Cuba detiene su proceso de reforma

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 6/4/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2005409-cuba-detiene-su-proceso-de-reforma

 

Cuuba es un ejemplo claro del fracaso del colectivismo como sistema económico. Tan es así que, en el 2008, presionado por la ya entonces inocultable realidad de su paralizada economía, el Partido Comunista de Cuba decidió formalmente dejar de lado ese modelo. Lo hizo entonces al impulso de Raúl Castro .

La idea fue abrir y descentralizar -pausadamente- la economía de la isla alejándose del estatismo absolutamente integral que la caracterizaba; aumentar la productividad abriendo diversos espacios para la actividad privada; unificar el sistema monetario; y procurar atraer a la inversión extranjera, para con ella fomentar el crecimiento. Para lo cual, en el año 2009 se designó como “zar” de la reforma intentada a Marino Murillo, uno de los actuales miembros del politburó cubano, que impulsó más o menos tímidamente el inicio de la “reforma” y que hoy (ante el poco éxito del esfuerzo) parecería prácticamente haber desaparecido de la escena.

El proyecto de apertura y liberalización de la economía cubana aparentemente ha fracasado. El propio Partido Comunista así lo admitió formalmente en su reunión de Abril de 2016. Hoy se están imponiendo nuevamente controles de precios a la actividad privada, incluyendo a la agricultura y al transporte. El inevitable desaliento que esa quita de incentivos provoca está ahogando el poco impulso a la actividad que de allí provenía.

¿Qué le puede deparar el futuro a Cuba? Si miramos la realidad, nada demasiado bueno. Porque lo cierto es que Cuba ha vivido “colgada” de los demás por espacio de más de medio siglo. Primero ordeñó a la desaparecida Unión Soviética. Y luego hizo hábilmente lo mismo con Venezuela. No obstante, la realidad es que sus dos países benefactores han terminado en el colapso económico. Y que la inversión extranjera que, ante la convocatoria de los Castro se esperaba llegaría cual catarata, es muy difícil que considere a un país totalitario en el que, por definición, no existe el “estado de derecho”. Lo cierto es que los inversores no se han precipitado hacia la isla, como algunos soñaron. Ni lo harán.

Fidel murió en noviembre del año pasado, dejando a Cuba en un pantano económico-social, sin verla brillar. Raúl tiene ya 85 años y ha prometido públicamente dejar el poder el 24 de febrero del año que viene. Se está yendo, entonces. No hay mucha duda. Pero como los déspotas no dejan herederos, no se sabe a ciencia cierta quién tomará el timón del país a poco menos de un año del anunciado paso al costado de Raúl Castro. Como incógnita de cara al futuro, es enorme. Aunque existan candidatos, no hay certeza.

Mientras tanto, los montos de los que alguna vez conformaran un paquete realmente gigantesco de subsidios venezolanos han caído por debajo de la mitad de lo que en su momento alcanzaran. Son ahora apenas el 40% de lo que llegaron a ser. Por ende, ya no son robustos, ni alcanzan para que toda una nación pueda sobrevivir con alguna holgura y dignidad, pero con poco esfuerzo.

La economía cubana flota -desde hace rato ya- en la mediocridad, y el nivel de vida del pueblo cubano, en términos relativos, comparado con el de sus vecinos latinoamericanos, sigue estando por el suelo.

La desesperanza de la gente es grande. Por esto, una encuesta realizada recientemente en Cuba bajo los auspicios de la Universidad de Chicago acaba de arrojar un resultado notable, aunque no demasiado sorprendente: la mitad de los que fueran encuestados manifestó sin rodeos que, si pudiera irse de Cuba, lo haría sin mayores titubeos.

Esto nos recuerda inmediatamente a los hermanos Castro que aún están con vida, que son tres, y dos viven en el exterior: Juanita, que vive en Miami desde hace cincuenta años y Emma, que reside en México. Por algo será.

Sólo Raúl Castro vive en Cuba. Por ahora, al menos. La encuesta referida constató, además, que un 46% de los entrevistados cubanos sostiene que es precisamente la economía colectivista de la isla la que los mantiene sumergidos en su dura situación de pobreza. Y no se equivocan, por cierto. Es efectivamente así, aunque la dictadura sea la razón principal del fracaso. Pero lo grave es que un gobierno que por definición es totalitario, como el cubano, que todo lo sabe y jamás se equivoca, supone operar con una economía exactamente del mismo perfil: la colectivista. Éste es precisamente el gran drama.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Anuncios
Post a comment or leave a trackback: Trackback URL.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: