Fuerzas creativas y destructivas en el campo de las ideas

Por Gabriel Boragina: Publicado el 27/11/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/11/fuerzas-creativas-y-destructivas-en-el.html

 

Escuchamos muchas veces aquello de que “Lo que lleva mucho tiempo construir, lleva poco destruir”.
Si esto fuera cierto, tanto para lo bueno como para lo malo, nadie podría dudar que sea prudente concentrarnos en la destrucción de lo malo, evitar la de lo bueno, y no cejar en nuestro empeño en seguir construyendo lo último.
Sin embargo, el principio por el cual la celeridad de destrucción es mayor que la constructiva, no se trata de un principio absoluto, sino que se encuentra condicionado a ciertos factores, de los cuales la idoneidad del medio utilizado es el más importante de todos.
La idoneidad del medio no guarda relación directa con su tamaño físico sino con su poder intrínseco. Pongamos un ejemplo: un edificio, normalmente, lleva bastante tiempo de construcción, aun empleando los medios modernos de edificación. La demolición de ese mismo edificio puede llevar más tiempo que el requerido para construirlo, igual cantidad de tiempo o menor, dependiendo -en los tres casos- del medio con el que intentamos la tarea.
Si me empeño en destruir un edificio de departamentos con un martillo, seguramente me llevará muchísimo más tiempo que el utilizado en la construcción del edificio, y es probable que a martillazos nunca termine de demoler el edificio, sobre todo si este último es grande. Si en cambio, empleo el concurso de otras personas que manejen grúas, picos o enormes mazos mecánicos, la destrucción del edificio me llevarán igual o menor cantidad de tiempo que su construcción, y en el último supuesto, si me dedico a utilizar una pequeña carga de dinamita, puedo conseguir una destrucción casi instantánea del inmueble. Es decir, tanto en lo constructivo como en lo destructivo, la velocidad de hacer o deshacer, dependerá del medio que se emplee. Y esto es válido -creo- en todos los órdenes de la vida, y no solamente en el rubro de la construcción que he utilizado de ejemplo.
En el campo de las ideas ocurre otro tanto. Las ideas son herramientas que, como cualquier otra herramienta, pueden ser utilizadas, sea para construir como para destruir lo construido. Su potencial -tanto constructivo como destructivo- depende de su fuerza intrínseca, es decir, de su poder de penetración, y más que este, de su poder de fijación o permanencia en la mente de quien la cobija o acepta. Las ideas, negativas o positivas, en la medida que se expanden a un mayor número de personas, conforman un entramado que se solidifica, tal y como sucede con los ladrillos con las cuales los albañiles construyen un edificio. Si lo que se edifica son prisiones, la gente que este destinada a vivir allí la pasará mal, muy mal, si -en cambio- lo que se edifican son viviendas, la gente que allí resida la pasará muy bien.
Llevado al plano social, las ideas pueden construir tanto sistemas cerrados como abiertos y ambos pueden ser sólidos, en la medida que los medios empleados para su construcción lo sean, es decir la fijeza de las ideas sobre las cuales se edifican. Claro que, “sólido” no es aquí de ningún modo sinónimo de positivo -o sea- bueno. Una prisión debe ser -por definición- una construcción mucho más sólida que cualquier otra, para evitar -precisamente- que la gente que allí se encarcele pueda escapar de ella. Pero, a partir de allí, no puede alegarse el argumento de la “solidez” de la misma como pretexto para que todo el mundo sea recluido en prisiones.
Muchas teorías parecen tener una consistencia firme, pero, estudiadas a fondo y finalmente implementadas conducen a consecuencias nefastas. Eso es ni más ni menos lo que sucede con doctrinas económicas como el socialismo, el keynesianismo, o sus parientes políticas del “estado de bienestar” o “benefactor” y demás variantes “progresistas”.
En física la fuerza, se define normalmente como: “Interacción entre dos o más cuerpos. Causa el cambio de movimiento, la deformación o la ruptura de un cuerpo”.
La primera acepción (la de interacción) tiene un sentido neutro, y la segunda acepción un sentido claramente negativo. Pero hay un sentido positivo que contrasta con la segunda acepción porque dicha interacción también da lugar a la formación o a la unión, arreglo, concordia entre dos o más cuerpos.
Es curioso -por cierto- que en física se considere que la unión de dos cuerpos importa una deformación física de ambos. Sin embargo, este parece ser el concepto aceptado, advertimos al lector que nosotros no vamos a aceptarlo, y hablaremos aquí de fuerza en el sentido definido, esto es de positivo y negativo. La fuerza, a nuestro juicio, opera en uno u otro sentido.
Respecto a la cuestión acerca de si la fuerza que destruye es la misma que construye, es preciso determinar si una misma fuerza puede actuar en sentido contrario.
Algunos sostienen que toda fuerza (es decir una misma fuerza) puede ser empleada en sentido positivo o negativo. Creo que en un estricto sentido físico es posible afirmar una cosa así. Por ejemplo, la fuerza que empleo en accionar un martillo para clavar un clavo en la pared es la misma fuerza que pudiera aplicar al martillo si en lugar de un clavo el objeto destinatario sería una persona. En el caso del clavo en la pared la fuerza sobre el martillo es aplicada para un fin constructivo (como podría ser colgar un hermoso cuadro) pero no se puede decir lo mismo si quisiera utilizar esa fuerza sobre el martillo para golpearlo sobre la cabeza de alguien. En otras palabras, la fuerza física empleada para accionar el martillo es -claramente- la misma, lo que es diferente es la motivación o móvil del sujeto que hace uso de esa fuerza.
En el ámbito de las ciencias sociales suele decirse que el empleo de la fuerza es malo o negativo, lo cual es cierto si se aclara que lo es si la motivación a la que obedece dicha fuerza es dañar a otras personas. Pero si en cambio lo que busca quien hace uso de la fuerza es repeler el ataque de otro u otros, dicha fuerza no puede decirse que se negativa, sino -a mi me resulta claro- que es positiva.
Las ideas -ya sean estas positivas o negativas- tienen y contienen la fuerza o el empuje para producir y llevar adelante los acontecimientos, los que adoptarán el mismo signo, según sea la orientación de aquellas (positiva o negativa). El progreso o retroceso social dependerá enteramente de ellas.
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.
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