Los valores “individuales” de los presos parecen ser distintos, pero los valores “sociales” no difieren de los del resto (I)

Por Martín Krause. Publicada el 1/7/17 en: http://bazar.ufm.edu/los-valores-individuales-los-presos-parecen-distintos-los-valores-sociales-no-difieren-los-del-resto-i/

 

Según un informe divulgado por el Ministerio de Justicia en Diciembre del año pasado hay en la Argentina 169 detenidos por cada 100.000 habitantes. Eso quiere decir que no llega al 0,17% de todos los argentinos. Seguramente hay muchos delincuentes que no están detenidos. No sabemos cuántos son pero es muy probable que aún si los sumáramos el porcentaje sobre el total de la población sería muy bajo. Es decir, la abrumadora mayoría de los argentinos somos honestos. Al menos a ese nivel de delitos, porque si consideramos que los supermercados y los shoppings tienen que poner detectores magnéticos en prendas de vestir o en vinos, y cámaras de todo tipo para ver qué hace la gente recorriendo las góndolas, en fin, el porcentaje es ya mayor. No sumaré a ese grupo a los infractores de normas, porque en ese caso entramos casi todos, ya que la cantidad de normas nos hace imposible conocer cuántas estaremos violando en cada momento del día y muchas normas bien se lo merecen. Sostendré que la gran mayoría de los argentinos no cometemos delitos, mayores o menores. Esto daría a pensar que esa gran mayoría tiene valores individuales diferentes de los delincuentes y seguramente es así: no tomarían la propiedad de otros, no dañarían a esas personas violentamente, etc. Pero en cuanto a valores sociales se refiere, la diferencia no es mucha. Si mal no recuerdo, lo más cerca que me haya tocado estar de las fuerzas de seguridad ha sido entrar en una comisaría para pedir un certificado de domicilio, o para denunciar un choque o un robo. Tal vez por eso me atrajo la invitación de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires para dictar la materia Análisis Económico y Financiero en el Centro Universitario Devoto (CUD), una sede donde se dictan clases a los detenidos en ese Complejo Penitenciario. Al considerar las instituciones básicas y fundamentales para que la economía funcione tratamos el papel que cumplen los derechos de propiedad. Así, en términos generales, les parecía algo natural y lógico que los precios fueran resultados de intercambios y que éstos sean intercambios de derechos de propiedad por medio de contratos, formales o informales. No podía evitar pensar, sin embargo, que estaban allí precisamente por haberlo violado, ya sea la propiedad que cada uno tiene sobre su propia persona o sobre los bienes que ha producido o adquirido. Pero no parecía que ellos vincularan una cosa con la otra. ¿Qué piensan los detenidos sobre la organización social, sobre las desigualdades, sobre el trabajo y los mercados, sobre las políticas públicas? Sus opiniones sobre temas sociales no son diferentes de los que están afuera de esa cárcel. Ellos, que muchas veces toman en sus manos una “redistribución” forzada y violenta, también creen que es una función indelegable del estado tomar de unos para dar a otros. Y como la mayoría de los que están afuera, creen que al otorgar al estado ese poder, lo va a utilizar para redistribuir de ricos a pobres, para resolver los problemas de la pobreza. Pocos, adentro o afuera, piensan que una vez que se otorga al estado ese poder termina redistribuyendo en toda dirección, también de pobres a ricos, o de la clase media a la clase política. ¿A qué se debe este “instinto” redistributivo? Un grupo de científicos, y entre ellos un par de argentinos, expertos en el nuevo y prometedor campo de la psicología evolutiva plantean una respuesta. Los argentinos son Daniel Sznycer, de la Universidad de California Santa Bárbara y la Universidad de Arizona, y María Florencia López Seal, de la Universidad Nacional de Córdoba. Investigan y escriben con los ‘padres fundadores’ de esta nueva disciplina, Leda Cosmides y John Tooby, creadores del Center for Evolutionary Psychology. Según ellos el apoyo a la redistribución se basa en emociones, en particular la compasión, la envidia y el interés propio, no por alguna convicción general de justicia social. Esas emociones son el resultado de largos procesos evolutivos durante los miles de años que fuimos cazadores-recolectores. No descartan el impacto de las prácticas locales, las ideas y valores compartidos o la historia reciente, pero centran su atención en las primeras.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA. 

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