¿Para qué sirven los impuestos?

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  http://www.accionhumana.com/2020/04/para-que-sirven-los-impuestos.html

 

“…los totalitarismos no tienen mejor instrumento de opresión a su alcance que el régimen tributario, pues al arrancar de manos del que posee algo que es fruto de su sudor y de su esfuerzo, so color de tributo fiscal, introduce la amargura y la violencia que hacen germinar, casi siempre, el áspero fruto de la revolución.”[1]

Plausible reflexión, ya que, ¿qué otra cosa que el “arrancar de manos del que posee algo que es fruto de su sudor y de su esfuerzo” es el tributo fiscal? El impuesto es eso mismo, y su naturaleza no cambia, sea que se lo aplique en un régimen totalitario o en otro no-totalitario, porque en ambos sistemas lo que el impuesto tiene en común es su naturaleza forzosa, precisamente su imposición por sobre la libre determinación del ciudadano a pagarlo o no. Lo que diferencia a un régimen totalitario de otro contrario no es la existencia o no de los impuestos sino su cuantía y alícuota. Cuanto más altas son estas dos variables más totalitario es el régimen que las aumenta. Solo los regímenes anti totalitarios carecerían de impuestos, pero a la fecha no tenemos conocimiento de la existencia de ninguno. Lo único que determina cuando un impuesto es instrumento de opresión es el bolsillo de aquel del cual debe salir, sin importar cual sea el régimen político que impere donde vive.

“Desde el punto de vista político y económico, el economista Wagner admite las dos expresiones del derecho de imposición de los impuestos: la primera, política, nace de la necesidad social de subsistencia por lo cual se ha creado, por “derecho histórico”, la coerción para hacer efectivos los ingresos. Las finalidades son netamente financieras, o bien de política social, para reglamentar la repartición y empleo de las rentas y de las fortunas.”[2]

“necesidad social de subsistencia” es otra forma de designar aquellas supuestas “necesidades” del “estado” que ya hemos refutado antes. La sociedad provee a su propia subsistencia sin necesidad del impuesto, y no hay registro histórico de que la gente haya necesitado del impuesto para subsistir. Lo ha hecho sin impuestos durante siglos desde la creación del mundo, mediante la caza y la pesca al principio, la agricultura y ganadería después, y el comercio e intercambio de sus productos con sus semejantes hasta hoy.

El impuesto no ha desempeñado ningún papel en ese proceso, excepto el de obstaculizar primero y llegar a impedir después todo ese desenvolvimiento social natural que significó y continúa representando el libre comercio. Por el contrario, el impuesto no contribuye a la subsistencia social, sino que la ataca y entorpece.

Otro despropósito de la cita es el referido a un supuesto “derecho histórico” justificando “la coerción para hacer efectivos los ingresos”. No existe ningún “derecho histórico” en tal sentido, porque el derecho ha experimentado una lenta evolución a través de los siglos, y no ha tenido ni tiene un sentido univoco. Bastará recordar que en la antigüedad por “derecho” se consideraba la sola voluntad del líder, jefe, rey, monarca, emperador, y en el siglo XX la del Führer, el Duce o el secretario general del partido comunista soviético. A todo esto -en cada momento histórico- se lo llamó “derecho”. ¿a cuál “derecho histórico” de todos estos se refiere Wagner?

Por otra parte, que a lo largo de la historia los gobernantes hayan hecho recurrente uso de la fuerza para cobrar tributos no configura un “derecho” por ese simple motivo. El inicio del uso de la violencia -contra uno o muchos- nunca constituye un “derecho” sino lo contrario a derecho.

Utilizando el mismo “argumento” del autor, podría decirse -sin temor a equivocarse- que crímenes han existido desde Caín y Abel en adelante. Pero con ese “fundamento” no podemos convalidar un “derecho histórico al crimen”.

Ninguna “finalidad financiera” y menos aún de “política social” autoriza el uso agresivo de la fuerza contra terceros indefensos llamados irónicamente contribuyentes como si lo pagaran voluntariamente.

Si alguien necesita de la coerción para hacer efectivo el ingreso a sus arcas de dinero propiedad de un tercero, eso -desde que el mundo es mundo- se llama robo, atraco, latrocinio, desfalco, etc. porque, necesariamente, requiere de una imposición, es decir, de un acto de fuerza contra la voluntad del despojado. No cambia la cosa que el ladrón se haga llamar por todos “gobierno”, “estado”, “nación”, si roba será siempre un ladrón, con o sin título “legal”. Pero Goldstein no está de acuerdo y dice:

“Abonando estos conceptos expresa el profesor argentino A. Ruzo que, la “democracia tiene una relación esencial con un buen régimen tributario. Cuando el Estado impone al pueblo el sacrificio de una contribución monetaria o cuando el Estado crea un servicio público que él monopoliza y que por eso mismo lo hace obligatorio —como ocurre con el correo o las obras sanitarias, que está vedado explotarse como industria privada— ejercita una actividad propia de su soberanía, y este poder soberano de echar la carga sobre el pueblo, de arrebatar a los particulares una parte de su riqueza —lesionando así el principio de la inviolabilidad de la propiedad privada y que en otras circunstancias se calificaría de confiscatorio— dimana de un mandato de la colectividad ejercitado por medio de sus representantes legales y que importa la decisión colectiva de hacer entrega al Estado de la parte alícuota del patrimonio particular, a fin de que pueda este cumplir con los objetivos para los que ha sido creado como entidad jurídica directiva que representa la sociedad.”[3]

Nuevamente aparece la confusión semántica (y conceptual) entre “estado” y gobierno. Es el gobierno y no el “estado” el que crea e impone el impuesto. Nosotros no estamos de acuerdo con que el gobierno establezca monopolios, ni mucho menos que los haga obligatorios, ya que ninguna -de ambas cosas- son “necesarias” o “necesidades” del “estado” (para seguir usando la terminología de los autores que se vienen citando en los pasajes estudiados). Tampoco concordamos con que la creación de monopolios obligatorios sea “una actividad propia de su soberanía”, ni aun cuando estuviera determinado en una Constitución política, como ha sido el caso de varias naciones, y la de la Argentina misma con la tristemente recordada “constitución” de 1949. No existe ningún poder soberano “de echar la carga sobre el pueblo, de arrebatar a los particulares una parte de su riqueza—lesionando así el principio de la inviolabilidad de la propiedad privada”, porque de admitirse tal dislate no habría límite alguno para tal supuesto “poder soberano”, y así como decide arrebatar una parte puede -con el mismo “argumento”- decretar arrebatar el todo, incluyendo las libertades individuales, y no sólo las riquezas que ellas producen.

[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

[3] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

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