El periodismo

Por Gabriel Boragina Publicado el 15/4/18 en: http://www.accionhumana.com/2018/04/el-periodismo.html

 

Comencemos con la definición de nuestro tema:

“periodismo

De la raíz de periódico e -ismo.

  1. m. Captación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas y variedades.
  2. m. Estudios o carrera de periodista.”[1]

Al contrario del uso amplio que se le suele dar vulgarmente a este término, el periodismo es un proceso de captación y tratamiento de la información. Dentro de tal información puede encontrarse la de diversos sucesos o -inclusive- la de la opinión pública misma.

Conforme al concepto dado, el periodista capta la información y la trata.

Cuando vamos a la definición de tratamiento, entre otras acepciones que no se aplican a nuestro tema, la cuarta del vocablo dice:

“4. m. Modo de trabajar ciertas materias para su transformación.”[2]

Si relacionamos este significado al anterior deducimos que la actividad periodística consiste en captar y trabajar la información (materia o material) para su trasformación. Si vamos a la de transformar, el diccionario nos expresa:

“Tb. trasformar.

Del lat. transformāre.

  1. tr. Hacer cambiar de forma a alguien o algo. U. t. c. prnl.
  2. tr. Transmutar algo en otra cosa. U. t. c. prnl.”[3]

El periodista, entonces, cambia la forma de la información captada, o puede transmutarla en otra cosa. Resumiendo: puede cambiar el formato de la información (la manera de presentar esa información) o su esencia (el modo en que ocurrieron los hechos, o los hechos mismos). En otros términos, puede alterar los hechos o desfigurarlos por completo. Incluso puede inventar o divulgar algún hecho que -en realidad- no ha acaecido nunca. En la jerga periodística se conoce esto como “fake news”.

Dado que todos somos distintos (incluye, por supuesto, a periodistas también) la forma en que captamos e interpretamos los acontecimientos es diferente. Por ende, la manera en que damos a conocer esos hechos a otros asimismo lo será. Aun cuando el periodista procure transmitir la información recabada de manera “fiel” u “objetiva”, lo que haga -en definitiva- estará condicionado por su propia subjetividad (de la que no puede escapar), la que opera siempre en todo momento y lugar, tanto en la fase de captación como de exegesis y, posteriormente, divulgación de lo informado.

Cuando examinamos un dato (cualquiera que este sea) necesariamente (e inconscientemente) lo estamos transformando en otra cosa distinta a lo que otro puede elucidar sobre esa misma noticia. Esto no es -en sí mismo- ni “bueno” ni “malo”; es simplemente un hecho, derivado de la naturaleza desigual de las cosas y de las personas. Y los periodistas -como personas- están, obviamente, sujetos a este fenómeno.

Lo dicho no excluye la posibilidad -y muchas veces la realidad- de que el periodista deliberadamente desee (y lo haga) desfigurar la información recibida por el y dada a conocer, la tergiverse voluntariamente y -adrede- la falsifique. Lamentablemente, este caso es con demasía frecuente.

Pero, aunque sus propósitos no sean dañinos necesariamente y aun en casos de buena fe, lo que trasmitirá de lo captado será su propia percepción personal de los hechos y la de nadie más que el (o ellos).

El periodista capta y elabora una información que es -a su vez- re-informada por el mismo periodista. La información pasa por varios filtros de significación dados por desiguales personas (el informante y el informado).

El periodista cumple ambos roles: primero es informado de ciertas cosas (dichos, hechos, etc..) y -a su vez- los re-informa a terceros. En este desarrollo, lo que hace es recibir la conjetura del informante sobre el hecho o dicho “X”. Acto seguido, el periodista lo informa a su audiencia, televidencia, lectores, etc. Es decir, da su propio análisis de la explicación del informante originario. Es en este paso donde se produce la transformaciónde lo informado originariamente.

El periodismo independiente

A veces se habla del periodismo “independiente”. Pero este término aplicado al periodismo es muy ambiguo, cuando no directamente inapropiado.

Si se asigna un sentido estrecho al vocablo “independiente” contraponiéndolo solamente a otro “oficial” podernos estar de acuerdo con la existencia de un pleonasmo. Pero si al término “independiente” le adjudicamos un significado lato llegaremos a la conclusión que el periodismo “independiente” no existe en ningún concepto, ni financiero ni en materia de contenidos. El periodista requiere de medios para ejercer su oficio o profesión, tal y como los necesita cualquier otro emprendedor o empresario del ramo que sea. Desde el punto de vista material dependerá de esos recursos económicos, de otro modo no podrá comenzar su tarea de informar. Normalmente, sus bases financieras o económicas le son provistas por sponsors o avisadores. Tenemos aquí un primer nivel de dependencia que lo condiciona.

Un segundo nivel está representado por los contenidos de su programa, edición o publicación periodística. Estos van a estar determinados por los intereses del público al que aspira a dirigir su material y el propio de sus auspiciantes.

Como todo negocio, cada periodista apunta a un mercado o target especifico (modas, política, deportes, economía, espectáculos, turismo, etc.) lo más probable es que sus sponsors y anunciantes provengan de esos determinados sectores, de lo contrario el emprendimiento no podría prosperar por falta de interés de las partes involucradas (periodistas, lectores, audiencia, etc.).

En tanto los fondos con que se pretendan financiar esta operación provengan de fuentes privadas, evidentemente no hay nada que cuestionar, como no lo hay en cualquier otra faena que se comience, ya sea de comestibles, muebles, rodados, vestido, inmuebles, etc.

El problema surge -a nuestro modo de ver- cuando se intentan utilizar caudales públicos (estatales en rigor) para financiar estos proyectos, situación que se da con harta frecuencia.

Aquí se desdibuja un tanto la critica a los medios oficialistas, porque hay que tener en cuenta que los partidos políticos reciben subvenciones del “estado”, que alcanzan tanto al partido oficialista como a todos los de la denominada “oposición”, con lo cual se diluye aún más la palabra “independiente” para designar a tales medios. Con estos dineros, los partidos oficialista y opositores crean órganos y “departamentos de prensa” que -en última instancia- son de pura propaganda de sus idearios, labores y planes. A su turno, estos capitales se restan a la profesión periodística verdaderamente privada, lo que, desde el punto de vista económico, reduce el periodismo “independiente” a su mínima expresión.

[1] Real Academia Española © Todos los derechos reservados

[2] Real Academia Española © Todos los derechos reservados

[3] Real Academia Española. © Todos los derechos reservados

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Anuncios
Publica un comentario o deja una referencia: URL de la referencia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: