sálvese quién pueda”.

En este contexto, de desafíos inconmensurables, notamos un vacío de poder (que se traduce en ¿quién tiene el poder?) en un país aquejado por el conflicto interno (reviviendo la dicotomía Buenos Aires vs. Interior) y con sociedades fracturadas (una grieta que se abre cada vez más) y una legitimidad muy cuestionada (no de origen sino de ejercicio).

La ausencia de normas de convivencia como sociedad es la herencia más profunda que deja esta cuarentena, y de la que todavía no hemos tomado nota. El riesgo final de la anomia puede presentarse en distintas formas, una de ellas es la del estado fallido que aquí hemos descrito, otra, un conflicto violento de diversa intensidad. Lo dicho, nos deja, como ciudadanos, a la deriva: sometidos al arbitrio de un Estado que es parte y no juez imparcial, que tiene un trato distinto para amigos y enemigos y aplica la ley según su conveniencia. Hoy, en la Argentina, homo hominis lupus.

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Fue docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal. Es profesora de ciencia política en la Fundación UADE.

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