Gasto y carga tributaria

Por Gabriel Boragina Publicado  el 6/8/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/08/gasto-y-carga-tributaria.html

 

Muchas veces, la iniciativa para aumentar el gasto público no proviene de parte del gobierno, sino que es una demanda que procede de sus mismas bases electorales:

“La mayor parte de los gobiernos reconoce los nuevos retos pero enfrenta la realidad cotidiana de cotos de poder, presiones por aumentar el gasto público, llamadas a resolver problemas particulares y conceptos que ya no operan, pero que siguen dominando el discurso político y el debate burocrático.”1

No estamos seguros que se trate de “La mayor parte de los gobiernos”, pero sí de que muchos de ellos, que asumen como cierto que un mayor intervencionismo perjudica a la población en lugar de beneficiarla, se ven obligados -por presiones de la opinión pública y de su propio electorado- a ceder a reclamos populares que demandan una mayor injerencia de los poderes políticos en los asuntos privados.

“a) En primer término, hay conciencia en que el aumento de salarios nominales por la vía de la ley o decreto, así como el control de precios de artículos de consumo masivo sólo generan inflación y desempleo, con lo que se perjudica de manera fundamental a los propios sectores que tales medidas pretendían proteger. b) Similar concordancia se ha ido generando en relación a los subsidios indiscriminados como instrumento de redistribución del ingreso, tanto por su alto costo (incrementado por filtraciones en gran escala hacia sectores de ingresos medios, distintos de las respectivas poblaciones objetivo), como por el hecho de que esas filtraciones, así como la mayor inflación resultante del incremento en el déficit fiscal (inducido por el descontrolado aumento del gasto público generado por los subsidios), terminan por configurar un sistema altamente inequitativo.”2

Aquí tendríamos que diferenciar (en relación al punto “a” de la cita) a la conciencia de quién se habla, a saber: si de la del gobierno o la de los gobernados, porque la cuestión varía en forma tangencial si se trata de la de uno o de la de los otros. Del contexto de la cita, parece surgir con claridad de que la conciencia a la que se refiere es la de los gobiernos, pero si esto fuera así, no nos parece que sean muchos los gobernantes que tengan conciencia de tal cosa. Y si la tuvieran, la persistencia en mantener semejantes medidas estaría revelando una táctica maquiavélica, con el único objeto de sostenerse en el poder, a pesar de poseer pleno conocimiento de lo perjudicial de las mismas. No obstante, hemos de hacer una observación al autor en comentario. Y es que no coincidimos en cuanto a que “el aumento de salarios nominales por la vía de la ley o decreto” genere inflación, aunque sí es verdadero que lo hacen con el desempleo. Ello, relativo a la suba nominal de los salarios puede financiarse por otros conductos, que no necesariamente deben ser inflacionarios (entendiendo por inflación aquí, no la mera alza de los precios como popularmente se la considera, sino la emisión de dinero por causas exógenas al mercado).

El mismo comentario podríamos hacer respecto al punto “b” del párrafo citado. Si existe conciencia de ello (como sostiene el autor en examen) la porfía en el derrotero de una política de subsidios sería demostrativa –como ha sucedido en el caso argentino durante el gobierno de los Kirchner- de una finalidad muy diferente a la de un “instrumento de redistribución del ingreso”. En el ejemplo argentino, el subsidio fue utilizado por el nefasto matrimonio como mecanismo electoral de captación de votos, creando un mercado cautivo de menesterosos mendicantes de “planes sociales”, y transferencias “sociales” de todo tipo, a cambio de un voto favorable al dador de turno. Si bien a costa de esos mismos votantes que cedían sus voluntades políticas en pago a las dádivas recibidas por el gobierno, la política del matrimonio mencionado les permitió a ellos dos subsistir en el poder por tres periodos consecutivos, durante los cuales arrasaron con todas las instituciones democráticas y republicanas, amen de desatar una crisis económica sin precedentes, tanto por su magnitud como por su escandaloso enriquecimiento personal con cargo a los recursos públicos.

“Como es natural, no existen fórmulas objetivas para identificar un nivel óptimo de carga impositiva y de su distribución entre impuestos directos e indirectos, pero el debate sobre la materia se ha racionalizado notablemente en la última década. Las consideraciones anteriores han ido produciendo un desplazamiento, en el análisis de la equidad, del esfuerzo fiscal desde el sistema tributario a la composición y eficacia del gasto público.”3

Es auténtico, no existen dichas “fórmulas objetivas”, dado que el “nivel óptimo de carga impositiva y de su distribución entre impuestos directos e indirectos” es algo reservado a la percepción puramente subjetiva de cada persona en particular que se pueda considerar como “contribuyente”. Por otra parte, los sujetos a impuestos no tienden a diferenciar lo que deben tributar conforme a si se tratan de impuestos directos e indirectos. Quien está obligado a pagar impuestos hace su cálculo sobre un importe neto que incluye uno y otro tipo de impuestos4. Lo real es que, para lo que alguno pueda ser un gravamen alto, para otro puede serlo bajo y viceversa. En punto al aspecto “equidad” que menciona el autor citado, podemos decir que nuestro sistema tributario es uno de los más inequitativos que existe, aun considerado desde el ángulo de visión interno. La carga tributaria no sólo esta pésimamente distribuida, sino que es altísima. Y respecto “a la composición y eficacia del gasto público” cabe agregar que, la primera es la mas arbitraria, e incluso, disparatada que pueda encontrarse, y en lo atinente a su “eficacia” es muy poca y -en muchos casos- nula.
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1 Rolf Lüders. Luis Rubio-Editores. Estado y economía en América Latina. Por un gobierno efectivo en la época actual. CINDE CIDAC, pág. 32
2 EDGARDO BOENINGER-“El papel del Estado en América Latina”- Capítulo I. En Rolf Lüders. Luis Rubio-Editores. Estado y economía...Ob. Cit. ,pág. 52,53.
3 EDGARDO BOENINGER-“El papel del Estado en América Latina”- Capítulo I. En Rolf Lüders. Luis Rubio-Editores. Estado y economía…Ob. Cit. ,pág. 54.
4 Hemos criticado en otra parte la distinción jurídica entre impuestos directos e indirectos. Véase nuestra obra Impuestos. Una muy breve introducción al tema. Ediciones Libertad.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

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