La gran falacia del “ajuste necesario”

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 9/5/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/05/14/la-gran-falacia-del-ajuste-necesario/

 

Los conservadores argentinos, debido a su proverbial desconocimiento de cómo funciona el mercado natural, insisten en falacias y recomendaciones que convienen al “establishment” pero que perjudicarían severamente al país. Claramente buscan conservar los privilegios: los oligopolios, como el financiero, y prebendas como crédito barato apalancado desde el Estado, etc.

La primera falacia es la de la “herencia recibida”. Sin dudas, Macri recibió un país en pésima situación en todos los órdenes, no solo en economía. Pero esto no justifica la caída en el PIB del 2.3% que ocurrió en 2016, según datos oficiales. El nivel que dejó el gobierno anterior es un piso desde el que Argentina debió levantarse inmediatamente de haber seguido -aunque sea un gradual y lento- camino hacia una economía de mercado.

Lo bueno -la tendencia hacia una economía de mercado natural- solo puede tener resultados buenos, es simple lógica, y la lógica es una ciencia. Por caso, aunque al sector agropecuario se le redujeron -reales- solo en 25% los impuestos a la exportación –“retenciones”-, y a pesar de que parte de este alivio se esfumó debido a la inflación y otros aumentos, aun así, el sector creció notoriamente, en tiempo real, a tal punto que produjo una catarata refleja que significó que la venta de maquinaria agrícola creciera 27% en 2016, respecto de 2015.

Queda claro, que si el resto de la economía cayó fue sencillamente porque no solo que no se aplicaron medidas -ni “gradualistas” ni de ninguna especie- promercado, sino todo lo contrario: aumentó la presión fiscal total y el peso -en general- del Estado sobre el sector privado.

La segunda gran falacia de los conservadores -a los que ahora se suma el FMI- es que es necesario un “ajuste” -que sería “doloroso”- para llegar a una economía sana. Esto es falso de toda falsedad, es incoherente, ofende a la lógica – ¿lo malo trae bueno? – y es extremadamente peligroso porque provocaría el rechazo frontal de la sociedad que terminaría apoyando políticas más estatistas, de izquierda o de derecha.

El torpe “caballito de batalla” de los conservadores es que todos los males de la economía parten del déficit fiscal. Y, entonces, aseguran que la primera y fundamental medida del gobierno debe ser recortar el gasto. Proponiendo, básicamente, el despido de empleados y la baja en los montos de las pensiones. El despido en estas circunstancias provocaría un aumento del desempleo y una caída del salario real, y la baja de las jubilaciones una gran injusticia, sin que se produjera un mejoramiento inmediato de la economía nacional.

La realidad es muy distinta. El problema no es el déficit fiscal en sí mismo sino el modo como se financia, ya que, si se financia con exagerada emisión monetaria o con endeudamiento o con suba de impuestos, la economía cae como ha venido sucediendo.

La solución del mercado natural a la situación actual es la siguiente. El déficit del Estado argentino ronda los US$ 23.000 millones anuales. Lo primero que debe hacerse es empezar a desregular toda la economía de modo que se expanda aumentando la recaudación sin subir la presión fiscal y, por ende, disminuyendo el déficit. El resto puede solventarse fácilmente con privatizaciones y venta de propiedades estatales por varios años.

Para que las privatizaciones sean políticamente viables hay que adoptar tres criterios: primero, vender propiedades de bajo impacto en la opinión pública (el gobierno ya vendió algunas por un monto que ronda los US$ 300 millones y nadie se alteró). Segundo, realizar una campaña de difusión que explique con honestidad cuál es la situación. Y tercero, privatizar de manera “popular” al estilo de Margaret Thatcher.

Por ejemplo, supongamos que la petrolera estatal -YPF- vale unos US$ 10.000 millones. Se pueden emitir 10 millones de acciones por valor de US$ 1000 cada una y pagar a empleados públicos y proveedores del Estado -que voluntariamente acepten- con esas acciones.

Una vez compensado el déficit de modo genuino, al bajar la inflación y el endeudamiento estatal, el PIB crecerá, ahora sí, genuinamente (no como en 2017). Durante ese tiempo debe desregularse aún más toda actividad económica liberando la creatividad del mercado. Y, fundamentalmente, como se hizo en los EE.UU., se debe desregular completamente la actividad sindical de modo de quitarle la fuerza política y convertir a los sindicatos en meras mutuales de ayuda al obrero.

Ahora sí, pueden eliminarse las leyes laborales y esto sumado al crecimiento genuino de la economía provocará un aumento en la demanda privada de mano de obra absorbiendo naturalmente -sin despidos- a los empelados públicos. Y entonces podrá reducirse sustancialmente la carga fiscal, potenciando aún más el crecimiento de la economía lo que debería aprovecharse para desregular -y privatizar- completamente el sistema de pensiones.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

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